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Historia del mundo con los trozos más codiciados – Fernando Garcés Blázquez

Historia del mundo con los trozos más codiciados
Fernando Garcés Blázquez
Editorial Ariel

Antes de nada, agradecer a www.librosmorrocotudos.com la posibilidad de comentar mi libro y recomendarlo en su muy recomendable blog literario. Dicho esto, ahora viene lo difícil. Los autores, como las madres y los padres, corremos el riesgo de hablar demasiado de nuestro “hijo” o “hija”. Por otro lado, la única manera de explicar un libro es diciendo algo de él. Procuraré ser breve. Este libro nació como un delta, juntando el agua dulce de mi experiencia como historiador y el agua salada de mi experiencia como formador en temas de empresa y branding. ¿Qué mejor manera de juntar ambos cauces que con una historia de las marcas y las empresas más destacadas?

En realidad, no es una historia completa sino una selección. El criterio seguido ha sido buscar marcas significativas en su respectivo sector. En consecuencia, como en Botica, hay un poco de todo: textil, motor, joyas, armas, etc… La inclusión de algunas marcas puede parecer sorprendente. ¿Qué tienen en común Rolex, con Knorr? Esta confusión desaparece cuando miramos la historia de manera “vertical” y no sólo “horizontal”. Hoy en día, Maggi puede parecer una marca “normal” pero, imagínese los deseos de Colón o Magallanes, y sus respectivas tripulaciones, muertas de hambre y sed en altamar, en una época que la comida se pudría a las pocas semanas de abandonar puerto. Aquellos marineros, en medo del océano, ¿qué habrían codiciado más: un reloj Rolex o una sopa caliente, fácil de guardar en el barco y aún más fácil de cocinar? Además, durante siglo, uno de los deseos más codiciados por la humanidad ha sido dar de comer a las masas. No es casualidad que la población haya comenzado a aumentar a partir de las marcas de alimentación barata y rápida…

En otras palabras, la mayoría de la gente tiene la idea de que las marcas son algo superficial y no digo que no sea cierto. Pero no sólo hay ambición económica y vanidad en las creaciones sino también logros, o repercusiones sociales, mucho más transcendentales. Un ejemplo es el deseo de las elites romanas y medievales por vestirse con seda de la China. Gracias a este deseo frívolo, también es cierto que se tejieron multitud de relaciones , culturales entre Europa y Asia, a lo largo de la ruta de la seda. Otro ejemplo, Coco Chanel fue una gran revolución ya no sólo en el mundo de la moda sino también para la mujer. Fiel a su lema (‘siempre quitar, nunca poner’), Coco se anticipó a las mujeres del siglo XX: dejó en el olvido los corsés en los vestidos, se cortó el pelo a lo ‘garçon’ e introdujo el pantalón en el armario femenino.

Sin duda, podría decir muchas más cosas de las marcas, pero he prometido ser breve y, después de todo, para eso he escrito un libro… A modo de final, sólo recordar al lector que cada día utilizamos miles de marcas sin tan siquiera ser conscientes de ello. Desayunar, una ducha y vestirse y ya llevamos 10 marcas (la del champú, la de los cereales, la de los vaqueros…) Quizás resulte conveniente saber algo más de este mundo que es nuestro mundo…
Fernando Garcés Blázquez

Canción de hielo y fuego / George R.R. Martin

Comienzo confesando que si la literatura fantástica de corte épico-mítico tiene su principal espada en Tolkien y El Señor de los Anillos, no me gusta nada la susodicha literatura. Me parece maniquea, infantil, pomposa, predecible y aburrida. Ahí es nada. Y las películas peor, por cierto, que transmiten tanta emoción e imaginación como la que se le supondría al encargado de vestuario de una película sobre la guerra civil española. Un técnico no se convierte en artista aunque haga fotos “bonitas”. Y el verdadero cine no es eso. Y la literatura tampoco.

Sin embargo los libros que traigo aquí a colación elevan la literatura fantástica a la categoría de sublime. Se trata de cuatro novelas de más de mil páginas cada una cuya enorme calidad consigue que el concepto de entretenimiento alcance sus cotas más altas. Porque son entretenidas hasta decir basta. Comenta Alex de la Iglesia en el prólogo a la cuarta que la técnica de escritura tiene mucho que ver con el estilo de las nuevas series de televisión (las excelentes: Los Soprano, The Wire, A dos metros bajo tierra…): historias engarzadas con un ritmo tal que crean adicción. Estoy de acuerdo con él, pero es que estos libros son mucho más que unas ágiles y divertidas aventuras. Son tantas las virtudes de esta magna obra de George R.R. Martin, que me apresuro a resumirlas.

La característica más reseñable desde mi punto de vista radica en su apabullante facilidad para crear argumentos. ¡Y qué argumentos! Se mezclan, se estiran, se encogen, se retuercen, se pierden, se vuelven a encontrar… Argumentos pequeñitos, argumentos largos, argumentos que empiezan como una chispita y que acaban explotando cuando menos te lo esperas… ¡Un maremágnum de argumentos en los que no te pierdes nunca! Son tantos y tan pegajosos los argumentos que acaban formando parte de tu vida. Cuidado con lo que le dices al conductor de autobús, que él no tiene la culpa de nada de lo que pasa en el libro. En principio.

Otra gozosa peculiaridad de estos libros se encuentra en la elección de los nombres propios, tanto de los lugares como de cosas y personas. Son de una belleza excepcional, este hombre es el gran poeta de los nombres propios. Y no cito ninguno porque cada uno tendrá sus favoritos. Desde aquí lanzo la idea de una colecta popular para erigir un monumento al traductor. Y además es que los nombres suenan a lo que representan, como dicen que hace la lengua primigenia, aquella mediante la cual la oportuna mención de un caballo lo hace aparecer de la nada.

La sucesión de capítulos también está magníficamente estructurada. Cada capítulo lleva el nombre de su protagonista, de modo que hay muchos capítulos con igual título. Al principio te sorprende, pero acabas valorando la idea como excelente pues lo que se consigue es disfrutar con antelación de lo que vas a leer. Efectivamente, acabas un capítulo y lees como encabezado del siguiente el nombre de otro protagonista… ¡Estupendo, justo del que me apetecía seguir leyendo!

Los personajes son variados y complejos. Ninguno es malo o bueno del todo. Ninguno es intocable. Se van creando ante tus ojos. Y cuidado, que se puede morir el que menos te lo esperas. Como en la vida misma. Te sorprenderás enamorándote de más de uno a la vez.

Imaginación para inventar recursos mágicos (objetos, costumbres, razas, animales…) le sobra. Y no cansa. Por cierto que en este mundo inventado la magia parece que esté volviendo a adueñarse del mundo, muy poco a poco, detalle a detalle, mientras que en El Señor de los Anillos la magia andaba de capa caída. Y esas apariciones mágicas (míticas, absurdas, irracionales…) están tan bien traídas y descritas que te las crees: son evidentes y ciertas en lo que estás leyendo. Nada es falso, no hay engaño, lo que sucede está pasando ante tus ojos, ese mundo fantástico es real. Pan, ya lo ha conseguido, te has metido en un lugar del que no tenías previamente ni idea, sufres y disfrutas con los personajes, te sorprendes, te asustas, te abrumas, te indignas… ansías leer la continuación. Gozas. Te han atrapado, pero estás lejos de sentirte idiota. Como ante la contemplación o audición de cualquier obra de arte.

También disfruta el hombre con la descripción de ropajes, símbolos y escudos. Pasa su tiempo detallando los colores y las formas de vestiduras y banderas. Esto para mí es algo nuevo, me ha costado entrar. Creo que tiene relación con la cultura del cómic y del cine. A la gente le gusta ver lo que lee, descansar o excitar la vista en los coloridos. Poco a poco ya he ido comprendiendo la idea. Me detenía ante cada descripción pictórica e intentaba imaginarla, sin prisas, despacio, hasta que… ¡Magníficos efectos! ¡Fuegos artificiales! Cada escena gana en profundidad e intención. Es como si estuvieras oliendo la sucia barba de un personaje a pesar de que lo que se describe sean sus anillos y collares. Delicioso.

Hay crueldad, por supuesto, como corresponde a la fantasía histórica (se supone que la trama general está muy remotamente basada en ciertos aspectos de la historia de Inglaterra: el muro de Adriano, la guerra de las rosas…), hay más sexo que amor (sexo del de verdad), hay batallas que nunca aburren, duelos divertidos, peleas inimaginables, traiciones a porrillo, lealtades a machamartillo, dioses de todos los colores, monstruos ignotos que acaban siendo conocidos, dragones que… vale, vale, no sigo. Un saludo a quien ha conseguido que yo me crea lo de los dragones.

Hay tantas cosas que lo mejor es descubrirlas por uno mismo. Esta obra es tan inabarcable que cada cual se acaba haciendo su propio mapa mental (los físicos se pueden consultar en Internet y tiendas especializadas, porque este escritor y la obra que aquí comento gozan de una fama hipermítica, que se diría ahora). Ustedes disfrutarán de aspectos distintos a los aquí mencionados, seguro. Pero lo más seguro es que disfrutarán.

La película en preparación:

Alberto Arzua

Los Maia / Eça de Queirós

Cuestionario cultural para niños y mayores:

¿Qué es el romanticismo? Un movimiento surgido a finales del siglo XVIII como reacción contra la tradición clasicista.

¿Qué es el realismo? Una corriente artística de principios del siglo XIX que pretendía, entre otras cosas, reaccionar contra los abusos del romanticismo.

¿Cuándo conoció el género novelístico su mayor esplendor? Durante el siglo XIX.

Cite algunos de los más importantes novelistas del siglo XIX. Galdós. Stendhal, Balzac, Flaubert, Zola, Dostoievsky, Tolstoi, Dickens…

¿No se le olvida alguno? A ver… Clarín, Victor Hugo, Manzoni, las hermanas Bronte, Walter Scott, Thackeray, George Elliot…

¿Alguien más? Buf… Chateaubriand, Maupassant, Gogol, Jane Austen… ¿Ya vale, no?

De acuerdo. Cambiemos de tercio. ¿Cuál es el país más cercano a España? Francia, claro.

¿Alguno más? Eeeh… Pues Andorra, Marruecos y… Portugal, claro

¡Ya le ha costado a usted! Perdón, es que andaba mirando para otro lado.

Perdonado. Es que a veces lo cercano no se sabe valorar.

Muy bien dicho. Gracias.

Está usted suspendido. Qué le vamos a hacer

Ahora limítese a escuchar. Con suma unción.

La novela más importante de la literatura portuguesa se llama Los Maia y fue escrita por Eça de Queiros. Por su calidad es comparable a cualquiera de las más famosas novelas del siglo XIX. Se suele decir que es El Quijote portugués.

Se desarrolla en el ambiente de la alta burguesía lisboeta, a la que fustiga con pasión, humor y no pocas dosis de cariño. Sus personajes a veces nos parecen tan ridículos que les daríamos de capones. Otras veces son tan encantadores que nos gustaría parecernos a ellos. Y de eso me temo que se trata, de hacernos ver, con sin par sutileza, lo que anida en el fondo y en la superficie del corazón humano. Vamos, que nosotros mismo tenemos bastante de aquellos tontarras. Por lo menos yo seguro que sí, que llevo un buen rato hablando conmigo mismo sin darme cuenta.

Lo que más distingue a esta obra es la suavidad de su lectura/escritura. Se lee como resbalando, como silbando, como sentado en un banco viendo pasar las gaviotas. Supongo que esto se debe a la dulzura del carácter portugués. Digo yo. Sus 800 páginas no tienen desperdicio, ni te aburres ni te cansas.

Además este libro tiene una estupenda sorpresa. Hagan el favor de no leerse las solapas ni ninguna información acerca del argumento porque la sorpresa es magnífica y llega de un modo muy elegante. Merece la pena recibirla como es debido, sin prejuicios previos. A pesar de todo, y como soy un poco malvado, les diré que la susodicha sorpresa tiene algo que ver con la fallida novela del divino Nabokov Ana o el ardor. Queda dicho.

¿Y a qué venía lo de romanticismo y el realismo? Ah, sí, es verdad… Pues a que esta novela es a la vez romántica y realista. ¿Qué bueno, no?

Alberto Arzua

Sereno en el peligro / Lorenzo Silva

Esto no es, ni pretende ser, una historia de la Guardia Civil. De hecho, ni siquiera cabe considerarlo un libro de Historia, aunque ésta sea en buena medida la sustancia que lo alimenta y que el lector podrá encontrar más de una vez entre sus páginas. Sería por mi parte presuntuoso y absurdo, careciendo de los pertrechos necesarios y sin haber dedicado al asunto los esfuerzos debidos, competir con quienes a esta fecha se han ocupado de estudiar con empeño y rigor científico el devenir de un cuerpo tan implicado en la historia reciente de España.

Este libro nace con una ambición más modesta, o más atrevida, según se mire. La de ofrecer una síntesis divulgativa, destinada al lector general, de los principales acontecimientos que fueron conformando, a lo largo de sus más de 160 años de existencia, el carácter de esta peculiar institución y de los hombres, y más recientemente mujeres, que la integran. Unos acontecimientos no siempre bien conocidos, a menudo simplificados y no pocas veces objeto de consciente o inconsciente manipulación. A partir de ellos, me propongo esbozar una reflexión, por fuerza personal, en tanto que libre, sobre la significación que ha tenido y tiene la presencia de la Guardia Civil en la realidad española de los últimos dos siglos. La intención nace de la convicción de que esa significación no es en absoluto irrelevante, y de que por el contrario la actuación de los guardias civiles, en el discurrir cotidiano y los momentos excepcionales vividos por este país desde la fundación del cuerpo, constituye un fenómeno cuya singularidad y trascendencia quizá no hayan sido, hasta aquí, ponderadas como se debiera desde fuera de las filas beneméritas. Por si hiciera falta, y para lo que pueda valer, aclaro que quien esto escribe ni es ni ha sido guardia civil, ni pertenece de ninguna manera a la familia del tricornio, salvo que se compute como tal circunstancia el hecho de que el marido de una de mis tías abuelas lo llevara durante un breve periodo de tiempo, hasta 1936 (es decir, treinta años antes de que yo viniera al mundo).

Esta mirada desde fuera, que me resta conocimiento de causa a otros efectos, me permite sin embargo contar con la distancia suficiente como para tratar de entresacar los hechos que pueden servir para bosquejar una visión global de la Guardia Civil desde la perspectiva del ciudadano, así como para ensayar un balance de su pasado y de su presente no contaminado por agravios o reivindicaciones de raíz corporativa. Lo que no quiere decir que vaya a ser objetivo, porque nadie lo es y porque no niego mi predisposición a emitir un veredicto en términos generales favorable. Lo que trataré de justificar, tanto con los hechos históricos como con mi capacidad de razonamiento, es que ese veredicto no surge del capricho, ni de la necesidad de satisfacer otra deuda que la que se deriva de observar la realidad con afán de justicia y procurando no dejarse cegar por prejuicios ni acomodarse a los estereotipos de larga pervivencia y más o menos general aceptación.

Naturalmente, no he llegado aquí por casualidad. Quizá alguno piense, al ver un libro sobre la Benemérita firmado con mi nombre, en que desde hace algunos años vengo publicando novelas policiacas protagonizadas por un par de investigadores de la Guardia Civil. Pero eso no es la causa, sino una consecuencia más de una mirada estimulada por una serie de experiencias previas a la invención de esos personajes. Ya decía Descartes que una forma de conocimiento es proceder desde los hechos particulares para, a partir de ellos, tratar de inferir categorías generales. Ésta ha sido, en buena medida, mi manera de acercarme a los guardias civiles y de ir forjando la noción de ellos, y de la institución a la que pertenecen, que inspira este libro.

Que individuos distintos, en circunstancias y contextos también dispares, obren con arreglo a un carácter común, tan marcado y tan identificable, no es, no puede ser en modo alguno fruto del azar. El carácter que todavía hoy, y a lo largo de la Historia, como trataremos de exponer, ha impregnado la conducta y la ejecutoria de los guardias civiles, con todas las salvedades y todos los altibajos que se quieran, y que también se consignarán, es el resultado de un designio y de una conjunción de factores de veras excepcionales. Por lo menos, en el contexto del zarandeado, atribulado y a menudo decepcionante país en el que a estos hombres y mujeres les tocó prestar sus servicios.
Cortesía del autor, Lorenzo Silva

Snow crash / Neal Stephenson

He tardado dieciocho años en leer este libro. Y no es que sea lento leyendo sino que la ciencia ficción me da pereza. Oír hablar de quarks, robots, avatares y otras zarandajas me produce somnolencia. ¿Por qué? Será cuestión de preguntármelo en serio ya que sospecho que me he perdido algo interesante. Lo digo porque he tardado menos de una semana en leerme este libro. Y me lo he pasado bomba.

Un malvado coleguilla, sospechando alguno de mis numerosísimos puntos débiles, me retó a leer la última novela de este escritor (de quien yo lo desconocía todo). ¿A que no te atreves con “Anatema”?, me dijo, sacudiendo el trapo rojo frente a mi defecto toro. ¿Cómo que no? ¡Dame Anatema! ¡Quiero Anatema! ¿Qué es Anatema? ¡Anatema! ¡Anatema!

Pero como el Anatema en cuestión no está aún disponible en las bibliotecas y mi presupuesto cultural se encuentra en números rojos, me tuve que conformar con el primer best seller del mismo autor, un libro que salió en el olímpico 1992. De ahí lo de los dieciocho años. Parece que fue ayer, ya lo sé, pero tampoco es cosa de ponerse a llorar ahora por el tiempo perdido.

O sí. Porque renegar de todo un estilo literario es una solemne tontería. Y la pereza no debería hacerle la competencia al placer. ¡Vaya frase! Se impone un bonito ejemplo. Si es usted capaz de negarse a colaborar íntimamente con su símbolo sexual xxx (a rellenar por el lector) crudamente expuesto en picada oferta carnívora, aduciendo cansancio o falta de tiempo… mejor coja una katana y practique el harakiri. Supongo que en esto estamos de acuerdo.

Respecto a la ciencia ficción, qué quieren que les diga. Parece cosa de frikis. Los estilos literarios más comunes (rosa, negro, verde, aventuras, realista, histórico, biografía, capa y espada…) utilizan como material al ser humano y a sus circunstancias, elementos que damos por conocidos y a partir de los cuales logramos hacernos una idea de lo que nos cuentan. La novela rosa habla de amor, chicas guapas y pasiones tremebundas. La novela negra trata de detectives borrachuzos, chicas guapas y asesinatos a tutiplén. La novela verde se nutre básicamente de chicas guapas. La novela de aventuras suele insistir en la conveniencia de salvar a alguna que otra chica guapa. La novela realista es una de las pocas en que la chica puede no ser muy guapa… En fin, para qué les voy a contar. Lo que quiero decir es que en las novelas que no son de fantasía o de ficción sabemos en qué terreno nos movemos y no tenemos que hacer mayor esfuerzo en imaginarnos cosas raras (como no sea esa inusual avalancha de chicas guapas).

Sin embargo en la ciencia ficción las personas no son personas normales sino ocurrencias del escritor con el aspecto más inimaginable posible (en eso está la gracia). Las carreteras no son carreteras, la comida no es comida, el mundo no es mundo, el tiempo no es tiempo… y ya mismo desde el principio te haces un lío. Hay que ser muy hábil para mantener tu atención con algo de lo que no entiendes nada. Supongamos la siguiente frase:

El clingon agarró la rufaca y girando los trocos en filotes atravesó el fundo que satinaba pinis a toda mecha mientras murmuraba “¡Certakis menos doscientos!”

Yo no me entero de nada, no sé ustedes. Puede que, con el paso de las páginas te vaya quedando claro qué es un maldito clingon, una rufaca e incluso te familiarices bastante con los trocos, pero el proceso de comprensión ha de estar bastante bien calibrado (quizás midiendo en certakis) para que no dimitas en el intento. ¡Coño, que esto es una novela y no un jeroglífico! Y no tengo nada en contra de los jeroglíficos, que conste. Si hay gente que disfruta no enterándose de nada durante ciento cincuenta páginas porque se te está describiendo un pseudomundo extrañísimo, pero después la goza lo indecible en las quinientas páginas siguientes… pues bueno… pues me alegro. De momento yo no he llegado a tamaña aberración.

Dicen que la última obra de este escritor (Anatema) es bastante críptica. Vamos, que cuesta enterarte de algo. No lo sé, nadie me la presta. De hecho otra de sus novelas (muchas de ellas muy gordas y compuestas de varios tomos con títulos distintos) se titula Criptonomicón, para qué más. Alguno de ustedes seguro que las ha leído. Alguno de ustedes seguro que las ha disfrutado. Pues ya me contarán porque, a lo que iba, tengo pensado leerme unas cuantas. ¿Por qué? ¿Tan incongruente soy?

Sí, por una parte sí. Y por otra les tengo que decir que me ha encantado esta “Snow Crash”. Como lo oyen. Hay cosas raras a tutiplén, por supuesto, pero están presentadas de un modo muy correcto, para que no te vuelvas demasiado majara. He dicho demasiado porque siempre hay cachos en los que no pillas todo lo que te gustaría. Pero no importa tanto, ahí queda la dudilla en el cerebro hasta la siguiente mención al asuntillo. Me debo estar volviendo un poco friki. Ni tan mal.

¿Qué hable del libro de una puñetera vez? Vale. Tiene partes rosas, negras, verdes, de aventuras, realistas… Acaba en gran follón estilo James Bond, como no podía ser menos. Es divertido, original, inteligente, ágil, tiene frases excelentes, una trama muy bien montada, ocurrencias científicas y culturales muy bien traídas (en este sentido una sola página de este libro tiene más sustancia que todo El Código da Vinci) y muchas cosas más, de las buenas y también de las no tan buenas, que ya iremos comentando según me vaya leyendo más locuras como ésta. De momento déjenme descansar, por favor, que ya vale de Metaversos.

(Me acabo de pillar un novelón clasicote. Para desintoxicar)

Alberto Arzua

Un lugar incierto / Fred Vargas

«Realmente magnífica, magnífica…»  Libération

«La reina francesa de la novela negra no parece dispuesta a ceder su trono.» Livres Hebdo
El comisario Adamsberg se halla en Londres, invitado por Scotland Yard, para asistir a un congreso de tres días. Todo debería transcurrir de manera tranquila, distendida, pero un macabro suceso alerta a su colega inglés: en la entrada del antiguo cementerio de Highgate han aparecido diecisiete zapatos… con sus respectivos pies dentro, cercenados. Mientras comienza la investigación, la delegación francesa al día siguiente regresa a su país. Allí descubren un horrible crimen en un chalet en las afueras de París: un anciano periodista especializado en temas judiciales ha sido, a primera vista, triturado. El comisario, con la ayuda de Danglard, relacionará los dos casos, que le harán seguir una pista de vampiros y cazadores de vampiros que lo conducirá hasta un pequeño pueblo de Serbia…
Editorial Siruela
Título: Un lugar incierto
Autor: Fred Vargas
Traducido por: Anne-Hélène Suárez Girard
Colección: Nuevos Tiempos. 156.
ISBN: 978-84-9841-338-0
Código de almacén: 7521156
Edición: 1ª, 2010
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 352
Dimensiones: 140 x 215 mm
Tema: Novela contemporánea – literatura extranjera, Novela policiaca y thriller
Idioma de publicación: Español
Idioma de traducción: Francés

Fred (Frédérique) Vargas (París, 1957) estudió Historia y Arqueología y ha publicado una serie de novelas policiacas que ha obtenido un gran éxito de crítica y público. Ha recibido, entre otros, el Prix mystère de la critique (1996 y 2000), el Gran premio de novela negra del Festival de Cognac (1999), el Trofeo 813 y el Giallo Grinzane (2006).

Es un artículo de Leiaa

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson

Sale a la venta la segunda novela de Stieg Larsson, ‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’ (Destino). En ella, el lector se vuelve a encontrar con la Suecia negra y con el periodista Mikael Blomqvist, esta vez encumbrado desde que resolvió el caso de una corrupta trama empresarial amparada en secretos de familia.
Ahora tiene entre manos un reportaje sobre el tráfico y prostitución de mujeres del Este, que le volverá a unir con Lisbeth Salander, una investigadora de una prodigiosa memoria fotográfica y adornada con tatuajes y ‘piercings’, de 1,54 metros de altura y 42 kilos de peso; una especie de heroí­na de videojuego.
La editora Silvia Sesé, de Destino, contrató la trilogí­a de Larsson ‘Milleniun’, a la que pertenece el nuevo volumen, el segundo dentro de la serie y cada uno de ellos con más de 700 páginas. «El aviso me llegó de Francia, un paí­s en el que ha tenido un éxito espectacular. La historia del primer libro me pareció absorbente, tení­a mucha calidad y trataba temas actuales como la violencia de género y la corrupción moral en una sociedad que presume de muy limpia y democrática».
Larsson murió de un ataque al corazón en 2004, recién cumplidos los 50 años. Fue reportero de guerra de varios medios de comunicación suecos y, situado a la izquierda de la socialdemocracia, se especializó en los grupos de ultraderecha que empezaron a surgir en su paí­s en los años noventa. El autor no pudo ver su éxito, ya que falleció al entregar el tercer tomo a su editor y justo después de que se publicara el primero. En su paí­s, de seis millones de habitantes, se han vendido ya tres millones de libros con alguno de los tí­tulos de la trilogí­a.
‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’ comienza con Lisbeth alejada de Mikael, en una playa del Caribe, distrayéndose con el estudio de las matemáticas y ciertos placeres. La vida de los dos protagonistas de Larsson carece ahora de punto de unión, pero una chica atada a una cama, que sufre los abusos de un ser despreciable, puede volver a acercarlos.
Lisbeth Salander se ha tomado un tiempo: necesita apartarse del foco de atención y salir de Estocolmo. Trata de seguir una férrea disciplina y no contestar a las llamadas y mensajes de un Mikael que no entiende por qué ha desaparecido de su vida sin dar ningún tipo de explicación. ¿Y Mikael? El gran héroe, el súper Blomkvist, vive buenos momentos en Millennium, con las finanzas de la revista saneadas y reconocimiento profesional de colegas y medios. Ahora tiene entre manos un reportaje apasionante que le propone una pareja, Dag y Mia, sobre el tráfico y prostitución de mujeres provenientes del Este. Las vidas de nuestros dos protagonistas parecen haberse separado por completo, y mientras… una muchacha, atada a una cama soporta un dí­a y otro dí­a las horribles visitas de un ser despreciable.

Festí­n de cuervos / George R. R. Martin

«Cuando callan las espadas, sólo queda carroña para los cuervos».

«Coged el libro y encerraos en un lugar cómodo y silencioso. Disfrutadlo como si se tratase de un amor de verano. Dulce, apasionado, efí­mero, como todo lo bueno.»
Álex de la Iglesia

Las circunstancias han forzado una tregua en la guerra de los Cinco Reyes. Los cultivos han sido devastados, y por rí­os de aguas rojas descienden cadáveres de todos los blasones y estirpes. Pero en cada rincón de este poniente arrasado nacen ya nuevas intrigas, anhelos de poder de quienes codician un reino moribundo. Festí­n de cuervos, la cuarta entrega de la saga «Canción de hielo y fuego», continúa con una de las experiencias literarias más ambiciosas y apasionantes que se hayan propuesto nunca en el terreno de la fantasí­a, con nuevos personajes y tramas que nos adentran en un universo tenso y sobrecogedor.

EDICIONES GIGAMESH
Traducción de Cristina Mací­a.
Prólogo de Álex de la Iglesia.
Precio aprox: 24,95 €
863 pgs
ISBN: 9788496208599

George R. R. Martin nació en 1948 en Bayonne (Estados Unidos). Se licenció en periodismo en 1970 y publicó su primera novela en 1977, Muerte de la luz. Tras una brillante carrera como escritor de ciencia ficción, terror y fantasí­a, pasó a escribir guiones y a colaborar con serie televisivas como La bella y la bestia o En los lí­mites de la realidad, además de realizar tareas de producción de diversos telefilmes. Se mantuvo apartado del género durante 10 años y en la actualidad es uno de los autores de mayor éxito de Estados Unidos.Su saga «Canción de hielo y fuego» –Juego de tronos, Choque de reyes, Tormenta de espadas y Festí­n de cuervos– lo ha consagrado como el escritor vivo más admirado de la fantasí­a épica.
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Leiaa

El alienista, de Caleb Carr


A finales del siglo XIX Nueva York tení­a poco que ver con la ciudad que hoy conocemos, era más bien un apiñamiento de ciudades colmena unidas por grandes arterias, y lujosas zonas residenciales. Las leyes tampoco eran las mismas, una de las principales diferencias consistí­a en que la minorí­a de edad no estaba contemplada por la ley. Un niño de corta edad era responsable de sus actos, y buena parte de los niños de la ciudad viví­an en condiciones de explotación infrahumanas. Algunos eran explotados en trabajos penosos, y muchos se ganaban la vida prostituyéndose. La prostitución infantil era un negocio que reportaba pingües beneficios. Yo soy Jonh Schuyler Moore, periodista del New York Times, y conozco al dedillo esos ambientes. Pero allá por el año 1896 empezaron a ser asesinados niños que se prostituí­an como travestidos, siendo horriblemente torturados. Mi amigo, el comisario Theodore Roosevelt, que luego llegarí­a a presidente de los Estados Unidos, reunió un grupo de expertos para que actuaran al margen de la corrupta e ineficaz policí­a neoyorquina. El doctor Kreitzler, eminente alienista, o como dicen ahora, psiquiatra, encabezaba el mismo; y en él estábamos mi amiga Sara Howard, que serí­a la primera mujer policí­a de la ciudad, los hermanos Isaacson, …(sigue) Sigue leyendo

La forma del agua (y otros) de Andrea Camilleri


Yo conozco muy bien al dottori Montalbano, en persona personalmente, digo, soy práticamente su secretario, estoy siempre al pie del cañón aquí­ en la comiserí­a de Vigáta, en la hermosa Sicilia. El dottori es el comisario de la comiserí­a y es el que nos manda a todos. A veces nos manda a la… bueno, no lo digo porque yo soy un endividio bien hablao. Manda sobre el surcomisario Augello, y sobre Fazio y Galluzo y los demás. Yo atiendo el teléfuno y tomo notas y doy los recados al siñor comisario. Hay que ser muy atento para poder enterase bien de lo que dice el personal y anotar bien los nombres.
-Catarella…
-Mande, siñor surcomisario.
-Como sigas hablando de ti se van a creer que tú eres el protagonista y no el comisario.
-Vale, pues siga usté. Si ya sé que soy el último pedo del culo yo en esta comiserí­a ya lo sé…
-Salvo Montalbano es el comisario de Vigáta, una pequeña ciudad costera siciliana, aún con reminiscencias del pueblo pesquero que fue no hace tanto. Algunos, que le conocen poco, piensan que está un poco ido. Catarella, si vas a llorar vete a la centralita, anda. Los que tenemos más trato con él sabemos, definitivamente que en cualquier momento puede sorprendernos con las ideas más peregrinas. Es verdad lo de que tiene un genio de mil demonios, pero eso es fácil de controlar, sólo tienes que escaquearte cuando lo ves fruncir el ceño o colgar el teléfono con un golpe. Sobre todo si ha estado hablando con su novia. Ja, novia, a sus años, que andará por los cincuenta y. Y encima la tiene trabajando en Italia, bien lejos, para poder echar buenos polvos esporádicos sin ninguna de sus contraindicaciones. Bueno, salvo sus eternas regañinas telefónicas.
…(sigue) Sigue leyendo

El alquimista impaciente (y otros) de Lorenzo Silva


-Yo le tengo mucho respeto a Bevilacqua, es una persona cabal, aunque a veces se va por los cerros de íšbeda y se le nota que es un poco filósofo, claro, por algo dejó psicologí­a para meterse en la Benemérita.
-¿Qué dices, Chamorro?
-Nada, mi sargento, que para ser picoleto eres un poco filósofo.
-Pues tú no eres precisamente la imagen tópica del guardiacivil.
-Ya. Serán las tetas.
-Bueno… tampoco hace falta que me mires así­.
-Le estaba explicando, aquí­ al paciente lector, tu vida y hazañas, así­ por encima.
-Pues no sé yo si soy tan filósofo.
-Venga, pues dilo tú mismo, joder, mi sargento.
-Pero no te enfades.
-No me enfado
-Nací­ en Uruguay, hace treinta y seis años y apenas conocí­ a mi padre. Vine a España de chico, con mi madre, y después de sufrir los desastres normales de la adolescencia gasté cinco años de mi vida en obtener una licenciatura en psicologí­a. Su comprobada inutilidad, unida a la angustia del paro, me indujo a ingresar en la Guardia Civil. De la década larga que llevo en el Cuerpo guardo el recuerdo más o menos ní­tido de un buen número de homicidios. Algunos tuvieron la complicación justa para poder resolverlos, que es por lo que me pagan; otros fueron demasiado simples o estaban demasiado embrollados y no fui capaz de sacar nada coherente de mis pesquisas. De todos ellos perdura en mí­, por encima de cualquier otro vestigio, una amarga conciencia de lo mucho que puede llegar a desear la gente avasallar a otra gente.  Esa es, de tanto experimentarla, la única certidumbre sobre la existencia que está a salvo de mi escepticismo. Sigue leyendo

Gracias, Jeeves (y otros) de P.G. Wodehouse


-Caramba, Jeeves, es un compromiso eso de describir uno de los libros que escribió el tal Wodehouse sobre usted.
-Lo lamento mucho señor, ese hecho es algo que excede mis competencias.
-No es como si tuviera que vender sus excelencias para colocarle en casa de algún otro caballero, se supone que he de describir sus méritos y su comportamiento, y aunque lleva usted varios años a mi servicio, y reconozco que ha conseguido evitarme algunos daños memorables; como cuando quise casarme con aquella Gladys que coleccionaba mastines, o cuando me empeñé en llevar un chaleco verde con cuadros morados a las carreras de Ascot, no todo serí­a poner guirnaldas a su paso, Jeeves.
-Sirvo al señor lo mejor que sé, señor.
-Ciertamente un valet de chambre como usted es el contrapunto ideal para un joven licencioso y dado a la molicie como yo en estos tiempos victorianos que corren y en este imperio británico. Ya ve, un socio del “Club de los Zánganos”, tan selectivo, ha de mantener una cierta imagen de disipación y vacuidad. No quiero que me confundan con uno de esos petimetres de la city. Hay que vivir la vida, Jeeves, es un consejo que le doy. ¿Tiene ya ese té y esos sandwiches de pepino, Jeeves?
-Sí­ señor, me he permitido añadir un trozo de tarta de la cocina de mistress Travers.
-Ah, excelente idea, Jeeves. ¿Está usted en buenos términos con el cocinero francés de mi tí­a Dahlia, o más bien le atrae a su cocina cierta criadita de la casa?
-Ciertamente una visita a Brinkley Court en mi tarde libre no carece de atractivo, señor, monsieur Anatole es un generoso anfitrión en el ala del servicio, y la presencia de la doncella a que se refiere el señor contribuye a estimularme a frecuentar aquella mansión.
-Sé a lo que se refiere, Jeeves, yo mismo me he visto en algún momento de mi vida interesado por una cara bonita. Vaya con cuidado, Jeeves, suelen ocultar pérfidamente los más ingeniosos mecanismos a fin de acabar con la vida bohemia, feliz y despreocupada de los más cándidos solteros. Desdichado el que sucumbe bajo sus garras enguantadas en fina seda.
-Agradezco mucho su advertencia, señor.
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