Archivo de la categoría: Narrativa

El rey pálido / David Foster Wallace

Este libro NO LO RECOMIENDO. Este libro me parece MORROCOTUDO. No lo recomiendo porque David Foster Wallace es un escritor, además de absolutamente genial, muy rarillo, el típico escritor-para-escritores. Y me parece morrocotudo porque disfruto con cada una de sus frases, de hecho ahora lo estoy leyendo por segunda vez.

Es una obra póstuma que se confeccionó tras su muerte con las muchísimas páginas que se encontraron en su escritorio sin orden ni concierto. El editor lo avisa en la introducción, no engaña: aquí se han metido cosas de la mejor manera posible, pero puede que no tenga nada que ver con lo que el autor tenía en mente. Y ha salido un volumen muy gordo, de más de 600 páginas de letra pequeña. Un libro muy loco y muy deshilachado.

Si de algún argumento se puede hablar sería el de unos personajes trabajando en oficinas de la Hacienda estadounidense, controlando declaraciones de impuestos. Se describen estos trabajos a un nivel tan detallista que durante muchos párrafos tan solo se nos habla de leyes, normas y directrices internas. Esto puede echar para atrás a cualquiera. Pero a pesar de estos párrafos farragosos (que también tienen su aquel poético) el resto de la novela (¿?) es de un nivel sublime, de alguien que escribe tocado por los dioses.

Recomiendo de este autor la novela “La broma infinita”, la colección de cuentos “La niña del pelo raro” y la colección de ensayos (que se leen como si fueran relatos) “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”. Todos ellos son espectaculares, propios de un hombre a cuya altura tan solo se podrían situar genios como Borges, Salinger o Nabokov. Corran y cómprenselos, sobre todo si son ustedes escritores.

A continuación copio un capítulo cortito de “El rey pálido”, para nada representativo del libro puesto que, como he dicho, está compuesto de trozos sueltos.

- Hablando del tema, ¿en qué piensas tú cuando te masturbas?
– …
– …
– ¿Cómo?
Ninguno de los dos había dicho nada durante la primera media hora. Estaban llevando a cabo nuevamente el tedioso y monocromático trayecto en coche hasta la Sede Regional de Joliet. A bordo de uno de los Gremlin del parque de coches, requisado hacía cinco trimestres como parte de una tasación de riesgo contra un concesionario de AMC.
– Mira, creo que podemos dar por sentado que te masturbas. Se masturban algo así como el noventa y ocho por ciento de los hombres. Está documentado. La mayoría del dos por ciento restante es gente que está impedida de alguna manera. Así que podemos saltarnos las denegaciones. Yo me masturbo, tú te masturbas. Es así. Todos lo hacemos y todos sabemos que lo hacemos y sin embargo nadie habla del tema. Es un trayecto increíblemente aburrido, no hay nada que hacer, estamos atrapados en esta vergüenza de coche… Rompamos el tabú. Hablemos de ello.
– ¿Qué tabú?
– ¿En qué piensas tú? Plantéatelo. Es un momento muy interior. Es una de las únicas ocasiones en la vida donde hay verdadera autosuficiencia. No se requiere nada que no esté fuera de ti. Es provocarte placer a ti mismo sin usar nada más que tus pensamientos. Y esos pensamientos revelan mucho de ti: con qué cosas sueñas cuando eres tú quien eliges y controlas lo que sueñas.
– …
– …
– En tetas.
– ¿En tetas?
– Tú me lo has preguntado. Yo te contesto.
– ¿Y ya está? ¿Tetas?
– ¿Qué quieres que te diga?
– ¿Tetas y ya está? ¿Aisladas de la persona? ¿Tetas abstractas?
– Vale. Vete a la mierda.
– ¿Quieres decir flotando sin más, dos tetas en el espacio vacío? ¿O dentro de tus manos, o qué? ¿Y son siempre las mismas tetas?
– Esto me enseña una lección. Tú haces una pregunta así y yo digo “Venga, qué coño” y la contesto, y tú vas y le haces un DIF-3 a la respuesta.
– Tetas.
– …
– …
– ¿Y en qué piensas tú, señor rompetabúes?

Alberto Arzua

La mujer es una isla/ Auður Ava Ólafsdóttir

Un viaje alrededor de Islandia y al interior del alma femenina

La protagonista de esta pequeña gran historia es una mujer de treinta y tres años cuyo marido acaba de pedirle el divorcio. Decidida a dar un giro radical en su vida, y tras la profecía de una médium que le asegura que en una distancia de 300 kilómetros ganará la lotería y conocerá a tres hombres —uno de los cuales será el amor de su vida—, emprende un viaje siguiendo la ruta que rodea Islandia. No irá sola: Tumi, el hijo de una amiga en apuros, dos muñecos de peluche, y una caja de libros y de cedés la acompañarán en el camino.

El último éxito de la autora de Rosa candida, la premiada novela islandesa, considerada como “la revelación de la literatura europea”

«Una novela poética y llena de sentido del humor.»
Marie Claire

«Como un hacha que parte un mar de hielo interior, pero a la vez con una femenina sutilidad… En esta pequeña gran obra las lluvias de invierno se convertirán en los mares del corazón.»
La Razón

«Una novela brillante, provocadora… Una lectura llena de fuerza.»
Fréttablaðið

Punto de lectura
Páginas: 288
Publicación: 04/09/2013
Género: Narrativa
Formato: 12,50 x 19 (Rústica fresada)
Precio: 7,99 €
ISBN: 9788466327473
EAN: 9788466327473

Auður Ava Ólafsdóttir (Reikiavik, 1958) es autora de varias obras entre las que destacan Upphækkuð jörð (Tierra levantada), La mujer es una isla, con la que obtuvo el Premio de Literatura de la ciudad de Reikiavik y fue nominada al Premio Menningarverðlaun DV de literatura, y Rosa candida (Alfaguara, 2011), que recibió el Premio Fjöruverðlaun por «el atractivo de sus múltiples capas de significado y su creación de un nuevo paradigma masculino», el Premio Menningarverðlaun DV de literatura, el Prix des Amis du Scribe, el Premio Page des Libraires, el Premio de los Libreros de Quebec a la mejor novela extranjera, el Prix du Roman Venu d’Ailleurs, y fue finalista del Premio Fémina Étranger, del Premio de Literatura del Consejo Nórdico, del Gran Premio de las Lectoras de Elle, del Premio de la revista Lire y del Premio FNAC de Francia. Rosa candida significó un gran éxito de crítica y de ventas tanto en su país como en todos aquellos donde fue publicada.

Leiaa

 

La neblina del ayer / Leonardo Padura

 

Catorce años después de que, desencantado, abandonase la policía, el detective Mario Conde se dedica a la compraventa de libros de segunda mano. El hallazgo de una valiosa biblioteca lo coloca al borde de un magnífico negocio que podría aliviar sus penurias económicas. En uno de los libros aparece una hoja de revista en la que una cantante de boleros de los años cincuenta, Violeta del Río, anuncia su retiro en la cumbre de su carrera. Atraído por su belleza y por el misterio de su silencio posterior, Mario Conde le seguirá el rastro en un descenso a los infiernos de los bajos fondos de La Habana.

*** Primeras páginas de La neblina del ayer

 

 

Tusquets editores

ISBN: 978-84-8383-721-4
País edición: España
360 pág.
8,60 € (IVA no incluido)
Ebook disponible
ISBN: 978-84-8383-727-6
5,78 € (IVA no incluido)
Formato: EPUB

Leonardo Padura

Leonardo Padura (La Habana, 1955) trabajó como guionista, periodista y crítico, hasta lograr el reconocimiento internacional con la serie de novelas policiacas protagonizadas por el detective Mario Conde: Pasado perfecto,Vientos de cuaresmaMáscarasPaisaje de otoñoAdiós, Hemingway, La neblina del ayer y La cola de la serpiente, traducidas a numerosos idiomas y merecedoras de premios como el Café Gijón 1995, el Hammett 1997, 1998 y 2005, el Premio de las Islas 2000 y el Brigada 21. También ha escrito La novela de mi vida y El hombre que amaba a los perros, una trepidante reconstrucción de las vidas de Trotsky y Ramón Mercader, traducida a diez idiomas, vendidos sus derechos al cine y merecedora del Premio de la Crítica en Cuba, el Francesco Gelmi di Caporiacco 2010 y, en 2011, el Premio Carbet del Caribe, elPrix Initiales y el Prix Roger Caillois. En 2012 Padura recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba. Herejes, una absorbente novela sobre un cuadro de Rembrandt y una saga judía que llega a nuestros días, confirma al autor como uno de los narradores más ambiciosos e internacionales en lengua española.

Leiaa

A la puta calle. Crónica de un deshaucio / Cristina Fallarás

El pasado 13 de marzo hablaba en mi blog de “Las niñas perdidas” de Cristina Fallarás.
“A la puta calle. Crónica de un desahucio” de Cristina Fallarás, me ha dejado sin palabras. Acabo de terminar su lectura. No es una novela. No es ficción. Quizás un relato social, o algo así.
Sólo haré un comentario: es acojonante, literalmente.
Y ahora lo sitúo (que es todo lo que se me ocurre hacer para vosotros): Cristina Fallarás es una novelista reconocida (con varios premios, entre ellos el Hammett de novela negra o El Planeta); es periodista con colaboraciones en los grandes periódicos nacionales;…
En el año 2008, cuando la crisis económica comienza a tomar fuerza, era subdirectora de un periódico; ganaba 3.000 euros limpios al mes (según datos que ella misma da) y lo que percibía por sus colaboraciones, artículos y libros.
Y en ese momento la despiden.
Tiene dos hijos (la pequeña nace dos meses después de su despido), 45 años y vive con un conocido escritor.
Comienza entonces un proceso económico que culminará en el 2012 con el desahucio de su vivienda. Como ella mismo afirma, es el mismo proceso que afecta a miles de ciudadanos de este país, con la sola diferencia de que ella sabe y puede contarlo, escribirlo. Pero, como todos ellos, de ninguna manera puede evitar lo que ella describe como su miserización.

Si alguno de vosotros va a sumergirse en el relato, más vale que lo haga con la conciencia tranquila, porque de otro modo…

Andrés López

Un libro de Bech / John Updike

Primer volumen de una trilogía (Un libro de Bech, El regreso de Bech, Bech en la bahía) compuesta por relatos habitual y torpemente considerados cómicos. A su protagonista , un escritor judío en horas bajas, se le suele tomar por un sosías del autor. Nada más lejos de la realidad pues ni Updike es judío ni paró de escribir hasta el mismo día de su muerte. Sin embargo la clarividencia con la que analiza su entorno el tal Bech es hija directa de la asombrosa inteligencia y capacidad comunicativa de su creador, uno de mis escritores favoritos, otro más entre tantos y tantos que desprestigian alegremente la institución del premio Nobel.

De John Updike poco nuevo se puede decir. Mejor gozar con algunas citas.

Costumbres rusas

Se disponía a besar a Ekaterina también en la mejilla, pero ella volvió la cara para que sus bocas se encontraran y él se dio cuenta, horrorizado, de que tendría que haberse acostado con ella.

Una bailarina comunista

Su sonrisa, al acabar cada número, combinaba triunfalmente un guiño conspirativo, una sublime humildad y la aturdida felicitación a uno mismo de la euforia postcoital.

Visto desde el avión.

Seis semanas antes, cuando volaba desde Nueva York, Bech había esperado que Moscú fuera su flamígero equivalente y, en vez de eso, vio, a través de la ventanilla del avión, una madeja de luces amontonadas no más brillantes, en aquella inmensa llanura negra, que el cuerpo de una joven en una habitación a oscuras.

Detalle en medio de una conversación

El presidente se aclaró la garganta suavemente y levantó su copa de la mesa un par de centímetros, de manera que formó con su reflejo una especie de naipe.

Un origen cualquiera del amor

En un momento dado, la profesora, una vieja y amorfa dama ucraniana con caninos de oro… había ejecutado una rápida serie de piruetas con tal orgullosa facilidad que todas las chicas, que se repartían como cervatillas a lo largo de la pared, habían aplaudido. Bech las había amado por eso.

De cómo una campesina recuerda a una poetisa.

Detrás de ella, ora escondiéndose entre sus faldas, ora escapándose a la carrera, andaba su hijo, un niñó de no más de tres años. Al pequeño le seguía fielmnente de un lado a otro un cerdito blanco, que se desplazaba, como hacen los cerdos, de puntillas, con cambios de dirección llamativamente bruscos. Algo en aquella escena, en la franca alegría de la amplia sonrisa de la mujer y el modo natural como el pelo se le apartaba de la cabeza, algo en la bruma de la montaña y en la hierba descuidada y esponjosa en la que había empezado a formarse escarcha por la noche, evocaba para Bech una ausencia sin nombre a la que estaba vinculado, como un caballo a un prado, la imagen de la poetisa, con su cara despejada, sus bonitas piernas, su ropa parisina, y su esmeradamente cepillado cabello.

Intereses (dis)pares

… al agachar más la cabeza y apretarse los ojos con las palmas de las manos, las solapas se separaron y sus pechos colgaron lustrosos ante los ojos de Bech. Intentó encontrar unas palabras de consuelo, pero sabía que ninguna sería lo bastante consoladora salvo “Cásate conmigo”.

Clarividente depresión

Su miedo, como una fiebre o una humillación profunda, desnudaba la belleza velada de las cosas. Sus ojos apagados, depurados del sano egoísmo, descubrían una asombrada ternura, como el susurro de una virgen, en cada ramita, nube, ladrillo, guijarro, zapato, tobillo, montante de ventana o matiz de cristal de botella en una remota colina.

¡Y que siga deprimido y que siga comparando!

…alzó la mirada hacia las cumbres… y la grandiosidad del teatro… aumentó la dolorosa acumulación de miedo que le resultaba tan difícil de desalojar y llevaba tan adentro como una elástica esposa joven lleva en su vientre su primer fruto.

De mujeres y de nosotros

Todo se debió a su empeño en dejarse hechizar y a que se autoengañó al ver a las mujeres como deidades, ídolos cuya joya no estaba engastada en el centro de sus frentes sino entre sus piernas, con otra añadida entre los labios y más pares esparcidos por todas partes, de los tobillos a los ojos, a lo largo de sus formas adorables y extrañas.

Paréntesis

A su vez, Bech había tomado a Goldschmidt por uno de esos hombres hechos a sí mismos que han pagado el precio (por no dejar que Dios los hiciera) de pequeños defectos, como sordera interna y neuralgia constante.

Alberto Arzua

Fantasmas / Chuck Palahniuk

Este es un escritor con unas condiciones prodigiosas para la literatura. Su dominio de la técnica es extraordinario, así como su originalidad, capacidad inventiva, brillantez descriptiva, detallismo, humorismo… Un genio nato, sí señores.

Sin embargo, en mi opinión, este genio está bastante echado a perder por culpa de su afán de llamar la atención a todo precio, de sorprender, de asustar, de dar asco… Porque esta novela da asco, pero un asco muy asqueroso.

Yo solo tenía la referencia de la película “El club de la lucha”, basada en una novela suya, y eso ya me tenía que haber puesto sobre aviso. Porque el argumento de la peli me pareció una tontería pretenciosa y voluntariamente desagradable, con un pretendido trasfondo filosófico muy apropiado para jóvenes botelloneros desinformados.

Pero me sumergí en este libro, a ver qué tal, y las primeras… 40 páginas me parecieron excelentes. Las disfruté muchísimo, me reí y admiré al escritor y me dije, qué mal pensado eres, chaval, este tío es estupendo.

Pero seguí leyendo y empezaron a aparecer los fantasmas de Pallahniuk, a saber, burradas gratuitas, explicaciones sinsorgas, más burradas, desmembraciones, tripamientos, agonías, torturas, automutilaciones… en fin, toda una serie de estupideces gore que iban en progresivo aumento. Y no me gusta el mal rollo. Punto pelota, como dicen quienes se quedan sin argumentos. No me gusta sufrir ni que me cuenten detalladamente los sufrimientos de otros que, supuestamente, se lo pasan bomba con el dolor. Que te den.

Pero hay algo curioso en este libro, y es que, tal y como está estructurado, cada tres capítulos viene un “relato” que se deja leer sin supurar mucha sangre. Recomiendo que, si lo tienen a mano, se lean los relatos y se salten el meollo. Es lo que yo he acabado haciendo. O sea que confieso estar hablando de un libro sin habérmelo leído entero. Faltaría más. Entre los relatos estos, por cierto, hay cosas muy estimables.

Resumen: lo recomiendo a trozos.

Alberto Arzua

Gloria / Vladimir Nabokov

Resulta que un fanático de Nabokov se encuentra con una novela escrita en sus años rusos (véase Berlín), y que esa novela se llama Gloria y que ese fanático soy yo. Imaginen ustedes mi alegría y disculpen mi falta de objetividad.

Vladimir Nabokov es, en mi opinión, el mejor estilista de la literatura del siglo XX. Quizá no el mejor novelista (aunque ha escrito algunas novelas inmejorables), pero sí el mejor escritor, alguien en quien mirarse todo aquél que pretenda escribir algo decente (como un dramaturgo lo haría con Shakespeare, vamos). Y como ya ha quedado clara mi opinión y no tengo ganas de dilatarme, paso a las citas.

Atención, lo siguiente no significa que Vladimir sea machista (tampoco es pedófilo)

… mucho tiempo después Martin se mostraba receloso ante cualquier libro escrito por una mujer, porque sentía que, aun los mejores, respondían al deseo inconsciente de alguna dama madura y tal vez regordeta de adoptar un nombre bonito y acurrucarse en un sofá como una gatita.

 El prota, de niño, empieza a leer libros poco convencionales. Y despierta.

¿Pero qué podía importar entonces de dónde provenía el suave impulso que incita el alma al movimiento y la echa a andar condenándola a no detenerse nunca?

 Explicación típicamente nabokoviana de un arrepentimiento en medio de una frase.

Mientras que, por otra parte, si regresamos a San Petersburgo… continuó en tono de pregunta, pero en alguna estación anónima explotó una bomba y la locomotora tuvo que retroceder. Probablemente todo esto termine algún día –agregó tras una pausa. Mientras tanto debemos pensar en algo.

 Un hecho común.

La ávida, desenfrenada imaginación de Martin, siempre había sido incompatible con la castidad.

 Fantasías y estadísticas.

…y cualquier persona con mucha imaginación tiene fantasías proféticas de vez en cuando: tal es la estadística de las fantasías.

 Los novios juegan a inventar un país, Zoolandia, y Nabokov describe el miedo a la vergüenza.

… desde ese día condescendió ocasionalmente a jugar a Zoolandia con él, pero a Martin lo atormentaba la idea de que ella pudiera estar mofándose en secreto y en cualquier momento le hiciera dar un paso en falso, impulsándolo hacia el límite en que la fantasmagoría pierde su gracia y se sacude al sonámbulo para que vea el borde del techo sobre el que está oscilando, su andariega camisa de dormir, la gente que lo mira desde la acera, los cascos de los bomberos.

Pues eso, si son ustedes buscadores de perlas, éste es un buen libro para bucear.

Alberto Arzua

Rock Springs / Richard Ford

Hay gente chalada por la literatura que lee en cualquier momento y lugar: comiendo, descomiendo, viajando, lavándose los dientes… cada uno conoce su perversión favorita. Pues bien, a este tipo de gente y a otros que gustan de leer a  poquitos, les recomiendo que lean CUENTOS (también se suelen llamar relatos, por no confundir con los infantiles). En diez minutos o media horita ya has disfrutado de un artefacto literario completo. Y los hay muy buenos, buenísimos, geniales, maravillosos.

Estos relatos de Richard Ford, magnífico autor de novelas (El periodista deportivo, Incendios, El día de la independencia…) entran dentro de la categoría de “buenos”. ¡Para qué más! Son relatos de perdedores, más o menos simples, a quienes el escritor otorga su voz, para que, a través de ellos, comprobemos cómo nosotros mismos somos, también, más o menos simples. Filosofías aparte, se trata de unas historias muy disfrutables, ligeramente optimistas y con un poso de candidez que las hace especialmente atractivas. No llega al nivel de Raymond Carver, pero ni falta que hace.

Y, antes de que ustedes lo pasen bien, una pequeña y curiosa reflexión fordiana:

Cuando se llega al terreno de las discusiones, ha quedado ya atrás la posibilidad de lograr que alguien cambie de opinión, aunque suela pensarse que es justo lo contrario, y tal vez lo sea para cierto tipo de gente, pero nunca con la gente que yo trato.

Alberto Arzua

La literatura nazi en América / Roberto Bolaño

La muerte prematura de este hombre, a los 50 años, ha sido una desgracia para la literatura mundial, ya que nos privó de un enorme talento literario. Sus novelas más conocidas, Los detectives salvajes y 2666, son dos exquisitas obras de arte de la narrativa moderna. Su manejo del lenguaje, su originalidad, su sentido del humor, su insultante inteligencia sudamericana, su sacerdocio literario, sus prodigiosas dotes… nunca nos dejarán de asombrar y siempre serán fuentes de placer para lectores de todos los tiempos.

Esta novela que nos ocupa, La literatura nazi en América, es especialmente divertida. Yo he soltado más de una carcajada. Está planteada como un listado borgiano (se le ha comparado con Borges; desde luego, en este libro, las similitudes son evidente) de personajes imaginados, pero con todas las posibilidades de ser reales. De hecho mezcla realidad con ficción constantemente y yo reconozco que muchas veces no sé dónde está la frontera, lo que hace al asunto mucho más hilarante.

El libro consta sencillamente de una serie de biografías de personajes marginales, todos con veleidades literarias, todos con aberrantes ideales derechosos. Nos haremos mejor una idea si consigno aquí un par de inicios de esas vidas:

Silvio Salvático (Buenos Aires, 1901-Buenos Aires, 1994)

Entre sus propuestas juveniles se cuenta la reinstauración de la Inquisición, los castigos corporales públicos, la guerra permanente, ya sea contra los chilenos o contra los paraguayos o bolivianos como una forma de gimnasia nacional, la poligamia masculina, el exterminio de los indios para evitar una mayor contaminación de la raza argentina, el recorte de los derechos de los ciudadanos de origen judío, la emigración masiva procedente de los países escandinavos para aclarar progresivamente la epidermis nacional oscurecida después de años de promiscuidad hispano-indígena, la concesión de becas literarias a perpetuidad, la exención impositiva a los artistas, la creación de la mayor fuerza aérea de Sudamérica, la colonización de la Antártida, la edificación de nuevas ciudades en la Patagonia.

Fue jugador de fútbol y futurista (…)

Luiz Fontaine da Souza (Río de Janeiro, 1900-Río de Janeiro, 1977)

Autor de una temprana Refutación de Voltaire (1921) que le valió elogios en los círculos literarios católicos del Brasil y la admiración del mundo universitario dada la vastedad de la obra, 640 páginas, el aparato crítico y bibliográfico y la manifiesta juventud del autor. En 1925, como para confirmar las expectativas creadas por su primer libro, aparece la Refutación de Diderot (530 páginas) y dos años después la Refutación de D’Alembert (590 páginas), obras que le colocan a la cabeza de los filósofos católicos del país.

En 1930 se publica la Refutación de Montesquieu (620 páginas) y en 1932, Refutación de Rousseau (605 páginas).

En 1935 pasa cuatro meses internado en una clínica para enfermos mentales en Petrópolis.

Ustedes la gocen bien. Yo ya estoy en trámites de conseguir toda la obra de este genio.

Alberto Arzua

Trilogía de Deptford / Robertson Davies

Esta trilogía está formada por los libros El quinto en discordia, La mantícora y El mundo de los prodigios. Desde que leí el primero de ellos, hace ya varios años, quedé fascinado por el escritor William Robertson Davies (1913-1995), una eminencia en su país, Canadá, y muy poco conocido por estos pagos. Dediqué bastantes de mis afanes a buscar los otros volúmenes, pero parecía tarea imposible hasta que por fin los encontré, en una biblioteca pública bastante aireada, y vive Dios que he disfrutado con ellos.

Con decir que Robertson Davies es un escritor superlativo ya está todo dicho. Inteligente, divertido, dominador de todos los tercios, original, sorprendente. Plantarse delante de sus páginas significa gozada segura. Lástima que escribiera tan poco. Podría rebozarme detallando sus asombrosas cualidades como escritor magnífico, pero prefiero que hable él mismo. Vayamos pues con las citas.

De LA MANTÍCORA

La psicóloga coprotagonista cita a Ibsen:
Vivir es batallar con los trasgos
en las criptas del corazón y el cerebro
Escribir es en cambio sentarse
y juzgarse a uno mismo

Ricos y pobres
Dios, he visto con claridad meridiana la flagrante grosería de los ricos cuando se autoafirman de ese modo, la he visto incluso en sus manifestaciones más asqueantes, pero puedo jurar por lo más sagrado que el orgullo, el amor propio desmedido de los pobres convencidos de tener pleno merecimiento es punto por punto igual de repugnante.

Masturbación chapucera
Nunca di en pensar que la masturbación fuese a acabar conmigo, ni tampoco ninguna estupidez por el estilo, aunque hice todo lo posible por controlarlo, porque… en fin, porque me parecía algo muy chapucero. Supongo que nunca le eché demasiada imaginación.

Uniformes escolares
Aquellos uniformes en que insistían los colegios como el Obispo Cairncross en aquel entonces eran extraordinariamente reveladores. Si una chica tenía unos buenos pechos, se le notaban perfectamente con aquellas blusas. Y había chicas que tenían una verdadera repisa debajo del mentón. Y las faldas azules eran absurdamente cortas. Dejaban ver unas piernas larguísimas, desde el tobillo hasta medio muslo. Presuntamente tenía que ser un uniforme modesto, que les diera el aspecto de niñas pequeñas, pero una chica guapa, vestida de ese modo, es como un milagro demoledor.

Acerca de la poesía
…había empezado a leer poesía porque el profesor Schwarz me dijo que era una gran alternativa a la química. Si un profesor de química tenía en tan alta consideración la poesía, tenía que ser algo mucho mejor que las pedestres poesías que estudiábamos en clase de literatura del colegio. Acababa yo de empezar a ver que la poesía trata de la vida, y no de la vida normal y corriente, sino de la esencia, del milagro que subyace a la vida misma.

Tras practicar aquello… más a gusto que…
Cualquiera que nos viese habría entendido con toda claridad que no era yo quien dirigía la orquesta. Muy rápidamente concluyó, y me quedé tendido junto a Myrrha, más a gusto que un arbusto.

De EL MUNDO DE LOS PRODIGIOS

Pus laudable
… ha sido una caída estupenda. Pus laudable, diría yo. Veo que vas aprendiendo. No pongas esa cara, es una expresión médica. Ahora ya no se usa, me parece. Pero mi abuelo fue un médico bastante distinguido y la empleaba a menudo. En aquellos tiempos, cuando alguien tenía una herida, no sanaba tan rápido como ahora. Se la vendaban y la sondaban durante unos días para ver qué tal iba evolucionando. Si sanaba bien, del fondo afloraba a la superficie un montón de porquería, que era la prueba de que la sanación iba por buen camino. La llamaban pus laudable.

Consejos para ligar
…nada de tocamientos en el pecho, sino una aplicación psicológicamente precisa de una caricia determinada. Se trataba de colocar la mano con firmeza, pero sin hacer fuerza, en la cintura, por el lado derecho, lo cual era fácil de lograr manteniendo la mano en el bolsillo durante unos momentos antes del acercamiento definitivo. Ese gesto, dijo, producía por lo visto una calidez especial, irresistible, sobre el hígado femenino.

La educación
No es que esté en contra de la educación; para la mayoría de las personas es sumamente necesaria, pero quien vaya a ser un genio hará mejor si evita la educación por completo o si se esfuerza por desprenderse de la educación que haya podido recibir. La educación es para gente vulgar, pues fortalece la vulgaridad. Les hace útiles, cómo no, de una manera normal y corriente.

Hablando de la vida, en general
Todo tiene un aspecto asombroso, sobrecogedor, pasmoso, si uno lo mira con una mentalidad que no esté emborronada y empañada por toda esa mugre mal entendida y peor digerida de las escuelas, los periódicos o cualquier otro batiburrillo de conceptos heredados de cualquier manera. Procuro no juzgar a nadie, aunque cuando me encuentro con un enemigo y lo tengo al alcance de la mano, no estoy libre de soltarle un buen sopapo.

Alberto Arzua

22-11-63 / Stephen King

Primer libro que leo del ínclito Stephen King, maestro del terror y de otras hierbas. Precisamente esta novela pertenece a esas otras hierbas, pues en ella se nos narran las peripecias de un profesor que emprende una serie de viajes al pasado, siempre al mismo punto del pasado, con la intención de arreglar ciertas maldades que por allí se produjeron, a ver si así mejora nuestro presente. Noble intención. Uno de sus principales objetivos estriba en impedir un asesinato que se cometió el día del título (véase portada).

Y le empiezan a pasar cosas al tal profesor. Y descubre maravillado las características del pasado. Y aborrece del humo de cigarrillos que apesta cualquier lugar cerrado. Y se enamora antes de haber nacido. Y esas cosas de la imaginación que suelen bordar los buenos escritores. Porque… ¡Atención!…

Stephen King es un excelente narrador. Excelente, y no quito ni una equis. El libro tiene más de 800 páginas y no te aburres en ningún momento, siempre estás pendiente de lo que va a pasar a continuación. Además, todo lo que sucede es interesante. Incluso la historia de amor donde, a pesar del tópico convencionalismo de la chica perfecta, el autor logra que sueltes alguna lagrimita.

Cuando un libro es bueno, es bueno. Y hay que decirlo. Aunque sea un best seller. Además de deleitarnos con las variadas aventuras de su protagonista, Stephen King se explaya en multitud de opiniones, comentarios y descripciones subjetivas que siempre tienen algún interés. Este tío no tiene un pelo de tonto. Gusta leerle, de verdad.

Como el tema es un poquillo de ciencia ficción sería lógico comparar el juego que le da al viaje en el tiempo con lo que podrían hacer especialistas en tales cuestiones. Pasas parte del libro pensando si no se podría haber exprimido el tema mucho más. Pero luego te das cuenta de que no, de que el Stephen le ha pillado a la cosa de modificar el pasado para modificar el presente (absurda y, por tanto, con infinito juego) el punto justo. Ni más ni menos; lo que necesita su narración. Justo de sal.

Y voy a colocar aquí dos citas de un tono poco frecuente en la novela, muy lindas, para que se vea su amplitud de registros.

Amor mayor.

Mimi y yo pasamos muchas noches agradables en los Candlewood. A veces lo único que hacíamos era ver la tele en pijama antes de acostarnos, pero a cierta edad eso puede ser tan bueno como todo lo demás- -Esbozó una sonrisa llena de tristeza-. O casi. Nos dormíamos escuchando a los grillos. A veces algún coyote aullaba, muy en la distancia, en las praderas de salvia. A la luna, ¿sabes? De verdad que lo hacen. Aúllan a la luna.

El prota está de bajón.

Por un momento todo estuvo claro, y cuando eso pasa uno ve que el mundo apenas existe en realidad. ¿No lo sabemos todos en secreto? Es un mecanismo perfectamente equilibrado de gritos y ecos que se finjen ruedas y engranajes, un reloj de sueños que repica bajo un cristal de misterio que llamamos vida. ¿Detrás de él? ¿Por debajo y a su alrededor? Caos, tormentas. Hombres con martillos, hombres con navajas, hombres con pistolas. Mujeres que retuercen lo que no pueden dominar y desprecian lo que no pueden entender. Un universo de horror y pérdida que rodea un único escenario iluminado en el que los mortales bailan desafiando a la oscuridad.

Libro muy, muy recomendable como lectura veraniega. ¡Pero no esperes al próximo verano, hombre (o mujer)!

Alberto Arzua

El informe de Brodeck / Philippe Claudel

Este autor utiliza una pluma suave, morosa, detallista, introspectiva, triste, ligera, saltarina, para describir un mundo duro, hosco, seccionado, donde la felicidad tan solo se encuentra en algunos breves instantes del pasado. Las palabras son siempre sencillas, el ritmo lento, hacia delante y hacia detrás incesantemente, desvelándote historias al tiempo que te las va velando, jugando con las piezas de un rompecabezas cuyo aspecto general, cuyo sentimiento, se te revela muy nítido desde el principio.

Hay mucha tristeza, mucha nostalgia, pero de esa que te atrapa el corazón dándote razones para vivir, como si atisbaras a través de la puerta entornada de un bar de carretera, emocionado, sin atreverte a entrar, la actuación de una cantante de fados. Hay bondad en quien cuenta la historia, tranquilidad, resignación, empatía, y también indignación. Indignación en voz baja, que resuena mucho más. Indignación porque lo que más hay en esta historia es maldad, una maldad áspera e inevitable, la única maldad posible, la maldad de los hombres.

Y también hay buena literatura, comparaciones originales, frases muy interesantes, manejo de los tiempos… Pero antes de pasar a las citas me gustaría hacer notar que esta novela no es perfecta porque no puede serlo y porque, además, el argumento es demasiado sencillo y conocido casi desde el principio. Eso le resta bastante interés a la lectura, estoy de acuerdo con lo que dice Andrés López en su artículo Almas grises. Pero de esto hablaré después de las citas, abundosas pero breves. Aquí van.

…en algún rincón de su pequeña iglesia de muros tan anchos como la envergadura de un águila.

… esos dientes ennegrecidos, que huelen a vendaje sucio.

La noche había extendido su manto sobre el pueblo como un carretero su capa sobre las últimas brasas de una hoguera de camino.

… Recuerdo que miré el cielo y, al ver todas aquellas estrellas tan apretujadas, como pajarillos asustados que buscan compañía…

… una gota de sudor, minúscula y brillante como un cristal de roca, le resbalaba por la nariz con una lentitud pasmosa.

Se produjo un murmullo, un ruido de bestia de carga a la que le aflojan los varales y gruñe de gusto.

Siempre la he visto torcida y encorvada, arrugada como un níspero olvidado en la bodega durante tres estaciones.

… la última tajada de tocino, una gruesa loncha cuya grasa, casi traslúcida tras la cocción, resbalaba por el plato como las lágrimas de cera por el cuerpo de una vela.

Tengo la sensación de que no estoy hecho para mi vida. Me refiero a que me viene grande por todas partes, que no es de la medida de un hombre como yo, que se llena de demasiadas cosas, de demasiados hechos, de demasiadas miserias, de demasiados fallos.

… me conoce como si fuera un bolsillo en el que ha metido la mano miles de veces.

Lo cierto es que la muchedumbre en sí es un monstruo, un enorme cuerpo que se engendra a sí mismo, compuesto de miles de otros cuerpos pensantes. Y también sé que no hay muchedumbre feliz. Detrás de las sonrisas, las risas, las músicas y los eslóganes hay sangre que se calienta, sangre que se agita, sangre que gira y enloquece al verse revuelta y removida en su propio torbellino.

… para acabar soltando una carcajada, una risotada que, mitad bramido mitad ejercicio de vocalización…

¿Quién decidió hurgar en mi oscura existencia, hacer añicos mi frágil tranquilidad, arrancarme de mi gris anonimato, para lanzarme como a una bola enloquecida en un inmenso juego de petanca? ¿Dios? Entonces, si existe, si existe de verdad, que se esconda. Que se eche las manos a la cabeza y que la agache.

Alrededor flotaba el olor a excrementos y plumas de gallina, repugnante y persistente como el de los tallos podridos de unas flores olvidadas durante días en un jarrón.

Era una hermosa noche, fría y clara, una noche que, además, no parecía querer acabar, que se arrebujaba en su negrura, dando vueltas y más vueltas, como quien holgazanea en la cama por la mañana, al calor de las sábanas.

Y aquí no acaba mi comentario porque, tras leer El informe de Brodeck (2007), me he lanzado a devorar Almas grises (2003) y lo que he encontrado me ha dejado bastante patidifuso… porque es el mismo libro. El mismo. Los mismos malos, los mismos buenos, la misma niñita, la misma mujer, la misma guerra, los mismos hechos violentos, los mismos sentimientos, el mismo ambiente, los mismos odios y amores… los mismos o parecidos. Es como si aquella primera novela hubiera sido un ensayo. Porque la primera es un poquito peor, con más agujeros, menos cocinada, aunque supongo que si se lee en primer lugar sorprenderá tanto como a mí me ha sucedido con esta segunda.

Así que quiero dejar aquí constancia de mi decepción. ¿Es un escritor de una sola novela que irá puliendo y puliendo hasta el fin de sus días? Es una posibilidad, está en su derecho, pero resulta un poco raro, desazonante. Tiene un cuento, La nieta del señor Linh, delicioso, que me gustó mucho, pero que también adolece de indefinición. ¿Será un escritor de sentimientos y no de historias? Será. Ustedes lo disfruten y lo descubran a su propio ritmo. Consignemos, para finalizar, algunas citas de Almas grises:

Primer lunes de diciembre. En nuestra ciudad. 1917. frío siberiano. La tierra crujía bajo los pies y el ruido resonaba hasta en la nuca.

Sus antepasados habían luchado en Crécy. Como todo el mundo, seguramente, pero ni lo sabemos ni nos importa.

Poco después se lo llevaron dos enfermeros, vestido con una camisa de fuerza que le daba aspecto de esgrimista.

Los fieles se dispersaron como estorninos sobre un trigal verde.

¿De qué sirve todo esto que escribo, tantas líneas apretadas como ocas en invierno y todas las palabras que coso a ciegas?

Iba a hacer un calor como para curtir todos los deseos.

Las campanas cortaban el tiempo como si fuera el tronco de un árbol muerto.

Las escopetas tienen un gusto curioso. Se te pega a la lengua. Pica. Sabe a vino y a tierra.

Alberto Arzua

La tía Tula / Miguel de Unamuno

La reciente muerte de Aurora Bautista ha propiciado la programación televisiva de la estimable película de Miguel Picazo La tía Tula (1964). Comentando la película (uno de los grandes placeres del cine por TV) se me dijo que el libro no contenía en absoluto toda la carga sexual que destila el film. Decidido a comprobarlo, me leí el libro en cuestión. La portada que aquí aparece es una, como se dice ahora, vintage.

Tula viene de Gertrudis, pero esto no tiene nada que ver, es un apunte cultural gratuito. Unamuno no sabemos de dónde viene, y que no se me mosquee nadie, lo digo porque el tío resulta un poco confuso, no sé ya si en sus filosofías o en la expresión de las mismas. Escribiendo se hace, en general, bastante pesadete.

En mi opinión los guionistas de la película hicieron muy bien no ciñéndose estrictamente a la trama del libro y centrándose en la autorrepresión sexual. Los desvaríos unamunianos soróricos (propugna cosas tales como la sororidad frente a la fraternidad…) resultan infumables y, sobre todo, infilmables. Las escenas de tensión larvada entre los dos protagonistas, por el contrario, son de lo mejor del cine español, absolutamente buñuelianas.

Pero vamos al libro, que ya me cuesta. Y me cuesta porque las truculencias del autor hablando de religión, muerte y sexo, te acaban cansando. El tema en sí es mítico, de acuerdo, profundísimo, muy bien, pero el arte novelístico brilla por su ausencia. Se puede leer, pero se aburre uno. ¡Y todo es tan antiguo, tan pasado, tan apolillado…! Lo siento, pero no he logrado interesarme por las aventuras de una mujer con, en mi opinión, un trueno considerable.

Es posible que este hombre fuera un excelente filósofo y un magnífico profesor, no lo sé, carezco de los conocimientos necesarios, pero como novelista no vale mucho. Ya decía él que hacía nívolas, una manera, supongo, de disculpar su poca habilidad narrativa. Aunque los diálogos no le salen mal. Y vayamos con las citas, que hay unas cuantas.

En el prólogo ya nos va iluminando con algunas explicaciones.

Aristóteles le llamó al hombre zoon politicon, esto es, animal civil o ciudadano –no político, que esto no es traducir- animal que tiende a vivir en ciudades, en mazorcas de casas estadizas, arraigadas en tierra por cimiento, y ese es el hombre y, sobre todo, el varón.

Morbo en zona equívoca.

Gertrudis tomó a su sobrinillo, que no hacía sino gemir; encerrose con él en un cuarto y sacando uno de sus pecho secos, uno de sus pechos de doncella, que arrebolado todo él le retemblaba como con fiebre. Le retemblaba por los latidos del corazón –era el derecho-, puso el botón de ese pecho en la flor sonrosada pálida de la boca del pequeñuelo. Y éste gemía más estrujando entre sus pálidos labios el conmovido pezón seco.

Habla del amor y lía la frase.

Pues el que profesara a su mujer y a ella le apegaba veía bien ahora en que ella se le fue, que se llegó a fundir con el rutinero andar de la vida diaria, que lo había respirado en las mil naderías y frioleras del vivir doméstico, que le fue como el aire que se respira y al que no se le siente sino en momentos de angustiosos ahogo, cuando nos falta.

No olvidemos que escribe un hombre antiguo. Habla de los dolores de parto.

Cuando la vio gozar, sufriendo al darle su primer hijo…

No sutilicemos. Curiosa respuesta.

-…Y es que queremos a los muertos en los vivos

- ¿Y no, acaso, a los vivos en los muertos?

- No sutilicemos

Morbo moribundo y divino.

Y luego se figuraba que a aquella pobre hospiciana, cuyo sentido de vida no comprendía, le quitó Dios la vida de un beso posando sus infinitos labios invisibles, los que se cierran formando el cielo azul, sobre los labios, azulados por la muerte, de la pobre muchacha, y sorbiéndole el aliento así.

Otra frase lianta.

De Ramirín, del mayor, una voz muy queda, muy sumisa, pero de un susurro sibilante y diabólico, que Gertrudis solía oír que brotaba de un rincón de las entrañas de su espíritu –y al oírla se hacía, santiguándose, una cruz sobre la frente y otra sobre el pecho, ya que no pudiese taparse los oídos íntimos de aquella y de éste-, de Ramirín decíale ese tentador susurro que acaso cuando le engendró su padre soñaba más en ella, en Gertrudis, que en Rosa.

Aprendiendo palabras. Redargüir.

“No hay leche como la de la madre”, repetía y al redargüir su cuñado: “Sí, pero es tan débil…”

Aprendiendo palabras. Pisgo.

Limpiaba los botellines, cocía los pisgos cada vez que los había empleado… Cuando ponía el pisgo de caucho en la boquita de la pobre criatura, sentía que le palpitaba y se le encendía la propia mama.

Aprendiendo palabras. Lagoterías.

Para que dejéis de andar así, de bracete por la casa, y con cuentecitos al oído y carantoñas, arrumacos y lagoterías.

Y acabamos con uno de sus temas favoritos, la muerte.

Y se apagó como se apaga una tarde de otoño cuando las últimas razas del sol, filtradas por nubes sangrientas, se derriten en las aguas serenas de un remanso del río en que se reflejan los álamos –sanguíneo su follaje también que velan sus orillas.

Resumiendo, véanse la película.

Alberto Arzua

La torre oscura (I) El pistolero / Stephen King

En las multitudinarias e inacabables reuniones del consejo redactor de esta página de ustedes (Libros Morrocotudos) se plantea reiteradamente la cuestión de si habría que ocuparse también de los libros que no nos parecen tan buenos. Es mi opinión que si alguien viene a buscar una opinión acerca de un libro determinado, también le resultará útil una opinión negativa, valga la opinión.

Así que ya saben ustedes de qué va este comentario: este libro no me ha gustado. ¿Por qué? Porque el autor, olvidando parcialmente sus tremendas habilidades narrativas, pretende enjaretarnos sus muy respetables teorías filosófico-cuánticas. Vale, Stephen, pero no lo hagas en una novela de fantasía, que nos acabamos aburriendo. ¿Recuerdan ustedes Resurrección, De Tolstoi? Pues eso.

Sin más, ésa es mi opinión acerca de este primer volumen (y van ocho) de la serie La torre oscura. Ni pienso leer ninguno más.

Además de habilidades narrativas quiero que conste que el King también tiene habilidades escritoriales. Dos ejemplillos:

Curiosa comparación.

Caminaron lentamente hacia el patíbulo, y las aves se remontaron indignadas, graznando y revoloteando en círculos como una iracunda turba de campesinos desposeídos.

¿Qué será el “arco de movimientos pardos”?, te preguntas

Allí, entre ellas, fue donde el pistolero vio un arco de movimientos pardos. Desenfundó, disparó y tumbó al conejo antes de que…

Alberto Arzua

Col recalentada / Irvine Welsh

Este menda es el escritor de Trainspotting, libro que decidí no-leer después de haber visto unas muy deprimentes escenas de la película. Mal hecho. La gente me comenta que es una película muy divertida. Bueno. A lo mejor ver a unos colgadísimos moribundos diciendo chorradas resulta la bomba. No lo sé. Me parece que estos asuntos los llevo mejor leídos, sin tener que soportar los caretos de unos actores maquillados de sidosos. Cosa rara. En literatura soy capaz de disfrutar con (casi) cualquier burrada, sobre todo si está contada con sentido del humor.

Col recalentada consta de ocho relatos, dos de ellos bastante largos, el que da título al libro y el último, que tiene un final bastante sorprendente, inesperado en su contexto, y que a mí me ha dejado un excelente sabor de boca.

Resumiendo mi opinión: me acabo de hacer fan (seguidor) instantáneo de Irvine Welsh. Tiene un sentido del humor demoledor, es muy ágil, siempre interesante, y te descoloca con mucha frecuencia. Es capaz de todo, su literatura no tiene límites, ni en situaciones, ni en desarrollo, ni en puntos de vista. Igual te está contando cosas un colgao, que otro colgao, que un facha, que un extraterrestre… todos con la misma frescura y credibilidad. Su mundo, que en un principio puede parecer estrecho (descerebrados varios) te explota en las manos cuando menos te lo esperas.

Tiene prácticamente todo lo que busco en un escritor. Te seduce a lo bestia. En estos cuentos me ha llevado de la nariz, ahora por acá, ahora por allá, y tú le sigues moqueando y feliz, porque cada cosa que te muestra te vivifica y satisface. Magnífico literato, señores, magnífico. Y no se dejen engañar por el ambiente en sí, como a mí me pasó con la película, porque estos esquejes de seres humanos (me acabo de enterar que repiten de un libro a otro los protas) pueden enseñarnos tanto acerca de nuestra naturaleza como cualquier otro personaje literario más o menos culto

Y paro de hiperbolizar porque a lo mejor ustedes no tienen los mismos gustos que yo y les estoy liando. Pero que conste que se podrían analizar favorablemente muchas otras características literarias de este Irvine Welsh.

Acabemos con tres pequeñas citas, tan atípicas como él mismo.

Comparando terrícolas con extraterrestres.

Al igual que sucedía con los humanoides terrícolas, la historia temprana de Cyrastor estuvo dominada por una sucesión de profetas, evangelistas, mesías, sabios y visionarios que se las ingeniaron para convencerse tanto a sí mismos como a sus seguidores de que conocían los secretos de universo. Algunos hicieron poco más que el ridículo en vida, pero la influencia de otros se hizo sentir durante generaciones.

Y mira qué pasa cuando aparece la nave espacial.

Algunos, sin ser religiosos, se santiguaron; otros, que lo eran , renunciaron enseguida a todo aquello en lo que les habían enseñado a creer.

Tras el sexo, satisfactorio solo para alguno.

¿Y qué pasa?, gimió él con amodorrada petulancia, como una criatura enfrentada a otra de más edad y con los ojos puestos en sus golosinas.

Alberto Arzua