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Pan, educación, libertad / Petros Markaris

“Pan, educación, libertad” no es ni la mejor novela de la trilogía sobre la crisis griega, ni, por supuesto, lo mejor que he leído de Petros Márkaris. Quizás porque no hay una correspondencia clara entre el momento socio-económico-político en el que se desenvuelve y los hechos que servirían para denunciar ese contexto.
Estamos ya en el 2014, Grecia ha salido del euro y ha vuelto al dracma, la crisis se ha agudizado, llevando consigo cada día mayores dificultades incluso para comer,… Pero ahí se acaba toda referencia a un futuro inmediato, la “utopía negativa” (como sigamos por aquí, vamos a acabar ahí) que hubiera servido en la ficción para leer el momento actual, se esfuma y toda la narración podría haber sucedido dos años antes. Me parece a mí que, si una novela negra apuesta por un tiempo futuro es para iluminar el presente, pero desde aquel punto del tiempo. La posible correspondencia queda, en la novela, muy forzada, y se nota.
Y todo lo demás que dijera serían de nuevo elogios. Márkaris es un autor que, mientras no me demuestre lo contrario, estará en el ranking de mis lecturas preferidas. Cada vez que escriba. Si alguien desea aficionarse a la novela negra, aquí tiene un buen comienzo: Kostas Jaritos, el policía, no le defraudará.
No voy a decir ni a contar nada más de “Pan, educación, libertad”. En la Red podéis inflaros a leer cosas sobre ella, o sobre su autor. Como siempre, si vais a hacerlo, os recomendaré www.negraycriminal.com. Sólo una cosa: de nuevo el mismo sentimiento: los asesinados habían merecido que alguien los quitase de en medio, que alguien los ejecutase. Y ese alguien de ningún modo iba a ser la justicia legal. De nuevo, el asesino nos resulta más simpático que los asesinados.
Ésta es una novela que tengo en papel. Ya sé que es mucho más incómoda de leer, pero, como a Márkaris no lo voy a piratear (ni a Leonardo Padura, mi próxima lectura) (cosas de la nostalgia), os comunico que si alguno tiene dificultades (económicas) para hacerse con ella, sé que ya anda por internet.

Cuando apenas me quedaban las últimas 40 páginas por leer y yo ya había empezado a escribir esto que ahora leéis, la prensa publicaba una noticia que, de alguna manera, “trasformaba” la actualidad de mi lectura y que os resumo desde la web de 20minutos.es:

“El Defensor del Pueblo de Grecia implica a policías y Guardia Costera en ataques racistas.

La Oficina del Defensor del Pueblo de Grecia publicó hoy un informe sobre el aumento de la violencia racista durante el pasado año en el que implica a policías, Guardia Costera y militantes del partido neonazi Amanecer Dorado en agresiones de carácter xenófobo. Estos casos son solo la punta del iceberg. Durante el periodo cubierto por el informe —de enero de 2012 a abril de 2013— se registraron cuatro muertos y 400 heridos en estos ataques racistas.
En varias ocasiones, destaca el informe, había agentes de Policía presentes en el momento de las agresiones y no intervinieron, o lo hicieron para arrestar a las víctimas. El lunes, por orden del Ministerio de Orden Público, se inició una “amplia investigación” para esclarecer los presuntos lazos entre militantes de Amanecer Dorado y agentes de Policía. Desde entonces, una veintena de oficiales y altos cargos del cuerpo han sido relevados de sus responsabilidades, dimitido o suspendidos de empleo.”

Dos días después, la prensa se había eco de la detención del líder del partido neonazi y algunos de los parlamentarios pertenecientes a este partido.

Y acabo dejándoos un par de textos de la novela:
“A no ser que consideremos terrorismo blanco las continuas amenazas de nuevos recortes de los sueldos, de las pensiones y de las pagas extra. Ésta es nuestra versión del terrorismo blanco, el que practica la clase burguesa dominante a través de los organismos del Estado”

“En estos tiempos, las personas de mi posición económica han convertido sus automóviles en bienes inmuebles. No los mueven de donde están aparcados. Yo soy de los pocos que todavía usan el coche para desplazarse. No me extrañaría que Hacienda me abriera una inspección, convencida de que dispongo de recursos ocultos para llenar el depósito”.
Andrés López

La verdad sobre el caso Harry Quebert / Joël Dicker

Últimamente no me reconozco leyendo best-sellers. Pero, tengo que decir que sigo con bastante atención lo que cuenta sobre la novela negra negraycriminal.com. Allí me rencontré con una recomendación muy entusiasta y un elogio encendido (mayor de lo que merece, creo) de “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, de Joël Dicker. De otro modo, no me hubiera metido con 500 páginas, menos después de las últimas experiencias.
Se trata de una novela que ha recibido ya varios premios, entre ellos el Goncourt y el de la revista Lire.
Me ha parecido una novela excesiva, pero redonda: muy cuidada, a pesar de la dificultad que implica utilizar narradores diferentes, fuentes de información que el lector recibe desde muy diversos ángulos, saltos en el tiempo a los distintos momentos de una historia que recorre no menos de cuarenta años.
Al final de todo, algo muy importante: las explicaciones de cualquier hecho histórico, léase en este caso un asesinato, nunca son simples. Son muchos y de muy diversa índole los factores que se reúnen para llegar a comprender lo sucedido: la psicología de los personajes (y no sólo de dos de ellos, no, de muchos más, que pueden parecer secundarios y no lo son tanto), las relaciones políticas, ciudadanas, las de pareja, las creencias, las costumbres del momento y el lugar, las creencias religiosas, el azar, las ambiciones, los miedos… Esa es, posiblemente, la gran riqueza de la novela.
Muy bien escrita, muy bien estructurada, todo va encontrando su sitio. Fácil de leer en su complejidad, intrigante, mantiene siempre la duda y el interés del lector, al que los continuos giros de la historia (¿a veces demasiados?) hacen que no pierda las ganas de seguir leyendo.
El que, como siempre, 500 páginas se me hagan excesivas, es problema mío.
Pero, eso justifica que no os deje aquí ningún resumen de su contenido. Si lo queréis, acudid a la contraportada, o a cualquier blog que hable de ella.
Sí os dejo, como otras veces, un texto entresacado de la novela, porque me ha parecido novedoso (para nada desconocido), y hasta divertido. Ahí va:
“- Imagínese, Marcus, lo que cuesta un solo cartel publicitario en el metro de Nueva York. Una fortuna […]. Mientras que ahora basta […] con hacer que hablen de uno y con contar con la gente para que hable de usted en las redes sociales: tendrá acceso a un espacio publicitario gratuito e infinito. Gente de todo el mundo que se encarga, sin darse cuenta siquiera, de hacerle publicidad a escala planetaria. ¿No es increíble? Los usuarios de Facebook no son más que hombres-anuncio que trabajan gratis. Sería estúpido no utilizarlos.
– Es lo que ha hecho, ¿verdad?
– ¿Cuando le solté el millón de dólares? Sí. Paga a un tipo un salario de NBA o NHL por escribir un libro, y puedes estar seguro de que todo el mundo hablará de él.”

Andrés López

Perdida, 2ª parte / Gilliam Flynn

He acabado de leer “Perdida”. La segunda parte me ha parecido inferior a la primera: demasiados altibajos en lo literario y en el mantenimiento del suspense, demasiadas reiteraciones. Era de sospechar en una novela de 500 páginas (¡me entra un tembleque cada vez que una novela pasa de las trescientas!…)
Pero me reafirmo en que sigue siendo una novela con muchos momentos “inteligentes” y digna de ser una buena “novela de verano”, que os hará pasar ratos entretenidos. Además es muy ligera de leer y, a ratos, engancha.

Andrés López

La neblina del ayer / Leonardo Padura

 

Catorce años después de que, desencantado, abandonase la policía, el detective Mario Conde se dedica a la compraventa de libros de segunda mano. El hallazgo de una valiosa biblioteca lo coloca al borde de un magnífico negocio que podría aliviar sus penurias económicas. En uno de los libros aparece una hoja de revista en la que una cantante de boleros de los años cincuenta, Violeta del Río, anuncia su retiro en la cumbre de su carrera. Atraído por su belleza y por el misterio de su silencio posterior, Mario Conde le seguirá el rastro en un descenso a los infiernos de los bajos fondos de La Habana.

*** Primeras páginas de La neblina del ayer

 

 

Tusquets editores

ISBN: 978-84-8383-721-4
País edición: España
360 pág.
8,60 € (IVA no incluido)
Ebook disponible
ISBN: 978-84-8383-727-6
5,78 € (IVA no incluido)
Formato: EPUB

Leonardo Padura

Leonardo Padura (La Habana, 1955) trabajó como guionista, periodista y crítico, hasta lograr el reconocimiento internacional con la serie de novelas policiacas protagonizadas por el detective Mario Conde: Pasado perfecto,Vientos de cuaresmaMáscarasPaisaje de otoñoAdiós, Hemingway, La neblina del ayer y La cola de la serpiente, traducidas a numerosos idiomas y merecedoras de premios como el Café Gijón 1995, el Hammett 1997, 1998 y 2005, el Premio de las Islas 2000 y el Brigada 21. También ha escrito La novela de mi vida y El hombre que amaba a los perros, una trepidante reconstrucción de las vidas de Trotsky y Ramón Mercader, traducida a diez idiomas, vendidos sus derechos al cine y merecedora del Premio de la Crítica en Cuba, el Francesco Gelmi di Caporiacco 2010 y, en 2011, el Premio Carbet del Caribe, elPrix Initiales y el Prix Roger Caillois. En 2012 Padura recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba. Herejes, una absorbente novela sobre un cuadro de Rembrandt y una saga judía que llega a nuestros días, confirma al autor como uno de los narradores más ambiciosos e internacionales en lengua española.

Leiaa

Un buen lugar para reposar / Luis Gutiérrez Maluenda

Ya he escrito antes sobre Luis Gutiérrez Maluenda (“806 Sólo para adultos”, y “Mala Hostia”). Ahora he terminado de leer “Un buen lugar para reposar”.
En la novela negra abundan los tópicos, como no puede ser menos en cualquier género de novela, de cine, de música… Ocurre que los tópicos son muy variados y que a unos escritores les gustan unos determinados y a otros, otros.
Atila responde a un tipo de detective muy concreto. El mismo lo deja claro desde el principio.
Esto dice Atila de la novela negra y, por contraposición de su trabajo: “Un género literario en el que inteligentísimos tipos que resuelven crímenes de factura imposible sientan en sus rodillas a esculturales rubias de largas piernas, mientras trasiegan enormes cantidades de whisky, inmunes a la amenaza de sofisticados delincuentes.
Yo sólo compito con ellos en lo del whisky, y a más de uno le gano. Las rubias de largas piernas son alérgicas a mis rodillas. A mis delincuentes los encuentro en el vecindario. Con algunos me tuteo desde hace años. Y a los delincuentes sofisticados, únicamente acostumbro a verlos en las fotografías de los periódicos, o en la pantalla de un televisor. Habitualmente ocupan cargos públicos y hacen gala de una florida oratoria”.
Atila es un detective “marginal”, que se mueve entre gentes de barrios “marginados” barceloneses, de esos que las autoridades quieren hacer desaparecer porque lo que un día fue el extrarradio hoy se ha convertido en promesa de grandes negocios inmobiliarios (léase, por ejemplo, San Francisco en Bilbao). Lo que ocurre es que, mientras no acaban de conseguirlo, sus pisos casi inhabitables se han llenado de inmigrantes sin papeles, gitanos, y otras “gentes de mal vivir”, que acompañan a quienes ya no tienen ni fuerzas para salir de sus viejas casas y a algunos “resistentes” que se defienden como pueden del “poder establecido” o “por establecerse”.
“Un buen lugar para reposar es buena novela negra, de esa que muchas ves muestra que los problemas sólo se solucionan a mamporros, que la fuerza bruta es la única que algunos son capaces de entender, porque ellos ( o sus contratados) la ejercen por doquier, de esa que admite que la justicia legal sólo puede llegar a unos poquitos sitios y sólo a detener a los más desharrapados de los delincuentes, pero nunca a quienes se benefician de ellos.
La novela, corta, ligera, bordeando siempre esa moral que predica que nadie es culpable hasta que se demuestra ( y que, de paso, establece muy bien cómo se demuestra), se lee muy bien y, al final, te deja con esa sensación de satisfacción de encontrar que alguien ha hecho por ti lo que tú ni podrías ni te atreverías a hacer. Además, podéis encontrar en ella mucha inteligencia, de esa de la de la mala leche, y mucha ironía. Esta es una muestra:
“El mayor éxito que mi amigo tendría jamás en el campo de las relaciones públicas sería que alguien se sentara a su lado en el autobús”.

Andrés López

El hombre con cara de asesino / Matti Rönkä

La gran novela negra venida de Finlandia

«Gornostájev, es usted un hombre con cara de asesino», le dijeron en sus tiempos en el ejército soviético. Hoy su nombre es Víktor Kärppä, pero la cara sigue siendo la misma. Vive en los límites de la ley y resuelve algunos casos de investigación privada, como encontrar a Sirje, la esposa desaparecida de Aarne Larsson, que resulta ser la hermana del traficante estonio Jaak Lillepuu, el terror del mar Báltico.

Entre los recuerdos agridulces de la patria, las amenazas del inspector Korhonen (de quien es informante), y los encargos sucios de Ryzhkov, mafioso de pocas palabras y muchos secretos, vuelve el pasado a presentar la cuenta con un recado que lleva la firma de un ex agente de la KGB y que puede implicar también a Marja, la estudiante inconformista de la que se está enamorando.
«De acuerdo con el encanto de las novelas negras que vienen del norte. Pero ésta nos seduce con un perfume nuevo… Es la excusa perfecta para atravesar mundos y conocer nuevos ambientes y modos de vivir… Una trama fascinante y una escritura poderosa.»
La Stampa

«La atmósfera cargada de nostalgia postsoviética de estas páginas se te queda pegada como el aire impregnado de nafta y salitre de las ciudades con mar: es la Finlandia que nadie te había contado.»
Finzioni (Italia)

«El hombre con cara de asesino sobresale en la corriente de la ficción de suspense. Matti Rönkä realmente da vida a sus personajes. Su lenguaje es directo y lúcido, sus tramas, emocionantes y realistas.»
Bayerischer Rundfunk (Alemania)

«La gran invención del escritor finlandés Matti Rönkä es el protagonista: un detective privado con tendencia a engañarse a sí mismo que se distingue del común de los protagonistas de la novela negra.»
Tages-Anzeiger (Suiza)

«Rönkä funda un terreno nuevo: ignora las técnicas clásicas del thriller y toma prestado de distintos géneros… La historia de amor entre Kärppä y Marja es original y refrescantemente romántica.»
Dagens Bok blog (Suecia)

«Kärpä es un personaje complejo y fascinante. Una bienvenida incorporación a los thrillers escandinavos.»
Telegraaf (Holanda)

«Mi favorito entre los finlandeses es definitivamente Matti Rönkä… Nadie ha escrito acerca del mundo de los estafadores, ladrones y traficantes de modo tan valiente como él.»
Tagesspiegel (Alemania)

 

*** Primeras páginas de El hombre con cara de asesino

Editorial ALFAGUARA
Colección: Literaturas
Páginas: 240
Publicación: 03/07/2013
Género: Novela
Formato: 15×24
Encuadernación: Rústica
Precio: 18,00 €
ISBN: 9788420413310
EAN: 9788420413310

Disponible en Ebook
Precio: 9,99 € E-ISBN: 9788420415260

  Matti Rönkä (1959) nació y creció en Carelia del Norte, en la parte finlandesa, cerca de la frontera con Rusia. Más tarde se trasladó a Helsinki, donde estudió Ciencias Políticas y se convirtió en periodista. Ha colaborado con distintos medios y su rostro es uno de los más familiares en la televisión finlandesa desde que trabaja como presentador del noticiero para la primera cadena pública nacional YLE TV. Ha recibido los siguientes premios: el Clue of the Year (2006), el Glass Key (2007), el Finnish Golden Pocket (2008) y el Kalle Päätalo (2009). El hombre con cara de asesino es la primera entrega de una serie de seis aclamadas novelas cuyo protagonista es el peculiar detective privado Víktor Kärppä, adaptada con gran éxito para la televisión finlandesa. Fue finalista del premio de novela negra alemán, Deutscher Krimipreis, en 2008, estuvo nominada a la mejor novela negra en Alemania en 2007 y al Premio de Literatura Europea en 2011, y los derechos de traducción ya han sido vendidos a dieciocho países.

 

Leiaa

Perdida / Gilliam Flynn

No es muy propio de mí recomendar una novela antes de haber terminado de leerla. No me parece nada ortodoxo. Menos aún si se trata de un best-seller. Pero, por una vez, dadas las primeras alegrías del verano, lo voy a hacer. Estoy leyendo “Perdida” y me parece una de esas novelas “perfectas para el verano”: ágil, ligera, (quizás sean sinónimos, quizás no), bien escrita, “larguita”, suave (si uno no quiere complicar su facultad de pensar críticamente, porque, si quiere, hay materia también), de suspense, con muchos personajes-escenarios de esos que uno puede disfrutar un rato y olvidarlos en el conjunto, porque no eran estrictamente necesarios,… Y además es una novela “inteligente”, perspicaz, que podría reunir un buen número de los elementos que hacen buena una novela negra. Bueno, ya he dicho que voy por la mitad aproximadamente. El caso es que algunos de vosotros estará pensando en qué novela meter en su equipaje para este verano. Esta puede ser una (si leéis más, las siguientes buscáis información). Un día tengo que escribir algo sobre las múltiples formas de leer una novela. Lo digo porque ésta ha perdido para mí una parte del suspense. Desconfiaba tanto de ella que antes de empezar (500 páginas, Dios mío!) me metí a investigar y uno de esos blogs de “listillos sin alma” me dio la clave de una buna parte del suspense. La culpa fue mía, por leer sin saber dónde. Ahora bien, eso ha hecho que esté explotando un ángulo de lectura diferente que resulta sumamente interesante: ¿cómo entiende una joven autora (en definitiva una mujer) el comportamiento, la forma de pensar y sentir de un hombre? El hecho de que buena parte de la novela esté escrita desde un protagonista masculino que la cuenta en primera persona, permite esta forma de lectura. De veras que merece la pena.

Andrés López

806 Sólo para adultos / Luis Gutiérrez Maluenda

Escribí sobre “Mala hostia” . Acabo de leer otra novela de Luis Gutiérrez Maluenda: “806 Sólo para adultos”.
Ahí tenéis otra novela interesante, sugerente, de comparaciones-metáforas graciosas, exageradas y que muestran la personalidad, un tanto disparatada, del detective protagonista (Basilio Céspedes “Humphrey”), al que se suma un ex-policía (policía de vocación), una “típica” secretaria y un par de personajes sacados de cualquier esperpento.
Se trata de desentrañar el misterio contenido en un extraño suceso que hace el caso atractivo desde el principio: un hombre “despierta” sin saber quién es y con un maletín en el que se pueden contar hasta 400.000 euros, una par de bolsas de coca y una pistola. El es el primer sospechoso de la muerte de una telefonista echadora del tarot que cree que el mundo se puede arreglar aún.
Un par de textos:
“Me gusta vivir donde vivo […]. Como me contó el fulano que me alquiló el piso: “Tiene las mejores vistas de Barcelona, eso de ahí delante es el meublé más concurrido de la ciudad, solo que te sientes en el balcón a ver la cara de felicidad que pone la gente cuando sale, te ahorras el cine; ahí vienen a follar tanto las criadas como las señoras y si te haces amigo de alguno de los camareros y te cuentan las historias que ellos saben, también te ahorras un dineral en literatura, que al precio que se están poniendo los libros…” No me cobró suplemento por esas ventajas extras y se lo alquilé”.
“- De un ser noble te puedes fiar, de un idealista es muy discutible. El idealismo es un desatino que nos diferencia de los animales. Y la diferencia juega a favor de los animales”.
Sacadle todo el jugo que podáis a esta dirección:
http://detectivesdelibro.blogspot.com.es/2011/11/basilio-cespedes-humphrey-luis.html

Andrés López

Peores maneras de morir / Francisco González Ledesma

Acabo de terminar “Peores maneras de morir”, de Francisco González Ledesma, la última novela (¿por ahora?) del comisario Méndez. Me he prometido a mí mismo leer las anteriores de la serie. Esta hace el número 11.
Novela negra de las buenas.
Méndez es un investigador full-time, sin horario ni descanso, bordeando siempre la ley (pero, por el otro lado, por el la ilegalidad; es decir: a veces llega a ser legal). Y, sin embargo profundamente respetuoso con la ley… de la calle, una ley en la que él cree. La calle de verdad, no la de la estadística del ayuntamiento.
Se mueve en una Barcelona que nada debe tener que ver con la del turismo, a no ser que por turismo entendamos ese desplazamiento geográfico de los inmigrantes sin, generalmente, papeles, el de las viejas (o nuevas) prostitutas que deben cambiar de barrio cuando la ciudad se mueve, o el de las mujeres, generalmente, del Este que deben pagar con la esclavitud sexual (y con el resto de las otras esclavitudes) su temerario deseo de vivir su libertad en un país más “interesante” que el suyo.
Todo eso y más: intriga de la buena, prosa desmedida y hermosa, acción, reflexiones, críticas, un entorno en crisis, la sempiterna proximidad de un pensamiento fascista, …
“Lo que menos perdonaba Méndez era que a una persona joven le asesinaran la esperanza”
“Recordaba las mujeres quietas ante la barra, esperando que alguien las eligiera. Pero al menos eran libres, pensaba Méndez. ¿Libres…? ¿Alguien fue libre en los años de la opresión y el hambre?¿Cuántas historias no serán contadas jamás, pese a estar escritas en las cortinas y las sábanas, marcadas en los ojos e impresas en las lenguas?
“Lo que estaba claro para él era que no creía en las leyes de los tribunales tanto como en las leyes de la calle. Quiso dejar de pensar, pero no pudo. Las leyes de la calle…”

A por ella, sin dudarlo.

Ver también aquí anteriormente “Las calles de nuestros padres”

Andrés López

Las niñas perdidas / Cristina Fallarás

No sé si existirá el subgénero “novela sucia”. Nunca he oído hablar de él, pero habrá que empezar a pensar en crearlo. Cada vez es más frecuente que llegue a mis manos una novela basada en un crimen “sucio”, tan sucio que es capaz de manchar hasta el propio concepto de “humano”.
Son novelas que sin perder de vista el ambiente, la sociedad en la que tiene lugar el crimen, sin dejar de ser críticas con esa sociedad, ponen el foco iluminando preferentemente a unos individuos que matan sin ningún objetivo que se encamine a mantener o a adquirir un status social, político o económico. Simplemente satisfacen sus propios apetitos. Sin embargo, tampoco buscan un análisis sicológico del criminal.
Son asesinatos generalmente sádicos que buscan el placer, ensuciando todo lo que de humano pudiera haber en ellos y en sus víctimas: la pederastia más brutal, el abuso infantil que acaba, incluso de la manera más cruel y vejatoria, con la vida de quien lo sufre.
Y, si en la novela negra (Markaris, por ejemplo) a veces llegamos a simpatizar con los asesinos a sueldo, en estas que llamo “sucias” deseamos que el asesino sea castigado lo más rápido y atrozmente posible.
“Las niñas perdidas” de Cristina Fallaras (novela ganadora del premio especial del director de la Semana Negra de Gijón, 2011) es una novela de arcadas, para estómagos fuertes. Irregular, a mi modo de ver: con páginas que se acercan vivamente a la detective (embarazada y cercana al parto) que debe investigar el asesinato de dos niñas; y con páginas que guardan tanta rabia que me he perdido un poco a la hora de seguirlas. A todas esas “instrucciones para matar un pez, un hámster, un perro…”, sólo le faltan las “instrucciones para matar una niña”. ¿O no le faltan?
Drogadictos, prostitutas, mafiosos del Este y del Oeste, grandes profesionales liberales, burgueses adinerados, hombres de negocios,… todos son corresponsables, co-autores en un grado u otro del crimen más espantoso. No se salva ni la madre que las parió.
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Sinopsis:
Existe otra Barcelona: la que se aleja del turismo, los anuncios institucionales con gente sonriente y el diseño. Es en esa otra ciudad, la canalla, en la que la ex periodista y detective Victoria González se mueve pisando fuerte. Y eso que su avanzado estado de gestación no se lo pone fácil.
Cuando Victoria recibe el anónimo encargo ?acompañado de un cheque de explícito y sustancial contenido?, empieza a imaginar que los infiernos barceloneses que ella conoce están a punto de ganar kilómetros en profundidad. Dos hermanas desaparecidas, de 6 y 8 años. Una de ellas, ya asesinada brutalmente; la otra, en paradero desconocido. Lo que significa que hay que encontrarla lo antes posibles, viva y entera preferentemente.

Andrés López

Mala hostia / Luis Gutiérrez Maluenda

Siempre hay una tarde de sábado lluviosa y perezosa; unos ratos después de cenar y antes de dormir en los que la perspectiva de la televisión no hace sino aburrir ya de antemano; un domingo de pijama; o un viaje largo y solitario… siempre hay unos ratos en los que se echa de menos una “bonita” lectura, relajante y compañera.
“Mala hostia” es una novela de detective; a la antigua usanza: con tiros, mamporros, borracheras, mujeres, buenos y malos, pobres y ricos, … Ocurre en Barcelona, alternando los barrios más lumpen con los hábitats propios de la alta burguesía catalana.
Su actualidad (local y temporal) es probablemente una de las pocas cosas que la distinguen de los clásicos, años 30 y Chicago. Los negros se han convertido en árabes y los chinos en “sudacas”.
Por lo demás, todos los ingredientes para pasar un buen rato. Sin más (que se dice ahora). Sin otra complicación. Cosa que se agradece un sábado de tarde gris, un día de viaje largo o una noche sin mejores perspectivas.
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En http://elblogdeabasolo.blogspot.com.es/2011/03/mala-hostia-luis-gutierrez-maluenda.html
LA NOVELA: Atila es el detective duro, machista, alcohólico y mujeriego, que vagabundea por el barrio del Raval de Barcelona, donde malvive resolviendo casos por «cuatro duros».
Con una gran dosis de humor negro nos adentramos en la sordidez de los bajos fondos.

EL AUTOR: Luis Gutiérrez Maluenda nació en Barcelona en 1945. Estudió ingeniería industrial, marketing y trabajó durante años como gestor de grandes cuentas en el sector informático.
Es conocido gracias a sus novelas Putas, diamantes y cante jondo, finalista del premio Mejor Primera Novela del 2005 otorgado por la Asociación Brigada 21; Música para los muertos, Novela del Mes nombrada por Radio Euskadi y la revista Miscelanea, y 806 solo para adultos, finalista del premio Yo Escribo.
Aficionado a jazz y blues, Luis Gutiérrez publicó el ensayo Jazz y blues en la novela negra americana y dio una serie de conferencias al respecto en varias universidades españolas: Universidad Carlos III de Madrid, Universidad de Salamanca y Universidad Autónoma de Barcelona.
De su pluma han salido otros ensayos y cuentos editados en numerosos medios: Coloquio de los Perros, LH’ Confidential, Protesis entre otros. Actualmente reside en el barrio de San Andrés, afirma que su gran pasión sigue siendo la lectura y se inspira para escribir paseando por el casco antiguo de la capital catalana.
Andrés López

Liquidación final / Petros Márkaris

Dios mío! Lean, lean, vds.
Liquidación final no es novela para sujetos impresionables, débiles de carácter o pusilánimes.
Pero, los indignados, hastiados, cabreados, sufridores de esta y otras crisis, vapuleados, etc. tienen aquí la novela que se merecen.
La cosa empieza tal que así:
Le avisan a Jaritos de que han encontrado a cuatro mujeres de avanzada edad (entre 63 y 70 años, luego no tan avanzada) muertas.
En el primer contacto ocular, aparece una nota que dice algo así como esto: nos han rebajado la pensión; cuando hemos ido al médico, estaba de huelga (porque a él también le afectaban los recortes); hemos tenido que ir al privado, nos ha hecho una receta y, cuando la hemos presentado en la farmacia, el farmacéutico nos ha dicho que ya no fiaban más dinero a la seguridad social, que no les paga y que si queríamos la medicina teníamos que pagarla.
Hemos decidido dejar de ser una carga para la sociedad, para la seguridad social y para todos, así que ahora mismo nos suicidamos.
Impresionante, ¿verdad?.
Pues éste es el comienzo de la última novela de Petros Márkaris, la segunda de una trilogía que va a dedicar a la crisis helena.
Jaritos (el comisario) se multiplica esta vez por tres (el mismo se llega a preguntar dónde termina el policía y dónde empieza el “ciudadano que se siente siempre estafado”. No puede menos que enfrentarse con su triple condición de policía, de ciudadano y de padre.
Es testigo sufriente de lo que está ocurriendo en su país, en el nuestro, en Europa, en el mundo; de esa realidad monstruosa que llamamos crisis, con tentáculos económicos, políticos, sociales y hasta morales (sobre todo, morales).
Sufre en su propio trabajo los recortes económicos que la crisis –dicen- obliga a imponer. Y, como padre que es, debe pasar el tormento de ver cómo su hija decide emigrar. Como en otros tiempos, como siempre lo han hecho los griegos, aunque ahora el tipo de emigrante ha variado: se trata de una mujer, con estudios universitarios, que debe partir a África. Pero, el dolor es el mismo.
En ese clima se va tejiendo la intriga policíaca con un final (como siempre) injusto porque no debió existir el principio. Porque el principio nunca está en el primero de los asesinatos.
Podrís seguir comentando la novela y podría traer aquí muchas más “perlas” que las que aparecerán a continuación. Pero no quiero dar pistas sobre la historia.
“- Papá, sé muy bien cuántos sacrificios te costaron mis estudios. Sé que contabas hasta los céntimos para que yo pudiera terminar mi doctorado. No soporto que vosotros (los padres) y Fanis (su marido) sigáis manteniéndome. Ya no soporto acostarme cada noche y levantarme cada mañana sintiéndome culpable. Tú me lo has dado todo, pero este oaís no me ofrece nada.”
“Si fuéramos por ahí cargándonos a los que defraudan al fisco, la población de Grecia quedaría reducida a los empleados públicos, a los asalariados privados, a los desempleados y a las amas de casa”.
“Somos Marina y Yannis. Marina hizo el doctorado en psicología y yo tengo un máster en historia. Hace cinco años que estamos juntos. Queremos casarnos, pero ninguno de los dos tiene trabajo. Marina trabajaba como colaboradora externa en una fundación hasta que la despidieron. Yo nunca pude encontrar un empleo. Nuestros padres ya no pueden ayudarnos. Mi padre tuvo que cerrar la zapatería[…] y el padre de Marina perdió su empleo cuando la empresa quebró. No encontramos trabajo, no podemos vivir juntos y nuestros padres no pueden mantenernos. Sólo nos queda[…] ¿Qué es lo único que les queda? Ese será el camino que sigan.
“Si a vosotros (los policías) os han recortado los sueldos y os han quitado los suplementos, ¿te imaginas cómo debe ser la comida en la cárcel?”
“- ¿Qué pensabas, que te ganarías el ascenso por tus méritos? ¿Acaso has conseguido así alguno?
Al final me convencerá de que la única manera de conseguir un ascenso en la administración pública griega es no hacer nada, y eso el ministro acaba de servírmelo en bandeja”
“- Cogeré el autobús.
- Sé que hoy no están de huelga, porque es domingo.

Andrés López

Paisaje de otoño / Leonardo Padura

Cuando termino de leer una novela negra, en la que la “trama detectivesca” marca la tensión de la lectura, y pienso en escribir en el blog una pequeña “reseña”, siempre me asaltan las dudas de qué decir sin descubrir al posible futuro lector ni un ápice de lo que va a ocurrir. Vamos, sin darle ni una sola pista de quién es el asesino.
Así que he revuelto un poco en Internet y he encontrado este pequeño texto que resume muy bien y brevemente lo que yo hubiera podido escribir. Os lo trascribo:
“Mario Conde ha decidido dejar su trabajo como investigador policial en los días que un devastador huracán recorre el Caribe con la intención de atravesar la isla. Mientras, un exdirigente cubano, exiliado en Miami, regresa por unos días a Cuba y su cadáver, mutilado, aparece a la orilla del mar.
La condición para que la renuncia del Conde sea aceptada es que esclarezca el asesinato de Miguel Forcade y, en la búsqueda del criminal, se ve envuelto en turbias historias de tráfico de influencias, de malversación de obras de arte y de diversos niveles de corrupción. Un magnifico cuadro de Matisse, “Paisaje de otoño” parece ser la clave que se esconde detrás de la muerte del exiliado y tras esa pista Conde descubre alarmantes verdades y un inesperado asesino, mientras el esperado huracán atraviesa la Habana.
Paisaje de otoño cierra la tetralogía “Las cuatro estaciones” y es el último caso que trabajará Mario Conde como investigador policial. Ganadora del premio Hammet de 1998 a la mejor novela policial de lengua española, también mereció en Francia el premio de las Islas y en Cuba el premio Nacional de la Crítica.”

Y, dicho esto, ahora viene lo importante. Padura sigue gustándome un montón. En la novela está la investigación del crimen y la denuncia de la sociedad en que se comete. Pero también está una naturaleza animada, con vida propia, desde el ciclón que va a limpiar la isla hasta los árboles capaces de sentir a quien los cuida y ama, lo cotidiano y lo festivo, las ilusiones y la melancolía, y el miedo, y la guerra, y la injusticia del mundo, y la desilusión, y la amistad, y la búsqueda de lo que uno es y lo que quiere ser, la renuncia, el amor, el sexo y el miedo (otra vez), la religión, las relaciones con la madre porque el padre casi nunca existe (aunque sí el abuelo), y, y, y…
Vamos que deberíais leerla.

Algunas citas… para disfrutar y pensar:

“— Me gusta eso de que alguno de nosotros mande todo a la mierda y se decida a esperar que venga lo que quiera venir.
—Un ciclón —susurró el Conde, después de un trago, pero su amigo continuó, como si no lo hubiera oído.
— Porque tú sabes que somos una generación de mandados y ése es nuestro pecado y nuestro delito. Primero nos mandaron los padres, para que fuéramos buenos estudiantes y buenas personas. Después nos mandaron en la escuela, también para que fuéramos muy buenos, y nos mandaron a trabajar después, porque ya todos éramos buenos y podían mandarnos a trabajar donde quisieran mandarnos a trabajar. Pero a nadie se le ocurrió nunca preguntarnos qué queríamos hacer: nos mandaron a estudiar en la escuela que nos tocaba estudiar, a hacer la carrera que teníamos que hacer, a trabajaren el trabajo en que teníamos que trabajar y siguieron mandándonos, sin preguntarnos ni una cabrona vez en la repuñetera vida si eso era lo que queríamos hacer… Para nosotros ya todo está previsto, ¿no? Desde el círculo infantil hasta la tumba del cementerio que nos va a tocar, todo lo escogieron, sin preguntarnos nunca ni de qué mal nos queríamos morir. Por eso somos la mierda que somos, que ya no tenemos ni sueños y si acaso servimos para hacer lo que nos mandan.”

“Pero en los últimos tiempos algo había ocurrido en el cerebro de Andrés. Aquel hombre a quien admiraron primero cuando había sido el mejor jugador de pelota del Pre, aupado por losa plausos de sus compañeros, con el mérito viril de haber perdido la virginidad con una mujer tan hermosa y tan loca y tan envolvente que todos hubieran deseado perder con ella hasta la vida, aquel mismo Andrés que luego sería el médico eficiente al cual todos acudían, el único que había logrado un matrimonio envidiable, con dos hijos incluidos, y había recibido el privilegio de tener casa propia y auto particular, se estaba revelando como un ser lleno de frustraciones y rencores, capaces de amargarlo y de envenenar el ambiente que lo rodeaba. Porque Andrés no era feliz, ni se sentía satisfecho con su vida y se encargaba de que todos sus amigos lo supieran: algo en sus proyectos más íntimos había fallado y su camino vital —como el de todos ellos—, se había torcido por rumbos indeseables aunque ya trazados, sin el consentimiento de su individualidad.”

“Ejercitar su independencia era uno de los privilegios de su nueva situación. Se dirigió deprisa hacia la cocina y puso al fuego la cafetera, dispuesto a beber la infusión mañanera capaz de engañar a su organismo y devolverle la vitalidad necesaria para lo que deseaba hacer: sentarse a escribir. Pero ¿de qué coño vas a escribir, tú? Pues de lo que había dicho Andrés: escribiría una historia de la frustración y el engaño, del desencanto y la inutilidad, del dolor que produce el descubrimiento de haber trastocado todos los caminos, con y sin culpa. Aquella era su gran experiencia generacional, tan bien plantada y alimentada que seguía creciendo con los años, y concluyó que valdría la pena ponerla en blanco y negro, como único antídoto contra el más patético de los olvidos y como vía factible para llegar, de una vez, al núcleo difuso de aquella equivocación inequívoca: ¿cuándo, cómo, por qué, dónde había empezado a joderse todo? ¿Cuánta culpa tenían (si es que la tenían) cada uno de ellos? ¿Cuánta él mismo?”

“— Si puede volver a ser sincero conmigo, respóndame otra pregunta: ¿no le parece realmente bochornoso tener en esa pared de esta casa un cuadro millonario, comprado con su cargo, mientras allá abajo hay gentes que se pasan la semana comiendo arroz y frijoles después de trabajar ocho o diez horas y a veces no tienen ni una pared para colgar un almanaque?
Gerardo Gómez de la Peña volvió a alisar la triste cobertura de su calva vergonzante y miró rectamente a los ojos del teniente investigador:
— ¿Por qué debía abochornarme, precisamente yo, que soy un viejo retirado al que le gusta mirar ese cuadro? Por lo que veo, teniente, usted no conoce muy bien este barrio, donde en casas tan confortables como ésta hay otros cuadros tan bellos como ése y adquiridos por caminos más o menos similares y donde se acumulan además esculturas de marfil y de maderas preciosas africanas, donde están de moda los muebles nicaragüenses, donde a las sirvientas se les llama«compañeras» y se crían perros de razas exóticas que comen mejor que el sesenta por ciento de la población mundial y que el ochenta y cinco de la nacional… No, claro que no me abochorno. Porque la vida es como dijo el viejo congo: al que le tocó, le tocó… Y al que no le tocó, lástima, pero ése se jodió, ¿no?”

Diálogo entre el exteniente, recién jubilado, y el Conde:

“— Mi mujer quiere que hoy arregle el jardín, ¿qué tú crees?
— Que estás loco si lo haces… Por ahí se empieza: después va a querer que pintes la casa, que limpies la cisterna y hasta que bañes al perro feo ese que tienen ustedes. Entonces vas a estar jodido para siempre, porque te va a dar una jaba con la libreta de la comida y te voy a ver en la cola de la bodega, cogiendo el pan todos los días y averiguando en la carnicería si vino el pollo o el pescado. Y ya no vas a tener salvación: vas a ser lo que mundialmente se conoce como un viejo de mierda.”

Y sigue el diálogo:

“— Es del carajo —admitió el teniente—. Tú que te pasaste la vida mandando a los demás… ¿Extrañas no tener ese poder, verdad, Viejo?
Rangel miró la tabla limpia de su buró y tosió antes de responder.
— Eso de mandar es como una enfermedad. Después que te acostumbras casi que prefieres vivir con ella, aunque sepas que te lleva a la tumba, ¿no…? Creo que es un vicio terrible, que no te lo puedes quitar así como así.
— ¿Pero te gustaba?
— En cierta forma sí, lo disfrutaba, aunque tú sabes que nunca fui injusto con los demás. Les exigía igual que me exigía a mí mismo. ¿Quieres saber una cosa, ya que estoy soltando todo esto? Hace veintiocho años que no me acuesto con otra mujer que no sea Ana Luisa. Y no fue por falta de proposiciones, no te creas. Fue por falta de tiempo, por no querer complicarme, por no ser vulnerable, para seguir siendo jefe… Fue como si cogiera todas las otras cosas de la vida y las metiera en un saco y las tirara en el fondo de un closet: y dejé fuera nada más que las que necesitaba para ser un buen jefe…”

La gran verdad:

“Miguel sabía que contra su ascenso estaba el tiempo: ya tenía casi cincuenta años y, como él decía, todavía no conocía a una persona que trabajando honradamente hubiera llegado a hacerse rica…”

“Desde que se había aficionado a la lectura y sintió aquella envidia corrosiva hacia las personas capaces de imaginar y contar historias, el Conde aprendió a respetar la literatura como una de las cosas más hermosas que podía engendrarla vida.”

Y, para acabar:

—. Usted me ha demostrado que es un excelente policía, y eso yo lo voy a elevar, claro que sí.
—No insista, coronel. Quiero mi baja y no mi elevación. Esto se acabó para mí.
Y Molina seguía sin entender.
—Pero, ¿por qué?
El Conde abrió en su mente el abanico de posibilidades y decidió escoger las menos agresivas.
—Porque no me gusta resolver casos como éste: la persona más limpia de toda la historia resultó ser el que va a pudrirse en la cárcel… Porque no quiero seguir revolviéndome en la mierda, en la mentira, en la falsedad. Porque no resisto la idea de que la mitad de los policías que fueron mis compañeros durante diez años, entre los que había gentes en las que yo creía, hayan sido expulsados justa o injustamente. Y porque quiero tener una casa frente al mar para ponerme a escribir. Quiero escribir una historia escuálida y conmovedora.
— ¿Escuálida?
—Y conmovedora —agregó el Conde, respondiendo— Porque quiero hablar de ese amor entre los hombres. Eso es lo que quiero. Por favor, coronel.
—Por mi madre que no entiendo. ¿Amor entre los hombres, teniente?”

Andrés López

Adiós Hemingway / Leonardo Padura

Sin palabras.  Así me he quedado. Probablemente, cuando se lee algo tan bueno, tan “redondo”, se le agolpan a uno dentro tal cantidad de ideas, de sensaciones, sentimientos,… que para que salgan en orden haría falta algo mucho más amplio que un papel y un bolígrafo (el mar, ¿quizás?) porque estos medios son tan reducidos, tan estrechos que sólo sirven para que se forme un gran tapón.
Padura consigue un canto a la amistad ( y a algo más) sin atisbos de ñoñería o malentendidos, mientras trata de destripar la verdad (que nunca alcanzará, como ya había profetizado en el comienzo de la novela) sobre unos huesos aparecidos en la vieja mansión santiaguina en la que Hemingway vivió casi al final de su vida.
Al hilo de ello querrá conocer la verdadera dimensión humana de Hemingway y sus sentimientos hacia él. Sin mentiras. Sin ocultarse nada.
Y, mientras lo hace, deja caer una visión crítica, ácida y muy poco abierta a la esperanza sobre unas cuantas cosas. Incluida la literatura.
Adiós Hemingway de Leonardo Padura se sale de lo que suele ser normalmente una novela negra, (pero tiene todos sus ingredientes) para convertirse en un novelón sin adjetivos.
Andrés López

Testamento Mortal / Donna Leon

Un Brunetti muy humano recorre en esta ocasión una investigación sencilla, sin sobresaltos, sin complicaciones extras.

En “Testamento mortal” casi no hay enfrentamientos directos con sus superiores, Brunetti tiene tiempo para su mujer y sus hijos y los lectores nos encontramos en el centro de una historia llana, que tiene mucho que ver con el hecho de que ocurra en un medio ambiente dominado por ancianos.

Por no haber, ni siquiera hay “grandes malos”, mafiosos sin conciencia, criminales desalmados,… Hasta podríamos preguntarnos si hay algún crimen.

Donna Leon parece mucho más preocupada por las corrupciones de los políticos, la función de la Iglesia, el abandono familiar y social de los viejos, el maltrato a las mujeres, y el enchufismo. Es una novela “tranquila”, tranquilidad que sólo se rota de vez en cuando por afirmaciones críticas, duras y tajantes, sobre los temas que apuntaba antes.

Así, podemos leer:

“Éste también era un fenómeno con el que todos en la ciudad estaban familiarizados: ancianos frágiles, curvados en sus sillas de ruedas y cubiertos con mantas, independientemente de la estación, empujados al sol por amigos o parientes o, cada vez más, por mujeres con aspecto de proceder de Europa oriental, que los llevaban al campo a pasar una parte de lo que les quedaba de vida, en compañía de lo que quedaba de sus vidas más allá de sus reducidas y atestadas habitaciones”.

“Él se sentó de nuevo y se concentró en su propio libro, los Anales, de Tácito, que llevaba sin leer al menos veinte años. Y que ahora leía con la atención de un hombre de una generación mayor. El salvajismo de gran parte de lo que describía Tácito parecía adecuarse a los tiempos en que a Brunetti le había tocado vivir. El gobierno hundido en la corrupción, el poder concentrado en manos de un solo hombre, el gusto y la moral públicos viciados hasta más allá de lo imaginable: qué familiar sonaba todo eso.

Sus ojos se encontraron con esta frase: «El fraude, atacado repetidamente por la legislación, revivía ingeniosamente tras cada sucesiva contramedida.» Volvió a colocar el punto de lectura y cerró el libro.”

“—Guido —dijo ella armándose de paciencia—, no hay ningún eclesiástico, a pesar de lo que crees, capaz de decir la verdad lisa y llanamente.

—Eso no es cierto —rechazó Brunetti, tajante. Luego, más despacio—: Ha habido algunos.

—Algunos.

—De todos modos, tú nunca te fiaste de ellos.

—Pues claro que no me fío. Pero no los cuestiono en situaciones en las que la gente podría mentir: personas muertas o que podrían haber sido asesinadas. Recuérdalo, por favor. Yo hablo del tiempo con ellos cuando me los encuentro en casa de mis padres. La lluvia es un tema fascinante: demasiada o poca. Les gustan los absolutos. Pero esto no es lo mismo.

—¿Y te fías de ellos cuando hablan del tiempo?

—Sólo si estoy cerca de una ventana y miro fuera —respondió Paola, que se puso en pie y dijo que debía irse a la universidad.”

“Ella colocó su copa encima del periódico —de hecho, encima del rostro del hombre que aquel día había anunciado su candidatura a la alcaldía— y dijo:

[…]Ella cogió su copa, tomó otro sorbo y golpeó con el dedo el pie de la copa para señalar la foto.

—¿Puedes creerlo? Continuará siendo ministro y, al mismo tiempo, alcalde.

—¿Qué días nos tocará? ¿Lunes, miércoles y viernes? Y al gobierno de Roma ¿dedicará martes, jueves y sábados? —Bebió y dijo—: Cualquier persona normal pensaría que es un insulto, tanto para la nación como para la ciudad.

Ella se encogió de hombros.

—¿Acaso el último no conservó su puesto en Bruselas y, al mismo tiempo, el de profesor universitario?

—Estamos gobernados por una raza de héroes —declaró Brunetti, dirigiéndose hacia el frigorífico.

—¿Tú crees que si bebemos a toda prisa la botella entera hará que se vayan? —preguntó Paola, vaciando su copa y tendiéndosela.

Él sirvió, aguardó, volvió a servir y al cabo dijo:

—Un rato más y volverán, como cucarachas, pero al menos podremos verlos a través de las burbujas del champán.

En un tono despreocupado, ella preguntó:

—¿Crees que hay alguien sobre la tierra que desprecie a sus políticos tanto como nosotros?

Brunetti llenó su propia copa antes de comentar:

—Oh, estoy seguro de eso. Excepto en lugares como Escandinavia y Suiza, la mayoría de la gente los desprecia.

Ella oyó el final de la frase, pronunciado en tono de guasa, y preguntó:

—¿Pero?

Brunetti estudió la foto del periódico.

—Pero creo que nosotros tenemos más motivos que la mayoría. —Tomó un trago.

—A menudo me pregunto en qué planeta creen que están viviendo —dijo Paola, doblando el periódico y deslizándolo a un lado—. No hablan un lenguaje que el hombre comprenda; no conocen otras pasiones que la codicia y…”

“Bien, se dijo, cuando consideró la rapidez y eficacia con que se había cumplimentado su solicitud: ¿por qué la judicial había de ser diferente de cualquier otra institución pública o privada? Los favores eran concedidos a la persona cuya petición iba acompañada de una raccomandazione, y cuanto más poderosa era la persona que hacía la raccomandazione, o cuanto más estrecha la amistad entre los ayudantes que descendían a los detalles, tanto más rápidamente se atendía la solicitud. ¿Se necesita una cama en un hospital? Lo mejor es tener un primo médico en ese hospital o estar casada con uno. ¿Un permiso para restaurar un hotel? ¿Problemas con la Comisión de Bellas Artes por la pintura que uno quiere trasladar a su piso de Londres? La persona adecuada no tenía más que hablar con el funcionario adecuado o con alguien a quien el funcionario debiera un favor, y todos los caminos quedaban allanados.”

“—Pero es un hombre sin formación, con abundantes antecedentes penales, un ladrón conocido —argumentó Vianello, tratando de disimular su sorpresa.

—Podrías estar describiendo a muchos de los hombres que están en el Parlamento —replicó Brunetti, como si fuera una broma, pero de repente se sintió agobiado por la verdad que encerraban sus palabras.”

Andrés López