Archivo de la categoría: Ciencia Ficción

La vuelta al mundo en 80 días / Julio Verne

Por experiencia propia asocio el nombre de Charles Dickens con el de Julio Verne y es que una navidad memorable para quien estas líneas escribe, mi tío Camborio tuvo a bien obsequiarme un libro del futurista autor francés, quien nació el 8 de febrero de 1828 en Ile Feydeau, Nantes y murió el 24 de marzo. Desde entonces todas las navidades vuelvo a leer una obra de Verne. Algo así como volver a mi infancia y primera juventud. En esta ocasión he terminado de saborear la popular novela La Vuelta al Mundo en 80 días, obra que en primera instancia batió récord de ventas: cien mil ejemplares y que al mismo tiempo hizo inmensamente rico a su autor.
La Vuelta al Mundo en 80 días es una novela pródiga en aventuras y en valores, de tal suerte que es apropiada para jóvenes que pretende conducirse con honorabilidad en la vida. El valor más destacado, más a la vista es la puntualidad, la puntualidad inglesa. Desde luego, también sobresalen a lo largo de sus notables páginas: el honor, la honestidad, la nobleza, la generosidad, la valentía y la lealtad de sus principales personajes, empezando por el caballero Phileas Fogg, su criado Picaporte, su amada Auda y su perseguidor, el inspector de policía Fix.
Es tan variada la forma en que Phileas Fogg se mete en líos durante su periplo, que su obra ya ha sido subida a los tablados del teatro y llevada al cine, cosechando lauros y siendo fuente para muchas películas de aventuras realistas, postrealistas y futuristas. Verne, quien originalmente se graduó de abogado y ejerció como corredor de bolsa, apostó a ser escritor y le dio al clavo, convirtiéndose en millonario no por la Bolsa de Valores, sino a través de la literatura, cosa inverosímil. Otras obras famosas de Verne son: 5 semanas en globo, De la Tierra a la Luna, Los hijos del Capitán Grant, Viaje al centro de la Tierra y Miguel Strogoff. Tome el lector uno de estos libros, ábralo y diviértase sanamente con él en esta navidad.

Libros gratis de Julio Verne

Matías Antonio Ocampo Echalaz

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas / Haruki Murakami

Hubo una época en mi vida en la que leí bastante ciencia ficción (s-f). Eran los tiempos de Asimov, de Bradbury, de Philip K. Dick y sus androides y ovejas eléctricas (“Blade Runner”, en el cine) de Arthur Clarke, Aldous Huxley, Orwell, H.G. Wells, y algunos otros.
Creo que la literatura no hay otro género que se aproxime tanto a la novela negra como la s-f. La s-f es otra manera de encarar los problemas de la actualidad y algunos temas de hondo calado filosófico.
Sobre todo, dos grandes temas: el de los universos paralelos y el del tiempo.
Ahora, en este mismo instante, mientras escribo esta entrada de mi blog, ¿me encuentro en el único mundo “real”?; ¿no hay más realidad que ésta? o ¿quizás existen “dimensiones paralelas” en las que yo mismo estoy viviendo otras vidas reales?; ¿sueño cuando digo que estoy soñando, o estoy escribiendo en un sueño del que despertaré y que me abandonará en ese momento?
Y el tiempo, ¿es lineal o circular?, ¿puedo volver al pasado y cambiarlo para hacer que sea distinto este presente desde el que vuelvo?; ¿cuando lo haya cambiado, llegaré a una realidad desde la que no sea posible el retorno al pasado?. (Es el tema de Robocop?)
Haruki Murakami me ha llevado otra vez al recuerdo de todos estos temas. Creo que “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” es una historia fundamentalmente de s-f, una historia (¿o dos?) que se sigue con interés, que está narrada con un estilo propio de las novelas de aventuras, que engancha y que, por momentos, fascina.
Entiendo que no es una novela para “leer en el metro”. Puedo decir, sin rubor, que yo ya la dejé (seguro que porque se me caía de las manos) en una ocasión y que esta era la segunda vez que le hincaba el diente.
Es una novela larga y, a veces, difícil. Allí donde quiere explicar “científicamente” la ficción (como toda novela de s-f) se vuelve complicada y, supongo, discutible. Pero esa es la parte menos importante. Siempre lo ha sido, desde un punto de vista literario. No importa nada a la historia, si ese proceso científico es posible o no.
Os incluyo estos textos que no son míos, pero me parecen interesantes de leer.
Tomado de la solapa:
“Novela aderezada con imaginativas tramas y personajes excéntricos, destila un lirismo contenido y un sutil sentido del humor. […] Combina cyberpunk, novela negra, relato fantástico y reflexión moral a un ritmo trepidante, para devolvernos a un mundo de desolación, ternura e identidades ambiguas”.
Algunos textos entresacados de la novela:
“Recuerda bien lo que voy a decirte: lo que puedan enseñarte los demás acaba en sí mismo, lo que aprendes por tu propia cuenta forma parte de ti”
Qué metáfora para hablar de esos momentos en los que repetimos, por moda, situaciones del pasado (por ejemplo, esta vuelta a la iconografía del Ché)
“En aquella época, todo el mundo llevaba el pelo largo, los zapatos sucios, escuchaba rock psicodélico, llevaba una chaqueta de combate del ejército americano con el signo de la paz pegado a la espalda y se creía Peter Fonda. Vamos, una historia tan antigua que parecía que los dinosaurios fueran a aparecer en ella de un momento a otro”
“Tras devolverme el cambio, el dueño siguió desmontando la batidora. Había un montón de tornillos, clasificados por tamaños, en unos pulcros platitos de color blanco. Allí colocados, los tornillos negros parecían realmente felices.
[…] Di vueltas a la idea de por qué los tornillos parecían tan felices dentro de los platitos. Quizás fuese porque habían dejado de formar parte de la batidora y habían recobrado su independencia como tornillos. O quizás fuese porque consideraban que, con aquellos platitos blancos, les había tocado en suerte un lugar magnífico. En todo caso, era muy agradable contemplar la felicidad ajena”.

Andrés López

Hasta luego, y gracias por el pescado (Guía del autoestopista galáctico 4/5) / Douglas Adams

Este libro forma parte de una serie de cinco que lleva como título Guía del autoestopista galáctico. Yo no tenía de esto ni la menor idea, me lo he leído tal cual, como se lee un libro autónomo cualquiera. Y no me ha gustado ni mucho ni poco, me ha parecido una sosada.

Como ciencia ficción es potrosillo, deslavazado, una única idea y flashes sin coordinar.

Como humor es inglés, sí, pero flojito.

Como novela no lo es, sino una sucesión de eventos marchosillos que no te afectan en absoluto.  Parafraseémosle:

A última hora de la tarde hicieron una excursión a las colinas de Hollywood, por la carretera de Mullholand, y se detuvieron a contemplar el deslumbrante mar de luces flotantes que es el valle de San Fernando. Convinieron en que la sensación de deslumbramiento se detenía inmediatamente detrás de la retina, sin afectar a ninguna otra parte del cuerpo, y se marcharon extrañamente insatisfechos del espectáculo.

Como best seller, no tengo ni idea, así que, en vez de decir más tonterías, acabaré con algunas citas significativas.

El Saab se perdió en la noche. Arthur lo miró alejarse, tan pasmado como podría estarlo un hombre que, tras creerse completamente ciego durante cinco años, descubriera de pronto que simplemente había llevado un sombrero demasiado grande.

 …

Casi bailando, se dirigió al frigorífico, encontró las tres cosas menos peludas que había, las puso en el plato y las miró con atención durante dos minutos. Como en ese período de tiempo no intentaron moverse, las llamó desayuno y se las comió.

Salió la luna con aspecto acuoso. Parecía una bola de papel en el bolsillo trasero de unos vaqueros que acabaran de salir de la lavadora, y solo el tiempo y la plancha revelarían si se trataba de una lista vieja de la compra o de un billete de cinco libras

El viento se removió un poco, como la cola de un caballo que intentara decidir de qué humor estaba esta noche, y en algún sitio unas campanadas dieron la medianoche.

Hombre, es que todo no va a ser malo…

Alberto Arzua

22-11-63 / Stephen King

Primer libro que leo del ínclito Stephen King, maestro del terror y de otras hierbas. Precisamente esta novela pertenece a esas otras hierbas, pues en ella se nos narran las peripecias de un profesor que emprende una serie de viajes al pasado, siempre al mismo punto del pasado, con la intención de arreglar ciertas maldades que por allí se produjeron, a ver si así mejora nuestro presente. Noble intención. Uno de sus principales objetivos estriba en impedir un asesinato que se cometió el día del título (véase portada).

Y le empiezan a pasar cosas al tal profesor. Y descubre maravillado las características del pasado. Y aborrece del humo de cigarrillos que apesta cualquier lugar cerrado. Y se enamora antes de haber nacido. Y esas cosas de la imaginación que suelen bordar los buenos escritores. Porque… ¡Atención!…

Stephen King es un excelente narrador. Excelente, y no quito ni una equis. El libro tiene más de 800 páginas y no te aburres en ningún momento, siempre estás pendiente de lo que va a pasar a continuación. Además, todo lo que sucede es interesante. Incluso la historia de amor donde, a pesar del tópico convencionalismo de la chica perfecta, el autor logra que sueltes alguna lagrimita.

Cuando un libro es bueno, es bueno. Y hay que decirlo. Aunque sea un best seller. Además de deleitarnos con las variadas aventuras de su protagonista, Stephen King se explaya en multitud de opiniones, comentarios y descripciones subjetivas que siempre tienen algún interés. Este tío no tiene un pelo de tonto. Gusta leerle, de verdad.

Como el tema es un poquillo de ciencia ficción sería lógico comparar el juego que le da al viaje en el tiempo con lo que podrían hacer especialistas en tales cuestiones. Pasas parte del libro pensando si no se podría haber exprimido el tema mucho más. Pero luego te das cuenta de que no, de que el Stephen le ha pillado a la cosa de modificar el pasado para modificar el presente (absurda y, por tanto, con infinito juego) el punto justo. Ni más ni menos; lo que necesita su narración. Justo de sal.

Y voy a colocar aquí dos citas de un tono poco frecuente en la novela, muy lindas, para que se vea su amplitud de registros.

Amor mayor.

Mimi y yo pasamos muchas noches agradables en los Candlewood. A veces lo único que hacíamos era ver la tele en pijama antes de acostarnos, pero a cierta edad eso puede ser tan bueno como todo lo demás- -Esbozó una sonrisa llena de tristeza-. O casi. Nos dormíamos escuchando a los grillos. A veces algún coyote aullaba, muy en la distancia, en las praderas de salvia. A la luna, ¿sabes? De verdad que lo hacen. Aúllan a la luna.

El prota está de bajón.

Por un momento todo estuvo claro, y cuando eso pasa uno ve que el mundo apenas existe en realidad. ¿No lo sabemos todos en secreto? Es un mecanismo perfectamente equilibrado de gritos y ecos que se finjen ruedas y engranajes, un reloj de sueños que repica bajo un cristal de misterio que llamamos vida. ¿Detrás de él? ¿Por debajo y a su alrededor? Caos, tormentas. Hombres con martillos, hombres con navajas, hombres con pistolas. Mujeres que retuercen lo que no pueden dominar y desprecian lo que no pueden entender. Un universo de horror y pérdida que rodea un único escenario iluminado en el que los mortales bailan desafiando a la oscuridad.

Libro muy, muy recomendable como lectura veraniega. ¡Pero no esperes al próximo verano, hombre (o mujer)!

Alberto Arzua

La torre oscura (I) El pistolero / Stephen King

En las multitudinarias e inacabables reuniones del consejo redactor de esta página de ustedes (Libros Morrocotudos) se plantea reiteradamente la cuestión de si habría que ocuparse también de los libros que no nos parecen tan buenos. Es mi opinión que si alguien viene a buscar una opinión acerca de un libro determinado, también le resultará útil una opinión negativa, valga la opinión.

Así que ya saben ustedes de qué va este comentario: este libro no me ha gustado. ¿Por qué? Porque el autor, olvidando parcialmente sus tremendas habilidades narrativas, pretende enjaretarnos sus muy respetables teorías filosófico-cuánticas. Vale, Stephen, pero no lo hagas en una novela de fantasía, que nos acabamos aburriendo. ¿Recuerdan ustedes Resurrección, De Tolstoi? Pues eso.

Sin más, ésa es mi opinión acerca de este primer volumen (y van ocho) de la serie La torre oscura. Ni pienso leer ninguno más.

Además de habilidades narrativas quiero que conste que el King también tiene habilidades escritoriales. Dos ejemplillos:

Curiosa comparación.

Caminaron lentamente hacia el patíbulo, y las aves se remontaron indignadas, graznando y revoloteando en círculos como una iracunda turba de campesinos desposeídos.

¿Qué será el “arco de movimientos pardos”?, te preguntas

Allí, entre ellas, fue donde el pistolero vio un arco de movimientos pardos. Desenfundó, disparó y tumbó al conejo antes de que…

Alberto Arzua

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? / Philip K. Dick

Este es el libro en el que se inspiró, muy libremente, la película Blade Runner, de fama mundialísima. La experiencia nos dice que el trasladar un libro a la supuesta gran pantalla suele traducirse en un empobrecimiento general del hecho creativo. Hay tantos ejemplos que me contentaré con mencionar a Lolita, una estimable película, pero inevitablemente  muy por debajo de la novela original.

Es por ello que me sorprendió tanto escuchar por la radio cómo algunos especialistas cinematográficos, con motivo del 30ª aniversario de Blade Runner, aseguraban que en el caso que nos ocupa la película había superado ampliamente a la novela (por cierto, se trata más bien de una novelita, un cuento largo de 150 páginas). Tanto me sorprendió que me dije, digo, pues me tengo que leer yo esto de las ovejas mecánicas, oyes maja. Seguro que es una exageración de los periodistas al calor  de las velas de cumpleaños.

Una vez leída he de decir que no era una exageración, sino que se trataba directamente de una bobada: la película no tiene nada que ver con el libro excepto en la idea de una especie de robots muy avanzados que, en cierto modo, se rebelan. Todo lo demás, pero todo todo, es diferente.

Este no es un relato de acción donde los buenos y los malos se persiguen a tiros por escenarios extraños. No señor, aquí hay un par de protagonistas básicos muy bien diseñados y otro par de ideas fantásticas que precisamente no aparecen en la película, supongo que por falta de habilidad para reflejarlas. Una es la pasión generalizada por poseer algún animal vivo. Y la otra la utilización de una máquina que induce estados de ánimo. Esto último es absolutamente tremendo. ¿Quiero sentirme culpable? Pincho el programa 504. ¿Quiero tener ganas de trabajar? Pincho el 299. ¿Quiero desenamorarme? Pincho el… Brutal, ¿verdad?

Así de potentes son las ideas que maneja este mago de la ciencia ficción llamado Philip K. Dick. Ningún libro suyo te deja indiferente. Y este tampoco, sobre todo por lo que acabo de comentar, quebrando miserablemente mi costumbre de no avanzar nada de los contenidos. Pero en fin, las costumbres varían con el tiempo… y con los estados de ánimo.

Interesante novelita, pues, de agradable lectura. Las reflexiones profundas acerca de la humanidad de los inhumanos me la traen un poco al pairo porque no me parecen tan profundas. Al menos a día de hoy. Yo diría que la historia más bien trasluce una reflexión velada sobre la humanidad de los humanos. Y eso siempre es actual. Y se ha novelado muy bien, desde el principio de los tiempos literarios. ¿Soñamos los humanos con animales vivos? Cuestión de empatía, supongo.

Alberto Arzua

Tiempos de gloria / David Brin

He cometido el error de leer de seguido dos libros de David Brin. El primero me pareció excelente y este segundo me ha parecido insoportable. Me da la impresión de que este escritor es un hombre de ideas magníficas, pero cuyo desarrollo resulta pelín (o melenón) pesado.

Aquí nos plantea un matriarcado extrañísimo, lleno de clones y con los hombres haciendo el habitual papelón asignado históricamente a las mujeres (débiles, veletas, irracionales…). Argumento muy prometedor, es cierto, ya digo que a David le sobran las magnas ocurrencias.

Sin embargo la manera de contarnos las cosas es DESESPERANTE. La acción se demora una y otra vez en descripciones inútiles, pensamientos pesadísimos, vueltas atrás inacabables, conversaciones explicativas… y venga a explicar una cosa, y otra vez la misma, y otra vuelta de tuerca, y otra, y dale… para llegar a ningún lado. Pretensiones, todas, eso sí, que no falte. Confieso que he acabado por saltarme las páginas, es decir, leer una o dos palabras, ver de qué va y seguir sufriendo a por la página siguiente. Y eso no es manera de leer, desde luego. Pero es que este libro es un… (rellene cada cual la línea de puntos a su gusto).

Veo en comentarios por la red que la gente flipa con este feminista. Pues a mi me da igual, como si es machista. Que haga el favor de controlar sus excesos teóricos y escriba algo divertido (bueno) si es capaz. En “Gentes de Barro” le salió muchísimo mejor, aunque ya se atisbaban algunos excesos, sobre todo en descripciones que no aportan nada.

Estos científicos-filósofos-escribanos, no sé yo, no sé yo… De momento voy a dejar de leer ciencia ficción, que vaya empacho que llevo. Necesito cambiar de aires.

De todos modos voy a poner cuatro citas, por el qué dirán.

Más vale que os acostumbréis, les dijo. La aventura es un noventa por ciento de dolor y aburrimiento… y un diez por ciento de terror absoluto.

En los antiguos días, en las viejas tribus, los hombres obligaban a sus mujeres e hijas a adorar a un dios masculino de ceño fruncido, a una deidad vengadora de relámpagos y reglas bien ordenadas cuya costumbre era gritar y tronar para luego dejarse llevar por arrebatos de sentimentalismo y de perdón. Era un dios como los propios hombres: un señor de extremos. Sacerdotes vocingleros interpretaban las interminables y complejas reglas de su Creador. Disputas abstractas conducían a la persecución y a la guerra.

Si debemos incluir hombres en nuestro nuevo mundo, diseñemos las cosas de tal modo que se interpongan en nuestro camino lo menos posible.

Desde vuestro veloz carro, dominaréis este océano de la pradera, buscando cualquier cosa que rompa la ondulante monotonía, destacando cualquier punto o protuberancia que pudiera ser llamado imaginativamente topografía.

Alberto Arzua

Gentes de barro / David Brin

David Brin es un excelente (etimología: del latín excellens, “sobresaliente, que excede de la talla de otro”) escritor contemporáneo de ciencia-ficción. En esta novela de 490 páginas nos plantea un futuro donde las personas podrán hacer todas las copias de sí mismas que quieran. Esas copias (gentes de barro), que comparten casi todas las características del original, viven durante un día, al final del cual descargan sus vivencias en el cerebro matriz… y se deshacen. Imagínense ustedes las posibilidades del invento. No voy a dar ninguna pista pero de seguro que a David Brin se le han ocurrido muchas más que al común de los nosotros. Solo en este sentido esta obra ya es divertidísima.

Pero además esta novela es un auténtico thriller frenético, con investigaciones, personajes, asesinatos, vueltas de tuerca, emoción, acción… y una gran dosis de pensamiento crítico. Los planteamientos y conclusiones son sorprendentes y muy inteligentes, y se suceden uno tras otro, por lo cual la lectura se hace en todo momento muy amena y gratificante. Consigue que su extrañísimo mundo imaginario se nos haga verosímil y que su personajes, tanto los reales como los clonados (verdaderos protagonistas) se nos vuelvan cercanos, reales, actuales, humanos. Inmenso logro.

No es un escritor de grandes frases, así que no adjunto ninguna cita. O a lo mejor es que estaba yo tan absorto en la lectura que no me ha dado tiempo ni a subrayar. Sea como sea, los amantes de la buena ciencia-ficción (entre los que recientemente me incluyo) tienen aquí una mina de oro. Seguiremos cavando.

 

Alberto Arzua

La estación de la calle perdido – China Mieville

Al leer este libro te da la impresión de estar metido dentro de un cómic imposible, un cómic que ningún dibujante sería capaz de reflejar, un cómic tan monstruoso, tan enorme, tan desaforado, que muchas veces tienes ganas de dejar la lectura por no seguir compartiendo unos horrores que sobrepasan con mucho la capacidad emocional del ser humano. Porque aquí no se trata solo de seres humanos sino de monstruos de toda calaña, muchos de ellos sencillamente inimaginables, cuyas motivaciones te cuesta llegar a entender y cuyas crueldades sin límite quizá lleguen a divertir al típico adolescente mitómano. Pero yo ni soy adolescente ni mitómano, o sea que lo que siento es que me rebasa la grumosa y desmesurada magnitud de este proyecto posmoderno.

Y eso que el libro es bueno. Aunque exagerado, sí, muy exagerado, excesivo… Y no es que la exageración esté mal en sí, pero una exageración tan exagerada, truculenta y en cierta medida repetitiva acaba colapsando la capacidad receptiva del lector. Veamos algunos de los adjetivos favoritos del autor:

Obsceno, mohoso, mórbido, hediondo, mezquino, podrido, cavernoso, babeante, coagulante, ajado, descompuesto, inconcluso, turbio, polvoriento, destartalado, precario, titánico, abrupto, impío, exhumado, pugnaz, humanoide, terrorífico, despreciable, cavernícola, patético, herrumbroso, híbrido, salvaje, horrendo, tortuoso, ofídico, oleoso, siseante, exhausto, indigno, peligroso, venenoso, esquelético, mugriento, grotesco, hirsuto, deforme, doliente…

Adjetivos que, utilizados convenientemente:

Lechosos conglomerados de flema, fría mucosidad blanca, masa de mortero y esputo, gruesas sombras depredadoras, mugre orgánica, eructos clorados, ampolladas erectas como una ola ósea…

forman expresiones en general bastante conseguidas. Lo que sucede es que tanta oscuridad supurante, deforme e infecta va haciendo mella en el lector, dejándolo casi tan exhausto como a sus propios protagonistas.

Sin embargo merece la pena leerse, aunque tan solo sea porque el escritor salpica las páginas con frecuentes ramalazos de genio. Veamos algunos ejemplos.

Un profesor frustrado:
Había abandonado la universidad hacía diez años, pero solo porque, para su desgracia, comprendió que era un pésimo profesor. Había visto las expresiones confusas, había oído los frenéticos gimoteos de los estudiantes aterrados…

Amor entre distintos.
Desde debajo de su sombra extendió sus hermosas, pequeñas, inútiles alas de escarabajo. Lin acercó la mano de Isaac a las alas, invitándole a acariciar su fragilidad, totalmente vulnerable, en una expresión de confianza y amor sin parangón entre las khepri. El aire entre ellos se cargó y el pene de Isaac se endureció.

Viviendo entre agua contaminada.
Se sabía de golfillos que, rebuscando en este tremedal descolorido en busca de tesoros, habían comenzado a hablar lenguas muertas hacía mucho, o habían encontrado langostas en su pelo, o se habían difuminado lentamente hasta volverse traslúcidos y desaparecer.

La ley rehace a los malvados.
Era un desvalijador frustrado que se había negado a testificar contra su banda; el magistrado había ordenado que su silencio fuera permanente, por lo que le habían quitado la boca, sellándola con carne inmaculada. Para no tener que comer purés absorbidos por la nariz, Joshua se había abierto otra vez la boca, pero el dolor le había hecho temblar y lo que tenía ahora era una herida fláccida, rasgada, inconclusa.

Bonita descripción de un viento simple y cotidiano
Las corrientes de aire se ajustaban a su presencia, lo investigaban como tentáculos y provocaban remolinos de polvo a su alrededor.

Curiosa comparación.
Pasaron por una puerta de la que de repente emergió un sonido enervante, como la angustia apagada de las máquinas.

Calor-pequeño: elegante.
Algunos eran rehechos orgánicos, con garras, cornamenta y retales de músculo injertado, pero en su mayoría se trataba de mecánicos; el calor de sus calderas hacía que la sala se empequeñeciera.

Si no puedes mirar directamente al enemigo, usa espejos.
Shadrach estaba mirando fijamente sus espejos. Tenía el brazo izquierdo alargado hacia atrás, apuntando con el arma taumatúrgica a la polilla asesina.

Escena típica (de este libro):
Derkhan apartó la mirada, asqueada, mientras el avatar ignoraba placidamente el modo en que el afilado metal provocaba profundos desgarrones en su carne y la sangre espesa y gris se derramaba en espesos borbotones sobre su piel putrefacta.

Diré que en su primera parte, planteamiento, personajes y argumento, la novela me fascinó. Y como los logros argumentales e imaginativos, al igual que los puramente literarios, se mantienen a lo largo de la trama, hay motivos para congratularse con este escritor… si no fuera por el cansancio, repito, a riesgo de cansar.

De todos modos creo que intentaré leer los siguientes volúmenes de esta trilogía (que lo es). Para ver qué pasa y para seguir descubriendo buenos y brillantes momentos en los tochazos (éste, de más de 600 páginas).

(perdonen por la longitud de este comentario; algo se me debe de haber pegado… gangrenosamente).

Alberto Arzua

La feria de las Tinieblas – Ray Bradbury

El escritor norteamericano Ray Bradbury es conocido por sus colecciones de relatos y libros de ciencia-ficción como Crónicas marcianas (1950) y la distopía (sí, el otro día aprendí qué quiere decir esta palabrita) Fahrenheit 451 (1953). El verano pasado escogí en la biblioteca de Sagrada Familia una novela singular. La Feria de las Tinieblas. Para nada una novela perfecta, pero sí muy suculenta.

Presenta una estructura de capítulos cortos, de cuatro páginas o menos, lo que da al relato una agilidad tremenda. ¿El estilo? Frases cortas, a veces cortantes. Dinámico y poético. Dicen por ahí que tienes veneno en la piel y que esta es una novela gótica. Paparruchas de marketing. La Feria de las Tinieblas es, sobre todo, una historia de amistad entre Will y Jim Nightshade, los dos muchachos protagonistas. En esto la novela es extraordinaria.
¿Lo tenebroso, gótico, terrorífico? Sí, viaja en tren y no adelanto sorpresas aunque sí quiero decir algo: ojalá os metáis en ese laberinto.
«Apareció el tren, eslabón tras eslabón, máquina carbonera, y vagones numerosos y numerados, dormidos y cargados de sueños, que seguían el remolino de luciérnagas, cantos y rugidos de una hoguera soñolienta de otoño (…)».
«El tren de la feria tronó sobre el puente. El órgano gimió. Jim alzó los ojos.
—¡Nadie lo toca!
—¡Jim, déjate de bromas!
—¡Por mi madre, mira!
Unos estallidos tremolaban en los tubos del órgano, que se alejaba más y más, pero no había nadie ante el teclado. El viento echaba un aire húmedo y helado en los tubos, y hacía la música. (…)».
«La llamada resumía los lamentos de toda una vida, de otras noches y otros años ociosos; un aullido de perros que soñaban a la luz de la luna, vientos helados como ríos que se escurrían por las telas de alambre en los porches de enero y paraban allí la sangre, un llanto de mil sirenas de incendio, o algo peor, jirones deshilachados de aliento, protestas de un billón de muertos y moribundos que no querían estar muertos, y gemían y suspiraban entristeciendo la tierra.»

Editorial Minotauro, 2002. Traducción de Joaquín Valdivieso (muy buena traducción, me temo). 1º edición en USA: 1962.

Igor Kutuzov

La Carretera – Cormac McCarthy

La sombría novela The Road, de Cormac McCarthy. Es uno de los fenómenos editoriales de los últimos años y uno de los libros más vendidos, a pesar que tras leerlo uno llega a la conclusión de que es imposible saber qué gusta y por qué. En la literatura fantastica de McCarthy la esperanza tiene la silueta de un árbol calcinado y los diálogos son de papel de lija.

Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior.
Primera hostia en la frente. No hay excusas, Cormac avisa «y cada uno de los días más gris que el día anterior». Se trata de una prosa absolutamente depurada. Eso es lo primero que sorprende. Nada de adjetivos sobrantes, todo es descarnado como un coche de aquellos fabricados en la antigua RDA. El estilo es casi no hay estilo.

Por la mañana se pusieron de nuevo en marcha. Hacía mucho frío.
McCarthy podría haber dicho, «Por la mañana se pusieron en marcha, tiritando, pues el frío era intenso. Sus corazones temblaban y el mundo parecía haber queda inmóvil y bla bla bla», pero no. El amigo Cormac dice: «Hacía mucho frío», y no se hable más. No hay concesiones, el lector sufre con ese par de protagonistas, padre e hijo dejados de la mano de dios, y creo que nunca mejor dicho.

Sostengo que leer The Road es un ejercicio de masoquismo. Nos gusta sufrir. Recuerdo que tuve que parar de leer, separarme del libro, de la historia. «Hasta finge que es dolor el dolor que en verdad siente», que diría el poeta Pessoa. Y al retomarlo, diciéndome aquello de que “esto es ficción”, empecé a disfrutarlo.

Porque la novela es de las mejores que, en literatura fantástica y otros géneros, he leído en mucho tiempo, con elementos de terror sobriamente dosificados, que causan doble impacto por esta misma razón. Un auténtico descubrimiento.

Desde el espigón miraron hacia el sur. Una saliva gris de sal enroscándose perezosamente en la cubeta rocosa. Más allá la larga curva de la playa. Gris como arena volcánica. El viento que venía del agua olía ligeramente a yodo. Nada más. Ni asomo de olor a mar. En las rocas vestigios de un oscuro musgo marino. Cruzaron y siguieron adelante.
Sí, hasta a veces nos regala cosas Cormac. Nos regala una terrible exactitud en todo lo que describe. En su primera novela había esta precisión pero había barroquismos innecesarios que el tiempo ha borrado de sus portentosas páginas.

¿Qué vas a hacer, papá?
Echar un vistazo.
¿Puedo ir contigo?
No. Quiero que te quedes aquí.
Yo quiero ir contigo.

¡Oh! Tomado así parece el diálogo matutino en una estación de metro, y, en cambio, funciona. Casi sin signos, sin guiones, sin nada. ¿Para qué? El artilugio rueda solo. Describir una y otra vez un paisaje (el tercer protagonista) desolado, uniforme y no causar una interrupción súbita en la lectura, está al alcance de muy pocos. Y es que uno de los logros de la novela es que se gana la credibilidad del lector desde las primeras páginas.
Último. Queda claro que apoyo la lectura de esta obra, que la recomiendo vivamente. El mensaje. ¿Hay mensaje?

Los días se sucedían penosamente sin cuenta ni calendario. A lo lejos en la interestatal largas hileras de coches carbonizados y herrumbrosos.
Lo único que se me ocurre es que el autor estadounidense nos recuerda que los seres humanos somos una anomalía, un virus para el planeta que tarde o temprano dejaremos esquilmado. ¿Sí? Y en caso afirmativo, quién es el primero que empieza… Hasta el que parece ser el último de los padres de la tierra ama y protege a su hijo a toda costa.
Pero es un debate abierto, otra de las gracias del libro es que acepta todo tipo de interpretaciones.

Igor Kutuzov

El nombre del viento – Patick Rothfuss

Patrick es un recién llegado al mundo de la ficción fantástica y, como todos los recién llegados que se precien, lo hace pisando fuerte. Pisa muy fuerte en publicidad, marketing, merchandising y exageraciones varias donde se le compara con los más eminentes escritores del género. Y, lo siento, pero no. Ha pretendido seguir la estela de los exquisitos tochazos de Canción de Hielo y Fuego, yo creo que más que nada para forrarse a tanto la página. Y lo ha conseguido en términos monetarios, parece ser, porque en artísticos deja mucho que desear.

No es que sea malo del todo, no. El chico no escribe mal y tiene alguna que otra idea válida (pocas y poco originales) pero la narración en general peca de morosidad y de sosera. Quizá quien no haya leído mucho lo considere una obra maestra, pero mi experiencia me dice que quien no ha leído mucho se conforma con poco (está muy extendida la idea de que para leer un buen libro tienes que aburrirte), precisamente porque no puede comparar con obras verdaderamente excelentes (la anteriormente comentada, las de Jack Vance, Philip K. Dick, Sapkowski… y todos los magníficos que aún me quedan por descubrir, deo gratias).

En la segunda mitad del libro te aburres soberanamente y te planteas en serio si dejar de leer. La última escena, por cierto es totalmente fallida y absurda. Las repeticiones, tanto en situaciones como en ideas, son excesivas. Algunos personajes son tan planos como los de los cuentos de princesas sin princesas.

La única frase destacable que he encontrado es una curiosa reflexión acerca de la poesía:

Recuerda esto, hijo mío, aunque olvides todo lo demás: un poeta es un músico que no sabe cantar. Las palabras tienen que encontrar la mente de un hombre si pretenden llegar a su corazón, y la mente de algunos hombres es lamentablemente pequeña. La música llega al corazón por pequeña y acérrima que sea la mente de quien la escucha.

 

Y eso es todo. Me ha quedado la sensación de tiempo perdido. Muy corto tendré que estar de suministros como para que me lance a leer la segunda parte (dicen que habrá tres). Resumiendo, si te lo quieres pasar regular, léete esta novelota, pero si te lo quieres pasar bien, rebusca entre los cientos de recomendaciones fantásticas que encontrarás en este mismo blog.

Alberto Arzua

Los príncipes demonio – Jack Vance

La segunda trilogía, en orden cronológico, del inagotable Jack Vance, se compone de cinco divertidas novelas de aventuras: El rey estelar, La máquina de matar, El palacio del amor, El rostro y El libro de los sueños. La disculpa argumental es sencilla: un niño contempla cómo unos asesinos matan a toda su familia. ¿Toda? No, porque queda un pariente justiciero que dedica su vida a entrenar al niño para la venganza. Y el niño dedica su vida a la venganza, faltaría más. Hay cinco malos, a uno por libro.

La cosa suena a Conan, pero al Conan de los primeros comics, no a aquel figurillas de tobillos finos y dibujos estereotipados en que se convirtió la serie a a partir de un cierto y mediático momento. Pero dejemos al Suarchi, que bastante tiene con sus esteroides.

Estos libros, por decirlo claro, son un desmadre absoluto. A veces pasan cosas a toalapiña, otras veces la historia se demora en el grácil caminar de una doncella o en las condiciones objetivas de los trabajadores de palacio. Son ejemplos falsos, pero sí que es cierto que toda la serie da la impresión de que su creador pasaba por momentos… curiosos, de esos tan habituales en la costa oeste de los Estados durante las décadas de los sesenta y setenta. Es una impresión que me gustaría que alguien decontrastara.

Todo esto no quita para que estas novelillas se lean con fruición, al estilo de las de Agatha Christie. Y es que, además de las magníficas imaginelas (no busquen el palabro, es imaginario) marca de la casa, existe una constante en el desenlace consistente en que el prota tiene que reconocer al malísimo entre unos cuantos personajes disfrazados. También es una constante la existencia de chica magnífica, chica que acabará haciéndose a un lado por incompatibilidad manifiesta con el asesino en serie cinco en que se ha convertido su noviete.

También hay naves espaciales de segunda mano, razas imposibles, ropas coloridas, tabernas, posadas, invencibles esbirros, aeropuertos, más allases, policías y contrapolicías, venenos lujuriosos, dobles y triples morales, poetas y filósofos contraculturales… Pero sobre todo hay diversión, muchísima diversión, todo el rato la juerga padre para el lector. Yo, en cuanto acabo una serie de estas necesito quitarme el polvo cósmico a base de contravenenos letales. Ahora mismo voy a pillar un novelón húngaro del siglo pasado. Y encantado.

Pero en cuanto lo acabe me lanzaré como un lobo a por la siguiente serie de Jack Vance. Es una pena que es señor sea finito. Su imaginación y buen humor, sin embargo, no tienen fin. Compruébenlo, por favor, no se arrepentirán.

Veamos, por ejemplo, una entrevista con un posadero galáctico:

-¿Estuvo siempre solo, señor Smade?

-No, tenía tres esposas y once hijos.

-¿Qué fue lo que le impulsó a establecerse aquí? Es un mundo más bien lúgubre.

-La belleza está en el ojo de quien la mira, ¿no es cierto? No me ha importado establecer un refugio de descanso para quien quiera venir hasta aquí.

-¿Qué clase de gente suele venir a hospedarse aquí?

-Personas que desean descansar y necesitan tranquilidad. Y, ocasionalmente, cualquier viajero que proceda del espacio, o los exploradores espaciales, por regla general.

-He oído decir que algunos de sus clientes son tipos duros. Le diré, con franqueza, que según se cuenta por ahí, es creencia general que el Refugio Smade alberga a los piratas más famosos y a los aventureros más peligrosos de Más Alla.

-Supongo que esas personas también necesitan descansar ocasionalmente.

-¿Y no ha tenido dificultades con esa gente? Es decir, para mantener el orden…

-No. ellos conocen mis reglas. Yo les digo: “Caballeros, desistan, por favor. Sus diferencias son cosa suya, ustedes están de paso como fugitivos. La armoniosa atmósfera de este Refugio es mía y sepan que estoy dispuesto a mantenerla permanentemente”.

- ¿Y eso es suficiente para que desistan?

-En la mayoría de los casos.

-¿Y si no?

-Los tiro al mar.

Acabemos la citas, pocas pero enjundiosas, con una loa al arte poético:

Hay una cualidad humana que resulta difícil de definir con precisión: es posible que sea la más noble de las cualidades humanas. Contiene y supera la franqueza, la generosidad, la comprensión, la finura de la distinción, la intensidad, la rectitud de miras, el compromiso total. Participa en todas las percepciones humanas, abarca toda la historia de la humanidad. Es caracterísitca de todos los grandes genios creativos, y no se puede aprender; intentarlo es ridículo… como diseccionar una mariposa, enfocar un espectroscopio hacia el ocaso o psicoanalizar la risa de una chica. La tentativa de aprender es autodestructiva; cuando la erudición entra, la poesía sale. ¡Cuán habitual es que el hombre de talento sea incapaz de sentir!

Alberto Arzua

La mano izquierda de la oscuridad – Ursula Leguin

Esta mujer escribe estupendamente, tiene una imaginación envidiable y coordinada, una sensibilidad social importante,  una penetración psicológica certera, un humor sutil e irónico… En fin, son tantas las virtudes como escritora de Ursula Leguin que no puedo sino recomendarla a cualquier recién llegado a la ciencia ficción (los veteranos la conocen de sobra).

Sin embargo, con toda la necesaria carga de subjetividad con que armo estos comentarios morrocotudos, diré que La mano izquierda de la oscuridad me parece un pelín aburrida y de ritmos caprichosos: unas veces pasan las cosas volando, otras veces se demoran demasiado. Es una pena porque si consiguiera mantener el interés del lector tal y como lo hace, no sé, una buena escritora de novela negra (por ejemplo Sue Grafton, de quien de vez en cuando leo alguna letra; por cierto, les recomiendo cualquiera de sus novelas del alfabeto desde este paréntesis y así me ahorro unos cuantos comentarios), sería la caña.

Han leído bien, la caña. Y, sin mayor explicación, pasemos a las citas, que hoy la sección viene nutridilla.

Convertido en imbécil. Precioso.

Harmes, de belleza todavía célebre, y que fuera secuestrado, mutilado y convertido en imbécil por partidarios de la facción mediterránea.

Está muy mal visto suicidarse.

Ahora,  sin nombre. Me iré y encontraré mi muerte. Algunos de los hombres del hogar saltaron entonces gritando, en tumulto, con la intención de matar a Guederen, pues el asesinato es una sombra menos pesada que el suicidio.

Esta es una respuesta que da un oráculo hipersabio. Mola la ignorancia.

No sé por qué traiciona un hombre. Nadie se confiesa traidor, y es difícil una definición adecuada.

La siguiente cita es fundamental para entender la novela, y necesita explicación. Los habitantes del planeta protagonista son asexuados excepto en época de celo. Entonces eligen espontáneamente un sexo y se aparean frenéticamente con otro encelado. Los humanos les parecemos perversos, por tener constantemente características sexuales y estar siempre dispuestos a la acción. Supongo que Ursula se habrá inspirado en los machos.

…eran, cinco sextas partes del tiempo, hermafroditas neutros.

Ursula se adelanta en este libro (1969) al movimiento slow-lento (tan en boga hoy en día: comida, ciudades, ritmo de vida, viajes…).

Los vehículos se mueven a una velocidad media de 40 km/h terrestre. Los guedenianos podrían dar mayor velocidad a estos vehículos, pero no lo hacen. Si se les pregunta por qué no, responden siempre, ¿Por qué? Como si le preguntáramos a un terrestre por qué motivo todos nuestros vehículos van tan rápido todos contestaría, ¿Por qué no? Es una cuestión de preferencias. Los terrestres piensan que han de ir adelante, que es necesario progresar. La gente de Invierno, que vive siempre en el año uno, siente que el progreso es menos importante que la presencia.

Ursula enseña el plumero taoísta.

El handdara es una religión sin instituciones, sin sacerdotes, sin jerarquías, sin votos, sin credo; no sé todavía si tienen o no Dios. Es una religión elusiva, que se nos aparece siempre como alguna otra cosa.

La importancia de la ignorancia. Divertido.

-No estoy seguro, soy sumamente ignorante
El joven río y me hizo una reverencia. -¡Muy honrado! –dijo- He vivido aquí tres años y todavía no he adquirido una ignorancia que valga la pena mencionar… Recordando algunos fragmentos doctrinarios del handdara entendí que había estado vanagloriándome demasiado, como si me hubiese acercado a él diciéndole: “Soy sumamente hermoso”.

Hospitalidad legal y real: de la buena. Esto arreglaría muchos problemas en el mundo actual, pero primero habría que arreglar otras cosas (o personas).

Los ciudadanos de los codominios y los aldeanos, granjeros y señores de cualquier dominio darán al viajero alimento y comida por tres días, según el código, y por muchos más en la práctica, y lo mejor es que a uno lo reciben sin alboroto, sonriendo, como si hubieran estado esperándolo.

Definiendo un término. No definiéndolo.

En esta curiosa falta de distinción entre las aplicaciones generales y específicas de la palabra, tanto para el todo como para la parte, el estado como el individuo, en esta imprecisión ha de encontrarse el significado más exacto.

Presos desnudos un vagones de mercancías. ¿Les suena? Solidaridad innata..

Había bondad allí. Yo y algunos otros, un viejo y alguien que tosía mucho, fuimos reconocidos como menos resistentes al frío, y todas las noches nos encontrábamos en el centro del grupo, la entidad de veinticinco, donde había más calor. No luchábamos por ocupar este puesto; estábamos ahí simplemente todas las noches.

Patriotismo universal.

¿Cómo odia uno a un país, o lo ama? Tibe habla de eso, yo no soy capaz. Conozco gente, conozco ciudades, granjas, montañas y ríos y piedras, conozco cómo se pone el sol en otoño del lado de un cierto campo arado en las colinas; pero ¿qué sentido tiene encerrar todo en una frontera, darle un nombre y dejar de amarlo donde el nombre cambia? ¿Qué es el amor al propio país? ¿El odio a lo que no es el propio país? Nada bueno. ¿Sólo amor propio? Bien, pero no es posible hacer de eso una virtud, o una profesión… Mientras tenga amor a la vida, amaré también las colinas del dominio de Estre, pero este amor no tiene fronteras de odio. Y, más allá, soy ignorante, espero.

Como se puede ver, hay temas que no son frecuentes en el arte actual, temas positivos que suelen repugnar al escritor moderno puesto que no sugieren conflictos, pero que Ursula Leguin despliega con profusión y habilidad: solidaridad, bondad, hospitalidad, amistad… Me agrada el que se novelen dichas actitudes. Me satisface. Sonrío. Me invade como un polvillo de calma y bienestar.

Ursula Leguin se define como ácrata taoísta. ¿Se nota que me cae bien?

Alberto Arzua

ORA:CLE – Kevin O’Donell

Opiniones, Racionalizaciones, Asesoramientos: Consejeros por Lazo Electrónico. El protagonista de esta novela trabaja respondiendo preguntas concernientes a su especialidad, la historia clásica china, sin moverse de su apartamento. Salir a la calle está prohibido por culpa del agujero de ozono y de unos extraterrestres que vuelan cuan grullas y matan muy deportivamente.

 Por lo que he visto por ahí este escritor no goza de especial reconocimiento. La novela tampoco parece que haya suscitado grandes entusiasmos entre la comunidad fantástica. Me da igual: es muy divertida. A pesar de algunos fallos, tales como el final apresurado, se lee con mucho interés.

 Lo que más me ha gustado de esta novela es la naturalidad con la que aceptas todo lo que sucede. Las cosas que pasan no se te hacen ajenas sino que las interiorizas con suma facilidad: control del poder, de la información, partidos políticos absurdos, desastre ecológico, robots de reparaciones, internet cableado en el coco, aparatos que no funcionan con demasiada frecuencia… todo lo tomas como cotidiano… incluso la amenaza de un desastre absoluto en manos de unos extraterrestres implacables. Pero la vida sigue, y esa vida no deja de sorprenderte… moderadamente, porque casi todo puede leerse como una lógica evolución (una cualquiera) del mundo actual. Lo de los asesinos alados pone el toque de color inquietante.

Otra cosa que me ha encantado es el humor. Todos los capítulos acaban con 10 noticias, 10, las más importantes de cada día (las más solicitadas, que esto parece el twitter). Y aquí es donde Kevin O’Donell se pone estupendo lanzando una batería de comentarios cachondos y sorprendentemente “anticipadores”. Parece mentira que este libro se escribiera en los 80. Observen las citas:

Una de anticipación pura y muy dura.

 El mercado de valores ha bajado más de cuarenta puntos esta mañana en las bolsas europeas…

Problemas del futuro.

 En un mundo donde cabalgaban los Tres Jinetes del Apocalipsis –exceso de anhídrido carbónico, tecnología inestable y alienígenas hostiles- había que cuidar mucho la supervivencia.

Crudo y práctico clientelismo.

 La política contemporánea… le desconcertaba… un partido aseguraba protección policial, otro la retirada de las basuras y un tercero los servicios al consumidor…

Esta sí que es cachonda.

En una conferencia de prensa convocada rápidamente a las 12:30 de hoy un portavoz de Sah negó los persistentes rumores de que el futuro esposo de la cantante pop sea un residente permanente del Hospital para Seniles Incurables de Da Nang.

Potente argumento en cuatro líneas.

 En El Cairo, un teleoperador de Reparaciones Inmediatas, furioso por haber sido llamado cuatro veces a la misma casa en tres días, degolló y descuartizó a una mujer de ochenta y siete años, y estaba echando los trozos del cadáver al triturador de basuras cuando llegó la policía y lo ejecuto allí mismo.

Pulla antirockera, supongo. Muy gracioso.

 Premiado autor de un estudio sobre la relación entre la música del siglo XX y la Gran Depresión de 2010.

¿Gran Depresión en el 2010?

Alberto Arzua