No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales
Festí­n de cuervos / George R. R. Martin
Estrenos / 20 Agosto 2008

«Cuando callan las espadas, sólo queda carroña para los cuervos». «Coged el libro y encerraos en un lugar cómodo y silencioso. Disfrutadlo como si se tratase de un amor de verano. Dulce, apasionado, efí­mero, como todo lo bueno.» Álex de la Iglesia Las circunstancias han forzado una tregua en la guerra de los Cinco Reyes. Los cultivos han sido devastados, y por rí­os de aguas rojas descienden cadáveres de todos los blasones y estirpes. Pero en cada rincón de este poniente arrasado nacen ya nuevas intrigas, anhelos de poder de quienes codician un reino moribundo. Festí­n de cuervos, la cuarta entrega de la saga «Canción de hielo y fuego», continúa con una de las experiencias literarias más ambiciosas y apasionantes que se hayan propuesto nunca en el terreno de la fantasí­a, con nuevos personajes y tramas que nos adentran en un universo tenso y sobrecogedor. EDICIONES GIGAMESH Traducción de Cristina Mací­a. Prólogo de Álex de la Iglesia. Precio aprox: 24,95 € 863 pgs ISBN: 9788496208599 George R. R. Martin nació en 1948 en Bayonne (Estados Unidos). Se licenció en periodismo en 1970 y publicó su primera novela en 1977, Muerte de la luz. Tras una brillante carrera como escritor de…

El alienista, de Caleb Carr
Léeme , Negra , Novela / 29 Agosto 2005

A finales del siglo XIX Nueva York tení­a poco que ver con la ciudad que hoy conocemos, era más bien un apiñamiento de ciudades colmena unidas por grandes arterias, y lujosas zonas residenciales. Las leyes tampoco eran las mismas, una de las principales diferencias consistí­a en que la minorí­a de edad no estaba contemplada por la ley. Un niño de corta edad era responsable de sus actos, y buena parte de los niños de la ciudad viví­an en condiciones de explotación infrahumanas. Algunos eran explotados en trabajos penosos, y muchos se ganaban la vida prostituyéndose. La prostitución infantil era un negocio que reportaba pingües beneficios. Yo soy Jonh Schuyler Moore, periodista del New York Times, y conozco al dedillo esos ambientes. Pero allá por el año 1896 empezaron a ser asesinados niños que se prostituí­an como travestidos, siendo horriblemente torturados. Mi amigo, el comisario Theodore Roosevelt, que luego llegarí­a a presidente de los Estados Unidos, reunió un grupo de expertos para que actuaran al margen de la corrupta e ineficaz policí­a neoyorquina. El doctor Kreitzler, eminente alienista, o como dicen ahora, psiquiatra, encabezaba el mismo; y en él estábamos mi amiga Sara Howard, que serí­a la primera mujer policí­a de…

La forma del agua (y otros) de Andrea Camilleri
Léeme , Negra , Novela / 29 Agosto 2005

Yo conozco muy bien al dottori Montalbano, en persona personalmente, digo, soy práticamente su secretario, estoy siempre al pie del cañón aquí­ en la comiserí­a de Vigáta, en la hermosa Sicilia. El dottori es el comisario de la comiserí­a y es el que nos manda a todos. A veces nos manda a la… bueno, no lo digo porque yo soy un endividio bien hablao. Manda sobre el surcomisario Augello, y sobre Fazio y Galluzo y los demás. Yo atiendo el teléfuno y tomo notas y doy los recados al siñor comisario. Hay que ser muy atento para poder enterase bien de lo que dice el personal y anotar bien los nombres. -Catarella… -Mande, siñor surcomisario. -Como sigas hablando de ti se van a creer que tú eres el protagonista y no el comisario. -Vale, pues siga usté. Si ya sé que soy el último pedo del culo yo en esta comiserí­a ya lo sé… -Salvo Montalbano es el comisario de Vigáta, una pequeña ciudad costera siciliana, aún con reminiscencias del pueblo pesquero que fue no hace tanto. Algunos, que le conocen poco, piensan que está un poco ido. Catarella, si vas a llorar vete a la centralita, anda. Los que…

El alquimista impaciente (y otros) de Lorenzo Silva
Léeme , Negra , Novela / 29 Agosto 2005

-Yo le tengo mucho respeto a Bevilacqua, es una persona cabal, aunque a veces se va por los cerros de íšbeda y se le nota que es un poco filósofo, claro, por algo dejó psicologí­a para meterse en la Benemérita. -¿Qué dices, Chamorro? -Nada, mi sargento, que para ser picoleto eres un poco filósofo. -Pues tú no eres precisamente la imagen tópica del guardiacivil. -Ya. Serán las tetas. -Bueno… tampoco hace falta que me mires así­. -Le estaba explicando, aquí­ al paciente lector, tu vida y hazañas, así­ por encima. -Pues no sé yo si soy tan filósofo. -Venga, pues dilo tú mismo, joder, mi sargento. -Pero no te enfades. -No me enfado -Nací­ en Uruguay, hace treinta y seis años y apenas conocí­ a mi padre. Vine a España de chico, con mi madre, y después de sufrir los desastres normales de la adolescencia gasté cinco años de mi vida en obtener una licenciatura en psicologí­a. Su comprobada inutilidad, unida a la angustia del paro, me indujo a ingresar en la Guardia Civil. De la década larga que llevo en el Cuerpo guardo el recuerdo más o menos ní­tido de un buen número de homicidios. Algunos tuvieron la complicación…

Gracias, Jeeves (y otros) de P.G. Wodehouse
HUMOR , Léeme / 1 Agosto 2005

-Caramba, Jeeves, es un compromiso eso de describir uno de los libros que escribió el tal Wodehouse sobre usted. -Lo lamento mucho señor, ese hecho es algo que excede mis competencias. -No es como si tuviera que vender sus excelencias para colocarle en casa de algún otro caballero, se supone que he de describir sus méritos y su comportamiento, y aunque lleva usted varios años a mi servicio, y reconozco que ha conseguido evitarme algunos daños memorables; como cuando quise casarme con aquella Gladys que coleccionaba mastines, o cuando me empeñé en llevar un chaleco verde con cuadros morados a las carreras de Ascot, no todo serí­a poner guirnaldas a su paso, Jeeves. -Sirvo al señor lo mejor que sé, señor. -Ciertamente un valet de chambre como usted es el contrapunto ideal para un joven licencioso y dado a la molicie como yo en estos tiempos victorianos que corren y en este imperio británico. Ya ve, un socio del “Club de los Zánganos”, tan selectivo, ha de mantener una cierta imagen de disipación y vacuidad. No quiero que me confundan con uno de esos petimetres de la city. Hay que vivir la vida, Jeeves, es un consejo que le doy….