Archivo de la categoría: Fantasía

Ensayo sobre la ceguera / José Saramago


El pasado 10 de febrero, con motivo de mi cumpleaños, mis alumnos de derecho administrativo me obsequiaron este extraordinario libro del Nobel de Literatura 1998; la maestría del maestro portugués se hace presente desde la primera página con su brillante prosa, ajena a las tradicionales reglas de la puntuación y del formato ortodoxo de la novela con diálogos bien cortados y discurso bien peinado.Esto no importa al escritor, pues el cuenta esta historia sin tiempo para un buen aliño, vertiginosamente. La vieja leyenda de que el autor te agarra por el pescuezo hasta que terminas de leer, es valida ahora mismo para mí, que he terminado esta obra maestra de Saramago hoy por la mañana.
Se trata de un hipótesis, que en el terreno de la sociología, lanza el autor nacido el 16 de noviembre de 1922 en Portugal y muerto en España el 18 de junio de 2010. En una ciudad equis se presenta una especie de epidemia: sus sorprendidos habitantes súbitamente pierden la vista, hasta convertirse en legiones. Esto da pie para que Saramago pase revista a la tabla de valores y antivalores que adornan la especie humana. Así, ante nuestros ojos, surgen las imágenes escatológicas de ciegos buenos y ciegos terriblemente malvados que se degradan hasta convertirse en verdaderas bestias de monte.
Resolver el problema es una tarea propia de la administración pública, tal vez por eso mis generosos alumnos me regalaron este libro; a mi me ha gustado y por eso lo recomiendo a los lectores de librosmorrocotudos. Les garantizo que la intensa prosa de José Saramago los va a cautivar y los obligara a reflexionar en lo que hoy somos.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

La vuelta al mundo en 80 días / Julio Verne

Por experiencia propia asocio el nombre de Charles Dickens con el de Julio Verne y es que una navidad memorable para quien estas líneas escribe, mi tío Camborio tuvo a bien obsequiarme un libro del futurista autor francés, quien nació el 8 de febrero de 1828 en Ile Feydeau, Nantes y murió el 24 de marzo. Desde entonces todas las navidades vuelvo a leer una obra de Verne. Algo así como volver a mi infancia y primera juventud. En esta ocasión he terminado de saborear la popular novela La Vuelta al Mundo en 80 días, obra que en primera instancia batió récord de ventas: cien mil ejemplares y que al mismo tiempo hizo inmensamente rico a su autor.
La Vuelta al Mundo en 80 días es una novela pródiga en aventuras y en valores, de tal suerte que es apropiada para jóvenes que pretende conducirse con honorabilidad en la vida. El valor más destacado, más a la vista es la puntualidad, la puntualidad inglesa. Desde luego, también sobresalen a lo largo de sus notables páginas: el honor, la honestidad, la nobleza, la generosidad, la valentía y la lealtad de sus principales personajes, empezando por el caballero Phileas Fogg, su criado Picaporte, su amada Auda y su perseguidor, el inspector de policía Fix.
Es tan variada la forma en que Phileas Fogg se mete en líos durante su periplo, que su obra ya ha sido subida a los tablados del teatro y llevada al cine, cosechando lauros y siendo fuente para muchas películas de aventuras realistas, postrealistas y futuristas. Verne, quien originalmente se graduó de abogado y ejerció como corredor de bolsa, apostó a ser escritor y le dio al clavo, convirtiéndose en millonario no por la Bolsa de Valores, sino a través de la literatura, cosa inverosímil. Otras obras famosas de Verne son: 5 semanas en globo, De la Tierra a la Luna, Los hijos del Capitán Grant, Viaje al centro de la Tierra y Miguel Strogoff. Tome el lector uno de estos libros, ábralo y diviértase sanamente con él en esta navidad.

Libros gratis de Julio Verne

Matías Antonio Ocampo Echalaz

Hasta luego, y gracias por el pescado (Guía del autoestopista galáctico 4/5) / Douglas Adams

Este libro forma parte de una serie de cinco que lleva como título Guía del autoestopista galáctico. Yo no tenía de esto ni la menor idea, me lo he leído tal cual, como se lee un libro autónomo cualquiera. Y no me ha gustado ni mucho ni poco, me ha parecido una sosada.

Como ciencia ficción es potrosillo, deslavazado, una única idea y flashes sin coordinar.

Como humor es inglés, sí, pero flojito.

Como novela no lo es, sino una sucesión de eventos marchosillos que no te afectan en absoluto.  Parafraseémosle:

A última hora de la tarde hicieron una excursión a las colinas de Hollywood, por la carretera de Mullholand, y se detuvieron a contemplar el deslumbrante mar de luces flotantes que es el valle de San Fernando. Convinieron en que la sensación de deslumbramiento se detenía inmediatamente detrás de la retina, sin afectar a ninguna otra parte del cuerpo, y se marcharon extrañamente insatisfechos del espectáculo.

Como best seller, no tengo ni idea, así que, en vez de decir más tonterías, acabaré con algunas citas significativas.

El Saab se perdió en la noche. Arthur lo miró alejarse, tan pasmado como podría estarlo un hombre que, tras creerse completamente ciego durante cinco años, descubriera de pronto que simplemente había llevado un sombrero demasiado grande.

 …

Casi bailando, se dirigió al frigorífico, encontró las tres cosas menos peludas que había, las puso en el plato y las miró con atención durante dos minutos. Como en ese período de tiempo no intentaron moverse, las llamó desayuno y se las comió.

Salió la luna con aspecto acuoso. Parecía una bola de papel en el bolsillo trasero de unos vaqueros que acabaran de salir de la lavadora, y solo el tiempo y la plancha revelarían si se trataba de una lista vieja de la compra o de un billete de cinco libras

El viento se removió un poco, como la cola de un caballo que intentara decidir de qué humor estaba esta noche, y en algún sitio unas campanadas dieron la medianoche.

Hombre, es que todo no va a ser malo…

Alberto Arzua

La torre oscura (I) El pistolero / Stephen King

En las multitudinarias e inacabables reuniones del consejo redactor de esta página de ustedes (Libros Morrocotudos) se plantea reiteradamente la cuestión de si habría que ocuparse también de los libros que no nos parecen tan buenos. Es mi opinión que si alguien viene a buscar una opinión acerca de un libro determinado, también le resultará útil una opinión negativa, valga la opinión.

Así que ya saben ustedes de qué va este comentario: este libro no me ha gustado. ¿Por qué? Porque el autor, olvidando parcialmente sus tremendas habilidades narrativas, pretende enjaretarnos sus muy respetables teorías filosófico-cuánticas. Vale, Stephen, pero no lo hagas en una novela de fantasía, que nos acabamos aburriendo. ¿Recuerdan ustedes Resurrección, De Tolstoi? Pues eso.

Sin más, ésa es mi opinión acerca de este primer volumen (y van ocho) de la serie La torre oscura. Ni pienso leer ninguno más.

Además de habilidades narrativas quiero que conste que el King también tiene habilidades escritoriales. Dos ejemplillos:

Curiosa comparación.

Caminaron lentamente hacia el patíbulo, y las aves se remontaron indignadas, graznando y revoloteando en círculos como una iracunda turba de campesinos desposeídos.

¿Qué será el “arco de movimientos pardos”?, te preguntas

Allí, entre ellas, fue donde el pistolero vio un arco de movimientos pardos. Desenfundó, disparó y tumbó al conejo antes de que…

Alberto Arzua

Garú Garú, el atraviesamuros, de Marcel Aymé

De tiernos infantes, Ángel, Cheché y yo a veces dejábamos de darnos con las espadas de madera y meditábamos sobre el universo. í‰ramos personas de guarderí­a y el universo solí­a ser la pelí­cula del domingo, en que iba El Zorro y le hací­a jugarretas al Gobernador y al sargento no-sé-cuántos. A todos les grababa una buena Zeta en el fondillo de los pantalones. Nadie salí­a herido, lo que era decepcionante.
Pero la vez que más meditamos Ángel, Cheché y yo fue cuando vimos una peli en blanco y negro, jurarí­a que francesa, en que aparecí­a un nuevo superhéroe que daba mucho de sí­. El Atraviesamuros
-Garúgarú. –decí­amos tratando de filtrarnos por la puerta de la despensa. Lo de la despensa era fijación de Ángel que, en el mes de Marí­a, al ir todos con flores a porfí­a en el colegio de monjas que era guarderí­a, llevaba su ramillete pero, en los descuidos, se comí­a las meriendas de las niñas y hací­a correr la voz de que habí­a sido la Virgen, agradecida por el regalo.
Garugarú o el Atraviesamuros. Qué huella dejaba. Tanta que, vagando por el Parí­s de la Francia (Por si me apuntaba al Mayo del 68) me encontré uno de esos engendros giratorios de Le Livre de Poche (de Gallimard. Allí­ estaba, encuadernado en tonos verdes, un bello recuerdo de infancia: “Le Passe-Muraille”, todo él en gabacho y firmado por Marcel Aymé..
-Está cayendo en el desuso, dijo Don Juan, mi catedrático de Literatura, que también caí­a en lo mismo. Aymé es un surrealista mixto y listo que propone lo que pasarí­a con una cosa imposible mientras los demás llevan una vida normal. Por ejemplo –y esto era de la cosecha de Don Juan y no de la de Aymé- ¿y si ahora Sócrates fuera divisado dándose un paseo por Marbella, discutiendo con Gorgí­as? ¿Tendrí­a relevancia? ¿Y si una zarza parlante se pusiera a dictar leyes desde la corona de La Cibeles? ¿Eh? ¿Eh?

Transcurrimos dos o tres pasos y el cátedro paró y se me encaró, como solí­a cuando í­bamos de peripatéticos. Un kilómetro llegaba a parecer diez.
-Creo que a Aymé le gustaba observar la forma que tiene la costumbre de vérselas con las excepciones.
-La guillotina, por ejemplo
-No, no: la normalidad. Nada resiste a la normalidad. Aymé, muestra sus amables monstruos con toda sencillez. El Atraviesamuros empieza del modo más elemental: «Habí­a en Montmartre, en la tercera planta del 75 bis de la calle de Orchampt, un hombre excelente llamado Dutilleul, que poseí­a el singular don de pasar a través de los muros sin dificultad». ¿Ves qué sencillo es inmiscuir lo imposible en un mundo de hojas de cálculo?
Claro que los diferentes acaban mal y “Garou-Garou” da en la cárcel; hombre educado y oficinista, escribe al Director con mucho respeto: «Monsieur le Directeur: En referencia a nuestra entrevista del 17 de los corrientes y a la memoria de sus Instrucciones Generales del 15 de mayo del año pasado, tengo el honor de informarle que he acabado el segundo tomo de Los Tres Mosqueteros y que cuento con evadirme esta noche, entre las once y veinticinco y las once y treinta y cinco. Al mismo tiempo, le enví­o el testimonio de mi profundo respeto, y mi consideración más distinguida, señor Director. Su seguro servidor, GAROU-GAROU».
O sea, todo muy normal, con formulismos consagrados por la brillantina de la burocracia universal. Pero a Garúgarú un breve amor le hace dudar que las piedras son atravesables y, además, se deja medicar para ser “normal” y algo bobo, como se espera de él. En uno de sus saltos a través de las paredes, medicado y con surmenage, « Dutilleul quedó parado en el interior de un muro. Allí­ está todaví­a hoy, incorporado a la piedra. Los noctámbulos que bajan por la calle Norvins, cuando el rumor de Parí­s es casi un murmullo, oyen una voz con sordina que parece venir de ultratumba y que se imaginan que es el viento rodeando las esquinas. Es Garou-Garou Dutilleul que lamenta el fin de su gloriosa carrera y el recuerdo de amores demasiado breves» Muy bonitas las últimas frases, cuando un pintor bohemio coge su guitarra y se aventura por la calle Norvins para consolar con una canción al pobre prisionero «y las notas, volando desde sus dedos, penetran en el corazón de la piedra como gotas de claro de luna»
¿Basta esto para detener los experimentos de Marcel Aymé? En la página siguiente, bajo el tí­tulo de Las Sabinas, se arranca como de costumbre: “Habrí­a en Montmarte, en la calle del Abrevadero, una jovencita llamada Sabina, que poseí­a el don de la ubicuidad.»
La ubicuidad gris del mundo devora con tranquilidad el brillo inesperado de lo imposible. Pero Marcel Aymé se desentiende: no quiere meditar cómo los hombres acaban teniendo un corazón de piedra. Para eso, nosotros.

Papeles de Trapisonda

Es un artículo publicado el 2 de enero de 2006.
Actualización:
En Youtube podemos encontrar el original de la película en francés, entera. Algo es algo.

Danza de dragones / George R.R. Martin

Quinta y, al parecer, antepenúltima entrega de la estupendísima saga Canción de hielo y fuego. Siguen las aventuras, las sorpresas, los proteicos personajes, las crueldades, el sexo, las ominosas amenazas, el terror… Sigue, en general, el tono glorioso y palpitante de los anteriores libros. Pero me gustaría hacer un par de comentarios.

A este volumen le cuesta arrancar. A los numerosos protagonistas les pasan cosas, cierto, pero a cámara lenta, sin que te llegue a enganchar verdaderamente la lectura, por lo menos durante una gran parte del libro. Quizás tenga que ver en esto la nutridísima nómina de personajes y la necesidad del autor de ir recordando cada poco de dónde vienen y el porqué de sus acciones.  Hecho de menos, en este sentido, un resumen de lo sucedido hasta el momento, porque a cualquiera que no sea un friki de la serie se le olvida lo que hizo o dejó de hacer Pepito Matabichos hace algunos años, que fue cuando leíste los anteriores tomos. Las exhaustivas genealogías finales no hacen sino liarte miserablemente.

Y, por otro lado, no estoy seguro de si la enormidad del proyecto redunda en su beneficio. Como seguidor de la serie y dados los planteamientos actuales, veo necesarios unos veinte o treinta volúmenes, al ritmo actual, para saciar mi afán de conocimientos y que las aventuras alcancen todo su recorrido. Pero esto no es posible debido a la tan habitual mortalidad física del inmortal autor. La cosa está tomando unas proporciones tan épicas que cualquier final imaginado va a dejar insatisfecho a todo el mundo. No creo que esto preocupe a George, pero a mí sí. Ya me estoy empezando a mosquear.

Resumiendo, que se me está haciendo largo pero desearía que no acabara nunca. En su fase final esta Danza de dragones se pone más ágil y cachonda… pero ya te pilla algo cansado. Autor, un consejo: aligera la trama y no saques tochos por sacar.

Recomendable, por tanto, para los que hayan leído las cuatro anteriores novelas (hay que saber lo que pasa). Quizá el más flojo de la serie. Y de los dragones no digo nada, pero el tono realista con que los trata es de lo mejor del libro.

Alberto Arzua

La estación de la calle perdido – China Mieville

Al leer este libro te da la impresión de estar metido dentro de un cómic imposible, un cómic que ningún dibujante sería capaz de reflejar, un cómic tan monstruoso, tan enorme, tan desaforado, que muchas veces tienes ganas de dejar la lectura por no seguir compartiendo unos horrores que sobrepasan con mucho la capacidad emocional del ser humano. Porque aquí no se trata solo de seres humanos sino de monstruos de toda calaña, muchos de ellos sencillamente inimaginables, cuyas motivaciones te cuesta llegar a entender y cuyas crueldades sin límite quizá lleguen a divertir al típico adolescente mitómano. Pero yo ni soy adolescente ni mitómano, o sea que lo que siento es que me rebasa la grumosa y desmesurada magnitud de este proyecto posmoderno.

Y eso que el libro es bueno. Aunque exagerado, sí, muy exagerado, excesivo… Y no es que la exageración esté mal en sí, pero una exageración tan exagerada, truculenta y en cierta medida repetitiva acaba colapsando la capacidad receptiva del lector. Veamos algunos de los adjetivos favoritos del autor:

Obsceno, mohoso, mórbido, hediondo, mezquino, podrido, cavernoso, babeante, coagulante, ajado, descompuesto, inconcluso, turbio, polvoriento, destartalado, precario, titánico, abrupto, impío, exhumado, pugnaz, humanoide, terrorífico, despreciable, cavernícola, patético, herrumbroso, híbrido, salvaje, horrendo, tortuoso, ofídico, oleoso, siseante, exhausto, indigno, peligroso, venenoso, esquelético, mugriento, grotesco, hirsuto, deforme, doliente…

Adjetivos que, utilizados convenientemente:

Lechosos conglomerados de flema, fría mucosidad blanca, masa de mortero y esputo, gruesas sombras depredadoras, mugre orgánica, eructos clorados, ampolladas erectas como una ola ósea…

forman expresiones en general bastante conseguidas. Lo que sucede es que tanta oscuridad supurante, deforme e infecta va haciendo mella en el lector, dejándolo casi tan exhausto como a sus propios protagonistas.

Sin embargo merece la pena leerse, aunque tan solo sea porque el escritor salpica las páginas con frecuentes ramalazos de genio. Veamos algunos ejemplos.

Un profesor frustrado:
Había abandonado la universidad hacía diez años, pero solo porque, para su desgracia, comprendió que era un pésimo profesor. Había visto las expresiones confusas, había oído los frenéticos gimoteos de los estudiantes aterrados…

Amor entre distintos.
Desde debajo de su sombra extendió sus hermosas, pequeñas, inútiles alas de escarabajo. Lin acercó la mano de Isaac a las alas, invitándole a acariciar su fragilidad, totalmente vulnerable, en una expresión de confianza y amor sin parangón entre las khepri. El aire entre ellos se cargó y el pene de Isaac se endureció.

Viviendo entre agua contaminada.
Se sabía de golfillos que, rebuscando en este tremedal descolorido en busca de tesoros, habían comenzado a hablar lenguas muertas hacía mucho, o habían encontrado langostas en su pelo, o se habían difuminado lentamente hasta volverse traslúcidos y desaparecer.

La ley rehace a los malvados.
Era un desvalijador frustrado que se había negado a testificar contra su banda; el magistrado había ordenado que su silencio fuera permanente, por lo que le habían quitado la boca, sellándola con carne inmaculada. Para no tener que comer purés absorbidos por la nariz, Joshua se había abierto otra vez la boca, pero el dolor le había hecho temblar y lo que tenía ahora era una herida fláccida, rasgada, inconclusa.

Bonita descripción de un viento simple y cotidiano
Las corrientes de aire se ajustaban a su presencia, lo investigaban como tentáculos y provocaban remolinos de polvo a su alrededor.

Curiosa comparación.
Pasaron por una puerta de la que de repente emergió un sonido enervante, como la angustia apagada de las máquinas.

Calor-pequeño: elegante.
Algunos eran rehechos orgánicos, con garras, cornamenta y retales de músculo injertado, pero en su mayoría se trataba de mecánicos; el calor de sus calderas hacía que la sala se empequeñeciera.

Si no puedes mirar directamente al enemigo, usa espejos.
Shadrach estaba mirando fijamente sus espejos. Tenía el brazo izquierdo alargado hacia atrás, apuntando con el arma taumatúrgica a la polilla asesina.

Escena típica (de este libro):
Derkhan apartó la mirada, asqueada, mientras el avatar ignoraba placidamente el modo en que el afilado metal provocaba profundos desgarrones en su carne y la sangre espesa y gris se derramaba en espesos borbotones sobre su piel putrefacta.

Diré que en su primera parte, planteamiento, personajes y argumento, la novela me fascinó. Y como los logros argumentales e imaginativos, al igual que los puramente literarios, se mantienen a lo largo de la trama, hay motivos para congratularse con este escritor… si no fuera por el cansancio, repito, a riesgo de cansar.

De todos modos creo que intentaré leer los siguientes volúmenes de esta trilogía (que lo es). Para ver qué pasa y para seguir descubriendo buenos y brillantes momentos en los tochazos (éste, de más de 600 páginas).

(perdonen por la longitud de este comentario; algo se me debe de haber pegado… gangrenosamente).

Alberto Arzua

El nombre del viento – Patick Rothfuss

Patrick es un recién llegado al mundo de la ficción fantástica y, como todos los recién llegados que se precien, lo hace pisando fuerte. Pisa muy fuerte en publicidad, marketing, merchandising y exageraciones varias donde se le compara con los más eminentes escritores del género. Y, lo siento, pero no. Ha pretendido seguir la estela de los exquisitos tochazos de Canción de Hielo y Fuego, yo creo que más que nada para forrarse a tanto la página. Y lo ha conseguido en términos monetarios, parece ser, porque en artísticos deja mucho que desear.

No es que sea malo del todo, no. El chico no escribe mal y tiene alguna que otra idea válida (pocas y poco originales) pero la narración en general peca de morosidad y de sosera. Quizá quien no haya leído mucho lo considere una obra maestra, pero mi experiencia me dice que quien no ha leído mucho se conforma con poco (está muy extendida la idea de que para leer un buen libro tienes que aburrirte), precisamente porque no puede comparar con obras verdaderamente excelentes (la anteriormente comentada, las de Jack Vance, Philip K. Dick, Sapkowski… y todos los magníficos que aún me quedan por descubrir, deo gratias).

En la segunda mitad del libro te aburres soberanamente y te planteas en serio si dejar de leer. La última escena, por cierto es totalmente fallida y absurda. Las repeticiones, tanto en situaciones como en ideas, son excesivas. Algunos personajes son tan planos como los de los cuentos de princesas sin princesas.

La única frase destacable que he encontrado es una curiosa reflexión acerca de la poesía:

Recuerda esto, hijo mío, aunque olvides todo lo demás: un poeta es un músico que no sabe cantar. Las palabras tienen que encontrar la mente de un hombre si pretenden llegar a su corazón, y la mente de algunos hombres es lamentablemente pequeña. La música llega al corazón por pequeña y acérrima que sea la mente de quien la escucha.

 

Y eso es todo. Me ha quedado la sensación de tiempo perdido. Muy corto tendré que estar de suministros como para que me lance a leer la segunda parte (dicen que habrá tres). Resumiendo, si te lo quieres pasar regular, léete esta novelota, pero si te lo quieres pasar bien, rebusca entre los cientos de recomendaciones fantásticas que encontrarás en este mismo blog.

Alberto Arzua

Los príncipes demonio – Jack Vance

La segunda trilogía, en orden cronológico, del inagotable Jack Vance, se compone de cinco divertidas novelas de aventuras: El rey estelar, La máquina de matar, El palacio del amor, El rostro y El libro de los sueños. La disculpa argumental es sencilla: un niño contempla cómo unos asesinos matan a toda su familia. ¿Toda? No, porque queda un pariente justiciero que dedica su vida a entrenar al niño para la venganza. Y el niño dedica su vida a la venganza, faltaría más. Hay cinco malos, a uno por libro.

La cosa suena a Conan, pero al Conan de los primeros comics, no a aquel figurillas de tobillos finos y dibujos estereotipados en que se convirtió la serie a a partir de un cierto y mediático momento. Pero dejemos al Suarchi, que bastante tiene con sus esteroides.

Estos libros, por decirlo claro, son un desmadre absoluto. A veces pasan cosas a toalapiña, otras veces la historia se demora en el grácil caminar de una doncella o en las condiciones objetivas de los trabajadores de palacio. Son ejemplos falsos, pero sí que es cierto que toda la serie da la impresión de que su creador pasaba por momentos… curiosos, de esos tan habituales en la costa oeste de los Estados durante las décadas de los sesenta y setenta. Es una impresión que me gustaría que alguien decontrastara.

Todo esto no quita para que estas novelillas se lean con fruición, al estilo de las de Agatha Christie. Y es que, además de las magníficas imaginelas (no busquen el palabro, es imaginario) marca de la casa, existe una constante en el desenlace consistente en que el prota tiene que reconocer al malísimo entre unos cuantos personajes disfrazados. También es una constante la existencia de chica magnífica, chica que acabará haciéndose a un lado por incompatibilidad manifiesta con el asesino en serie cinco en que se ha convertido su noviete.

También hay naves espaciales de segunda mano, razas imposibles, ropas coloridas, tabernas, posadas, invencibles esbirros, aeropuertos, más allases, policías y contrapolicías, venenos lujuriosos, dobles y triples morales, poetas y filósofos contraculturales… Pero sobre todo hay diversión, muchísima diversión, todo el rato la juerga padre para el lector. Yo, en cuanto acabo una serie de estas necesito quitarme el polvo cósmico a base de contravenenos letales. Ahora mismo voy a pillar un novelón húngaro del siglo pasado. Y encantado.

Pero en cuanto lo acabe me lanzaré como un lobo a por la siguiente serie de Jack Vance. Es una pena que es señor sea finito. Su imaginación y buen humor, sin embargo, no tienen fin. Compruébenlo, por favor, no se arrepentirán.

Veamos, por ejemplo, una entrevista con un posadero galáctico:

-¿Estuvo siempre solo, señor Smade?

-No, tenía tres esposas y once hijos.

-¿Qué fue lo que le impulsó a establecerse aquí? Es un mundo más bien lúgubre.

-La belleza está en el ojo de quien la mira, ¿no es cierto? No me ha importado establecer un refugio de descanso para quien quiera venir hasta aquí.

-¿Qué clase de gente suele venir a hospedarse aquí?

-Personas que desean descansar y necesitan tranquilidad. Y, ocasionalmente, cualquier viajero que proceda del espacio, o los exploradores espaciales, por regla general.

-He oído decir que algunos de sus clientes son tipos duros. Le diré, con franqueza, que según se cuenta por ahí, es creencia general que el Refugio Smade alberga a los piratas más famosos y a los aventureros más peligrosos de Más Alla.

-Supongo que esas personas también necesitan descansar ocasionalmente.

-¿Y no ha tenido dificultades con esa gente? Es decir, para mantener el orden…

-No. ellos conocen mis reglas. Yo les digo: “Caballeros, desistan, por favor. Sus diferencias son cosa suya, ustedes están de paso como fugitivos. La armoniosa atmósfera de este Refugio es mía y sepan que estoy dispuesto a mantenerla permanentemente”.

- ¿Y eso es suficiente para que desistan?

-En la mayoría de los casos.

-¿Y si no?

-Los tiro al mar.

Acabemos la citas, pocas pero enjundiosas, con una loa al arte poético:

Hay una cualidad humana que resulta difícil de definir con precisión: es posible que sea la más noble de las cualidades humanas. Contiene y supera la franqueza, la generosidad, la comprensión, la finura de la distinción, la intensidad, la rectitud de miras, el compromiso total. Participa en todas las percepciones humanas, abarca toda la historia de la humanidad. Es caracterísitca de todos los grandes genios creativos, y no se puede aprender; intentarlo es ridículo… como diseccionar una mariposa, enfocar un espectroscopio hacia el ocaso o psicoanalizar la risa de una chica. La tentativa de aprender es autodestructiva; cuando la erudición entra, la poesía sale. ¡Cuán habitual es que el hombre de talento sea incapaz de sentir!

Alberto Arzua

Saga de Geralt de Rivia – Andrzej Sapkowski (2)

La primera parte del comentario relativo a esta saga la escribí, muy entusiasmado, cuando iba leyendo el cuarto libro. Ahora que ya he acabado las siete novelas que narran las aventuras del ínclito brujo Geralt, me decido a repetir comentario, a riesgo de aburrir, porque necesito expresar mi admiración sin trabas por este escritor polaco. Vamos, que cuanto más leo, más me gusta.

Ya no es solamente el humor, los personajes y las historias, sino que Sapkowsky se lanza a contarnos las cosas desde varios puntos de vista, a veces sin solución de continuidad, a pesar de lo cual (o gracias a lo cual) se entiende mejor y se disfruta un montón. Hace el hombre una especie de tour de force estilístico que no es que le salga bien, sino que le sale de perillas, porque le da intensidad y profundidad a la acción. En fin, que es un moderno que controla sus moderneces a la perfección, enviándonos a los lectores grumillos de satisfacción y admiración por doquier. ¡Oh! ¡Ah! ¡Qué bonito! ¡Qué elegante!… ¡Qué pena que se acabe! ¡Y qué lenguaje tan cachondo y desarmante!

Se acaba, sí, pero ya hay por ahí tres libros publicados de una nueva saga ambientada en el siglo XV. He empezado el primero, Narrenturm, y promete, promete… ¡cómo no! Ya les contaré.

De momento quedémonos con alguna cita más de las de Geralt de Rivia, todas extraídas del séptimo tomo, La Dama del Lago.

Un conde con un tic.

El caballero se dio la vuelta en la montura, guiñó el ojo e hizo una mueca simiesca. –Aunque el conde –siguió al cabo -de siempre había sido gran jodedor y semental, de tal guiño se hizo por demás pericolosus en amores porque cada blonda daba por pensar que era por afecto a ella que de aquella manera guiñaba y señas de amor procuraba. Y las blondas grandemente sensibles a tales signos son. No las imputo a ellas, no obstante, que sean todas rijosas y desenfrenadas, eso no, pero el conde, como dije, guiñaba mucho.

La hechicera opina, tomen nota.

¿Y qué es la verdadera masculinidad –meneó la cabeza burlona-, sino una mezcla en las proporciones adecuadas de estilo y locura?

Amor del bueno.

Nos dijimos muchas cosas. Nos dijimos el uno al otro verdades muy triviales. Nos dijimos el uno al otro mentiras muy hermosas. Pero esas mentiras, aunque eran mentiras, no estaban pensadas para engañar.

De vez en cuando se nos ilustra con datos enciclopédicos (de monstruos).

Korred, engendro de la numerosa familia de los estrigiformes (vid.), con arreglo a las regiones igualmente llamado korrigan, rutterkin, rumpelshtils, retortijo o mesmer. No más algo se puede decir dellos: que no se puede ser peor. Tan diablesco es él y bandido y seboso, tan hijo de perra, que ni del su aspecto ni de las sus costumbres habremos de escribir, puesto que en verdad os digo: apenas perder el tiempo en tal hijo de puta.

Un último detallito:

Marti Sodergren callaba líricamente…

Alberto Arzua

Saga de Geralt de Rivia – Andrzej Sapkowski

Sapkowski es un escritor polaco cuyo mayor éxito ha sido, de momento, la serie de 7 libros de fantasía heroica cuyo protagonista es el brujo Geralt de Rivia. Este brujo se mueve en un mundo de hechiceros, monstruos y demás parientes donde no es extraño encontrar enanitos, blancanieves, princesas y caperucitas, además de elfos, gnomos, dragones y un sinfín de seres no humanos de cuya eliminación se encarga el “héroe” de estas historias, a cambio de dinero.

El mundo mágico está a punto de acabar, pero los residuos inhumanos que van quedando por esos bosques de dioses incomodan el desarrollo de nuestra nueva civilización. El planteamiento de esta saga es, por lo tanto, tan ético como cínico. Muy interesante. Hay bardos, por supuesto, maravillosas mujeres, aprendices fantásticos, reyes buenos, malos y regulares, espías, asesinos a sueldo (el mismo protagonista), mucha magia, mucha sangre, mucha acción, unas poquillas reflexiones filosóficas y políticas bastante atinadas… Todo lo necesario para quedar enganchado desde la primera hasta la última novela.

Que son siete. A saber: El último deseo, La espada del destino, La sangre de los elfos, Tiempo de odio, Bautismo de fuego, La torre de la golondrina y La dama del lago.

Pero por encima de todas las habituales características de la literatura fantástica, yo recalcaría el humor y el divertido manejo del lenguaje, presentes casi en cada página. Habría que hacer un monumento a los buenos traductores, tales como el de esta saga o el de la Canción de Hielo y Fuego, pues hacen un trabajo tan vital como excelente. Me tienen asombrado.

Unas poquillas citas bastarán para percibir el aroma del conjunto.

Sonoridades por completo innecesarias, por completo disfrutables:

¡Adelante, nobles señores, al galope! ¡Cabalgaremos a la zerrikana, con lelilíes y estruendos!

Lo del “troll serrano” es un hallazgo del traductor, no lo puedo entender de otra manera.

… tenía una colección todavía más curiosa, que incluía hasta un falo de proporciones nunca vistas, al parecer procedente de un troll serrano.

El bardo también tiene cosas que decir.

Soplaba la brisa de otoño perfumada y con el viento huía el sentido de las palabras. Así ha de ser, no pueden cambiar nada los brillantes en la punta de tus pestañas.

Y una frase con un poco de todo, ironía, imaginación, poesía y un final en gloriosa estampida.

Habló del País de Bar, donde una estúpida costumbre obliga a las doncellas a guardar su virtud hasta que contraigan matrimonio, de los pájaros de metal de la isla de Inis Porhoet; del agua viva y el agua muerta; del sabor y extrañas propiedades del vino de zafiro, llamado cill; de los cuadrillizos reales de Ebbing, horribles rapazuelos importunos llamados Putzi, Gritzi, Mitzi y Juan Pablo Vassermiller.

Ya saben ustedes lo que me gustan las palabras. Si además las novelas en cuestión son inteligentes y divertidas, ¡para qué más! Recomiendo esta saga sin ninguna reserva.

Por cierto, la foto corresponde a un videojuego de mucho éxito basado en las aventuras de nuestro Geralt. Se hizo una película también, pero el autor abomina de ella, o sea que mejor me callo.

Alberto Arzua

El ocupante – Sarah Waters

La escritora galesa Sarah Waters asombró al mundo con sus novelones de estilo clásico y tema lésbico. El lustre de la perla, Falsa identidad y Ronda nocturna son obras de una calidad indudable, muy disfrutables y con un sutil toque modernista que las hace irresistibles.

Con estos antecedentes me las prometí muy felices cuando me prestaron el libro que nos ocupa, El ocupante, a pesar de su título y explícita portada, que no hacen presagiar nada especialmente original. Por cierto que el título en inglés, The little stranger, tampoco mejora las cosas.

Así que me dispuse a leerla con toda la ilusión del mundo. Resulta que hay un médico rural y una vieja mansión con sus cuatro ocupantes (madre, hija, hijo y criada). Resulta que en la casa pasan cosas raras, truculentas y misteriosas. A todo esto yo ya iba por la mitad y estaba planteándome abandonarla porque las historias de fantasmas me repelen. Pero seguí leyendo y siguieron pasando cosas raras, truculentas y misteriosas (muy pocas, por cierto). Y así hasta el final, que no aclara nada, faltaría más, con lo moderno que quedan los finales abiertos. 530 páginas.

Resumiendo, esta novela es un bodrio, un aburrimiento, un coñazo de principio a fin. Estoy muy disgustado por haber perdido el tiempo leyendo este engendro innane. Y no tengo nada más que decir.

Alberto Arzua

Dune – Frank Herbert

Algunos dicen que este libro, publicado en 1965, es uno de los grandes hitos de la ciencia ficción (léase futurista). Otros opinan que se trata de un tostón insoportable. Lo cierto es que estamos ante una de las novelas más vendidas de la historia. ¿Este dato presupone algo acerca de su calidad? En absoluto, pero he de decir que a mí me ha gustado. De hecho he disfrutado como un enano, sobre todo en su primera parte.

Esta es la típica obra épica, muy épica, que tanto atrae a los aficionados al género fantástico (y a los grupos heavy metal, ya puestos), enraizado en la cultura new age y trufado de todo lo que esto implica: misticismo, ecología, ciencia ficción… Hasta aquí ninguna especial originalidad, pero resulta que la dimensión heroica de esta novela es brutal, mayúscula, hiperdimensionada. O aceptas los múltiples desarrollos técnico psicológicos del complejo y detallado artefacto espacio temporal diseñado por Herbert… o le mandas a freír espárragos, como es natural.

Pero si te limitas a quitártelo de encima mediante tan grasiento truco culinario, te perderás lo mejor de este largo relato, la tremenda diversión que destila a raudales al leerlo como un simple libro de aventuras. Y no están los tiempos como para desdeñar aventuras y aventuras y más aventuras, personajes y personajillos y personajotes magníficos, imbricaciones y complicaciones y resoluciones sorpresa, ideas estupendísimas, origínalísimas, amores y batallas, buenos y malos, evolución de almas y hechos… Vamos, todo lo que forma la base de una buena novela, de una novela de disfrute y enganche. Por lo menos en toda su primera parte.

En la segunda parte se demora en exceso describiendo religiones, tecnologías y pensamientos profundos. Es el precio que tienen que pagar, al parecer, los escritores de ciencia ficción, que se meten tanto en el mundo que han creado que se trasforman en frikis de sí mismos… y te explican sus ideas por delante, por detrás y por la izquierda. Y te argumentan por la derecha y por el centro. Y te aburren un poquito. Sólo un poquito.

Porque siguen sucediendo cosas, por supuesto, continua la juerga argumental con idéntico entusiasmo, se lo sigue uno pasando bien… pero como un poquitín frenado. Me he enterado de que existen varias continuaciones de esta macronovela. Cómo no, el hombre no paró de imaginar su megamundo hasta que la palmó, no lo podía evitar. Pero no sé por qué me temo que incidirá en teorías varias, intentando redondearlo todo (manía de friki) y dejando menos espacio a los sucesos. O a lo mejor no. Ojalá no.

Un último comentario antes de pasar brevemente a las citas. Uno de los mayores logros argumentales, desde mi punto de vista, es el de que el grupo de presión que se atisba siempre por encima de héroes y emperadores, y de quien no se nos da mucha información, resulta ser una tal Cofradía, que viene a representar el poder económico regido por una especie de humanos mutados. Vaya con los banqueros. Estarán ustedes conmigo en que tiene su intríngulis la cosa, y no creo que mucha gente se haya percatado de ello.

Artículos para gordos.

Los sutiles movimientos de sus protuberancias bajo los pliegues de su oscura ropa revelaban que sus grasas estaban sostenidas parcialmente por suspensores portátiles anclados a sus carnes.

Expresiones elegantes y originales

Las llanuras funerales

Comparaciones para releer lentamente.

Miró su elevada estatura, su piel oscura que le recordaba el verde de los olivos bajo un sol dorado reflejado en un agua azul.

Curiosa visión religiosa

La religión debe seguir siendo un medio que permita a la gente decirse a sí misma: “No soy el tipo de persona que querría ser”.

Tecnología de la época de Super Agente 86.

Cono de silencio: campo distorsionador que limita el poder de difusión de la voz o de cualquier otra vibración mecánica, sofocando las ondas con una contravibracion desfasada en 180 grados.

ver también
Dune – Frank Herbert / David Lynch
Notas entre capí­tulos de la saga DUNE, de Frank Herbert

Alberto Arzua

Anatema – Neal Stephenson

Este es el último libro publicado en español de uno de los pesos pesados de la ciencia ficción. No soy un lector especialmente adicto a la ciencia ficción, por lo cual el fiel aficionado al género haría bien en no seguir leyendo lo que yo sigo escribiendo. Manténgase cada cual en su realidad paralela.

Lo que más me atrae de la ciencia ficción es la ficción. La ciencia en sí no es que me la traiga exactamente al pairo, pero una sobredosis dentro de una novela me resulta incómodo, molesto e innecesario. Algo de esto sabe Julio Verne, que se empeñaba en describirnos plantas, animales o formaciones rocosas en párrafos y páginas infumables que los habituados saltábamos con precisión funambulista. El francés, por cierto, aparece genealógicamente en esta obra.

¿Este Neal sabe mucho y lo quiere demostrar? Algo de eso hay. ¿Este Neal tiene un importante cacao mental? Así me lo parece, pues mezclar el platonismo (filosofía viejuna como pocas) con los bits puede que esté de moda (“metafísica computacional” dice que se llama), pero me parece una sinsorgada propia de la New Age más pseudocientífica.

Sinsorgada. En proto-bilbaino: chorrez. En bilbaino antiguo: frase insustancial. En bilbaino medio: actitud de poca formalidad. En bilbaino práctico: acción torpe y aparatosa. En nuevo bilbaino: melonada.

¿Este Neal es un buen escritor? Pues según. Escribe correctamente, tiene ideas francamente originales y hasta divertidas, pero su manera de trasladarlas no resulta muy interesante que digamos. Vamos, que yo no daba botes de alegría cada vez que retomaba la lectura de Anatema.

Resumiendo, que esta novela me ha resultado aburrida y pesada. Con trozos luminosos, sí, pero que no me merecen la pena entre tanto fárrago teórico. Les avisaré a ustedes que el tal Neal utiliza habitualmente un lenguaje propio, lo que al parecer le otorga un caché de exquisito, pero que a mí se me antoja plúmbeo y pretencioso. ¿A qué viene llamar “sures” a las monjas, en vez de “sores”. Él sabrá. A lo que hoy en día conocemos por “la red”, o sea, Internet, la llama “la retícula”. A los santos les denomina “santes” porque, explica, esto viene del “Problema del tallador vago”, que redujo la longitud de la palabra sapiente a “sante” o “st”. O sea que los santos son listos. Esta última “gilypollez” (palabra también inventada por Neal; no he encontrado su versión original en inglés, si alguien la sabe, le agradecería que me la comunicara) no deja de tener su gracia. Y la gracia se agradece en esta novela porque la mayor parte de los chistecillos son típicos yankees de comedia de situación.

Dos cositas más. Una, este Neal tiene un problema con el asunto de quedar mal ante los demás y con el sentimiento de vergüenza en general, como se revela casi en cada conversación. Dos, su descripción de temas amorosos o sexuales es ridículamente torpe.

Y vayamos ahora con las citas.

Elegante descripción de un suelo:

Su suelo de piedra, 2300 años más antiguo que el suelo de la Nueva Biblioteca, era tan liso bajo la planta de mis pies que apenas podía sentirlo. Podría haber encontrado el camino con los ojos cerrados, limitándome a dejar que mis plantas leyeran los recuerdos grabados en el suelo por los que habían pasado por allí antes que yo.

Curiosa descripción de un coro cantor:

La irregularidad de las voces era música en sí misma.

Todavía más curiosa percepción de la coquetería femenina:

Estimé que tendría unos treinta años, aunque las mujeres de extramuros se arreglaban el pelo y la cara de una forma que hacía difícil estimar esas cosas; pensándolo mejor, era una de veinticinco arreglada.

Hablando de “connubio”, un latinajo sin retocar que utiliza para referirse a la relación sexual, suelta la siguiente… ¿ironía? matrimonial:

El número es casi siempre dos. La configuración habitual es que uno sea un fra y el otro miembro una sur, de edad similar.

Los que no tienen su nivel intelectual (traduzco: no piensan como él en materia científica), son lerdos:

Leyendo sin interés la siguiente línea de tecnogilypollez…

Retazo de lucidez:

Dado que el único propósito del Libro era castigar a sus lectores, cuanto menos se diga, mejor.

Frase típica. ¿Usted se la tragaría de merienda?

La metateorética pura merecía el apoyo secular. A mí me parecía evidente que estaba empleando la Trascuestación Hipotroquiana para afirmar que la metateorética pura sería la única ocupación de aquel Mensal, con lo que no estaba nada de acuerdo

Otra:

¿Hay sistemas de Insensatez Artificial en las Ecologías Desenfrenadas de Botnet Huérfana?

Una de risas para aquellos que entienden “orto” como se suele entender “orto”…

Rojos para el orto, azules para el flújico. Me metí uno rojo en el oído…

Una explicación de historia ficción que aclaro primero. “Avotos” son los monjes guardianes del conocimiento. “Cenobio” es sinónimo de monasterio. “Praxis” es la práctica. Con tal de liarla…

Hace tres mil setecientos años encerraron a los avotos en los cenobios por miedo a su capacidad de cambiar el mundo por medio de la praxis.

Momento de lucidez un tanto fascistoide:

El método poético es una característica del cerebro, un órgano concreto o una facultad, que posees o no posees. Y aquellos que la poseen están condenados a una guerra interminable con aquellos que no la tienen.

Al final del libro, en las denominadas Referencias, el tal Neal comenta:

Dado que mi objetivo ha sido escribir una novela interesante y no realizar una investigación filosófica seria…

Ante lo cual no tengo nada más que decir. Les aseguro a ustedes que me gustaría que me gustara este autor, pues ha escrito muchos libros y muy gordos (algo se me ha pegado en este largo comentario). En cuanto me desintoxique un poco a lo mejor pillo alguna otra novela siempre que se me asegure que no me dormiré en el intento. Dicen que tiene alguna histórica. Veremos…

Aunque el hábito no haga al monje he preferido poner una foto del autor como ilustración en vez de la tradicional portada. Ustedes sabrán ver el por qué.
Alberto Arzua

The Giver. El Dador de recuerdos / Lois Lowry

Jonás es un niño que vive en una Comunidad, para ser más exactos en una Unidad Familiar.
Dentro de poco será la ceremonia de Diciembre y pasará a ser Doce, entonces le asignarán una labor que tendrá que cumplir hasta que pase a ser anciano.
Los meses previos a la ceremonia su vida es siempre igual; va a la escuela, llega a casa, hace sus horas de labores voluntarios, vuelve a casa, cena, cuenta sus sentimientos del día…
Por fin llegó el esperado día de la Ceremonia, a su hermana Lily le dieron una chaqueta con unos pequeños bolsillos, símbolo de que ya tiene edad para responsabilezarse de sus pequeñas cosas.
Después le tocó el turno a él, el Comité de Ancianos asignaba las labores a casa uno de los nuevos Doce, pero cuando le llegó el turno a él le saltaron…
Finalizada la asignación de labores le llamaron y le seleccionaron para uno de los trabajos más importante de la Comunidad; aunque él entonces no lo entendía…

Patricia Clemente