Archivo del Autor: Alberto

Plaga de palomas – Louise Erdrich

UNA APROXIMACIÓN A LA LITERATURA ESCRITA POR MUJERES

Plaga de palomasAntes de leer este libro mis aproximaciones a la literatura actual escrita por mujeres no habían tenido un final muy feliz que digamos. Dejando aparte a algunas magníficas escritoras de “género” (policiaco, juvenil, histórico, ciencia-ficción…), los pesos pesados femeninos de la pura creación literaria nunca han llegado a emocionarme en forma similar a como lo hacen mis numerosos autores de cabecera. ¿Por qué? Después de leer esta novela me ha surgido la necesidad de planteármelo.

Pero antes que nada, ya que esto promete —o amenaza— con alargarse, un pequeño comentario: me encanta el título. Plaga de palomas. Como buen aficionado a la musicalidad, sonoridad y ritmo de las palabras, me parece escuchar en estas tres, tan sencillas, el aleteo de unos pájaros asustadizos, el revolar de una multitud de cuerpecitos, y hasta el silencio que sigue a un disparo, en forma de plumas cayendo muy despacio, como columpiándose. El título original, “Plague of doves”, curiosamente guarda en sí el mismo genio sonoro pero con una diferente sensibilidad, tal y como como corresponde a otras gentes y a otro idioma. El español, más de tambor, el inglés, más etéreo, más suave, pero igualmente exquisito. Y lo más curioso es que la traslación se podría haber hecho sin saber inglés, con un diccionario en la mano, palabra a palabra o, peor aún, mediante la desesperante traducción automática del “gúgol”. Divertida casualidad.

Sigamos a lo nuestro. Considero bastante probable que, tras leer el primer párrafo, cierto sector femenino haya sentido en sus adentros el rebrotar automático de la infame palabra-acusación “machismo”. Y claro, como buen macho, yo me rebelo. ¿Machista yo? ¿Un ser racional totalmente convencido de la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Qué tontería es ésa? Esto, unido a mi aversión por los estereotipos y lo políticamente correcto, me llevaría normalmente a despreciar olímpicamente tal acusación con un ligero gesto de desdén… Pero ya digo que este libro me está obligando a frenar y a mirar más despacio…. y más adentro.

Al iniciar la lectura de un libro escrito por un autor para mí desconocido, lectura siempre sugerida por algún tipo de recomendación, no me fijo ni mucho ni poco en las circunstancias personales del escritor: me resultan indiferentes el sexo, la edad, la nacionalidad… Al leer sólo pretendo disfrutar con la excelencia del genio del autor. Dicho más claramente: soy un fanático de Céline a pesar de sus execrables opiniones pseudopolíticas. Si la literatura de una mujer me hiciera vibrar tanto como la de, por ejemplo, Coetzee, yo sería el primero en manifestarlo a los cuatro vientos. Prejuicios cero, se lo aseguro, abriré un libro escrito por una mujer tantas veces como su recomendación me haya despertado la curiosidad. Me encanta descubrir nuevos placeres.

Si bien esto es cierto, también lo es el que nunca haya gozado por completo con una obra de creación literaria escrita por alguna mujer. Excepción contemporánea que ahora me viene a la mente: algunos de los artefactos pergeñados por Amélie Nothomb. Pero volvamos al tema, al machismo inveterado de esta sociedad. Vale, es un lugar común, pero un lugar bastante habitado. Quiero decir con esto que ni hombres ni mujeres estamos libres de participar en cierta medida de los prejuicios heredados del machismo histórico y social, porque está en nuestros genes… digamos educativos. Y se ha metido tan dentro y se ha interiorizado tanto porque no se le ha respondido con una postura crítica y alternativa lo suficientemente potente. El machismo ha dominado, y sigue dominando, el mundo desde el principio de los tiempos y costará dios y ayuda hacerlo retroceder lo bastante como para que las mujeres puedan respirar tranquilas. En este sentido entiendo la postura de las feministas de no pasar ni una, siquiera sutil, manifestación machista, aunque no comparta muchas de sus posturas y, sobre todo, su tempo. De hecho verán ustedes que en este artículo no utilizo el ahora obligatorio “a/o” (que llevado a su lógica extrema nos haría imposible escribir y muy difícil la lectura), ni siquiera el símbolo @, tan fuera de lugar, y que nunca hable de “género” cuando me quiero referir al “sexo”, entre otros muchos pecados. De hecho preferiría que se feminizara todo y que nosotras los hombres y las mujeres nos diéramos una pequeña tregua.

Por lo tanto hay algo en la literatura escrita por mujeres que no me acaba de convencer, pero ese algo no tiene nada que ver con el hecho de que sea una mujer quien lo haya escrito, sino más bien con la manera en que habitualmente (me veo obligado a generalizar) escriben ellas. Me temo que mi problema está aquí, en la diferencia natural entre sexos, tanto física como mental, emocional o espiritual. Si esta afirmación resulta ser aberrante para ciertas feministas, lo siento, podemos discutirlo en otro momento, ahora prefiero seguir partiendo del hecho de que tenemos sensibilidades diferentes, diferentes aproximaciones a los hechos reales, diferente elaboración del pensamiento, diferentes prioridades… No de una manera absoluta, por supuesto, sino en otra clave, con otro tono. Aquí radica, en mi opinión, la diferencia, maravillosa diferencia, que no hace sino enriquecernos a todos. Aquí radica, repito, mi incapacidad para disfrutar plenamente de lo escrito por mujeres: escriben en otra clave. Una clave que puedo ir descifrando con esfuerzo, es posible, o a la que puedo aproximarme potenciando mi parte femenina, es factible, pero una clave diferente que requiere de una aproximación diferente a aquella con la que me suelo acercar a la literatura. Mea culpa.

Y de esto tan evidente, tan tonto cuando se lee de seguido, me he dado cuenta al leer este libro, Plaga de palomas, de la estadounidense Louise Erdrich. Resumiendo la impresión que he sacado de la lectura de esta novela: me parece fantástica, excelente, más que bien escrita, con un total dominio de situaciones y personajes, llevando al lector por donde ella quiere con absoluta brillantez, siempre interesante, reveladora, ágil, plagada de detalles deslumbrantes… No pienso contar ni una pizca de su argumento, nunca me ha gustado que me desvelen nada, tan sólo decir que en este libro hay un artefacto perfecto dispuesto a estallarle en las manos a cualquiera con un mínimo de sensibilidad que se acerque a sus páginas. Esta es una novela, en suma, magnífica, con la que he disfrutado bastante.

¿Sólo “bastante”, no “muchísimo”? Pues no, muchísimo no. La cogía con ganas en los momentos del día que tengo para leer, pero no la retomaba con ansia, no la buscaba hasta cuando tocaba descomer, no la llevaba en el metro para no perder ninguna oportunidad de disfrute, no. ¿Y por qué? Pues creo que porque estoy demasiado acostumbrado a otro tipo de lectura. Y ahora debería llegar al meollo de la cuestión, a las diferencias reales entre ambos tipos de literatura, pero… me cuesta. Lo voy a intentar, de todos modos.

Me cuesta. Me cuesta explicar dónde veo la especificidad femenina a la hora de escribir. No creo que valga con contraponer series adjetivadas, como torpemente y por abreviar he hecho al describir la novela un poco más arriba. No, voy a intentar un ejercicio más arriesgado, que llamaré de literatura-ficción, ya que no dispongo del vocabulario técnico adecuado. Así, procuraré imaginar cómo habría descrito los mismos hechos, las mismas circunstancias y los mismos personajes, un escritor masculino. Cierro los ojos y me concentro.

La primera palabra que me viene a la cabeza es “brusco”. Un hombre lo habría llenado todo de aristas, de sucesos y palabras espectaculares, de comentarios irónicamente lúcidos… de salvas de fogueo por todas partes. El lector habría ido saltando de un personaje a otro, de un sentimiento a otro, como quien participa en una carrera de coches por las calles de un pueblo perdido, llenándolo todo de banderas de colores, frenazos y acelerones. Esta mujer, sin embargo, avanza caminando despacio, con los ojos semicerrados, y no se le escapa ni la cucaracha que acaba de asomar por el alféizar de una ventana. A un hombre avisado quizás tampoco, pero la habría señalado con el dedo haciendo grandes alharacas.

Louise Erdrich se demora en contarnos lo que pasa, como si le pareciera más importante el aire que circula alrededor de los personajes, el ritmo de sus palabras, sus recuerdos y sus motivaciones, que van surgiendo poco a poco… de tal manera que cuando sucede algo no se centra en el hecho en sí, que muchas veces incluso elude describir, sino que prefiere recrearse en todo lo que nos ha llevado a ello. Es evidente que esta aproximación es mucho más… científica, más exacta, puesto que nos informa de lo verdaderamente importante y motivador: lo que sucede en el corazón de las personas (confieso que, en una primera escritura, en vez de “personas” había puesto “hombres”). Y vuelvo a mirar al teórico escritor y pienso que él también escruta el corazón de las personas, y que también nos lo cuenta… pero de otra manera… más a ráfagas… o con un resplandor supuestamente intelectual, que de todo hay.

A lo mejor estoy equivocado en esto que pienso y digo, puede que sean simplezas, análisis sumamente parciales o directamente torpes falsedades, pero a día de hoy es todo lo que puedo aportar. No estoy acostumbrado a esta literatura y el error es todo mío. Intentaré buscar en mí mismo los momentos favorables a una lectura más distendida, dejándome llevar, sin análisis prejuiciosos, aprendiendo poco a poco. Porque mucho es el premio: múltiples nuevas promesas para gozar más de la literatura, una de mis mayores fuentes de dicha.

Y dicho esto me pongo en plan faltón y afirmo que no me gusta nada que me cuenten sueños a porriillo por mucho que los nativos americanos sean tan evidentemente espirituales, y por más que dichos sueños o espíritus influyan en el desarrollo de los hechos. La literatura fantástica, o mágica, o étnica, está muy bien, pero a mí me aburre soberanamente. Soy capaz de entender la poesía tribal o la tan apreciada literatura oral, pero mis intereses estéticos rara vez soportan tanta comunión con la tierra, tanta admiración por lo antiguo, por lo “auténtico”, tanta presunta espiritualidad. Si estamos acostumbrados al sonido de una orquesta está muy bien escuchar de vez en cuando algún tam-tam, sí, pero… muy de vez en cuando… porque no me aporta nada nuevo (estoy simplificando). A mí, por supuesto, que soy muy básico. Hombre tenía que ser.

Recomiendo el libro, por cierto. Fervientemente, sí, ya que ustedes no tienen por qué compartir mis limitaciones.

Alberto Arzua

serie Pendergast / Preston & Child

naturalezamuertaAcabo de acabar de leer los doce libros de la serie de Pendergast. A razón de más de 400 páginas cada uno, hacen… unas 5000 páginas. Por la vena, todos seguidos. Estos asesinos en serie, monstruos, malvados refinadísimos, locos varios, policías de todo pelaje, políticos, científicos trepadores et alea han colonizado mi cerebrito durante varias semanas. ¡Qué pena que se haya acabado! ¿Qué voy a hacer yo sin el agente Pendergast, sin sus argumentos fantásticos (como poco), sin sus chicas hermosas y listísimas, sin sus muertes a porrillo, sin sus museos megalíticos, sin sus cloacas, pasadizos y retortijones varios, sin sus amigos, sin sus toneladas de sangre y crueldad?

Los Preston y Child estos son como una especie de Agatha Chistie modernos: te atrapan de la manera más tonta. Todos sus argumentos merecerían ser guiones de acción de películas norteamericanas, de ésas en las que pasa de todo y no te crees nada pero disfrutas. Entre las novelas las hay mejores y peores pero todas están bien contadas, tienen ritmo y enganchan. El personaje principal es una joyita, una exageración hecha persona. De hecho todo es una exageración tras otra.

A los escritores, muy puestos en todo tipo de temas, tanto científicos como artísticos, a veces, en el fragor de la batalla, se les va la olla y se olvidan de que existen los teléfonos móviles, pero qué más da, viva la juerga.

Recomiendo estos libros a todo aquél que quera deschavetarse con la literatura. Son de esos que se llaman de serie B, pero no vamos a pasarnos toda la vida leyendo a Tolstoi. Se venden en los supermercados, librerías de aeropuerto y otros lugares igual de recomendables. En su página web oficial anuncian que el siguiente libro de la serie Pendergast va a salir el 11/12/2013.

Estos autores, por cierto, han escrito también otras novelas, algunas también a dúo (Me leí una de la serie Jack Reacher que no me gustó nada) y otras en solitario. Me temo que tan sólo han dado en el blanco con el tal Pendergast. Si no es así, ilumíname, amado lector.

Alberto Arzua

Hasta luego, y gracias por el pescado (Guía del autoestopista galáctico 4/5) / Douglas Adams

Este libro forma parte de una serie de cinco que lleva como título Guía del autoestopista galáctico. Yo no tenía de esto ni la menor idea, me lo he leído tal cual, como se lee un libro autónomo cualquiera. Y no me ha gustado ni mucho ni poco, me ha parecido una sosada.

Como ciencia ficción es potrosillo, deslavazado, una única idea y flashes sin coordinar.

Como humor es inglés, sí, pero flojito.

Como novela no lo es, sino una sucesión de eventos marchosillos que no te afectan en absoluto.  Parafraseémosle:

A última hora de la tarde hicieron una excursión a las colinas de Hollywood, por la carretera de Mullholand, y se detuvieron a contemplar el deslumbrante mar de luces flotantes que es el valle de San Fernando. Convinieron en que la sensación de deslumbramiento se detenía inmediatamente detrás de la retina, sin afectar a ninguna otra parte del cuerpo, y se marcharon extrañamente insatisfechos del espectáculo.

Como best seller, no tengo ni idea, así que, en vez de decir más tonterías, acabaré con algunas citas significativas.

El Saab se perdió en la noche. Arthur lo miró alejarse, tan pasmado como podría estarlo un hombre que, tras creerse completamente ciego durante cinco años, descubriera de pronto que simplemente había llevado un sombrero demasiado grande.

 …

Casi bailando, se dirigió al frigorífico, encontró las tres cosas menos peludas que había, las puso en el plato y las miró con atención durante dos minutos. Como en ese período de tiempo no intentaron moverse, las llamó desayuno y se las comió.

Salió la luna con aspecto acuoso. Parecía una bola de papel en el bolsillo trasero de unos vaqueros que acabaran de salir de la lavadora, y solo el tiempo y la plancha revelarían si se trataba de una lista vieja de la compra o de un billete de cinco libras

El viento se removió un poco, como la cola de un caballo que intentara decidir de qué humor estaba esta noche, y en algún sitio unas campanadas dieron la medianoche.

Hombre, es que todo no va a ser malo…

Alberto Arzua

Un libro de Bech / John Updike

Primer volumen de una trilogía (Un libro de Bech, El regreso de Bech, Bech en la bahía) compuesta por relatos habitual y torpemente considerados cómicos. A su protagonista , un escritor judío en horas bajas, se le suele tomar por un sosías del autor. Nada más lejos de la realidad pues ni Updike es judío ni paró de escribir hasta el mismo día de su muerte. Sin embargo la clarividencia con la que analiza su entorno el tal Bech es hija directa de la asombrosa inteligencia y capacidad comunicativa de su creador, uno de mis escritores favoritos, otro más entre tantos y tantos que desprestigian alegremente la institución del premio Nobel.

De John Updike poco nuevo se puede decir. Mejor gozar con algunas citas.

Costumbres rusas

Se disponía a besar a Ekaterina también en la mejilla, pero ella volvió la cara para que sus bocas se encontraran y él se dio cuenta, horrorizado, de que tendría que haberse acostado con ella.

Una bailarina comunista

Su sonrisa, al acabar cada número, combinaba triunfalmente un guiño conspirativo, una sublime humildad y la aturdida felicitación a uno mismo de la euforia postcoital.

Visto desde el avión.

Seis semanas antes, cuando volaba desde Nueva York, Bech había esperado que Moscú fuera su flamígero equivalente y, en vez de eso, vio, a través de la ventanilla del avión, una madeja de luces amontonadas no más brillantes, en aquella inmensa llanura negra, que el cuerpo de una joven en una habitación a oscuras.

Detalle en medio de una conversación

El presidente se aclaró la garganta suavemente y levantó su copa de la mesa un par de centímetros, de manera que formó con su reflejo una especie de naipe.

Un origen cualquiera del amor

En un momento dado, la profesora, una vieja y amorfa dama ucraniana con caninos de oro… había ejecutado una rápida serie de piruetas con tal orgullosa facilidad que todas las chicas, que se repartían como cervatillas a lo largo de la pared, habían aplaudido. Bech las había amado por eso.

De cómo una campesina recuerda a una poetisa.

Detrás de ella, ora escondiéndose entre sus faldas, ora escapándose a la carrera, andaba su hijo, un niñó de no más de tres años. Al pequeño le seguía fielmnente de un lado a otro un cerdito blanco, que se desplazaba, como hacen los cerdos, de puntillas, con cambios de dirección llamativamente bruscos. Algo en aquella escena, en la franca alegría de la amplia sonrisa de la mujer y el modo natural como el pelo se le apartaba de la cabeza, algo en la bruma de la montaña y en la hierba descuidada y esponjosa en la que había empezado a formarse escarcha por la noche, evocaba para Bech una ausencia sin nombre a la que estaba vinculado, como un caballo a un prado, la imagen de la poetisa, con su cara despejada, sus bonitas piernas, su ropa parisina, y su esmeradamente cepillado cabello.

Intereses (dis)pares

… al agachar más la cabeza y apretarse los ojos con las palmas de las manos, las solapas se separaron y sus pechos colgaron lustrosos ante los ojos de Bech. Intentó encontrar unas palabras de consuelo, pero sabía que ninguna sería lo bastante consoladora salvo “Cásate conmigo”.

Clarividente depresión

Su miedo, como una fiebre o una humillación profunda, desnudaba la belleza velada de las cosas. Sus ojos apagados, depurados del sano egoísmo, descubrían una asombrada ternura, como el susurro de una virgen, en cada ramita, nube, ladrillo, guijarro, zapato, tobillo, montante de ventana o matiz de cristal de botella en una remota colina.

¡Y que siga deprimido y que siga comparando!

…alzó la mirada hacia las cumbres… y la grandiosidad del teatro… aumentó la dolorosa acumulación de miedo que le resultaba tan difícil de desalojar y llevaba tan adentro como una elástica esposa joven lleva en su vientre su primer fruto.

De mujeres y de nosotros

Todo se debió a su empeño en dejarse hechizar y a que se autoengañó al ver a las mujeres como deidades, ídolos cuya joya no estaba engastada en el centro de sus frentes sino entre sus piernas, con otra añadida entre los labios y más pares esparcidos por todas partes, de los tobillos a los ojos, a lo largo de sus formas adorables y extrañas.

Paréntesis

A su vez, Bech había tomado a Goldschmidt por uno de esos hombres hechos a sí mismos que han pagado el precio (por no dejar que Dios los hiciera) de pequeños defectos, como sordera interna y neuralgia constante.

Alberto Arzua

Fantasmas / Chuck Palahniuk

Este es un escritor con unas condiciones prodigiosas para la literatura. Su dominio de la técnica es extraordinario, así como su originalidad, capacidad inventiva, brillantez descriptiva, detallismo, humorismo… Un genio nato, sí señores.

Sin embargo, en mi opinión, este genio está bastante echado a perder por culpa de su afán de llamar la atención a todo precio, de sorprender, de asustar, de dar asco… Porque esta novela da asco, pero un asco muy asqueroso.

Yo solo tenía la referencia de la película “El club de la lucha”, basada en una novela suya, y eso ya me tenía que haber puesto sobre aviso. Porque el argumento de la peli me pareció una tontería pretenciosa y voluntariamente desagradable, con un pretendido trasfondo filosófico muy apropiado para jóvenes botelloneros desinformados.

Pero me sumergí en este libro, a ver qué tal, y las primeras… 40 páginas me parecieron excelentes. Las disfruté muchísimo, me reí y admiré al escritor y me dije, qué mal pensado eres, chaval, este tío es estupendo.

Pero seguí leyendo y empezaron a aparecer los fantasmas de Pallahniuk, a saber, burradas gratuitas, explicaciones sinsorgas, más burradas, desmembraciones, tripamientos, agonías, torturas, automutilaciones… en fin, toda una serie de estupideces gore que iban en progresivo aumento. Y no me gusta el mal rollo. Punto pelota, como dicen quienes se quedan sin argumentos. No me gusta sufrir ni que me cuenten detalladamente los sufrimientos de otros que, supuestamente, se lo pasan bomba con el dolor. Que te den.

Pero hay algo curioso en este libro, y es que, tal y como está estructurado, cada tres capítulos viene un “relato” que se deja leer sin supurar mucha sangre. Recomiendo que, si lo tienen a mano, se lean los relatos y se salten el meollo. Es lo que yo he acabado haciendo. O sea que confieso estar hablando de un libro sin habérmelo leído entero. Faltaría más. Entre los relatos estos, por cierto, hay cosas muy estimables.

Resumen: lo recomiendo a trozos.

Alberto Arzua

Bullet Park / John Cheever

Cheever está considerado como uno de los mejores cuentistas norteamericanos. Sin embargo este libro es una novela, y una novela superlativa. El ambiente es el que ya conocemos los fanáticos de la buena literatura yanki contemporánea: barrio residencial, jardines, barbacoas, familias normales (es decir, raras), relaciones comunes (es decir, curiosísimas), introspección leve y profundísima… El argumento es suave y explosivo. El estilo es como si decenas de cuentos se juntaran solazándose. Cañero.

Algunas citas

La primera, larga y de final glorioso.
Ella… seguramente destacaría en todos sus papeles: ardiente, despierta, prudente y afectuosa. El matrimonio parecía inventado para las de su clase… Alguien… lo habría catalogado a él como el típico hombre que, en la cúspide de la perfección, es descubierto como el autor de un desfalco de dos millones de dólares en las cuentas que le han sido confiadas, para financiar la práctica de sus salvajes y antinaturales apetitos sexuales y los chantajes derivados. El mismo crítico habría visto en ella a una mujer aburrida, vengativa y bebedora clandestina de jerez, que sueña todas las noches con darse al libertinaje con un harén de hombres. Pero a Nailles, en aquella mañana lluviosa, le parecieron invencibles. Su honor, su pasión y su inteligencia eran genuinos. Sus vidas no estarían exentas de riesgo, pero ellos aportarían a sus decepciones y a sus éxitos una forma inmutable de sentido común.

La segunda, de severa presencia.
Se afeitó, se bañó, se dirigió al lado de la cama de Nellie y, cogiéndola entre sus brazos pensó que parecía una mujer mucho más joven de lo que él sabía que era. Era como si en su amar y ser amados hubiesen contenido la acumulación del tiempo, como si sus cualidades más bajas, como una severa presencia, se hubiesen ausentado durante más o menos una hora, dejándoles libertad para solazarse y juguetear.

La tercera, con manta de lana
¿Sabes qué, papá?… Voy a dejar el colegio. Me pillo con la guardia baja. Me quedé estupefacto. La idea nunca se me había pasado por la mente. Lo primero que pensé fue que no debía perder los estribos. Tenía que ser razonable, paciente y todo eso. El chico sólo tenía diecisiete años. Compuse un personaje razonable y paciente, como el personaje de una obra de teatro, e intenté atenerme al papel. En realidad, me sentía como si la paciencia fuera una enorme manta de lana con la que yo me envolvía, pero que no dejaba de caerse.

Y, en la cuarta, alguien tiene que observar el mundo
Arces, abedules, tulipaneros y robles. ¿De qué le sirve ese conocimiento a él o a su hijo? Alguien tiene que observar el mundo. El constante crepúsculo parece una nota sostenida, perfecta en su tono.

Dicen que este tipo tan exquisito ha escrito más novelas: Esto parece un paraíso, Falconer, La geometría del amor… ¡A por ellas!

Gloria / Vladimir Nabokov

Resulta que un fanático de Nabokov se encuentra con una novela escrita en sus años rusos (véase Berlín), y que esa novela se llama Gloria y que ese fanático soy yo. Imaginen ustedes mi alegría y disculpen mi falta de objetividad.

Vladimir Nabokov es, en mi opinión, el mejor estilista de la literatura del siglo XX. Quizá no el mejor novelista (aunque ha escrito algunas novelas inmejorables), pero sí el mejor escritor, alguien en quien mirarse todo aquél que pretenda escribir algo decente (como un dramaturgo lo haría con Shakespeare, vamos). Y como ya ha quedado clara mi opinión y no tengo ganas de dilatarme, paso a las citas.

Atención, lo siguiente no significa que Vladimir sea machista (tampoco es pedófilo)

… mucho tiempo después Martin se mostraba receloso ante cualquier libro escrito por una mujer, porque sentía que, aun los mejores, respondían al deseo inconsciente de alguna dama madura y tal vez regordeta de adoptar un nombre bonito y acurrucarse en un sofá como una gatita.

 El prota, de niño, empieza a leer libros poco convencionales. Y despierta.

¿Pero qué podía importar entonces de dónde provenía el suave impulso que incita el alma al movimiento y la echa a andar condenándola a no detenerse nunca?

 Explicación típicamente nabokoviana de un arrepentimiento en medio de una frase.

Mientras que, por otra parte, si regresamos a San Petersburgo… continuó en tono de pregunta, pero en alguna estación anónima explotó una bomba y la locomotora tuvo que retroceder. Probablemente todo esto termine algún día –agregó tras una pausa. Mientras tanto debemos pensar en algo.

 Un hecho común.

La ávida, desenfrenada imaginación de Martin, siempre había sido incompatible con la castidad.

 Fantasías y estadísticas.

…y cualquier persona con mucha imaginación tiene fantasías proféticas de vez en cuando: tal es la estadística de las fantasías.

 Los novios juegan a inventar un país, Zoolandia, y Nabokov describe el miedo a la vergüenza.

… desde ese día condescendió ocasionalmente a jugar a Zoolandia con él, pero a Martin lo atormentaba la idea de que ella pudiera estar mofándose en secreto y en cualquier momento le hiciera dar un paso en falso, impulsándolo hacia el límite en que la fantasmagoría pierde su gracia y se sacude al sonámbulo para que vea el borde del techo sobre el que está oscilando, su andariega camisa de dormir, la gente que lo mira desde la acera, los cascos de los bomberos.

Pues eso, si son ustedes buscadores de perlas, éste es un buen libro para bucear.

Alberto Arzua

Rock Springs / Richard Ford

Hay gente chalada por la literatura que lee en cualquier momento y lugar: comiendo, descomiendo, viajando, lavándose los dientes… cada uno conoce su perversión favorita. Pues bien, a este tipo de gente y a otros que gustan de leer a  poquitos, les recomiendo que lean CUENTOS (también se suelen llamar relatos, por no confundir con los infantiles). En diez minutos o media horita ya has disfrutado de un artefacto literario completo. Y los hay muy buenos, buenísimos, geniales, maravillosos.

Estos relatos de Richard Ford, magnífico autor de novelas (El periodista deportivo, Incendios, El día de la independencia…) entran dentro de la categoría de “buenos”. ¡Para qué más! Son relatos de perdedores, más o menos simples, a quienes el escritor otorga su voz, para que, a través de ellos, comprobemos cómo nosotros mismos somos, también, más o menos simples. Filosofías aparte, se trata de unas historias muy disfrutables, ligeramente optimistas y con un poso de candidez que las hace especialmente atractivas. No llega al nivel de Raymond Carver, pero ni falta que hace.

Y, antes de que ustedes lo pasen bien, una pequeña y curiosa reflexión fordiana:

Cuando se llega al terreno de las discusiones, ha quedado ya atrás la posibilidad de lograr que alguien cambie de opinión, aunque suela pensarse que es justo lo contrario, y tal vez lo sea para cierto tipo de gente, pero nunca con la gente que yo trato.

Alberto Arzua

La literatura nazi en América / Roberto Bolaño

La muerte prematura de este hombre, a los 50 años, ha sido una desgracia para la literatura mundial, ya que nos privó de un enorme talento literario. Sus novelas más conocidas, Los detectives salvajes y 2666, son dos exquisitas obras de arte de la narrativa moderna. Su manejo del lenguaje, su originalidad, su sentido del humor, su insultante inteligencia sudamericana, su sacerdocio literario, sus prodigiosas dotes… nunca nos dejarán de asombrar y siempre serán fuentes de placer para lectores de todos los tiempos.

Esta novela que nos ocupa, La literatura nazi en América, es especialmente divertida. Yo he soltado más de una carcajada. Está planteada como un listado borgiano (se le ha comparado con Borges; desde luego, en este libro, las similitudes son evidente) de personajes imaginados, pero con todas las posibilidades de ser reales. De hecho mezcla realidad con ficción constantemente y yo reconozco que muchas veces no sé dónde está la frontera, lo que hace al asunto mucho más hilarante.

El libro consta sencillamente de una serie de biografías de personajes marginales, todos con veleidades literarias, todos con aberrantes ideales derechosos. Nos haremos mejor una idea si consigno aquí un par de inicios de esas vidas:

Silvio Salvático (Buenos Aires, 1901-Buenos Aires, 1994)

Entre sus propuestas juveniles se cuenta la reinstauración de la Inquisición, los castigos corporales públicos, la guerra permanente, ya sea contra los chilenos o contra los paraguayos o bolivianos como una forma de gimnasia nacional, la poligamia masculina, el exterminio de los indios para evitar una mayor contaminación de la raza argentina, el recorte de los derechos de los ciudadanos de origen judío, la emigración masiva procedente de los países escandinavos para aclarar progresivamente la epidermis nacional oscurecida después de años de promiscuidad hispano-indígena, la concesión de becas literarias a perpetuidad, la exención impositiva a los artistas, la creación de la mayor fuerza aérea de Sudamérica, la colonización de la Antártida, la edificación de nuevas ciudades en la Patagonia.

Fue jugador de fútbol y futurista (…)

Luiz Fontaine da Souza (Río de Janeiro, 1900-Río de Janeiro, 1977)

Autor de una temprana Refutación de Voltaire (1921) que le valió elogios en los círculos literarios católicos del Brasil y la admiración del mundo universitario dada la vastedad de la obra, 640 páginas, el aparato crítico y bibliográfico y la manifiesta juventud del autor. En 1925, como para confirmar las expectativas creadas por su primer libro, aparece la Refutación de Diderot (530 páginas) y dos años después la Refutación de D’Alembert (590 páginas), obras que le colocan a la cabeza de los filósofos católicos del país.

En 1930 se publica la Refutación de Montesquieu (620 páginas) y en 1932, Refutación de Rousseau (605 páginas).

En 1935 pasa cuatro meses internado en una clínica para enfermos mentales en Petrópolis.

Ustedes la gocen bien. Yo ya estoy en trámites de conseguir toda la obra de este genio.

Alberto Arzua

Algo va mal / Tony Judt

Este historiador británico dictó poco antes de su muerte en 2010 esta especie de testamento político. La lucidez que transmite este ensayo por todos sus poros lo hace indispensable para todo aquél a quien le interese entender el mundo en el que vivimos, especialmente a la luz y a las sombras de la actual crisis global. Resumiendo, lo que Judt plantea es que se nos ido la olla con el afán de crecer y tener más, mientras que hemos perdido los referentes reales de una verdadera vida en común. Ni más ni menos.

Tony Judt no piensa que de ésta vayamos a salir solamente aplicando ésta o aquella receta económica, ni mucho menos, sino que se trata de replantearnos nuestros objetivos como sociedad. En “Algo va mal” analiza con una brillantez tan sólo al alcance de los historiadores anglosajones, los principales hechos históricos del siglo XX y su influencia en la economía, en las relaciones sociales y en el propio pensamiento político. Las lecciones que nos enseña y su manera de explicar las cosas convierten a este volumen en una joya de lectura obligada, una lectura, por otro lado, cómoda, amable y muy enriquecedora.

Para un resumen más exhaustivo de las propuestas del ensayo, pueden ustedes acudir sin reparos a este artículo de Josep Ramoneda en El País.

Por mi parte prefiero que ustedes lean de primera mano algunos fragmentos del libro.

Los pobres votan en mucha menor proporción que los demás sectores, así que penalizarlos entraña pocos riesgos políticos: ¿eran tan “difíciles” esas decisiones? Actualmente nos enorgullecemos de ser lo suficientemente duros como para infligir dolor a otros.

La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva. John Stuart Mill.

En toda Europa las ligas de fútbol se han convertido en superligas millonarias para un reducido grupo de clubes privilegiados, mientras que los demás se quedan muy atrás, atascados en su pobreza e irrelevancia.

Si no respetamos los bienes públicos; si permitimos o fomentamos la privatización del espacio, los recursos y los servicios públicos; si apoyamos con entusiasmo la tendencia de la joven generación a ocuparse exclusivamente de sus propias necesidades: no debería sorprendernos una disminución constante de la participación activa en la toma de decisiones públicas. (…) Se ha generalizado la sensación de que como “ellos” harán lo que quieran en cualquier caso -al tiempo que sacan todo el beneficio personal posible- por qué habríamos de perder el tiempo “nosotros” en tratar de influir en sus actos.

…Una tercera respuesta –“¡Derroquemos el sistema!”- está desacreditada por su insensatez intrínseca: ¿qué partes de qué sistema y a favor de qué sustituto económico? Y, en cualquier caso, ¿quién va a derrocarlo?

…interpretar el siglo XX como una parábola del socialismo frente a libertad o comunismo frente a capitalismo es engañoso. El capitalismo no es un sistema político; es una forma de vida económica, compatible en la práctica con dictaduras de derecha (Chile bajo Pinochet), dictaduras de izquierda (la China contemporánea), monarquías socialdemócratas (Suecia) y repúblicas plutocráticas (EEUU).

… los políticos de hoy evitan la impopularidad a cualquier precio. En gran medida los dilemas y deficiencias del Estado del bienestar son consecuencia de la pusilanimidad política más que de la incoherencia económica.

No es probable que muchos “legos en la materia” se opongan al ministro de Economía o a sus asesores. Si lo hicieran, se les diría –como un sacerdote medieval podría haber aconsejado a su grey- que son cosas que no les incumben. La liturgia debe celebrarse en una lengua oscura, que sólo sea accesible para los iniciados. Para todos los demás, basta la fe.

…a parte de a las ciencias duras, ¿sigue siendo el “progreso” aplicable de forma creíble al mundo en que habitamos?

… el acceso desigual a todo tipo de recursos –desde los derechos hasta el agua- es el punto de partida de toda crítica verdaderamente progresista del mundo. Pero la desigualdad no es sólo un problema técnico. Ilustra y exacerba la pérdida de cohesión social, la sensación de vivir en comunidades cerradas cuya principal función es mantener fuera a las demás personas (menos afortunadas que nosotros) y confinar nuestras ventajas a nosotros mismos y nuestras familias: la patología de la época y la mayor amenaza para la salud de la democracia.

Si seguimos siendo grotescamente desiguales, perderemos todo el sentido de fraternidad: y la fraternidad, pese a su fatuidad como objetivo político, es una condición necesaria de la propia política.

Las estaciones de ferrocarril (…) no constituyen, por así decirlo, parte de la ciudad que nos rodea, sino que contienen la esencia de su personalidad, lo mismo que llevan su nombre pintado en los letreros. Marcel Proust.

¿Y a qué viene esto de los ferrocarriles y las estaciones? Pues piensen un poco en los aviones y en los aeropuertos, o si no, mejor, léanse este libro. No lo lamentarán.

Alberto Arzua

Trilogía de Deptford / Robertson Davies

Esta trilogía está formada por los libros El quinto en discordia, La mantícora y El mundo de los prodigios. Desde que leí el primero de ellos, hace ya varios años, quedé fascinado por el escritor William Robertson Davies (1913-1995), una eminencia en su país, Canadá, y muy poco conocido por estos pagos. Dediqué bastantes de mis afanes a buscar los otros volúmenes, pero parecía tarea imposible hasta que por fin los encontré, en una biblioteca pública bastante aireada, y vive Dios que he disfrutado con ellos.

Con decir que Robertson Davies es un escritor superlativo ya está todo dicho. Inteligente, divertido, dominador de todos los tercios, original, sorprendente. Plantarse delante de sus páginas significa gozada segura. Lástima que escribiera tan poco. Podría rebozarme detallando sus asombrosas cualidades como escritor magnífico, pero prefiero que hable él mismo. Vayamos pues con las citas.

De LA MANTÍCORA

La psicóloga coprotagonista cita a Ibsen:
Vivir es batallar con los trasgos
en las criptas del corazón y el cerebro
Escribir es en cambio sentarse
y juzgarse a uno mismo

Ricos y pobres
Dios, he visto con claridad meridiana la flagrante grosería de los ricos cuando se autoafirman de ese modo, la he visto incluso en sus manifestaciones más asqueantes, pero puedo jurar por lo más sagrado que el orgullo, el amor propio desmedido de los pobres convencidos de tener pleno merecimiento es punto por punto igual de repugnante.

Masturbación chapucera
Nunca di en pensar que la masturbación fuese a acabar conmigo, ni tampoco ninguna estupidez por el estilo, aunque hice todo lo posible por controlarlo, porque… en fin, porque me parecía algo muy chapucero. Supongo que nunca le eché demasiada imaginación.

Uniformes escolares
Aquellos uniformes en que insistían los colegios como el Obispo Cairncross en aquel entonces eran extraordinariamente reveladores. Si una chica tenía unos buenos pechos, se le notaban perfectamente con aquellas blusas. Y había chicas que tenían una verdadera repisa debajo del mentón. Y las faldas azules eran absurdamente cortas. Dejaban ver unas piernas larguísimas, desde el tobillo hasta medio muslo. Presuntamente tenía que ser un uniforme modesto, que les diera el aspecto de niñas pequeñas, pero una chica guapa, vestida de ese modo, es como un milagro demoledor.

Acerca de la poesía
…había empezado a leer poesía porque el profesor Schwarz me dijo que era una gran alternativa a la química. Si un profesor de química tenía en tan alta consideración la poesía, tenía que ser algo mucho mejor que las pedestres poesías que estudiábamos en clase de literatura del colegio. Acababa yo de empezar a ver que la poesía trata de la vida, y no de la vida normal y corriente, sino de la esencia, del milagro que subyace a la vida misma.

Tras practicar aquello… más a gusto que…
Cualquiera que nos viese habría entendido con toda claridad que no era yo quien dirigía la orquesta. Muy rápidamente concluyó, y me quedé tendido junto a Myrrha, más a gusto que un arbusto.

De EL MUNDO DE LOS PRODIGIOS

Pus laudable
… ha sido una caída estupenda. Pus laudable, diría yo. Veo que vas aprendiendo. No pongas esa cara, es una expresión médica. Ahora ya no se usa, me parece. Pero mi abuelo fue un médico bastante distinguido y la empleaba a menudo. En aquellos tiempos, cuando alguien tenía una herida, no sanaba tan rápido como ahora. Se la vendaban y la sondaban durante unos días para ver qué tal iba evolucionando. Si sanaba bien, del fondo afloraba a la superficie un montón de porquería, que era la prueba de que la sanación iba por buen camino. La llamaban pus laudable.

Consejos para ligar
…nada de tocamientos en el pecho, sino una aplicación psicológicamente precisa de una caricia determinada. Se trataba de colocar la mano con firmeza, pero sin hacer fuerza, en la cintura, por el lado derecho, lo cual era fácil de lograr manteniendo la mano en el bolsillo durante unos momentos antes del acercamiento definitivo. Ese gesto, dijo, producía por lo visto una calidez especial, irresistible, sobre el hígado femenino.

La educación
No es que esté en contra de la educación; para la mayoría de las personas es sumamente necesaria, pero quien vaya a ser un genio hará mejor si evita la educación por completo o si se esfuerza por desprenderse de la educación que haya podido recibir. La educación es para gente vulgar, pues fortalece la vulgaridad. Les hace útiles, cómo no, de una manera normal y corriente.

Hablando de la vida, en general
Todo tiene un aspecto asombroso, sobrecogedor, pasmoso, si uno lo mira con una mentalidad que no esté emborronada y empañada por toda esa mugre mal entendida y peor digerida de las escuelas, los periódicos o cualquier otro batiburrillo de conceptos heredados de cualquier manera. Procuro no juzgar a nadie, aunque cuando me encuentro con un enemigo y lo tengo al alcance de la mano, no estoy libre de soltarle un buen sopapo.

Alberto Arzua

22-11-63 / Stephen King

Primer libro que leo del ínclito Stephen King, maestro del terror y de otras hierbas. Precisamente esta novela pertenece a esas otras hierbas, pues en ella se nos narran las peripecias de un profesor que emprende una serie de viajes al pasado, siempre al mismo punto del pasado, con la intención de arreglar ciertas maldades que por allí se produjeron, a ver si así mejora nuestro presente. Noble intención. Uno de sus principales objetivos estriba en impedir un asesinato que se cometió el día del título (véase portada).

Y le empiezan a pasar cosas al tal profesor. Y descubre maravillado las características del pasado. Y aborrece del humo de cigarrillos que apesta cualquier lugar cerrado. Y se enamora antes de haber nacido. Y esas cosas de la imaginación que suelen bordar los buenos escritores. Porque… ¡Atención!…

Stephen King es un excelente narrador. Excelente, y no quito ni una equis. El libro tiene más de 800 páginas y no te aburres en ningún momento, siempre estás pendiente de lo que va a pasar a continuación. Además, todo lo que sucede es interesante. Incluso la historia de amor donde, a pesar del tópico convencionalismo de la chica perfecta, el autor logra que sueltes alguna lagrimita.

Cuando un libro es bueno, es bueno. Y hay que decirlo. Aunque sea un best seller. Además de deleitarnos con las variadas aventuras de su protagonista, Stephen King se explaya en multitud de opiniones, comentarios y descripciones subjetivas que siempre tienen algún interés. Este tío no tiene un pelo de tonto. Gusta leerle, de verdad.

Como el tema es un poquillo de ciencia ficción sería lógico comparar el juego que le da al viaje en el tiempo con lo que podrían hacer especialistas en tales cuestiones. Pasas parte del libro pensando si no se podría haber exprimido el tema mucho más. Pero luego te das cuenta de que no, de que el Stephen le ha pillado a la cosa de modificar el pasado para modificar el presente (absurda y, por tanto, con infinito juego) el punto justo. Ni más ni menos; lo que necesita su narración. Justo de sal.

Y voy a colocar aquí dos citas de un tono poco frecuente en la novela, muy lindas, para que se vea su amplitud de registros.

Amor mayor.

Mimi y yo pasamos muchas noches agradables en los Candlewood. A veces lo único que hacíamos era ver la tele en pijama antes de acostarnos, pero a cierta edad eso puede ser tan bueno como todo lo demás- -Esbozó una sonrisa llena de tristeza-. O casi. Nos dormíamos escuchando a los grillos. A veces algún coyote aullaba, muy en la distancia, en las praderas de salvia. A la luna, ¿sabes? De verdad que lo hacen. Aúllan a la luna.

El prota está de bajón.

Por un momento todo estuvo claro, y cuando eso pasa uno ve que el mundo apenas existe en realidad. ¿No lo sabemos todos en secreto? Es un mecanismo perfectamente equilibrado de gritos y ecos que se finjen ruedas y engranajes, un reloj de sueños que repica bajo un cristal de misterio que llamamos vida. ¿Detrás de él? ¿Por debajo y a su alrededor? Caos, tormentas. Hombres con martillos, hombres con navajas, hombres con pistolas. Mujeres que retuercen lo que no pueden dominar y desprecian lo que no pueden entender. Un universo de horror y pérdida que rodea un único escenario iluminado en el que los mortales bailan desafiando a la oscuridad.

Libro muy, muy recomendable como lectura veraniega. ¡Pero no esperes al próximo verano, hombre (o mujer)!

Alberto Arzua

Acabemos ya con esta crisis / Paul Krugman

Libro de lectura obligada para todo aquél que quiera entender mejor qué narices es lo que está pasando. Paul Krugman -como tantos otros intelectuales no oficialistas- propone medidas expansivas para salir de la crisis. Justo lo contrario de lo que se está haciendo. Y explica el porqué despacito y con buena letra. La economía no es una ciencia abstrusa ante la cual los ciudadanos tan sólo podemos mirar, pagar y callar. La gente que está manejando nuestras vidas son, en su mayoría, unos incompetentes y/o unos aprovechados. Paul Krugman lo dice de un modo más fino y pedagógico. Escuchemos su voz.

Los orígenes de nuestro sufrimiento son relativamente triviales en el orden del universo, y se podrían arreglar con relativa rapidez y facilidad si en los puestos de poder hubiera suficientes personas que comprendieran la realidad. Además, para la gran mayoría de la gente, el proceso de arreglar la economía no tendría que ser doloroso ni implicar sacrificios; al contrario, terminar con esta depresión sería una experiencia que haría sentirse bien a casi todo el mundo, con la sola excepción de los que están sumidos, política, emocional y profesionalmente, en doctrinas económicas obcecadas. (…)

Nuestros ingresos son bajos precisamente porque estamos gastando demasiado poco; y recortar aún más el gasto solo servirá para deprimir todavía más nuestros futuros ingresos. Tenemos, en efecto, un problema de exceso de deuda; pero esa deuda no es dinero que debamos a algún extraño, sino dinero que nos debemos unos a otros, lo cual supone una diferencia enorme. (…)

No sé qué pretende el gobierno. En lugar de proteger a los hombres de negocios, ¡mete la nariz en los negocios! Vaya, ¡si ahora incluso están hablando de hacer exámenes a los bancos! ¡Como si los banqueros no supiéramos dirigir nuestros propios bancos! En fin, en casa tengo la carta de no sé qué petimetre de funcionario que dice que piensa inspeccionar mis libros. (GATEWOOD, banquero de La diligencia 1939).

Si usted ha visto la película “Qué bello es vivir”, que incluye una estampida bancaria, quizá le resulte interesante saber que la escena es comopletamente anacrónica: en el momento en que se sitúa la acción –justo después de la segunda guerra mundial-, los depósitos ya estaban garantizados y las retiradas masivas de fondos habían quedado como algo del pasado. (…)

 “Es difícil conseguir que un hombre comprenda algo, cuando su salario depende de que no lo comprenda” (Upton Sinclair). El dinero compra influencia; mucho dinero compra mucha influencia; y las políticas que nos han llevado hasta donde estamos, aunque nunca han hecho demasiado por la mayoría d ela gente, en cambio sí han funcionado muy bien (al menos durante un tiempo) para unas pocas personas situadas en lo más alto. (…)

El intento de mejorar la perspectiva fiscal por la vía de recortar los gastos en una economía deprimida puede terminar siendo contraproducente incluso en el más estricto sentido fiscal. Y esto no es ninguna posibilidad descabellada; según estudiosos serios del FMI, que han analizado los datos, es una posibilidad real. (…)

España ha vivido buena parte de la última década fortalecida por un gigantesco auge inmobiliario, financiado por grandes entradas de capital proveniente de Alemania. Este auge ha alimentado la inflación y ha hecho subir los sueldos españoles en relación con los de Alemania. Pero, al final, resulta que el auge estaba hinchado por una burbuja que ahora ha estallado. Ahora, España tiene que reorientar su economía, dejando a un lado la construcción y volviendo otra vea a la industria. En este punto, sin embargo, la industria española no es competitiva, porque los sueldos españoles son demasiado altos comparados con los alemanes. (…)

La verdad, en efecto, es que tenemos tanto el saber como las herramientas precisas para salir de esta depresión. Sin duda, si aplicamos algunos principios económicos consagrados por el tiempo, cuya validez han reforzado aún más los acontecimientos recientes, podremos recuperar niveles económicos próximos al pleno empleo muy pronto; probablemente antes de dos años. Lo que bloquea esta recuperación es solamente la falta de lucidez intelectual y de voluntad política. Y es tarea de todo aquel con capacidad de influencia –desde los economistas profesionales a los políticos o los ciudadanos inquietos. Hacer cuanto esté en su mano para remediar esta carencia. Podemos acabar con esta depresión; y tenemos que luchar por las medidas que lo conseguirán, luchar por ellas desde este mismísimo momento. (…)

Y acabo reconociendo que el acrónimo (GIPSI: gytano) me era desconocido. Pensaba que éramos cerdos (PIGS). Gracias, Paul, por subirnos la autoestima.

Tras la creación del euro, las economías de los países GIPSI (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia)…

Alberto Arzua

El informe de Brodeck / Philippe Claudel

Este autor utiliza una pluma suave, morosa, detallista, introspectiva, triste, ligera, saltarina, para describir un mundo duro, hosco, seccionado, donde la felicidad tan solo se encuentra en algunos breves instantes del pasado. Las palabras son siempre sencillas, el ritmo lento, hacia delante y hacia detrás incesantemente, desvelándote historias al tiempo que te las va velando, jugando con las piezas de un rompecabezas cuyo aspecto general, cuyo sentimiento, se te revela muy nítido desde el principio.

Hay mucha tristeza, mucha nostalgia, pero de esa que te atrapa el corazón dándote razones para vivir, como si atisbaras a través de la puerta entornada de un bar de carretera, emocionado, sin atreverte a entrar, la actuación de una cantante de fados. Hay bondad en quien cuenta la historia, tranquilidad, resignación, empatía, y también indignación. Indignación en voz baja, que resuena mucho más. Indignación porque lo que más hay en esta historia es maldad, una maldad áspera e inevitable, la única maldad posible, la maldad de los hombres.

Y también hay buena literatura, comparaciones originales, frases muy interesantes, manejo de los tiempos… Pero antes de pasar a las citas me gustaría hacer notar que esta novela no es perfecta porque no puede serlo y porque, además, el argumento es demasiado sencillo y conocido casi desde el principio. Eso le resta bastante interés a la lectura, estoy de acuerdo con lo que dice Andrés López en su artículo Almas grises. Pero de esto hablaré después de las citas, abundosas pero breves. Aquí van.

…en algún rincón de su pequeña iglesia de muros tan anchos como la envergadura de un águila.

… esos dientes ennegrecidos, que huelen a vendaje sucio.

La noche había extendido su manto sobre el pueblo como un carretero su capa sobre las últimas brasas de una hoguera de camino.

… Recuerdo que miré el cielo y, al ver todas aquellas estrellas tan apretujadas, como pajarillos asustados que buscan compañía…

… una gota de sudor, minúscula y brillante como un cristal de roca, le resbalaba por la nariz con una lentitud pasmosa.

Se produjo un murmullo, un ruido de bestia de carga a la que le aflojan los varales y gruñe de gusto.

Siempre la he visto torcida y encorvada, arrugada como un níspero olvidado en la bodega durante tres estaciones.

… la última tajada de tocino, una gruesa loncha cuya grasa, casi traslúcida tras la cocción, resbalaba por el plato como las lágrimas de cera por el cuerpo de una vela.

Tengo la sensación de que no estoy hecho para mi vida. Me refiero a que me viene grande por todas partes, que no es de la medida de un hombre como yo, que se llena de demasiadas cosas, de demasiados hechos, de demasiadas miserias, de demasiados fallos.

… me conoce como si fuera un bolsillo en el que ha metido la mano miles de veces.

Lo cierto es que la muchedumbre en sí es un monstruo, un enorme cuerpo que se engendra a sí mismo, compuesto de miles de otros cuerpos pensantes. Y también sé que no hay muchedumbre feliz. Detrás de las sonrisas, las risas, las músicas y los eslóganes hay sangre que se calienta, sangre que se agita, sangre que gira y enloquece al verse revuelta y removida en su propio torbellino.

… para acabar soltando una carcajada, una risotada que, mitad bramido mitad ejercicio de vocalización…

¿Quién decidió hurgar en mi oscura existencia, hacer añicos mi frágil tranquilidad, arrancarme de mi gris anonimato, para lanzarme como a una bola enloquecida en un inmenso juego de petanca? ¿Dios? Entonces, si existe, si existe de verdad, que se esconda. Que se eche las manos a la cabeza y que la agache.

Alrededor flotaba el olor a excrementos y plumas de gallina, repugnante y persistente como el de los tallos podridos de unas flores olvidadas durante días en un jarrón.

Era una hermosa noche, fría y clara, una noche que, además, no parecía querer acabar, que se arrebujaba en su negrura, dando vueltas y más vueltas, como quien holgazanea en la cama por la mañana, al calor de las sábanas.

Y aquí no acaba mi comentario porque, tras leer El informe de Brodeck (2007), me he lanzado a devorar Almas grises (2003) y lo que he encontrado me ha dejado bastante patidifuso… porque es el mismo libro. El mismo. Los mismos malos, los mismos buenos, la misma niñita, la misma mujer, la misma guerra, los mismos hechos violentos, los mismos sentimientos, el mismo ambiente, los mismos odios y amores… los mismos o parecidos. Es como si aquella primera novela hubiera sido un ensayo. Porque la primera es un poquito peor, con más agujeros, menos cocinada, aunque supongo que si se lee en primer lugar sorprenderá tanto como a mí me ha sucedido con esta segunda.

Así que quiero dejar aquí constancia de mi decepción. ¿Es un escritor de una sola novela que irá puliendo y puliendo hasta el fin de sus días? Es una posibilidad, está en su derecho, pero resulta un poco raro, desazonante. Tiene un cuento, La nieta del señor Linh, delicioso, que me gustó mucho, pero que también adolece de indefinición. ¿Será un escritor de sentimientos y no de historias? Será. Ustedes lo disfruten y lo descubran a su propio ritmo. Consignemos, para finalizar, algunas citas de Almas grises:

Primer lunes de diciembre. En nuestra ciudad. 1917. frío siberiano. La tierra crujía bajo los pies y el ruido resonaba hasta en la nuca.

Sus antepasados habían luchado en Crécy. Como todo el mundo, seguramente, pero ni lo sabemos ni nos importa.

Poco después se lo llevaron dos enfermeros, vestido con una camisa de fuerza que le daba aspecto de esgrimista.

Los fieles se dispersaron como estorninos sobre un trigal verde.

¿De qué sirve todo esto que escribo, tantas líneas apretadas como ocas en invierno y todas las palabras que coso a ciegas?

Iba a hacer un calor como para curtir todos los deseos.

Las campanas cortaban el tiempo como si fuera el tronco de un árbol muerto.

Las escopetas tienen un gusto curioso. Se te pega a la lengua. Pica. Sabe a vino y a tierra.

Alberto Arzua

Indecentes / Ernesto Ekaizer

Si te atrae leer cosas como ésta

El hecho es que desde la Secretaría del presidente, en La Moncloa, llamaron al BBVA y le dejaron el recado de que Zapatero le esperaba para salir de viaje ese mismo martes 31 a la una de la tarde. Taguas llamó para aclarar que tenía billete con destino al extranjero esa noche. Ningún problema, le aseguraron, porque estaría de regreso a las seis de la tarde. Al llegar a la Moncloa para emprender el anunciado viaje, el presidente lo presentó al ministro de Industria como nuevo director de la Oficina Económica del Presidente. Y los tres se subieron al helicóptero.

este es tu libro, porque está lleno de chismes y diretes, personalizando y detallando los palantes y patrases de la gestión de la crisis económica, mayormente española.

No es una explicación del origen de la crisis (burbuja inmobiliaria… y poco más), ni un recetario de salida (dejarse de tanto ajuste fiscal… y nada más), ni siquiera un señalamiento digital de culpables (los bancos, los economistas cabezones, los políticos medrosos), sino un recuento, casi día a día, de los tejemanejes que se traen las lumbreras mundiales que nos controlan (BCE, FMI, Gobiernos…) para intentar arreglar lo que se pueda… siempre bajo su punto de vista.

Y yo me pregunto aquí una tontería, que no tendrá nada que ver, pero que paso a exponer. En el diario de hoy se detalla el patrimonio de los principales políticos de este país (¡Ejpaña!). El más pobre anda por el medio millón de euros. Y yo me pregunto, ¿con esos riñones, de dónde sacas los cojones para preocuparte de los menesterosos? Será una pregunta demagógica, pero interesante, siquiera en el plano emocional. En fin, que se facilita el despido para que baje el paro, y lo que hace el paro, muy tozudo él, es subir. NATURAL. Y los políticos con la boca abierta, huy qué raro. En esas manos estamos, señores.

Pero sigo con el libro. Se titula Indecentes y no profundiza en ninguna indecencia. Unos están a favor de una cosa, otros de otra. Bien, ¿y qué? Pues que unos parece ser que se equivocan. Vale, ¿y qué más? Te enteras de que hay una carta secreta (al parecer muy famosa) que envió el BCE a Zapatero, con todas las exigencias para el rescate y eso, y va el Zapatero y no se la enseña al Rajoy, pero coge el Rajoy y la pilla por otro lado. Interesantísimo.

Total, que estamos en manos de unos… no sé cómo llamarlos, si mangarranes (algunos sí, supongo), inconscientes (también), inocentes (sí, sí, también), incompetentes (muchos) o simples esclavos de un sistema que les pone firmes (todos). Según el Ekaizer (y supongo que ése es el objetivo del libro), algunos son más lamentables que otros (también supongo que según sus gustos políticos), pero bueno, qué más da, no se salva ni uno.

Porque no tienen lo que hay que tener. Y este libro tampoco tiene lo que hay que tener, porque promete, ya desde el prólogo, mucho más de lo que da. Y da la impresión de haberse hecho deprisa y corriendo para sacarse unos euricos. Si no es así, perdón, pero Indecentes no tiene, para mí, ningún interés. He perdido el tiempo leyéndolo, porque no me ha enseñado nada.

Los chismes de los políticos y economistas son muy aburridos, mucho. Todo lo que se consigue conociéndolos es que te dé un poco más de miedo el saber en manos de quienes estamos. Algo es algo.

Alberto Arzua