Archivo de la categoría: Costumbrista

Los años de peregrinación del chico sin color / Harumi Murakami

Con una prosa atractiva, frecuentes referencias a la música y al color, una estructura bella, reivindicando el valor del sueño, en el que la realidad es a menudo más real aún, si cabe, fatalista (todo está escrito), defensor del sinsentido de la vida, aunque al final parece que se abre a la esperanza, o, al menos, nos deja que nosotros nos abramos a ella. La esperanza siempre unida al amor. Cínica a veces, existencialista en casi en todos los momentos. Así es esta nueva novela de Murakami. Nunca dejamos de ser quienes fuimos y por eso la nostalgia de aquella primera cuadrilla de adolescentes en la que comulgábamos incluso en el silencio, o, mejor, en los silencios, porque no sabíamos cómo explicarnos, pero sabíamos que el otro nos entendía porque pasaba por lo mismo. Aunque, luego en determinados momentos, el silencio causara un dolor innecesario. En una nota bibliográfica al final de la novela se dice: “La ficción de Murakami es humorística y surreal, y al mismo tiempo refleja la soledad y el ansia de amor en un modo que conmueve a los lectores […] Dibuja un mundo de oscilaciones permanentes, entre lo real y lo onírico, entre el gozo y la obscuridad” Os dejo unas cuantas citas de la novela, porque yo no podría decirlo mejor: “Entonces tuvo la sensación de que aquella época que él suponía que se había quedado atrás se expandía a su alrededor, envolviéndolo. Aquel tiempo pretérito empezaba a mezclarse silenciosamente con el presente” “Tras la ausencia de Haida, Tsukuru comprendió lo mucho que su amigo significaba para él. Se dio cuenta de cuánto color había traído a su vida cotidiana. Recordó […]. Y fue descubriendo el vacío que Haida había dejado en muchos aspectos de su vida.” “Dentro de sí había algo que decepcionaba a los demás. “Tsukuro Tazaki, el chico sin color”, se dijo en voz alta. “Supongo que, simplemente, no tengo nada que ofrecer a nadie. Bien pensado, ni siquiera tengo nada que ofrecerme a mí mismo”” “También es posible que, a pesar de todo el tiempo que pasábamos juntos y de todo lo que nos contábamos, en realidad desconociéramos lo esencial de los demás”. “Francamente, el negocio crece a buen ritmo. Ya sé que la economía mundial atraviesa un mal momento y que el panorama es desalentador, pero los que tenían dinero siguen teniéndolo. Es curioso, ¿no te parece?” “De pronto, todas las cosas tenían un punto de irrealidad”. “Lo que ya de por sí estaba vacío se había vaciado aún más. ¿A quién podía quejarse? Todos se acercaban a él, comprobaban lo vacío que estaba e inmediatamente después se marchaban” “Pero ciertos sueños quizás sean más verídicos que la propia realidad” “Verás que, aunque creamos que tomamos decisiones equivocadas, o que adoptamos una actitud errónea, seguramente todo habría acabado como acabó. Habríamos llegado al mismo punto en que estamos”. “Esta vez quizás sí respire por última vez. Tsukuru Tazaki, el que no tiene color, palidecerá por completo y se retirará en silencio de este mundo. Posiblemente todo se convierta en nada y sólo quede un terrón de tierra duro y helado.” “Y le ofreceré todo lo que está a mi alcance, sea lo que sea. Para que no nos perdamos en lo más profundo del bosque y los enanos malvados no nos atrapen. “No todo desparece con el paso del tiempo”. Esas eran las palabras que tenía que haber pronunciado […]” Andrés López

Niños de tiza / David Torres

“Niños de tiza”, de David Torres, es, a pesar de todo, una buena novela.
“A pesar de todo” quiere decir que yo me he encontrado con dos grandes piedras en el camino de su lectura.
De una parte, el protagonista es tan “extremo” en su personalidad, sus rasgos están tan estilizados, que me resulta difícil identificarme en casi nada con él. Excepto en un par de momentos puntuales, nunca me ha metido en su piel. Lo mismo ocurre con su “entorno vital”: su barrio, mayormente, y sus amigos. Se ven demasiados tópicos. Y no han sido los tópicos en los que viví mi infancia.
Aunque resulta que es impresionante la comunión que logra establecer entre el medio y el personaje. Las relaciones entre ellos (¿quién ha hecho a quién?) están muy bien descritas y fundamentadas. Aparecen una y otra vez, en la realidad cotidiana del barrio y en las alucinaciones del protagonista y nunca pierden fuerza. Hay momentos que literariamente me han parecido muy bonitos, quiero decir, muy bien expresados.
Por otra parte, hay novelas a las que un narrador en primera persona (es decir, que sea el protagonista el que va contando la historia) no le vienen bien. Y ésta, pienso, es una de ellas. No le viene bien porque, inevitablemente, hay un final que nunca será posible (la muerte del protagonista) y, en este caso, ése era el desenlace más lógico y pedido, no sólo por el devenir de la historia, sino también por el pesimismo vital que rezuma la novela.
“A pesar de todo”, creo, es una buena novela. Hay mucha verdad sociológica en su reconstrucción de un barrio periférico de los años 60; hay mucho “encanto” en las líneas que trazan las peripecias de sus compañeros de clase, de otros niños del barrio, de su padre, del cura, de su tía, …; pinta muy bien lo que ha cambiado y lo que no en cerca de 40 años; mantiene un cierto suspense; y podéis encontrar de todo: peleas, sangre, muertes, amor, desamor, celos, nostalgia, sexo, amistad,…
Esto dice “Lecturalia”:
“Niños de tiza recupera para la literatura un escenario cercano pero apenas utilizado: el de quienes crecieron en los años finales de la dictadura en los barrios periféricos, entre traficantes de heroína, curas rojos, madres abnegadas y bandas callejeras. Bajo el ropaje de una novela negra y la guía de Roberto Esteban (el inolvidable protagonista de El gran silencio), David Torres pinta por primera vez la Transición en pantalones cortos, un evocador retrato de la nostalgia, el amor y el paraíso perdido de la infancia.”

Andrés López

Herejes / Leonardo Padura

¡Pasen y lean, señoras y señores! Quizás éste debería ser el único comentario de un servidor. Pero,…
No sé si “Herejes” es lo mejor que he leído de Padura. “La neblina del ayer” era tan buena… Y “Máscaras” y “Adiós, Hemingway”, y…
“Herejes, cuando menos, es la más impresionante. Impresionan sus 500 páginas de belleza, de rico lenguaje, de composición, de paisajes, de “historia comparada”; impresiona su estructuración, y, sobre todo, quizás, el trabajo inmenso de investigación histórica, al servicio siempre de su novela.
Por momentos, parece ésta una historia salida de la necesidad de redactar de forma diferente, novelada, la tesina de una carrera universitaria de cinco años de duración: “la herejía como camino histórico de la libertad”.
Y, dicho esto, sólo me quedan dos apuntes.
Con la novela, regalaban una obrita (por lo cortita que es, aunque su valor no creo que admita diminutivos) de Leonardo Padura titulada “La libertad como herejía”. Pues, si la encontráis, no dejéis de leerla.
De ella saco estas afirmaciones de L. Padura:
“[…] Las páginas se irían acumulando en busca de una constatación dolorosa: la dosis de herejía que, en distintas sociedades, momentos históricos y vidas individuales, podían revestir la pretensión de poner en práctica un libre ejercicio del albedrío individual, o sea, el natural deseo de ejercitar la libertad.
La idea de los riesgos y consecuencias a que puede llevarnos la pretensión de ejercer nuestra libertad individual era una obsesión que me perseguía desde hacía varios años, creo que como a cualquier persona que haya vivido la mayor parte de la existencia en un país de sistema socialista donde se habla mucho de la “masa” o del “pueblo” y muy poco del individuo”

La obrita casi termina con estas palabras:
“Partiendo de las realidades históricas y vividas en las que hurgué hasta el fondo del abismo humano, traté de construir unos personajes literarios, reales o ficticios, a través de cuyas aspiraciones, vivencias, historias y frustraciones, por medio de la dramatización de sus actos y decisiones heréticos, pudieran hacerse patentes y cercanas mi ambición literaria y mi idea filosófica o humanista en torno a la necesidad y, más aún, el derecho, de la libre elección del hombre en la sociedad”
Y, como muchas otras más veces, pero esta vez con toda mi admiración “literaria” por L.P., os trascribo algunos textos breves (sólo unos pocos) de la novela para que, quienes no tengáis la suerte de leerla, paséis, al menos un poco de envidia:
“Definitivamente (él, Conde) debía empezar a considerar un cambio de actividad laboral. Pero, ¿cómo coño podía ganarse la vida de una forma más o menos decente un inútil como él, negado por lo demás a buscar un trabajo en el cual tuviera que invertir ocho horas de cada día para a fin de mes ganar los cuatrocientos o quinientos pesos insuficientes para sostenerse? El panorama individual de Conde resultaba tan sombrío como el colectivo del país y cada vez se sentía más preocupado”.
“Muy pronto los rabinos comenzaron a dedicar horas de sus plegarias del sábado, el día en que cada judío debía festejar la Libertad como bien y derecho de la criatura creada a imagen y semejanza del Señor, para advertir a la grey sobre los modos en que los fieles debían entender y practicar aquella libertad. Dispuestos a controlar los actos de libertinaje propiciadores de la herejía, incluso las acciones o simples pensamientos que iban más allá de la libertad concedida por la Ley y administrada por sus vigilantes, los rabinos y líderes de la comunidad [...] alentaban el miedo, seguían procesos y aplicaban condenas […] Como siempre había sido y sería en la historia humana, alguien decidía qué era la libertad y cuánto de ella les correspondía a los individuos a los que ese poder reprimía o cuidaba. Incluso en tierras de libertad.”
“Conde conocía un método inmejorable para esperar el paso de la tormenta veraniega: se llenaba la barriga con lo primero que encontraba, se dejaba caer en la cama, abría una asmática novela de un poeta cubano siempre a mano para aquellas coyunturas, leía una página sin entender un carajo y, al recibir aquella patada en el cerebro, arrebujado en el ruido de la lluvia, se dormía como un niño acabado de mamar.”
Y nada más. En cuanto podáis, poneos a leer.

Andrés López

Manón Lescaut / Abate Prévost

Andando los caminos de la disipación y el placer, Antoine-Francois Prévost, más conocido mundialmente como El Abate Prévost, nacido el 1 de abril de 1697 en Artois, Francia; habrá conocido a la hermosa y fatal Manón Lescaut, eso pienso. ¿O será que su encantador personaje femenino lo formateó de varias damas proclives al amor fácil y muy generosas con los hombres, a quienes suelen convertir en sus esclavos al fuego lento de su pasión. En realidad los propios caballeros son los culpables de aquello que critican en la mujer, como con todo acierto pensaba la dulce Sor Juana Inés de la Cruz. Además la divina Manón es víctima de su propia belleza. Ella no tiene la culpa de que los varones la acosen y se peleen por ella hasta la misma muerte y la sigan al fin del mundo, allí donde terminan los caminos.
El Abate Prévost llevó una vida llena de aventuras, podría decirse que la mitad de su existencia la pasó en los monasterios y la otra mitad en el desenfreno de un hombre libre, a quien gustan las mujeres y agrada meterse en líos por ellas. Inclusive, de amplio criterio, como para preferirlas compartidas como dice la canción. Así pues, juglar, benedictino, hombre pasional, novelista, historiador, filósofo y traductor, con todas sus virtudes, sus defectos y sus vicios, el Abate Prévost fue capaz de crear una mujer increíble: Manón Lescaut.
El Abate Prévost cerró sus ojos para siempre un día antes de la Nochebuena de 1763, en Chantilly, Francia.
¿Qué pasaría por su mente si el Cielo diera permiso a este hombre de convento y burdel, el Abate Prévost, de volver a este mundo. Encontraría que Manón Lescaut es inmortal, que su obra cumbre ha sido puesta en escena numerosas veces en muchos teatros del planeta, que ha sido la base de argumentos para óperas como las de Jules Émile Massenet y Gaicomo Puccini, que ha inspirado ballets como el de Jacques Fromental. En fin, no daría crédito -al estar sentado en una sala de cine- ver con vida al tormento del chevalier Des Grieux- simplemente se asombraría.
Y en eso de los sueños imposibles, yo daría media vida por besar la punta del pie de Manón.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

Pan, educación, libertad / Petros Markaris

“Pan, educación, libertad” no es ni la mejor novela de la trilogía sobre la crisis griega, ni, por supuesto, lo mejor que he leído de Petros Márkaris. Quizás porque no hay una correspondencia clara entre el momento socio-económico-político en el que se desenvuelve y los hechos que servirían para denunciar ese contexto.
Estamos ya en el 2014, Grecia ha salido del euro y ha vuelto al dracma, la crisis se ha agudizado, llevando consigo cada día mayores dificultades incluso para comer,… Pero ahí se acaba toda referencia a un futuro inmediato, la “utopía negativa” (como sigamos por aquí, vamos a acabar ahí) que hubiera servido en la ficción para leer el momento actual, se esfuma y toda la narración podría haber sucedido dos años antes. Me parece a mí que, si una novela negra apuesta por un tiempo futuro es para iluminar el presente, pero desde aquel punto del tiempo. La posible correspondencia queda, en la novela, muy forzada, y se nota.
Y todo lo demás que dijera serían de nuevo elogios. Márkaris es un autor que, mientras no me demuestre lo contrario, estará en el ranking de mis lecturas preferidas. Cada vez que escriba. Si alguien desea aficionarse a la novela negra, aquí tiene un buen comienzo: Kostas Jaritos, el policía, no le defraudará.
No voy a decir ni a contar nada más de “Pan, educación, libertad”. En la Red podéis inflaros a leer cosas sobre ella, o sobre su autor. Como siempre, si vais a hacerlo, os recomendaré www.negraycriminal.com. Sólo una cosa: de nuevo el mismo sentimiento: los asesinados habían merecido que alguien los quitase de en medio, que alguien los ejecutase. Y ese alguien de ningún modo iba a ser la justicia legal. De nuevo, el asesino nos resulta más simpático que los asesinados.
Ésta es una novela que tengo en papel. Ya sé que es mucho más incómoda de leer, pero, como a Márkaris no lo voy a piratear (ni a Leonardo Padura, mi próxima lectura) (cosas de la nostalgia), os comunico que si alguno tiene dificultades (económicas) para hacerse con ella, sé que ya anda por internet.

Cuando apenas me quedaban las últimas 40 páginas por leer y yo ya había empezado a escribir esto que ahora leéis, la prensa publicaba una noticia que, de alguna manera, “trasformaba” la actualidad de mi lectura y que os resumo desde la web de 20minutos.es:

“El Defensor del Pueblo de Grecia implica a policías y Guardia Costera en ataques racistas.

La Oficina del Defensor del Pueblo de Grecia publicó hoy un informe sobre el aumento de la violencia racista durante el pasado año en el que implica a policías, Guardia Costera y militantes del partido neonazi Amanecer Dorado en agresiones de carácter xenófobo. Estos casos son solo la punta del iceberg. Durante el periodo cubierto por el informe —de enero de 2012 a abril de 2013— se registraron cuatro muertos y 400 heridos en estos ataques racistas.
En varias ocasiones, destaca el informe, había agentes de Policía presentes en el momento de las agresiones y no intervinieron, o lo hicieron para arrestar a las víctimas. El lunes, por orden del Ministerio de Orden Público, se inició una “amplia investigación” para esclarecer los presuntos lazos entre militantes de Amanecer Dorado y agentes de Policía. Desde entonces, una veintena de oficiales y altos cargos del cuerpo han sido relevados de sus responsabilidades, dimitido o suspendidos de empleo.”

Dos días después, la prensa se había eco de la detención del líder del partido neonazi y algunos de los parlamentarios pertenecientes a este partido.

Y acabo dejándoos un par de textos de la novela:
“A no ser que consideremos terrorismo blanco las continuas amenazas de nuevos recortes de los sueldos, de las pensiones y de las pagas extra. Ésta es nuestra versión del terrorismo blanco, el que practica la clase burguesa dominante a través de los organismos del Estado”

“En estos tiempos, las personas de mi posición económica han convertido sus automóviles en bienes inmuebles. No los mueven de donde están aparcados. Yo soy de los pocos que todavía usan el coche para desplazarse. No me extrañaría que Hacienda me abriera una inspección, convencida de que dispongo de recursos ocultos para llenar el depósito”.
Andrés López

La Regenta / Leopoldo Alas “Clarín”

¿Si Azorín afirmó, categórico: “Clarín es, sencillamente, el primer literato español de su siglo”, qué más podría decirle al joven visitante de librosmorrocotudos.com, ávido de buenas lecturas, para animarlo a leer La Regenta?
En mi caso -joven del siglo XX- debo decir que mi tío Antonio -a quien sus hermanos apodaban El Camborio- un 13 de junio, día de nuestro santo, tuvo la delicadeza de obsequiarme un ejemplar de La Regenta, publicado por la editorial mexicana Porrúa, dentro de su colección “Sepan cuántos”. Lo primero que hice fue abrir el libro, empastado en tela, para oler el aroma a tinta fresca que despedían sus luminosas páginas. Mí tío, Senador de la República, orador de voz grave, que practicaba la sutileza como el propio Clarín me dijo: “si te gustó el Quijote de la Mancha, te va a encantar La Regenta, a fe mía, ambas obras poseen casi la misma calidad literaria”. Finalmente, coincidí con mi tío: la obra me pareció estupenda.
Ana -la regenta- se debate entre la gloriosa beatitud de una dama de buenas costumbres y la sabrosa licencia sexual. Sin duda es una víctima de su propia belleza, ya que por ser bonita y diferente a todas, la sociedad de Vetusta, que no es otra ciudad que la misma Oviedo, la envidia y le causa severos problemas. Además Ana se encuentra en el centro de un doble triangulo amoroso, integrado por ella, su marido el regente Víctor Quintanar, quien por su edad más juega el papel de padre de la hermosa joven, don Fermín de Pas y el joven político Álvaro de Mesía. Es claro que se repite el drama de Emma Bovary, pues Clarín transita del realismo flaubertiano al naturalismo de Zola, y lo hace con notas sobresalientes.
Así, entonces, esta hija de un militar librepensador y una bailarina italiana, tal vez se convierta en el primer amor de aquel adolescente que se atreva a seguirla a través de las páginas que constituyen una de las más grandes novelas escritas en nuestra lengua. Algo así como le pasó a Mario Vargas LLosa -nuestro flamante Nóbel- cuando descubrió a Madame Bovary, quien le inspiró un notabilísimo ensayo sobre la bella y trágica Emma.

Léelo, que es gratis. Pincha y bájatelo.


Después, corriendo el tiempo, interesado por la vida y obra de nuestro ilustre Leopoldo Alas “Clarín”, me enteré que murió, víctima de tuberculosis -como D. H. Lawrence- a las siete de la mañana del 13 de junio de 1901, en Oviedo, España (había nacido el 25 de abril de 1852 en Zamora, España), precisamente el día de San Antonio de Padúa, fecha que compartíamos mi tío Antonio y yo, pero ya no pude comentarle nada, ya que el también había rendido cuentas al Creador. Era entrañable mi tío, de quien heredé la costumbre de recomendar libros a mis amigos.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

El resto de la vida / Ángeles Caso

“El resto de la vida”, de Ángeles Caso es una historia de amor cercana al realismo mágico, una historia de “fantasmas” en la Europa desarrollada y tecnológica, una nueva revisión de un mito clásico (ésta vez el de Orfeo y Eurídice), que revolotea siempre en el fondo del relato y es otra vuelta de tuerca a esa eterna pregunta por el alcance del amor: ¿hasta dónde puede llegar?, ¿hasta más allá de la muerte? Sin esquemas religiosos a la vista.
Pero, es más. También está la pregunta de si uno puede cumplir su propia voluntad a pesar de los sentimientos del otro, hasta dónde le es posible a un hombre maltratar a una mujer, sobre qué bases se asientan las relaciones de pareja, y algún otro asunto propiciado por un final abierto (o quizás demasiado cerrado).
¿Son demasiadas preguntas para una novelita corta? En sus apenas ciento cincuenta páginas (que no llegan) hay todo eso y más: una descripción de paisajes bella en la dureza de la geografía y el tiempo, un mundo de sueños, la ciudad frente al campo, las tradiciones que aún pueden quedar de enganche con el pasado,…
Interesante y breve, se lee en un par de sentadas.

Andrés López

El año en que me enamoré de todas / Use Lahoz

“El año en que me enamoré de todas” es, en el conjunto de las novelas que acostumbro a leer, algo extraño. No podía ser menos, dada mi relación con los premios literarios.
Suelo obviarlos y la mayor parte de las veces, cuando leo alguno, termino con la misma sensación: resulta bonito, tiene su interés, pero no acaba de engancharme, no “me pide” una buena crítica.
Adelantaré que en “El año…” hay dos novelas diferentes. Es el recurso de que el protagonista encuentre por azar una historia escrita, que, una vez leída, va a marcar la suya propia hasta iluminarla, ilustrarla, hacerla comprensible, contrastarla,…etc.
Y adelanto que esa segunda historia me ha parecido muy hermosa, conmovedora casi. Mucho más interesante que la del protagonista y su año en Madrid.
De cualquier forma esta historia de dos jóvenes tan diferentes, opuestos en muchos aspectos de la vida, tiene su interés y está bastante bien escrita, además de leerse de manera agradecida, agradecida porque resulta difícil (al menos en el cajón del que yo saco mis lecturas) encontrar una historia en la que todos los personajes son agradables, simpáticos, cordiales, … buenos, sin que lleguen en ningún momento a empalagar, sin que dejen de tener sus problemas (reales), sus dudas, sus “defectos”. Y, además, las cosas les salen bien y encuentran trabajo (no el que quisieran, ni el mejor del mundo) y se enamoran de quien deben (después de esos otros amoríos adolescentes, que a veces les hacen sufrir) y abren el futuro de par en par, aunque sea construyéndolo con los trocitos que pueden robar al pasado, en palabras del protagonista.
Novela amable, en fin, para pasar dignamente el rato.
Andrés López

El amante de lady Chatterley / D. H. Lawrence

Caudillo de la libre expresión de las ideas sexuales, D.H. Lawrence a pesar de su corta vida -nació el 11 de septiembre de 1885 en Eastwood Nottinghamshire, Inglaterra y murió el 2 de marzo de 1930 en Vrncr, Francia- legó a la posteridad una extensa, profusa y comprometida obra como, por ejemplo, la de Hugo y Tolstoi. El Amante de Lady Chatterley un mal día fue subida a la picota del Santo Oficio de la literatura universal, pero finalmente fue absuelta en 1960, poco falto que fuera quemada en leña verde, y lo que son las cosas: hoy podría convertirse en una cinta de Walt Disney.
Lady Chatterley está a la altura de Madme Bobary y de Anna Karenina, adúlteras de película, adorables y deseables. Mal ejemplo para las mujeres de su época hoy, en cambio, plena y gozosamente identificada con tantas féminas dueñas de su cuerpo, mujeres independientes y voluptuosas.
Sus acertados biógrafos han señalado que para crear un personaje de la talla de Lady Chatterley, D.H. Lawrence era capaz de pensar como mujer. No olvidamos al respecto que Flaubert llegó a sostener en público que Madame Bovary era él.
Con todo, El Amante de Lady Chatterley es recomendable para quinceañeras que se aprestan a viajar a Viena, a través de su orgásmica lectura se enterarán de lo que hicieron Constance y su hermanita cuando dejaron de interesarse por las muñecas y mejor se regalaron a los muñecos. Luego se enamorarán del rústico guardabosques del cuento.
Tocante al mundo iberoamericano, no omitimos señalar que D.H. Lawrence, gran viajero, de su estancia en México, nos dejó otras obras maestras como la polémica Serpiente Emplumada y el texto de viajes intitulado Mañanas en México, con lo cual se hermana con otros escritores ingleses de la estatura de Graham Grenne (1904-1991), autor de El Poder y la Gloria y quien cultivó un singular odio por México, pero eso es harina de otro costal, hoy me concreto a recomendar la lectura de El Amante de Lady Chatterley, obra feminista -en casi todo los sentidos- encantadora.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

Jean Barois / Roger Martin Du Gard

Roger Martin du Gard, literato y pacifista francés, Premio Nobel en 1937, nació el 23 de marzo de 1881 en Neully-sur-Seine y murió el 22 de agosto de 1958 en Serigny. Antes de escriobir su monumental obra “Les Thibault”, debutó como novelista en 1913, haciendo mucho ruido en el mundillo literario de París, al piblicar Jean Barois, una excelente narracón que, en honor a la verdad, no es una novela, pero tampoco una obra de teatro, es las dos cosas, si cabe decirlo. Se trata de un formato, de una manera de desarrollar un argumento literario, que el irreverente irlandés James Joyce, acabaría de experimentar en su celébre novela “Ulises”; pero sin poner trampas al lector, y con la claridad de un escritor naturalista, al estilo de Zolá. Y si bien la prosa del autor de “La Taberna”, es como un vaso de vino que se derrama sobre un mantel blanco (la famosa hoja en blanco) y que corre como un torrente hasta finalizar -en pleno climax- en un oceáno de borrachera en donde se ahoga el lector; el discurso literario de Martin Du Gard tambiés es vigoroso, pero más sosesagado, que invita a disfrutar la alegría de vivir, a pesar de su dramatismo.
Existen, han existido y existirán -la creación así lo ha programado- personas que no se someten a los dogmas religiosos, que son curiosos, que se informan, que investigan sobre el origen del mundo y acaban entonces por rechazar el contenido de las sagradas escrituras. Saben que los dinosaurios poblaron el planeta antes que el homo sapiens, que la vida emergió del agua y niegan en todo momento que Dios creó a la mujer de una costilla de Adán. Pues bien, uno de estos seres humanos es el primer personaje brotado de la imaginación del laureado autor en comento: Jean Barois.
Jean Barois, pues, se debete entre su educacón católica y la verdad de la ciencia. El momento culminante de su vida es cuando escribe en pleno uso de sus facultades mentales que nunca renunciará a sus convicciones de librepensador, pero teme -y de ahí su manifestación anticipada- que vencido, ablandado por una enfermadad mortal, acobardado por su inminente fin, a la hora de la hora se arrepienta y vuelva al rebaño.
Por lo demás, la vida de este singular personaje se desarrolla inmersa en la recreación del Caso Dreyfus, del que derivó el universal “Yo Acuso” del mencionado Ëmile Zola. En fin, esta es una obra para lectores conocedores, pero que puede ser disfrutada por cualquier persona interesada en la historia de Francia, cuna de las ideas más avanzadas concebidas en el Gran Siglo de las Luces, y fiel promotora de la libertad, Igualdad, y fraternidad entre los hombres, que herederos del mono o no pueblan y dominan la Tierra desde tiempos inmemoriales, con sus defectos y virtudes, en la luz y la sombra.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

Los miserables / Víctor Hugo

Las nuevas generaciones de cinéfilos y lectores deben saber que “Los Miserables” y “Nuestra Señora de París” son libros escritos por Víctor Hugo, un literato francés que nació en Besanzón el 26 de febrero de 1802 y murió en París el 22 de mayo de 1885. Así es que ya lo saben amiguitos: las obras mencionadas no las escribió Walt Disney ni ningún otro publicista o creativo al servicio de Hollywood. Y es que, por ejemplo, en la película que se intituló “Los Miserables” , y que hace poco se exhibió en los cines de casi todo el mundo, no se da crédito en los anuncios promocionales, de portada y presentación, a su verdadero autor. ¡Con eso que la magistral pieza literaria ya es de dominio público!
En fin, esto no debe mermar el interés de los jóvenes para que abran el voluminoso tomo -producido al estilo d los folletines decimonónicos-, y encuentren una sana diversión leyendo durante algunos días o semanas “Los Miserables”. Siendo romántico, Víctor Hugo, empero, es un precursor de Emilio Zola en cuanto a la escuela naturalista y el realismo social, que ya se plasma en las aventuras de Jean Valjean y su pequeña hija adoptiva, la dulce Cossette. Claro está que los obreros y los niños marginales de París hablan con el retórico lenguaje del poeta de Besanzón, mientras que los trabajadores que aparecen en “La Taberna” se expresan y se conducen tal como son en la vida real. Con todo, Hugo y Zola son también pioneros de la novela de denuncia, de la novela de izquierda, con lo que pintan su raya respecto a otro genial autor: Honorato de Balzac, que, impertérrito, permanece en la “prudente” derecha.
Finalmente, no omito reiterar que “Los Miserables” es una gran novela, en la que se plasman con nitidez todos los valores humanos habidos y por haber. Sus páginas son ricas en amor a la humanidad y mientras este planeta no sea gobernado definitivamente por robots, será una obra de lectura obligatoria para los que ya han aprendido a leer.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

El vientre de París / Émile Zola

Uno de los novelistas extranjeros que más ha influido al divertido género en la Madre Patria e Hispanoamérica, es Emilio Zola. Conrad, Joyce, Proust, Kafka, Faulkner son otros tantos genios de la novela que han germinado escuelas literarias en nuestros países; pero Zola lo ha hecho con una fuerza, un ímpetu, un arte tan brutal que le permite seguir vigente en el siglo XXI, por ejemplo, sin ir más lejos, entre exitosos guionistas de cine que hoy presentan hechos sin tomar partido, es decir más allá del bien y del mal.

     Zola -hijo de un ingeniero italiano- nació en París, el 2 de abril de 1840. Murió en la misma Ciudad Luz el 29 de septiembre de 1902. Debutó como escritor con “Cuentos a Ninón”, en 1864. Desde entonces se convirtió en un esforzado “obrero de la pluma”, lo que lo llevó a construir una sólida y poderosa obra que consta de más de treinta novelas, además de varios ensayos, artículos y poemas, en los que dejó impresos su fuerte temperamento y su verdad.
     Los Rougon-Macquart, Historia Natural y Social de una Familia Bajo el Segundo Imperio, es una colección de veinte novelas en las que el jefe de la escuela naturalista -rama del realismo literario y que se basa en las leyes de la herencia, que influyen en el comportamiento humano- elabora magistrales retratos (Zola fue también un magnífico fotógrafo en los tiempos románticos de la gelatina de plata) tomados al natural de la agricultura, minería, industria y comercio, política y religión en tiempos del tirano Napoleón Tercero. ¿Quién no recuerda títulos como: La Taberna, Naná, La tierra, Germinal y la Bestia Humana, novelas llevadas muchas veces al cine?
     El argumento de El Vientre de París, una novela sobre el sistema de abasto en esa capital a mediados del siglo XIX, se replica en el siglo XXI, y así la lucha entre los gordos y los flacos, de los débiles contra los poderosos, se sigue dando en nuestro mundo, ahora globalizado, y en las contiendas entre los que comen de sobra y los que no comen ni una comida al día, entre los que están empleados y los que están parados, viviendo en la desesperación y la desesperanza. Los que tienen dinero para comprar la abundante gama de productos alimenticios que describe Zola en esta novela podrán, estimulados por la talentosa pluma, interrumpir su entretenimiento y  salir a comprar toda clase de viandas y manjares, mientras que los pobres seguirán leyendo sus páginas hasta sentirse comprendidos por el autor.

Matías Antonio Ocampo Echalaz

El día de mañana / Ignacio Martínez de Pisón

Martínez de Pisón nos cuenta la historia de un ultraderechista y lo hace sin referencias ideológicas, sin condenas ni aprobaciones, como si contara la vida de un joven cualquiera. Es la historia de alguien que va adaptándose al medio en el que le toca vivir, buscando casi siempre la supervivencia. Es, claro está, la historia de un derrotado.
Lo que resulta más novedoso (o distinto) es que la cuenta siempre desde la visión de los testigos que viven con él. Son ellos los que, en distintas etapas de su vida, van desgranado una historia que empieza en los años 60 y acaba al final de los 70.
Son esos personajes, esos acompañantes, lo que le permiten al autor construir el ambiente, pareciera que sin pretensiones sociológicas, de un tiempo muy interesante en Cataluña, donde trascurre la acción.
La novela se lee muy bien. En muchos momentos es grato rememorar historias más o menos vividas por cada uno de nosotros (de los que somos mayorcitos) y que, posiblemente, se han quedado ya muy lejos, excesivamente lejos (por la velocidad del cambio), pero que están allí en nuestras raíces, en la construcción de nuestra juventud.
Muy recomendable.
Si queréis ampliar un poco, AQUÍ
Andrés López

El padre de Blancanieves / Belén Gopegui

“El padre de Blancanieves” es una novela difícil. A veces, las explicaciones científicas son excesivamente prolijas y dificultan su lectura.
También es difícil porque maneja una gran cantidad de “cultura política y sociológica”: por allí aparecen anarquismo, marxismo, capitalismo, comunismo, democracia, ecología, asambleísmo,… Complicado.
“El padre de Blancanieves” es una novela dura. Creo que es una novela abierta a la esperanza, a la posibilidad de que las acciones individuales llevadas a cabo en el seno de una colectividad “revolucionaria” conduzcan a un mundo más habitable. Pero sólo lo creo. Es tan duro el entorno de esa esperanza (es tan real, habría que añadir, en la vida real), está expresado con tal claridad y radicalidad, que hasta resulta difícil saber de qué lado se coloca la novela. Si es que llega a colocarse de alguno (que quizás no importa).
En “el padre de Blancanieves” Belén Gopegui cuenta el interesantísimo periplo de Manuela, una profesora de secundaria, durante unos pocos meses. Pero, no es menos interesante la figura de su marido, Enrique, “el padre de Blancanieves” ese que nunca aparece en el cuento, pero que siempre estuvo allí.
Y luego están sus tres hijos: de diferentes edades, estudios, posturas ante la vida, peso familiar,… A ellos les acompañan unos cuantos jóvenes luchadores, ¿ecologistas?, que nos ayudan a ver distintos tipos de familias, tanto de origen como de propia construcción, distintos problemas sociales, políticos, familiares, sicológicos, sexuales, económicos,…
Una gran riqueza de mundo, de entorno para una anécdota escasa. Y (uno de vez en cuando lee estas tonterías) sin que yo haya detectado la aparición de un solo cigarrillo. A pesar de las asambleas, las cafeterías, los encuentros, las sobremesas,… ¡Curioso! Nada más que curioso.
Últimamente estoy descubriendo que hay muchas novelas sólo para adultos. Esta es una de ellas. Hipocondriacos, neuróticos, gente propensa al desánimo, inmaduros no críticos, faltos de criterio, y demás individuos altamente impresionables, absteneos de leerla.
Los que busquéis un relato con acción, buenos y malos, paisajes y tiempos climatológico o cronológico, podéis pasar de largo también.
Ahora bien, a los que os guste leer lo bien escrito, lo que casi se lee de tirón, sin aire para respirar, los que queráis pensar, discutir con vosotros mismos o con el de al lado, tenéis que saber que hay novelas que dan para un seminario literario, social, político y sicológico. Esta es una de ellas. Vosotros no os la perdáis.
Novelón.

La novela está llena de aciertos literarios, poéticos (si son distintos), sociales, psicológicos: os dejo alguna muestra para abrir boca.
“Hasta ahora los trabajadores siempre han acudido a su posibilidad de no trabajar, la huelga, la idea de que sin ellos todo se paraba. Pero qué huelga va a hacer mi madre si se llevan su empresa.”
“Ella asume que su vida no está pensada, ni echada como la suerte. Tú dices que habrías preferido la estabilidad. Pero el mundo se mueve, Enrique, y eso no es culpa tuya ni mía”
“Un hombre sentado en el salón que, sin hacer nada, ve caer la última luz de la tarde parece un animal desconocido”.
“¿Por qué la referencia tiene que ser la perfección y no la vida? La perfección puede ser una posibilidad más, un dato más, pero no la referencia”
“Los militantes también deambulan, se desorientan y, ciertos días, anhelan irse de vacaciones de sí mismos”.
“Llamaron a lo que harían tratar de deshacer el reflejo condicionado, ese reflejo según el cual lo dominante se percibía como probable y aún como lógico; debido a ese reflejo condicionado no se percibía como amenaza la permanencia de un orden basado en el daño sino, absurdamente, el intento de modificar ese orden.”
“Y las cosas firmes no tienen cintura: se parten en dos.”
“Aquí, al margen de Benidorm, acaso nos aguarde un futuro de viejos y de viejas serenamente combativos. […] A esta edad (70 años) abriré algunas carpetas que no he de terminar pero espero que las terminen otros. Madurar quizá consista en comprender que no es una quien ha de poner la firma al cuadro o cerrar el local y apagar la luz. Y ahora, cuando se que hay cosas que no voy a terminar nunca, rompo el reloj de arena, hago añicos el bulbo de cristal y mi arena ya no es mía sino parte de una playa. No se trata de liarme la manta a la cabeza. Simplemente continúo”.

Andrés López

Martín Luis Guzmán y la Revolución Mexicana

Uno de los primeros episodios que influyeron en el devenir histórico de los países hispanoamericanos sin duda fue la Revolución Mexicana de 1910 a 1917, una guerra civil que provocó la muerte de miles de personas que, cantando La Adelita, regaron con su sangre los campos de batalla. Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa, Emiliano Zapata y Álvaro Obregón, son algunos de los héroes de carne y hueso convertidos por la elegante prosa de Martín Luis Guzmán (1887-1976) -naturalizado español en 1924, condecorado por el ejército mexicano con la Medalla al Mérito Militar en 1968- en coloridos personajes de libros, mitad novela, mitad ficción, como El Águila y la Serpiente, Memorias de Pancho Villa y La Sombra del Caudillo.
     Ahora que en México se conmemora el centenario del ejército “constitucionalista” (antes tuvimos el “Virreinal”, las huestes Insurgentes, el ejército Trigarante, el ejército Conservador, el ejército Liberal y el Federal, de don Porfirio y Victoriano Huerta, llamado jocosamente de los pelones), no debemos olvidar a Martín Luis Guzman, quien partícipe de los hechos, se convirtió en el Bernal Díaz del Castillo de la Revolución Mexicana. Este autor -cuya lectura de sus obras hoy recomendamos- es dueño de una exquisita y depurada prosa que alcanza alturas insospechadas a las que no llegan, con toda su brillantez y maestría, Alfonso Reyes, Octavio Paz y Carlos Fuentes. Dejo aparte a Juan Rulfo. La vida de Martín Luis Guzmán estuvo cincelada por la guerra, la política, el periodismo, la literatura y la libre empresa.
     La Sombra del Caudillo es su obra más polémica, pues en ella desnuda la corrupción de militares y políticos al fin de las hostilidades revolucionarias que llegan a las peores bajezas con tal de asumir el control político del país y en la que el llamado “Manco de Celaya”, es exhibido como un típico tirano latinoamericano que, discípulo de Maquiavelo, hace cualquier cosa por alcanzar el poder, conservarlo y, sobre todo, perpetuarse en la embrujada silla del águila. Hay una muy buena edición de esta obra de Guzmán, me refiero a la publicada por ALLCA XX, COLECCIÓN ARCHIVOS. y en cuanto a sus obras completas no omitimos recomendar la del Fondo de Cultura, aunque un poco cara para el bolsillo de un estudiante.
     Si nos está leyendo un joven español o hispanoamericano que desea abrazar el sacrificado oficio de las letras, estimamos que debe poner entre sus pendientes de lectura las obras del maestro mexicano Martín Luis Guzmán.

Matías Antonio Ocampo Echalaz