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Regreso de la URSS y Retoques a mi regreso de la URSS / André Gide

Enero es un mes de reflexión y planeación, así que por ahora, en este comienzo de 2014, dejemos a un lado las novelas y los poemarios, y pongámonos a leer un ensayo. A ese efecto propongo la lectura de “Regreso de la URSS” y “Retoques a mi regreso de la URSS”, ensayos del eminente literato francés André Gide. Al primero de los libros mencionados, escrito en noviembre de 1936, le podríamos llamar también: “La decepción”. Tocante al segundo, “La réplica” (junio de 1937).
Ciertamente, Gide -comunista de corazón y admirador de la revolución rusa- viaja a la Unión Soviética para constatar los grandes avances sociales y culturales que en tan poco tiempo ha alcanzado esa entrañable nación; empero, lo que sus poéticos ojos ahí encuentran es a un terrible y sanguinario dictador y las mismas injusticias -a su juicio- del viejo zarismo en muchos campos de la sociedad roja. Naturalmente, este premio Nobel de literatura, de regreso a París, su ciudad natal en donde nació el 22 de noviembre de 1869, plasma en un punzante ensayo su cruel desilusión. Luego, picado por sus ex compañeros de lucha intelectual,como el insigne Romaín Rolland, autor del famoso “Juan Cristobal” y también premio Nobel, se da el gusto de replicar las críticas de una manera más virulenta y refinada, con pluma irónica y elegante,con la clase inconfundible de uno de los escritores de más vigoroso estilo del siglo XX. Quienes tenemos en nuestra biblioteca personal su “Diario”, en efecto, conocemos sus alcances literarios.
Uno de los debates que suscitan los ensayos en comento, nace como consecuencia de las relaciones que existen entre el Estado y los artistas. En el caso de la URSS, estás relaciones no pasan la prueba del ácido,si nos atenemos al estético razonamiento de Gide.
En fin: ¿por qué recomendar la lectura de textos que ya han pasado a la historia, sobre todo dado que el pueblo ruso, a partir de Gorbachov, cambió el rumbo de su destino? Gide murió en la ciudad que lo vio nacer el 19 de febrero de 1951. pero yo me pregunto: ¿qué pensaría él del actual y vigente neoliberalismo?

Matías Antonio Ocampo Echalaz

Algo va mal / Tony Judt

Este historiador británico dictó poco antes de su muerte en 2010 esta especie de testamento político. La lucidez que transmite este ensayo por todos sus poros lo hace indispensable para todo aquél a quien le interese entender el mundo en el que vivimos, especialmente a la luz y a las sombras de la actual crisis global. Resumiendo, lo que Judt plantea es que se nos ido la olla con el afán de crecer y tener más, mientras que hemos perdido los referentes reales de una verdadera vida en común. Ni más ni menos.

Tony Judt no piensa que de ésta vayamos a salir solamente aplicando ésta o aquella receta económica, ni mucho menos, sino que se trata de replantearnos nuestros objetivos como sociedad. En “Algo va mal” analiza con una brillantez tan sólo al alcance de los historiadores anglosajones, los principales hechos históricos del siglo XX y su influencia en la economía, en las relaciones sociales y en el propio pensamiento político. Las lecciones que nos enseña y su manera de explicar las cosas convierten a este volumen en una joya de lectura obligada, una lectura, por otro lado, cómoda, amable y muy enriquecedora.

Para un resumen más exhaustivo de las propuestas del ensayo, pueden ustedes acudir sin reparos a este artículo de Josep Ramoneda en El País.

Por mi parte prefiero que ustedes lean de primera mano algunos fragmentos del libro.

Los pobres votan en mucha menor proporción que los demás sectores, así que penalizarlos entraña pocos riesgos políticos: ¿eran tan “difíciles” esas decisiones? Actualmente nos enorgullecemos de ser lo suficientemente duros como para infligir dolor a otros.

La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva. John Stuart Mill.

En toda Europa las ligas de fútbol se han convertido en superligas millonarias para un reducido grupo de clubes privilegiados, mientras que los demás se quedan muy atrás, atascados en su pobreza e irrelevancia.

Si no respetamos los bienes públicos; si permitimos o fomentamos la privatización del espacio, los recursos y los servicios públicos; si apoyamos con entusiasmo la tendencia de la joven generación a ocuparse exclusivamente de sus propias necesidades: no debería sorprendernos una disminución constante de la participación activa en la toma de decisiones públicas. (…) Se ha generalizado la sensación de que como “ellos” harán lo que quieran en cualquier caso -al tiempo que sacan todo el beneficio personal posible- por qué habríamos de perder el tiempo “nosotros” en tratar de influir en sus actos.

…Una tercera respuesta –“¡Derroquemos el sistema!”- está desacreditada por su insensatez intrínseca: ¿qué partes de qué sistema y a favor de qué sustituto económico? Y, en cualquier caso, ¿quién va a derrocarlo?

…interpretar el siglo XX como una parábola del socialismo frente a libertad o comunismo frente a capitalismo es engañoso. El capitalismo no es un sistema político; es una forma de vida económica, compatible en la práctica con dictaduras de derecha (Chile bajo Pinochet), dictaduras de izquierda (la China contemporánea), monarquías socialdemócratas (Suecia) y repúblicas plutocráticas (EEUU).

… los políticos de hoy evitan la impopularidad a cualquier precio. En gran medida los dilemas y deficiencias del Estado del bienestar son consecuencia de la pusilanimidad política más que de la incoherencia económica.

No es probable que muchos “legos en la materia” se opongan al ministro de Economía o a sus asesores. Si lo hicieran, se les diría –como un sacerdote medieval podría haber aconsejado a su grey- que son cosas que no les incumben. La liturgia debe celebrarse en una lengua oscura, que sólo sea accesible para los iniciados. Para todos los demás, basta la fe.

…a parte de a las ciencias duras, ¿sigue siendo el “progreso” aplicable de forma creíble al mundo en que habitamos?

… el acceso desigual a todo tipo de recursos –desde los derechos hasta el agua- es el punto de partida de toda crítica verdaderamente progresista del mundo. Pero la desigualdad no es sólo un problema técnico. Ilustra y exacerba la pérdida de cohesión social, la sensación de vivir en comunidades cerradas cuya principal función es mantener fuera a las demás personas (menos afortunadas que nosotros) y confinar nuestras ventajas a nosotros mismos y nuestras familias: la patología de la época y la mayor amenaza para la salud de la democracia.

Si seguimos siendo grotescamente desiguales, perderemos todo el sentido de fraternidad: y la fraternidad, pese a su fatuidad como objetivo político, es una condición necesaria de la propia política.

Las estaciones de ferrocarril (…) no constituyen, por así decirlo, parte de la ciudad que nos rodea, sino que contienen la esencia de su personalidad, lo mismo que llevan su nombre pintado en los letreros. Marcel Proust.

¿Y a qué viene esto de los ferrocarriles y las estaciones? Pues piensen un poco en los aviones y en los aeropuertos, o si no, mejor, léanse este libro. No lo lamentarán.

Alberto Arzua

Acabemos ya con esta crisis / Paul Krugman

Libro de lectura obligada para todo aquél que quiera entender mejor qué narices es lo que está pasando. Paul Krugman -como tantos otros intelectuales no oficialistas- propone medidas expansivas para salir de la crisis. Justo lo contrario de lo que se está haciendo. Y explica el porqué despacito y con buena letra. La economía no es una ciencia abstrusa ante la cual los ciudadanos tan sólo podemos mirar, pagar y callar. La gente que está manejando nuestras vidas son, en su mayoría, unos incompetentes y/o unos aprovechados. Paul Krugman lo dice de un modo más fino y pedagógico. Escuchemos su voz.

Los orígenes de nuestro sufrimiento son relativamente triviales en el orden del universo, y se podrían arreglar con relativa rapidez y facilidad si en los puestos de poder hubiera suficientes personas que comprendieran la realidad. Además, para la gran mayoría de la gente, el proceso de arreglar la economía no tendría que ser doloroso ni implicar sacrificios; al contrario, terminar con esta depresión sería una experiencia que haría sentirse bien a casi todo el mundo, con la sola excepción de los que están sumidos, política, emocional y profesionalmente, en doctrinas económicas obcecadas. (…)

Nuestros ingresos son bajos precisamente porque estamos gastando demasiado poco; y recortar aún más el gasto solo servirá para deprimir todavía más nuestros futuros ingresos. Tenemos, en efecto, un problema de exceso de deuda; pero esa deuda no es dinero que debamos a algún extraño, sino dinero que nos debemos unos a otros, lo cual supone una diferencia enorme. (…)

No sé qué pretende el gobierno. En lugar de proteger a los hombres de negocios, ¡mete la nariz en los negocios! Vaya, ¡si ahora incluso están hablando de hacer exámenes a los bancos! ¡Como si los banqueros no supiéramos dirigir nuestros propios bancos! En fin, en casa tengo la carta de no sé qué petimetre de funcionario que dice que piensa inspeccionar mis libros. (GATEWOOD, banquero de La diligencia 1939).

Si usted ha visto la película “Qué bello es vivir”, que incluye una estampida bancaria, quizá le resulte interesante saber que la escena es comopletamente anacrónica: en el momento en que se sitúa la acción –justo después de la segunda guerra mundial-, los depósitos ya estaban garantizados y las retiradas masivas de fondos habían quedado como algo del pasado. (…)

 “Es difícil conseguir que un hombre comprenda algo, cuando su salario depende de que no lo comprenda” (Upton Sinclair). El dinero compra influencia; mucho dinero compra mucha influencia; y las políticas que nos han llevado hasta donde estamos, aunque nunca han hecho demasiado por la mayoría d ela gente, en cambio sí han funcionado muy bien (al menos durante un tiempo) para unas pocas personas situadas en lo más alto. (…)

El intento de mejorar la perspectiva fiscal por la vía de recortar los gastos en una economía deprimida puede terminar siendo contraproducente incluso en el más estricto sentido fiscal. Y esto no es ninguna posibilidad descabellada; según estudiosos serios del FMI, que han analizado los datos, es una posibilidad real. (…)

España ha vivido buena parte de la última década fortalecida por un gigantesco auge inmobiliario, financiado por grandes entradas de capital proveniente de Alemania. Este auge ha alimentado la inflación y ha hecho subir los sueldos españoles en relación con los de Alemania. Pero, al final, resulta que el auge estaba hinchado por una burbuja que ahora ha estallado. Ahora, España tiene que reorientar su economía, dejando a un lado la construcción y volviendo otra vea a la industria. En este punto, sin embargo, la industria española no es competitiva, porque los sueldos españoles son demasiado altos comparados con los alemanes. (…)

La verdad, en efecto, es que tenemos tanto el saber como las herramientas precisas para salir de esta depresión. Sin duda, si aplicamos algunos principios económicos consagrados por el tiempo, cuya validez han reforzado aún más los acontecimientos recientes, podremos recuperar niveles económicos próximos al pleno empleo muy pronto; probablemente antes de dos años. Lo que bloquea esta recuperación es solamente la falta de lucidez intelectual y de voluntad política. Y es tarea de todo aquel con capacidad de influencia –desde los economistas profesionales a los políticos o los ciudadanos inquietos. Hacer cuanto esté en su mano para remediar esta carencia. Podemos acabar con esta depresión; y tenemos que luchar por las medidas que lo conseguirán, luchar por ellas desde este mismísimo momento. (…)

Y acabo reconociendo que el acrónimo (GIPSI: gytano) me era desconocido. Pensaba que éramos cerdos (PIGS). Gracias, Paul, por subirnos la autoestima.

Tras la creación del euro, las economías de los países GIPSI (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia)…

Alberto Arzua

Indecentes / Ernesto Ekaizer

Si te atrae leer cosas como ésta

El hecho es que desde la Secretaría del presidente, en La Moncloa, llamaron al BBVA y le dejaron el recado de que Zapatero le esperaba para salir de viaje ese mismo martes 31 a la una de la tarde. Taguas llamó para aclarar que tenía billete con destino al extranjero esa noche. Ningún problema, le aseguraron, porque estaría de regreso a las seis de la tarde. Al llegar a la Moncloa para emprender el anunciado viaje, el presidente lo presentó al ministro de Industria como nuevo director de la Oficina Económica del Presidente. Y los tres se subieron al helicóptero.

este es tu libro, porque está lleno de chismes y diretes, personalizando y detallando los palantes y patrases de la gestión de la crisis económica, mayormente española.

No es una explicación del origen de la crisis (burbuja inmobiliaria… y poco más), ni un recetario de salida (dejarse de tanto ajuste fiscal… y nada más), ni siquiera un señalamiento digital de culpables (los bancos, los economistas cabezones, los políticos medrosos), sino un recuento, casi día a día, de los tejemanejes que se traen las lumbreras mundiales que nos controlan (BCE, FMI, Gobiernos…) para intentar arreglar lo que se pueda… siempre bajo su punto de vista.

Y yo me pregunto aquí una tontería, que no tendrá nada que ver, pero que paso a exponer. En el diario de hoy se detalla el patrimonio de los principales políticos de este país (¡Ejpaña!). El más pobre anda por el medio millón de euros. Y yo me pregunto, ¿con esos riñones, de dónde sacas los cojones para preocuparte de los menesterosos? Será una pregunta demagógica, pero interesante, siquiera en el plano emocional. En fin, que se facilita el despido para que baje el paro, y lo que hace el paro, muy tozudo él, es subir. NATURAL. Y los políticos con la boca abierta, huy qué raro. En esas manos estamos, señores.

Pero sigo con el libro. Se titula Indecentes y no profundiza en ninguna indecencia. Unos están a favor de una cosa, otros de otra. Bien, ¿y qué? Pues que unos parece ser que se equivocan. Vale, ¿y qué más? Te enteras de que hay una carta secreta (al parecer muy famosa) que envió el BCE a Zapatero, con todas las exigencias para el rescate y eso, y va el Zapatero y no se la enseña al Rajoy, pero coge el Rajoy y la pilla por otro lado. Interesantísimo.

Total, que estamos en manos de unos… no sé cómo llamarlos, si mangarranes (algunos sí, supongo), inconscientes (también), inocentes (sí, sí, también), incompetentes (muchos) o simples esclavos de un sistema que les pone firmes (todos). Según el Ekaizer (y supongo que ése es el objetivo del libro), algunos son más lamentables que otros (también supongo que según sus gustos políticos), pero bueno, qué más da, no se salva ni uno.

Porque no tienen lo que hay que tener. Y este libro tampoco tiene lo que hay que tener, porque promete, ya desde el prólogo, mucho más de lo que da. Y da la impresión de haberse hecho deprisa y corriendo para sacarse unos euricos. Si no es así, perdón, pero Indecentes no tiene, para mí, ningún interés. He perdido el tiempo leyéndolo, porque no me ha enseñado nada.

Los chismes de los políticos y economistas son muy aburridos, mucho. Todo lo que se consigue conociéndolos es que te dé un poco más de miedo el saber en manos de quienes estamos. Algo es algo.

Alberto Arzua

¿En qué creen los que no creen? / Umberto Eco y Carlo María Martini

Umberto Eco es uno de mis pensadores favoritos. Cada vez que lo leo me maravillo de lo listo que es este hombre. Desde aquellos iluminadores ensayos de los años sesenta, “Apocalípticos e integrados” y “Obra abierta”, ha escrito multitud de artículos y libros de pensamiento, muchos de ellos altamente recomendables para la salud mental. También escribió una primera novela muy chula, “El nombre de la rosa“, para luego desvariar con algunas infumables, “El péndulo de Foucault“, “La isla del día de antes“, “Baudolino“… hasta llegar a su última novela, “El cementerio de Praga“, que es divertida porque no es una novela (debe de ser el típico caso de escritor de una única novela; ojalá no).

Bien, pues el tal Umberto dedicó unas horas de su bien aprovechado tiempo a cartearse con un cardenal supuestamente muy culto, vía una revista. Esto es lo que recoge este tomito de 89 páginas. Además, al final, otros intelectuales italianos dan su opinión.

El resultado es bastante decepcionante en el plano intelectual, porque ambos figuras tienen tantas cosas que decir que dicen muy pocas. Se respetan, se entienden, se admiran mutuamente… ¡Pues muy mal, yo quería sangre! La única sangrecilla la ponen los comentaristas finales.

Las tres citas siguientes corresponden precisamente a estos mismos. Responden principalmente al argumento básico del cardenal, a saber, que la moral necesita de un referente externo y eterno (a saber, Dios y sus inmutables leyes) para tener validez.

… Jesús impidió que la adúltera fuera lapidada y sobre ello edificó una moral basada en el amor, pero la Iglesia por él fundada, pese a no renegar de aquella moral, extrajo de ella interpretaciones que condujeron a auténticas matanzas y a una cadena de delitos contra el amor.

Dejemos a un lado metafísicas y trascendencias si queremos reconstruir juntos una moral perdida; reconozcamos juntos el valor moral del bien común y de la caridad en el sentido más alto del término; practiquémoslo hasta el final, no para merecer premios o escapar a castigos, sino, sencillamente, para seguir el instinto de nuestra común raíz humana y del común código genético que está inscrito en cada uno de nosotros.

Y tampoco un valor moral resulta más elevado y digno de veneración cuanto más íntegro e inmutable se conserve. Al contrario, ha sido gracias al emerger del humanismo liberal a partir del cristianismo, primero, y más adelante a la influencia de la mencionada ética de la tolerancia y del compromiso, de la parcial y siempre fatigosa negociabilidad de los valores, en definitiva, de la ética liberal (o mejor dicho, de una característica de la misma que en realidad comparte con algunas éticas religiosas, como por ejemplo el budismo), ha sido todo ello lo que ha llevado progresivamente al cristianismo a renunciar al proyecto de evangelización forzada de toda la humanidad, que sin embargo había perseguido durante muchos siglos.

Que se sepa.

Alberto Arzua

La civilización del espectáculo / Mario Vargas Llosa

El nuevo libro de Mario Vargas Llosa tras la concesión del Premio Nobel de Literatura

«La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer»

Mario Vargas Llosa

La banalización de las artes y la literatura, el triunfo del periodismo amarillista y la frivolidad de la política son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos. En el pasado, la cultura fue una especie de conciencia que impedía dar la espalda a la realidad. Ahora, actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento. La figura del intelectual, que estructuró todo el siglo XX, hoy ha desaparecido del debate público. Aunque algunos firmen manifiestos o participen en polémicas, lo cierto es que su repercusión en la sociedad es mínima. Conscientes de la esta situación, muchos han optado por el discreto silencio. Como buen espíritu incómodo, Vargas Llosa nos entrega una durísima radiografía de nuestro tiempo y nuestra cultura.

«Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura contemporánea, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad y la abigarrada materia que la ha sustituido, una impostura que parece haberse realizado con facilidad, en la aquiescencia general.»

Mario Vargas Llosa

 

***Primeras páginas de La civilización del espectáculo

 

Alfaguara
Colección: Hispánica
Páginas: 232
Publicación: 11/04/2012
Género: Ensayo
Formato: 15×24
Encuadernación: Rústica
Precio: 17,50 €
ISBN: 9788420411484
EAN: 9788420411484

 

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, nació en Arequipa,

Perú, en 1936. Aunque había estrenado un drama en Piura y publicado un libro de relatos, Los jefes, que obtuvo el Premio Leopoldo Alas, su carrera literaria cobró notoriedad con la publicación de La ciudad y los perros, Premio Biblioteca Breve (1962) y Premio de la Crítica (1963). En 1965 apareció su segunda novela, La casa verde, que obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio Internacional Rómulo Gallegos. Posteriormente ha publicado piezas teatrales (La señorita de TacnaKathie y el hipopótamo,La ChungaEl 

loco de los balconesOjos bonitos, cuadros feos y Las mil noches y una noche), estudios y ensayos (como La orgía perpetuaLa verdad de las mentirasLa tentación de lo imposible y El viaje a la ficción), memorias (El pez en el agua), relatos (Los cachorros) y, sobre todo, novelas: Conversación en La CatedralPantaleón y las visitadorasLa tía Julia y el escribidorLa guerra del fin del mundoHistoria de Mayta¿Quién mató a Palomino Molero?El habladorElogio de la madrastraLituma en los AndesLos cuadernos de don RigobertoLa Fiesta del ChivoEl Paraíso en la otra 
Ha obtenido los más importantes galardones literarios, desde los ya mencionados hasta el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias, el PEN/Nabokov y el Grinzane Cavour.esquinaTravesuras de la niña mala y El sueño del celta.

 

Página oficial

www.premio-nobel-literatura.com

 

Leiaa

 

Mundos en guerra – Anthony Pagden

Con su subtítulo (2500 años de conflicto entre Oriente y Occidente) queda perfectamente definido el alcance de este libro. Se trata de una exhaustiva y amena recopilación histórica de las relaciones (conflictos, dice el autor, muy oportunamente) entre dos concepciones vitales, unas veces muy alejadas, otras no tanto. De lectura obligatoria para quien desee entender mejor el mundo en el que vivimos.

Y de lectura gozosa también, porque Anthony Pagden forma parte de esa gloriosa tradición de ensayistas anglosajones que consigue, libro tras libro, que la cultura sea lo que verdaderamente es: una experiencia indispensable y tremendamente placentera.

Carlomagno, Alejandro, Napoleón, Bosnia, Lepanto, Siria, Mahoma… y varias decenas de referencias más quedan enmarcadas ordenada y lógicamente en su entorno y momento. Se nos explican las razones políticas, sociales, religiosas… de los principales acontecimientos de nuestra historia, siempre desde la óptica este-oeste. Y nunca de un modo pesado puesto que han pasado tantas cosas que a pesar de sus nutridas 560 páginas, cada acontecimiento ocupa justo lo necesario. Quizás, incluso, un poco menos espacio del que apetecería. Y es que, cuando alguien sabe hablar, ¡qué gusto da oírle!

La visión global de un intelecto como el de este historiador nos divierte y enriquece página tras página, impulsando con frecuencia la reflexión personal ante una frase o comentario suyo. No es infrecuente el que te quedes con el libro en las manos y la mirada perdida, ocupado en desentrañar las razones y sinrazones de nuestra historia (y, por tanto, de nuestro presente).

No hay muchas conclusiones, puesto que la esencia de todo está en la complejidad, por supuesto, pero el autor aboga claramente por la necesidad de que comprendamos que al oriente actual no se le pueden aplicar recetas occidentales. Por muchos motivos. Si quiere usted conocerlos, lea el libro.

Alberto Arzua

Historia del mundo con los trozos más codiciados – Fernando Garcés Blázquez

Historia del mundo con los trozos más codiciados
Fernando Garcés Blázquez
Editorial Ariel

Antes de nada, agradecer a www.librosmorrocotudos.com la posibilidad de comentar mi libro y recomendarlo en su muy recomendable blog literario. Dicho esto, ahora viene lo difícil. Los autores, como las madres y los padres, corremos el riesgo de hablar demasiado de nuestro “hijo” o “hija”. Por otro lado, la única manera de explicar un libro es diciendo algo de él. Procuraré ser breve. Este libro nació como un delta, juntando el agua dulce de mi experiencia como historiador y el agua salada de mi experiencia como formador en temas de empresa y branding. ¿Qué mejor manera de juntar ambos cauces que con una historia de las marcas y las empresas más destacadas?

En realidad, no es una historia completa sino una selección. El criterio seguido ha sido buscar marcas significativas en su respectivo sector. En consecuencia, como en Botica, hay un poco de todo: textil, motor, joyas, armas, etc… La inclusión de algunas marcas puede parecer sorprendente. ¿Qué tienen en común Rolex, con Knorr? Esta confusión desaparece cuando miramos la historia de manera “vertical” y no sólo “horizontal”. Hoy en día, Maggi puede parecer una marca “normal” pero, imagínese los deseos de Colón o Magallanes, y sus respectivas tripulaciones, muertas de hambre y sed en altamar, en una época que la comida se pudría a las pocas semanas de abandonar puerto. Aquellos marineros, en medo del océano, ¿qué habrían codiciado más: un reloj Rolex o una sopa caliente, fácil de guardar en el barco y aún más fácil de cocinar? Además, durante siglo, uno de los deseos más codiciados por la humanidad ha sido dar de comer a las masas. No es casualidad que la población haya comenzado a aumentar a partir de las marcas de alimentación barata y rápida…

En otras palabras, la mayoría de la gente tiene la idea de que las marcas son algo superficial y no digo que no sea cierto. Pero no sólo hay ambición económica y vanidad en las creaciones sino también logros, o repercusiones sociales, mucho más transcendentales. Un ejemplo es el deseo de las elites romanas y medievales por vestirse con seda de la China. Gracias a este deseo frívolo, también es cierto que se tejieron multitud de relaciones , culturales entre Europa y Asia, a lo largo de la ruta de la seda. Otro ejemplo, Coco Chanel fue una gran revolución ya no sólo en el mundo de la moda sino también para la mujer. Fiel a su lema (‘siempre quitar, nunca poner’), Coco se anticipó a las mujeres del siglo XX: dejó en el olvido los corsés en los vestidos, se cortó el pelo a lo ‘garçon’ e introdujo el pantalón en el armario femenino.

Sin duda, podría decir muchas más cosas de las marcas, pero he prometido ser breve y, después de todo, para eso he escrito un libro… A modo de final, sólo recordar al lector que cada día utilizamos miles de marcas sin tan siquiera ser conscientes de ello. Desayunar, una ducha y vestirse y ya llevamos 10 marcas (la del champú, la de los cereales, la de los vaqueros…) Quizás resulte conveniente saber algo más de este mundo que es nuestro mundo…
Fernando Garcés Blázquez

El robo de la sonrisa – R. A. Soctti

El robo de la sonrisa.  ¿Quién se llevo la Gioconda del Louvre?
R. A. Soctti
Editorial Turner

En 1911 aún no se había inventado la ciudad vertical: el innovador ascensor de Otis todavía no se había aceptado y nadie edificaba rascacielos, ni tan siquiera en Nueva York. En la Antártida, el capitán Robert Scott soñaba con alcanzar el Polo Sur y, en los astilleros de Belfast, se estaba construyendo el Titanic.
En aquella época, el Louvre se podía visitar sin colas en las taquillas ni grupos de turistas. En ciertos momentos, los escasos visitantes tenían la sensación de estar allí en absoluta soledad. El ambiente era de tal serenidad que ningún cuadro estaba sujeto con cables ni atornillado a las paredes. Aún así, nadie pensaba que fuera posible llevarse un cuadro y, mucho menos, el más valioso de todos. Sin embargo sucedió lo impensable. El miércoles 23 de agosto de 1911, los periódicos de todo el mundo publicaron una noticia que conmocionó al mundo: la Gioconda había desaparecido del Louvre. Gracias a los recientes inventos del teléfono y el cable, las palabras París y Leonardo da Vinci estaban en los titulares de portada de todas las grandes ciudades.
Aún hoy hay más preguntas que respuestas. Por fortuna, R. A. Scotti ha reunido todo el material publicado y realizado una magnífica síntesis para, como mínimo, explicar qué pudo pasar. Con poco frecuente talento, la autora combina la rigurosidad del ensayo de investigación con la amenidad de la novela de detectives. No es sólo una metáfora. Para resolver el misterio, se interrogó a todo el personal del museo, siguiendo un revolucionario sistema: el Método Bertillon, consistente en la elaboración de fichas policiales con huellas dactilares y fotografías. Por cierto, ¿Sabía usted que Picasso fue uno de los sospechosos del robo y que llegó a sr interrogado, al igual que su amigo Apollinaire?
Durante dos años, la Gioconda residió en paradero desconocido. Tan misteriosa como su desaparición fue su aparición en Florencia, a pocos metros del lugar donde se supone que Leonardo da Vinci la pintó cuatro siglos antes. R. A. Soctti aprovecha para informarnos de las diferentes hipótesis al respecto y los muchos otros misterios en torno la dama de la misteriosa sonrisa…
¿Quién es?
Aunque la versión oficial señala a Lisa Gherandini, esposa de Franceso del Giocondo, también se ha relacionado con Isabel de Aragón, Beatrice d’Este, Filippa de Savoy, una idealización, e incluso un autorretrato del artista u otro hombre travestido.
Como la mayoría de las obras renacentistas, el cuadro no tiene firma, fecha ni título. Tampoco existe ningún dato de Mona Lisa en los cuadernos de Leonardo. Ninguna mención ni ningún contrato, factura u otro documento de la época que aporte alguna información. La atribución de que sea Lisa Giocondo se debe a Giorgio Vasari, en 1550, cuarenta y siete años después de que se pintará el cuadro
¿Por qué es tan sobria?
En el paisaje detrás de la Gioconda no se observa ninguna planta ni animal. En la dama, ningún indicador de rango o riqueza. Su vestido es anodino para las modas de la época, ni el color ni el diseño tienen estilo o adornos. Ni un anillo ni un collar. Sin embargo, todas las candidatas a ser la Gioconda fueron mujeres ricas, habituadas al lujo. Ninguna gran dama de la época se retrató sin lucir sus mejores galas, ¿Qué hizo a Mona Lisa comportarse de una manera tan diferente?…
¿Por qué sonríe? ¿Qué representa?
Sencillamente, se ha dicho de todo. ¿la sonrisa de la madre del pintor (Freud)? ¿”Una velada amenaza”? ¿La Eva esencial? ¿La dicotomía entre la virgen y la amante? ¿Un extraordinario hito técnico? ¿Un símbolo de la diosa egipcia Isis que esconde el secreto de las pirámides de Giza? ¿”La sonrisa es dulce pero te devora, ávida como el mar”, Alfred Dumesnil? ¿”El abismo infinito de un sueño”, Arsène Housaye? ¿El artista burlándose del espectador por ser el cuadro su propio retrato travestido? ¿Una respuesta al nervio craneal VII, según neurólogos actuales?
Un estudio reciente de “medición de emociones” determinó que Mona Lisa está un 83 % feliz, un 9 % disgustada, un 6 % temerosa y un 2 % enfadada.
¿Quién la robó?
La mejor manera de saberlo es leyendo el libro… Belleza, misterios, buena redacción, ¿se puede pedir más?…
Fernando Garcés Blázquez

La tribu atribulada / Jon Juaristi

En España, al poco de morir Franco, se instauró la democracia y, con ella, el Estado de las Autonomías. En la Comunidad Autónoma Vasca se hizo con el poder político el Partido Nacionalista Vasco. Durante casi tres decenios el pensamiento políticamente correcto pasó a ser el del nacionalismo vasco. Cualquier idea que se saliera del pequeño tiesto nacionalista pasó a ser anatemizada; sus opositores, invisibles; sus víctimas, insultadas…

En fin, que los no nacionalistas las han pasado canutas en esta Euskadi de nuestros amores. Es por ello que libros como el que aquí comento, un divertido análisis del nacionalismo vasco, resultan imprescindibles para sacudirnos tantos años de pensamiento único.

Su autor, Jon Juaristi, de familia nacionalista, confiesa haber sido educado en el Opus y haber militado en ETA, entre otros curiosos datos de una biografía muy humana por lo variado y evolutivo. Se trata de un riguroso intelectual, lingüista y poeta, que, con mucho sentido del humor y no poca mala baba, nos razona las radicales sinrazones del nacionalismo vasco. Si no te has quedado anquilosado en lo políticamente correcto (España mala, PP asesino, ETA luchadora…) disfrutarás mucho con esta obra subtitulada “El nacionalismo vasco explicado a mi padre”. Y aprenderás un montón.

Habla bastante de religión, porque la religión está muy ligada al nacimiento y posterior evolución del nacionalismo vasco. Véase parte de un análisis donde se muestran los históricos intentos de ver en el cristianismo la culminación de la religión primitiva.

El padre de todos los intelectuales populistas del siglo XVIII, Herder, era un pastor luterano, pietista, que emprendió el estudio de las culturas populares con la esperanza –común a muchos otros intelectuales de su época- de poder reconstruir la religión primitiva de la humanidad y demostrar su coincidencia con la revelación cristiana. Herder suponía que la religión primera de la humanidad debía de ser también la religión natural, esto es, aquella que todo ser humano lleva inscrita en lo más íntimo de su alma, que se confunde con su conciencia moral, y que no discrepa de las enseñanzas de Cristo (por el contrario, alcanzaría en estas su plenitud).

También habla de la bandera española. Sí, esa tan facha y tan fea. Con un par.

(…) Por supuesto, los símbolos son convencionales, no sagrados, pero hacen visible un orden que no es tan evidente. Al darnos la Constitución, nos dimos ese símbolo. La bandera nacional es el símbolo de la nación democrática. Y no se trata de gustos: los colores me podrán parecer más o menos bonitos o chillones, despertará en mí buenos o peores recuerdos; pero la necesitamos para afirmar lo que somos, gentes identificadas con un orden democrático, el de una Nación-Estado concreta, que está siendo atacado aquí, en San Sebastián o en Madrid o en Sevilla por un terrorismo totalitario.

¿Cómo reacciona un progre ante una argumentación de este tipo? Como un resistente franquista de carnaval. Lo más seguro es que diga algo como: Yo soy republicano. Mi bandera es la tricolor. La rojigualda es la bandera de la monarquía. Respóndele, por ejemplo: De acuerdo, pero vamos a dejar a un lado lo que tú eres o imagines ser, los orígenes de la bandera y todo lo demás. ¿Es o no la bandera establecida por la Constitución? Te contestará: Lo es y yo la respeto. Representa al Estado y no me parece mal que ondee en los edificios públicos; pero de ahí a llevarla yo hay un trecho. Este, de todas maneras, sería un tipo benigno y moderado de progre. La Constitución que teóricamente aprueba y defiende es, para él, una especie de menú del que sólo le incumben las disposiciones que le gustan; las demás, que las defienda la Marina de Guerra. Pero hay un tipo más radical y antisimbólico: el que sostiene que todas las banderas le repugnan, porque están manchadas de sangre. Bien, nadie va a negar a estas alturas el origen guerrero de las banderas, que fueron al principio señales para localizar el lugar de los jefes en la confusión de la batalla. (…) A mí, este pecado original de las banderas no me parece motivo suficiente para prescindir de ellas. Si rechazásemos todos los artefactos en cuya invención ha existido una motivación bélica o agresiva, tendríamos que prescindir de todos, desde la boina hasta Internet. (…) Todo lo que ha salido de las mentes y de las manos de los hombres puede ser utilizado para la guerra o para la paz, y las banderas no son la excepción.

Si te gusta lo que has leído, si el autor te parece un tipo valiente y sin pelos en la lengua, esta Tribu atribulada te va a encantar. También te recomiendo otros libros suyos con tema similar: El linaje de Aitor, El bucle melancólico, Sacra Némesis.

Si te ha cabreado la lectura de los fragmentos que aquí he copiado, lo mejor es que saques la ikurriña al balcón y cantes a voz en grito el himno del PNV, que “casualmente” coincide con el de Euskadi (de esto también habla Juaristi).

Si ni fú ni fá, puede que sea debido a que no eres ni vasco ni vasca, estado por el que te felicito sinceramente. Un problema menos.

Alberto Arzua

Nada que temer / Julian Barnes

Julian Barnes es el novelista británico que dejó turulato a medio mundo con la aparición de su novela El loro de Flaubert (1986), donde mezclaba tan alegremente géneros literarios que le dieron el título de posmodernista. Vaya cosa.

En su última novela, Arthur y George (2005) que no he tenido el gusto de leer porque uno no puede estar a todo aunque les prometo a ustedes que la leeré y pronto y que se la comentaré puntualmente colocando alguna coma más de las que utilizo en esta misma frase para que ustedes no se queden sin aliento y puedan proseguir sus labores cotidianas sin necesidad de entablar demandas contra el autor de estas líneas, digo, parece ser que narra los sucesos acontecidos en la pequeña localidad inglesa de Great Wyrley en 1906 cuando un joven abogado de origen parsi fue condenado a siete años de trabajos forzados por supuestamente destripar a un caballo. Punto y sigo. Perdón por la tontería acómica pero uno tiene sus días. Nos ocuparemos de este tema a su debido tiempo.

El libro que nos ocupa, Nada que temer, trata de la muerte. Una vez sabido se hace evidente que el título le va muy bien, ¿verdad? Positivo y tal. Pero no es todo tan sencillo. Transcribo el primer párrafo:

No creo en Dios, pero le echo de menos. Es lo que digo cuando se aborda el asunto. Pregunté a mi hermano, que ha enseñado filosofía en Oxford, Ginebra y la Sorbona, qué le parecía esta declaración, sin revelarle que era mía. Contestó con una sola palabra: “Sensiblera”.

Con un estilo autobiográfico, remotamente heredero de Montaigne (a quien adora, como a casi todo lo francés), Barnes reflexiona a calzón quitado acerca de la muerte y lo hace con naturalidad, a nivel de suelo, sin pedanterías, de un modo tal que todos pudiéramos pensar que aquello que leemos ya se nos había ocurrido a nosotros… Vamos, que yo lo catalogaría de excelente libro de filosofía. Aunque el filósofo sea su hermano.

Es una pena que su hermano de verdad sea filósofo de verdad (lo he comprobado en la Wikipedia) porque merecería haberse quedado en ficticio y estupendo coprotagonista de esta novela que no es novela. Me explico. Para desarrollar su pensamiento acerca de la muerte y sus numerosas consecuencias incógnitas, Barnes nos remite, lógicamente, a su infancia, familia, estudios, amigos, lecturas y demás influencias que conforman en gran medida el ideario personal de cada cual. Discute con todos, da argumentos a favor y en contra de sí mismo, desgrana una bonita cantidad de citas suculentas, nos cuenta un porrillo de anécdotas interesantísimas, avanza reptando a través de una prolífica moribundia de reflexiones y… no concluye nada. A menos que el título en sí constituya un resumen. Yo diría que no.

Y ya que queda un poco de sitio al fondo, citemos algunas citas:

Tres de Jules Renard

Renard dijo: “Que te horrorice lo burgués es burgués”. Dijo: “¡Posteridad! ¿Por qué la gente habría de ser mañana menos estúpida de lo que es hoy?”. Dijo: “La mía ha sido una vida feliz, teñida de desesperación”.

La muerte de Toulouse-Lautrec.

El padre del pintor, un conocido excéntrico, fue a visitar a su hijo y, en vez de atender al enfermo, se puso inmediatamente a intentar atrapar a las moscas que circulaban por la habitación. El pintor, desde la cama, profirió: “¡Viejo estúpido de mierda!”, y a continuación reclinó la cabeza y murió.

Una más.

¿Por qué envidiar a los dioses?, pregunta Herbert, y contesta, irónico: “por las sequías celestiales, / por una administración chapucera, / por una lujuria insaciable, / por un bostezo gigantesco”.
Alberto Arzua

El catolicismo explicado a las ovejas / Juan Eslava Galán

     Ir al Eroski tiene sus problemas. Uno: es demasiado grande. Dos: hay mucha gente. Tres: se soporta un ruido infernal llamado música de fondo. Cuatro: hay que pagar a la salida. Cinco (y principal): mi mujer se eterniza mirando los saldos de ropa. Y dirán ustedes: ¿y a mí qué me importa?
    
     A mí tampoco, nada de nada (de hecho me importa tan poco la ropa que tengo pensado irme a vivir algún sitio donde no haga falta; no se pueden imaginar ustedes la ilusión que me hace de sólo pensarlo) y por eso es que me suelo dirigir a los expositores de libros, por la cosa de pasar el rato echándoles un ojo a los últimos mejores-vendedores.
    
     Y hete aquí que me encuentro con el presente volumen, uno más de los que pretenden meterse con todo Dios, y como me aburro y me pica la camiseta del último saldo (aunque no es cuestión de desnudarse en público para pasarle un poco de mi picante a la tarde del sábado), voy y me lo compro. ¿Craso error?
    
     Pues no del todo. El señor Eslava Galán, que es capaz de escribir acerca de bastantes cosas (ha publicado 67 libros, mayormente novelas y ensayos históricos) con bastante conocimiento de causa, nos divierte bastante con su inclemente machaque de los dogmas de la religión católica. Ya sé que hay mucha gente que se dedica a lo mismo, noble ambición, pero este libro es ágil, divertido y bien documentado. Hay veces en que preferirías que profundizara más en algún tema en vez de hacer chistecitos obvios, pero esto es lo que hay. En conjunto pasas buenos ratos. Porque es un tomito para leerlo a ratos sueltos, te quedas con la sonrisa puesta.
     
     El problema con estos argumentarios es que sólo los leemos quienes estamos previamente convencidos. Pero así es la vida. Los otros se contentan con confesarse e ir a misa. A cada cual lo suyo, que de todo hay en la viña del señor. Uy, que me está afectando la lectura.
    
     Acabo con una reflexión: echo de menos libros donde se machaque igual de inmisericordemente a las otras religiones: judaísmo, islamismo, hinduísmo, esoterismos y misticismos varios…, porque incluso en lo más vendido y afamado como ateo y científico tan sólo maltratan (como merece) a la religión cristiana… Y a mí me apetece que se machaque al señor Dios se encuentre donde se encuentre, y bajo todos sus nombres. No sé si me explico. Pero es que los ex-cristianos debemos de estar muy especialmente traumatizaditos. Ya te digo. ¿Se me nota la inquina? Qué malo que soy y cuántos pecados que tengo.
    
     ¿Habrá que pagar a la salida?
     
         Editorial: Planeta
     ISBN: 978-84-08-08209-5
     Págs: 490
     Precio: 20 euros

Alberto Arzua

La caí­da del imperio romano

 Un libro de historia bien escrito me interesa aunque a priori no me atraiga especialmente el tema (¿y por qué no me iba a atraer especialmente el tema?)

  Este libro es una gozada y, en vez de explicar los porqués, paso a desgranar algunas citas:

Los reclutas se entrenaban juntos, combatían juntos y jugaban juntos en grupos de ocho, formando así un contubernium (literalmente, un grupo que comparte una tienda).

Un ejercicio escolar característico consistía en tener que expresar algún suceso cotidiano con el estilo de alguno de los autores escogidos (“Una carrera de carros tal como la contaría Virgilio: podéis empezar”).

 Encabezamiento de una carta cualquiera de Símaco a su padre: “Para que no se me achaque el delito de interrumpir la correspondencia, prefiero ser diligente en mi deber antes que permanecer inactivo esperando largo tiempo una respuesta”.

La sociedad de la antigua Roma sostenía que nadie debía tratar de controlar a otros mientras no fuera capaz de controlarse a sí mismo. Las personas cultas tenían también un deber de servicio a la tradición literaria en la que habían sido educados.

 Una vez establecida, una relación podía contribuir a objetivos muy distintos, pero lo más importante era la relación misma.

Se sostenía que, en el acto de debatir las cuestiones locales frente a unos iguales con capacidad de discernir, se desarrollaban las facultades racionales hasta alcanzar un nivel que de otro modo habría sido imposible de conseguir. Nota: para Aristóteles, en eso consistía la única vida buena, y alguien que viviera aislado en sus tierras estaba abocado a volverse menos racional. Nuestra palabra “idiota”, viene del griego “idiotes”, voz que designa a alguien que rehúye participar en este tipo de comunidad local.

Cita del poeta Ausonio describiendo el valle del Mosela: “Y es que la ribera del río está sembrada de verde vino en sus altos montes hasta los confines de la inclinada pendiente. El pueblo y los colonos presurosos aceleran lo agradable de los trabajos, ahora en lo alto de las cumbres, ahora en la ladera inclinada, compitiendo con el necio griterío. Por aquí el viajero que recorre los caminos de las orillas, por allí el navegante que se desliza, lanzan pullas cantando a los campesinos retrasados…”

 Ejemplo de obsequios protocolarios: el “lungurion” (almizcle de lince coagulado), un ingrediente de los perfumes caros. Nota: entre los que se cuenta el Chanel nº 5, según informaciones fiables.

Justo antes de abandonar la civilización para volver a cruzar el desierto, el grupo compró 160 litros de vino para el viaje de regreso. Esta cantidad costó menos que los dos litros de vino que Teófanes bebió en la comida ese mismo día, de una cosecha mucho menos corriente.

El gobierno romano carecía de la capacidad burocrática para tramitar proyectos sociales de amplio alcance, como el de un servicio sanitario.

Para comprender plenamente el funcionamiento del gobierno, es preciso no separar la valoración de la imposibilidad logística en que se veía el centro para intervenir en la vida cotidiana de la periferia, del absoluto poder legal y el indiscutido dominio ideológico que poseía el núcleo imperial.

Nota: El caso de Irni en Hispania resulta muy interesante. Hasta la fecha, los arqueólogos no han logrado determinar el lugar de su emplazamiento… A pesar de su hermosa Constitución, uno empieza a preguntarse si alguna vez fue algo más que una ciudad de carácter meramente nominal o legal.

 Cualquiera que utilizase la mitad superior de una hoja de papiro, podía escribir al emperador acerca de alguna cuestión que quisiese ver zanjada. Después el emperador respondía en la mitad inferior.

El transporte tenía unos costes enormes. El edicto de precios de Diocleciano indica que el precio de un carro de trigo se doblaba por cada ochenta kilómetros recorridos.

 Este agradabilísimo y revelador libro de historia tiene 600 páginas. Todas las citas anteriores corresponden a las 150 primeras. Lo bueno si breve… Perdón, este aforismo no pega muy bien aquí.

 

Este agradabilísimo y revelador libro de historia tiene 600 páginas. Todas las citas anteriores corresponden a las 150 primeras. Lo bueno si breve… Perdón, este aforismo no pega muy bien aquí.

 

Título: La caída del Imperio Romano>

Autor: Peter Heather

ISBN: 978-84-8432-710-3 

Editorial: Editorial Crítica

Precio: 29,50 euros

 

Páginas: 710

 

 

 

Alberto Arzua

Ensayos / Montaigne

Se podría decir que este es el primer libro de ensayo de la historia. Corrían los tiempos del Renacimiento: el ser humano se estaba liberando de la religión y descubriéndose a sí mismo. Esta obra de Montaigne, uno de los hitos de la cultura mundial, representa el primer pensamiento libre de la humanidad después de tantos siglos de ocultismo. Pero lo mejor de todo es que se trata de un libro muy divertido, que se puede leer de cualquier manera (por el principio, por el final, por el medio, en la cama, en el tren, en la cocina, en el campo…) y con el cual aprendes cantidad de cosas mientras te ríes, te sorprendes y te emocionas. Recomiendo tener este libro siempre a mano. Yo lo utilizo cada vez que me quedo sin una lectura medianamente apasionante. Montaigne, que llegó a ser alcalde de Burdeos, tuvo el latín como primera lengua materna y el griego como segunda. Después le dejaron aprender francés. Sus Ensayos están literalmente plagados de citas grecolatinas (traducidas, eh), siempre muy originales y reveladoras.

Citemos algunas citas clásicas entreveradas de otras del mismo Montaigne:  El que puede decir cómo arde sólo vive una pequeña pasión (Petrarca, Sonetos. 137).  Jamás todas las gracias fueron a todos concedidas (La Boétie, Sonetos, XIV). He visto cómo relatos muy amenos volvíanse tediosos en boca de un señor, al haber bebido mil veces en ellos todo el auditorio (Montaigne). Si así como la verdad, sólo tuviese la mentira una cara, mejor nos iría. Pues consideraríamos cierto lo opuesto a lo que el mentiroso dijera. Más el reverso de la verdad tiene cien mil caras y un campo infinito (Montaigne). De nada sirve conocer el futuro. Pues en efecto es inútil atormentarse en vano (Cicerón, De la naturaleza de los Dioses, III, 6). Si de improviso estalla en mis oídos el ruido de un arcabuzazo en un lugar en el que no lo espero, no puedo dejar de pegar un respingo, cosa que he observado en otros que valen más que yo (Montaigne). Su alma permanece inmutable, sus lágrimas corren en vano (Virgilio, Eneida, IV, 449). Un condenado a muerte, habiendo pedido algo de beber, al haber bebido el verdugo primero, dijo que no quería beber después de él por miedo a coger las viruelas (Montaigne). ¿Por qué entre tantas razones para convencer de distintas maneras al hombre para que desprecie la muerte y soporte el dolor, no hallamos alguna que nos vaya bien? (Montaigne). Por mucho que digan, incluso en la virtud, el fin último de nuestra intención es la voluptuosidad. Me place golpear sus oídos con esta palabra que tanto les repele (Montaigne). Preferiría pasar por loco o por tonto con tal de que mis errores me complazcan o me pasen desapercibidos, antes de ser sabio y rabiar (Horacio, Epístolas, II. II. 126). La ardorosa juventud se acalora tanto mientras duerme, encerrada en su caparazón, que sacia en sueños sus amorosos deseos:A menudo, como si hubieran consumado el acto, derraman su savia, manchando sus vestidos (Lucrecio, IV. 1.035). Es verosímil que la fe principal en los milagros, las visiones, los encantamientos y semejantes hechos extraordinarios, venga del poder de la imaginación que actúa fundamentalmente contra las almas del vulgo, por ser más blandas (Montaigne). Decía la nuera de Pitágoras, que la mujer que se acuesta con hombre, ha de dejar la vergüenza al tiempo que la saya y recuperarla al ponerse el refajo (Montaigne). Y aun cuando para revalorizar el poder absoluto de nuestra voluntad, alegase San Agustín haber visto a alguien que ordenaba a su trasero tantos pedos como quería y aun cuando su glosador Vívez fuese más lejos con otro ejemplo de su época de pedos organizadossegún el tono de los versos que se les pronunciaba, ello no supone tampoco la pura obediencia de este miembro; pues, ¿acaso existe otro por lo común más indiscreto y escandaloso? (Montaigne). Mi collar de flores sírvele a mi nariz, mas después de habérmelo puesto tres días seguidos, sólo sirve ya a las narices de los asistentes (Montaigne). ¡Cuán difícil es conocer los íntimos pensamientos de aquéllos que nos asisten! (Montaigne).

Este clasiquísimo Michel de Montaigne es un tipo que se presenta tal y como es, que reflexiona acerca de todo y acerca de sí mismo con una sinceridad encantadora, que se te hace muy cercano, sorprendentemente contemporáneo, muy majete. Mira lo que dice en la introducción (cito justo el principio, muy conocido, y el final):

Es éste un libro de buena fe, lector (…) yo mismo soy la materia de mi libro: no hay razón para que ocupes tu ocio en tema tan frívolo y vano. Adiós pues; de Montaigne, a uno de marzo de mil quinientos ochenta.

CATEDRA. Letras universales. Edición de Bolsillo. Dos tomos Precio aprox. por tomo: 11 euros ISBN 9788437605395 

Alberto Arzua

Mal de escuela

Este es un ensayo acerca de los alumnos de escuela más atrasados, los tontos tontísimos, los que nunca entienden nada. En francés se llaman “cancres”, expresión que dicen que no tiene traducción al español. Vaya. Yo creo que “zote” quedaría bien.

Resulta que el escritor de este libro fue él mismo en su infancia y juventud un zote tremendísimo. Después se curó del zotismo y se hizo profesor y escritor de éxito
(vende cientos de miles de ejemplares en la dulce Francia). Parece ser que su madre todavía no se cree el cambio y cada vez que le comentan algún éxito de su hijo, suspira, ay, ay, ay, como si temiera que se fuera a descubrir todo el pastel. Zote una vez, zote para siempre.

Contra este determinismo negativista lucha Pennac a lo largo de su libro. Es un hombre muy pero que muy convencido de los beneficios de la enseñanza; se trata de un profesor profundamente vocacional que nos explica toda la cuestión de los zotes, los padres, los profesores… de una manera muy amena a la par que profunda y educativa (no lo puede evitar).

Las madres le llaman, preguntándole, desesperadas:

- ¿Pero, en qué se va a convertir mi hijo?

Entonces, intento contarles algo divertido:

- ¿Conoce usted la única manera de hacer reír a Dios?

Dudan al otro lado del teléfono.

- Cuéntele usted sus proyectos

(…)

Un padre muy estirado afirma, categórico:

- A mi hijo le falta madurez

Se trata de un hombre joven, bien vestido, muy rígido. Pennac pregunta la edad del niño.

- Once

Le respondo:

- Tengo la solución

Ah, bien. Mirada de profesional a profesional. ¿Y?

- Espere

No le gusta. Se va. Al día siguiente se cruza con él por la calle. El señor estirado, el padre del niño inmaduro va en patinete.

Y acabo con una cita larga pero muy interesante de un tal Ali, antiguo zote, actualmente profesor especializado en fracaso escolar:

Cojo a los jefecillos de quince o dieciséis años, los aíslo provisionalmente del grupo, porque siempre es el grupo quien los mata, quien los impide constituirse, les pongo una cámara en la mano y les digo que hagan una entrevista a uno de sus colegas. Hacen la entrevista solos en un rincón, lejos de otras miradas, vuelven y vemos la película todos juntos, con el grupo. Nunca falla: el entrevistado hace el tonto como siempre delante del objetivo, y el que le filma le sigue el juego. Hacen gestos, exageran el acento, repiten sus palabrejas de tres al cuarto lo más fuerte posible, igual que yo cuando tenía su edad, como si se dirigieran al grupo, como si el único espectador posible fuera el grupo, y durante la proyección sus colegas se ríen muchísimo. Vuelvo a echar la película dos, tres, cuatro veces. Las risas se espacian, son menos seguras. El entrevistador y el entrevistado sienten que está pasando algo raro, que no llegan a identificar. A la quinta o sexta proyección se observa una verdadera incomodidad entre ellos y el público. A la séptima u octava vez (te lo aseguro, a veces he tenido que proyectar nueve veces la misma peli) ya lo han comprendido todos, sin explicarles nada, que lo que sube a la superficie de lo que se ve es lo ridículo, lo falso, su comedia habitual, sus mímicas de grupo, todas sus habituales escapatorias y que todo eso no tiene ningún interés, cero, ningún atisbo de realidad. Cuando han llegado a ese estado de lucidez paro las proyecciones y les hago repetir la entrevista, sin ninguna explicación adicional.. Esta vez se obtiene algo más serio, relacionado con la vida real (…) poco a poco va apareciendo la adolescencia en los adolescentes, dejan de ser jóvenes que se divierten asustando (…) su adolescencia atraviesa su apariencia, se impone, su ropa, sus gorras se convierten en accesorios, sus gestos se atenúan, instintivamente el que está filmando acerca la cámara, ahora es la cara lo importante…
Este es un libro escrito desde el amor a la educación, desde la creencia de que prácticamente todas las personas pueden llegar a cultivarse y a crecer como tales personas. Muy interesante para quien se sienta atraído por el mundo de la educación.

Por cierto, en el último capítulo habla del amor. Leído por alguien con más de 20 años de experiencia en la enseñanza y escrito por alguien que… también ha pasado lo suyo… pues… emociona. Snif. Habla del amor mediante una metáfora preciosa que no pienso desvelar.

 

 

Mal de escuela, de Daniel Pennac
Editorial: Mondadori

256 páginas; 20,90 euros
ISBN: 9788439721291

Daniel Pennac (Casablanca, 1944) es conocido sobre todo por una serie de novelas negras y gamberras que giran en torno a la Familia Malaussène. Son invariablemente divertidas y sorprendentes, muy recomendables.

 

 

Alberto Arzua