No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales

Los Maia / Eça de Queirós

18 Noviembre 2010

Cuestionario cultural para niños y mayores:

¿Qué es el romanticismo? Un movimiento surgido a finales del siglo XVIII como reacción contra la tradición clasicista.

¿Qué es el realismo? Una corriente artística de principios del siglo XIX que pretendía, entre otras cosas, reaccionar contra los abusos del romanticismo.

¿Cuándo conoció el género novelístico su mayor esplendor? Durante el siglo XIX.

Cite algunos de los más importantes novelistas del siglo XIX. Galdós. Stendhal, Balzac, Flaubert, Zola, Dostoievsky, Tolstoi, Dickens…

¿No se le olvida alguno? A ver… Clarín, Victor Hugo, Manzoni, las hermanas Bronte, Walter Scott, Thackeray, George Elliot…

¿Alguien más? Buf… Chateaubriand, Maupassant, Gogol, Jane Austen… ¿Ya vale, no?

De acuerdo. Cambiemos de tercio. ¿Cuál es el país más cercano a España? Francia, claro.

¿Alguno más? Eeeh… Pues Andorra, Marruecos y… Portugal, claro

¡Ya le ha costado a usted! Perdón, es que andaba mirando para otro lado.

Perdonado. Es que a veces lo cercano no se sabe valorar.

Muy bien dicho. Gracias.

Está usted suspendido. Qué le vamos a hacer

Ahora limítese a escuchar. Con suma unción.

La novela más importante de la literatura portuguesa se llama Los Maia y fue escrita por Eça de Queiros. Por su calidad es comparable a cualquiera de las más famosas novelas del siglo XIX. Se suele decir que es El Quijote portugués.

Se desarrolla en el ambiente de la alta burguesía lisboeta, a la que fustiga con pasión, humor y no pocas dosis de cariño. Sus personajes a veces nos parecen tan ridículos que les daríamos de capones. Otras veces son tan encantadores que nos gustaría parecernos a ellos. Y de eso me temo que se trata, de hacernos ver, con sin par sutileza, lo que anida en el fondo y en la superficie del corazón humano. Vamos, que nosotros mismo tenemos bastante de aquellos tontarras. Por lo menos yo seguro que sí, que llevo un buen rato hablando conmigo mismo sin darme cuenta.

Lo que más distingue a esta obra es la suavidad de su lectura/escritura. Se lee como resbalando, como silbando, como sentado en un banco viendo pasar las gaviotas. Supongo que esto se debe a la dulzura del carácter portugués. Digo yo. Sus 800 páginas no tienen desperdicio, ni te aburres ni te cansas.

Además este libro tiene una estupenda sorpresa. Hagan el favor de no leerse las solapas ni ninguna información acerca del argumento porque la sorpresa es magnífica y llega de un modo muy elegante. Merece la pena recibirla como es debido, sin prejuicios previos. A pesar de todo, y como soy un poco malvado, les diré que la susodicha sorpresa tiene algo que ver con la fallida novela del divino Nabokov Ana o el ardor. Queda dicho.

¿Y a qué venía lo de romanticismo y el realismo? Ah, sí, es verdad… Pues a que esta novela es a la vez romántica y realista. ¿Qué bueno, no?

Alberto Arzua

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