Snow crash / Neal Stephenson

He tardado dieciocho años en leer este libro. Y no es que sea lento leyendo sino que la ciencia ficción me da pereza. Oír hablar de quarks, robots, avatares y otras zarandajas me produce somnolencia. ¿Por qué? Será cuestión de preguntármelo en serio ya que sospecho que me he perdido algo interesante. Lo digo porque he tardado menos de una semana en leerme este libro. Y me lo he pasado bomba.

Un malvado coleguilla, sospechando alguno de mis numerosísimos puntos débiles, me retó a leer la última novela de este escritor (de quien yo lo desconocía todo). ¿A que no te atreves con “Anatema”?, me dijo, sacudiendo el trapo rojo frente a mi defecto toro. ¿Cómo que no? ¡Dame Anatema! ¡Quiero Anatema! ¿Qué es Anatema? ¡Anatema! ¡Anatema!

Pero como el Anatema en cuestión no está aún disponible en las bibliotecas y mi presupuesto cultural se encuentra en números rojos, me tuve que conformar con el primer best seller del mismo autor, un libro que salió en el olímpico 1992. De ahí lo de los dieciocho años. Parece que fue ayer, ya lo sé, pero tampoco es cosa de ponerse a llorar ahora por el tiempo perdido.

O sí. Porque renegar de todo un estilo literario es una solemne tontería. Y la pereza no debería hacerle la competencia al placer. ¡Vaya frase! Se impone un bonito ejemplo. Si es usted capaz de negarse a colaborar íntimamente con su símbolo sexual xxx (a rellenar por el lector) crudamente expuesto en picada oferta carnívora, aduciendo cansancio o falta de tiempo… mejor coja una katana y practique el harakiri. Supongo que en esto estamos de acuerdo.

Respecto a la ciencia ficción, qué quieren que les diga. Parece cosa de frikis. Los estilos literarios más comunes (rosa, negro, verde, aventuras, realista, histórico, biografía, capa y espada…) utilizan como material al ser humano y a sus circunstancias, elementos que damos por conocidos y a partir de los cuales logramos hacernos una idea de lo que nos cuentan. La novela rosa habla de amor, chicas guapas y pasiones tremebundas. La novela negra trata de detectives borrachuzos, chicas guapas y asesinatos a tutiplén. La novela verde se nutre básicamente de chicas guapas. La novela de aventuras suele insistir en la conveniencia de salvar a alguna que otra chica guapa. La novela realista es una de las pocas en que la chica puede no ser muy guapa… En fin, para qué les voy a contar. Lo que quiero decir es que en las novelas que no son de fantasía o de ficción sabemos en qué terreno nos movemos y no tenemos que hacer mayor esfuerzo en imaginarnos cosas raras (como no sea esa inusual avalancha de chicas guapas).

Sin embargo en la ciencia ficción las personas no son personas normales sino ocurrencias del escritor con el aspecto más inimaginable posible (en eso está la gracia). Las carreteras no son carreteras, la comida no es comida, el mundo no es mundo, el tiempo no es tiempo… y ya mismo desde el principio te haces un lío. Hay que ser muy hábil para mantener tu atención con algo de lo que no entiendes nada. Supongamos la siguiente frase:

El clingon agarró la rufaca y girando los trocos en filotes atravesó el fundo que satinaba pinis a toda mecha mientras murmuraba “¡Certakis menos doscientos!”

Yo no me entero de nada, no sé ustedes. Puede que, con el paso de las páginas te vaya quedando claro qué es un maldito clingon, una rufaca e incluso te familiarices bastante con los trocos, pero el proceso de comprensión ha de estar bastante bien calibrado (quizás midiendo en certakis) para que no dimitas en el intento. ¡Coño, que esto es una novela y no un jeroglífico! Y no tengo nada en contra de los jeroglíficos, que conste. Si hay gente que disfruta no enterándose de nada durante ciento cincuenta páginas porque se te está describiendo un pseudomundo extrañísimo, pero después la goza lo indecible en las quinientas páginas siguientes… pues bueno… pues me alegro. De momento yo no he llegado a tamaña aberración.

Dicen que la última obra de este escritor (Anatema) es bastante críptica. Vamos, que cuesta enterarte de algo. No lo sé, nadie me la presta. De hecho otra de sus novelas (muchas de ellas muy gordas y compuestas de varios tomos con títulos distintos) se titula Criptonomicón, para qué más. Alguno de ustedes seguro que las ha leído. Alguno de ustedes seguro que las ha disfrutado. Pues ya me contarán porque, a lo que iba, tengo pensado leerme unas cuantas. ¿Por qué? ¿Tan incongruente soy?

Sí, por una parte sí. Y por otra les tengo que decir que me ha encantado esta “Snow Crash”. Como lo oyen. Hay cosas raras a tutiplén, por supuesto, pero están presentadas de un modo muy correcto, para que no te vuelvas demasiado majara. He dicho demasiado porque siempre hay cachos en los que no pillas todo lo que te gustaría. Pero no importa tanto, ahí queda la dudilla en el cerebro hasta la siguiente mención al asuntillo. Me debo estar volviendo un poco friki. Ni tan mal.

¿Qué hable del libro de una puñetera vez? Vale. Tiene partes rosas, negras, verdes, de aventuras, realistas… Acaba en gran follón estilo James Bond, como no podía ser menos. Es divertido, original, inteligente, ágil, tiene frases excelentes, una trama muy bien montada, ocurrencias científicas y culturales muy bien traídas (en este sentido una sola página de este libro tiene más sustancia que todo El Código da Vinci) y muchas cosas más, de las buenas y también de las no tan buenas, que ya iremos comentando según me vaya leyendo más locuras como ésta. De momento déjenme descansar, por favor, que ya vale de Metaversos.

(Me acabo de pillar un novelón clasicote. Para desintoxicar)

Alberto Arzua

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2 pensamientos en “Snow crash / Neal Stephenson

  1. Jesus

    Aaahh asi que es un detractor de la ciencia ficcion, pues por pasarse de listo va a enfrentarse a razones jejeje, bueno aunque a la mejor se cuelga el sistema ya sabe es Microsoft.
    Bueno en parte si la ciencia ficcion se centra en nosotros los frikis, en parte es por que nustras inquietudes raras veces coinciden con el resto de la gente (Al comun de los mortales solo le interesa que su telefono funcione, no la increible historia de todo el software, hardware, conflictos politicos, socioeconomicos y hasta espirituales que hay detras de un simple movil) pero por otro lado la ciencia o mejor dicho las ciencias son la razon de ser del mundo humano no tener una idea de que como nos afecta o nos podria afectar un cambio por minimo que sea nos deja a la deriva, temerosos, enfadados y confundidos por no enteder a donde va el mundo y ahi sale la ciencia ficcion.
    Por que usando la imaginacion se puede crear una alegoria sobre las consecuencias de la tecnologia y el conocimiento para bien o para mal, ahora indudableente hay escritores que pasan de listos crear un mundo diferente pero sin ser comprensible es la marca de seña del escritor malo, si confundir el publico es muestra de un gran talento pues mal andamos, lo cierto es que la verdadera literatura tiene como fin ser digerible (Ojo digerible no diregida) el fin es comprender un poco mas de nosotros y nuestro mundo ahun de forma alegorica o temandamente satirica y es que a la ciencia ficcion se le puede perdonar todo menos dos cosas ser incomprendible y ser aburrida.
    No se preocupe por el tiempo transcurrido de hecho hasta hace apenas dos semanas la conclui y eso que la venia leyendo desde abril del 2008, el libro para nada es pesado pero yo suelo ser un lector que avanza a paso de tortuga.

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