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Día del libro: te regalamos Fortunata y Jacinta – Benito Pérez Galdós

Este es un libro morrocotudo como pocos, en mi opinión la mejor novela de la literatura española ¿o es que es obligatorio elegir El Quijote?… allá gustos, oiga, pero yo elijo sin duda esta obra genial, interesante, profunda, amena, humorística, seria, reflejo y crítica de épocas, costumbres y caracteres y estudio prolijo, en fin, del ser humano inmerso en su circunstancia. ¡Y además salen muchos personajes graciosos! Una de esas novelas que no puedes dejar de leer.
Y si no fuera interesante se podría leer sólo por el gustazo de ver cómo dominaba el lenguaje don Benito, vamos, como ejercicio gramático; qué belleza de sintaxis, qué riqueza de vocabulario, pero sencillo, sin apabullar, del que entiende cualquiera.
Y esta joya del idioma y del pensamiento, hoy, porque sí, no te la recomendamos, te la regalamos. Sólo tienes que pinchar en la foto y es tuya.
De nada,

el botones

Canción de hielo y fuego / George R.R. Martin

Comienzo confesando que si la literatura fantástica de corte épico-mítico tiene su principal espada en Tolkien y El Señor de los Anillos, no me gusta nada la susodicha literatura. Me parece maniquea, infantil, pomposa, predecible y aburrida. Ahí es nada. Y las películas peor, por cierto, que transmiten tanta emoción e imaginación como la que se le supondría al encargado de vestuario de una película sobre la guerra civil española. Un técnico no se convierte en artista aunque haga fotos “bonitas”. Y el verdadero cine no es eso. Y la literatura tampoco.

Sin embargo los libros que traigo aquí a colación elevan la literatura fantástica a la categoría de sublime. Se trata de cuatro novelas de más de mil páginas cada una cuya enorme calidad consigue que el concepto de entretenimiento alcance sus cotas más altas. Porque son entretenidas hasta decir basta. Comenta Alex de la Iglesia en el prólogo a la cuarta que la técnica de escritura tiene mucho que ver con el estilo de las nuevas series de televisión (las excelentes: Los Soprano, The Wire, A dos metros bajo tierra…): historias engarzadas con un ritmo tal que crean adicción. Estoy de acuerdo con él, pero es que estos libros son mucho más que unas ágiles y divertidas aventuras. Son tantas las virtudes de esta magna obra de George R.R. Martin, que me apresuro a resumirlas.

La característica más reseñable desde mi punto de vista radica en su apabullante facilidad para crear argumentos. ¡Y qué argumentos! Se mezclan, se estiran, se encogen, se retuercen, se pierden, se vuelven a encontrar… Argumentos pequeñitos, argumentos largos, argumentos que empiezan como una chispita y que acaban explotando cuando menos te lo esperas… ¡Un maremágnum de argumentos en los que no te pierdes nunca! Son tantos y tan pegajosos los argumentos que acaban formando parte de tu vida. Cuidado con lo que le dices al conductor de autobús, que él no tiene la culpa de nada de lo que pasa en el libro. En principio.

Otra gozosa peculiaridad de estos libros se encuentra en la elección de los nombres propios, tanto de los lugares como de cosas y personas. Son de una belleza excepcional, este hombre es el gran poeta de los nombres propios. Y no cito ninguno porque cada uno tendrá sus favoritos. Desde aquí lanzo la idea de una colecta popular para erigir un monumento al traductor. Y además es que los nombres suenan a lo que representan, como dicen que hace la lengua primigenia, aquella mediante la cual la oportuna mención de un caballo lo hace aparecer de la nada.

La sucesión de capítulos también está magníficamente estructurada. Cada capítulo lleva el nombre de su protagonista, de modo que hay muchos capítulos con igual título. Al principio te sorprende, pero acabas valorando la idea como excelente pues lo que se consigue es disfrutar con antelación de lo que vas a leer. Efectivamente, acabas un capítulo y lees como encabezado del siguiente el nombre de otro protagonista… ¡Estupendo, justo del que me apetecía seguir leyendo!

Los personajes son variados y complejos. Ninguno es malo o bueno del todo. Ninguno es intocable. Se van creando ante tus ojos. Y cuidado, que se puede morir el que menos te lo esperas. Como en la vida misma. Te sorprenderás enamorándote de más de uno a la vez.

Imaginación para inventar recursos mágicos (objetos, costumbres, razas, animales…) le sobra. Y no cansa. Por cierto que en este mundo inventado la magia parece que esté volviendo a adueñarse del mundo, muy poco a poco, detalle a detalle, mientras que en El Señor de los Anillos la magia andaba de capa caída. Y esas apariciones mágicas (míticas, absurdas, irracionales…) están tan bien traídas y descritas que te las crees: son evidentes y ciertas en lo que estás leyendo. Nada es falso, no hay engaño, lo que sucede está pasando ante tus ojos, ese mundo fantástico es real. Pan, ya lo ha conseguido, te has metido en un lugar del que no tenías previamente ni idea, sufres y disfrutas con los personajes, te sorprendes, te asustas, te abrumas, te indignas… ansías leer la continuación. Gozas. Te han atrapado, pero estás lejos de sentirte idiota. Como ante la contemplación o audición de cualquier obra de arte.

También disfruta el hombre con la descripción de ropajes, símbolos y escudos. Pasa su tiempo detallando los colores y las formas de vestiduras y banderas. Esto para mí es algo nuevo, me ha costado entrar. Creo que tiene relación con la cultura del cómic y del cine. A la gente le gusta ver lo que lee, descansar o excitar la vista en los coloridos. Poco a poco ya he ido comprendiendo la idea. Me detenía ante cada descripción pictórica e intentaba imaginarla, sin prisas, despacio, hasta que… ¡Magníficos efectos! ¡Fuegos artificiales! Cada escena gana en profundidad e intención. Es como si estuvieras oliendo la sucia barba de un personaje a pesar de que lo que se describe sean sus anillos y collares. Delicioso.

Hay crueldad, por supuesto, como corresponde a la fantasía histórica (se supone que la trama general está muy remotamente basada en ciertos aspectos de la historia de Inglaterra: el muro de Adriano, la guerra de las rosas…), hay más sexo que amor (sexo del de verdad), hay batallas que nunca aburren, duelos divertidos, peleas inimaginables, traiciones a porrillo, lealtades a machamartillo, dioses de todos los colores, monstruos ignotos que acaban siendo conocidos, dragones que… vale, vale, no sigo. Un saludo a quien ha conseguido que yo me crea lo de los dragones.

Hay tantas cosas que lo mejor es descubrirlas por uno mismo. Esta obra es tan inabarcable que cada cual se acaba haciendo su propio mapa mental (los físicos se pueden consultar en Internet y tiendas especializadas, porque este escritor y la obra que aquí comento gozan de una fama hipermítica, que se diría ahora). Ustedes disfrutarán de aspectos distintos a los aquí mencionados, seguro. Pero lo más seguro es que disfrutarán.

La película en preparación:

Alberto Arzua

El Camino / Miguel Delibes

Hoy ha fallecido Miguel Delibes, que en tantas cosas fue maestro, pero sobre todo en la cercanía a las gentes y las cosas sencillas y cotidianas y su relato.
Esto que tenemos aquí debajo son unos minutos de una serie de Televisión Española, de aquellas famosas novelas que echaban en capítulos de media hora en horario de mediodía. Hicieron de “El Camino”, la obra que lanzó a la fama a Delibes, una acertada versión cinematográfica, donde los actores brillan en su interpretación, y los grandes protagonistas, los niños, son absolutamente creibles y entrañables.
A veces no basta con leer el libro, en casos como este es una gozada el poder verlo luego con tal fidelidad.

La naturaleza, la infancia y la muerte, constantes en la obra de Delibes

El bosque del odio / Romain Gary

 Publicado y reescrito diversas veces entre 1940 y 1960, y traducido para esta edición por primera vez directamente del francés, El bosque del odio fue el primer best seller de la posguerra.

 
Cerca de Wilno hay un bosque. Un bosque donde los partisanos viven casi como animales: enfrentados al hambre y al

el-bosque-del-odiofrío, al enemigo que ocupa sus ciudades, que roba a sus vecinos, que mata a sus compatriotas, que viola a sus mujeres. El invasor nazi ha ocupado Polonia y Lituania, y aunque la mayoría ha optado por acatar las crueles normas del dominador, unos cuantos han huido y se han ocultado entre los árboles, en madrigueras bajo tierra. Pero la guerra no deja a nadie incólume. La naturaleza, tampoco. Hace falta muy poco para que un hombre se convierta en una bestia, para que el ansia de libertad o de justicia se transforme en odio. Tal vez sólo Janek, apenas un adolescente, Janek, que llora cuando escucha música y es capaz de descubrir el amor en el caos, sea capaz de encontrar, en medio de la oscuridad, el camino que sale del bosque y permitirá restaurar la dignidad humana.

 
Además de constituir un veraz relato sobre la resistencia partisana contra los nazis y la vida bajo la ocupación, esconde, bajo la apariencia de un cuento, una lúcida reflexión sobre el totalitarismo, la degradación del ser humano y los peligros que conlleva tratar de imponer un ideal y olvidarse de las personas a las que éste debería servir.
 
 
– GALAXIA GUTENBERG
– ISBN: 9788481097214 
– Paginas: 260 
– Formato: 13 x 21 cm. 
– Encuadernación:  Tapa dura con sobrecubierta 
– Precio aprox: 18 €
 
gary

Romain Gary. Judío nacido en la Vilnius polaca, emigró a Francia a los catorce años. En París comenzó su carrera literaria, en el ambiente hostil y antisemita de la Francia de los años treinta. En 1938 se alistó en el Ejército y tras la derrota de 1940 sirvió en las Fuerzas Aéreas de la Francia Libre, a las órdenes de De Gaulle. Tras la guerra mantuvo una carrera diplomática que le llevó a vivir en varios países. Es el único escritor que ha conseguido dos veces el premio Goncourt, una de ellas bajo su verdadero nombre (Las raíces del cielo, 1956) y la otra bajo la falsa identidad de Émile Ajar (La vida ante sí, 1975). Se casó dos veces, la segunda con la actriz Jean Seberg. Poco después del suicidio de ésta, Gary acabó con su propia vida de un disparo en la boca

 

Leiaa

 

Ocnos / Luí­s Cernuda

 Ocnos, título principal de la obra de Cernuda, es un poema en prosa que constituye la autobiografía poética de uno de los poetas más influyentes y sensibles de la generación de 27.ocnos

 
La presente edición de Ocnos reproduce la primera que de este libro realizara Cernuda, durante su estancia en Glasgow (desde 1939 a 1942), y que fue publicada en español en Londres por The Dolphin del editor J. L. Gili. Contiene los treinta y un primeros poemas en prosa que formaron Ocnos y en la secuencia que entonces les dio el poeta. Sin embargo, para la fijación de cada texto —sobre todo en lo que se refiere a puntuación— se han seguido las ediciones posteriores.
 
Compuesta en tipos bodoni. Impresa en papel verjurado Ingres de Fabiano. Cubiertas de cartulina de la misma fábrica, impresa a dos tintas y encuadernada en cartoné forrado con papel de hilo y etiqueta pegada.
 
TURNER
ISBN: 978-84-7506-838-1
Idiomas: Español e inglés
Páginas: 136
Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta e impreso en papel Ingres de Fabiano
Dimensiones: 17 x 24
Precio aprox: 50 €
 
cernuda
Luis Cernuda, Sevilla, 1902 – México, 1963. Destacado poeta español, miembro de la llamada Generación del 27 y crítico literario. Empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla en 1919, siendo uno de sus profesores Pedro Salinas, quien lo ayudó con sus primeras publicaciones.
 
Se muda a Madrid en 1929. Allí trabaja en la librería de León Sánchez Cuesta. Tras la proclamación de la II República colabora en los movimientos que buscan lograr una España más tolerante, culta y liberal. El mismo año que estalla la Guerra Civil publica la primera edición de su obra poética completa hasta entonces, bajo el título de La realidad y el deseo.
En 1938, parte al Reino Unido, donde trabaja de lector de español en la Universidad de Glasgow, la Universidad de Cambridge y el Instituto Español de Londres. En 1947 inicia su exilio norteamericano, donde enseña literatura. Muere el 5 de noviembre en la Ciudad de México y es enterrado pocos días después en la sección española del Panteón Jardín.
 

Atardecer.-

En los largos atardeceres del verano, subíamos a la azotea. Sobre los ladrillos cubiertos de verdín,entre las barandas y paredones escalados, allá en un rincón, estaba el jazminero, con sus ramas oscuras cubiertas de menudas corolas blancas, junto a la enredadera que a esa hora abría sus campanillas azules.
  El sol poniente encendía apenas con toques de oro y carmín los bordes de unos frágiles nubes blancas que descansaban sobre el horizontede los tejados. Caprichoso, con formas irregulares, se perfilaba el panorama de arcos, galerías y terrazas: blanco laberinto manchado aquí o allá de colores puros, y donde a veces una cuerda de ropa tendida flotaba henchida por el aire con una insinuación marina.
  Poco a poco la copa del cielo se iba llenando de un azul oscuro. por el que nadaban, tal copos de nieve, las estrellas. De codos en la barandilla. era grato sentir la caricia de la brisa. Y el perfume de la dama de noche, que comenzaba a despertar su denso aroma nocturno, llegaba turbador, como el deseo que emana de un cuerpo joven, próximo en la tiniebla estival.

Luis Cernuda en “Ocnos”

 

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Fiesta para una mujer sola / Ángel Vázquez

fiesta Esta es la novela maldita de un autor maldito. En 1964, dos años después de ganar el Premio Planeta e instigado por su editor, Ángel Vázquez publicó Fiesta para una mujer sola. La censura franquista retuvo la novela para impedir que se distribuyera en la Feria del Libro y la condenó al silencio y al olvido, en connivencia con la crítica más moralista de la época. 

 
En este título aparece ya ese universo tangerino extraño y libre que sirve de escenario a La vida perra de Juanita Narboni, la última obra de este autor, considerada una de las grandes novelas españolas del siglo XX, llevada al cine en 2006 por Farida Beniyazid. En Fiesta para una mujer sola la rancia España de los años 60, adormecida por los humores del brasero bajo la mesa camilla, se contrapone a la libertad que se respira en la ciudad internacional de Tánger, donde la convivencia entre judíos, musulmanes y cristianos construye un espacio vivo, conflictivo y extraño. El rosario diario del nacionalcatolicismo frente a la sexualidad hedonista de una ciudad en el norte de África. 
 
En palabras de la novelista Sonia García Soubriet, que ha editado y prologado esta edición: «Fiesta para una mujer sola cuenta una historia diferente cuya modernidad, cuarenta y cinco años después de su fecha de publicación, asombra. […] Una novela injustamente olvidada que nos descubre una nueva faceta de un escritor y de un mundo que nadie mejor que él nos supo contar».
 
REY LEAR EDITORES
Edición: Sonia García Soubriet
Prólogo: Sonia García Soubriet
Páginas: 256
Formato: 15,5 x 23,5 Rústica con cuadernillos cosidos al hilo
Precio aprox: 17,95 €
ISBN-13: 978-84-92403-23-3
 
angel-vazquez

Ángel [o Antonio] Vázquez (Tánger, 1929 – Madrid 1980) es considerado el último autor maldito de la literatura española del siglo XX. Tímido, alcohólico, casi siempre agobiado por la precariedad económica, su escasa obra —tres novelas y once cuentos— ha ido ganando importancia con el paso del tiempo. Los problemas económicos de su familia le obligaron a dejar de estudiar a los 18 años. A partir de entonces devorará los volúmenes de la biblioteca pública de Tánger y, misteriosamente, aprende a hablar varios idiomas. Su inquietud intelectual también le lleva a colaborar en el diario tangerino España que dirigió Eduardo Haro Tecglen, con quien Ángel Vázquez mantendría una buena amistad. En 1962 obtuvo el Premio Planeta por Se enciende y se apaga una luz y en 1964 Fiesta para una mujer sola, que la censura maltartó y silenció. Al comienzo de la transición publicó La vida perra de Juanita Narboni (1976), considerada una de las grandes obras de la literatura española del siglo pasado.

 

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Un lugar en la cumbre / JOHN BRAINE

 Esta es la historia del imparable ascenso de Joe Lampton, un genuino trepa de clase obrera, encantador y caradura, cumbreque se abre paso como puede en la estricta Inglaterra de los primeros años de la posguerra. Atrapado en un deprimente pueblo industrial de Yorkshire, el oportunista Lampton, contable municipal cuyas principales aficiones son la cerveza y las jóvenes casaderas, aspira a crearse una «reputación social», para lo cual no dudará en ganarse el aprecio de las fuerzas vivas del lugar. 

 
Novela emblemática del movimiento de los «Jóvenes Airados» británicos, y un auténtico fenómeno de ventas en su época, Un lugar en la cumbre constituye un penetrante análisis de la sociedad de clases británica, y uno de los más divertidos ejemplos de cómo una nueva generación de escritores logró romper con las convenciones sociales y los códigos de comportamiento tradi
cionales. 
 
«Una de las dos o tres mejores novelas inglesas de posguerra, comparable en irreverencia a Lucky Jim, de Amis.» 
(Leslie Fiedler, The New York Times Book Review) 
 
 
«Uno de los más divertidos precursores de los Angry Young Men británicos.»
 
EDITORIAL IMPEDIMENTA
ISBN: 978-84-936550-6-8
368 pgs
Precio aprox: 22,95 €
Traducción del inglés e introducción de Enrique Gil-Delgado 
 
braine

John Braine nació en 1922 en Bingley, una pequeña localidad cercana a Bradford, en el condado de Yorkshire (Inglaterra). Tras abandonar sus estudios a los dieciséis años, pasó su juventud realizando trabajos bastante poco inspiradores, como el de dependiente en una tienda, mozo de laboratorio y operario en una fábrica, período tras el cual se convirtió en ayudante de bibliotecario. Durante la segunda guerra mundial sirvió en la Royal Navy. En 1951, cansado de su empleo, que no le reportaba ningún tipo de satisfacción, decidió dejarlo todo y dedicarse a escribir a tiempo completo. Intentó primero labrarse un porvenir como autor de relatos y luego como periodista radiofónico y reportero de diversas revistas, como el New Stateman, pero fracasó estrepitosamente. Tras enfermar de tuberculosis, decidió volver a la relativa seguridad de su puesto funcionarial.
 
Durante la convalecencia de su enfermedad, que duró dieciocho meses, empezó a escribir la obra que le llevaría a la fama: Un lugar en la cumbre (Room at the Top, 1957). La novela, que fue rechazada por cuatro editores antes de ser publicada, cosechó un éxito casi instantáneo, y lo integró por derecho propio en el movimiento literario de los «Angry Young Men», al que también pertenecían autores de la talla de Kingsley Amis, Philip Larkin, Keith Waterhouse o Allan Sillitoe.
 
La novela suscitó la aclamación de la crítica, y rápidamente entró en las listas de libros más vendidos (se reeditó en ocho ocasiones en el primer año, y en 1970 alcanzó su decimonovena reimpresión). La editorial Penguin la colocaría entre sus títulos más vendidos de todos los tiempos, junto con obras como El amante de lady Chatterley y la Odisea. En 1959 la novela fue adaptada el cine por Jack Clayton. Braine decidió entonces volver a escribir a tiempo completo y se mudó a Londres. No obstante, por mucho que intentara escribir alguna otra novela que igualara el éxito de la primera, no lo consiguió jamás, ni siquiera cuando publicó, en 1962, su secuela, Una vida en la cumbre (Life at the Top). En 1968 publicaría la novela The Crying Game, ambientada en Londres y que buscaba en cierto modo capturar la atmósfera de los «Swinging Sixties». Braine, que en sus primeros años abrazó la causa laborista, poco a poco iría decantándose por posiciones más conservadoras, tal y como hicieran compañeros de generación como Kingsley Amis. Murió de una úlcera de estómago en 1986, en Londres.  
 
 
 
 Leiaa
 

 

LAS FABULAS DE LA FONTAINE / JEAN DE LA FONTAINE

las-fabulas-de-la-fontaineLa cigarra y la hormiga (fragmento)

” Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano.
Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación.
– Te pagaré la deuda con sus intereses; — le dijo –antes de la cosecha, te doy mi palabra.
Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra:
– ¿Qué hací­as tú cuando el tiempo era cálido y bello?
– Cantaba noche y dí­a libremente — respondió la despreocupada cigarra.
– ¿Con que cantabas? ¡Me gusta tu frescura! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mí­a.
No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez. “


Las fábulas de Jean de La Fontaine constituyen una de las cumbres del clasicismo y una obra maestra de la literatura francesa de todos los tiempos. Inspiradas en los modelos clásicos, desde Esopo a Horacio, pero también en la tradición de los cuentos orientales, la mayorí­a tienen como protagonistas a animales antropomórficos, que encarnan la sociedad humana y sus defectos.

La Fontaine supo crear fábulas tan inolvidables como “La cigarrra y la hormiga”, “El zorro y las uvas” o “La joven viuda” y dotar como nadie al género de una belleza, un ingenio, un agudo sentido del humor y, en definitiva, de un estilo propio que convirtieron estas fábulas en uno de los libros más vendidos de su época y, desde entonces, en un tesoro para lectores de todas las edades.

Esta cuidada edición recoge los doce libros de fábulas escritos por La Fontaine (un total de 240 textos) y recupera el esplendor de una de las mejores ediciones publicadas en lengua castellana en la versión de Teodoro Llorente -actualizada, pero con todo su encanto y sabor- y con las magistrales ilustraciones de Gustavo Doré, de 1867. Una espléndida invitación a adentrarse en la obra de uno de los escritores más elegantes, sensibles y pulcros que ha dado la literatura occidental.

Editorial EDHASA
ISBN 978-84-350-4016-7
448 pgs
Trad. revisada de Teodoro Llorente
Precio aprox: 35,50 €

 

la-fontaine

     Jean de la Fontaine nace en Chateau-Thierry en 1621. Perteneciente a la burguesí­a provincial, tras una juventud despreocupada,conoce gracias a su cargo de “Maí®tre des Eaux et Foríªts” (Maestro de Aguas y Bosques), las distracciones consistentes en frecuentar los salones o en leer a los antiguos, a los que tomará como modelo para su propia obra.

Su poema heróico inspirado en Ovidio, Adonis (1658), le proporciona la protección de N. Fouquet, Ministro de Luis XIV, lo que le permite disfrutar de la suntuosa vida del Palacio de Vaux hasta el momento de la caí­da del superintendente. Es entonces acogido por la duquesa de Orleans (1664-1672) bajo cuya protección conoce el esplendoroso éxito con sus Contes et Nouvelles (1665), relatos graciosos desarrollados a partir de temas que toma prestados de Boccacio y de Ariosto.

A partir de 1668 aparecen sus seis primeros libros de Fábulas, que aumenta bajo la protección de Madame de la Sablií¨re (1673-1693), después de Monsieur y Madame d’Hervart (1693-1695), la segunda (1678) y la tercera (1694) colección, esperados por un público enfervorecido. Pero La Fontaine es también un poeta, dotado de perfección y muy hábil, inspirado en Esopo y en Fedro. Muere en Parí­s en 1695. 

 

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El anillo y el libro / Robert Browning

el_anillo_y_el_libro_Uno de los grandes hitos de la literatura británica de todos los tiempos.

A Robert Browning le importó la forma más que a ningún otro poeta inglés le importó jamás. Siempre estaba tejiendo, modelando e inventando formas nuevas. Entre todos sus poemas, de doscientos a trescientos, apenas serí­a una exageración decir que la diversidad de métricas asciende a la mitad de los poemas. Así­ como hay otros grandes poetas que se sentí­an satisfechos de usar formas viejas, mientras tuviesen la seguridad de que sus ideas eran nuevas, Browning no: en cuanto tení­a una idea nueva, trataba de construir una nueva forma para expresarla.
G.K. CHESTERTON

Quiero resaltar la tarea el método analí­tico de Robert Browning, cuyo largo poema narrativo El anillo y el libro (1868) nos revela a través de doce monólogos la intrincada historia de un crimen, desde el punto de vista del asesino, de su ví­ctima, de los testigos, del abogado defensor, del fiscal, del juez, del mismo Robert Browning…
Su obra es enigmática.
JORGE LUIS BORGES

 

Robert Browning resulta difí­cil para muchos lectores de la Edad de la Pantalla, pero su genio sigue siendo único y enriquecedor. Sus «monólogos dramáticos» tienen un nombre engañoso: son antí­fonas subjetivas, lí­ricas, en las que muchas voces -que suelen habitar una sola persona- juegan entre sí­.

En 1889 Browning afirma: «No estoy interesado en el arte sino en los obstáculos del arte». Es un brillante resumen de la gesta de Browning, una llama dividida similar a la del Infierno de Dante, desde la cual habla Ulises generando en Dante un silencio absoluto en respuesta, silencio con el cual el poeta admite tácitamente su afinidad con el viajero condenado.

Las pesadillas de Browning se convierten en las nuestras: el suyo era un genio de lo grotesco, como el de Dickens o Kafka. Hay otros grandes escritores que no están de moda en esta época triste, pero de todos los poetas importantes en inglés, Robert Browning me parece el más absurdamente abandonado. Su genio es tan original y su fuerza demoní­aca tan sorprendente… Harold Bloom, Genios

Ediciones La Otra Orilla
Formato: 12,5 x 20,5
820 pgs
Traducción: Humberto Marí­n
Precio aprox: 29 €
ISBN: 9788492451418

 

robert-browning     Robert Browning. Nació en Camberwell, Londres, en 1812. En 1833 apareció su primer libro, Pauline, y desde entonces hizo de la poesí­a el oficio de su vida. Su siguiente obra fue Paracelso (1835). Entre 1841 y 1846, publicó una serie de poemas bajo el tí­tulo de Campanas y granadas, en el que se incluyen, entre otros, «Pipa pasa», «Mi última duquesa» y «El obispo prepara su tumba». Sus Poemas lí­rico-dramáticos (1842) y sus Historias dramáticas (1845) fueron recogidos después, con otras nuevas composiciones en Campanas y granadas (1847).

En 1846, se casó con Elizabeth Barrett y se trasladó a Italia. En 1847 se establecieron en la Casa Guidi. Allí­ escribió La Nochebuena y la Pascua (1850) y una serie de monólogos dramáticos publicados bajo el tí­tulo de Hombres y mujeres (1855). Tras la muerte de su mujer en 1861, Browning regresó a Londres, donde escribió Dramatis Personae (1864), y su obra maestra, El anillo y el libro, como un homenaje a su mujer. En 1878 Browning regresó a Italia. Durante esta última etapa escribió Idilios dramáticos (1879 y 1880) y Asolando, que se publicó en Venecia el 12 de diciembre de 1889, el mismo dí­a de su muerte. Sus experimentos con la forma y el contenido, así­ como su habilidad técnica, influyeron de manera considerable especialmente en T. S. Eliot y Ezra Pound.

 La traducción que presentamos es el resultado de quince años de intenso trabajo, y gracias a ella podemos deleitarnos, en nuestra lengua, con una de las obras magnas de la Literatura Universal.

 

Prólogo de William Ospina

“Hoy el triunfo de Robert Browning, quien fue de verdad muchos hombres, es indudable. Quizá en su tiempo fue más popular su mujer, Elizabeth Barrett, cuyos sonetos todaví­a nos conmueven. Pero Browning no es el autor de unos poemas: es el inventor de un cosmos, una de esas fuerzas ciclónicas que en un momento de quiebre de la civilización cambian las lenguas y la sensibilidad de los pueblos. Podemos compararlo con Cervantes por su capacidad de interpretar el alma de una época, con Shakespeare por el interés que muestra en todos los asuntos humanos, con Ví­ctor Hugo por su ambición universal, con Rossetti por su perfección, con Joyce por su oscuridad laboriosa, con Dante por la complejidad de sus propósitos. (…)”

…………………………………….

¿Veis este anillo?
Es obra romana, hecha a la par
(por la destreza imitativa de Castellani)
de las ajorcas etruscas encontradas, una alegre mañana,
tras un goteante abril; encontradas vivas
como chispas, en la ladera, entre las raí­ces
desenterradas de las higueras
que techan las viejas tumbas en Chiusi: suave, veis,
y sin embargo firme como joya cortada. Hay un truco,
(me enseñaron los artesanos) un artificio probado
y sólo uno, para que tales piezas de oro puro
como fue ésta, tales meros goteos de la mina,
ví­rgenes como la oval lágrima ámbar que cuelga
al filo de la colmena cuando los maduros alvéolos
rebosan,
soporten el diente de la lima y el golpe del martillo:
porque el martillo debe por necesidad ampliar el
redondel,
y la lima repujarlo finamente con flores de lirio,
antes de que el material llegue a ser un anillo listo
para usar.
El truco es: el artí­fice derrite cera
con miel, por así­ decirlo; mezcla oro
con aleación de oro, y, debidamente temperándolas
ambas,
logra una masa manejable, entonces labora.
LIBRO I: EL ANILLO Y EL LIBRO

 

¿Veis este viejo libro amarillo y rectangular
que arrojo al aire, y atrapo de nuevo, y hago girar
por las arrugadas cubiertas de pergamino, puro hecho
crudo
secretado de la vida del hombre cuando los corazones
latí­an duro,
y los sesos, pletóricos de sangre, repiqueteaban hace
dos siglos?
¡Examinadlo vosotros mismos! Yo encontré este libro,
di una lira por él, ocho peniques ingleses justos
(¡notad la predestinación!), cuando una mano,
siempre sobre mi hombro, me empujó una vez,
un dí­a aún febril entre muchos dí­as abatidos por la calma,
a través de una plaza en Florencia, abarrotada con
tenderetes,
zumbante y resplandeciente, al mediodí­a y tiempo del
mercado;
hacia el mármol de Baccio,5 ay, la saliente
del pedestal donde se sienta y amenaza
Juan de las Bandas Negras con la lanza enhiesta,
entre palacio e iglesia, Riccardi, donde vivieron
los de su raza, y San Lorenzo donde yacen.
                                       (…)

 

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Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift

Y tú que te creí­as que esto de los viajes de Gulliver era un cuentito para niños ¡pues no señor! Este es un Libro Morrocotudo, una novela de Humor con H gorda. Si hurgamos en el diccionario veremos que humor es “Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridí­culo de las cosas” y eso es, precisamente, lo que hace Swift: dar una visión de la realidad de su tiempo exagerando las posturas e imposturas de la sociedad para analizarlas y ver cuánto tienen de irracional. La obra de Swift está en plena vigencia, es más, yo dirí­a que, lejos de quedarse obsoleta, es como si la hubiera escrito pensando en estos tiempos, los personajes y situaciones que aparecen en sus viajes son fácilmente extrapolables a la más rabiosa actualidad. A este señor, en aquellas Inglaterra e Irlanda hipócritas y pacatas en las que le tocó vivir, le dieron mucho p’al pelo y le hicieron la vida imposible por escribir esta crí­tica despiadada, y eso que cuando lo publicó ni siquiera se atrevió a firmar con su nombre. Algunos dijeron de él que fue precursor de los futuros anarquistas, eso que era clérigo. No obstante, pese a su acidez, no es un libro desesperado y su lectura deja un regusto positivista y un resquicio a la esperanza. Que no es poco. Ah, de tebeo o cuento para niños nada de nada.
Nuestro amigo Alejandro Gamero nos lo cuenta muy bien contado a continuación. No te lo pierdas.

No deja de ser curioso el proceso de reinterpretación constante al que están sometidos las grandes obras de la literatura —uno de los casos más célebres, por paradójico, es El Quijote, novela que cada época ha interpretado según su modo de pensar y sus intereses, desde una parodia llena de comicidad hasta la tragedia de un hombre que lucha por sus ideales—. Algo parecido es lo que ha ocurrido con Los viajes de Gulliver, una obra que ha pasado de ser una de las crí­ticas más violentas y negativas de la sociedad y del ser humano en general a leerse como una historia para niños. Debido a su desbordante fantasí­a, son innumerables las versiones infantiles que se han hecho de la obra, fundamentalmente del viaje de Gulliver a Liliput, el más conocido de todos. Pero la historia original de Swift no se corresponde exactamente con las versiones más conocidas, y así­, entre viaje y viaje Gulliver consigue regresar a su casa, donde pasa algún tiempo antes de su nueva aventura, y trae consigo pruebas de la existencia real de las islas —un minúsculo rebaño o el gigantesco aguijón de una abeja—. Sin embargo, más allá de la narración infantil, se esconde, como he indicado, uno de los libros más duros y descarnados con el ser humano que se hayan escrito.

Los viajes de Gulliver se insertan en un género bien conocido y de mucho éxito en la época, los libros de viajes. No es extraño que los europeos, de mentalidad ilustrada, viajen por todo el mundo y describan las costumbres de otros paí­ses con un interés rayano en lo antropológico, aunque siempre desde el ingenuo y presuntuoso punto de vista de la superioridad europea. Los libros de viajes que inundan el mercado editorial van desde el más estricto realismo a la fantasí­a más delirante. Precisamente, a medio camino entre ambos polos, se sitúan Los viajes de Gulliver, que se plantean desde el principio como una parodia a tales libros de viajes —una vez más, al igual que El Quijote—. Y es precisamente esa mezcla de realidad y fantasí­a uno de los aspectos más sorprendentes de la novela, porque a la objetividad en el modo de narrar se opone lo maravilloso de las descripciones, hasta tal punto que podrí­a entenderse la obra como uno de los antecedentes del realismo mágico. De esta forma describe su encuentro con los liliputienses: «Al volver la vista hacia abajo lo más que pude, advertí­ que se trataba de una criatura humana, que no llegaba a medio palmo de alto, con un arco y unas flechas en las manos y una aljaba a sus espaldas».

Pero detrás de todo ese derroche de fantasí­a se encuentra una crí­tica que va evolucionando a lo largo del libro a la par que evoluciona el modo narrativo. Si en las versiones infantiles y juveniles que se hacen del libro se utilizan sobre todo los dos primeros viajes no es por una caprichosa elección: no es difí­cil percibir que los dos primeros viajes conforman una unidad, desarrollada en torno al tema del tamaño pero con similitudes narrativas, que es completamente distinta a la unidad formada por los dos últimos viajes. En los dos primeros viajes la acción es más trepidante, las aventuras se suceden unas a otras, y ponen constantemente en peligro la vida de Gulliver. Frente al carácter narrativo de estos viajes a continuación se desarrollan dos viajes más propensos a lo discursivo. En el tercer viaje, incluso, se podrí­a decir que Gulliver pasa a un plano completamente secundario y se convierte en un mero espectador que aporta muy poco al desarrollo de la historia. Al mismo tiempo la crí­tica del libro se va volviendo más agria y violenta.

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Han matado a un hombre, han roto un paisaje / Francisco Candel


Este libro trata de la vida de el Grúa. No, no señor, yo soy el Gafas, a mí­ siempre me han llamado así­, pero al Grúa lo conocí­ de pequeño, bueno, desde que nació, éramos vecinos, claro que entonces lo llamábamos el Gruí­ca. El Grúa ya se llamaba el padre, que tení­a a la mujer de parto cuando se largó y no se supo más de él, se ve que no querí­a cargas, mientras la mujer estaba frescachona, bien, pero a lo que se quiso ver con el crí­o, pues eso, que se largó y no se supo más. El Gruí­ca se crió en la calle, en la calle y en el campo, que entonces todo esto de ahí­ eran campos, oiga. Bueno, en la calle nos criamos todos, el Abrán, el Martos, que tení­a otra banda y nos cascábamos, el Crescencico, el hijo el Crescencio que era de la CNT, el Raulito, todos en la calle, pero él más, porque ni al colegio fue, que no habí­a dios que lo tuviera allí­ metido, y claro, como la madre andaba todo el dí­a por ahí­ fregando casas y en mandados, quién iba a cuidar al chico. Eran otros tiempos, menos mal que pasaron. Entonces todo esto de ahí­ eran campos ¿sabe? de payeses, que tení­an vigilantes con la escopeta al hombro, para que las gentes no fueran a robarles los melones o las acelgas, y si veí­an un bulto moverse por entre las matas a la noche no reparaban en si era mozo o chico ¡pun! tiro que te crió, y menos mal si era un cartucho de sal. Sigue leyendo

Odysea, de Homero


Cuando la vi, todo se convirtió en bruma a su alrededor. Ya sólo pude mirar esos profundos ojos como el mar profundo, esos labios carnosos y brillantes de lasciva saliva, ese mentón fino y altivo cual majestuosa reina, ese cuello esbelto digno de la hija de Afrodita, y esos pechos desnudos y lujuriosos. ¡Oh dioses, que con semejante brusquedad me ofertáis tan precioso manjar! ¿Será tanta vuestra crueldad que me neguéis su sabor? Cómo pudieran mis ojos no ser esclavos por siempre de esas copas de néctar, cómo apartarse de esos deleites si no es para mirar tan grácil talle, tan libidinosas caderas, tanta mujer, al fin, que me llama con deseo.
Todo fue bruma a mi alrededor, porque estaba ella, y no podí­a apartar mi mirada de la suya, no si habí­a de fijarla en algo trivial. Y el mundo entero, no siendo esa diosa que deseaba, fue futilidad pura.
Acerqué cuanto pude mi rostro a la mujer de pechos codiciados, desoyendo lo que todos me decí­an, mis oí­dos no escuchaban más que tan dulce voz como aladas criaturas entonaban por su boca, y su voz era música que acicalaba la escena, la revestí­a de amor y ensoñamiento, y me trasportaba en volandas hasta ella.
La hermosa hembra cantora olí­a a deseo, a pecado servido en concha de nácar, a sexo de mujer salada, toda ella era incitación al puro goce y yo casi pude gozarla eternamente. Casi pude, sí­, mas no lo hice, que otros me salvaron de ese trance.
Mil veces en mis sueños la he soñado, y soñándola aún más la he deseado y he maldecido las cuerdas que me ataban, maldita Circe y sus consejos, maldita también Penélope, la costurera paciente, cien veces maldito Zeus, que me tentó con la más dulce de las muertes. Yo pude morir amando una beldad de piernas plateadas, y en cambio vivo añorando no haberla amado.
Pero te digo a ti, que lees el mayor secreto de mi alma, que ha traspasado ya treinta siglos de historia, te digo a ti, intruso que me espí­as el pensamiento, si aún no sabes de qué hablo, qué poca es la sapiencia que atesoras.
Y no merecerá el necio saber las pesadillas del Rey de Itaca, si no le preguntase antes a Homero, pues yo, has de saberlo, soy Odyseo.

Tautina

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa


Primero tengo que explicarles quiénes son los perros, si es que los perros son alguien. Los perros son los cadetes de primer año de la Academia Militar Leoncio Prado, de Lima. Ahí­ es donde las familias pudientes mandan a sus hijos dí­scolos, a que los metan en vereda los militares y no se acaben malogrando convertidos en unos pendejos niños ricos. Ahí­ es donde internan también a los muchachos de carácter débil, para que se hagan unos hombres; y también es donde algunas familias modestas hacen un esfuerzo para mandar a un hijo, y que pueda medrar en el ejército y hacerse un hueco en la vida, y que no lo frieguen en un trabajo de mierda como a sus padres. Ahí­ es donde vivo yo. Yo soy el Jaguar. Aquí­ todos tenemos nombre, pero no lo usamos, sólo el apodo, el nombre y el apellido es para que nos llamen los oficiales, entre nosotros somos el Jaguar, Cava, el Esclavo, el Poeta, el Boa. Perros, meros perros todos. Todos cadetes de primer año, recibiendo patadas de todos los demás, que nos tratan como a perros que somos, porque somos el último pedo del culo. Aquí­ la vida es como en un cuartel. No, peor que en un cuartel, además de las guardias, las imaginarias, los retenes, los arrestos, tienes que estudiar y aprobar. Esa es nuestra vida, en un dí­a tienes que tirarte por el lodo en los ejercicios militares, y sudar sangre y romperte las rodillas y los codos de tirarte al suelo y parar con los puros huesos, y luego agarra los libros y sigue rompiéndote los codos, pero de estudiar. Y a la tarde, como si fuera un descansito, ejercicios de instrucción en el patio. Hasta que a uno se le clava la correa en el hombro, la mirilla del fusil en la mano hasta que no la sientes más, hasta que a uno se le clavan los gritos de los sargentos en los oí­dos y no los sientes más. Come corriendo, vive corriendo, estudia corriendo, duerme corriendo si puedes. No tienes a nadie. Ni compañeros, todos quieren joderte, todos quieren robarte, nadie da nada por nada. Uno tiene que ser fuerte y hacerse valer en esta jungla. Y yo lo soy. A mí­ no me friegan como a los demás, yo tengo pelotas. Aquí­ se paga por todo. Si no quieres que te roben el uniforme de paseo para que no puedas salir el domingo por la tarde al cine, a ver a tu chica, tienes que pagar. Si quieres una novelita de las que escribe el Poeta para darte gusto imaginando cochinadas con chicas, tienes que pagar. Si quieres salir del cuartel sin que te vean para ir donde la Pies Dorados a sudar con ella, tienes que pagar. Si quieres los exámenes, yo los tengo, yo los robo; y los perros tienen que pagar. Si no quieres que te roben las cartas de la novia; si quieres cigarrillos, si quieres que te pasen por la noche a la perrita para que te haga cosas con su boquita en la litera, qué blandita tiene la boca la perrita… tienes que pagar. Pero si nos traicionas, si traicionas al grupo, si vas a los oficiales con el cuento de lo que hacemos en las cuadras los perros, entonces pagarás, y pagarás con tu sangre, y hasta con tu vida. No pasará nada. A nadie le importan los perros. Lo primero que me dijeron cuando entré aquí­ fue: jódase, perro.


Oz

Shögun, de James Clavell


Llegué a este maldito paí­s de los dioses, o del sol naciente, ya hace años, y aunque convivo (a la fuerza) con los japoneses, y he conseguido hablar su idioma, sigo sin entenderlos y me parece empresa inalcanzable para un occidental como yo. En el camino nos dejamos a casi toda la tripulación del Erasmus, mi buque, un bergantí­n holandés, del que soy piloto y capitán accidental, ya que el capitán también pereció a poco de llegar aquí­. Separado de los pocos marineros que quedaban vivos, me cupo en suerte, o en desgracia, incorporarme a la vida japonesa, pasando a formar parte del séquito de uno de los más importantes daimí­os, o señores feudales, del Japón. Me entretienen enseñando a las tropas a manejar los mosquetes, pero la verdadera razón de que conserve el pellejo es que soy usado como un peón más en este ajedrez que juegan los señores feudales en sus luchas por el poder. El poder siempre va ligado al dinero, y el dinero aquí­ va ligado al comercio de la seda con China, monopolio de los jesuí­tas, españoles y portugueses y enemigos de mi reina. Cada año llenan hasta arriba un gran barco, el barco negro, con los tesoros que mandan a su paí­s, pero que serí­a presa fácil para un ágil bergantí­n bien armado como el mí­o, si es que un dí­a me dan una tripulación y me dan via libre. Pero no todo son desventuras, también he aprendido cosas de ellos. He aprendido a ir limpio, esta gente es limpí­sima, no entran en sus casas con los zapatos llenos de barro como en mi tierra, ni las tienen llenas de excrementos animales, ni son sucias, oscuras y mal ventiladas, no. Aquí­ la pieza que no puede faltar en una casa es el gran baño caliente, una delicia desconocida en Europa, y las casas son de papel. Al principio no entendí­a por qué las hacen tan frágiles, pero en mi primer terremoto, cuando unas cayeron y muchas se incendiaron, lo comprendí­: por la noche estaba todo reparado y como nuevo. Su organización social es simple y funciona a la perfección, no hay apenas leyes y el único castigo para todos los delitos es la muerte. Hay campesinos, que poseen y trabajan la tierra y la pesca; “eta” que son gente de í­nfima condición, comen carne, y son dedicados a trabajos penosos; y comerciantes. …(sigue) Sigue leyendo