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Tiempo de cenizas / Jorge Molist

Querido amigo o amiga:

Para mí escribir es un placer. Sin embargo, me fascina pensar que alguien, en algún momento y en algún sitio, acaso muy distantes, leerá mis palabras. Siento que ese proceso de escritura y lectura, ese acto de comunicación sin lugar y sin tiempo, es mágico. Quizá te parezca una idea absurda, pero no puedo evitar que, novela tras novela, regrese y continúe asombrándome.

Gracias por estar leyendo mis escritos, no se ni dónde ni cuándo. Gracias por hacer de la escritura y de la lectura un acto que nos une, a ti y a mí, en un mismo pensamiento.

En ocasiones, ese tiempo y lugar se hacen uno y nos encontramos físicamente, ya sea en presentaciones, ferias o actos de firma. Cuando eso ocurra, será un placer conocerte y ponerle cara y sonrisa a esa otra parte esencial para que un relato escrito exista: el lector.

Hoy quiero invitarte con Tiempo de cenizas a otro viaje en el espacio y en el tiempo y a que compartamos juntos esta nueva aventura.

Un fuerte abrazo.
JORGE MOLIST

 

La historia de un hombre libre enfrentado al poder de los Borgia y de una mujer valiente que desafió a su tiempo.

Para leer los primeros capítulos haz clic aquí

 

En pleno Renacimiento, Joan y Anna, alejados de su tierra de origen, consiguen regentar una librería que se convierte en el centro de las intrigas de Roma. El establecimiento es un símbolo del clan español de los Borgia, que gobierna la ciudad con mano de hierro, y, por lo tanto, un objetivo a destruir por las grandes familias romanas que urden la caída del papa Alejandro VI y de sus ambiciosos hijos Juan, César y Lucrecia.

Joan y Anna son felices a pesar de las traiciones, complots, adulterios, guerras y asesinatos que los rodean. Sin embargo, Juan Borgia, un joven que no acepta negativas y en el que su padre, el papa, ha delegado todo su poder, se encapricha de Anna.

A partir de este momento el matrimonio deberá enfrentarse también al poder de sus protectores, los Borgia, para salvar su amor, su familia y su dignidad.

Este es el inicio de una gesta que llevará al librero a luchar junto al Gran Capitán por la conquista de Nápoles, a convertirse en fraile para derrocar a Savonarola en Florencia, a enfrentarse a la Inquisición y a la peste en España, a luchar contra naves corsarias en el Mediterráneo y a participar en las miserias, la gloria y la caída de unos personajes fascinantes y únicos: los Borgia.

 

 

ISBN: 978-84-9998-247-2
Formato: 15,5 x 23,5 cm.
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta
Precio aprox: 22€
Libro electrónico (formato epub) 13,99€

Jorge Molist
Barcelona, 1951

Jorge Molist mostró una temprana vocación por la escritura, que la situación económica familiar le hizo empezar a trabajar a los catorce años como aprendiz en una imprenta. Continuó con estudios nocturnos, que fue simultaneando con trabajos de distinta naturaleza para costearse su educación. Se graduó como ingeniero industrial y posteriormente obtuvo un máster en dirección de empresas. En esa nueva etapa trabajó en grandes corporaciones, donde ejerció puestos de responsabilidad ejecutiva en Estados Unidos y varios países europeos. Sin embargo, su pasión de adolescente le hizo retomar la escritura y en 2000 consiguió publicar Los muros de Jericó, su primera novela. Le siguieron Presagio en 2003, El anillo en 2004 y La reina oculta en 2007, que obtuvo el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio. En el año 2008 Jorge Molist decidió abandonar su actividad profesional en grandes multinacionales para dedicarse exclusivamente a la escritura. En 2011 publicó Prométeme que serás libre. Sus obras se han editado en más de veinte idiomas.

 

Leiaa

 

 

 

Asturias / José Javier Esparza

¿Cómo transcurrió realmente la famosa Reconquista? ¿Qué sabemos de ella, aparte de que fue muy larga y de que empezó en Asturias? Yo poco más sabía antes de leer este libro, pero ahora tengo una idea bastante clarita de todo aquello gracias a la magnífica labor divulgativa de José Javier Esparza.

Lo mejor, sin lugar a dudas, de este ensayo es la manera en que está contada la historia. El autor, haciendo alarde de sus tremendas capacidades didácticas, nos lo explica todo de una manera tan estupenda que estamos obligados a entenderlo todo. Sí señor, hasta el más tontito, porque cada poco repasa lo que va contando, lo relaciona con lo que va a pasar, lo justifica, comenta qué se sabe de seguro y qué no… de tal modo que acabas convencido de conocer tanto sobre la Reconquista como el más eminente de los historiadores.

Además de por su excelencia explicativa, el libro nos divierte con anécdotas, pequeñas disquisiciones (con las que jamás te pierdes porque buen cuidado tiene José Javier de llevarte de nuevo al redil), curiosidades (¿sabía usted que en el origen de Castilla aparecen los vascotes como actores principales? ¿sabía usted que algunos de los más eminentes reyes protonavarros eran parientes de moros?), batallas, hazañas, envidias y heroicidades, estas últimas sobre todo por parte del pueblo llano. Hay cosas que te dejan con la boca abierta… Se agradece especialmente la falta de corrección política.

¿Qué más pedir de un libro de divulgación histórica? Un segundo volumen, porque éste cuenta solamente el inicio de la Reconquista. Pues bien, hay buenas noticias, Esparza ha publicado dicho segundo volumen con el título de Moros y Cristianos. Parece ser que el primero, este que comentamos, ha resultado ser todo un best seller. Se lo merece.

Alberto Arzua

Conspiración – Robert Harris

Este escritor se hizo famoso  mediante un recurso tan poco utilizado como atractivo: la ucronía. Según la RAE “ucronía” es una reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuesto acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder. En su primer superventas, Patria, planteaba un escenario en el cual los alemanes habían ganado la segunda guerra mundial. Fascinante.

Posteriormente escribió más superventas con argumentos atractivos: Enigma (código cuasi indescifrable de los nazis), El hijo de Stalin (intento de resucitar la dictadura comunista) y El poder en la sombra (tejemanejes del gobierno de Blair), además de dos novelas históricas en la más pura tradición del término: Pompeya (el Vesubio en erupción) e Imperium (primera parte de una anunciada trilogía acerca de la vida de Cicerón)

En esta que nos ocupa, Conspiración, Robert Harris incide en el tema ciceroniano, pues se trata de una reconstrucción novelada de la perdida biografía de Cicerón escrita por su esclavo y secretario Tiro, inventor de la taquigrafía, del símbolo “&” y de la abreviatura “etc.” entre otros peculiares logros.

El escritor se nos muestra en esta medio-ficción como un excelente profesional de la novela histórica: está bien contada, se lee fácil, se divierte uno… pero con moderación. Ideal para cogerla en la siesta, cerrar los ojos al cabo de algunas páginas y volver a retomarla en la siguiente siesta. Nada del otro jueves, pero muy apta para pasar el rato. Además instruye un montón. ¿Recuerdan ustedes la frase “Quosque tandem abutere Catilina, patientia nostra?” (¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?). Pues aquí se explica su génesis. Lo que no se explica es su posterior uso y abuso. Hubo una epoca en la que la gente, más culta que ahora, citaba esta frase en vez de decir “Me estás tocando los…”. Vease Oteiza y su libro titulado precisamente “Quosque tandem”, y subtitulado “Ensayo de interpretación estética del alma vasca”. No digo más.

De todos modos yo le encuentro un punto más de atractivo a la serie de siete (de momento) novelones acerca de la Roma antigua escritos por Colleen McCullough.

Pero, para que quede constancia de mi admiración por este estupendo escritor, cuyo méritos son mayores a los que yo aquí he expresado (más que nada por mi particular falta de entusiasmo, quizá  debido a la inclemente lluvia que nos está amargando el verano por estas estéticas patrias), consigno a continuación dos lindas citas de esta novela:

El hombre acaba de ordenar cepillarse a algunos impresentables enemigos políticos y tiene que dar la noticia al pueblo.

Debido a una superstición de aquella época, un magistrado no podía pronunciar las palabras “muerte” ni “muerto” en el foro por miedo a que cayera una maldición sobre la ciudad. Así pues, Cicerón reflexionó, se aclaró la garganta de bilis espesa que había acumulado en la Carcer, se cuadró y proclamó:

-    ¡Han vivido!

Simplemente genial, ¿verdad?. Pues acabo  poéticamente:

Era una de esas noches en que el cielo es una aventura en sí mismo; una luna brillante corría entre inmóviles océanos de nubes plateadas. Bajo aquella celestial odisea, las tumbas que bordeaban la vía Flaminia destellaban en silencio, como una tormenta eléctrica.

Nota: la última palabra citada, “eléctrica” no constituye un ucronismo sino directamente un anacronismo, pues según el dilecto etimólogo Joan Corominas, aparece por primera vez en 1765, derivada del griego elektron, ámbar. ¡Te he pillado, Roberto!

Alberto Arzua

El robo de la sonrisa – R. A. Soctti

El robo de la sonrisa.  ¿Quién se llevo la Gioconda del Louvre?
R. A. Soctti
Editorial Turner

En 1911 aún no se había inventado la ciudad vertical: el innovador ascensor de Otis todavía no se había aceptado y nadie edificaba rascacielos, ni tan siquiera en Nueva York. En la Antártida, el capitán Robert Scott soñaba con alcanzar el Polo Sur y, en los astilleros de Belfast, se estaba construyendo el Titanic.
En aquella época, el Louvre se podía visitar sin colas en las taquillas ni grupos de turistas. En ciertos momentos, los escasos visitantes tenían la sensación de estar allí en absoluta soledad. El ambiente era de tal serenidad que ningún cuadro estaba sujeto con cables ni atornillado a las paredes. Aún así, nadie pensaba que fuera posible llevarse un cuadro y, mucho menos, el más valioso de todos. Sin embargo sucedió lo impensable. El miércoles 23 de agosto de 1911, los periódicos de todo el mundo publicaron una noticia que conmocionó al mundo: la Gioconda había desaparecido del Louvre. Gracias a los recientes inventos del teléfono y el cable, las palabras París y Leonardo da Vinci estaban en los titulares de portada de todas las grandes ciudades.
Aún hoy hay más preguntas que respuestas. Por fortuna, R. A. Scotti ha reunido todo el material publicado y realizado una magnífica síntesis para, como mínimo, explicar qué pudo pasar. Con poco frecuente talento, la autora combina la rigurosidad del ensayo de investigación con la amenidad de la novela de detectives. No es sólo una metáfora. Para resolver el misterio, se interrogó a todo el personal del museo, siguiendo un revolucionario sistema: el Método Bertillon, consistente en la elaboración de fichas policiales con huellas dactilares y fotografías. Por cierto, ¿Sabía usted que Picasso fue uno de los sospechosos del robo y que llegó a sr interrogado, al igual que su amigo Apollinaire?
Durante dos años, la Gioconda residió en paradero desconocido. Tan misteriosa como su desaparición fue su aparición en Florencia, a pocos metros del lugar donde se supone que Leonardo da Vinci la pintó cuatro siglos antes. R. A. Soctti aprovecha para informarnos de las diferentes hipótesis al respecto y los muchos otros misterios en torno la dama de la misteriosa sonrisa…
¿Quién es?
Aunque la versión oficial señala a Lisa Gherandini, esposa de Franceso del Giocondo, también se ha relacionado con Isabel de Aragón, Beatrice d’Este, Filippa de Savoy, una idealización, e incluso un autorretrato del artista u otro hombre travestido.
Como la mayoría de las obras renacentistas, el cuadro no tiene firma, fecha ni título. Tampoco existe ningún dato de Mona Lisa en los cuadernos de Leonardo. Ninguna mención ni ningún contrato, factura u otro documento de la época que aporte alguna información. La atribución de que sea Lisa Giocondo se debe a Giorgio Vasari, en 1550, cuarenta y siete años después de que se pintará el cuadro
¿Por qué es tan sobria?
En el paisaje detrás de la Gioconda no se observa ninguna planta ni animal. En la dama, ningún indicador de rango o riqueza. Su vestido es anodino para las modas de la época, ni el color ni el diseño tienen estilo o adornos. Ni un anillo ni un collar. Sin embargo, todas las candidatas a ser la Gioconda fueron mujeres ricas, habituadas al lujo. Ninguna gran dama de la época se retrató sin lucir sus mejores galas, ¿Qué hizo a Mona Lisa comportarse de una manera tan diferente?…
¿Por qué sonríe? ¿Qué representa?
Sencillamente, se ha dicho de todo. ¿la sonrisa de la madre del pintor (Freud)? ¿”Una velada amenaza”? ¿La Eva esencial? ¿La dicotomía entre la virgen y la amante? ¿Un extraordinario hito técnico? ¿Un símbolo de la diosa egipcia Isis que esconde el secreto de las pirámides de Giza? ¿”La sonrisa es dulce pero te devora, ávida como el mar”, Alfred Dumesnil? ¿”El abismo infinito de un sueño”, Arsène Housaye? ¿El artista burlándose del espectador por ser el cuadro su propio retrato travestido? ¿Una respuesta al nervio craneal VII, según neurólogos actuales?
Un estudio reciente de “medición de emociones” determinó que Mona Lisa está un 83 % feliz, un 9 % disgustada, un 6 % temerosa y un 2 % enfadada.
¿Quién la robó?
La mejor manera de saberlo es leyendo el libro… Belleza, misterios, buena redacción, ¿se puede pedir más?…
Fernando Garcés Blázquez

El cementerio de Praga / Umberto Eco

Al autor de esta novela le sobran neuronas por todas partes. Su increíble inteligencia, sensibilidad y buen humor nos ha regalado magníficas obras de ficción como El nombre de la rosa y estupendos ensayos como Apocalípticos e integrados. En muchas otras ocasiones, sin embargo, su fértil cerebro y amplísimos conocimientos tan sólo han le servido para parir obras retorcidas y pretenciosas de difícil digestión.

Con este Cementerio de Praga, absurdamente criticado por antisemita (como si a Nabokov le tildaran de pedófilo), me da la impresión de que Umberto Eco ha encontrado la justa medida de sus posibilidades, divirtiéndose a placer al tiempo que nos divierte a los demás.

Es una novela rara, extraña, sin una línea argumental que apasione, creada en torno a diferentes episodios que suceden a lo largo de la vida de su protagonista, un falsificador italiano que se pone al servicio del antisemitismo y de todo aquel que se avenga a pagarle. Se trata de un tipo que carece absolutamente de moral y que justifica sus acciones de un modo tan absurdo como entretenido. En este sentido le encuentro cierto parecido con el Bravo soldado Schweik. Porque, a pesar de su tenebroso argumento, de sus intrigas, asesinatos y múltiples traiciones, esta novela es francamente graciosa. Me imagino perfectamente las carcajadas de Umberto escribiéndola.

Un nombre que me vino a la mente al leerla es el del ínclito Borges, puesto que el lenguaje está cuidado hasta el delirio, cada frase bordea la exquisitez, el gusto por el detalle, la paradoja (atinada y menos plúmbea que en el caso de Cabrera Infante), el amor a las palabras y a sus significados (no en vano Umberto es catedrático de Semiótica)… En fin, que una lectura atenta permite sacar un dulcísimo jugo a este libro. De hecho se exponen en procesión tantas ideas y tantos aciertos literarios que para un aficionado a la literatura pura sería una pena perderselo.

Sin ánimo de ejemplificar sino de traer a colación un simple ejemplo (hay miles), transcribo a continuación lo que experimenta el protagonista cuando se ve obligado a practicar sexo por primera vez en su vida.

Diana llega a mí, jadeando sobre mí, o Dios mío, la pluma me tiembla, la mente me vacila, lagrimeante de disgusto, puesto que soy (ahora como entonces) incapaz de gritar porque me ha invadido la boca algo no mío, me siento rodar por los suelos, los perfumes me están aturdiendo, ese cuerpo que busca confundirse con el mío me provoca una excitación preagónica, endemoniado, como si fuera una histérica de La Salpetriére, estoy tocando (con mis manos, ¡como si lo quisiera!) esa carne ajena, penetro esa herida suya con insana curiosidad de cirujano, ruego a la hechicera que me deje, la muerdo para defenderme y ella me grita que lo vuelva a hacer, echo la cabeza hacia atrás pensando en el doctor Tissot, sé que estos desmayos acarrearán el adelgazamiento de todo mi cuerpo, la palidez térrea de mi rostro ya moribundo, la vista nublada y los sueños tumultuosos, la ronquera de las fauces, los dolores de los bulbos oculares, la invasión mefítica de manchas rojas en la cara, el vómito de materias calcinadas, las palpitaciones del corazón y, por último, con la sífilis, la ceguera.

Y mientras ya he dejado de ver, de golpe siento la sensación más lacerante, indecible e insoportable de mi vida, como si toda la sangre de mis venas brotara de golpe de una herida de cada uno de mis miembros tensos hasta el espasmo, de la nariz, de las orejas, de las puntas de los dedos, incluso del ano; socorro, socorro, creo entender qué es la muerte, de la que todo ser vivo huye aunque la busque por instinto innatural de multiplicar su simiente…

Y así todo, ya digo, un estupendo cúmulo de desmadres controlados.

Alberto Arzua

El primer hombre de Roma / Colleen McCullough

Esta narración histórica forma parte de una saga de siete en las que la escritora australiana Colleen McCullough (conocida por el “Pájaro canta hasta morir”, libro que no he leído, del que se hizo una infame serie para televisión que titularon “El pájaro espino”) novela una época fascinante de la historia de Roma: desde el siglo II aC hasta la instauración del Principado.

La autora hace gala de una erudición apabullante (parece ser que hasta ha enmendado la plana a algunos historiadores) que no se nos hace en ningún momento pesada puesto que maneja a los personajes históricos con mucha agilidad y grandes dotes de perspicacia. Vamos, que si no supieras que la Roma antigua ha existido, podrías pensar que se lo ha inventado todo para crear historias atractivas en plan best seller.

Se podrían comparar estos libros con los de Posteguillo (la Trilogía de Escipión) puesto que ambos son frescos y muy bien escritos y planteados.  Estos de Colleen contienen bastantes más datos, sobre todo en lo referente a la política romana (un auténtico follón divertidísimo), pero tiene su punto el saber que prácticamente todo lo que te está contando es histórico. Yo diría que es una manera estupenda de aprender historia. De hecho estos libros ya se están utilizando en las universidades de todo el mundo.

De manera que si te apetece divertirte aprendiendo (o aprender divirtiéndote, tanto da), aquí tienes siete tochos estupendos. Yo voy a dejar un espacio entre un libro y otro porque si no voy a pasarme unos meses completamente romanizado, y no es plan, también la barbarie necesita su espacio.

Por cierto que Colleen McCullough es catedrática de medicina en Yale y creó el departamento de neurofisiología de un hospital de Sidney. Lo digo por si acaso. También es doctora honoraria en historia, faltaría más.

Alberto Arzua

MAO Una historia desconocida / Jung Chang y Jon Halliday (2)

Como lo prometido es deuda, aquí van algunas citas de este interesante libro. Muchas de ellas son palabras del mismo líder supremo, presidente Mao.

Acerca de la muerte.

Veamos cuánta gente moriría si estalla la guerra. Hay 2.500 millones de personas en el mundo. Tal vez desaparecería una tercera parte, o tal vez algo más, puede que la mitad. Lo que quiero decir es que, en la situación más extrema, la mitad moriría y la mitad viviría, pero el imperialismo quedaría borrado de la faz de la Tierra y el mundo entero se convertiría en socialista.

Filósofo de la pobreza.

La gente dice que la pobreza es mala, pero en realidad es buena. Cuanto más pobre es la gente, más revolucionaria se vuelve. Sería espantoso imaginar un tiempo en el que todo el mundo fuera rico. Por causa del exceso de calorías la gente tendría dos cabezas y cuatro piernas.

Economista sagaz

Convirtamos a China en un país de cerdos y así habrá un montón de estiércol y carne más que suficiente, que podremos exportar a cambio de hierro y acero.

Alguna de sus ocurrencias.

Un día a Mao se le ocurrió que una buena medida para mantener la comida a salvo sería librarse de los gorriones. Decidió que los gorriones eran una de las “Cuatro Plagas” a eliminar, junto con las ratas, los mosquitos y las moscas, y movilizó a toda la población para que agitara palos y escobas, y que organizara un gigantesco estruendo para que los gorriones no se atrevieran a posarse, de modo que la fatiga les hiciera caer y la multitud pudiera capturarles y matarles. (…) También quiso deshacerse de los perros, que consumían comida.

Más de la muerte (era de lo que más sabía)

“La muerte de la gente debería celebrarse colectivamente. Es de hecho un motivo de regocijo. Nosotros creemos en la dialéctica, así que no podemos estar en contra de la muerte. Las muertes conllevan ventajas. Sirven para fertilizar la tierra”. Por lo tanto se ordenó a los campesinos que sembraran en los solares de los cementerios, lo que les causaba una profunda congoja.

La siguiente frase merecería figurar en la cabecera de esta web.

Cuantos más libros lees, más estúpido te vuelves. Podéis leer un poco, pero leer mucho es contraproducente, absolutamente contraproducente.

Tenemos que seguir la política de mantener a la gente en la estupidez.

Hablan los guardias rojos (estudiantes enloquecidos):

¡A la mierda con los sentimientos humanos! ¡Seremos brutales! ¡Aplastaremos a los enemigos de Mao! ¡Los pisotearemos!

El presidente opina sobre los Guardias Rojos

Mao ordenó que la escolarización se suspendiera. “Ahora han finalizado las clases”, afirmó, “y a los jóvenes se les da comida. Con la comida adquieren energía y les entran ganas de causar disturbios. ¿Qué van a hacer sino causar disturbios?”

Los Maravillosos y los Mierdas.

Todos los grupos devotos seguidores de Mao rivalizaban por parecer los más agresivos. Un caso típico era el de la provincia de Anhui, donde los dos bandos rivales se dedicaban apelativos tan políticamente insólitos como “los Maravillosos” o “los Mierdas”. Cuando el primer grupo entró en las oficinas del antiguo gobierno proclamando que habían arrebatado el poder a los seguidores del capitalismo y exclamando “nuestro poder subversivo es maravilloso”, el segundo resopló: “¿Maravilloso? ¡Vaya mierda!”

Acabemos con una bonita conversación, ciertamente literaria, en la que el protagonismo pasa a su última mujer, Jiang Qing, conocida por Madame Mao. Lo cuenta un nuevo secretario de la susodicha.

Después de responder a una o dos de sus preguntas, Madame Mao dijo:

- Habla usted tan alto y tan rápido que parece una ametralladora. Me pone dolor de cabeza, me hace sudar. Si caigo enferma por su falta de consideración con el tono de voz o la velocidad con que me habla, su responsabilidad será gigantesca. –Se señaló la frente y gritó-: ¡Mire, mire, estoy sudando!

Yo bajé la voz y dije:

- Perdóneme, por favor. Tendré cuidado con el volumen y la velocidad con la que hablo.

Jiang Qing frunció el ceño y empezó a chillar, impaciente:

- ¿Qué está diciendo? Ahora no le oigo. Habla demasiado bajo. Si no le puedo oír bien, también me pondrá nerviosa y empezaré a sudar.

Alberto Arzua

MAO. La historia desconocida / Jung Chang y Jon Halliday (1)

Allá por los años en que yo andaba zascandileando en la universidad pululaban por aulas, pasillos y asambleas algunos colectivos políticos de filiación maoísta. Los llamábamos pro-chinos. Craso error. Mejor les habría ido la denominación de anti-chinos. Por la sencilla razón de que Mao es quien más chinos ha matado de la historia mundial. Más chinos y más personas humanas, muchas más que Hitler o Stalin. Decenas y decenas de millones. Han leído ustedes bien. Y eso en tiempo de paz.

Aquellos pro-chinos (y los que lamentablemente siguen existiendo a lo largo y ancho de este torturado mundo) estaban convencidos de ser lo más progre y avanzado de la política mundial. Se consideraban (y continúan considerándose) la vanguardia del movimiento de liberación de los humildes y de los oprimidos. Una especie de Jesucristos actualizados, vamos. Desconocen por completo la historia del siglo XX en China. No tienen la menor idea de lo que fue en realidad la “Revolución cultural”, ni la “Larga Marcha”, ni el “Gran paso adelante”, ni tantas otras políticas mediante las cuales Mao asesinó de las formas más crueles a millones de sus compatriotas. ¿Por qué lo hizo? ¿Cómo fue posible tan monstruosa iniquidad?

No entiendo mucho de psicología pero que Mao era un psicópata queda fuera de toda duda. Carecía absolutamente de compasión (creo que esta característica enfermiza, la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, común a los asesinos en serie, tiene incluso un nombre clínico) y actuaba movido únicamente por su interés personal de medrar y mantenerse en lo más alto (incluso fantaseó con sojuzgar al mundo entero). ¿Cómo consiguió tiranizar a tanta gente y llevar a cabo sus delirantes, irracionales y genocidas políticas? Mediante el terror más absoluto, el asesinato y la tortura indiscriminada, la mentira y el engaño sistemáticos, el desprecio más delirante por la vida humana… Su objetivo era que todo el país funcionara como un campo de concentración. Y casi lo consigue.

Tengamos siempre presente que la “maravillosa” China actual, el tren de la economía mundial a quien todo el mundo envidia, es hija directa de aquellos tiempos. Tan sólo han pasado 34 años desde la muerte del gran asesino. Su retrato aún preside la plaza de Tiananmen. Normalmente tendrían que sucederse algunas generaciones conviviendo en paz y libertad para que su población (al igual que la de la antigua URSS) recuperara la salud física, mental y emocional. De momento el Partido Comunista sigue controlando el país y las tremendas desigualdades continúan manteniéndose, ahora exacerbadas por repuntes descontroladamente permitidos de capitalismo salvaje.

Es indudable (lo digo yo y lo demuestro ante quien quiera) que el comunismo llevado a la práctica ha sido, con mucho, lo más lamentable que ha ocurrido en la historia de la humanidad. Y esto es necesario saberlo… yo diría que, más que necesario, obligatorio, si quieres entender algo de esta locura de mundo. He dicho.

A modo de ejemplo de lo que se van a encontrar en este libro me gustaría consignar una única información de entre las muchas extraíbles: el Gran Salto Adelante consistió en vender al extranjero la mayor parte de las cosechas para poder así comprar lo necesario para fabricar armas. Tan sencillo como eso. Esto sucedió durante muchos años seguidos y, como consecuencia, murieron de hambre millones y millones de personas. Reconocido por el mismo régimen, señores, aquí no hay trampa ni cartón.

Este es un libro gordo y repleto de datos, pero en modo alguno aburrido. Los acontecimientos se suceden sin descanso. Hay muchísimos nombres chinos, sí, pero es cuestión de acostumbrarse, qué le vamos a hacer, esto es la historia de China durante la vida de Mao. Si hubiera que resumirlo en una sola palabra, yo elegiría CRUELDAD. Con esto aviso de que para leerlo hay que tener estómago y no ser propenso a la depresión.

El mal está dentro del ser humano. Y esto hay que saberlo. Es muy importante saberlo. Cuando las circunstancias de la vida nos obligan a luchar por la supervivencia, nuestra respuesta puede ser terrible. Todos somos seres humanos.

La semana que viene y en este mismo lugar tendrán ustedes la posibilidad de leer algunas sabrosas citas de este revelador libro. No se lo pierdan.

Alberto Arzua

Un día en la vida de Ivan Denisovich / Alekxandr Solzhenitsyn

Este libro empieza así:

Las cinco de la mañana. Como todos los días, suena el despertador: unos martillazos sobre el pedazo de riel colgado junto al barracón del Estado Mayor. Los irregulares golpes cruzan a duras penas los cristales y los dedos de escarcha que los cubren, y pronto cesa el ruido. Hace frío. El guardián no tiene ganas de tocar mucho rato.

Acaba así:

Ha pasado un día, un día que nada ha venido a oscurecer, un día casi feliz.

De estos días, cuando termine su condena, habrán pasado tres mil seiscientos cincuenta y tres. Los tres de más, a causa de los años bisiestos…

Y por el medio se nos cuenta un día normal de una persona muy normal en un campo especial de un país muy especial, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La persona en cuestión es un albañil condenado a diez años de prisión por el delito de haberse dejado capturar por los alemanes. Imagínese usted que lo envían a la guerra, que logra sobrevivir al horror, que los nazis lo meten en un campo de concentración, que logra sobrevivir al horror, y que al volver a casa tu gobierno te recibe con los brazos abiertos y te mete diez años en un penal de trabajos forzados, donde la temperatura media es de 30 grados bajo cero. Magnifique.

El país en cuestión es la URSS allá por los años cincuenta, en pleno estalinismo, cuando la vida individual valía menos que un pelo del bigote de Stalin. Te condenaban a diez años por delitos tales como haber recibido una carta del extranjero. Y menos mal, porque pronto la condena mínima pasó a ser de veinticinco años. En fin, que sobrevivir era toda una odisea.

En esta novela el autor aprovecha su experiencia de varios años en el Gulag (sistema de prisiones soviético) para narrarnos los pequeños sucedidos del día a día en uno de aquellos campos especiales.

Este libro supuso todo un acontecimiento en su país puesto que su publicación en 1962 marcó el inicio del distanciamiento oficial del estalinismo. De todos modos provocó tal controversia que se volvió a prohibir a los dos años, condenándose a su autor al ostracismo (pequeño castigo puesto que ya estaba condenado a destierro perpetuo).

En 1970 le dieron el Premio Nobel, pero no fue a recogerlo temiendo que no le dejaran volver a su país, donde se dedicó a escribir su magna obra, El archipiélago Gulag, basado en las experiencias de más de 200 supervivientes de los campos de trabajo soviéticos.

Leer “Un día en la vida de Ivan Denisovitch” merece la pena como testimonio histórico y como muestra de buena literatura, puesto que se exploran los confines del alma humana. Consta de 168 páginas y es de muy ágil lectura. Fácil no significa agradable.
Alberto Arzua

La araña negra / Vicente Blasco Ibáñez

No sé si esta novela se podría calificar de morrocotuda, pero lo que queda fuera de toda duda es que es tremebunda. Y quien dice tremebunda dice truculenta, aterradora, terrible, brutal, ácida, cruda, dura… Su autor la escribió a los veinticinco años y posteriormente la repudió por considerarla demasiado folletinesca.

¿Folletinesca? Por supuesto, pero en grado sumo. Digámoslo de una vez: esta novela es un PANFLETO en toda la regla. Aunque si un panfleto se define como “un escrito breve, generalmente agresivo o difamatorio”, deberíamos obviar lo de “breve”, puesto que “La araña negra” consta de dos tomos de letra apretada, con más de quinientas páginas cada uno. Este Blasco Ibáñez poseía la diarrea creativa propia del bestsellerista decimonónico.

Cosa más demodé que estos dos libros no puede existir en el mundo. Si les cuento dónde los he encontrado, no se lo van a creer. Pero como me gusta fomentar la incredulidad, se lo voy a contar. Pues sucedió el año pasado en un piso cochambroso del gótico barcelonés. Lo habían dejado desocupado una pareja de ancianos por causa de la mayor fuerza mayor existente en este mundo. Uno de ellos (de los libros, no de los ancianos, q.e.p.d.) servía para equilibrar un tosco mueble bastante cojito. El otro apareció mezclado entre ejemplares de Salgari, Julio Verne, Dumas, y algunos tomos de la Enciclopedia de la Cocina Catalana. También salieron a la luz unas pocas fotos antiguas de mucho interés histórico, a través de las cuales pude deducir que el macho de la pareja había sido militar de baja graduación. Recuerdos de ancianos difuntos que ya no le importan a nadie. Qué triste, qué truculento, qué romántico, qué tremebundo. Qué pena. Me llevé los dos tomos bajo el brazo, claro.

¿Qué hacía yo en aquel piso? Esa es otra historia, que no viene al caso. El caso es que esta obra, y por fin lo voy a decir, se dedica a poner a parir a los jesuitas. Sí señores. Si ustedes se creyeran la tercera parte de lo que aquí se cuenta, saldrían raudos a la calle con el noble objetivo de asesinar jesuitas a puñetazos, pistoletazos, puñaladas o estrangulamiento, no importa el sistema, puesto que estarían firmemente convencidos de estar realizando un bien extraordinario a la humanidad.

Son tales las burradas que don Vicente nos narra, es tal la maldad hiperconsciente de estas arañas negras (los jesuitas, por supuesto), tal su crueldad, su bajeza, su manipulación, su falsedad, su desprecio por todo lo bueno del ser humano, que la boca se nos abre casi a cada página, formando bonitos gestos de sorpresa e incredulidad. ¡Oh, ah, oh! ¡No puede ser cierto! ¡Es imposible que sean tan malvados! Ni el mayor asesino de la historia, ni el sádico más sádico de la novelas de casquería llega a la suela de los zapatos a estos negros jesuitas, puesto que hacen lo mismo que estos infrahombres, pero con un plus de premeditación, alevosía y desprecio infinito por sus víctimas.

¿Son así en realidad los jesuitas? ¿Lo han sido en algún momento de su ignaciana historia? Pues no lo sé, aunque supongo que la cosa no será para tanto. Malvados, quizá, pero los más malvados del malvadismo mundial, pues lo dudo un poco. “Jesuítico”, en el diccionario, equivale a “hipócrita”. Vale, pero de “hipócrita” a “demonios tremebundos” va más de un paso.

Paso que le cuesta poco dar a don Vicente puesto que fue un político republicano muy activo en la lucha contra los monárquicos. Y quien dice reyes dice curas (y derivados). Es innegable que los odiaba. Es seguro que los tenía como origen de casi todos los males de la patria. Es posible que escribiera esto para mostrar al mundo la realidad de la infame reacción religiosa. Lo que pasa es que se pasó un pelín.

Y este pelín es el que hace muy divertida a esta novela. ¿Nunca han disfrutado ustedes leyendo un panfleto? Pues eso. Y éste está correctamente escrito, es muy ágil y se sigue con pasmosa facilidad. Son más de mil páginas de exageraciones varias. Bueno, varias no, que todas se centran en el mismo tema: desenmascarar a los jesuitas por activa, por pasiva, y por gerundia (hasta son feos, sucios, procaces y… por cierto… ¿se acuerdan ustedes de aquello de los siete pecados capitales, a saber: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza?, ¿sí?, pues se les quedan cortos). Quedan avisados.

Aviso final. También hay personajes muy buenos y muy puros, por supuesto. Sobre alguien habrá que practicar el mal. Suelen ser republicanos, los pobres, vaya usted a saber por qué. ¿Demagogia? Pues sí. ¿Y qué? La cosa es pasárselo bien. Esto es sólo literatura, no lo olviden.

Alberto Arzua

La trilogía de Escipión / Santiago Posteguillo

He aquí tres libros en la mejor tradición de la novela de aventuras que tienen el aliciente de estar basados en hechos reales. Si esto se hace con elegancia, sobriedad, sentido del ritmo y un hálito narrativo diestramente medido, podemos decir que nos encontramos ante una gran novela histórica. Nada que ver con las decenas de publicitados bodrios que pueblan nuestras librerías (véase Peter Berling y otros griales varios).

Son tres novelas gordas, de aproximadamente 800 páginas cada una, que tienen como característica diferencial más destacada la facilidad de su lectura, no sólo por su sintaxis sencilla y sin alharacas, sino sobre todo porque con frecuencia se nos recuerda en pocas palabras lo hasta entonces acontecido. Es decir, que la dejas de leer un par de días y no tienes ningún problema en retomar contacto con situaciones y personajes. Se ve que el autor tiene la poco habitual destreza de colocarse en la mente del lector. Y se agradece.

Las tres obras, organizadas cronológicamente según el esquema de crecimiento, apogeo y decadencia, son: Africanus, Las legiones malditas y La traición de Roma. En ellas se narra la vida de Publio Cornelio Escipión, el general romano a quien siempre se recordará por ser quien derrotó a Anibal, uno de los estrategas militares más valorados de la historia. El mismo de los elefantes alpinos. Ahí es ná.

A mi entender los méritos más sobresalientes de esta trilogía son:

Interés argumental que no decae nunca.
Fidelidad a los hechos históricos (dentro de lo que cabe).
Tratamiento de las féminas sin cursilerías.
Ponderada descripción de batallas (con esquemas incluidos).
Insignes loas a la amistad (como tiene que ser).

Resumiendo, el típico libraco del que se suele decir que parece el guión de una estupenda película… si no estuviéramos hartos de ver malísimas películas basadas en excelentes libros. A disfrutar, que da para muchas horas.

Se pueden leer algunos cachitos en la página del autor: http://www.santiagoposteguillo.es/libros-publicados/
Alberto Arzua

El Ocho / Katherine Neville

     Este es un libro que salió a principios de los 70 en EEUU y a finales de los 80 en SPAIN. Recomendado por el sistema boca a boca entre la gente que acostumbra a recomendar libros mediante dicho sistema (y que suele ser la misma que te comenta cuando te ve leer: anda, si estás leyendo un libro, a mí también me gusta mucho leer, oye, ¿es bueno?, ¿de qué va?, ¿me lo dejas?, yo también acabo de leer uno estupendísimo, te lo traigo mañana…), se ha convertido en uno de los mayores best (y long) sellers a nivel mundial. Su autora es una tal Katherine Neville, nacida en San Louis, Missouri, que es un lugar estupendo para nacer y que queda muy bien, porque a ver a quién le digo yo que he nacido en Bilbao, Vizcaya, o en Bilbo, Bizkaia… que, para el caso, resulta igual de pedestre.
     El Ocho
     Me percato de que estoy dando la impresión de que no aprecio mucho este libro. Impresión cierta. Pero tengo mis razones. Una, acabo de volver de vacaciones. Dos, he perdido mis gafas en un aeropuerto alemán (donde, por cierto, yo diría que no se me había perdido nada… pero es que estaba de paso hacia el país donde duermen los dioses). Tres, tengo muchas ganas de leer algo bueno. Cuatro, pasemos a la argumentación propiamente dicha.
     
     He leído veinte páginas de este book y estoy hasta el colodrillo. No sé si seguir. Razones:
     
     La escritura es excesivamente elemental, casi de bachillerato. Ya sé que se trata de un best seller y que no se pueden pedir peras al olmo, pero hoy en día hay best sellers con una muy digna calidad literaria. Se hace difícil leer un tocho como si corrigieras la redacción de un adolescente.
     
     Los personajes son de brocha gordísima. De momento van apareciendo dos monjas monísimas pero sin vocación y una superiora vieja pero listísima. Ya me voy contagiando del depurado estilo de Katherine.
     
     Hay incongruencias casi desde el principio. Me salto la conversación inicial entre las dos monjitas porque, aunque es de enmarcar, dura demasiado. Citaré, en primer lugar, el llamado “Relato de la abadesa”. Resulta que la tal abadesa se levanta en una reunión monjil de gran importancia para contar un secreto muy importante. Y resulta que la tal abadesa lo narra de esta guisa:
     
    … El rey había invitado a todos los nobles del imperio. El patio central, con su cúpula de mosaico, escaleras circulares y balcones, estaba repleto de palmeras traídas de tierras lejanas y festoneado con guirnaldas de flores. En los grandes salones, entre lámparas de oro y plata, sonaban arpas y laúdes
     
     Si esta es la manera de hablar de alguien que cuenta una cosa, que baje chus y lo vea. Porque en una novela nos pueden decir de todo, hasta que los elefantes vuelan, pero ha de hacerse de forma tal que nos creamos el mundo que el escritor ha inventado. No digo que nos creamos su realidad efectiva, sino la realidad que ha pergeñado el artista. De esto trata el arte. No de la realidad, sino de las sensaciones. Y, a menos que se trate de una obra de humor, poética… o voluntariamente cachonda (lo que no es el caso), debe de mantener una potente coherencia interna para que el lector la viva. He dicho. Pero… silencio, que sigue hablando la monjota:
     
    … Ocho criados negros vestidos de librea mora entraron a hombros el tablero de ajedrez. (…) El tablero, forjado en plata y oro, medía un metro de lado
     
     ¡Leches! (como diría Bernardo Marín). Pues a ver cómo caben ocho negros vestidos de moro en un metro cuadrado…
     
     Un poco después sale nada menos que Carlomagno, a quien no se le ocurre nada mejor que prometer a un soldado experto en ajedrez que si le gana una partida, le dará la mano de su hija y “la parte de mi reino que va de Aquisgrán a los Pirineos vascos”. ¡Releches! Si son ustedes capaces de determinar de algún modo cuál es dicha parte del reino (entre Alemania y Roncesvalles), me lo comunican, porque queda un poco impreciso…
     
     Empezando la partida de ajedrez, resulta que al soldado le tocan las blancas. ¡Sorpresa! Un poco antes nos habían explicado, con todo lujo de detalles, que “las piezas eran de metales preciosos afiligranados, estaban tachonadas de rubíes, zafiros, diamantes y esmeraldas sin tallar pero perfectamente lustrados…”. ¿Cómo distinguen las blancas de las negras entre tanto brillo maravilloso?
     
     En fin, que para leer un libro que te cortocircuita las neuronas cada pocas páginas (ya digo que voy por la 20… y son 650), mejor me aplico los electrodos directamente.
     
     Si me sigo torturando con esta lectura y con las gafas que me han prestado hasta que me hagan unas nuevas, amenazo con comunicárselo a ustedes. O a lo mejor no, que está la vida muy cansada. 

Alberto Arzua

Northumbria, el último reino / Bernard Cornwell

NorthumbriaUn libro al año no hace daño, pero es costumbre más sana un libro cada semana”. Bonita frase que, aplicada a la novela histórica, tan sólo resulta cierta en su primera parte ya que, a pesar de contar con la posibilidad de leer una novela histórica diferente al día, dada la sobreproducción existente en este particular ámbito literario, no es recomendable atiborrarse de espadas, pócimas y amores maravillosos. Más que nada por salud mental y… por defecto de calidad.

Puestos a elegir la novela histórica que leeremos este año lo más sensato es ir sobre seguro y apostar por lo último de Bernard Cornwell, un estupendo y prolífico escritor que no cae nunca en lugares comunes y con el que se aprende divirtiéndose (como dicen que deberían transmitir su sabiduría los buenos maestros). 

Este novelista y periodista inglés agrupa su producción en sagas:

La protagonizada por el fusilero Richard Sharpe, soldado del Imperio Británico. Son 15 títulos hasta el momento  y conforman su serie más exitosa pero, a mi modo de ver, menos atractiva.

La dedicada a las leyendas artúricas. 3 preciosas novelas.

La del arquero Thomas de Hookton, soldado inglés en la guerra de los cien años. 3 interesantes e instructivas novelas.

La de Starbuck, un americano en la guerra de la Secesión. Muy popular pero aún sin publicar en España. 4 novelas.

La de las invasiones vikingas. 4 novelas. Acabo de leer la primera (objeto de este comentario) y me ha gustado mucho. ¡Vikingos! ¡Cristianos contra paganos!

La suprema especialidad de Richard Cornwell radica en la cuidadosa, detallada, convincente y nítida manera en que describe algo de lo más difícil de describir: las batallas. Y mira que ha habido famosas descripciones de batallas… Pues bien, afirmo, con un par, que este hombre lo hace todavía mejor que tu descriptor de batallas favorito. Y sólo por eso ya merece pasar a la historia de la literatura. Ale.

Además sus personajes son coherentes y cercanos (el de esta serie, Uhtred, está especialmente conseguido), sus escenas siempre están justificadas, no hay relleno ni paja sino que, por el contrario, muchas veces nos encontramos con situaciones que nos emocionan, como acostumbra a suceder con el mejor arte. Suceden cosas constantemente, por supuesto, como debe ser, pero nunca nos da la murga con liberadoras teorías pseudo-míticas. En suma, que el aficionado a la novela (histórica) está de enhorabuena si entre la morralla de producciones históricas encuentra algo de Bernard Cornwell que no haya leído todavía.

Aunque lo más significativo de este tipo de novela no sean las frases redondas (por más que muchos lo intenten con resultados más o menos ridículos), acabaremos con un par de citas.

Hablando de Alfredo el Grande:

<<Estoy seguro de que fue feliz aquel invierno, criticando las normas de sus ancestros y soñando con la sociedad perfecta en la que la iglesia nos dijera qué no hacer y el rey nos castigara por hacerlo>> 

Hablando de cristianismo: <<Los predicadores nos dicen que el orgullo es un gran pecado, pero los predicadores no saben de qué hablan. El orgullo hace al hombre, lo guía, es el muro de escudos que protege su reputación, y los daneses lo entendían. Los hombres mueren, decían, pero el nombre no>>

Supongo que con esto ya he cumplido respecto a novela histórica. O no, porque hasta que lea la próxima de Cornwell habrá pasado un año. Y ustedes y yo lo habremos olvidado. Y así nos dará más gusto. Que es de lo que se trata. Bernard Cornwell

Editorial: Edhasa

Precio: 23 euros

Págs: 448

ISBN: 8435061159 

Alberto Arzua

El final del desfile / Ford Madox Ford

     Este es un libro difícil de leer, sobre todo por el modo en que el autor, de formación profundamente clásica, maneja los recursos literarios. Utiliza las elipsis con profusión, los cambios de tiempo, de orden, los pensamientos mezclados con los sucesos… de manera tal que hay que estar muy atento para seguir la trama.
     
     Y no es que sucedan muchas cosas sino que se describen con gran detalle introspectivo a la vez que desde una distancia muy inglesa. La mezcla llega a hacer daño: sufrimos con las incomprensiones, las maldades humanas, los prejuicios, viendo cómo en cualquier momento todo se puede ir al garete y nadie va a mover un dedo.
     
     El personaje principal es un hallazgo: el último conservador. Se trata de un joven con una inteligencia privilegiada que se mueve en los ambientes de la alta sociedad y de la política en la Inglaterra de principios de siglo. Y se mueve con un espíritu radicalmente victoriano. Por ejemplo, a pesar de que su mujer se dedica a hacerle la vida imposible de mil y una maneras, a cada cual más rastrera, él es incapaz de hablar mal de ella delante de terceras personas. Es así el chico. Y así le va la vida. Le mandan a la guerra. Sale algo tocado… Y en la última novela (este libro está compuesto de cuatro novelas) se produce el tan ansiado descanso, narrado por una especie de tetrapléjico. Muy original pero muy efectivo. El lector descansa y sonríe.
     
     Repito: la literatura es exquisita pero difícil. No es un best seller a pesar de que lo anuncien como “la mejor novela que jamás se ha escrito sobre la Primera Guerra Mundial”… “una de las obras maestras de la literatura del siglo XX”…
     
     Lo que opina el protagonista de sus congéneres:
     
     << Y Tietjens, que era incapaz de odiar a nadie, al ver a aquel tipo simpático y sencillo con aspecto de colegial, se preguntó por qué la humanidad, que resultaba casi agradable descompuesta en unidades, era, como masas, un fenómeno tan odioso. Si se cogían doce hombres, ninguno de ellos detestable ni carente de interés, porque cada uno de ellos tenía detalles técnicos que aportar sobre su especialidad, y se formaba con ellos un club o gobierno, en el acto, las opresiones, las inexactitudes, el cotilleo, las venganzas, las mentiras, las corrupciones y las vilezas, los convertían en esa combinación de un lobo, un tigre, una comadreja y un mono cubierto de piojos que era la sociedad humana. >>
     
     << Se ha dicho que la peculiar costumbre de reprimir las emociones coloca a los ingleses en desventaja en los momentos de gran presión inesperada. En las cuestiones menos importantes del curso general de la vida se comportarán de modo impecable sin inmutarse por nada, pero ante la súbita confrontación con cualquier cosa que no sea un peligro físico es fácil –de hecho, es casi seguro- que se vengan abajo. >>
     
     << …Tietjens, deliberada e intencionadamente, había optado por un modo de comportarse que consideraba el mejor del mundo en condiciones normales. Si uno hablase todos los días con voz aguda y la lógica y la lucidez de los franceses; si gritara para reafirmarse, son el sombrero sobre el estómago, inclinándose con la espalda muy recta y, por implicación, amenazara todo el día con pegarle un tiro a su interlocutor, como hacen los prusianos; si fuese tan lacrimosamente emocional como los italianos, o tan seca y epigramáticamente imbécil sobre cuestiones triviales como los americanos, tendríamos una sociedad ruidosa, molesta e inconsciente que carecería de la calma superficial que debería presidir la atmósfera de los hombres cuando se reúnen. >>
     
     
     Describiendo la niebla (sin mencionarla):
     
     << Tras saltar del alto estribo del dog-cart la chica desapareció por completo en la nube plateada: llevaba un casquete oscuro de piel de nutria que debería haber sido visible. Pero desapareció de un modo más completo que si hubiera caído en aguas profundas, en la nieve…, o a través de papel de seda. ¡De manera más súbita, en todo caso! En la oscuridad, o en aguas profundas, habría dejado una fugaz lividez; en la nieve o en una hoja de papel un agujero. Aquí no había quedado nada. >>
     
     Culturizándonos:
     
     << Sabía que es tan difícil para un hombre rico ir al cielo como para un camello pasar por una puerta de Jerusalén llamada el Ojo de la Aguja. >>
     
     Caminando:
     
     << Las sórdidas casas alineadas parecían volar a su lado bajo la mezquina luz de agosto. Cuando se piensa demasiado, el tiempo se acelera y apenas se ha fijado uno en la papelería de una calle cuando llega a las cajas de cebollas de la tienda que hay en la esquina siguiente. >>
     
 
(el autor a la izquierda, junto con James Joyce y Ezra Pound)
 
     Los soldados y los políticos:
     
     << Un intenso desánimo, una confusión interminable, una locura inagotable, vilezas sin cuento. Todos esos hombres entregados a manos de los intrigantes más cínicos y despreocupados que pululan por los largos pasillos donde se urden las tramas que surcan el corazón del mundo. Todos esos hombres eran meros juguetes y sus agonías meras ocasiones para poner una frase ocurrente en los discursos de unos políticos sin corazón. Cientos de miles de hombres arrojados aquí y allá en ese sórdido, gigantesco y parduzco barrizal invernal…, por Dios, exactamente igual que si fuesen nueces recogidas y arrojadas por las urracas por encima del hombro… Pero eran hombres. No sólo poblaciones. Hombres por los que uno se preocupaba. Cada uno con una columna vertebral, rodillas, pantalones, tirantes, un rifle, un hogar, pasiones, fornicaciones, borracheras, amigos, alguna concepción del mundo, callos, enfermedades heredadas, una verdulería, una lechería, una papelería, mocosos, una furcia por mujer… >>
     
     Un poquito de ron en plena guerra:
     
     << Luego el ordenanza te traía una taza de té con un poco –muy poco- de ron, y, en tres o cuatro minutos, el mundo entero cambiaba ante tus ojos: las barreras de alambre de espino se trasformaban en protecciones muy eficientes ideadas por ti por las que podías dar gracias a Dios; las ruedas rotas se convertían en óptimos puntos de referencia para hacer incursiones nocturnas en la tierra de nadie. Llegabas a decirte que cuando mandaste reconstruir el parapeto, después de que se viniera abajo la última vez, la compañía hizo un buen trabajo. Y que, por lo que se refería a los alemanes, estabas allí para matar a esos cerdos; pero no sentías que pensarlo te fuese a revolver el estómago de antemano… Eras, de hecho, un hombre cambiado. Tu espíritu tenía un peso específico diferente. >>
     
     Citas largas para un libro largo. Lo disfruten con calma.
     
     Editorial: Lumen
     ISBN: 9788426416933
     Págs: 1.000
     Precio: 35,90 euros
 

Alberto Arzua

La noche quedó atrás / Jean Valtin

     El autor simplemente nos cuenta en primera persona lo que hizo entre la primera y la segunda guerra mundial, en las décadas de 1920 y 1930, y nos deja simplemente turulatos. Porque hizo tal cantidad de cosas que nos marea, nos apabulla, nos anonada… En una sola de sus páginas (y son 780) es muy probable (y no exagero) que nos cuente más aventuras (trapicheos, falsedades, sufrimientos…) de las que los seres molientes seremos capaces de vivir en toda nuestra vida.
    
     Pero Richard Krens (verdadero nombre tras el pseudónimo Jean Valtin) no es un ser moliente y corriente sino un alemán, idealista fanático prosoviético, que recorre el mundo luchando por su causa. Aunque esto no es un libro de tesis sino de praxis. No hay reflexión, tan sólo se actúa y se actúa en pos del hundimiento del capitalismo mundial y del triunfo del sistema soviético. Y se actúa sin parar, sin moralizar y de todas las maneras posibles, mayormente cutres, brutales, retorcidas, torturantes. Nunca el fin ha justificado tanto los medios. Fanatismo en estado puro, hacer sin pensar, obedecer a ciegas, todo por la causa, la propia vida carece de valor.
    
     En este sentido es en el que cobra mayor valor el libro: no parece una autobiografía sino una novela de espías… de verdad. Y el mundo de los espías de verdad tiene mucha tela que cortar. Tanta que ha dejado turulato no solamente a mi humilde ser sino también a Vargas Llosa, Jack Kerouac, Hannah Arendt, F.D. Roosevelt, H.G. Wells… desde 1941, que es cuando se publicó el libro, con enorme éxito.
     
     Un testimonio imprescindible de la condición humana. Y tan sólo contando cosas. Si esto no es una novela, que baje Stalin y lo purgue. Muy duro, muy duro. Por comentar algo, se detallan torturas recibidas en primera persona dentro de las prisiones de la Gestapo. No digo más.
          
     Seix Barral
     Isbn 978-84-322-3168-1
     782 págs.
     24 euros

Alberto Arzua