Archivo de la categoría: HUMOR

Los lunes me odian / Laura Santolaya del Burgo

«No estoy segura de si odio los lunes, o los lunes me odian a mí, me pregunto si será algo personal». P8ladas

Rebelde, incorrecta y algo canalla, P8ladas es un ser libre que vive una existencia virtual en la que cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad. Le gustaría vivir en un mundo perfecto en el que no importara la belleza o el dinero. Los lunes simbolizan lo que más odia: el trabajo, la dieta, la hipocresía, la estupidez…; nada de esto tiene cabida en su «mundo perfecto».

Cuando en el año 2008 inauguró su blog Prohibido escuchar canciones ñoñas nunca pensó que aquellas tímidas reflexiones ilustradas que surgían al compás de sus canciones favoritas se plasmarían con el tiempo en un libro.

En Los lunes me odian P8ladas, álter ego de Laura Santolaya, adquiere una nueva dimensión que entraña una gran responsabilidad: se viste de papel para introducirse en las casas de los internautas, entrar de puntillas en sus dormitorios, acomodarse en sus mesillas y, desde allí, provocarles una última sonrisa antes de dormir.

Libros Aguilar
Páginas: 272
Publicación: 19/03/2014
Temática: Humor
Precio: 17,00 €
ISBN: 9788403014251
EAN: 9788403014251

Ebook

Precio: 7,99 €
E-ISBN: 9788403014268

Laura Santolaya del Burgo (Pamplona, 1982) es graduada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Navarra. Ha desarrollado su formación en el mundo de la comunicación, el marketing y las relaciones institucionales. En la actualidad trabaja en el Departamento de Innovación de una consultora internacional.

En 2008 publica su blog Prohibido escuchar canciones ñoñas en el que da vida a P8ladas, un personaje de cómic definido como su álter ego: una versión políticamente incorrecta de ella misma.

P8ladas fue descubierta por el diario El País en 2013 en su sección Se busca talento. Desde ese mismo año, publica con asiduidad sus viñetas en la edición española del periódico online Huffington Post.

Sus historias y dibujos tienen una gran aceptación en las redes sociales. En Los lunes me odian, su primera publicación en papel, Laura Santolaya ha seleccionado las historias más reconocidas por su público virtual además de añadir otras nuevas que completan la visión de lo que P8ladas llama “su mundo perfecto”.

www.p8ladas.com

Leiaa

Hasta luego, y gracias por el pescado (Guía del autoestopista galáctico 4/5) / Douglas Adams

Este libro forma parte de una serie de cinco que lleva como título Guía del autoestopista galáctico. Yo no tenía de esto ni la menor idea, me lo he leído tal cual, como se lee un libro autónomo cualquiera. Y no me ha gustado ni mucho ni poco, me ha parecido una sosada.

Como ciencia ficción es potrosillo, deslavazado, una única idea y flashes sin coordinar.

Como humor es inglés, sí, pero flojito.

Como novela no lo es, sino una sucesión de eventos marchosillos que no te afectan en absoluto.  Parafraseémosle:

A última hora de la tarde hicieron una excursión a las colinas de Hollywood, por la carretera de Mullholand, y se detuvieron a contemplar el deslumbrante mar de luces flotantes que es el valle de San Fernando. Convinieron en que la sensación de deslumbramiento se detenía inmediatamente detrás de la retina, sin afectar a ninguna otra parte del cuerpo, y se marcharon extrañamente insatisfechos del espectáculo.

Como best seller, no tengo ni idea, así que, en vez de decir más tonterías, acabaré con algunas citas significativas.

El Saab se perdió en la noche. Arthur lo miró alejarse, tan pasmado como podría estarlo un hombre que, tras creerse completamente ciego durante cinco años, descubriera de pronto que simplemente había llevado un sombrero demasiado grande.

 …

Casi bailando, se dirigió al frigorífico, encontró las tres cosas menos peludas que había, las puso en el plato y las miró con atención durante dos minutos. Como en ese período de tiempo no intentaron moverse, las llamó desayuno y se las comió.

Salió la luna con aspecto acuoso. Parecía una bola de papel en el bolsillo trasero de unos vaqueros que acabaran de salir de la lavadora, y solo el tiempo y la plancha revelarían si se trataba de una lista vieja de la compra o de un billete de cinco libras

El viento se removió un poco, como la cola de un caballo que intentara decidir de qué humor estaba esta noche, y en algún sitio unas campanadas dieron la medianoche.

Hombre, es que todo no va a ser malo…

Alberto Arzua

Un libro de Bech / John Updike

Primer volumen de una trilogía (Un libro de Bech, El regreso de Bech, Bech en la bahía) compuesta por relatos habitual y torpemente considerados cómicos. A su protagonista , un escritor judío en horas bajas, se le suele tomar por un sosías del autor. Nada más lejos de la realidad pues ni Updike es judío ni paró de escribir hasta el mismo día de su muerte. Sin embargo la clarividencia con la que analiza su entorno el tal Bech es hija directa de la asombrosa inteligencia y capacidad comunicativa de su creador, uno de mis escritores favoritos, otro más entre tantos y tantos que desprestigian alegremente la institución del premio Nobel.

De John Updike poco nuevo se puede decir. Mejor gozar con algunas citas.

Costumbres rusas

Se disponía a besar a Ekaterina también en la mejilla, pero ella volvió la cara para que sus bocas se encontraran y él se dio cuenta, horrorizado, de que tendría que haberse acostado con ella.

Una bailarina comunista

Su sonrisa, al acabar cada número, combinaba triunfalmente un guiño conspirativo, una sublime humildad y la aturdida felicitación a uno mismo de la euforia postcoital.

Visto desde el avión.

Seis semanas antes, cuando volaba desde Nueva York, Bech había esperado que Moscú fuera su flamígero equivalente y, en vez de eso, vio, a través de la ventanilla del avión, una madeja de luces amontonadas no más brillantes, en aquella inmensa llanura negra, que el cuerpo de una joven en una habitación a oscuras.

Detalle en medio de una conversación

El presidente se aclaró la garganta suavemente y levantó su copa de la mesa un par de centímetros, de manera que formó con su reflejo una especie de naipe.

Un origen cualquiera del amor

En un momento dado, la profesora, una vieja y amorfa dama ucraniana con caninos de oro… había ejecutado una rápida serie de piruetas con tal orgullosa facilidad que todas las chicas, que se repartían como cervatillas a lo largo de la pared, habían aplaudido. Bech las había amado por eso.

De cómo una campesina recuerda a una poetisa.

Detrás de ella, ora escondiéndose entre sus faldas, ora escapándose a la carrera, andaba su hijo, un niñó de no más de tres años. Al pequeño le seguía fielmnente de un lado a otro un cerdito blanco, que se desplazaba, como hacen los cerdos, de puntillas, con cambios de dirección llamativamente bruscos. Algo en aquella escena, en la franca alegría de la amplia sonrisa de la mujer y el modo natural como el pelo se le apartaba de la cabeza, algo en la bruma de la montaña y en la hierba descuidada y esponjosa en la que había empezado a formarse escarcha por la noche, evocaba para Bech una ausencia sin nombre a la que estaba vinculado, como un caballo a un prado, la imagen de la poetisa, con su cara despejada, sus bonitas piernas, su ropa parisina, y su esmeradamente cepillado cabello.

Intereses (dis)pares

… al agachar más la cabeza y apretarse los ojos con las palmas de las manos, las solapas se separaron y sus pechos colgaron lustrosos ante los ojos de Bech. Intentó encontrar unas palabras de consuelo, pero sabía que ninguna sería lo bastante consoladora salvo “Cásate conmigo”.

Clarividente depresión

Su miedo, como una fiebre o una humillación profunda, desnudaba la belleza velada de las cosas. Sus ojos apagados, depurados del sano egoísmo, descubrían una asombrada ternura, como el susurro de una virgen, en cada ramita, nube, ladrillo, guijarro, zapato, tobillo, montante de ventana o matiz de cristal de botella en una remota colina.

¡Y que siga deprimido y que siga comparando!

…alzó la mirada hacia las cumbres… y la grandiosidad del teatro… aumentó la dolorosa acumulación de miedo que le resultaba tan difícil de desalojar y llevaba tan adentro como una elástica esposa joven lleva en su vientre su primer fruto.

De mujeres y de nosotros

Todo se debió a su empeño en dejarse hechizar y a que se autoengañó al ver a las mujeres como deidades, ídolos cuya joya no estaba engastada en el centro de sus frentes sino entre sus piernas, con otra añadida entre los labios y más pares esparcidos por todas partes, de los tobillos a los ojos, a lo largo de sus formas adorables y extrañas.

Paréntesis

A su vez, Bech había tomado a Goldschmidt por uno de esos hombres hechos a sí mismos que han pagado el precio (por no dejar que Dios los hiciera) de pequeños defectos, como sordera interna y neuralgia constante.

Alberto Arzua

La literatura nazi en América / Roberto Bolaño

La muerte prematura de este hombre, a los 50 años, ha sido una desgracia para la literatura mundial, ya que nos privó de un enorme talento literario. Sus novelas más conocidas, Los detectives salvajes y 2666, son dos exquisitas obras de arte de la narrativa moderna. Su manejo del lenguaje, su originalidad, su sentido del humor, su insultante inteligencia sudamericana, su sacerdocio literario, sus prodigiosas dotes… nunca nos dejarán de asombrar y siempre serán fuentes de placer para lectores de todos los tiempos.

Esta novela que nos ocupa, La literatura nazi en América, es especialmente divertida. Yo he soltado más de una carcajada. Está planteada como un listado borgiano (se le ha comparado con Borges; desde luego, en este libro, las similitudes son evidente) de personajes imaginados, pero con todas las posibilidades de ser reales. De hecho mezcla realidad con ficción constantemente y yo reconozco que muchas veces no sé dónde está la frontera, lo que hace al asunto mucho más hilarante.

El libro consta sencillamente de una serie de biografías de personajes marginales, todos con veleidades literarias, todos con aberrantes ideales derechosos. Nos haremos mejor una idea si consigno aquí un par de inicios de esas vidas:

Silvio Salvático (Buenos Aires, 1901-Buenos Aires, 1994)

Entre sus propuestas juveniles se cuenta la reinstauración de la Inquisición, los castigos corporales públicos, la guerra permanente, ya sea contra los chilenos o contra los paraguayos o bolivianos como una forma de gimnasia nacional, la poligamia masculina, el exterminio de los indios para evitar una mayor contaminación de la raza argentina, el recorte de los derechos de los ciudadanos de origen judío, la emigración masiva procedente de los países escandinavos para aclarar progresivamente la epidermis nacional oscurecida después de años de promiscuidad hispano-indígena, la concesión de becas literarias a perpetuidad, la exención impositiva a los artistas, la creación de la mayor fuerza aérea de Sudamérica, la colonización de la Antártida, la edificación de nuevas ciudades en la Patagonia.

Fue jugador de fútbol y futurista (…)

Luiz Fontaine da Souza (Río de Janeiro, 1900-Río de Janeiro, 1977)

Autor de una temprana Refutación de Voltaire (1921) que le valió elogios en los círculos literarios católicos del Brasil y la admiración del mundo universitario dada la vastedad de la obra, 640 páginas, el aparato crítico y bibliográfico y la manifiesta juventud del autor. En 1925, como para confirmar las expectativas creadas por su primer libro, aparece la Refutación de Diderot (530 páginas) y dos años después la Refutación de D’Alembert (590 páginas), obras que le colocan a la cabeza de los filósofos católicos del país.

En 1930 se publica la Refutación de Montesquieu (620 páginas) y en 1932, Refutación de Rousseau (605 páginas).

En 1935 pasa cuatro meses internado en una clínica para enfermos mentales en Petrópolis.

Ustedes la gocen bien. Yo ya estoy en trámites de conseguir toda la obra de este genio.

Alberto Arzua

Col recalentada / Irvine Welsh

Este menda es el escritor de Trainspotting, libro que decidí no-leer después de haber visto unas muy deprimentes escenas de la película. Mal hecho. La gente me comenta que es una película muy divertida. Bueno. A lo mejor ver a unos colgadísimos moribundos diciendo chorradas resulta la bomba. No lo sé. Me parece que estos asuntos los llevo mejor leídos, sin tener que soportar los caretos de unos actores maquillados de sidosos. Cosa rara. En literatura soy capaz de disfrutar con (casi) cualquier burrada, sobre todo si está contada con sentido del humor.

Col recalentada consta de ocho relatos, dos de ellos bastante largos, el que da título al libro y el último, que tiene un final bastante sorprendente, inesperado en su contexto, y que a mí me ha dejado un excelente sabor de boca.

Resumiendo mi opinión: me acabo de hacer fan (seguidor) instantáneo de Irvine Welsh. Tiene un sentido del humor demoledor, es muy ágil, siempre interesante, y te descoloca con mucha frecuencia. Es capaz de todo, su literatura no tiene límites, ni en situaciones, ni en desarrollo, ni en puntos de vista. Igual te está contando cosas un colgao, que otro colgao, que un facha, que un extraterrestre… todos con la misma frescura y credibilidad. Su mundo, que en un principio puede parecer estrecho (descerebrados varios) te explota en las manos cuando menos te lo esperas.

Tiene prácticamente todo lo que busco en un escritor. Te seduce a lo bestia. En estos cuentos me ha llevado de la nariz, ahora por acá, ahora por allá, y tú le sigues moqueando y feliz, porque cada cosa que te muestra te vivifica y satisface. Magnífico literato, señores, magnífico. Y no se dejen engañar por el ambiente en sí, como a mí me pasó con la película, porque estos esquejes de seres humanos (me acabo de enterar que repiten de un libro a otro los protas) pueden enseñarnos tanto acerca de nuestra naturaleza como cualquier otro personaje literario más o menos culto

Y paro de hiperbolizar porque a lo mejor ustedes no tienen los mismos gustos que yo y les estoy liando. Pero que conste que se podrían analizar favorablemente muchas otras características literarias de este Irvine Welsh.

Acabemos con tres pequeñas citas, tan atípicas como él mismo.

Comparando terrícolas con extraterrestres.

Al igual que sucedía con los humanoides terrícolas, la historia temprana de Cyrastor estuvo dominada por una sucesión de profetas, evangelistas, mesías, sabios y visionarios que se las ingeniaron para convencerse tanto a sí mismos como a sus seguidores de que conocían los secretos de universo. Algunos hicieron poco más que el ridículo en vida, pero la influencia de otros se hizo sentir durante generaciones.

Y mira qué pasa cuando aparece la nave espacial.

Algunos, sin ser religiosos, se santiguaron; otros, que lo eran , renunciaron enseguida a todo aquello en lo que les habían enseñado a creer.

Tras el sexo, satisfactorio solo para alguno.

¿Y qué pasa?, gimió él con amodorrada petulancia, como una criatura enfrentada a otra de más edad y con los ojos puestos en sus golosinas.

Alberto Arzua

El abuelo que saltó por la ventana y se largó / Jonas Jonasson

Algunos lectores odian los best-sellers  porque piensan que nada bueno puede gustarle a la masa. Otros aman los best-sellers porque piensan que tanta gente no puede equivocarse. Sé que en ambos casos hay más razones que la susodicha percepción de los otros como gente o como masa, pero en el mío particular no hay ninguna porque cuando leo procuro no pensar demasiado. Cuando abro la primera página de un libro le doy la mano al escritor y me dejo llevar. ¿Hasta dónde? ¿Hasta el final del camino, la última página? Ni tan mal. ¿De buen talante, a regañadientes? Hay de todo, pero no tiene que ver con que el libro se venda más o menos. Aunque es justo decir que entre los menos-sellers es donde he hecho más amigos de los de toda la vida.

Esta novela se deja leer, es amena, te cuenta historias curiosas, un poco al estilo de Forrest Gump (ingeniosa y bien llevada película, maldita en estos lares por mor del antiamericanismo visceral), está escrita al estilo nórdico-sueco que ya empezamos a conocer tan bien, es decir, cuenta las cosas como si nada, un estilo que se me hace de literatura antigua, cuando la vida era más agradable… para los que la miramos desde aquí. Ejemplo de frasecilla:

El jefe de los espías acababa de conocer a una mujer y no había nada en el mundo que oliera mejor que ella, por lo que no tenía ninguna prisa en morir.

También tiene paridillas:

A Allan le pareció estúpido e innecesario que los habitantes del siglo XVII se mataran entre sí. De haberse calmado un poco y habérselo pensado mejor, habrían caído en la cuenta de que iban a morir de todos modos. Julius contestó que lo mismo podía decirse de todas las épocas…

Y así he ido leyendo este libro, de ocurrensia en ocurrensia, de tontada en tontadilla, a veces sonriendo un poquillo, admirándome de la habilidad del escritor para mantenerme leyendo, pensando si estas obras están especialmente calculadas para vender mucho, o para que se lleven al cine, no sé, tengo la mosca detrás de la oreja. Es un libro montado con mucho cuidado, con precisión para que cada pocas páginas tengas una sorpresilla, con un sentido del humor inteligente que te mantiene con media sonrisa, con personajes disparatados como debe de ser en toda comedia… Lo que más me ha gustado es el personaje principal, el centenario, porque se enfrenta a todas las situaciones con una tranquilidad admirable.

O sea que recomiendo este libro si no tienen nada mejor que hacer (leer) o si están tumbados en la tumbona. Ayuda a que pasen las horas.

Alberto Arzua

El enredo de la bolsa y la vida – Eduardo Mendoza

Creo que he leído casi todas las novelas de Eduardo Mendoza. Desde aquella hilarante “Sin noticias de Gurb” que me produjo sonoras carcajadas, a mí que no suelo reírme con nada escrito, he pasado por otras varias con resultados diversos.

Hoy he terminado “El enredo de la bolsa y la vida”. Deliciosa. Lanzaos sobre ella y disfrutadla.

Se trata de una loca (loquísima) historia de amistad que necesita del secuestro de Angela Merkel para que el amigo, Rómulo El Guapo, quede protegido. Para tal cometido se deberá formar una “banda” compuesta por dos estatuas vivientes (el Juli y el Polo Morgan), un repartidor de pizzas árabe adolescente, un abuelo chino, una niña llamada “Quesito”, una acordeonista leninista que debe cantar tan alto como para que no se oiga el acordeón, y el swami Pashmarote Pancha. Están apoyados por el dueño de un bar llamado “Se vende perro” porque ese fue el único cartel que encontraron. Y un buen número de personajes disparatados (pero reales, ¿no? Recorre la novela.

Todo ello en el marco de la crisis económica actual, con alusiones a la indignación, la inmigración, los servicios sociales, los políticos, la educación, y un largo etcétera.

Ahí van unas cuantas perlas:

El deterioro del edificio daba testimonio de su reciente construcción”

“Muchas personas dudan de los beneficios de la gimnasia espiritual, pero están equivocadas. Los seres humanos están necesitados de guía y no es difícil  guiarlos, porque en rigor no van a ninguna parte”.

“Una familia desestructurada, poca o ninguna educación y otras circunstancias adversas me han empujado a desempeñar un oficio honrado” – dice el repartidor de pizzas.

“Hecho esto, entró en el local y gritó: ¡Esto es un atraco! ¡No griten ni ofrezcan resistencia!

Mientras pronunciaba la segunda frase ya se había percatado de que, debido a la circulación y al zigzagueo, se había metido en la tienda contigua a la joyería, la prestigiosa Rotisserie Filipon, especializada en comida preparada y platos hechos. Confesar el error y salir de vacío le pareció humillante, tanto para sí como para las víctimas del atraco, de modo que, dirigiéndose al dependiente, le ordenó llenar el saco de pollos a l’ast. Cuando el saco estuvo lleno, se lo echó a la espalda y echó a correr.”

Esta es la presentación de La Moski:

“Cuando apenas tenía uso de razón había ingresado en las juventudes estalinistas y ni su experiencia  ni el devenir de la Historia le dieron motivos para claudicar de las ideas que allí le habían inculcado. Como a su lealtad inquebrantable unía un carácter inconmovible, al producirse el derrumbamiento del sistema, la Moski metió en una maleta de madera sus pocas y modestas pertenencias y se fue al exilio por propia iniciativa. En algún momento había oído que el partido comunista de Cataluña era el único que, en medio de la debacle, mantenía una ortodoxia intransigente, una jerarquía compacta y una disciplina implacable. Nada más apearse del tren, la Moski se presentó en la sede del antiguo PSUC y a quien la recibió en la entrada le mostró el carné y una foto dedicada de Georgi Malenkov y le dijo que venía a ponerse a las órdenes del secretario general. El recepcionista,  en prueba de camaradería, le ofreció una calada del canuto que se estaba fumando y le informó de que el secretario general, al que se refería con el respetuoso apodo de «el Butifarreta», no la podía recibir porque estaba plantando azucenas en el jardín de las Terciarias Franciscanas de la Divina Pastora; luego había quedado delante de la catedral con el resto del comité central para bailar sardanas, y por la tarde iba al fútbol. La Moski no pudo menos que admirar el astuto disimulo con que el partido encubría los preparativos de la revolución y decidió quedarse a vivir en Barcelona.”

“A despecho de la adversa coyuntura, Cándida y su marido vivían con cierta holgura fiduciaria y espacial, a raíz del fallecimiento de la madre de éste, un luctuoso suceso, ocurrido tres años atrás, que les exoneró de muchas cargas y preocupaciones y les permitió recuperar una alcoba y retirar de la puerta el rótulo que rezaba: cuidado con el perro. Tan dolorosa pérdida no les impedía seguir cobrando la pensión de la difunta, así como el subsidio a personas dependientes y una beca para cursar estudios en la Facultad de Telecomunicaciones al amparo del programa de educación de adultos. Gracias a estas pequeñas artimañas administrativas, mi cuñado no pegaba sello y mi hermana había dejado de hacer la calle.”

Andrés López

Oveja mansa – Connie Willis

He aquí el libro ideal para regalar a una chica. He aquí el libro ideal para regalar a un chico. Con un ligero hilo argumental se nos plantea el tema de la moda, de cualquier tipo de moda (ropa, comida, ideas, negocios, organizaciones, relaciones…) para desnudar el comportamiento gregario del ser humano, gregario desde y hasta la inconsciencia. Viene muy bien como punto de partida para una reflexión personal acerca de las motivaciones de muchos de nuestros actos cotidianos, en excesivas ocasiones basados en un vicentismo (¿A dónde va Vicente? A donde va la gente) abyecto.

Al tiempo que se nos abruma con datos representativos de este comportamiento ovejuno, también se desarrolla mediante ejemplos la teoría físico-filosófica de las casualidades, ya se sabe, lo del efecto mariposa. La protagonista de la novela, investigadora sociológica, busca un origen a una moda determinada, la del pelo corto en las mujeres y es en el caos de dicho origen donde enlaza con las reflexiones científicas.

Dicho así parecen palabras mayores y sesudas, y quizá (y sin quizá) su intención haya sido esa, la de concienciarnos acerca de lo manipulables que somos, pero no nos llamemos a engaño porque la lectura de esta novelita es tremendamente sencilla. Está escrita desde la ironía y el humor, con personajes descacharrantes y situaciones muy cómicas, lo que la hace apta para todos los públicos, incluso los poco acostumbrados a la lectura.

Yo me la he leído en un par de días muy a gustito, como un aperitivo o un postre y me he quedado con el poso de lo manipulables que somos (soy). Tan solo por eso merece la pena. A los humanos nos agrada pensar riendo, aunque quizá se trate de una moda. O sea que ya digo, ideal para regalo. Además es cortita. Acertaréis.

Alberto Arzua

El cementerio de Praga / Umberto Eco

Al autor de esta novela le sobran neuronas por todas partes. Su increíble inteligencia, sensibilidad y buen humor nos ha regalado magníficas obras de ficción como El nombre de la rosa y estupendos ensayos como Apocalípticos e integrados. En muchas otras ocasiones, sin embargo, su fértil cerebro y amplísimos conocimientos tan sólo han le servido para parir obras retorcidas y pretenciosas de difícil digestión.

Con este Cementerio de Praga, absurdamente criticado por antisemita (como si a Nabokov le tildaran de pedófilo), me da la impresión de que Umberto Eco ha encontrado la justa medida de sus posibilidades, divirtiéndose a placer al tiempo que nos divierte a los demás.

Es una novela rara, extraña, sin una línea argumental que apasione, creada en torno a diferentes episodios que suceden a lo largo de la vida de su protagonista, un falsificador italiano que se pone al servicio del antisemitismo y de todo aquel que se avenga a pagarle. Se trata de un tipo que carece absolutamente de moral y que justifica sus acciones de un modo tan absurdo como entretenido. En este sentido le encuentro cierto parecido con el Bravo soldado Schweik. Porque, a pesar de su tenebroso argumento, de sus intrigas, asesinatos y múltiples traiciones, esta novela es francamente graciosa. Me imagino perfectamente las carcajadas de Umberto escribiéndola.

Un nombre que me vino a la mente al leerla es el del ínclito Borges, puesto que el lenguaje está cuidado hasta el delirio, cada frase bordea la exquisitez, el gusto por el detalle, la paradoja (atinada y menos plúmbea que en el caso de Cabrera Infante), el amor a las palabras y a sus significados (no en vano Umberto es catedrático de Semiótica)… En fin, que una lectura atenta permite sacar un dulcísimo jugo a este libro. De hecho se exponen en procesión tantas ideas y tantos aciertos literarios que para un aficionado a la literatura pura sería una pena perderselo.

Sin ánimo de ejemplificar sino de traer a colación un simple ejemplo (hay miles), transcribo a continuación lo que experimenta el protagonista cuando se ve obligado a practicar sexo por primera vez en su vida.

Diana llega a mí, jadeando sobre mí, o Dios mío, la pluma me tiembla, la mente me vacila, lagrimeante de disgusto, puesto que soy (ahora como entonces) incapaz de gritar porque me ha invadido la boca algo no mío, me siento rodar por los suelos, los perfumes me están aturdiendo, ese cuerpo que busca confundirse con el mío me provoca una excitación preagónica, endemoniado, como si fuera una histérica de La Salpetriére, estoy tocando (con mis manos, ¡como si lo quisiera!) esa carne ajena, penetro esa herida suya con insana curiosidad de cirujano, ruego a la hechicera que me deje, la muerdo para defenderme y ella me grita que lo vuelva a hacer, echo la cabeza hacia atrás pensando en el doctor Tissot, sé que estos desmayos acarrearán el adelgazamiento de todo mi cuerpo, la palidez térrea de mi rostro ya moribundo, la vista nublada y los sueños tumultuosos, la ronquera de las fauces, los dolores de los bulbos oculares, la invasión mefítica de manchas rojas en la cara, el vómito de materias calcinadas, las palpitaciones del corazón y, por último, con la sífilis, la ceguera.

Y mientras ya he dejado de ver, de golpe siento la sensación más lacerante, indecible e insoportable de mi vida, como si toda la sangre de mis venas brotara de golpe de una herida de cada uno de mis miembros tensos hasta el espasmo, de la nariz, de las orejas, de las puntas de los dedos, incluso del ano; socorro, socorro, creo entender qué es la muerte, de la que todo ser vivo huye aunque la busque por instinto innatural de multiplicar su simiente…

Y así todo, ya digo, un estupendo cúmulo de desmadres controlados.

Alberto Arzua

Viena a sus pies / Alfonso Vázquez

III Premio Bombín de Novela Corta de Humor

En 1904, durante los últimos años del imperio de Francisco José, ya viudo de Sissi, el podólogo imperial, Carl Joseph Ostman, es atropellado en extrañas circunstancias por el primer Rolls Royce que circuló por las calles de Viena. El vehículo homicida, como no tarda en comprobar la policía, había sido sustraído seis días antes al compositor Gustav Mahler. Al margen de la investigación oficial, el joven callista Anton Kraus, discípulo de Ostman, comienza a indagar por su cuenta para esclarecer el asesinato. Sus primeras pesquisas le ofrecen una imagen de su maestro más polémica y turbia de lo que jamás hubiera imaginado.

Con esta trama policíaca, por la que desfilan otros personajes históricos como Stefan Zweig, Alfonso Vázquez construye una obra inteligente e irónica con la que ha obtenido por unanimidad el III Premio Bombín de Novela Corta de Humor.

Rey Lear Editores
Páginas: 128
Formato: 12,7×18,5 rústica con cuadernillos cosidos al hilo
Precio: 9,95 €
ISBN-13: 978-84-92403-46-2

Alfonso Vázquez (Málaga, 1970)

Es licenciado en Derecho y Derecho Comunitario por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y máster en Periodismo de El País. Desde 1994 ha trabajado como periodista en los diarios Siglo XXI de Guadalajara (México), Diario 16 Málaga, Diario Málaga y desde 1999 es redactor y crítico de libros en La Opinión de Málaga. Premio José María Torrijos de Periodismo en 2004, un año después obtuvo el Jara Carrillo de relatos de humor. Ha publicado varios libros sobre su ciudad, entre ellos 100 años de noticias en Málaga (Comunicación y Turismo, 2002) y el ensayo humorístico Teoría del majarón malagueño (Almuzara, 2007). Con Viena a sus pies ha obtenido en 2010 el III Premio Bombín de Novela Corta de Humor.

Leiaa

Cuentos selectos / Mark Twain

Toda persona culta sabe que Mark Twain se llamaba en realidad Samuel Langhorne Clemens y que se le considera el padre de la literatura norteamericana. Los menos cultos pensábamos que se trataba en realidad de un escritorzuelo conocido por sus libritos para público infantil, véase Las aventuras de Tom Sawyer o de Huckleberry Finn.

El problema de los incultos se basa evidentemente en nuestra falta de cultura. Por ejemplo, que no atinamos con el pretérito indefinido del verbo caber. ¿Cabí? Cupí suena mejor pero entonces el infinitivo sería cuper, lo que no me pega nada. En fin, que en cuanto abrimos la boca o escribimos un par de frases, se nos pilla en renuncio. Incluso cuando nos limitamos a leer.

Porque cuando me pasaron este libro de cuentos me dije a mí mismo, digo dije, vaya mierda. Y es que, además de inculto, soy bastante malhablado. Pero me puse a leerlo porque no tenía otra cosa y además era verano, estación que, como es bien conocido, admite cualquier tipo de extravagancias.

En cuanto leí un par de cuentos… ¡qué digo!, en cuanto acabé el primer párrafo, ya estaba dando saltos de alegría, felicitándome por no haber hincado antes el diente a este genio. ¿Por qué daba saltos de alegría? ¿Porque me refocilo en mi ignorancia? No, señores, no, sino porque ahora sé que tengo ante mí un buen número de horas de seguro disfrute leyendo las novelas de este hombre. Si ya digo yo que la literatura es infinita.

Estos Cuentos Selectos de Mark Twain son una obra maestra del humor, la ironía, la crítica social, la carcajada, la sorpresa… además de estar escritos con una elegancia y una modernidad sumas. Algunos de los cuentos podrían publicarse como nuevos hoy en día y ganarían todos los premios posibles. Tienen una frescura y una originalidad que sólo son posibles en un genio de la escritura, en un hombre rompedor, inventor, que arrasa con sus frases y argumentos.

Me he quedado colgado del tipo, señores. En cuanto tenga un momento voy a la biblioteca a ver si tienen los clásicos. Sí, el Tom, el Finn, Príncipe y mendigo, Un yanqui en la corte del rey Arturo… A ver si poco a poco voy amueblando mi cerebro y, de paso, me lo paso bomba. No es mal plan.

Alberto Arzua

Soy un gato / Natsume Soseki

Humor japonés de principios de siglo (veinte, claro). Casi nada. Mientras en España la generación del 98 andaba preocupada por la decadencia del país, Natsume Soseki nos deleita con las tonterías y más tonterías que se les ocurren a un puñado de amiguetes burgueses, un poco al estilo de Pío Baroja en “El árbol de la ciencia” o del Flaubert de “Bouvard y Pécuchet”. El gato de la casa (y del título) sirve de pretexto para presentarnos los desvaríos casi surrealistas de unos personajes bastante absurdos que se dedican a contarse historia tras historia, a cada cual más tonta, a cambiar de tema y a elucubrar razonamientos curiosos, desatinados o incluso inteligentes. Asomémonos un poquito a esta casa de locos.

El gato razona su derecho a entrar donde le de la gana.

Si la ley natural permite la propiedad privada de la tierra y la compraventa asignando un valor por metro cuadrado, es lógico que también se permita la partición del aire que respiramos y su venta por metro cúbico. Si no se puede negociar con la atmósfera y es ilegal la partición del firmamento, se debe deucir entonces que la propiedad de la tierra es irracional, y no algo natural. Ésa es mi convicción, y por eso entro donde me da la gana. Naturalmente, si no quiero ir a un sitio, no voy.

Diálogos para besugos.

- Pero, señora Kushami, si usted tiene cara de que le encanta la mermelada
– ¿Cómo puedes decir algo así de alguien con sólo mirarle a la cara?
– No puedo, por supuesto. pero dígame señora. ¿De verdad no le gusta?
– Bueno, claro que me gusta, y a veces tomo un poco. ¿Por qué no iba a hacerlo? Al fin y al cabo, es nuestra mermelada

Más pensamientos gatunos.

Desde el punto de vista de los humanos, la vida de los gatos puede parecer extremadamente simple y económica: siempre tenemos la misma cara y vestimos todas las estaciones del año el mismo traje, viejo y usado. Pero los gatos, eso os lo puedo asegurar, también sentimos el calor y el frío. Había veces en las que consideraba seriamente la posibilidad de darme un buen baño, pero secarme me habría llevado horas, así que decidí que no pasaba nada si andaba por ahí oliendo a sudor. También pensé en utilizar un abanico o un ventilador, pero al no poder sujetarlo con las patas, rechacé pronto la idea.

Curiosa explicación de lo que es la inspiración poética.

Normalmente se piensa que cuando la sangre sube a la cabeza no se obtiene ningún beneficio. Sin embargo hay al menos un contexto en que sí lo tiene. Hay oficios en los que es indispensable el frenesí que provoca la sangre cuando se sube a la cabeza. Si esto no sucediera no sería posible ejercerlos adecuadamente. El caso más interesante y destacado es el de los poetas. Igual que un barco de vapor es incapaz de ponerse en marcha sin carbón, lo mismo le sucede a un poeta: no es nadie sin el frenesí mental causado por una buena subida repentina de sangre a la cocorota. Si, por alguna circunstancia, no consiguen que esto suceda, inmediatamente se convierten en seres corrientes y molientes, sin otro quehacer en la vida que comer y quedarse de brazos cruzados mirando al techo.

Natsume Soseki

Natsume Soseki

El individualismo moderno matará la belleza.

El inevitable desarrollo de la individualidad supondrá cada vez una mayor demanda de los individuos para que se reconozca su identidad particular. En un mundo en que los dos sexos insistimos constantemente en nuestra propia especialidad, ¿cómo puede perdurar el arte? El arte florece por la armonía que se establece entre el artista y el público que admira su obra. Esa armonía está también condenada a desaparecer. Puedes gritar todo lo que quieras, incluso proclamar a los cuatro vientos que eres un gran poeta modernista, pero si nadie está de acuerdo contigo y comparte esa misma concepción que tienes de las cosas, me temo que nunca te leerán. Por muchos poemas que escribas, morirán en el mismo momento en que los crees.

Un libro muy interesante para ir captando, en la medida de lo posible, la manera de ser de los japoneses. Opino que a pesar de nuestra evidente y común humanidad, los orientales y los occidentales somos bastante distintos, por lo que todo lo que nos acerque al otro deberíamos recibirlo como algo muy enriquecedor. ¡Vive la différence!
Alberto Arzua

La araña negra / Vicente Blasco Ibáñez

No sé si esta novela se podría calificar de morrocotuda, pero lo que queda fuera de toda duda es que es tremebunda. Y quien dice tremebunda dice truculenta, aterradora, terrible, brutal, ácida, cruda, dura… Su autor la escribió a los veinticinco años y posteriormente la repudió por considerarla demasiado folletinesca.

¿Folletinesca? Por supuesto, pero en grado sumo. Digámoslo de una vez: esta novela es un PANFLETO en toda la regla. Aunque si un panfleto se define como “un escrito breve, generalmente agresivo o difamatorio”, deberíamos obviar lo de “breve”, puesto que “La araña negra” consta de dos tomos de letra apretada, con más de quinientas páginas cada uno. Este Blasco Ibáñez poseía la diarrea creativa propia del bestsellerista decimonónico.

Cosa más demodé que estos dos libros no puede existir en el mundo. Si les cuento dónde los he encontrado, no se lo van a creer. Pero como me gusta fomentar la incredulidad, se lo voy a contar. Pues sucedió el año pasado en un piso cochambroso del gótico barcelonés. Lo habían dejado desocupado una pareja de ancianos por causa de la mayor fuerza mayor existente en este mundo. Uno de ellos (de los libros, no de los ancianos, q.e.p.d.) servía para equilibrar un tosco mueble bastante cojito. El otro apareció mezclado entre ejemplares de Salgari, Julio Verne, Dumas, y algunos tomos de la Enciclopedia de la Cocina Catalana. También salieron a la luz unas pocas fotos antiguas de mucho interés histórico, a través de las cuales pude deducir que el macho de la pareja había sido militar de baja graduación. Recuerdos de ancianos difuntos que ya no le importan a nadie. Qué triste, qué truculento, qué romántico, qué tremebundo. Qué pena. Me llevé los dos tomos bajo el brazo, claro.

¿Qué hacía yo en aquel piso? Esa es otra historia, que no viene al caso. El caso es que esta obra, y por fin lo voy a decir, se dedica a poner a parir a los jesuitas. Sí señores. Si ustedes se creyeran la tercera parte de lo que aquí se cuenta, saldrían raudos a la calle con el noble objetivo de asesinar jesuitas a puñetazos, pistoletazos, puñaladas o estrangulamiento, no importa el sistema, puesto que estarían firmemente convencidos de estar realizando un bien extraordinario a la humanidad.

Son tales las burradas que don Vicente nos narra, es tal la maldad hiperconsciente de estas arañas negras (los jesuitas, por supuesto), tal su crueldad, su bajeza, su manipulación, su falsedad, su desprecio por todo lo bueno del ser humano, que la boca se nos abre casi a cada página, formando bonitos gestos de sorpresa e incredulidad. ¡Oh, ah, oh! ¡No puede ser cierto! ¡Es imposible que sean tan malvados! Ni el mayor asesino de la historia, ni el sádico más sádico de la novelas de casquería llega a la suela de los zapatos a estos negros jesuitas, puesto que hacen lo mismo que estos infrahombres, pero con un plus de premeditación, alevosía y desprecio infinito por sus víctimas.

¿Son así en realidad los jesuitas? ¿Lo han sido en algún momento de su ignaciana historia? Pues no lo sé, aunque supongo que la cosa no será para tanto. Malvados, quizá, pero los más malvados del malvadismo mundial, pues lo dudo un poco. “Jesuítico”, en el diccionario, equivale a “hipócrita”. Vale, pero de “hipócrita” a “demonios tremebundos” va más de un paso.

Paso que le cuesta poco dar a don Vicente puesto que fue un político republicano muy activo en la lucha contra los monárquicos. Y quien dice reyes dice curas (y derivados). Es innegable que los odiaba. Es seguro que los tenía como origen de casi todos los males de la patria. Es posible que escribiera esto para mostrar al mundo la realidad de la infame reacción religiosa. Lo que pasa es que se pasó un pelín.

Y este pelín es el que hace muy divertida a esta novela. ¿Nunca han disfrutado ustedes leyendo un panfleto? Pues eso. Y éste está correctamente escrito, es muy ágil y se sigue con pasmosa facilidad. Son más de mil páginas de exageraciones varias. Bueno, varias no, que todas se centran en el mismo tema: desenmascarar a los jesuitas por activa, por pasiva, y por gerundia (hasta son feos, sucios, procaces y… por cierto… ¿se acuerdan ustedes de aquello de los siete pecados capitales, a saber: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza?, ¿sí?, pues se les quedan cortos). Quedan avisados.

Aviso final. También hay personajes muy buenos y muy puros, por supuesto. Sobre alguien habrá que practicar el mal. Suelen ser republicanos, los pobres, vaya usted a saber por qué. ¿Demagogia? Pues sí. ¿Y qué? La cosa es pasárselo bien. Esto es sólo literatura, no lo olviden.

Alberto Arzua

Cuentos cruentos / Dino Lanti

     Como yo soy muy antiguo, mis gustos son muy antiguos y mis costumbres más antiguas todavía, está muy bien y agradezco que me regalen, de vez en cuando, libros modernos publicados en editoriales modernas (Thule Ediciones) y comprados en modernas librerías (Anti-Liburudenda, 2 de mayo, 2 Bilbao).
    
     Este de Cuentos cruentos es un libro moderno dentro del apartado pareados gamberritos con dibujitos naif. Nada que objetar, es mono.
    
     Respecto a la forma se trata de versos tipo copla, es decir, grupos de cuatro versos octosílabos donde los pares riman en asonante. Esta es una métrica muy agradecida en castellano.
    
     Y en lo que concierne al contenido nos encontramos con chistes varios (enanitos en paro, Cenicienta gorda…), críticas suculentas, muchos juegos de palabras y ocasionales hallazgos. De vez en cuando.
    
     Los tres cerditos no quieren
     Seguir viviendo encerrados
     En una sucia pocilga
     De treinta metros cuadrados
    
     Vámonos con los humanos
     Le dice el mayor al resto
     Que aunque somos tres marranos
     No nos merecemos esto
    
     …
    
     El más pequeño fue a un banco
     Y allí un señor muy cortés
     Le prestó alguna atención
     Con muchísimo interés
    
     En este banco, le dijo
     Seguimos una receta:
     Si un mes no trae la pasta
     Nos entrega una chuleta.
    
     …
    
     Otras veces la cosa está más cogida por los pelos
    
     ÉraSMS una vez
     Una consola Game Boy
     Que se colgó de un playmóvil
     Que se creía un playboy
    
     Nuestro playmóvil quería
     Solamente teclear
     En una pradera Amena
     Bajo un cielo Movistar
    
     Pero ella quería dormir
     Con las teclas de almohada
     Y traerle el desayuno
     En su bandeja de entrada
    
     …
    
     Pero bueno, no dejas de divertirte. Yo lo tengo en el excusado, que es un buen sitio para relajarse y echarse unas… risas.
    
     A propósito de versos divertidos, recomiendo el excelente e inteligente sitio de internet siguiente: librodelbuenrollito, que sólo tiene una pega, y es que no puede llevarse a aquél lugar indecente. Que se sepa. Y, ya puestos, también sería buena idea escuchar un poquito de poesía festiva, que se lo pasa uno fetén.
     
     Editorial: Thule
     ISBN: 978-84-96473-81-2
     140 páginas
     15 euros

Alberto Arzua

Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift

Y tú que te creí­as que esto de los viajes de Gulliver era un cuentito para niños ¡pues no señor! Este es un Libro Morrocotudo, una novela de Humor con H gorda. Si hurgamos en el diccionario veremos que humor es “Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridí­culo de las cosas” y eso es, precisamente, lo que hace Swift: dar una visión de la realidad de su tiempo exagerando las posturas e imposturas de la sociedad para analizarlas y ver cuánto tienen de irracional. La obra de Swift está en plena vigencia, es más, yo dirí­a que, lejos de quedarse obsoleta, es como si la hubiera escrito pensando en estos tiempos, los personajes y situaciones que aparecen en sus viajes son fácilmente extrapolables a la más rabiosa actualidad. A este señor, en aquellas Inglaterra e Irlanda hipócritas y pacatas en las que le tocó vivir, le dieron mucho p’al pelo y le hicieron la vida imposible por escribir esta crí­tica despiadada, y eso que cuando lo publicó ni siquiera se atrevió a firmar con su nombre. Algunos dijeron de él que fue precursor de los futuros anarquistas, eso que era clérigo. No obstante, pese a su acidez, no es un libro desesperado y su lectura deja un regusto positivista y un resquicio a la esperanza. Que no es poco. Ah, de tebeo o cuento para niños nada de nada.
Nuestro amigo Alejandro Gamero nos lo cuenta muy bien contado a continuación. No te lo pierdas.

No deja de ser curioso el proceso de reinterpretación constante al que están sometidos las grandes obras de la literatura —uno de los casos más célebres, por paradójico, es El Quijote, novela que cada época ha interpretado según su modo de pensar y sus intereses, desde una parodia llena de comicidad hasta la tragedia de un hombre que lucha por sus ideales—. Algo parecido es lo que ha ocurrido con Los viajes de Gulliver, una obra que ha pasado de ser una de las crí­ticas más violentas y negativas de la sociedad y del ser humano en general a leerse como una historia para niños. Debido a su desbordante fantasí­a, son innumerables las versiones infantiles que se han hecho de la obra, fundamentalmente del viaje de Gulliver a Liliput, el más conocido de todos. Pero la historia original de Swift no se corresponde exactamente con las versiones más conocidas, y así­, entre viaje y viaje Gulliver consigue regresar a su casa, donde pasa algún tiempo antes de su nueva aventura, y trae consigo pruebas de la existencia real de las islas —un minúsculo rebaño o el gigantesco aguijón de una abeja—. Sin embargo, más allá de la narración infantil, se esconde, como he indicado, uno de los libros más duros y descarnados con el ser humano que se hayan escrito.

Los viajes de Gulliver se insertan en un género bien conocido y de mucho éxito en la época, los libros de viajes. No es extraño que los europeos, de mentalidad ilustrada, viajen por todo el mundo y describan las costumbres de otros paí­ses con un interés rayano en lo antropológico, aunque siempre desde el ingenuo y presuntuoso punto de vista de la superioridad europea. Los libros de viajes que inundan el mercado editorial van desde el más estricto realismo a la fantasí­a más delirante. Precisamente, a medio camino entre ambos polos, se sitúan Los viajes de Gulliver, que se plantean desde el principio como una parodia a tales libros de viajes —una vez más, al igual que El Quijote—. Y es precisamente esa mezcla de realidad y fantasí­a uno de los aspectos más sorprendentes de la novela, porque a la objetividad en el modo de narrar se opone lo maravilloso de las descripciones, hasta tal punto que podrí­a entenderse la obra como uno de los antecedentes del realismo mágico. De esta forma describe su encuentro con los liliputienses: «Al volver la vista hacia abajo lo más que pude, advertí­ que se trataba de una criatura humana, que no llegaba a medio palmo de alto, con un arco y unas flechas en las manos y una aljaba a sus espaldas».

Pero detrás de todo ese derroche de fantasí­a se encuentra una crí­tica que va evolucionando a lo largo del libro a la par que evoluciona el modo narrativo. Si en las versiones infantiles y juveniles que se hacen del libro se utilizan sobre todo los dos primeros viajes no es por una caprichosa elección: no es difí­cil percibir que los dos primeros viajes conforman una unidad, desarrollada en torno al tema del tamaño pero con similitudes narrativas, que es completamente distinta a la unidad formada por los dos últimos viajes. En los dos primeros viajes la acción es más trepidante, las aventuras se suceden unas a otras, y ponen constantemente en peligro la vida de Gulliver. Frente al carácter narrativo de estos viajes a continuación se desarrollan dos viajes más propensos a lo discursivo. En el tercer viaje, incluso, se podrí­a decir que Gulliver pasa a un plano completamente secundario y se convierte en un mero espectador que aporta muy poco al desarrollo de la historia. Al mismo tiempo la crí­tica del libro se va volviendo más agria y violenta.

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