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Párrafos escogidos.

El rey pálido / David Foster Wallace

Este libro NO LO RECOMIENDO. Este libro me parece MORROCOTUDO. No lo recomiendo porque David Foster Wallace es un escritor, además de absolutamente genial, muy rarillo, el típico escritor-para-escritores. Y me parece morrocotudo porque disfruto con cada una de sus frases, de hecho ahora lo estoy leyendo por segunda vez.

Es una obra póstuma que se confeccionó tras su muerte con las muchísimas páginas que se encontraron en su escritorio sin orden ni concierto. El editor lo avisa en la introducción, no engaña: aquí se han metido cosas de la mejor manera posible, pero puede que no tenga nada que ver con lo que el autor tenía en mente. Y ha salido un volumen muy gordo, de más de 600 páginas de letra pequeña. Un libro muy loco y muy deshilachado.

Si de algún argumento se puede hablar sería el de unos personajes trabajando en oficinas de la Hacienda estadounidense, controlando declaraciones de impuestos. Se describen estos trabajos a un nivel tan detallista que durante muchos párrafos tan solo se nos habla de leyes, normas y directrices internas. Esto puede echar para atrás a cualquiera. Pero a pesar de estos párrafos farragosos (que también tienen su aquel poético) el resto de la novela (¿?) es de un nivel sublime, de alguien que escribe tocado por los dioses.

Recomiendo de este autor la novela “La broma infinita”, la colección de cuentos “La niña del pelo raro” y la colección de ensayos (que se leen como si fueran relatos) “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”. Todos ellos son espectaculares, propios de un hombre a cuya altura tan solo se podrían situar genios como Borges, Salinger o Nabokov. Corran y cómprenselos, sobre todo si son ustedes escritores.

A continuación copio un capítulo cortito de “El rey pálido”, para nada representativo del libro puesto que, como he dicho, está compuesto de trozos sueltos.

- Hablando del tema, ¿en qué piensas tú cuando te masturbas?
– …
– …
– ¿Cómo?
Ninguno de los dos había dicho nada durante la primera media hora. Estaban llevando a cabo nuevamente el tedioso y monocromático trayecto en coche hasta la Sede Regional de Joliet. A bordo de uno de los Gremlin del parque de coches, requisado hacía cinco trimestres como parte de una tasación de riesgo contra un concesionario de AMC.
– Mira, creo que podemos dar por sentado que te masturbas. Se masturban algo así como el noventa y ocho por ciento de los hombres. Está documentado. La mayoría del dos por ciento restante es gente que está impedida de alguna manera. Así que podemos saltarnos las denegaciones. Yo me masturbo, tú te masturbas. Es así. Todos lo hacemos y todos sabemos que lo hacemos y sin embargo nadie habla del tema. Es un trayecto increíblemente aburrido, no hay nada que hacer, estamos atrapados en esta vergüenza de coche… Rompamos el tabú. Hablemos de ello.
– ¿Qué tabú?
– ¿En qué piensas tú? Plantéatelo. Es un momento muy interior. Es una de las únicas ocasiones en la vida donde hay verdadera autosuficiencia. No se requiere nada que no esté fuera de ti. Es provocarte placer a ti mismo sin usar nada más que tus pensamientos. Y esos pensamientos revelan mucho de ti: con qué cosas sueñas cuando eres tú quien eliges y controlas lo que sueñas.
– …
– …
– En tetas.
– ¿En tetas?
– Tú me lo has preguntado. Yo te contesto.
– ¿Y ya está? ¿Tetas?
– ¿Qué quieres que te diga?
– ¿Tetas y ya está? ¿Aisladas de la persona? ¿Tetas abstractas?
– Vale. Vete a la mierda.
– ¿Quieres decir flotando sin más, dos tetas en el espacio vacío? ¿O dentro de tus manos, o qué? ¿Y son siempre las mismas tetas?
– Esto me enseña una lección. Tú haces una pregunta así y yo digo “Venga, qué coño” y la contesto, y tú vas y le haces un DIF-3 a la respuesta.
– Tetas.
– …
– …
– ¿Y en qué piensas tú, señor rompetabúes?

Alberto Arzua

Crónica del Alba – Ramón J. Sénder

Leo por ahí, no sé dónde, que hubo grande escandalera con el asunto que salió en un periódico acerca de que a Jesucristo lo mataron los catalanes.  Y me viene a la memoria lo que le leí a Sénder de niño en el libro primero de Crónica del Alba, uno de esos libros que gusta uno de releer.  Busco y lo encuentro, medio en broma medio en serio el protagonista se burla de unos seminaristas catalanes usando de recursos históricos que no son precisamente descabellados, y deja caer el asunto del  deicidio a manos de un malencarado catalán.

Días después uno de ellos, que se llamaba Tarsicio, me dijo que sería cura y que terminaría la carrera a los diecinueve años. Yo le dije que seguramente no lo aceptarían si no podía enseñar un expediente de “limpieza cataláunica”. Los otros tres beatos, que andaban siempre cera de Tarsicio, se acercaron a preguntar qué era la limpieza cataláunica.
-Es para poder demostrar -expliqué muy serio- que vuestros antepasados no intervinieron en la muerte de Jesús.
Añadía, como si fuera un hecho generalmente sabido, que a Jesús lo mataron los catalanes.
-No, eso no es verdad. Lo mataron los judíos -dijo alguien muy excitado.
Yo simulaba una calma de persona mayor:
-¿Vosotros no sabéis que Poncio Pilatos antes de ser gobernador de Judea tuvo el mismo cargo en Tarragona? Ah, si no sabéis historia yo no tengo la culpa. Pero podéis mirarlo en el diccionario.
Tarragona estaba muy cerca de Reus. No más de una hora en tren y era sabido que allí estuvieron los romanos. Este dato tan concreto desarmaba un poco a los futuros sacerdotes. En cuanto al diccionario yo sabía que no podrían consultarlo.
-Vosotros sabéis -les dije- que los romanos sacaban sus tropiasde las colonias y que los mejores soldados de aquel tiempo eran catalanes de la ribera de Llobregat.
-De allí soy yo -dijo uno.
-Y como eran tan buenos soldados Pilatos se los llevó a Jerusalén. Cien soldados y un centurión. El centurión era de Arenys de Mar e iba siempre jurando: redeu, redeu, filldeput. Ese es el que prendió a Jesús, lo clavó en la cruz y se jugó sus vestidos. Y se llamaba Lonchinat, de donde vino Longinos, el que dio también la lanzada a Jesús.


Oz

Un libro de Bech / John Updike

Primer volumen de una trilogía (Un libro de Bech, El regreso de Bech, Bech en la bahía) compuesta por relatos habitual y torpemente considerados cómicos. A su protagonista , un escritor judío en horas bajas, se le suele tomar por un sosías del autor. Nada más lejos de la realidad pues ni Updike es judío ni paró de escribir hasta el mismo día de su muerte. Sin embargo la clarividencia con la que analiza su entorno el tal Bech es hija directa de la asombrosa inteligencia y capacidad comunicativa de su creador, uno de mis escritores favoritos, otro más entre tantos y tantos que desprestigian alegremente la institución del premio Nobel.

De John Updike poco nuevo se puede decir. Mejor gozar con algunas citas.

Costumbres rusas

Se disponía a besar a Ekaterina también en la mejilla, pero ella volvió la cara para que sus bocas se encontraran y él se dio cuenta, horrorizado, de que tendría que haberse acostado con ella.

Una bailarina comunista

Su sonrisa, al acabar cada número, combinaba triunfalmente un guiño conspirativo, una sublime humildad y la aturdida felicitación a uno mismo de la euforia postcoital.

Visto desde el avión.

Seis semanas antes, cuando volaba desde Nueva York, Bech había esperado que Moscú fuera su flamígero equivalente y, en vez de eso, vio, a través de la ventanilla del avión, una madeja de luces amontonadas no más brillantes, en aquella inmensa llanura negra, que el cuerpo de una joven en una habitación a oscuras.

Detalle en medio de una conversación

El presidente se aclaró la garganta suavemente y levantó su copa de la mesa un par de centímetros, de manera que formó con su reflejo una especie de naipe.

Un origen cualquiera del amor

En un momento dado, la profesora, una vieja y amorfa dama ucraniana con caninos de oro… había ejecutado una rápida serie de piruetas con tal orgullosa facilidad que todas las chicas, que se repartían como cervatillas a lo largo de la pared, habían aplaudido. Bech las había amado por eso.

De cómo una campesina recuerda a una poetisa.

Detrás de ella, ora escondiéndose entre sus faldas, ora escapándose a la carrera, andaba su hijo, un niñó de no más de tres años. Al pequeño le seguía fielmnente de un lado a otro un cerdito blanco, que se desplazaba, como hacen los cerdos, de puntillas, con cambios de dirección llamativamente bruscos. Algo en aquella escena, en la franca alegría de la amplia sonrisa de la mujer y el modo natural como el pelo se le apartaba de la cabeza, algo en la bruma de la montaña y en la hierba descuidada y esponjosa en la que había empezado a formarse escarcha por la noche, evocaba para Bech una ausencia sin nombre a la que estaba vinculado, como un caballo a un prado, la imagen de la poetisa, con su cara despejada, sus bonitas piernas, su ropa parisina, y su esmeradamente cepillado cabello.

Intereses (dis)pares

… al agachar más la cabeza y apretarse los ojos con las palmas de las manos, las solapas se separaron y sus pechos colgaron lustrosos ante los ojos de Bech. Intentó encontrar unas palabras de consuelo, pero sabía que ninguna sería lo bastante consoladora salvo “Cásate conmigo”.

Clarividente depresión

Su miedo, como una fiebre o una humillación profunda, desnudaba la belleza velada de las cosas. Sus ojos apagados, depurados del sano egoísmo, descubrían una asombrada ternura, como el susurro de una virgen, en cada ramita, nube, ladrillo, guijarro, zapato, tobillo, montante de ventana o matiz de cristal de botella en una remota colina.

¡Y que siga deprimido y que siga comparando!

…alzó la mirada hacia las cumbres… y la grandiosidad del teatro… aumentó la dolorosa acumulación de miedo que le resultaba tan difícil de desalojar y llevaba tan adentro como una elástica esposa joven lleva en su vientre su primer fruto.

De mujeres y de nosotros

Todo se debió a su empeño en dejarse hechizar y a que se autoengañó al ver a las mujeres como deidades, ídolos cuya joya no estaba engastada en el centro de sus frentes sino entre sus piernas, con otra añadida entre los labios y más pares esparcidos por todas partes, de los tobillos a los ojos, a lo largo de sus formas adorables y extrañas.

Paréntesis

A su vez, Bech había tomado a Goldschmidt por uno de esos hombres hechos a sí mismos que han pagado el precio (por no dejar que Dios los hiciera) de pequeños defectos, como sordera interna y neuralgia constante.

Alberto Arzua

Gloria / Vladimir Nabokov

Resulta que un fanático de Nabokov se encuentra con una novela escrita en sus años rusos (véase Berlín), y que esa novela se llama Gloria y que ese fanático soy yo. Imaginen ustedes mi alegría y disculpen mi falta de objetividad.

Vladimir Nabokov es, en mi opinión, el mejor estilista de la literatura del siglo XX. Quizá no el mejor novelista (aunque ha escrito algunas novelas inmejorables), pero sí el mejor escritor, alguien en quien mirarse todo aquél que pretenda escribir algo decente (como un dramaturgo lo haría con Shakespeare, vamos). Y como ya ha quedado clara mi opinión y no tengo ganas de dilatarme, paso a las citas.

Atención, lo siguiente no significa que Vladimir sea machista (tampoco es pedófilo)

… mucho tiempo después Martin se mostraba receloso ante cualquier libro escrito por una mujer, porque sentía que, aun los mejores, respondían al deseo inconsciente de alguna dama madura y tal vez regordeta de adoptar un nombre bonito y acurrucarse en un sofá como una gatita.

 El prota, de niño, empieza a leer libros poco convencionales. Y despierta.

¿Pero qué podía importar entonces de dónde provenía el suave impulso que incita el alma al movimiento y la echa a andar condenándola a no detenerse nunca?

 Explicación típicamente nabokoviana de un arrepentimiento en medio de una frase.

Mientras que, por otra parte, si regresamos a San Petersburgo… continuó en tono de pregunta, pero en alguna estación anónima explotó una bomba y la locomotora tuvo que retroceder. Probablemente todo esto termine algún día –agregó tras una pausa. Mientras tanto debemos pensar en algo.

 Un hecho común.

La ávida, desenfrenada imaginación de Martin, siempre había sido incompatible con la castidad.

 Fantasías y estadísticas.

…y cualquier persona con mucha imaginación tiene fantasías proféticas de vez en cuando: tal es la estadística de las fantasías.

 Los novios juegan a inventar un país, Zoolandia, y Nabokov describe el miedo a la vergüenza.

… desde ese día condescendió ocasionalmente a jugar a Zoolandia con él, pero a Martin lo atormentaba la idea de que ella pudiera estar mofándose en secreto y en cualquier momento le hiciera dar un paso en falso, impulsándolo hacia el límite en que la fantasmagoría pierde su gracia y se sacude al sonámbulo para que vea el borde del techo sobre el que está oscilando, su andariega camisa de dormir, la gente que lo mira desde la acera, los cascos de los bomberos.

Pues eso, si son ustedes buscadores de perlas, éste es un buen libro para bucear.

Alberto Arzua

La literatura nazi en América / Roberto Bolaño

La muerte prematura de este hombre, a los 50 años, ha sido una desgracia para la literatura mundial, ya que nos privó de un enorme talento literario. Sus novelas más conocidas, Los detectives salvajes y 2666, son dos exquisitas obras de arte de la narrativa moderna. Su manejo del lenguaje, su originalidad, su sentido del humor, su insultante inteligencia sudamericana, su sacerdocio literario, sus prodigiosas dotes… nunca nos dejarán de asombrar y siempre serán fuentes de placer para lectores de todos los tiempos.

Esta novela que nos ocupa, La literatura nazi en América, es especialmente divertida. Yo he soltado más de una carcajada. Está planteada como un listado borgiano (se le ha comparado con Borges; desde luego, en este libro, las similitudes son evidente) de personajes imaginados, pero con todas las posibilidades de ser reales. De hecho mezcla realidad con ficción constantemente y yo reconozco que muchas veces no sé dónde está la frontera, lo que hace al asunto mucho más hilarante.

El libro consta sencillamente de una serie de biografías de personajes marginales, todos con veleidades literarias, todos con aberrantes ideales derechosos. Nos haremos mejor una idea si consigno aquí un par de inicios de esas vidas:

Silvio Salvático (Buenos Aires, 1901-Buenos Aires, 1994)

Entre sus propuestas juveniles se cuenta la reinstauración de la Inquisición, los castigos corporales públicos, la guerra permanente, ya sea contra los chilenos o contra los paraguayos o bolivianos como una forma de gimnasia nacional, la poligamia masculina, el exterminio de los indios para evitar una mayor contaminación de la raza argentina, el recorte de los derechos de los ciudadanos de origen judío, la emigración masiva procedente de los países escandinavos para aclarar progresivamente la epidermis nacional oscurecida después de años de promiscuidad hispano-indígena, la concesión de becas literarias a perpetuidad, la exención impositiva a los artistas, la creación de la mayor fuerza aérea de Sudamérica, la colonización de la Antártida, la edificación de nuevas ciudades en la Patagonia.

Fue jugador de fútbol y futurista (…)

Luiz Fontaine da Souza (Río de Janeiro, 1900-Río de Janeiro, 1977)

Autor de una temprana Refutación de Voltaire (1921) que le valió elogios en los círculos literarios católicos del Brasil y la admiración del mundo universitario dada la vastedad de la obra, 640 páginas, el aparato crítico y bibliográfico y la manifiesta juventud del autor. En 1925, como para confirmar las expectativas creadas por su primer libro, aparece la Refutación de Diderot (530 páginas) y dos años después la Refutación de D’Alembert (590 páginas), obras que le colocan a la cabeza de los filósofos católicos del país.

En 1930 se publica la Refutación de Montesquieu (620 páginas) y en 1932, Refutación de Rousseau (605 páginas).

En 1935 pasa cuatro meses internado en una clínica para enfermos mentales en Petrópolis.

Ustedes la gocen bien. Yo ya estoy en trámites de conseguir toda la obra de este genio.

Alberto Arzua

Algo va mal / Tony Judt

Este historiador británico dictó poco antes de su muerte en 2010 esta especie de testamento político. La lucidez que transmite este ensayo por todos sus poros lo hace indispensable para todo aquél a quien le interese entender el mundo en el que vivimos, especialmente a la luz y a las sombras de la actual crisis global. Resumiendo, lo que Judt plantea es que se nos ido la olla con el afán de crecer y tener más, mientras que hemos perdido los referentes reales de una verdadera vida en común. Ni más ni menos.

Tony Judt no piensa que de ésta vayamos a salir solamente aplicando ésta o aquella receta económica, ni mucho menos, sino que se trata de replantearnos nuestros objetivos como sociedad. En “Algo va mal” analiza con una brillantez tan sólo al alcance de los historiadores anglosajones, los principales hechos históricos del siglo XX y su influencia en la economía, en las relaciones sociales y en el propio pensamiento político. Las lecciones que nos enseña y su manera de explicar las cosas convierten a este volumen en una joya de lectura obligada, una lectura, por otro lado, cómoda, amable y muy enriquecedora.

Para un resumen más exhaustivo de las propuestas del ensayo, pueden ustedes acudir sin reparos a este artículo de Josep Ramoneda en El País.

Por mi parte prefiero que ustedes lean de primera mano algunos fragmentos del libro.

Los pobres votan en mucha menor proporción que los demás sectores, así que penalizarlos entraña pocos riesgos políticos: ¿eran tan “difíciles” esas decisiones? Actualmente nos enorgullecemos de ser lo suficientemente duros como para infligir dolor a otros.

La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva. John Stuart Mill.

En toda Europa las ligas de fútbol se han convertido en superligas millonarias para un reducido grupo de clubes privilegiados, mientras que los demás se quedan muy atrás, atascados en su pobreza e irrelevancia.

Si no respetamos los bienes públicos; si permitimos o fomentamos la privatización del espacio, los recursos y los servicios públicos; si apoyamos con entusiasmo la tendencia de la joven generación a ocuparse exclusivamente de sus propias necesidades: no debería sorprendernos una disminución constante de la participación activa en la toma de decisiones públicas. (…) Se ha generalizado la sensación de que como “ellos” harán lo que quieran en cualquier caso -al tiempo que sacan todo el beneficio personal posible- por qué habríamos de perder el tiempo “nosotros” en tratar de influir en sus actos.

…Una tercera respuesta –“¡Derroquemos el sistema!”- está desacreditada por su insensatez intrínseca: ¿qué partes de qué sistema y a favor de qué sustituto económico? Y, en cualquier caso, ¿quién va a derrocarlo?

…interpretar el siglo XX como una parábola del socialismo frente a libertad o comunismo frente a capitalismo es engañoso. El capitalismo no es un sistema político; es una forma de vida económica, compatible en la práctica con dictaduras de derecha (Chile bajo Pinochet), dictaduras de izquierda (la China contemporánea), monarquías socialdemócratas (Suecia) y repúblicas plutocráticas (EEUU).

… los políticos de hoy evitan la impopularidad a cualquier precio. En gran medida los dilemas y deficiencias del Estado del bienestar son consecuencia de la pusilanimidad política más que de la incoherencia económica.

No es probable que muchos “legos en la materia” se opongan al ministro de Economía o a sus asesores. Si lo hicieran, se les diría –como un sacerdote medieval podría haber aconsejado a su grey- que son cosas que no les incumben. La liturgia debe celebrarse en una lengua oscura, que sólo sea accesible para los iniciados. Para todos los demás, basta la fe.

…a parte de a las ciencias duras, ¿sigue siendo el “progreso” aplicable de forma creíble al mundo en que habitamos?

… el acceso desigual a todo tipo de recursos –desde los derechos hasta el agua- es el punto de partida de toda crítica verdaderamente progresista del mundo. Pero la desigualdad no es sólo un problema técnico. Ilustra y exacerba la pérdida de cohesión social, la sensación de vivir en comunidades cerradas cuya principal función es mantener fuera a las demás personas (menos afortunadas que nosotros) y confinar nuestras ventajas a nosotros mismos y nuestras familias: la patología de la época y la mayor amenaza para la salud de la democracia.

Si seguimos siendo grotescamente desiguales, perderemos todo el sentido de fraternidad: y la fraternidad, pese a su fatuidad como objetivo político, es una condición necesaria de la propia política.

Las estaciones de ferrocarril (…) no constituyen, por así decirlo, parte de la ciudad que nos rodea, sino que contienen la esencia de su personalidad, lo mismo que llevan su nombre pintado en los letreros. Marcel Proust.

¿Y a qué viene esto de los ferrocarriles y las estaciones? Pues piensen un poco en los aviones y en los aeropuertos, o si no, mejor, léanse este libro. No lo lamentarán.

Alberto Arzua

El informe de Brodeck / Philippe Claudel

Este autor utiliza una pluma suave, morosa, detallista, introspectiva, triste, ligera, saltarina, para describir un mundo duro, hosco, seccionado, donde la felicidad tan solo se encuentra en algunos breves instantes del pasado. Las palabras son siempre sencillas, el ritmo lento, hacia delante y hacia detrás incesantemente, desvelándote historias al tiempo que te las va velando, jugando con las piezas de un rompecabezas cuyo aspecto general, cuyo sentimiento, se te revela muy nítido desde el principio.

Hay mucha tristeza, mucha nostalgia, pero de esa que te atrapa el corazón dándote razones para vivir, como si atisbaras a través de la puerta entornada de un bar de carretera, emocionado, sin atreverte a entrar, la actuación de una cantante de fados. Hay bondad en quien cuenta la historia, tranquilidad, resignación, empatía, y también indignación. Indignación en voz baja, que resuena mucho más. Indignación porque lo que más hay en esta historia es maldad, una maldad áspera e inevitable, la única maldad posible, la maldad de los hombres.

Y también hay buena literatura, comparaciones originales, frases muy interesantes, manejo de los tiempos… Pero antes de pasar a las citas me gustaría hacer notar que esta novela no es perfecta porque no puede serlo y porque, además, el argumento es demasiado sencillo y conocido casi desde el principio. Eso le resta bastante interés a la lectura, estoy de acuerdo con lo que dice Andrés López en su artículo Almas grises. Pero de esto hablaré después de las citas, abundosas pero breves. Aquí van.

…en algún rincón de su pequeña iglesia de muros tan anchos como la envergadura de un águila.

… esos dientes ennegrecidos, que huelen a vendaje sucio.

La noche había extendido su manto sobre el pueblo como un carretero su capa sobre las últimas brasas de una hoguera de camino.

… Recuerdo que miré el cielo y, al ver todas aquellas estrellas tan apretujadas, como pajarillos asustados que buscan compañía…

… una gota de sudor, minúscula y brillante como un cristal de roca, le resbalaba por la nariz con una lentitud pasmosa.

Se produjo un murmullo, un ruido de bestia de carga a la que le aflojan los varales y gruñe de gusto.

Siempre la he visto torcida y encorvada, arrugada como un níspero olvidado en la bodega durante tres estaciones.

… la última tajada de tocino, una gruesa loncha cuya grasa, casi traslúcida tras la cocción, resbalaba por el plato como las lágrimas de cera por el cuerpo de una vela.

Tengo la sensación de que no estoy hecho para mi vida. Me refiero a que me viene grande por todas partes, que no es de la medida de un hombre como yo, que se llena de demasiadas cosas, de demasiados hechos, de demasiadas miserias, de demasiados fallos.

… me conoce como si fuera un bolsillo en el que ha metido la mano miles de veces.

Lo cierto es que la muchedumbre en sí es un monstruo, un enorme cuerpo que se engendra a sí mismo, compuesto de miles de otros cuerpos pensantes. Y también sé que no hay muchedumbre feliz. Detrás de las sonrisas, las risas, las músicas y los eslóganes hay sangre que se calienta, sangre que se agita, sangre que gira y enloquece al verse revuelta y removida en su propio torbellino.

… para acabar soltando una carcajada, una risotada que, mitad bramido mitad ejercicio de vocalización…

¿Quién decidió hurgar en mi oscura existencia, hacer añicos mi frágil tranquilidad, arrancarme de mi gris anonimato, para lanzarme como a una bola enloquecida en un inmenso juego de petanca? ¿Dios? Entonces, si existe, si existe de verdad, que se esconda. Que se eche las manos a la cabeza y que la agache.

Alrededor flotaba el olor a excrementos y plumas de gallina, repugnante y persistente como el de los tallos podridos de unas flores olvidadas durante días en un jarrón.

Era una hermosa noche, fría y clara, una noche que, además, no parecía querer acabar, que se arrebujaba en su negrura, dando vueltas y más vueltas, como quien holgazanea en la cama por la mañana, al calor de las sábanas.

Y aquí no acaba mi comentario porque, tras leer El informe de Brodeck (2007), me he lanzado a devorar Almas grises (2003) y lo que he encontrado me ha dejado bastante patidifuso… porque es el mismo libro. El mismo. Los mismos malos, los mismos buenos, la misma niñita, la misma mujer, la misma guerra, los mismos hechos violentos, los mismos sentimientos, el mismo ambiente, los mismos odios y amores… los mismos o parecidos. Es como si aquella primera novela hubiera sido un ensayo. Porque la primera es un poquito peor, con más agujeros, menos cocinada, aunque supongo que si se lee en primer lugar sorprenderá tanto como a mí me ha sucedido con esta segunda.

Así que quiero dejar aquí constancia de mi decepción. ¿Es un escritor de una sola novela que irá puliendo y puliendo hasta el fin de sus días? Es una posibilidad, está en su derecho, pero resulta un poco raro, desazonante. Tiene un cuento, La nieta del señor Linh, delicioso, que me gustó mucho, pero que también adolece de indefinición. ¿Será un escritor de sentimientos y no de historias? Será. Ustedes lo disfruten y lo descubran a su propio ritmo. Consignemos, para finalizar, algunas citas de Almas grises:

Primer lunes de diciembre. En nuestra ciudad. 1917. frío siberiano. La tierra crujía bajo los pies y el ruido resonaba hasta en la nuca.

Sus antepasados habían luchado en Crécy. Como todo el mundo, seguramente, pero ni lo sabemos ni nos importa.

Poco después se lo llevaron dos enfermeros, vestido con una camisa de fuerza que le daba aspecto de esgrimista.

Los fieles se dispersaron como estorninos sobre un trigal verde.

¿De qué sirve todo esto que escribo, tantas líneas apretadas como ocas en invierno y todas las palabras que coso a ciegas?

Iba a hacer un calor como para curtir todos los deseos.

Las campanas cortaban el tiempo como si fuera el tronco de un árbol muerto.

Las escopetas tienen un gusto curioso. Se te pega a la lengua. Pica. Sabe a vino y a tierra.

Alberto Arzua

Charles Bukowski – Poemas

¿Qué es la poesía?

 

1.- Un aburrimiento

2.- Una cursilada

3.- Una expresión del alma

4.- Una juerga

5.- Unas palabras que riman

6.- Una tomadura de pelo

7.- …

 

¿Quién es Charles Bukowski?

 

1.- Un borracho

2.- Un putero

3.- Un apostador

4.- Un boxeador

5.- Un cuentista

6.- Un poeta

7.- …

 

Respuestas correctas: no hay nada correcto.

 

Charles Bukowski es mi poeta favorito.

 

Los mejores de la raza

No hay nada que
discutir
no hay nada que
recordar
no hay nada que
olvidar
es triste
y
no es
triste
parece que la
cosa más
sensata
que una persona puede
hacer
es
estar sentada
con una copa en la
mano

 

Antes de la séptima carrera

 

he paseado esta libreta

por el hipódromo

todo el día y

no he escrito

nada.

 

ahora estoy en la primera planta

del Pavilion,

en el cagadero masculino, sentado

aquí

dentro de estas grises y

frescas paredes

 

hallo consuelo

en un acto

corriente:

 

algo

por fin

que llevar

al

 

papel.

 

Existen muchos libros de poemas de Bukowski en la editorial Visor Libros. Todos son recomendables.

Alberto Arzua

Los príncipes demonio – Jack Vance

La segunda trilogía, en orden cronológico, del inagotable Jack Vance, se compone de cinco divertidas novelas de aventuras: El rey estelar, La máquina de matar, El palacio del amor, El rostro y El libro de los sueños. La disculpa argumental es sencilla: un niño contempla cómo unos asesinos matan a toda su familia. ¿Toda? No, porque queda un pariente justiciero que dedica su vida a entrenar al niño para la venganza. Y el niño dedica su vida a la venganza, faltaría más. Hay cinco malos, a uno por libro.

La cosa suena a Conan, pero al Conan de los primeros comics, no a aquel figurillas de tobillos finos y dibujos estereotipados en que se convirtió la serie a a partir de un cierto y mediático momento. Pero dejemos al Suarchi, que bastante tiene con sus esteroides.

Estos libros, por decirlo claro, son un desmadre absoluto. A veces pasan cosas a toalapiña, otras veces la historia se demora en el grácil caminar de una doncella o en las condiciones objetivas de los trabajadores de palacio. Son ejemplos falsos, pero sí que es cierto que toda la serie da la impresión de que su creador pasaba por momentos… curiosos, de esos tan habituales en la costa oeste de los Estados durante las décadas de los sesenta y setenta. Es una impresión que me gustaría que alguien decontrastara.

Todo esto no quita para que estas novelillas se lean con fruición, al estilo de las de Agatha Christie. Y es que, además de las magníficas imaginelas (no busquen el palabro, es imaginario) marca de la casa, existe una constante en el desenlace consistente en que el prota tiene que reconocer al malísimo entre unos cuantos personajes disfrazados. También es una constante la existencia de chica magnífica, chica que acabará haciéndose a un lado por incompatibilidad manifiesta con el asesino en serie cinco en que se ha convertido su noviete.

También hay naves espaciales de segunda mano, razas imposibles, ropas coloridas, tabernas, posadas, invencibles esbirros, aeropuertos, más allases, policías y contrapolicías, venenos lujuriosos, dobles y triples morales, poetas y filósofos contraculturales… Pero sobre todo hay diversión, muchísima diversión, todo el rato la juerga padre para el lector. Yo, en cuanto acabo una serie de estas necesito quitarme el polvo cósmico a base de contravenenos letales. Ahora mismo voy a pillar un novelón húngaro del siglo pasado. Y encantado.

Pero en cuanto lo acabe me lanzaré como un lobo a por la siguiente serie de Jack Vance. Es una pena que es señor sea finito. Su imaginación y buen humor, sin embargo, no tienen fin. Compruébenlo, por favor, no se arrepentirán.

Veamos, por ejemplo, una entrevista con un posadero galáctico:

-¿Estuvo siempre solo, señor Smade?

-No, tenía tres esposas y once hijos.

-¿Qué fue lo que le impulsó a establecerse aquí? Es un mundo más bien lúgubre.

-La belleza está en el ojo de quien la mira, ¿no es cierto? No me ha importado establecer un refugio de descanso para quien quiera venir hasta aquí.

-¿Qué clase de gente suele venir a hospedarse aquí?

-Personas que desean descansar y necesitan tranquilidad. Y, ocasionalmente, cualquier viajero que proceda del espacio, o los exploradores espaciales, por regla general.

-He oído decir que algunos de sus clientes son tipos duros. Le diré, con franqueza, que según se cuenta por ahí, es creencia general que el Refugio Smade alberga a los piratas más famosos y a los aventureros más peligrosos de Más Alla.

-Supongo que esas personas también necesitan descansar ocasionalmente.

-¿Y no ha tenido dificultades con esa gente? Es decir, para mantener el orden…

-No. ellos conocen mis reglas. Yo les digo: “Caballeros, desistan, por favor. Sus diferencias son cosa suya, ustedes están de paso como fugitivos. La armoniosa atmósfera de este Refugio es mía y sepan que estoy dispuesto a mantenerla permanentemente”.

- ¿Y eso es suficiente para que desistan?

-En la mayoría de los casos.

-¿Y si no?

-Los tiro al mar.

Acabemos la citas, pocas pero enjundiosas, con una loa al arte poético:

Hay una cualidad humana que resulta difícil de definir con precisión: es posible que sea la más noble de las cualidades humanas. Contiene y supera la franqueza, la generosidad, la comprensión, la finura de la distinción, la intensidad, la rectitud de miras, el compromiso total. Participa en todas las percepciones humanas, abarca toda la historia de la humanidad. Es caracterísitca de todos los grandes genios creativos, y no se puede aprender; intentarlo es ridículo… como diseccionar una mariposa, enfocar un espectroscopio hacia el ocaso o psicoanalizar la risa de una chica. La tentativa de aprender es autodestructiva; cuando la erudición entra, la poesía sale. ¡Cuán habitual es que el hombre de talento sea incapaz de sentir!

Alberto Arzua

Libertad – Jonathan Franzen

Excelente novela, pardiez.

Y, dicho esto, pasemos a echar un vistazo a la mitología negativa que inevitablemente salpica cual barro fementido y felón a este escritor norteamericano. El crítico literario y, a su vez, estupendo novelista, John Banville, aprovecha cualquier ocasión para afirmar que Franzen es un bluf, un paquete y una eme. Sesudos comentaristas hispanos, de cuyo nombre no quiero acordarme, aseguran que Jonathan es el típico ejemplo de escritor sobrevalorado, producto del marketing yankee. Además por todas partes se corre la voz de que Jonathan Franzen es un creído, un falsario y un pedante. Bien, hasta aquí el mito. ¿O la realidad? Me importa un bledo.

El mismo Franzen, al ser preguntado acerca de la principal tarea que desea empeñar como novelista, responde que “Encontrar un vehículo narrativo adecuado para los aspectos más difíciles que guardo en mi interior, con la esperanza de que lleguen a resonar en un lector que hasta ese momento se haya sentido solo frente a tan profundas y complicadas emociones”. Noble tarea, vive el cielo, magníficas intenciones.

Si este señor es antipático (o no), egocéntrico (o no), guapo (o no), joven (o no), rico (o no)… me da absolutamente igual. Absolutamente. Como escritor es estupendo. Cristiano Ronaldo, artista del balón, afirma de sí mismo que es “guapo, rico y bueno en su trabajo”. Me parece muy bien, pero lo único que interesa al verdadero aficionado al fútbol es que sea bueno en su trabajo. Y Jonathan Franzen le da muy bien a la pelota.

Pero que muy bien. Su trabajo de narrarnos historias y de explicarnos en cierta medida cómo es el ser humano, lo cumple a las mil maravillas. También nos divierte, nos encandila, nos emociona, nos enseña… y todo ello mediante una técnica literaria sin ningún tipo de alharaca. Esta novela es estupenda, actual, fresca, cercana… comparable a ciertos trabajos de Updike (palabras mayores). Este novelista es muy bueno, aunque se demore muchísimo en acabar sus libros. A ver, ¿ustedes se darían prisa en acabar un trabajo si por el anterior han cobrado, digamos, unos diez millones de dólares? ¿Sí? Pues va a ser que este chico no es avaricioso. Un defectillo menos.

Pasemos a las citas. Alguna es un poco larga, pero merecen la pena.

Del propio funeral.
Si uno quiere un gran funeral, morir a una edad no muy avanzada ayuda.

De lo mal que conducen los demás..
En los últimos dos años había pasado muchas horas coléricas en las carreteras de Virginia Occidental, pegándose a los idiotas que iban a paso de tortuga y luego reduciendo la velocidad para castigar a los maleducados que se pegaban a él, cerrando el paso implacablemente en las interestatales a los gilipollas que intentaban adelantarlo por la derecha, pasando él mismo al carril derecho cuando un cretino o un maníaco del móvil o un mojigato puntilloso con los límites de velocidad obstruía el carril rápido; elaborando un perfil y psicoanalizando obsesivamente a los conductores que se negaban a usar los intermitentes (casi siempre jovenzuelos para quienes el uso del intermitente era al parecer una afrenta a su masculinidad, ya puesta en juicio, como evidenciaba el gigantismo compensador de sus pickups y todoterrenos); experimentando un odio asesino hacia los camioneros que trasportaban carbón y circulaban por carriles prohibidos, responsables literalmente de un accidente mortal por semana en Virginia Occidental; culpando con impotencia a los coruptos legisladores del estado que se resistían a disminuir el límite de peso de los camiones de carbón por debajo de las cincuenta toneladas pese a las clamorosas pruebas de los estragos que causaban; mascullando “¡Increíble! ¡Increíble!” cuando un conductor frenaba delante de él en un semáforo verde y de pronto aceleraba para pasar en ámbar y lo dejaba a él encallado en el rojo, reconcomiéndose mientras esperaba un minuto entero en cruces sin tráfico transversal visible a kilómetros de distancia, y tragándose dolorosamente, en atención a Lalitha, los improperios que de buena gana habría soltado al verse obstaculizado por un conductor que se negaba a realizar un giro permitido a la derecha con el semáforo en rojo: “¡Vamos! ¡Que no te enteras! ¡Aprende a conducir! ¡Espabila!”

Del primer trago de cerveza
La cerveza era interesante. Inesperadamente amarga y no precisamente deliciosa, como si fuera una masa de pan bebible. Después de solo tres o cuatro sorbos, ciertos vasos sanguíneos del cerebro de los que Walter apenas tenía noticia empezaron a palpitar inquietantemente.

De la sinceridad sexual.
El olor a mujer adulta de sus axilas embriagó a Joey, y deseó que fuera mucho más intenso, y tuvo la sensación de que la intensidad de ese deseo de que le apestaran las axilas era ilimitada.

-Gracias por follarte a otro –susurró.

-No me fue fácil.

-Lo sé.

-O sea, en un sentido fue muy fácil, pero en otro casi imposible. Tú eso lo sabes, ¿verdad?

-Sí, absolutamente.

-¿Para ti también fue difícil? ¿Lo que fuera que hiciste en el pasado?

-En realidad, no.

-Eso es porque eres hombre. Yo sé cómo es ser tú, Joey. ¿Me crees?

-Sí

-Entonces todo irá bien.

Del origen de los norteamericanos.
… porque no fueron las personas con genes sociables las que huyeron del superpoblado Viejo Mundo hacia el nuevo continente: fueron las que no congeniaban con los demás.

Alberto Arzua

La mano izquierda de la oscuridad – Ursula Leguin

Esta mujer escribe estupendamente, tiene una imaginación envidiable y coordinada, una sensibilidad social importante,  una penetración psicológica certera, un humor sutil e irónico… En fin, son tantas las virtudes como escritora de Ursula Leguin que no puedo sino recomendarla a cualquier recién llegado a la ciencia ficción (los veteranos la conocen de sobra).

Sin embargo, con toda la necesaria carga de subjetividad con que armo estos comentarios morrocotudos, diré que La mano izquierda de la oscuridad me parece un pelín aburrida y de ritmos caprichosos: unas veces pasan las cosas volando, otras veces se demoran demasiado. Es una pena porque si consiguiera mantener el interés del lector tal y como lo hace, no sé, una buena escritora de novela negra (por ejemplo Sue Grafton, de quien de vez en cuando leo alguna letra; por cierto, les recomiendo cualquiera de sus novelas del alfabeto desde este paréntesis y así me ahorro unos cuantos comentarios), sería la caña.

Han leído bien, la caña. Y, sin mayor explicación, pasemos a las citas, que hoy la sección viene nutridilla.

Convertido en imbécil. Precioso.

Harmes, de belleza todavía célebre, y que fuera secuestrado, mutilado y convertido en imbécil por partidarios de la facción mediterránea.

Está muy mal visto suicidarse.

Ahora,  sin nombre. Me iré y encontraré mi muerte. Algunos de los hombres del hogar saltaron entonces gritando, en tumulto, con la intención de matar a Guederen, pues el asesinato es una sombra menos pesada que el suicidio.

Esta es una respuesta que da un oráculo hipersabio. Mola la ignorancia.

No sé por qué traiciona un hombre. Nadie se confiesa traidor, y es difícil una definición adecuada.

La siguiente cita es fundamental para entender la novela, y necesita explicación. Los habitantes del planeta protagonista son asexuados excepto en época de celo. Entonces eligen espontáneamente un sexo y se aparean frenéticamente con otro encelado. Los humanos les parecemos perversos, por tener constantemente características sexuales y estar siempre dispuestos a la acción. Supongo que Ursula se habrá inspirado en los machos.

…eran, cinco sextas partes del tiempo, hermafroditas neutros.

Ursula se adelanta en este libro (1969) al movimiento slow-lento (tan en boga hoy en día: comida, ciudades, ritmo de vida, viajes…).

Los vehículos se mueven a una velocidad media de 40 km/h terrestre. Los guedenianos podrían dar mayor velocidad a estos vehículos, pero no lo hacen. Si se les pregunta por qué no, responden siempre, ¿Por qué? Como si le preguntáramos a un terrestre por qué motivo todos nuestros vehículos van tan rápido todos contestaría, ¿Por qué no? Es una cuestión de preferencias. Los terrestres piensan que han de ir adelante, que es necesario progresar. La gente de Invierno, que vive siempre en el año uno, siente que el progreso es menos importante que la presencia.

Ursula enseña el plumero taoísta.

El handdara es una religión sin instituciones, sin sacerdotes, sin jerarquías, sin votos, sin credo; no sé todavía si tienen o no Dios. Es una religión elusiva, que se nos aparece siempre como alguna otra cosa.

La importancia de la ignorancia. Divertido.

-No estoy seguro, soy sumamente ignorante
El joven río y me hizo una reverencia. -¡Muy honrado! –dijo- He vivido aquí tres años y todavía no he adquirido una ignorancia que valga la pena mencionar… Recordando algunos fragmentos doctrinarios del handdara entendí que había estado vanagloriándome demasiado, como si me hubiese acercado a él diciéndole: “Soy sumamente hermoso”.

Hospitalidad legal y real: de la buena. Esto arreglaría muchos problemas en el mundo actual, pero primero habría que arreglar otras cosas (o personas).

Los ciudadanos de los codominios y los aldeanos, granjeros y señores de cualquier dominio darán al viajero alimento y comida por tres días, según el código, y por muchos más en la práctica, y lo mejor es que a uno lo reciben sin alboroto, sonriendo, como si hubieran estado esperándolo.

Definiendo un término. No definiéndolo.

En esta curiosa falta de distinción entre las aplicaciones generales y específicas de la palabra, tanto para el todo como para la parte, el estado como el individuo, en esta imprecisión ha de encontrarse el significado más exacto.

Presos desnudos un vagones de mercancías. ¿Les suena? Solidaridad innata..

Había bondad allí. Yo y algunos otros, un viejo y alguien que tosía mucho, fuimos reconocidos como menos resistentes al frío, y todas las noches nos encontrábamos en el centro del grupo, la entidad de veinticinco, donde había más calor. No luchábamos por ocupar este puesto; estábamos ahí simplemente todas las noches.

Patriotismo universal.

¿Cómo odia uno a un país, o lo ama? Tibe habla de eso, yo no soy capaz. Conozco gente, conozco ciudades, granjas, montañas y ríos y piedras, conozco cómo se pone el sol en otoño del lado de un cierto campo arado en las colinas; pero ¿qué sentido tiene encerrar todo en una frontera, darle un nombre y dejar de amarlo donde el nombre cambia? ¿Qué es el amor al propio país? ¿El odio a lo que no es el propio país? Nada bueno. ¿Sólo amor propio? Bien, pero no es posible hacer de eso una virtud, o una profesión… Mientras tenga amor a la vida, amaré también las colinas del dominio de Estre, pero este amor no tiene fronteras de odio. Y, más allá, soy ignorante, espero.

Como se puede ver, hay temas que no son frecuentes en el arte actual, temas positivos que suelen repugnar al escritor moderno puesto que no sugieren conflictos, pero que Ursula Leguin despliega con profusión y habilidad: solidaridad, bondad, hospitalidad, amistad… Me agrada el que se novelen dichas actitudes. Me satisface. Sonrío. Me invade como un polvillo de calma y bienestar.

Ursula Leguin se define como ácrata taoísta. ¿Se nota que me cae bien?

Alberto Arzua

No abras los ojos – John Verdon

He aquí el segundo best seller de un señor que pegó el bombazo con su primer libro y ha querido repetir la jugada. Y a fe suya que le ha salido, porque ha vendido más todavía, que es de lo que se trata en este mundillo del best y del seller, o sea en el del consumismo irreflexivo. Pero a fe mía que lo que le ha salido es un bodrio.

John Verdon, en su particular búsqueda del oro, no ha querido dejar nada al azar. En este No abras los ojos fusila absolutamente todos los truquillos que le permitieron forrarse con Sé lo que estás pensando. Lo único que no copia es el detalle y medio argumental de cierto valor que contenía aquella novela. Es posible que si este libro se lee en primer lugar la impresión no sea tan chata, pero leído después del primero todo en la novela resulta ridículo.

Empezando por la mujer del habilísimo detective protagonista, Madeleine. Es habitual que las chicas de los héroes den la brasa (oh, no me haces caso, siempre estás con tu trabajo…), pero la tipa de esta novela se hace tan desagradable que la matarías sin dudarlo ni un instante (preventivamente, por supuesto). Lo peor es que notas que el autor pretende hacernos creer que es una hembra extraordinaria, inteligente, feminista y sensible. ¡Una horrorosa petarda es lo que es!

Según la he ido leyendo me he ido cabreando más y más al comprobar que se dedicaba a repetir idéntico desarrollo y personajes que en Sé lo que estás pensando. Esta novela es una jetada y una enorme estupidez. Creo que tan solo me la acabé para poder decir estas burradas.

Vayamos con las citas.

-    Ya tienes los frenos arreglados
-    Gracias, dijo Madeleine, alborozada pero sin levantar la vista del libro.

Me explique John cómo puede ser eso de alborozarse sin levantar la vista del libro.

… donde venían esos hispanos, por ahí. Holgazanean –dijo, haciéndolo sonar como si fuera un término legal para referirse a masturbarse en público.

¿Enorme chorrada o genialidad? Ustedes deciden.

La zorra a la que le cortaron la cabeza. Te adelantaba en la carretera y apartaba la vista como si fueras un mierda.

Hagan ustedes la prueba de adelantar apartando la vista.

A continuación un poquillo del pensamiento del asesino malvado:

Salomé no logrará que Herodes decapite a Juan el Bautista si este ataca primero.

Yo calificaría a este pensamiento como “chorrez mayor”, pero ya se sabe que los asesinos pueden pensar cualquier cosa…

Y la última.

Prorrumpió en una risa ronca y monosolábica.

Intenten ustedes prorrumpir de esta manera y ya me dirán.

En fin, que menos mal que no me lo compré.

Alberto Arzua

Mercaderes del espacio – Frederik Pohl

Bonito clásico de un autor clásico, divertido e inteligente. Con grandes dosis de ironía y buen humor, recuerda por momentos al mejor Asimov. Un argumento duro y ficticio hasta la aberración, basado en el control absoluto del mundo por parte de las compañías publicitarias… algo, por otra parte, quizá no tan ficticio.

Se lee con gusto e interés, las historias están muy bien planteadas, desarrolladas y redondeadas, no es muy largo, el protagonista se hace real y amable, dentro de su aberración, hay sorpresas, turbiedades, crudezas y un final cuadrático. ¿Qué más? Nada, que lo recomiendo para pasar un buen rato y asustarse un poco con esta sociedad que estamos creando, que siempre viene bien agitar las conciencias en estos veranos tan mojiteros.

Vayamos con las citas.

Hablando del gobierno, comenta que

Es curioso que nos refiriéramos a esa cámara de compensación de influencias como si aún fuese una entidad independiente.

Pues sí que es curioso, cualquiera lo diría.

Explicando a un descreído cómo funciona la publicidad.

… nuestros anuncios –aunque usted asegure que no los lee- lo han convencido de que usar los artículos de otra firma no es signo de virilidad. Su autoestima irá disminuyendo. En lo más profundo de su mente, usted sabrá que no está usando lo mejor. Su subconsciente no podrá soportar esa idea.

El consumidor ideal.

Me estaba convirtiendo en el consumidor ideal. Ganas de fumar; ganas de fumar un Astro, encender un Astro. Ganas de beber; ganas de beber Gaseosa, tomar un chorro de Gaseosa. Ganas de comer; ganas de comer Crocantes, comprar una caja. Ganas de fumar; encender otro Astro.

Describiendo a un crítico del consumismo.

Odié a los retorcidos cerebros que habían engañado a un hermoso consumidor… Era algo así como un asesinato… Podía haber ocupado su puesto en el mundo, comprando y usando, dando trabajo y beneficios a sus hermanos de todo el mundo, acrecentando constantemente sus deseos y necesidades, acrecentando el trabajo y los beneficios en el círculo del consumo, y criando niños que serían a su vez consumidores. Dolía verlo convertido en un fanático estéril.

Muy bueno esto del fanático no consumista.

Frases que describe como pensamientos horribles de los susodichos fanáticos:

El interés de los productores no es el interés del consumidor
Casi todo el mundo es desgraciado
Los trabajadores no encuentran automáticamente el empleo para el que son más aptos.
Los hombres de empresa no respetan las leyes del juego.
Los conservacionistas pueden ser sanos, inteligentes y estar bien organizados.

Miren ustedes qué avisos se pueden leer a la entrada de los edificios de alquiler:

La gerencia no asume ninguna responsabilidad por robos, asaltos y estupros.

La mención a estupros (relación con menores, por abreviar) queda cuando menos curiosa.

Un personaje llamado “el hombrecito” dice:

Enero es muy pesado. Convoco al Congreso y ellos me leen el mensaje, pero el resto del año pasa lentamente… A veces me dejan entrar cuando se celebra una reunión plenaria.

El tal “hombrecito” es el presidente del Gobierno.

Alberto Arzua

Némesis – Philip Roth

Parece ser que para la mitología griega Némesis es la diosa de la justicia retributiva, la venganza y la fortuna. La tal Némesis, que actualmente se usa más como sinónimo de enemigo, se dedica a sancionar la desmesura, no permitiendo que los hombres sean demasiado afortunados. Pues qué maja.

Philip Roth, escritor profesional, ha debido de andar hurgando por el diccionario en busca de inspiración. Y esa (falta de) inspiración ha sido su némesis. Como necesitaba otra idea para dar más enjundia a su próxima novela, tiró de fichero y sacó la palabra “polio”, una devastadora epidemia que asoló su ciudad (y muchas otras) en los años 40. Y con estos dos conceptos se ha montado una novelita. La némesis de la polio o la polio como némesis.

Philip Roth, escritor profesional, escribe muy profesionalmente, tanto que su nombre suena con frecuencia para el premio Nobel. Pero, en mi opinión,  ha pasado de ser un artista sobresaliente a un artesano estupendo. Y yo en esto de la literatura no estoy por la filigrana sino por la emoción.

Philip Roth ha sido uno de mis escritores favoritos desde su primer bombazo (El lamento de Portnoy -1959) hasta su último bombazo (Pastoral americana, 1997) por la sencilla razón de que ha escrito una buena decena de novelas sencillamente prodigiosas. En todas ellas sacaba a colacíón su propia identidad judía indefinida y no pocas dosis de sexo crudo. Es decir, que ponía su alma en el asador.

Cuando se cansó del asunto (a lo mejor no tenía más que decir) y se puso estupendo, empezó a parir novelitas como churros (casi una al año) con variados argumentos y que se dejan leer con gusto a menos que busques lo que buscas en un reconocido genio de la literatura. Porque el escritor a quien adorabas por su cachonda desmesura se dedica ahora a hacer literatura para los escaparates de las librerías. Y vende más, claro. Pero a mí no me gusta.

La primera parte de esta novela me mantuvo felizmente engañado puesto que, además de que siempre resulta gratificante admirar las filigranas de un magnífico artesano, el inicio me atrajo por su cálido humanismo y por alguna sorpresita: aquello parecía que iba a trasmitir sentimiento. ¡Por fin! Pero en la segunda y tercera partes las cosas se limitan a seguir argumentalmente el conocido principio de 2 + 2 = 4. Y conste que las matemáticas pueden ser bonitas, pero en este caso no lo son, se limitan a ser matemáticas. Y cuando acabas el libro te dices, vaya, Philip Roth ha escrito una novela de 205 páginas que no me ha dicho nada. Con decirles a ustedes que hay partes que te suenan, sin ánimo de ofender, a Corín Tellado…

Claro que siempre queda su asombrosa habilidad profesional. Como muestra de ella acabo con una larga cita que se podría utilizar en clases de escritura creativa como modelo de descripción de una persona.

Medía aproximadamente un metro sesenta y cinco, y aunque era un excelente atleta y un temible competidor, su estatura, combinada con su vista deficiente, le había impedido formar parte de los equipos universitarios de fútbol, béisbol o baloncesto, y en las competiciones entre centros docentes había limitado su actividad deportiva a la jabalina y la halterofilia. Coronaba su cuerpo compacto una cabeza de buen tamaño, cuyos rasgos estaban formados por ángulos muy pronunciados: pómulos anchos y muy marcados, frente alta, mandíbula angulosa y una nariz larga y recta con un puente prominente que prestaba a su perfil la agudeza de una silueta grabada en una moneda. Sus labios carnosos estaban tan bien definidos como sus músculos, y tenía el cutis atezado durante todo el año. Desde la adolescencia llevaba el pelo muy corto, al estilo militar, un corte que hacía resaltar sobre todo sus orejas, no porque fuesen demasiado grandes, que no lo eran, ni tampoco porque las tuviera muy pegadas a la cabeza, sino porque, vistas de lado, su forma era muy parecida a la del as de picas de la baraja o a las alas en los pies alados de la mitología, con unos extremos superiores que no eran redondeados, como lo son en la mayor parte de las orejas, sino que casi terminaban en punta. Antes de que su abuelo le pusiera el apodo de Bucky, los amigos de la infancia con los que jugaba en la calle le llamaban As, sobrenombre inspirado no solo por su precoz excelencia deportiva sino por la insólita configuración de sus orejas.

El conjunto de los planos oblicuos de su cara hacía que los ojos de color gris humo –unos ojos alargados y estrecho como los de un oriental- parecieran profundamente encajonados, como si no estuviesen insertos en órbitas, sino en cráteres. La voz que surgía de aquel rostro delineado con tanta precisión era, inesperadamente, bastante aguda, pero no por eso el aspecto del joven resultaba menos imponente. Era un rostro de hierro forjado, resistente al desgaste, revelador de una asombrosa energía, el rostro de un joven robusto en quien podías confiar.

Alberto Arzua

Solar – Ian McEwan

He aquí uno de mis escritores favoritos, de quien se pueden recomendar como mínimo tres novelas excepcionales: Amsterdam, Expiación y Sábado. Esta que ahora nos ocupa, Solar, en mi opinión tan sólo llega a la categoría de excelente. Y es que, al igual que la materia (o la energía), los grandes escritores ni se crean ni se destruyen, sino que se transforman.

Se ha publicitado este libro hasta la saciedad afirmando que se trata de un toque de atención sobre el problema del cambio climático. Parece ser que McEwan es un experto en estos temas y aborrece de aquellos que dudan acerca de la gravedad del efecto invernadero. Me parece muy bien, pero que se sepa que el libro no es ningún panfleto, ni mucho menos, puesto que se expresan opiniones para todos los gustos. De hecho el protagonista es un premio Nobel de física, muy involucrado en el asunto, pero cuya personalidad es sencillamente lamentable. O sea que no se nos adoctrina, faltaría más.

También se ha comentado que hay parrafadas técnicas bastante aburridas. Pues es mentira, no las hay. Los comentarios técnicos, que hoy en día resultan frecuentes en muchos textos, -quizá porque los autores cada vez son más cultos e interdisciplinares-   le añaden luz y color a la literatura, ni oscurecen ni molestan.

Y hablando de literatura, que es de lo que aquí se trata, citemos tres joyitas de esta novela.

¿Cómo expresarías la idea de que, ante un cúmulo de tareas que hacer, te vienen las ganas de no hacer nada?

El olvido, la última palabra en organización, sería su único consuelo.

¿Cómo describirías una caca en una taza de water?

… el arabesco de color chocolate del excremento de otro hombre…

¿Cómo expresarías las dudas de un personaje?

En el viejo parlamente de su propio ser hubo una clamorosa división de opiniones. La voz elocuente de la experiencia se alzó en medio del alboroto para observar que negarse una liberación largo tiempo aguardada podría dañar aún más su concentración. No hizo caso de esta voz y siguió caminando.

Por cierto, la “liberación largo tiempo aguardada” es lo que llamaríamos pedestre y eufemísticamente “un encuentro sexual”.

Y acabo con algo tragicómico. Resulta que el personaje se encuentra viajando en motonieve cerca del ártico y, en su inexperiencia, se ha detenido a orinar. Al sacar el pene, éste se le congela. Vuelve a la motonieve como puede y…

Al levantar una pierna para auparse a su asiento detrás del guía, sintió, e incluso creyó que oía, un dolor en la ingle terrible, desgarrador, una rotura y una separación, como un nacimiento, como un glaciar que se desgaja. Lanzó un grito…  Algo frío y duro se había desprendido de la ingle de Beard, había caído dentro de la pernera de sus calzoncillos largos y estaba ahora alojado justo encima de la rótula. Se introdujo la mano entre las piernas y no encontró nada. Se puso la mano en la rodilla y el objeto horrendo, que medía menos de cinco centímetros, estaba tieso como un hueso. No lo sentía, o ya no lo sentía, como una parte de su cuerpo.

Alberto Arzua