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Aquellos libros trajeron estas pelí­culas

Garú Garú, el atraviesamuros, de Marcel Aymé

De tiernos infantes, Ángel, Cheché y yo a veces dejábamos de darnos con las espadas de madera y meditábamos sobre el universo. í‰ramos personas de guarderí­a y el universo solí­a ser la pelí­cula del domingo, en que iba El Zorro y le hací­a jugarretas al Gobernador y al sargento no-sé-cuántos. A todos les grababa una buena Zeta en el fondillo de los pantalones. Nadie salí­a herido, lo que era decepcionante.
Pero la vez que más meditamos Ángel, Cheché y yo fue cuando vimos una peli en blanco y negro, jurarí­a que francesa, en que aparecí­a un nuevo superhéroe que daba mucho de sí­. El Atraviesamuros
-Garúgarú. –decí­amos tratando de filtrarnos por la puerta de la despensa. Lo de la despensa era fijación de Ángel que, en el mes de Marí­a, al ir todos con flores a porfí­a en el colegio de monjas que era guarderí­a, llevaba su ramillete pero, en los descuidos, se comí­a las meriendas de las niñas y hací­a correr la voz de que habí­a sido la Virgen, agradecida por el regalo.
Garugarú o el Atraviesamuros. Qué huella dejaba. Tanta que, vagando por el Parí­s de la Francia (Por si me apuntaba al Mayo del 68) me encontré uno de esos engendros giratorios de Le Livre de Poche (de Gallimard. Allí­ estaba, encuadernado en tonos verdes, un bello recuerdo de infancia: “Le Passe-Muraille”, todo él en gabacho y firmado por Marcel Aymé..
-Está cayendo en el desuso, dijo Don Juan, mi catedrático de Literatura, que también caí­a en lo mismo. Aymé es un surrealista mixto y listo que propone lo que pasarí­a con una cosa imposible mientras los demás llevan una vida normal. Por ejemplo –y esto era de la cosecha de Don Juan y no de la de Aymé- ¿y si ahora Sócrates fuera divisado dándose un paseo por Marbella, discutiendo con Gorgí­as? ¿Tendrí­a relevancia? ¿Y si una zarza parlante se pusiera a dictar leyes desde la corona de La Cibeles? ¿Eh? ¿Eh?

Transcurrimos dos o tres pasos y el cátedro paró y se me encaró, como solí­a cuando í­bamos de peripatéticos. Un kilómetro llegaba a parecer diez.
-Creo que a Aymé le gustaba observar la forma que tiene la costumbre de vérselas con las excepciones.
-La guillotina, por ejemplo
-No, no: la normalidad. Nada resiste a la normalidad. Aymé, muestra sus amables monstruos con toda sencillez. El Atraviesamuros empieza del modo más elemental: «Habí­a en Montmartre, en la tercera planta del 75 bis de la calle de Orchampt, un hombre excelente llamado Dutilleul, que poseí­a el singular don de pasar a través de los muros sin dificultad». ¿Ves qué sencillo es inmiscuir lo imposible en un mundo de hojas de cálculo?
Claro que los diferentes acaban mal y “Garou-Garou” da en la cárcel; hombre educado y oficinista, escribe al Director con mucho respeto: «Monsieur le Directeur: En referencia a nuestra entrevista del 17 de los corrientes y a la memoria de sus Instrucciones Generales del 15 de mayo del año pasado, tengo el honor de informarle que he acabado el segundo tomo de Los Tres Mosqueteros y que cuento con evadirme esta noche, entre las once y veinticinco y las once y treinta y cinco. Al mismo tiempo, le enví­o el testimonio de mi profundo respeto, y mi consideración más distinguida, señor Director. Su seguro servidor, GAROU-GAROU».
O sea, todo muy normal, con formulismos consagrados por la brillantina de la burocracia universal. Pero a Garúgarú un breve amor le hace dudar que las piedras son atravesables y, además, se deja medicar para ser “normal” y algo bobo, como se espera de él. En uno de sus saltos a través de las paredes, medicado y con surmenage, « Dutilleul quedó parado en el interior de un muro. Allí­ está todaví­a hoy, incorporado a la piedra. Los noctámbulos que bajan por la calle Norvins, cuando el rumor de Parí­s es casi un murmullo, oyen una voz con sordina que parece venir de ultratumba y que se imaginan que es el viento rodeando las esquinas. Es Garou-Garou Dutilleul que lamenta el fin de su gloriosa carrera y el recuerdo de amores demasiado breves» Muy bonitas las últimas frases, cuando un pintor bohemio coge su guitarra y se aventura por la calle Norvins para consolar con una canción al pobre prisionero «y las notas, volando desde sus dedos, penetran en el corazón de la piedra como gotas de claro de luna»
¿Basta esto para detener los experimentos de Marcel Aymé? En la página siguiente, bajo el tí­tulo de Las Sabinas, se arranca como de costumbre: “Habrí­a en Montmarte, en la calle del Abrevadero, una jovencita llamada Sabina, que poseí­a el don de la ubicuidad.»
La ubicuidad gris del mundo devora con tranquilidad el brillo inesperado de lo imposible. Pero Marcel Aymé se desentiende: no quiere meditar cómo los hombres acaban teniendo un corazón de piedra. Para eso, nosotros.

Papeles de Trapisonda

Es un artículo publicado el 2 de enero de 2006.
Actualización:
En Youtube podemos encontrar el original de la película en francés, entera. Algo es algo.

Sostiene Pereira / Antonio Tabucchi

Tendría yo poco que añadir a lo que sigue y que he tomado de la web de Anagrama:
Con esta novela, una de las cumbres de la literatura de esta década, Antonio Tabucchi logró la unanimidad de la crítica, los más prestigiosos galardones y la respuesta masiva de los lectores. Lisboa, 1938. La opresiva dictadura de Salazar, el furor de la guerra civil española llamando a la puerta, al fondo el fascismo italiano. En esta Europa recorrida por el virulento fantasma de los totalitarismos, Pereira, un periodista dedicado durante toda su vida a la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de un mediocre periódico, el Lisboa. Pereira tiene un sentido un tanto fúnebre de la cultura: prefiere la literatura del pasado, dedicarse a la elegía de los escritores desaparecidos, preparar necrológicas anticipadas. Necesitado de un colaborador, contacta con un joven, Monteiro Rossi, quien a pesar de haber escrito su tesis acerca de la muerte está inequívocamente comprometido con la vida. Y la intensa relación que se establece entre el viejo periodista, Monteiro y su novia Marta, cristalizará en una crisis personal, una maduración interior y una dolorosa toma de conciencia que transformará profundamente la vida de Pereira. En esta novela, Tabucchi ha conseguido crear un inolvidable personaje que sin duda dejará una profunda huella en el lector, Pereira. Y con la historia de este periodista, Tabucchi nos ofrece también una espléndida historia sobre las razones de nuestro pasado que pueden ser perfectamente las razones de nuestro incierto presente.

Como mucho añado que se lee con mucha facilidad, que hay, en la forma de narrar, descubrimientos sorprendentes y que os la recomiendo.
Como perla, ésta:
“Perdóneme, señor director, pero quisiera preguntarle una cosa, nosotros originariamente éramos lusitanos, luego vinieron los romanos y los celtas, después estuvieron los árabes, ¿qué raza podemos conmemorar los portugueses?…”

Andrés López

Y de paso una escena de la excelente película protagonizada por Marcello Mastroiani

La Carretera – Cormac McCarthy

La sombría novela The Road, de Cormac McCarthy. Es uno de los fenómenos editoriales de los últimos años y uno de los libros más vendidos, a pesar que tras leerlo uno llega a la conclusión de que es imposible saber qué gusta y por qué. En la literatura fantastica de McCarthy la esperanza tiene la silueta de un árbol calcinado y los diálogos son de papel de lija.

Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior.
Primera hostia en la frente. No hay excusas, Cormac avisa «y cada uno de los días más gris que el día anterior». Se trata de una prosa absolutamente depurada. Eso es lo primero que sorprende. Nada de adjetivos sobrantes, todo es descarnado como un coche de aquellos fabricados en la antigua RDA. El estilo es casi no hay estilo.

Por la mañana se pusieron de nuevo en marcha. Hacía mucho frío.
McCarthy podría haber dicho, «Por la mañana se pusieron en marcha, tiritando, pues el frío era intenso. Sus corazones temblaban y el mundo parecía haber queda inmóvil y bla bla bla», pero no. El amigo Cormac dice: «Hacía mucho frío», y no se hable más. No hay concesiones, el lector sufre con ese par de protagonistas, padre e hijo dejados de la mano de dios, y creo que nunca mejor dicho.

Sostengo que leer The Road es un ejercicio de masoquismo. Nos gusta sufrir. Recuerdo que tuve que parar de leer, separarme del libro, de la historia. «Hasta finge que es dolor el dolor que en verdad siente», que diría el poeta Pessoa. Y al retomarlo, diciéndome aquello de que “esto es ficción”, empecé a disfrutarlo.

Porque la novela es de las mejores que, en literatura fantástica y otros géneros, he leído en mucho tiempo, con elementos de terror sobriamente dosificados, que causan doble impacto por esta misma razón. Un auténtico descubrimiento.

Desde el espigón miraron hacia el sur. Una saliva gris de sal enroscándose perezosamente en la cubeta rocosa. Más allá la larga curva de la playa. Gris como arena volcánica. El viento que venía del agua olía ligeramente a yodo. Nada más. Ni asomo de olor a mar. En las rocas vestigios de un oscuro musgo marino. Cruzaron y siguieron adelante.
Sí, hasta a veces nos regala cosas Cormac. Nos regala una terrible exactitud en todo lo que describe. En su primera novela había esta precisión pero había barroquismos innecesarios que el tiempo ha borrado de sus portentosas páginas.

¿Qué vas a hacer, papá?
Echar un vistazo.
¿Puedo ir contigo?
No. Quiero que te quedes aquí.
Yo quiero ir contigo.

¡Oh! Tomado así parece el diálogo matutino en una estación de metro, y, en cambio, funciona. Casi sin signos, sin guiones, sin nada. ¿Para qué? El artilugio rueda solo. Describir una y otra vez un paisaje (el tercer protagonista) desolado, uniforme y no causar una interrupción súbita en la lectura, está al alcance de muy pocos. Y es que uno de los logros de la novela es que se gana la credibilidad del lector desde las primeras páginas.
Último. Queda claro que apoyo la lectura de esta obra, que la recomiendo vivamente. El mensaje. ¿Hay mensaje?

Los días se sucedían penosamente sin cuenta ni calendario. A lo lejos en la interestatal largas hileras de coches carbonizados y herrumbrosos.
Lo único que se me ocurre es que el autor estadounidense nos recuerda que los seres humanos somos una anomalía, un virus para el planeta que tarde o temprano dejaremos esquilmado. ¿Sí? Y en caso afirmativo, quién es el primero que empieza… Hasta el que parece ser el último de los padres de la tierra ama y protege a su hijo a toda costa.
Pero es un debate abierto, otra de las gracias del libro es que acepta todo tipo de interpretaciones.

Igor Kutuzov

El Camino / Miguel Delibes

Hoy ha fallecido Miguel Delibes, que en tantas cosas fue maestro, pero sobre todo en la cercanía a las gentes y las cosas sencillas y cotidianas y su relato.
Esto que tenemos aquí debajo son unos minutos de una serie de Televisión Española, de aquellas famosas novelas que echaban en capítulos de media hora en horario de mediodía. Hicieron de “El Camino”, la obra que lanzó a la fama a Delibes, una acertada versión cinematográfica, donde los actores brillan en su interpretación, y los grandes protagonistas, los niños, son absolutamente creibles y entrañables.
A veces no basta con leer el libro, en casos como este es una gozada el poder verlo luego con tal fidelidad.

La naturaleza, la infancia y la muerte, constantes en la obra de Delibes

El Comisario Montalbano (la serie de TV) / Andrea Camilleri

Somos muchos los seguidores de este genial personaje de Camilleri, y de sus novelas, mezcla de novela policiaca de primera categoría y con mucho de novela costumbrista con dosis de humor.  Muchos no nos perdemos una sola de las novelas de Salvo Montalbano, ejerciendo de comisario allá en Sicilia, tan bellamente retratada por Camilleri.  Pero lo que muchos no saben es de la existencia de una serie televisiva, rodada por la RAI, donde se recogen estas novelas de una manera muy fiel y con un reparto de personajes acertadísimo.

El propio Montalbano, que al principio nos puede parecer un poco más joven que el de las novelas, se nos hace familiar en apenas cinco minutos.  Luca Zingaretti acierta de pleno en su interpretación, logrando un comisario creíble, humano, socarrón y genial.  Los demás, Mimi, Galluzzo, Gallo, su novia Livia, Ingrid su amiga sueca , el forense tocapelotas, y un tremendo y graciosísimo Catarella que es tal cual sale en el libro, hasta con la misma voz.  Palabra.
Pero sobre todo hay una escenografía mimada, unos paisajes tan auténticos, un retrato tan fiel de esa Sicilia que todos imaginamos a través de las novelas, que te captura al instante. Te das cuenta de que es así como lo imaginabas, sólo te han puesto cara a los personajes.

La serie, de películas de hora y media aproximadamente de duración, una por libro, está a la venta en dvd, en librerías especializadas, grandes superficies y por internet.  No es precisamente barata, pero si los libros son una necesidad básica, hay que reconocer que series como esta son un lujo. Para guardarla y verla al menos una vez al año, porque no cansa.

Date el gusto de echarle un vistazo.

Enlaces aquí mismo:

La forma del agua (y otros) de Andrea Camilleri
El olor de la noche / Andrea Camilleri
Las Alas de La Esfinge / Andrea Camilleri

Oz

Cheri / Colette

¿Y LA AUTORA QUÉ?

Paseando por la ciudad, ayer me detuve ante el cartel publicitario de una nueva película. Sin esforzarme, al mirar el cartel pude saber quién era el director y la actriz principal. Con un poco más de dificultad pude saber quiénes eran el resto de actores. ¿Eso era todo? Como el título de la película me recordó el título de una novela, me propuse despegar una duda: ¿Estaba esta película basada en la novela de Colette, la escritora francesa de principios de siglo XX? Entonces, sólo con extrema concentración pude descubrir, que mi intuición era correcta. Allí, en la última línea de la letra pequeña, estaba el nombre de la autora: Colette.

No estoy en contra de que la literatura se digitalice y que los libros de papel convivan con los novísimos “libros electrónicos”. No estoy en contra de que Hollywood, a falta de imaginación, recurra a los clásicos para fabricar novedades. Al menos, siempre y cuando estas adaptaciones sean de cierta calidad. Pero, ¿qué futuro le puede esperar a la literatura si, además, el autor desaparece?…

El olvido de Colette tiene enjundia. Ya en vida, esta novelsita debió sufrir que su propio marido se apropiara de su obra. En efecto. Gabrielle Sidonie Colette nació en 1873 en un pequeño pueblecito de la Borgoña francesa. Tras su infancia feliz, vendría su matrimonio con Henry Gauthier-Villars, un vividor parisino que la animó a escribir pero haciendo de negro, y siendo él quien figuraba como autor en la portada. Harta de que su marido firmara sus obras descaradamente y le fuera infiel en multitud de ocasiones, también descaradamente, Colette se independizó y logró ser reconocida como una autora de talento. En 1945 fue elegida miembro de la Academia Goncourt. Murió en 1954, y, pese a su vida “licenciosa”, es la única escritora francesa a la que se le han concedido funerales de estado.

Aparentemente, estos honores no le han servido para figurar en el cartel de una película basada en una obra suya… Incluso en Google, si escribimos en la pestaña del buscador la palabra CHÉRI, es sólo en el décimo resultado de la búsqueda que se lee el nombre de Collete. El resto, los primeros, sólo hablan de la película.

Propongo, pues, la relectura de este clásico de la novela finisecular francesa, o como mínimo, el comentar a amigos y conocidos lo que parece que la productora de la película se empeña en menospreciar: la autoría de Colette.

Por cierto, Colette también es la autora de otra novela llevada al cine con notable éxito: GIGI, con Vicente Minnelli como director y en el reparto: Leslie Caron, Maurice Chevallier y Louis Jordan.

En cuanto a CHÉRI, podría decir algo más del libro pero entonces haría esta entrada demasiado larga y prefiero que el lector sienta la curiosidad de leerlo por si mismo, aunque puedo garantizarle algo. Pasará un buen momento…

Nota: la omisión del nombre de Collete se ha producido en los tres carteles oficiales de la película.

Autores: Colette Gabrielle-sidonia

EAN: 9788426417459

Publicación: 02/10/2009

Editorial: Lumen

Colección: Narrativa

Idioma: Español

Numero de páginas: 176

Medidas: 21,1×14,5×1,5

Fernando Garcés

Dune – Frank Herbert / David Lynch

Dune es un gran libro, quizá sea el paradigma del libro de ciencia ficción.  Esta obra fue concebida por su autor, en principio, como un alegato conservacionista, con la ecología de fondo, describiendo la vida en un planeta sin agua, pero Frank Herber tenía mucho que plasmar en un libro, tenía ideas dentro de las ideas (parafraseándole), y al final le salió un gran libro de aventuras, que dio inicio a lo que luego sería la saga de Dune, con algunos libros más atinados que otros, y que, desafortunadamente, se está empeñando en continuar su hijo, cuando realmente Dune merece un punto final más digno.

Hay fans de Dune, como los hay de Star Trek, que tienen la colección completa de libros y las varias adaptaciones hechas para el cine y la televisión.  Yo no soy de esos, a mí me gustó y me gusta mucho Dune el primero y original, y los demás me sobran, aun admitiendo que hay algún libro que se puede leer, pero que le sobran a este gran libro primero.

La película no va propiamente del libro, sino que se limita a dar saltos entre capítulos, y sólo pueden verla y entenderla los que ya han leído el libro.  Eso sí, la vemos con mucho placer, porque si bien el guión es imposible de embutir en dos horas, la ambientación, la puesta en escena, la recreación que hace de todo el director David Lynch es una auténtica maravilla.  Lo ves y dices: ¡Así me lo imaginaba yo!  Y eso no es algo que se pueda decir de todas las películas inspiradas en grandes libros.

Os dejo aquí, en inglés, el trailer de la película, pero, ya sabéis, primero hay que leer el libro, pues si ves la película igual ya no te interese leerlo, y es que la peli apenas tiene que ver con el meollo del asunto, sólo describe personas y escenas.

 

El Padrino, de Mario Puzo y Francis Ford Coppola

Mucha gente califica las dos primeras pelí­culas de “El Padrino” como de gran obra maestra del cine, pero muchos obvian lo más básico, y es que nada de eso serí­a posible sin haber primero un gran libro. Libro que es ejemplar y modélico en su género y espejo en que se miran muchos novelistas que escriben sobre temas de actualidad dándoles un contenido fabulado mezclándolo con datos históricos o reales.
En la primera parte se sigue el grueso de la novela en el tiempo actual, y el gran acierto de la segunda parte es haber podido retrotraernos a la época de la juventud del Don, combinando los recuerdos de sus comienzos, el flash-back, con la trama moderna.
En todo caso, la lectura combinada del libro y la visión de las dos pelí­culas es acto obligado a todos los amantes del arte, y en pocas ocasiones se sale tan satisfecho de ambas cosas. Quienes sólo han visto las pelí­culas no deben perderse el libro.
Primera Parte

Segunda Parte

El silencio de los corderos, de Thomas Harris

Nos encontramos ante una pelí­cula que puede vivir aparte del libro del que procede, una pelí­cula que, en algunos momentos, incluso mejora y clarifica el libro, si bien se pierden otras escenas y datos, lógicamente por problema de duración. La pelí­cula ha sobrepasado el éxito del libro, que mucha gente no ha leí­do. También hay que decir que son varios los libros, y las pelí­culas, creados alrededor del doctor Lecter, como “Hannibal”, que es bastante peor que la primera, tanto el libro como la pelí­cula; y “El dragón rojo”, otro gran libro y otra gran pelí­cula, muy seria y convincente.
En este corte de la pelí­cula tenemos una famosa y deliciosa escena entre sus dos oscarizados protagonistas. Aní­bal y Clarice y su extraña relación.

Papillon, de Henri Charrií¨re

En 1979 se realiza la pelí­cula del exitoso libro, uno de los primeros que en Europa recibió el novedoso sobrenombre de “best seller”, protagonizada por Steve McQueen y Dustin Hoffman. La pelí­cula no es una maravilla, porque es muy complicado meter dentro de un guión cinematográfico ese libro, se podí­a haber mejorado bastante, pero tiene cosas buenas, como las interpretaciones, y sobre todo la ambientación pulcra y muy cuidada, y la recreación de las condiciones en que los reclusos eran tratados. Primero hay que leer el libro y luego ver la pelí­cula para completar la impresión.

Este primer corte corresponde a las primeras escenas del film, cuando los presos son conducidos al barco que los llevará a la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa, a través de las calles de Marsella.

Y este otro corte, en inglés, son escenas de la reclusión en celdas de aislamiento.