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La literatura nazi en América / Roberto Bolaño

La muerte prematura de este hombre, a los 50 años, ha sido una desgracia para la literatura mundial, ya que nos privó de un enorme talento literario. Sus novelas más conocidas, Los detectives salvajes y 2666, son dos exquisitas obras de arte de la narrativa moderna. Su manejo del lenguaje, su originalidad, su sentido del humor, su insultante inteligencia sudamericana, su sacerdocio literario, sus prodigiosas dotes… nunca nos dejarán de asombrar y siempre serán fuentes de placer para lectores de todos los tiempos.

Esta novela que nos ocupa, La literatura nazi en América, es especialmente divertida. Yo he soltado más de una carcajada. Está planteada como un listado borgiano (se le ha comparado con Borges; desde luego, en este libro, las similitudes son evidente) de personajes imaginados, pero con todas las posibilidades de ser reales. De hecho mezcla realidad con ficción constantemente y yo reconozco que muchas veces no sé dónde está la frontera, lo que hace al asunto mucho más hilarante.

El libro consta sencillamente de una serie de biografías de personajes marginales, todos con veleidades literarias, todos con aberrantes ideales derechosos. Nos haremos mejor una idea si consigno aquí un par de inicios de esas vidas:

Silvio Salvático (Buenos Aires, 1901-Buenos Aires, 1994)

Entre sus propuestas juveniles se cuenta la reinstauración de la Inquisición, los castigos corporales públicos, la guerra permanente, ya sea contra los chilenos o contra los paraguayos o bolivianos como una forma de gimnasia nacional, la poligamia masculina, el exterminio de los indios para evitar una mayor contaminación de la raza argentina, el recorte de los derechos de los ciudadanos de origen judío, la emigración masiva procedente de los países escandinavos para aclarar progresivamente la epidermis nacional oscurecida después de años de promiscuidad hispano-indígena, la concesión de becas literarias a perpetuidad, la exención impositiva a los artistas, la creación de la mayor fuerza aérea de Sudamérica, la colonización de la Antártida, la edificación de nuevas ciudades en la Patagonia.

Fue jugador de fútbol y futurista (…)

Luiz Fontaine da Souza (Río de Janeiro, 1900-Río de Janeiro, 1977)

Autor de una temprana Refutación de Voltaire (1921) que le valió elogios en los círculos literarios católicos del Brasil y la admiración del mundo universitario dada la vastedad de la obra, 640 páginas, el aparato crítico y bibliográfico y la manifiesta juventud del autor. En 1925, como para confirmar las expectativas creadas por su primer libro, aparece la Refutación de Diderot (530 páginas) y dos años después la Refutación de D’Alembert (590 páginas), obras que le colocan a la cabeza de los filósofos católicos del país.

En 1930 se publica la Refutación de Montesquieu (620 páginas) y en 1932, Refutación de Rousseau (605 páginas).

En 1935 pasa cuatro meses internado en una clínica para enfermos mentales en Petrópolis.

Ustedes la gocen bien. Yo ya estoy en trámites de conseguir toda la obra de este genio.

Alberto Arzua

Vida / Keith Richards

Atención, un minuto de silencio. Pero por respeto, eh, no me sean morbosos. Porque resulta que este menda, Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones es uno de mis ídolos artísticos. No solamente lo considero uno de los mejores guitarristas de acompañamiento de todos los tiempos, sino que dejó grabado el punteo más exquisito que recuerdo, de solo tres o cuatro notas muy clásicas y muy repetidas, por cierto, en la versión de estudio de la canción Simpathy for the Devil, dentro del LP Beggar’s Banquet del maravilloso año 1968. Me quito el sombrero y todo lo que haga falta, y sigo con el libro.

Cuando lees una autobiografía siempre esperas con cierta resignación que te decepcione de una forma u otra. Y es normal. Porque escribir sinceramente todo acerca de uno mismo es imposible o muy aburrido, o muy doloroso, o muy crudo… excesivo, en suma. Sin embargo en este caso el protagonista mismo es tan excesivo, valga la, que la biografía promete emociones fuertes antes de leerla.

Y el tipo es sincero, sí señores, y escribe correctamente, que sí, y tiene su cultureta y su visión de la vida, y explica todos (?) sus excesivos movimientos vitales, y habla de sus amores, de sus amigos, de sus drogas, de sus canciones… sobre todo de sus canciones, algo muy de agradecer: los músicos (roqueros) disfrutarán mucho con este libro.

Habla de todo sin cortarse un pelo. Pero claro, desde su exclusivo y excesivo punto de vista, por supuesto, faltaría más, lo que hace que todas sus actitudes y comportamientos estén más que justificados. Resumiendo, que casi siempre la culpa la tiene el otro. ¿Y qué va a decir uno? Pues eso.

Uno de los que más culpa tienen es el tal Mick Jagger, su hermano del alma. Le da algún que otro palo, y esto es de lo más interesante del libro, porque las críticas están siempre justificadas y leyéndolas comprendes mucho mejor la trayectoria vital de este mítico grupo de músicos. El típico problema de egos que acaba deshaciendo proyectos en este caso se nos ofrece a la vista completamente desnudo, palabra tras palabra y entre líneas. Lo más sorprendente de todo es que The Rolling Stones siguen tocando después de esto. Lean el artículo Keith Richards pide perdón a Mick Jagger para comprobarlo. Y no piensen que siguen por la pasta. No, afortunadamente no es tan sencillo. Siguen por amistad y por amor a la música. He dicho.

Lo más bonito de esta autobiografía es que es un canto a la amistad. Por todas las esquinas. Y en esto Keith tiene mucho que decir. Y en muchas otras cosas, que el tipo no es tonto, ya digo. Para demostrarlo, acabemos con una cita:

El cielo y el infierno son el mismo lugar, pero el cielo es cuando tienes todo lo que quieres y estás con papá y mamá y tus mejores amigos, y te abrazan y te besan y tocas el arpa. El infierno es el mismo lugar, sin fuego ni azufre, pero todo el mundo pasa de ti y no te ven. No hay nada, nadie te reconoce. Te agitas, “soy yo, tu padre”, pero eres invisible. Estás en una nube. Tienes tu arpa pero no puedes tocar con nadie porque nadie te ve. Eso es el infierno.

Por supuesto, no vaya a leer este libro personas de moralidad estricta. Lo pasarían mal.

Alberto Arzua