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Regreso de la URSS y Retoques a mi regreso de la URSS / André Gide

Enero es un mes de reflexión y planeación, así que por ahora, en este comienzo de 2014, dejemos a un lado las novelas y los poemarios, y pongámonos a leer un ensayo. A ese efecto propongo la lectura de “Regreso de la URSS” y “Retoques a mi regreso de la URSS”, ensayos del eminente literato francés André Gide. Al primero de los libros mencionados, escrito en noviembre de 1936, le podríamos llamar también: “La decepción”. Tocante al segundo, “La réplica” (junio de 1937).
Ciertamente, Gide -comunista de corazón y admirador de la revolución rusa- viaja a la Unión Soviética para constatar los grandes avances sociales y culturales que en tan poco tiempo ha alcanzado esa entrañable nación; empero, lo que sus poéticos ojos ahí encuentran es a un terrible y sanguinario dictador y las mismas injusticias -a su juicio- del viejo zarismo en muchos campos de la sociedad roja. Naturalmente, este premio Nobel de literatura, de regreso a París, su ciudad natal en donde nació el 22 de noviembre de 1869, plasma en un punzante ensayo su cruel desilusión. Luego, picado por sus ex compañeros de lucha intelectual,como el insigne Romaín Rolland, autor del famoso “Juan Cristobal” y también premio Nobel, se da el gusto de replicar las críticas de una manera más virulenta y refinada, con pluma irónica y elegante,con la clase inconfundible de uno de los escritores de más vigoroso estilo del siglo XX. Quienes tenemos en nuestra biblioteca personal su “Diario”, en efecto, conocemos sus alcances literarios.
Uno de los debates que suscitan los ensayos en comento, nace como consecuencia de las relaciones que existen entre el Estado y los artistas. En el caso de la URSS, estás relaciones no pasan la prueba del ácido,si nos atenemos al estético razonamiento de Gide.
En fin: ¿por qué recomendar la lectura de textos que ya han pasado a la historia, sobre todo dado que el pueblo ruso, a partir de Gorbachov, cambió el rumbo de su destino? Gide murió en la ciudad que lo vio nacer el 19 de febrero de 1951. pero yo me pregunto: ¿qué pensaría él del actual y vigente neoliberalismo?

Matías Antonio Ocampo Echalaz

Bola de Sebo / Guy de Maupassant

Después de Giovanni Boccaccio y antes de D. H. Lawrence se ubica Guy de Maupassant, en eso de contar historias eróticas con ironía y sutil elegancia. Ahora tenemos a Milán Kundera. Lo digo sólo por mencionar a las cumbres de esta especialidad literaria, que siendo claros en sus expresiones acerca del arte amatorio, no llegan a la pornografía (que tampoco es mala).
Bola de Sebo es una novela corta multipublicada en su lengua original, en castellano y en varios idiomas extranjeros; pasada por la luz pública por primera vez en un volumen colectivo encabezado por Emilio Zola y secundado por otros tres connotados literatos contemporáneos de Maupassant. Las Veladas de Medan es un libro que sirvió de lanzamiento al atlético remero y galante Guy, que, recibida así la alternativa desde entonces, gozó de gran popularidad gracias a la calidad de su prosa -basada en la búsqueda de la palabra precisa-, su envidiable conocimiento del corazón femenino y por sus pinceladas impresionistas sobre las costumbres parisinas de la época.

Léelo, que es gratis.

Se trata de una -diríamos ahora- sexoservidora quien en plena invasión alemana y en el trayecto de un viaje de Rouen a El Havre, comparte el pan y el vino con otras viajeros, burgueses y estirados, y que se sacrifica por ellos y por la patria, poniendo en práctica sus habilidades en el arte amatorio. Al final de la rápida lectura, uno queda convencido de la existencia de la doble moral y la hipocresía de las buenas conciencias, de la falsía de los burgueses elevada a nivel planetario.
Maupassant que nació el 5 de agosto de 1850 en Dieppe, Francia y abandonó este mundo, caminando por la senda de la demencia el 6 de julio de 1893 en su propio país, fue discípulo del mencionado autor de La Taberna e hijo literario de Gustavo Flaubert, amigo íntimo de su madre. Puedo decir sin temor a equivocarme, como el que hace una declaración ante una autoridad judicial, que Maupassant es a la renovación de la literatura contemporánea lo que Johann Strauss (1825-1899) es a la música. Es decir, las obras de ambos artistas, siendo breves alcanzan la categoría de obras maestras, sin lugar a dudas. Tanto el vals como el cuento, pues. constituyen una gran fuente de satisfacción espiritual para el que, mientras lee una pequeña composición literaria -como la que recomendamos-, escucha Vida de Artista, por ejemplo.
Y si a ese cuadro le agregamos tener a la vista la réplica de un lienzo de Renoir, una copa de vino y la compañía de una mujer en négligé, la dicha es completa.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

Rock Springs / Richard Ford

Hay gente chalada por la literatura que lee en cualquier momento y lugar: comiendo, descomiendo, viajando, lavándose los dientes… cada uno conoce su perversión favorita. Pues bien, a este tipo de gente y a otros que gustan de leer a  poquitos, les recomiendo que lean CUENTOS (también se suelen llamar relatos, por no confundir con los infantiles). En diez minutos o media horita ya has disfrutado de un artefacto literario completo. Y los hay muy buenos, buenísimos, geniales, maravillosos.

Estos relatos de Richard Ford, magnífico autor de novelas (El periodista deportivo, Incendios, El día de la independencia…) entran dentro de la categoría de “buenos”. ¡Para qué más! Son relatos de perdedores, más o menos simples, a quienes el escritor otorga su voz, para que, a través de ellos, comprobemos cómo nosotros mismos somos, también, más o menos simples. Filosofías aparte, se trata de unas historias muy disfrutables, ligeramente optimistas y con un poso de candidez que las hace especialmente atractivas. No llega al nivel de Raymond Carver, pero ni falta que hace.

Y, antes de que ustedes lo pasen bien, una pequeña y curiosa reflexión fordiana:

Cuando se llega al terreno de las discusiones, ha quedado ya atrás la posibilidad de lograr que alguien cambie de opinión, aunque suela pensarse que es justo lo contrario, y tal vez lo sea para cierto tipo de gente, pero nunca con la gente que yo trato.

Alberto Arzua

Algo va mal / Tony Judt

Este historiador británico dictó poco antes de su muerte en 2010 esta especie de testamento político. La lucidez que transmite este ensayo por todos sus poros lo hace indispensable para todo aquél a quien le interese entender el mundo en el que vivimos, especialmente a la luz y a las sombras de la actual crisis global. Resumiendo, lo que Judt plantea es que se nos ido la olla con el afán de crecer y tener más, mientras que hemos perdido los referentes reales de una verdadera vida en común. Ni más ni menos.

Tony Judt no piensa que de ésta vayamos a salir solamente aplicando ésta o aquella receta económica, ni mucho menos, sino que se trata de replantearnos nuestros objetivos como sociedad. En “Algo va mal” analiza con una brillantez tan sólo al alcance de los historiadores anglosajones, los principales hechos históricos del siglo XX y su influencia en la economía, en las relaciones sociales y en el propio pensamiento político. Las lecciones que nos enseña y su manera de explicar las cosas convierten a este volumen en una joya de lectura obligada, una lectura, por otro lado, cómoda, amable y muy enriquecedora.

Para un resumen más exhaustivo de las propuestas del ensayo, pueden ustedes acudir sin reparos a este artículo de Josep Ramoneda en El País.

Por mi parte prefiero que ustedes lean de primera mano algunos fragmentos del libro.

Los pobres votan en mucha menor proporción que los demás sectores, así que penalizarlos entraña pocos riesgos políticos: ¿eran tan “difíciles” esas decisiones? Actualmente nos enorgullecemos de ser lo suficientemente duros como para infligir dolor a otros.

La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva. John Stuart Mill.

En toda Europa las ligas de fútbol se han convertido en superligas millonarias para un reducido grupo de clubes privilegiados, mientras que los demás se quedan muy atrás, atascados en su pobreza e irrelevancia.

Si no respetamos los bienes públicos; si permitimos o fomentamos la privatización del espacio, los recursos y los servicios públicos; si apoyamos con entusiasmo la tendencia de la joven generación a ocuparse exclusivamente de sus propias necesidades: no debería sorprendernos una disminución constante de la participación activa en la toma de decisiones públicas. (…) Se ha generalizado la sensación de que como “ellos” harán lo que quieran en cualquier caso -al tiempo que sacan todo el beneficio personal posible- por qué habríamos de perder el tiempo “nosotros” en tratar de influir en sus actos.

…Una tercera respuesta –“¡Derroquemos el sistema!”- está desacreditada por su insensatez intrínseca: ¿qué partes de qué sistema y a favor de qué sustituto económico? Y, en cualquier caso, ¿quién va a derrocarlo?

…interpretar el siglo XX como una parábola del socialismo frente a libertad o comunismo frente a capitalismo es engañoso. El capitalismo no es un sistema político; es una forma de vida económica, compatible en la práctica con dictaduras de derecha (Chile bajo Pinochet), dictaduras de izquierda (la China contemporánea), monarquías socialdemócratas (Suecia) y repúblicas plutocráticas (EEUU).

… los políticos de hoy evitan la impopularidad a cualquier precio. En gran medida los dilemas y deficiencias del Estado del bienestar son consecuencia de la pusilanimidad política más que de la incoherencia económica.

No es probable que muchos “legos en la materia” se opongan al ministro de Economía o a sus asesores. Si lo hicieran, se les diría –como un sacerdote medieval podría haber aconsejado a su grey- que son cosas que no les incumben. La liturgia debe celebrarse en una lengua oscura, que sólo sea accesible para los iniciados. Para todos los demás, basta la fe.

…a parte de a las ciencias duras, ¿sigue siendo el “progreso” aplicable de forma creíble al mundo en que habitamos?

… el acceso desigual a todo tipo de recursos –desde los derechos hasta el agua- es el punto de partida de toda crítica verdaderamente progresista del mundo. Pero la desigualdad no es sólo un problema técnico. Ilustra y exacerba la pérdida de cohesión social, la sensación de vivir en comunidades cerradas cuya principal función es mantener fuera a las demás personas (menos afortunadas que nosotros) y confinar nuestras ventajas a nosotros mismos y nuestras familias: la patología de la época y la mayor amenaza para la salud de la democracia.

Si seguimos siendo grotescamente desiguales, perderemos todo el sentido de fraternidad: y la fraternidad, pese a su fatuidad como objetivo político, es una condición necesaria de la propia política.

Las estaciones de ferrocarril (…) no constituyen, por así decirlo, parte de la ciudad que nos rodea, sino que contienen la esencia de su personalidad, lo mismo que llevan su nombre pintado en los letreros. Marcel Proust.

¿Y a qué viene esto de los ferrocarriles y las estaciones? Pues piensen un poco en los aviones y en los aeropuertos, o si no, mejor, léanse este libro. No lo lamentarán.

Alberto Arzua

Acabemos ya con esta crisis / Paul Krugman

Libro de lectura obligada para todo aquél que quiera entender mejor qué narices es lo que está pasando. Paul Krugman -como tantos otros intelectuales no oficialistas- propone medidas expansivas para salir de la crisis. Justo lo contrario de lo que se está haciendo. Y explica el porqué despacito y con buena letra. La economía no es una ciencia abstrusa ante la cual los ciudadanos tan sólo podemos mirar, pagar y callar. La gente que está manejando nuestras vidas son, en su mayoría, unos incompetentes y/o unos aprovechados. Paul Krugman lo dice de un modo más fino y pedagógico. Escuchemos su voz.

Los orígenes de nuestro sufrimiento son relativamente triviales en el orden del universo, y se podrían arreglar con relativa rapidez y facilidad si en los puestos de poder hubiera suficientes personas que comprendieran la realidad. Además, para la gran mayoría de la gente, el proceso de arreglar la economía no tendría que ser doloroso ni implicar sacrificios; al contrario, terminar con esta depresión sería una experiencia que haría sentirse bien a casi todo el mundo, con la sola excepción de los que están sumidos, política, emocional y profesionalmente, en doctrinas económicas obcecadas. (…)

Nuestros ingresos son bajos precisamente porque estamos gastando demasiado poco; y recortar aún más el gasto solo servirá para deprimir todavía más nuestros futuros ingresos. Tenemos, en efecto, un problema de exceso de deuda; pero esa deuda no es dinero que debamos a algún extraño, sino dinero que nos debemos unos a otros, lo cual supone una diferencia enorme. (…)

No sé qué pretende el gobierno. En lugar de proteger a los hombres de negocios, ¡mete la nariz en los negocios! Vaya, ¡si ahora incluso están hablando de hacer exámenes a los bancos! ¡Como si los banqueros no supiéramos dirigir nuestros propios bancos! En fin, en casa tengo la carta de no sé qué petimetre de funcionario que dice que piensa inspeccionar mis libros. (GATEWOOD, banquero de La diligencia 1939).

Si usted ha visto la película “Qué bello es vivir”, que incluye una estampida bancaria, quizá le resulte interesante saber que la escena es comopletamente anacrónica: en el momento en que se sitúa la acción –justo después de la segunda guerra mundial-, los depósitos ya estaban garantizados y las retiradas masivas de fondos habían quedado como algo del pasado. (…)

 “Es difícil conseguir que un hombre comprenda algo, cuando su salario depende de que no lo comprenda” (Upton Sinclair). El dinero compra influencia; mucho dinero compra mucha influencia; y las políticas que nos han llevado hasta donde estamos, aunque nunca han hecho demasiado por la mayoría d ela gente, en cambio sí han funcionado muy bien (al menos durante un tiempo) para unas pocas personas situadas en lo más alto. (…)

El intento de mejorar la perspectiva fiscal por la vía de recortar los gastos en una economía deprimida puede terminar siendo contraproducente incluso en el más estricto sentido fiscal. Y esto no es ninguna posibilidad descabellada; según estudiosos serios del FMI, que han analizado los datos, es una posibilidad real. (…)

España ha vivido buena parte de la última década fortalecida por un gigantesco auge inmobiliario, financiado por grandes entradas de capital proveniente de Alemania. Este auge ha alimentado la inflación y ha hecho subir los sueldos españoles en relación con los de Alemania. Pero, al final, resulta que el auge estaba hinchado por una burbuja que ahora ha estallado. Ahora, España tiene que reorientar su economía, dejando a un lado la construcción y volviendo otra vea a la industria. En este punto, sin embargo, la industria española no es competitiva, porque los sueldos españoles son demasiado altos comparados con los alemanes. (…)

La verdad, en efecto, es que tenemos tanto el saber como las herramientas precisas para salir de esta depresión. Sin duda, si aplicamos algunos principios económicos consagrados por el tiempo, cuya validez han reforzado aún más los acontecimientos recientes, podremos recuperar niveles económicos próximos al pleno empleo muy pronto; probablemente antes de dos años. Lo que bloquea esta recuperación es solamente la falta de lucidez intelectual y de voluntad política. Y es tarea de todo aquel con capacidad de influencia –desde los economistas profesionales a los políticos o los ciudadanos inquietos. Hacer cuanto esté en su mano para remediar esta carencia. Podemos acabar con esta depresión; y tenemos que luchar por las medidas que lo conseguirán, luchar por ellas desde este mismísimo momento. (…)

Y acabo reconociendo que el acrónimo (GIPSI: gytano) me era desconocido. Pensaba que éramos cerdos (PIGS). Gracias, Paul, por subirnos la autoestima.

Tras la creación del euro, las economías de los países GIPSI (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia)…

Alberto Arzua

Indecentes / Ernesto Ekaizer

Si te atrae leer cosas como ésta

El hecho es que desde la Secretaría del presidente, en La Moncloa, llamaron al BBVA y le dejaron el recado de que Zapatero le esperaba para salir de viaje ese mismo martes 31 a la una de la tarde. Taguas llamó para aclarar que tenía billete con destino al extranjero esa noche. Ningún problema, le aseguraron, porque estaría de regreso a las seis de la tarde. Al llegar a la Moncloa para emprender el anunciado viaje, el presidente lo presentó al ministro de Industria como nuevo director de la Oficina Económica del Presidente. Y los tres se subieron al helicóptero.

este es tu libro, porque está lleno de chismes y diretes, personalizando y detallando los palantes y patrases de la gestión de la crisis económica, mayormente española.

No es una explicación del origen de la crisis (burbuja inmobiliaria… y poco más), ni un recetario de salida (dejarse de tanto ajuste fiscal… y nada más), ni siquiera un señalamiento digital de culpables (los bancos, los economistas cabezones, los políticos medrosos), sino un recuento, casi día a día, de los tejemanejes que se traen las lumbreras mundiales que nos controlan (BCE, FMI, Gobiernos…) para intentar arreglar lo que se pueda… siempre bajo su punto de vista.

Y yo me pregunto aquí una tontería, que no tendrá nada que ver, pero que paso a exponer. En el diario de hoy se detalla el patrimonio de los principales políticos de este país (¡Ejpaña!). El más pobre anda por el medio millón de euros. Y yo me pregunto, ¿con esos riñones, de dónde sacas los cojones para preocuparte de los menesterosos? Será una pregunta demagógica, pero interesante, siquiera en el plano emocional. En fin, que se facilita el despido para que baje el paro, y lo que hace el paro, muy tozudo él, es subir. NATURAL. Y los políticos con la boca abierta, huy qué raro. En esas manos estamos, señores.

Pero sigo con el libro. Se titula Indecentes y no profundiza en ninguna indecencia. Unos están a favor de una cosa, otros de otra. Bien, ¿y qué? Pues que unos parece ser que se equivocan. Vale, ¿y qué más? Te enteras de que hay una carta secreta (al parecer muy famosa) que envió el BCE a Zapatero, con todas las exigencias para el rescate y eso, y va el Zapatero y no se la enseña al Rajoy, pero coge el Rajoy y la pilla por otro lado. Interesantísimo.

Total, que estamos en manos de unos… no sé cómo llamarlos, si mangarranes (algunos sí, supongo), inconscientes (también), inocentes (sí, sí, también), incompetentes (muchos) o simples esclavos de un sistema que les pone firmes (todos). Según el Ekaizer (y supongo que ése es el objetivo del libro), algunos son más lamentables que otros (también supongo que según sus gustos políticos), pero bueno, qué más da, no se salva ni uno.

Porque no tienen lo que hay que tener. Y este libro tampoco tiene lo que hay que tener, porque promete, ya desde el prólogo, mucho más de lo que da. Y da la impresión de haberse hecho deprisa y corriendo para sacarse unos euricos. Si no es así, perdón, pero Indecentes no tiene, para mí, ningún interés. He perdido el tiempo leyéndolo, porque no me ha enseñado nada.

Los chismes de los políticos y economistas son muy aburridos, mucho. Todo lo que se consigue conociéndolos es que te dé un poco más de miedo el saber en manos de quienes estamos. Algo es algo.

Alberto Arzua

Col recalentada / Irvine Welsh

Este menda es el escritor de Trainspotting, libro que decidí no-leer después de haber visto unas muy deprimentes escenas de la película. Mal hecho. La gente me comenta que es una película muy divertida. Bueno. A lo mejor ver a unos colgadísimos moribundos diciendo chorradas resulta la bomba. No lo sé. Me parece que estos asuntos los llevo mejor leídos, sin tener que soportar los caretos de unos actores maquillados de sidosos. Cosa rara. En literatura soy capaz de disfrutar con (casi) cualquier burrada, sobre todo si está contada con sentido del humor.

Col recalentada consta de ocho relatos, dos de ellos bastante largos, el que da título al libro y el último, que tiene un final bastante sorprendente, inesperado en su contexto, y que a mí me ha dejado un excelente sabor de boca.

Resumiendo mi opinión: me acabo de hacer fan (seguidor) instantáneo de Irvine Welsh. Tiene un sentido del humor demoledor, es muy ágil, siempre interesante, y te descoloca con mucha frecuencia. Es capaz de todo, su literatura no tiene límites, ni en situaciones, ni en desarrollo, ni en puntos de vista. Igual te está contando cosas un colgao, que otro colgao, que un facha, que un extraterrestre… todos con la misma frescura y credibilidad. Su mundo, que en un principio puede parecer estrecho (descerebrados varios) te explota en las manos cuando menos te lo esperas.

Tiene prácticamente todo lo que busco en un escritor. Te seduce a lo bestia. En estos cuentos me ha llevado de la nariz, ahora por acá, ahora por allá, y tú le sigues moqueando y feliz, porque cada cosa que te muestra te vivifica y satisface. Magnífico literato, señores, magnífico. Y no se dejen engañar por el ambiente en sí, como a mí me pasó con la película, porque estos esquejes de seres humanos (me acabo de enterar que repiten de un libro a otro los protas) pueden enseñarnos tanto acerca de nuestra naturaleza como cualquier otro personaje literario más o menos culto

Y paro de hiperbolizar porque a lo mejor ustedes no tienen los mismos gustos que yo y les estoy liando. Pero que conste que se podrían analizar favorablemente muchas otras características literarias de este Irvine Welsh.

Acabemos con tres pequeñas citas, tan atípicas como él mismo.

Comparando terrícolas con extraterrestres.

Al igual que sucedía con los humanoides terrícolas, la historia temprana de Cyrastor estuvo dominada por una sucesión de profetas, evangelistas, mesías, sabios y visionarios que se las ingeniaron para convencerse tanto a sí mismos como a sus seguidores de que conocían los secretos de universo. Algunos hicieron poco más que el ridículo en vida, pero la influencia de otros se hizo sentir durante generaciones.

Y mira qué pasa cuando aparece la nave espacial.

Algunos, sin ser religiosos, se santiguaron; otros, que lo eran , renunciaron enseguida a todo aquello en lo que les habían enseñado a creer.

Tras el sexo, satisfactorio solo para alguno.

¿Y qué pasa?, gimió él con amodorrada petulancia, como una criatura enfrentada a otra de más edad y con los ojos puestos en sus golosinas.

Alberto Arzua

Garú Garú, el atraviesamuros, de Marcel Aymé

De tiernos infantes, Ángel, Cheché y yo a veces dejábamos de darnos con las espadas de madera y meditábamos sobre el universo. í‰ramos personas de guarderí­a y el universo solí­a ser la pelí­cula del domingo, en que iba El Zorro y le hací­a jugarretas al Gobernador y al sargento no-sé-cuántos. A todos les grababa una buena Zeta en el fondillo de los pantalones. Nadie salí­a herido, lo que era decepcionante.
Pero la vez que más meditamos Ángel, Cheché y yo fue cuando vimos una peli en blanco y negro, jurarí­a que francesa, en que aparecí­a un nuevo superhéroe que daba mucho de sí­. El Atraviesamuros
-Garúgarú. –decí­amos tratando de filtrarnos por la puerta de la despensa. Lo de la despensa era fijación de Ángel que, en el mes de Marí­a, al ir todos con flores a porfí­a en el colegio de monjas que era guarderí­a, llevaba su ramillete pero, en los descuidos, se comí­a las meriendas de las niñas y hací­a correr la voz de que habí­a sido la Virgen, agradecida por el regalo.
Garugarú o el Atraviesamuros. Qué huella dejaba. Tanta que, vagando por el Parí­s de la Francia (Por si me apuntaba al Mayo del 68) me encontré uno de esos engendros giratorios de Le Livre de Poche (de Gallimard. Allí­ estaba, encuadernado en tonos verdes, un bello recuerdo de infancia: “Le Passe-Muraille”, todo él en gabacho y firmado por Marcel Aymé..
-Está cayendo en el desuso, dijo Don Juan, mi catedrático de Literatura, que también caí­a en lo mismo. Aymé es un surrealista mixto y listo que propone lo que pasarí­a con una cosa imposible mientras los demás llevan una vida normal. Por ejemplo –y esto era de la cosecha de Don Juan y no de la de Aymé- ¿y si ahora Sócrates fuera divisado dándose un paseo por Marbella, discutiendo con Gorgí­as? ¿Tendrí­a relevancia? ¿Y si una zarza parlante se pusiera a dictar leyes desde la corona de La Cibeles? ¿Eh? ¿Eh?

Transcurrimos dos o tres pasos y el cátedro paró y se me encaró, como solí­a cuando í­bamos de peripatéticos. Un kilómetro llegaba a parecer diez.
-Creo que a Aymé le gustaba observar la forma que tiene la costumbre de vérselas con las excepciones.
-La guillotina, por ejemplo
-No, no: la normalidad. Nada resiste a la normalidad. Aymé, muestra sus amables monstruos con toda sencillez. El Atraviesamuros empieza del modo más elemental: «Habí­a en Montmartre, en la tercera planta del 75 bis de la calle de Orchampt, un hombre excelente llamado Dutilleul, que poseí­a el singular don de pasar a través de los muros sin dificultad». ¿Ves qué sencillo es inmiscuir lo imposible en un mundo de hojas de cálculo?
Claro que los diferentes acaban mal y “Garou-Garou” da en la cárcel; hombre educado y oficinista, escribe al Director con mucho respeto: «Monsieur le Directeur: En referencia a nuestra entrevista del 17 de los corrientes y a la memoria de sus Instrucciones Generales del 15 de mayo del año pasado, tengo el honor de informarle que he acabado el segundo tomo de Los Tres Mosqueteros y que cuento con evadirme esta noche, entre las once y veinticinco y las once y treinta y cinco. Al mismo tiempo, le enví­o el testimonio de mi profundo respeto, y mi consideración más distinguida, señor Director. Su seguro servidor, GAROU-GAROU».
O sea, todo muy normal, con formulismos consagrados por la brillantina de la burocracia universal. Pero a Garúgarú un breve amor le hace dudar que las piedras son atravesables y, además, se deja medicar para ser “normal” y algo bobo, como se espera de él. En uno de sus saltos a través de las paredes, medicado y con surmenage, « Dutilleul quedó parado en el interior de un muro. Allí­ está todaví­a hoy, incorporado a la piedra. Los noctámbulos que bajan por la calle Norvins, cuando el rumor de Parí­s es casi un murmullo, oyen una voz con sordina que parece venir de ultratumba y que se imaginan que es el viento rodeando las esquinas. Es Garou-Garou Dutilleul que lamenta el fin de su gloriosa carrera y el recuerdo de amores demasiado breves» Muy bonitas las últimas frases, cuando un pintor bohemio coge su guitarra y se aventura por la calle Norvins para consolar con una canción al pobre prisionero «y las notas, volando desde sus dedos, penetran en el corazón de la piedra como gotas de claro de luna»
¿Basta esto para detener los experimentos de Marcel Aymé? En la página siguiente, bajo el tí­tulo de Las Sabinas, se arranca como de costumbre: “Habrí­a en Montmarte, en la calle del Abrevadero, una jovencita llamada Sabina, que poseí­a el don de la ubicuidad.»
La ubicuidad gris del mundo devora con tranquilidad el brillo inesperado de lo imposible. Pero Marcel Aymé se desentiende: no quiere meditar cómo los hombres acaban teniendo un corazón de piedra. Para eso, nosotros.

Papeles de Trapisonda

Es un artículo publicado el 2 de enero de 2006.
Actualización:
En Youtube podemos encontrar el original de la película en francés, entera. Algo es algo.

Sostiene Pereira / Antonio Tabucchi

Tendría yo poco que añadir a lo que sigue y que he tomado de la web de Anagrama:
Con esta novela, una de las cumbres de la literatura de esta década, Antonio Tabucchi logró la unanimidad de la crítica, los más prestigiosos galardones y la respuesta masiva de los lectores. Lisboa, 1938. La opresiva dictadura de Salazar, el furor de la guerra civil española llamando a la puerta, al fondo el fascismo italiano. En esta Europa recorrida por el virulento fantasma de los totalitarismos, Pereira, un periodista dedicado durante toda su vida a la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de un mediocre periódico, el Lisboa. Pereira tiene un sentido un tanto fúnebre de la cultura: prefiere la literatura del pasado, dedicarse a la elegía de los escritores desaparecidos, preparar necrológicas anticipadas. Necesitado de un colaborador, contacta con un joven, Monteiro Rossi, quien a pesar de haber escrito su tesis acerca de la muerte está inequívocamente comprometido con la vida. Y la intensa relación que se establece entre el viejo periodista, Monteiro y su novia Marta, cristalizará en una crisis personal, una maduración interior y una dolorosa toma de conciencia que transformará profundamente la vida de Pereira. En esta novela, Tabucchi ha conseguido crear un inolvidable personaje que sin duda dejará una profunda huella en el lector, Pereira. Y con la historia de este periodista, Tabucchi nos ofrece también una espléndida historia sobre las razones de nuestro pasado que pueden ser perfectamente las razones de nuestro incierto presente.

Como mucho añado que se lee con mucha facilidad, que hay, en la forma de narrar, descubrimientos sorprendentes y que os la recomiendo.
Como perla, ésta:
“Perdóneme, señor director, pero quisiera preguntarle una cosa, nosotros originariamente éramos lusitanos, luego vinieron los romanos y los celtas, después estuvieron los árabes, ¿qué raza podemos conmemorar los portugueses?…”

Andrés López

Y de paso una escena de la excelente película protagonizada por Marcello Mastroiani

Vida de un escritor / Gay Talese

La autobiografía del padre del Nuevo Periodismo

El hijo de un modesto sastre italiano que se convirtió en una leyenda del periodismo, el hombre capaz de todo por contar una buena historia —desde rastrear a los tipos más excéntricos que pululan por Nueva York hasta intimar con un temible clan de la mafia italoamericana, desde frecuentar comunas nudistas hasta investigar la vida de estrellas del deporte y del espectáculo después de que se apaguen los focos— habla en primera persona. El retrato de sus familiares, sus restaurantes predilectos en Manhattan, el escandaloso caso Bobbitt o los entresijos de sus libros más recordados se dan cita en estas páginas deslumbrantes.

«Excelente y delicioso de leer… Es como si detrás de los elegantes e impecables trajes a medida de Talese hubiese un corazón voraz de esponja, que absorbe el mundo y lo va exprimiendo luego a cuentagotas, a través de los años.»
The Washington Post

«Un clásico moderno.»
Carles Geli, Babelia

*** Primeras páginas de Vida de un escritor

 

«Brillante ejemplo de una época de la historia del periodismo en la que publicar en determinadas revistas era una forma de arte y Talese su Miguel Ángel. Merece ser leído una y otra vez.»
Publisher´s Weekly

«El material humano que acopia Talese no tiene desperdicio porque se solapa, en efecto, con la vida misma, el mejor nutriente de la ficción literaria, de tal manera que sus reportajes parecen como retazos sacados de una novela. La gran novela del mundo contemporáneo.»
Francisco Calvo Serraller, El País

«…Una prosa que te alcanza como un dardo de cerbatana. Apresa imágenes con la frialdad del que levanta un cadáver… Sabe que la mejor escritura siempre encuentra su familia numerosa.»
Antonio Lucas, El Mundo

«A la vez que se aprende leyéndolo, uno siente que para hacer artículos así, además de oficio, hay una intuición innata, un olfato para oler las historias o una visión de rayos X para captar los pequeños detalles que harán grande un artículo, sólo al alcance de los grandes maestros.»
Antonio Iturbe, Qué Leer

«Un autor imprescindible… Un escritor clave de nuestro tiempo.»
Santiago Segurola, El Mundo

Editorial Alfaguara

Traducción: Patricia Torres Londoño
Colección: Literaturas
Páginas: 608
Publicación: 13/06/2012
Género: Memorias
Formato: 15×24
Encuadernación: Rústica
Precio aprox: 21,50 €
ISBN: 9788420402727
EAN:9788420402727

**Disponible en Ebook

Precio: 9,99 €
E-ISBN: 9788420402536

 

Gay Talese nació en Ocean City, Nueva Jersey, y vive en Nueva York. Es autor de once títulos entre los que destacan The Bridge, El reino y el poder, Honrarás a tu padre, La mujer de tu prójimo, Retratos y encuentros (Alfaguara, 2010), Vida de un escritor, y su último libro, The Silent Season of a Hero, ambos de próxima publicación en Alfaguara. Fue periodista en The New York Times entre 1956 y 1965 y, desde entonces, ha escrito para The Times, Esquire, The New Yorker, Harper’s Magazine y otras publicaciones estadounidenses. Junto con Tom Wolfe, es considerado el pionero del Nuevo Periodismo.

Leiaa

¿En qué creen los que no creen? / Umberto Eco y Carlo María Martini

Umberto Eco es uno de mis pensadores favoritos. Cada vez que lo leo me maravillo de lo listo que es este hombre. Desde aquellos iluminadores ensayos de los años sesenta, “Apocalípticos e integrados” y “Obra abierta”, ha escrito multitud de artículos y libros de pensamiento, muchos de ellos altamente recomendables para la salud mental. También escribió una primera novela muy chula, “El nombre de la rosa“, para luego desvariar con algunas infumables, “El péndulo de Foucault“, “La isla del día de antes“, “Baudolino“… hasta llegar a su última novela, “El cementerio de Praga“, que es divertida porque no es una novela (debe de ser el típico caso de escritor de una única novela; ojalá no).

Bien, pues el tal Umberto dedicó unas horas de su bien aprovechado tiempo a cartearse con un cardenal supuestamente muy culto, vía una revista. Esto es lo que recoge este tomito de 89 páginas. Además, al final, otros intelectuales italianos dan su opinión.

El resultado es bastante decepcionante en el plano intelectual, porque ambos figuras tienen tantas cosas que decir que dicen muy pocas. Se respetan, se entienden, se admiran mutuamente… ¡Pues muy mal, yo quería sangre! La única sangrecilla la ponen los comentaristas finales.

Las tres citas siguientes corresponden precisamente a estos mismos. Responden principalmente al argumento básico del cardenal, a saber, que la moral necesita de un referente externo y eterno (a saber, Dios y sus inmutables leyes) para tener validez.

… Jesús impidió que la adúltera fuera lapidada y sobre ello edificó una moral basada en el amor, pero la Iglesia por él fundada, pese a no renegar de aquella moral, extrajo de ella interpretaciones que condujeron a auténticas matanzas y a una cadena de delitos contra el amor.

Dejemos a un lado metafísicas y trascendencias si queremos reconstruir juntos una moral perdida; reconozcamos juntos el valor moral del bien común y de la caridad en el sentido más alto del término; practiquémoslo hasta el final, no para merecer premios o escapar a castigos, sino, sencillamente, para seguir el instinto de nuestra común raíz humana y del común código genético que está inscrito en cada uno de nosotros.

Y tampoco un valor moral resulta más elevado y digno de veneración cuanto más íntegro e inmutable se conserve. Al contrario, ha sido gracias al emerger del humanismo liberal a partir del cristianismo, primero, y más adelante a la influencia de la mencionada ética de la tolerancia y del compromiso, de la parcial y siempre fatigosa negociabilidad de los valores, en definitiva, de la ética liberal (o mejor dicho, de una característica de la misma que en realidad comparte con algunas éticas religiosas, como por ejemplo el budismo), ha sido todo ello lo que ha llevado progresivamente al cristianismo a renunciar al proyecto de evangelización forzada de toda la humanidad, que sin embargo había perseguido durante muchos siglos.

Que se sepa.

Alberto Arzua

La civilización del espectáculo / Mario Vargas Llosa

El nuevo libro de Mario Vargas Llosa tras la concesión del Premio Nobel de Literatura

«La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer»

Mario Vargas Llosa

La banalización de las artes y la literatura, el triunfo del periodismo amarillista y la frivolidad de la política son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos. En el pasado, la cultura fue una especie de conciencia que impedía dar la espalda a la realidad. Ahora, actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento. La figura del intelectual, que estructuró todo el siglo XX, hoy ha desaparecido del debate público. Aunque algunos firmen manifiestos o participen en polémicas, lo cierto es que su repercusión en la sociedad es mínima. Conscientes de la esta situación, muchos han optado por el discreto silencio. Como buen espíritu incómodo, Vargas Llosa nos entrega una durísima radiografía de nuestro tiempo y nuestra cultura.

«Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura contemporánea, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad y la abigarrada materia que la ha sustituido, una impostura que parece haberse realizado con facilidad, en la aquiescencia general.»

Mario Vargas Llosa

 

***Primeras páginas de La civilización del espectáculo

 

Alfaguara
Colección: Hispánica
Páginas: 232
Publicación: 11/04/2012
Género: Ensayo
Formato: 15×24
Encuadernación: Rústica
Precio: 17,50 €
ISBN: 9788420411484
EAN: 9788420411484

 

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, nació en Arequipa,

Perú, en 1936. Aunque había estrenado un drama en Piura y publicado un libro de relatos, Los jefes, que obtuvo el Premio Leopoldo Alas, su carrera literaria cobró notoriedad con la publicación de La ciudad y los perros, Premio Biblioteca Breve (1962) y Premio de la Crítica (1963). En 1965 apareció su segunda novela, La casa verde, que obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio Internacional Rómulo Gallegos. Posteriormente ha publicado piezas teatrales (La señorita de TacnaKathie y el hipopótamo,La ChungaEl 

loco de los balconesOjos bonitos, cuadros feos y Las mil noches y una noche), estudios y ensayos (como La orgía perpetuaLa verdad de las mentirasLa tentación de lo imposible y El viaje a la ficción), memorias (El pez en el agua), relatos (Los cachorros) y, sobre todo, novelas: Conversación en La CatedralPantaleón y las visitadorasLa tía Julia y el escribidorLa guerra del fin del mundoHistoria de Mayta¿Quién mató a Palomino Molero?El habladorElogio de la madrastraLituma en los AndesLos cuadernos de don RigobertoLa Fiesta del ChivoEl Paraíso en la otra 
Ha obtenido los más importantes galardones literarios, desde los ya mencionados hasta el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias, el PEN/Nabokov y el Grinzane Cavour.esquinaTravesuras de la niña mala y El sueño del celta.

 

Página oficial

www.premio-nobel-literatura.com

 

Leiaa

 

Sauce Ciego, Mujer Dormida – Haruki Murakami

Sauce Ciego, Mujer Dormida es el título del libro de relatos de Haruki Murakami. Nada más y nada menos de veinticuatro relatos jugosos que se manchan 386 páginas. Una larga degustación, sin duda. Para resumir mucho la valoración de los mismos, diría que hay un puñado que no están mal (se leen con bastante satisfacción), otro buen puñado que realmente están bien, de los que no te saltas ni una línea, y luego hay unos seis o siete que son extraordinarios.

Uno de los hechos diferenciales de este escritor japonés es que sorprende al lector. ¿Por qué? Usando elementos fantásticos, oníricos o incluso surrealistas en historias de corte cotidiano. Como si debajo de una taza de café pudiéramos encontrar una gruta que lleva a una refugio que abre las puertas a otro mundo y otras dimensiones. Esto es de agradecer, pues muchas veces sin estas vueltas de tuerca extrañas sus relatos serían breves historias muy bien narradas sobre situaciones y sentimientos conocidos.
El otro elemento diferencial es que Murakami es japonés, está claro, y no es algo que deba tomarse a la ligera. Sus códigos son otros, por eso también resulta estimulante.

Con Murakami, ya van dos veces que desprecio al autor de moda y la cago. La otra fue en mis tiempos de universidad con Milan Kundera, un gran escritor. En fin, uno no debe fiarse jamás de su propia intuición.
Hay algo que me ha hecho gracia en estos veinticuatro relatos y es que, con frecuencia, sus personajes tienen rasgos o elementos comunes, y a voz de pronto, son estos:

-Son japoneses todos.
-La mayoría de clase social media-alta. Hay pocos pobres, y normalmente por poco tiempo. Se ganan todos bastante bien la vida y esto Murakami lo destaca.
-Tiene mundos interiores ricos pero grandes dificultades para comunicarse con los otros. Una pléyade de raritos, vaya. Quizás el autor sea así, también.
-A muchos les gusta el jazz (en la realidad a casi nadie le gusta realmente el jazz) y toman mucho whisky.
-Mis problemas con las mujeres: algo que me ha llamado mucho la atención. Da la sensación de que realmente no acaban de ser las protagonistas. No lo sé definir bien, es algo vago. Se me antojan, en su mayoría, como seres extraterranales, por una razón u otra.
-La Universidad donde estudiaron tiene importancia.
-Los amigos, reducidos en número. Tengo uno, dos…
-Todos realizan comidas ligeras. Nada de asados, nada de platos fuertes. Comer ligero es algo preciado.
-Todos están, en el fondo, solos. Aislados. La familia, casi siempre, es un coñazo, un obstáculo a salvar.
- Muchos de sus protagonistas viven con un hecho traumático, generalmente vivido en la infancia o primera adolescencia.

Y ahora, releyendo estos “comunes”, quizás se podría afirmar que Murakami no es más verde que el perro verde, que al fin y al cabo, relata con acierto y a veces con maestría algo eterno, la condición humana.

Sauce ciego, mujer dormida. Absolutamente recomendable.

Igor Kutuzov

La Carretera – Cormac McCarthy

La sombría novela The Road, de Cormac McCarthy. Es uno de los fenómenos editoriales de los últimos años y uno de los libros más vendidos, a pesar que tras leerlo uno llega a la conclusión de que es imposible saber qué gusta y por qué. En la literatura fantastica de McCarthy la esperanza tiene la silueta de un árbol calcinado y los diálogos son de papel de lija.

Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior.
Primera hostia en la frente. No hay excusas, Cormac avisa «y cada uno de los días más gris que el día anterior». Se trata de una prosa absolutamente depurada. Eso es lo primero que sorprende. Nada de adjetivos sobrantes, todo es descarnado como un coche de aquellos fabricados en la antigua RDA. El estilo es casi no hay estilo.

Por la mañana se pusieron de nuevo en marcha. Hacía mucho frío.
McCarthy podría haber dicho, «Por la mañana se pusieron en marcha, tiritando, pues el frío era intenso. Sus corazones temblaban y el mundo parecía haber queda inmóvil y bla bla bla», pero no. El amigo Cormac dice: «Hacía mucho frío», y no se hable más. No hay concesiones, el lector sufre con ese par de protagonistas, padre e hijo dejados de la mano de dios, y creo que nunca mejor dicho.

Sostengo que leer The Road es un ejercicio de masoquismo. Nos gusta sufrir. Recuerdo que tuve que parar de leer, separarme del libro, de la historia. «Hasta finge que es dolor el dolor que en verdad siente», que diría el poeta Pessoa. Y al retomarlo, diciéndome aquello de que “esto es ficción”, empecé a disfrutarlo.

Porque la novela es de las mejores que, en literatura fantástica y otros géneros, he leído en mucho tiempo, con elementos de terror sobriamente dosificados, que causan doble impacto por esta misma razón. Un auténtico descubrimiento.

Desde el espigón miraron hacia el sur. Una saliva gris de sal enroscándose perezosamente en la cubeta rocosa. Más allá la larga curva de la playa. Gris como arena volcánica. El viento que venía del agua olía ligeramente a yodo. Nada más. Ni asomo de olor a mar. En las rocas vestigios de un oscuro musgo marino. Cruzaron y siguieron adelante.
Sí, hasta a veces nos regala cosas Cormac. Nos regala una terrible exactitud en todo lo que describe. En su primera novela había esta precisión pero había barroquismos innecesarios que el tiempo ha borrado de sus portentosas páginas.

¿Qué vas a hacer, papá?
Echar un vistazo.
¿Puedo ir contigo?
No. Quiero que te quedes aquí.
Yo quiero ir contigo.

¡Oh! Tomado así parece el diálogo matutino en una estación de metro, y, en cambio, funciona. Casi sin signos, sin guiones, sin nada. ¿Para qué? El artilugio rueda solo. Describir una y otra vez un paisaje (el tercer protagonista) desolado, uniforme y no causar una interrupción súbita en la lectura, está al alcance de muy pocos. Y es que uno de los logros de la novela es que se gana la credibilidad del lector desde las primeras páginas.
Último. Queda claro que apoyo la lectura de esta obra, que la recomiendo vivamente. El mensaje. ¿Hay mensaje?

Los días se sucedían penosamente sin cuenta ni calendario. A lo lejos en la interestatal largas hileras de coches carbonizados y herrumbrosos.
Lo único que se me ocurre es que el autor estadounidense nos recuerda que los seres humanos somos una anomalía, un virus para el planeta que tarde o temprano dejaremos esquilmado. ¿Sí? Y en caso afirmativo, quién es el primero que empieza… Hasta el que parece ser el último de los padres de la tierra ama y protege a su hijo a toda costa.
Pero es un debate abierto, otra de las gracias del libro es que acepta todo tipo de interpretaciones.

Igor Kutuzov

37 Relatos para leer cuando estés muerto – Igor Kutuzov

¿Por qué leer esta antología? Por ser historias cortas y divertidas, dramáticas, fantásticas y algunas envueltas en celofanes de niebla. Son cuentos y relatos muy distintos.
¿Qué vi aparecer en sus 134 páginas? Mujeres, astronautas, dragones, hombres desorientados, cazadores de otros tiempos y mil cosas más. ¿Géneros y temas? El amor, la fantasía, la vida, el humor, el terror y la ciencia-ficción. Muchas son, también, narraciones contemporáneas, sobre la pura y dura actualidad. Y todo por 0,86 euros.

Además de los 37 relatos se incluyen los cuentos de Antigua Vamurta, que enriquecen este mundo extraño y fascinante. Están a la venta en Amazon, para más detalles, en los enlaces:

Igor Kutuzov