No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales

Vida / Keith Richards

20 Septiembre 2012

Atención, un minuto de silencio. Pero por respeto, eh, no me sean morbosos. Porque resulta que este menda, Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones es uno de mis ídolos artísticos. No solamente lo considero uno de los mejores guitarristas de acompañamiento de todos los tiempos, sino que dejó grabado el punteo más exquisito que recuerdo, de solo tres o cuatro notas muy clásicas y muy repetidas, por cierto, en la versión de estudio de la canción Simpathy for the Devil, dentro del LP Beggar’s Banquet del maravilloso año 1968. Me quito el sombrero y todo lo que haga falta, y sigo con el libro.

Cuando lees una autobiografía siempre esperas con cierta resignación que te decepcione de una forma u otra. Y es normal. Porque escribir sinceramente todo acerca de uno mismo es imposible o muy aburrido, o muy doloroso, o muy crudo… excesivo, en suma. Sin embargo en este caso el protagonista mismo es tan excesivo, valga la, que la biografía promete emociones fuertes antes de leerla.

Y el tipo es sincero, sí señores, y escribe correctamente, que sí, y tiene su cultureta y su visión de la vida, y explica todos (?) sus excesivos movimientos vitales, y habla de sus amores, de sus amigos, de sus drogas, de sus canciones… sobre todo de sus canciones, algo muy de agradecer: los músicos (roqueros) disfrutarán mucho con este libro.

Habla de todo sin cortarse un pelo. Pero claro, desde su exclusivo y excesivo punto de vista, por supuesto, faltaría más, lo que hace que todas sus actitudes y comportamientos estén más que justificados. Resumiendo, que casi siempre la culpa la tiene el otro. ¿Y qué va a decir uno? Pues eso.

Uno de los que más culpa tienen es el tal Mick Jagger, su hermano del alma. Le da algún que otro palo, y esto es de lo más interesante del libro, porque las críticas están siempre justificadas y leyéndolas comprendes mucho mejor la trayectoria vital de este mítico grupo de músicos. El típico problema de egos que acaba deshaciendo proyectos en este caso se nos ofrece a la vista completamente desnudo, palabra tras palabra y entre líneas. Lo más sorprendente de todo es que The Rolling Stones siguen tocando después de esto. Lean el artículo Keith Richards pide perdón a Mick Jagger para comprobarlo. Y no piensen que siguen por la pasta. No, afortunadamente no es tan sencillo. Siguen por amistad y por amor a la música. He dicho.

Lo más bonito de esta autobiografía es que es un canto a la amistad. Por todas las esquinas. Y en esto Keith tiene mucho que decir. Y en muchas otras cosas, que el tipo no es tonto, ya digo. Para demostrarlo, acabemos con una cita:

El cielo y el infierno son el mismo lugar, pero el cielo es cuando tienes todo lo que quieres y estás con papá y mamá y tus mejores amigos, y te abrazan y te besan y tocas el arpa. El infierno es el mismo lugar, sin fuego ni azufre, pero todo el mundo pasa de ti y no te ven. No hay nada, nadie te reconoce. Te agitas, “soy yo, tu padre”, pero eres invisible. Estás en una nube. Tienes tu arpa pero no puedes tocar con nadie porque nadie te ve. Eso es el infierno.

Por supuesto, no vaya a leer este libro personas de moralidad estricta. Lo pasarían mal.

Alberto Arzua

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