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Hacedor de estrellas / Olaf Stapledon

Una novela prodigiosa que ha merecido un lugar privilegiado entre los clásicos de la ciencia ficción.

Una noche de amargura y desengaño, un hombre contempla el firmamento desde lo alto de una colina. De pronto se ve inmerso en una suerte de viaje astral que lo traslada por toda la galaxia, de la que explorará el nacimiento y el ocaso, con la meta última de comprender la naturaleza de la fuerza primigenia, el enigmático «hacedor de estrellas». Stapledon abre un gran angular cuyo protagonista es la inmensidad del tiempo y del espacio, invitándonos a una auténtica aventura existencial. Entre la cosmogoní­a y la fábula cientí­fica, ésta es, en palabras de Borges, una «novela prodigiosa» que ha merecido un lugar privilegiado entre los clásicos de la ciencia ficción.

Editorial Minotauro 

Páginas: 288 páginas
Colección: Kronos
ISBN: 978-84-450-7705-4
Precio: 17,50 €
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Fecha de publicación: 04 de Septiembre de 2008


Olaf Stapledon (1886-1950) nació cerca de Liverpool. Novelista y filósofo, ejerció como maestro de escuela, empleado de una compañí­a naviera y profesor de filosofí­a, literatura, psicologí­a e historia de la industria en la Universidad de Liverpool. Escritor imaginativo, profundo y comprometido, además de obras filosóficas, publicó varias novelas: La primera y la última humanidad (1930), Los últimos hombres en Londres (1932), Juan Raro (1935), Hacedor de estrellas (1937), Oscuridad y luz (1942), Sirio (1944), Las llamas (1947) y Un hombre dividido (1950). La crí­tica lo suele considerar como el eslabón entre H. G. Wells y Arthur C. Clarke, pionero de la ficción especulativa e indiscutible maestro del género.
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Notas entre capí­tulos de la saga DUNE, de Frank Herbert

Limí­tate a la observación, y siempre dejarás de lado el objetivo de tu propia vida. Ese objetivo puede ser enunciado de esta forma: vive la mejor vida que te sea posible. La vida es un juego cuyas reglas aprendes si saltas a ella y la juegas a fondo. De otro modo, serás atrapada en equilibrio precario, viéndote sorprendida constantemente por los cambios del juego. Los no jugadores gimen y se quejan a menudo de que la suerte siempre pasa de largo por su lado. Se niegan a ver que pueden crear algo de su propia suerte…
La educación no es un sustitutivo para la inteligencia. Esa elusiva cualidad es definida tan sólo en parte por la habilidad en resolver rompecabezas. Es en la creación de nuevos rompecabezas que reflejen lo que tus sentidos informan cuando completas la definición…
La redacción de la historia es principalmente un proceso de diversión. La mayor parte de los relatos históricos distraen la atención de las secretas influencias que se hallan detrás de los grandes acontecimientos.

Oz