No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales

La Regenta / Leopoldo Alas “Clarín”

13 Septiembre 2013

¿Si Azorín afirmó, categórico: “Clarín es, sencillamente, el primer literato español de su siglo”, qué más podría decirle al joven visitante de librosmorrocotudos.com, ávido de buenas lecturas, para animarlo a leer La Regenta?
En mi caso -joven del siglo XX- debo decir que mi tío Antonio -a quien sus hermanos apodaban El Camborio- un 13 de junio, día de nuestro santo, tuvo la delicadeza de obsequiarme un ejemplar de La Regenta, publicado por la editorial mexicana Porrúa, dentro de su colección “Sepan cuántos”. Lo primero que hice fue abrir el libro, empastado en tela, para oler el aroma a tinta fresca que despedían sus luminosas páginas. Mí tío, Senador de la República, orador de voz grave, que practicaba la sutileza como el propio Clarín me dijo: “si te gustó el Quijote de la Mancha, te va a encantar La Regenta, a fe mía, ambas obras poseen casi la misma calidad literaria”. Finalmente, coincidí con mi tío: la obra me pareció estupenda.
Ana -la regenta- se debate entre la gloriosa beatitud de una dama de buenas costumbres y la sabrosa licencia sexual. Sin duda es una víctima de su propia belleza, ya que por ser bonita y diferente a todas, la sociedad de Vetusta, que no es otra ciudad que la misma Oviedo, la envidia y le causa severos problemas. Además Ana se encuentra en el centro de un doble triangulo amoroso, integrado por ella, su marido el regente Víctor Quintanar, quien por su edad más juega el papel de padre de la hermosa joven, don Fermín de Pas y el joven político Álvaro de Mesía. Es claro que se repite el drama de Emma Bovary, pues Clarín transita del realismo flaubertiano al naturalismo de Zola, y lo hace con notas sobresalientes.
Así, entonces, esta hija de un militar librepensador y una bailarina italiana, tal vez se convierta en el primer amor de aquel adolescente que se atreva a seguirla a través de las páginas que constituyen una de las más grandes novelas escritas en nuestra lengua. Algo así como le pasó a Mario Vargas LLosa -nuestro flamante Nóbel- cuando descubrió a Madame Bovary, quien le inspiró un notabilísimo ensayo sobre la bella y trágica Emma.

Léelo, que es gratis. Pincha y bájatelo.


Después, corriendo el tiempo, interesado por la vida y obra de nuestro ilustre Leopoldo Alas “Clarín”, me enteré que murió, víctima de tuberculosis -como D. H. Lawrence- a las siete de la mañana del 13 de junio de 1901, en Oviedo, España (había nacido el 25 de abril de 1852 en Zamora, España), precisamente el día de San Antonio de Padúa, fecha que compartíamos mi tío Antonio y yo, pero ya no pude comentarle nada, ya que el también había rendido cuentas al Creador. Era entrañable mi tío, de quien heredé la costumbre de recomendar libros a mis amigos.
Matías Antonio Ocampo Echalaz

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