Almas grises – Philippe Claudel

Acabo de terminar de leer “Almas grises” de Philippe Claudel. ¿Novela de amor, novela negra? ¿Ambas cosas a la vez? ¿Y otras muchas cosas más?
A través de la descripción de abundantes personajes, Claudel logra componer una visión crítica de la sociedad a partir de la investigación del asesinato de una niña. Es una sociedad civil que vive paralela a la Gran Guerra que se desarrolla detrás del monte que se ve en el horizonte. Estamos en 1917 y de la guerra llegan lor ruídos, los heridos, los muertos y los fugitivos.
En esa sociedad se mueven el policía investigador que cuenta la historia, el juez, el coronel, el cura, el fiscal, la Fábrica, su director, el cantinero, la mujer que vive al margen, los vecinos… Y allí un crimen va a servir para analizar las relaciones de poder que están firmemente establecidas, relaciones, por otra parte, universales, es decir que sirven para ese entonces y ese lugar como servirían para este aquí y este ahora. ¿Se le puede pedir más a una novela negra?
Pero hay más. Todo esto está enmarcado en una historia de amor, una historia más acá y más allá de la muerte, una historia que quiere ser, de alguna manera, ejemplo de vida para almas que no son ni blancas ni negras, sino grises, “rematadamente grises”.
“Extraña” novela por su composición. A veces parece perder interés (ha habido algún momento en que he estado a punto de dejarla, no por aburrimiento, sino por no saber a dónde íbamos) porque se aleja excesivamente de los hechos, pero pronto vuelve a ellos. Para entender el presente hay que escarbar el pasado y el ahora es mucho más complejo de lo que parece. Al final, el puzle ya encajado, sabemos que nada está claro, o muy poco.
Es una novela compleja, que se lee fácil si se tiene un poquito de paciencia. Es una novela corta, que se hace agradable, aunque al final es realmente “dura”, como la vida misma. Os la recomiendo.

“A principios de siglo, un fiscal era aún un gran señor. Y, en tiempos de guerra, cuando una sola ráfaga de metralleta acababa con una compañía entera de valientes dispuestos a todo, solicitar la muerte de un hombre solo y esposado tenía algo de artesanal.”
“El dueño de la Fábrica no tiene nombre ni rostro; es un “grupo” o, como suele decirse, “una sociedad”, como puntualizan los que quieren dárselas de informados. Donde antaño crecía el trigo se alzan ahora hileras de viviendas.
Calles enteras construidas unas a imagen de las otras. Casas alquiladas por muy poco, o por mucho –el silencio, la obediencia, la paz social- a obreros que no esperaban tanto…”
“No he hablado de la madre de Destinat. Ella era otra cosa. De buena familia, también del campo, pero no del que se trabaja, sino del que se posee de toda la vida.”
“La muerte súbita se lleva las cosas hermosas, pero las conserva tal como eran.”
“Todo esto puede parecer un enorme barullo, un revoltijo sin pies ni cabeza, pero en el fondo es la imagen de mi vida, que no ha sido más que una sucesión de fragmentos, imposibles de recomponer.”
“…se colocó bien el sombrero y me dio la espalda sin despedirse. Se fue. Se fue con sus pesares y me dejó a mí con los míos. Yo sabía, y sin duda él también, que se puede vivir en el pesar como en un país.”
“La guerra destroza, mutila, mancha, envilece, despanzurra, desmiembra, aplasta, despedaza y mata”
“Hablaba de todo… Era un molino de palabras que no cesaba de remover los momentos de su vida, pegándolos unos a otros de cualquier modo, hasta componer una interminable y absurda historia, hecha, en el fondo, a imagen de la vida.”
“Si hay algo más fuerte que el odio yo diría que son las reglas de ciertos mundos. [Ellos] pertenecían al mismo, el de la buena cuna, los buenos colegios, los besamanos, los automóviles, los artesonados y el dinero.
Más allá de los hechos y las antipatías, por encima de las leyes que los hombres puedan discurrir, existe esa connivencia y esa reciprocidad de intereses.”
“…nuestras almas [no son,] ciertamente, ni blancas ni negras, sino grises, rematadamente grises.”

Andrés López

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