Los cuentos de Julio Ramón Ribeyro

Cuentos

La molicie 2
La solución 5
Mar afuera 12
Sólo para fumadores 17
Interior L 33
La insignia 39
El banquete 42
Los gallinazos sin plumas 45
El profesor suplente 52
Espumante en el sótano 55
Los merengues 62

Sólo para fumadores

Sin haber sido un fumador precoz a partir de cierto momento mi historia se confunde con la historia de mis cigarrillos De mi período de aprendizaje no guardo un recuerdo muy claro salvo del primer cigarrillo que fumé a los catorce o quince años Era un pitillo rubio marca Derby que me invitó un condiscípulo a la salida del colegio Lo encendí muy asustado a la sombra de una morera y después de echar unas cuantas pitadas me sentí tan mal que estuve vomitando toda la tarde y me juré no repetir la experiencia.
Juramento inútil como otros tantos que lo siguieron pues (…)

No me quedó más remedio que inventar mi propia teoría Teoría filosófica y absurda que menciono aquí por simple curiosidad Me dije que según Empédocles los cuatro elementos primordiales de la naturaleza eran el aire el agua la tierra y el fuego Todos ellos están vinculados al origen de la y a la supervivencia de nuestra especie Con el aire estamos permanentemente en contacto pues lo respiramos lo expelemos lo acondicionamos Con el agua también pues la bebemos nos lavamos con ella la gozamos en ejercicios natatorios o submarinos Con la tierra igualmente pues caminamos sobre ella la cultivamos la modelamos con nuestras manos Pero con el fuego no podemos tener relación directa El, fuego es el único de los cuatro elementos empedoclianos que nos arredra pues su cercanía o su contacto nos hace daño La sola manera de vincularnos con él es gracias a un mediador Y este mediador es el cigarrillo El cigarrillo nos permite comunicarnos con el fuego sin er consumidos por .él El fuego está en un extremo del cigarrillo y nosotros en el opuesto Y la, prueba de que este contacto es estrecho reside en que el cigarrillo arde pero es nuestra boca la que expele el humo Gracias a este invento completamos nuestra necesidad ancestral de religarnos con los cuatro elementos originales de la vida (…).

¿Queréis más actualidad? Ahora que les privan hasta del lugar donde serlo, no está mal que alguien escriba sólo para ellos. Confieso que he hecho caso omiso de la orden. Nada más interesante que leer lo prohibido.
Desconocido para mí hasta hace muy poco, sus cuentos se leen en un suspiro, pero su mucha retranca permanece en un rumrum durante largo tiempo.

Julio Ramón Ribeyro es uno de los cuentistas más admirados hoy de la literatura en lengua española. Los relatos aquí reunidos constituyen algo así como la esencia misma de su extensa obra como cuentista, hoy ya convertida en obra clásica de la literatura contemporánea. Ribeyro acostumbra a colocar a sus personajes en situación, primero, de inaprensible desconcierto y, luego, de inevitable asombro. Lo fantástico se desliza casi desapercibido por detrás de escenarios y circunstancias que suelen pertenecer a la vida cotidiana, a una existencia en principio sin sorpresas pero que, en realidad, parece asentarse sobre inesperadas tierras movedizas que la condenan a un permanente, aunque latente, estado de inquietud. Nada es lo que aparenta ser, y lo que es puede dejar de serlo en cualquier instante, por cualquier capricho del azar o del escritor, quien incita así al lector a jugar con las piruetas de su propia imaginación.
Andrés López

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