No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales

La caí­da del imperio romano

12 Febrero 2009

 Un libro de historia bien escrito me interesa aunque a priori no me atraiga especialmente el tema (¿y por qué no me iba a atraer especialmente el tema?)

  Este libro es una gozada y, en vez de explicar los porqués, paso a desgranar algunas citas:

Los reclutas se entrenaban juntos, combatían juntos y jugaban juntos en grupos de ocho, formando así un contubernium (literalmente, un grupo que comparte una tienda).

Un ejercicio escolar característico consistía en tener que expresar algún suceso cotidiano con el estilo de alguno de los autores escogidos (“Una carrera de carros tal como la contaría Virgilio: podéis empezar”).

 Encabezamiento de una carta cualquiera de Símaco a su padre: “Para que no se me achaque el delito de interrumpir la correspondencia, prefiero ser diligente en mi deber antes que permanecer inactivo esperando largo tiempo una respuesta”.

La sociedad de la antigua Roma sostenía que nadie debía tratar de controlar a otros mientras no fuera capaz de controlarse a sí mismo. Las personas cultas tenían también un deber de servicio a la tradición literaria en la que habían sido educados.

 Una vez establecida, una relación podía contribuir a objetivos muy distintos, pero lo más importante era la relación misma.

Se sostenía que, en el acto de debatir las cuestiones locales frente a unos iguales con capacidad de discernir, se desarrollaban las facultades racionales hasta alcanzar un nivel que de otro modo habría sido imposible de conseguir. Nota: para Aristóteles, en eso consistía la única vida buena, y alguien que viviera aislado en sus tierras estaba abocado a volverse menos racional. Nuestra palabra “idiota”, viene del griego “idiotes”, voz que designa a alguien que rehúye participar en este tipo de comunidad local.

Cita del poeta Ausonio describiendo el valle del Mosela: “Y es que la ribera del río está sembrada de verde vino en sus altos montes hasta los confines de la inclinada pendiente. El pueblo y los colonos presurosos aceleran lo agradable de los trabajos, ahora en lo alto de las cumbres, ahora en la ladera inclinada, compitiendo con el necio griterío. Por aquí el viajero que recorre los caminos de las orillas, por allí el navegante que se desliza, lanzan pullas cantando a los campesinos retrasados…”

 Ejemplo de obsequios protocolarios: el “lungurion” (almizcle de lince coagulado), un ingrediente de los perfumes caros. Nota: entre los que se cuenta el Chanel nº 5, según informaciones fiables.

Justo antes de abandonar la civilización para volver a cruzar el desierto, el grupo compró 160 litros de vino para el viaje de regreso. Esta cantidad costó menos que los dos litros de vino que Teófanes bebió en la comida ese mismo día, de una cosecha mucho menos corriente.

El gobierno romano carecía de la capacidad burocrática para tramitar proyectos sociales de amplio alcance, como el de un servicio sanitario.

Para comprender plenamente el funcionamiento del gobierno, es preciso no separar la valoración de la imposibilidad logística en que se veía el centro para intervenir en la vida cotidiana de la periferia, del absoluto poder legal y el indiscutido dominio ideológico que poseía el núcleo imperial.

Nota: El caso de Irni en Hispania resulta muy interesante. Hasta la fecha, los arqueólogos no han logrado determinar el lugar de su emplazamiento… A pesar de su hermosa Constitución, uno empieza a preguntarse si alguna vez fue algo más que una ciudad de carácter meramente nominal o legal.

 Cualquiera que utilizase la mitad superior de una hoja de papiro, podía escribir al emperador acerca de alguna cuestión que quisiese ver zanjada. Después el emperador respondía en la mitad inferior.

El transporte tenía unos costes enormes. El edicto de precios de Diocleciano indica que el precio de un carro de trigo se doblaba por cada ochenta kilómetros recorridos.

 Este agradabilísimo y revelador libro de historia tiene 600 páginas. Todas las citas anteriores corresponden a las 150 primeras. Lo bueno si breve… Perdón, este aforismo no pega muy bien aquí.

 

Este agradabilísimo y revelador libro de historia tiene 600 páginas. Todas las citas anteriores corresponden a las 150 primeras. Lo bueno si breve… Perdón, este aforismo no pega muy bien aquí.

 

Título: La caída del Imperio Romano>

Autor: Peter Heather

ISBN: 978-84-8432-710-3 

Editorial: Editorial Crítica

Precio: 29,50 euros

 

Páginas: 710

 

 

 

Alberto Arzua

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Un comentario

  • elbotones 13 Febrero 2009en12:11 am

    A mí­ ese aforismo siempre me ha parecido tonto. Lo bueno, si breve… te jodes.

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