No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales
Brothers / Yua Hua
Costumbrista / 7 Abril 2009

Este es un libro estupendo, de esos que puedes recomendar a todo el mundo porque a todo el mundo le va a gustar… siempre que no les importe leer una burrada tras otra, a cada cual más gorda, refocilándose en la suerte, pero con un estilo claro y limpio, casi infantil. Es fácil de leer, muy ágil, divertido, sorprendente, gustoso y sin excesivas pretensiones. Además es gordo (880 págs.), blando y con letra grande. Estupendo, ya digo.           El autor es un chino de la China nacido en 1960 que nos cuenta la realidad de su país en los años que van desde la Revolución Cultural hasta los Juegos Olímpicos, vista a través de los ojos y de los sentidos de dos niños de ocho años a quienes vemos crecer a base de garrotazos y picaresca. Si te suenan a chino conceptos tales como la Revolución Cultural, el libro rojo y el maoísmo, en este libro encontrarás una buena introducción. Poca gente sabe que la famosa Revolución Cultural, tan admirada en su tiempo en occidente, consistía, entre otras horribles desgracias, en que, en vez de ir a clase, los alumnos pegaran a sus profesores todos los días, muchas veces…

Shögun, de James Clavell
Aventura , Histórico , Léeme , Novela / 29 Agosto 2005

Llegué a este maldito paí­s de los dioses, o del sol naciente, ya hace años, y aunque convivo (a la fuerza) con los japoneses, y he conseguido hablar su idioma, sigo sin entenderlos y me parece empresa inalcanzable para un occidental como yo. En el camino nos dejamos a casi toda la tripulación del Erasmus, mi buque, un bergantí­n holandés, del que soy piloto y capitán accidental, ya que el capitán también pereció a poco de llegar aquí­. Separado de los pocos marineros que quedaban vivos, me cupo en suerte, o en desgracia, incorporarme a la vida japonesa, pasando a formar parte del séquito de uno de los más importantes daimí­os, o señores feudales, del Japón. Me entretienen enseñando a las tropas a manejar los mosquetes, pero la verdadera razón de que conserve el pellejo es que soy usado como un peón más en este ajedrez que juegan los señores feudales en sus luchas por el poder. El poder siempre va ligado al dinero, y el dinero aquí­ va ligado al comercio de la seda con China, monopolio de los jesuí­tas, españoles y portugueses y enemigos de mi reina. Cada año llenan hasta arriba un gran barco, el barco negro,…