No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales
LAS FABULAS DE LA FONTAINE / JEAN DE LA FONTAINE
Estrenos / 7 Enero 2009

La cigarra y la hormiga (fragmento) ” Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano. Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación. – Te pagaré la deuda con sus intereses; — le dijo –antes de la cosecha, te doy mi palabra. Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra: – ¿Qué hací­as tú cuando el tiempo era cálido y bello? – Cantaba noche y dí­a libremente — respondió la despreocupada cigarra. – ¿Con que cantabas? ¡Me gusta tu frescura! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mí­a. No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez. “ – Las fábulas de Jean de La Fontaine constituyen una de las cumbres del clasicismo y una obra maestra de la literatura francesa de todos los tiempos. Inspiradas en los modelos clásicos, desde Esopo a Horacio, pero también en la tradición de…

El anillo y el libro / Robert Browning
Estrenos / 5 Enero 2009

Uno de los grandes hitos de la literatura británica de todos los tiempos. A Robert Browning le importó la forma más que a ningún otro poeta inglés le importó jamás. Siempre estaba tejiendo, modelando e inventando formas nuevas. Entre todos sus poemas, de doscientos a trescientos, apenas serí­a una exageración decir que la diversidad de métricas asciende a la mitad de los poemas. Así­ como hay otros grandes poetas que se sentí­an satisfechos de usar formas viejas, mientras tuviesen la seguridad de que sus ideas eran nuevas, Browning no: en cuanto tení­a una idea nueva, trataba de construir una nueva forma para expresarla. G.K. CHESTERTON Quiero resaltar la tarea el método analí­tico de Robert Browning, cuyo largo poema narrativo El anillo y el libro (1868) nos revela a través de doce monólogos la intrincada historia de un crimen, desde el punto de vista del asesino, de su ví­ctima, de los testigos, del abogado defensor, del fiscal, del juez, del mismo Robert Browning… Su obra es enigmática. JORGE LUIS BORGES   Robert Browning resulta difí­cil para muchos lectores de la Edad de la Pantalla, pero su genio sigue siendo único y enriquecedor. Sus «monólogos dramáticos» tienen un nombre engañoso: son antí­fonas…

Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift
HUMOR / 31 Agosto 2008

Y tú que te creí­as que esto de los viajes de Gulliver era un cuentito para niños ¡pues no señor! Este es un Libro Morrocotudo, una novela de Humor con H gorda. Si hurgamos en el diccionario veremos que humor es “Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridí­culo de las cosas” y eso es, precisamente, lo que hace Swift: dar una visión de la realidad de su tiempo exagerando las posturas e imposturas de la sociedad para analizarlas y ver cuánto tienen de irracional. La obra de Swift está en plena vigencia, es más, yo dirí­a que, lejos de quedarse obsoleta, es como si la hubiera escrito pensando en estos tiempos, los personajes y situaciones que aparecen en sus viajes son fácilmente extrapolables a la más rabiosa actualidad. A este señor, en aquellas Inglaterra e Irlanda hipócritas y pacatas en las que le tocó vivir, le dieron mucho p’al pelo y le hicieron la vida imposible por escribir esta crí­tica despiadada, y eso que cuando lo publicó ni siquiera se atrevió a firmar con su nombre. Algunos dijeron de él que fue precursor de los futuros anarquistas, eso que era clérigo. No…

Han matado a un hombre, han roto un paisaje / Francisco Candel
Costumbrista , Léeme , Novela / 23 Noviembre 2007

Este libro trata de la vida de el Grúa. No, no señor, yo soy el Gafas, a mí­ siempre me han llamado así­, pero al Grúa lo conocí­ de pequeño, bueno, desde que nació, éramos vecinos, claro que entonces lo llamábamos el Gruí­ca. El Grúa ya se llamaba el padre, que tení­a a la mujer de parto cuando se largó y no se supo más de él, se ve que no querí­a cargas, mientras la mujer estaba frescachona, bien, pero a lo que se quiso ver con el crí­o, pues eso, que se largó y no se supo más. El Gruí­ca se crió en la calle, en la calle y en el campo, que entonces todo esto de ahí­ eran campos, oiga. Bueno, en la calle nos criamos todos, el Abrán, el Martos, que tení­a otra banda y nos cascábamos, el Crescencico, el hijo el Crescencio que era de la CNT, el Raulito, todos en la calle, pero él más, porque ni al colegio fue, que no habí­a dios que lo tuviera allí­ metido, y claro, como la madre andaba todo el dí­a por ahí­ fregando casas y en mandados, quién iba a cuidar al chico. Eran otros tiempos, menos…

Sentido y Sensibilidad
Pelis / 30 Octubre 2006

Deliciosa escena familiar.  Lo mejor de una novela costumbrista, aunque esta también sea romántica, son estas escenas tan decidoras del modo de vivir de una sociedad.

Odysea, de Homero
Clásica , Léeme / 28 Septiembre 2005

Cuando la vi, todo se convirtió en bruma a su alrededor. Ya sólo pude mirar esos profundos ojos como el mar profundo, esos labios carnosos y brillantes de lasciva saliva, ese mentón fino y altivo cual majestuosa reina, ese cuello esbelto digno de la hija de Afrodita, y esos pechos desnudos y lujuriosos. ¡Oh dioses, que con semejante brusquedad me ofertáis tan precioso manjar! ¿Será tanta vuestra crueldad que me neguéis su sabor? Cómo pudieran mis ojos no ser esclavos por siempre de esas copas de néctar, cómo apartarse de esos deleites si no es para mirar tan grácil talle, tan libidinosas caderas, tanta mujer, al fin, que me llama con deseo. Todo fue bruma a mi alrededor, porque estaba ella, y no podí­a apartar mi mirada de la suya, no si habí­a de fijarla en algo trivial. Y el mundo entero, no siendo esa diosa que deseaba, fue futilidad pura. Acerqué cuanto pude mi rostro a la mujer de pechos codiciados, desoyendo lo que todos me decí­an, mis oí­dos no escuchaban más que tan dulce voz como aladas criaturas entonaban por su boca, y su voz era música que acicalaba la escena, la revestí­a de amor y ensoñamiento, y…

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa
Costumbrista , Léeme , Novela / 30 Agosto 2005

Primero tengo que explicarles quiénes son los perros, si es que los perros son alguien. Los perros son los cadetes de primer año de la Academia Militar Leoncio Prado, de Lima. Ahí­ es donde las familias pudientes mandan a sus hijos dí­scolos, a que los metan en vereda los militares y no se acaben malogrando convertidos en unos pendejos niños ricos. Ahí­ es donde internan también a los muchachos de carácter débil, para que se hagan unos hombres; y también es donde algunas familias modestas hacen un esfuerzo para mandar a un hijo, y que pueda medrar en el ejército y hacerse un hueco en la vida, y que no lo frieguen en un trabajo de mierda como a sus padres. Ahí­ es donde vivo yo. Yo soy el Jaguar. Aquí­ todos tenemos nombre, pero no lo usamos, sólo el apodo, el nombre y el apellido es para que nos llamen los oficiales, entre nosotros somos el Jaguar, Cava, el Esclavo, el Poeta, el Boa. Perros, meros perros todos. Todos cadetes de primer año, recibiendo patadas de todos los demás, que nos tratan como a perros que somos, porque somos el último pedo del culo. Aquí­ la vida es como…