No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales
Notas al pie de página, de Camilo José Cela Trulock
Cachito / 30 Agosto 2005

Cela, ese escritor con tan mala fama entre quienes no le han leí­do, se descolgaba a veces poniendo llamadas a pie de página muy chuscas en sus ya de por sí­ divertidos escritos. He recogido sólo cuatro de las muchas, muchí­simas, que tiene. Estas son de “Nuevas escenas matritenses” 1. A esto de la escritura lo más probable es que le falten recursos. Para representar las palabras del Epipodio habrí­a que recurrir a la solfa y al papel pautado; lo malo es que los escritores, que no suelen saber ni escribir, ignoran las aljamí­as de la música, los nerviosos ringorrangos de los tonos, los compases y las befabemí­es. Debemos ser clementes, sin embargo, con los escritores; la verdad es que hacen lo que pueden y, a veces, hasta trabajan con cierto esmero y aplicación. Si son zafios y cabezotas, no es culpa suya. ¡Qué más quisieran ellos que no ser zafios y cabezotas, sino, al revés, distinguidos y áticos! A la literatura tiene que dedicarse alguien y es disculpable que los escritores se recluten entre quienes no sirven para otra cosa. La sociedad moderna es muy compleja, según se lee en los periódicos, y en estos momentos cruciales alguien tendrá…

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa
Costumbrista , Léeme , Novela / 30 Agosto 2005

Primero tengo que explicarles quiénes son los perros, si es que los perros son alguien. Los perros son los cadetes de primer año de la Academia Militar Leoncio Prado, de Lima. Ahí­ es donde las familias pudientes mandan a sus hijos dí­scolos, a que los metan en vereda los militares y no se acaben malogrando convertidos en unos pendejos niños ricos. Ahí­ es donde internan también a los muchachos de carácter débil, para que se hagan unos hombres; y también es donde algunas familias modestas hacen un esfuerzo para mandar a un hijo, y que pueda medrar en el ejército y hacerse un hueco en la vida, y que no lo frieguen en un trabajo de mierda como a sus padres. Ahí­ es donde vivo yo. Yo soy el Jaguar. Aquí­ todos tenemos nombre, pero no lo usamos, sólo el apodo, el nombre y el apellido es para que nos llamen los oficiales, entre nosotros somos el Jaguar, Cava, el Esclavo, el Poeta, el Boa. Perros, meros perros todos. Todos cadetes de primer año, recibiendo patadas de todos los demás, que nos tratan como a perros que somos, porque somos el último pedo del culo. Aquí­ la vida es como…

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel Garcí­a Márquez
Costumbrista , Léeme , Novela / 29 Agosto 2005

Mi nombre es Santiago. Quién iba a decirme que despertarí­a una mañana y no llegarí­a a acabarse el dí­a. ¿Sorprendidos? Imaginaos mi desconcierto, en un pequeño libro pero con todo el interés desde inicio al fin, el autor, mi creador se recreó en mi historia. Todos los sueños con pájaros son de buena salud dijo mi madre pero yo siempre sueño con árboles. Es hoy y aún no creo el final de mi corta vida, recien cumplidos los 21. “Dadme un prejuicio y moveré el mundo”, escribió el juez Como bien dice el tí­tulo, aquella mañana a las 5,30 y ahora sigan ustedes. mirome

De “La desheredada”, de Benito Pérez Galdós
Cachito / 29 Agosto 2005

De “La desheredada”, de Benito Pérez Galdós, este genial retrato de la tí­a “Sanguijuelera”: Era Encarnación Guillén la vieja más acartonada, más tiesa, más ágil y dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fenómeno común en las personas de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura, que no cesaba de mostrarse, entre sus labios secos y delgados, durante aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz pequeña, redonda, arrugada y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la moví­an los músculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua frí­a que se daba todas las mañanas. Sus ojos, que habí­an sido grandes y hermosos, conservaban todaví­a un chispazo azul, como el fuego fatuo bailando sobre el osario. Su frente, surcada de finí­simas rayas curvas que se estiraban o contraí­an conforme iban saliendo las frases de la boca, se guarnecí­a de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales se entretejí­a el más gracioso peinado de esterilla que llevaron momias en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, aquie no se podrí­a dar con propiedad el nombre de moño. Dos palillos mal forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que…

Cuerda de presos, de Tomás Salvador
Costumbrista , Léeme , Novela / 29 Agosto 2005

Con su permiso. Mi nombre es Serapio Pedroso Buján, para servir a Dios, a la Benemérita y a usted. Sí­, soy un guardiacivil de los de hace… mucho tiempo, de cuando el señor Silvela era ministro de la Gobernacióny aquí­ me veo, embarcado por órdenes superiores en una conducción. Ah, que no sabe usted qué es eso de una conducción. Ya. Pues que un servidor, acompañado por otro guardia, uno joven y novato que se llama Silvestre Abuí­n Corvino, nos vamos a llevar a un preso desde Murias de Paredes, en tierras de León, hasta las Vascongadas, para que le den garrote. Andando, sí­ señor. El preso es Juan Dí­az de Garayo y Argandoña, por mal nombre “El Sacamantecas” y también “El Zurrumbón”. Lo llevamos atado de manos, y uno a cada lado, con los naranjeros cargados y con órdenes extrictas en caso de que se dé a la fuga. Yo, sabe usted, sólo quiero acabar el servicio lo antes posible y sin problemas, por eso duermo con un ojo abierto, que para el nuevo es su primera conducción y tiene mucho que aprender aún. Y para el preso es la última y no tiene nada que perder, si no…