La Música del Silencio / Patrick Rothfuss

Ya podemos encontrar en las librerías desde el mes de octubre “La música del Silencio“. La última obra de Patrick Rothfuss traducida a nuestra lengua.
Patrick Rothfuss es además autor de “El nombre del viento”, su estreno como escritor y “El temor de un hombre sabio”, su segunda parte. Si a estas alturas no sabes sobre estos títulos o sobre el autor, deberías ir corriendo a la librería más cercana en este mismo momento.
Es uno de los autores de entelequia más influyentes en la coyuntura, a la altura de R.r. Martin o Robert Jordan. Y ha sido confrontado por la crítica especializada con el propio Tolkien o K. Le Guin. Lo que, dicho de una forma reducida, puede considerarse uno de los más grandes halagos para un autor de fantasía.
Si sumamos esto a que todo su honor lo ha construido en escasos cuatro años podemos hacernos una idea de lo inconcebible de su obra.

El texto, de ciento sesenta páginas, se diferencia del resto de obras del autor y seguramente al resto de obras que hayas podido descubrir. Tanto es así, que el propio autor nos avisa de ello al comienzo de esta apasionante lectura.
“Quizá no quieras comprar este libro” Dice Patrick
Al hombre no le falta razón, es un ejemplar verdaderamente raro, entiéndase que esto no es un imperfección en si mismo. Está claro que esta lectura no es apta para todos los públicos.

La música del silencio: Nada que ver con la melodía
“La música del silencio” es un pequeño “intermedio”, por así decirlo, como si fuera un precedente al cierre de su trilogía, en el que nos aporta una información extra sobre Auri. A pesar de estar emplazado en el mismo universo que “El nombre del viento” y comparta uno de sus personajes, hablamos de libros distintos.
La novela está protagonizada por Auri, uno de los personajes más enigmáticos de la obra de Rothfuss. Y nos narra un día de la apasionante vida de esta joven.

Para todos aquellos que no sean conocedores de los títulos anteriores: Auri es una joven verdaderamente extraña que habita prácticamente sola en un gran subsuelo en ruinas a las que el autor llama “la subrealidad”.
Con problemas para entenderse con el resto de personas y un punto de vista del mundo que la rodea ciertamente personal y extraño, la joven es un personaje extremadamente profundo y huraño, a la vez que enigmático y fascinante.
El ejemplar, carece prácticamente de trama y su organización ficticia es un tanto extreña, si bien es cierto esto lo suple su genial melodía y un ritmo con el que Rothfuss demuestra que puede escribir de forma inclusive más activo y rítmica que en sus anteriores novelas.
La gran partida del compendio es poder enseñarnos el mundo desde los ojos de Auri, que dota de personalidad propia a cada objeto que ve: tuercas, tablones, cajas… Y se mueve por un gran mundo verdaderamente extraño y misterioso pero al que ella ve tal como si fuera su hogar.
El autor logra desde el primer momento, con una lenguaje verdaderamente descriptivo y cautivante captar nuestra atención y mantenernos activos durante toda la lectura.
“La música del silencio” tal podéis comenzar a imaginar es verdaderamente un tomo un tanto raro y para un público minoritatio. Pero si te interesa el personaje de Auri o eres un entusiasta constante de Rothfuss, el texto puede sorprenderte con ciento sesenta páginas que se devoran sin darte cuenta a un ritmo delicioso.

Un libro altamente recomendable
Me había parecido conmovedor en sus novelas anteriores como el autor, mediante un personaje tan inusual como Auri, había profundizado perfectamente en temas tal como la soledad, la mente o inclusive la incomunicación de una forma elegante, sencilla y sobre todo inocente. Con este título demuestra que puede hacerlo aún mejor.

No recomendaría el texto, por otra parte, a quien no haya leído precedentemente, al menos, “El nombre del viento”, ya que se necesita una cierta unión/complicidad con el personaje para enterarte realmente de todos sus matices.
En definitiva “La música del silencio” es un ejemplar ciertamente extraordinario, para públicos sobrado inusuales. Aun se descubre tanto una de esas pequeñas joyas ocultas para todos los que ahora quedamos intrigados con el personaje del nombre del viento.

Emilio Miguel López

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Plaga de palomas – Louise Erdrich

UNA APROXIMACIÓN A LA LITERATURA ESCRITA POR MUJERES

Plaga de palomasAntes de leer este libro mis aproximaciones a la literatura actual escrita por mujeres no habían tenido un final muy feliz que digamos. Dejando aparte a algunas magníficas escritoras de “género” (policiaco, juvenil, histórico, ciencia-ficción…), los pesos pesados femeninos de la pura creación literaria nunca han llegado a emocionarme en forma similar a como lo hacen mis numerosos autores de cabecera. ¿Por qué? Después de leer esta novela me ha surgido la necesidad de planteármelo.

Pero antes que nada, ya que esto promete —o amenaza— con alargarse, un pequeño comentario: me encanta el título. Plaga de palomas. Como buen aficionado a la musicalidad, sonoridad y ritmo de las palabras, me parece escuchar en estas tres, tan sencillas, el aleteo de unos pájaros asustadizos, el revolar de una multitud de cuerpecitos, y hasta el silencio que sigue a un disparo, en forma de plumas cayendo muy despacio, como columpiándose. El título original, “Plague of doves”, curiosamente guarda en sí el mismo genio sonoro pero con una diferente sensibilidad, tal y como como corresponde a otras gentes y a otro idioma. El español, más de tambor, el inglés, más etéreo, más suave, pero igualmente exquisito. Y lo más curioso es que la traslación se podría haber hecho sin saber inglés, con un diccionario en la mano, palabra a palabra o, peor aún, mediante la desesperante traducción automática del “gúgol”. Divertida casualidad.

Sigamos a lo nuestro. Considero bastante probable que, tras leer el primer párrafo, cierto sector femenino haya sentido en sus adentros el rebrotar automático de la infame palabra-acusación “machismo”. Y claro, como buen macho, yo me rebelo. ¿Machista yo? ¿Un ser racional totalmente convencido de la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Qué tontería es ésa? Esto, unido a mi aversión por los estereotipos y lo políticamente correcto, me llevaría normalmente a despreciar olímpicamente tal acusación con un ligero gesto de desdén… Pero ya digo que este libro me está obligando a frenar y a mirar más despacio…. y más adentro.

Al iniciar la lectura de un libro escrito por un autor para mí desconocido, lectura siempre sugerida por algún tipo de recomendación, no me fijo ni mucho ni poco en las circunstancias personales del escritor: me resultan indiferentes el sexo, la edad, la nacionalidad… Al leer sólo pretendo disfrutar con la excelencia del genio del autor. Dicho más claramente: soy un fanático de Céline a pesar de sus execrables opiniones pseudopolíticas. Si la literatura de una mujer me hiciera vibrar tanto como la de, por ejemplo, Coetzee, yo sería el primero en manifestarlo a los cuatro vientos. Prejuicios cero, se lo aseguro, abriré un libro escrito por una mujer tantas veces como su recomendación me haya despertado la curiosidad. Me encanta descubrir nuevos placeres.

Si bien esto es cierto, también lo es el que nunca haya gozado por completo con una obra de creación literaria escrita por alguna mujer. Excepción contemporánea que ahora me viene a la mente: algunos de los artefactos pergeñados por Amélie Nothomb. Pero volvamos al tema, al machismo inveterado de esta sociedad. Vale, es un lugar común, pero un lugar bastante habitado. Quiero decir con esto que ni hombres ni mujeres estamos libres de participar en cierta medida de los prejuicios heredados del machismo histórico y social, porque está en nuestros genes… digamos educativos. Y se ha metido tan dentro y se ha interiorizado tanto porque no se le ha respondido con una postura crítica y alternativa lo suficientemente potente. El machismo ha dominado, y sigue dominando, el mundo desde el principio de los tiempos y costará dios y ayuda hacerlo retroceder lo bastante como para que las mujeres puedan respirar tranquilas. En este sentido entiendo la postura de las feministas de no pasar ni una, siquiera sutil, manifestación machista, aunque no comparta muchas de sus posturas y, sobre todo, su tempo. De hecho verán ustedes que en este artículo no utilizo el ahora obligatorio “a/o” (que llevado a su lógica extrema nos haría imposible escribir y muy difícil la lectura), ni siquiera el símbolo @, tan fuera de lugar, y que nunca hable de “género” cuando me quiero referir al “sexo”, entre otros muchos pecados. De hecho preferiría que se feminizara todo y que nosotras los hombres y las mujeres nos diéramos una pequeña tregua.

Por lo tanto hay algo en la literatura escrita por mujeres que no me acaba de convencer, pero ese algo no tiene nada que ver con el hecho de que sea una mujer quien lo haya escrito, sino más bien con la manera en que habitualmente (me veo obligado a generalizar) escriben ellas. Me temo que mi problema está aquí, en la diferencia natural entre sexos, tanto física como mental, emocional o espiritual. Si esta afirmación resulta ser aberrante para ciertas feministas, lo siento, podemos discutirlo en otro momento, ahora prefiero seguir partiendo del hecho de que tenemos sensibilidades diferentes, diferentes aproximaciones a los hechos reales, diferente elaboración del pensamiento, diferentes prioridades… No de una manera absoluta, por supuesto, sino en otra clave, con otro tono. Aquí radica, en mi opinión, la diferencia, maravillosa diferencia, que no hace sino enriquecernos a todos. Aquí radica, repito, mi incapacidad para disfrutar plenamente de lo escrito por mujeres: escriben en otra clave. Una clave que puedo ir descifrando con esfuerzo, es posible, o a la que puedo aproximarme potenciando mi parte femenina, es factible, pero una clave diferente que requiere de una aproximación diferente a aquella con la que me suelo acercar a la literatura. Mea culpa.

Y de esto tan evidente, tan tonto cuando se lee de seguido, me he dado cuenta al leer este libro, Plaga de palomas, de la estadounidense Louise Erdrich. Resumiendo la impresión que he sacado de la lectura de esta novela: me parece fantástica, excelente, más que bien escrita, con un total dominio de situaciones y personajes, llevando al lector por donde ella quiere con absoluta brillantez, siempre interesante, reveladora, ágil, plagada de detalles deslumbrantes… No pienso contar ni una pizca de su argumento, nunca me ha gustado que me desvelen nada, tan sólo decir que en este libro hay un artefacto perfecto dispuesto a estallarle en las manos a cualquiera con un mínimo de sensibilidad que se acerque a sus páginas. Esta es una novela, en suma, magnífica, con la que he disfrutado bastante.

¿Sólo “bastante”, no “muchísimo”? Pues no, muchísimo no. La cogía con ganas en los momentos del día que tengo para leer, pero no la retomaba con ansia, no la buscaba hasta cuando tocaba descomer, no la llevaba en el metro para no perder ninguna oportunidad de disfrute, no. ¿Y por qué? Pues creo que porque estoy demasiado acostumbrado a otro tipo de lectura. Y ahora debería llegar al meollo de la cuestión, a las diferencias reales entre ambos tipos de literatura, pero… me cuesta. Lo voy a intentar, de todos modos.

Me cuesta. Me cuesta explicar dónde veo la especificidad femenina a la hora de escribir. No creo que valga con contraponer series adjetivadas, como torpemente y por abreviar he hecho al describir la novela un poco más arriba. No, voy a intentar un ejercicio más arriesgado, que llamaré de literatura-ficción, ya que no dispongo del vocabulario técnico adecuado. Así, procuraré imaginar cómo habría descrito los mismos hechos, las mismas circunstancias y los mismos personajes, un escritor masculino. Cierro los ojos y me concentro.

La primera palabra que me viene a la cabeza es “brusco”. Un hombre lo habría llenado todo de aristas, de sucesos y palabras espectaculares, de comentarios irónicamente lúcidos… de salvas de fogueo por todas partes. El lector habría ido saltando de un personaje a otro, de un sentimiento a otro, como quien participa en una carrera de coches por las calles de un pueblo perdido, llenándolo todo de banderas de colores, frenazos y acelerones. Esta mujer, sin embargo, avanza caminando despacio, con los ojos semicerrados, y no se le escapa ni la cucaracha que acaba de asomar por el alféizar de una ventana. A un hombre avisado quizás tampoco, pero la habría señalado con el dedo haciendo grandes alharacas.

Louise Erdrich se demora en contarnos lo que pasa, como si le pareciera más importante el aire que circula alrededor de los personajes, el ritmo de sus palabras, sus recuerdos y sus motivaciones, que van surgiendo poco a poco… de tal manera que cuando sucede algo no se centra en el hecho en sí, que muchas veces incluso elude describir, sino que prefiere recrearse en todo lo que nos ha llevado a ello. Es evidente que esta aproximación es mucho más… científica, más exacta, puesto que nos informa de lo verdaderamente importante y motivador: lo que sucede en el corazón de las personas (confieso que, en una primera escritura, en vez de “personas” había puesto “hombres”). Y vuelvo a mirar al teórico escritor y pienso que él también escruta el corazón de las personas, y que también nos lo cuenta… pero de otra manera… más a ráfagas… o con un resplandor supuestamente intelectual, que de todo hay.

A lo mejor estoy equivocado en esto que pienso y digo, puede que sean simplezas, análisis sumamente parciales o directamente torpes falsedades, pero a día de hoy es todo lo que puedo aportar. No estoy acostumbrado a esta literatura y el error es todo mío. Intentaré buscar en mí mismo los momentos favorables a una lectura más distendida, dejándome llevar, sin análisis prejuiciosos, aprendiendo poco a poco. Porque mucho es el premio: múltiples nuevas promesas para gozar más de la literatura, una de mis mayores fuentes de dicha.

Y dicho esto me pongo en plan faltón y afirmo que no me gusta nada que me cuenten sueños a porriillo por mucho que los nativos americanos sean tan evidentemente espirituales, y por más que dichos sueños o espíritus influyan en el desarrollo de los hechos. La literatura fantástica, o mágica, o étnica, está muy bien, pero a mí me aburre soberanamente. Soy capaz de entender la poesía tribal o la tan apreciada literatura oral, pero mis intereses estéticos rara vez soportan tanta comunión con la tierra, tanta admiración por lo antiguo, por lo “auténtico”, tanta presunta espiritualidad. Si estamos acostumbrados al sonido de una orquesta está muy bien escuchar de vez en cuando algún tam-tam, sí, pero… muy de vez en cuando… porque no me aporta nada nuevo (estoy simplificando). A mí, por supuesto, que soy muy básico. Hombre tenía que ser.

Recomiendo el libro, por cierto. Fervientemente, sí, ya que ustedes no tienen por qué compartir mis limitaciones.

Alberto Arzua

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Los indios de México / Fernando Benítez

“Los indios de México” es un libro para comprender la realidad que vivimos. Comencé a leerlo cuando no tenía nada qué hacer y como cuando no hay nada que hacer hay que hacer algo, leí.
Leímos aquí, muchos pensando que se trata de antropología, es decir del hombre y de la mujer de este mundo. El prólogo de Carlos Fuentes me persuadió de que la obra de Benítez es tan amplia y de cinco sendos tomos tan grandes que pensando en que nadie podía leer tanto, editorial Conaculta editó e hizo esta colección.
Lo último ya me estaba desalentando porque yo quería tener entre mis manos algo tan grande y creía que me estaban asignando muy poquito. Pero al empezar a hojear y leer pasajes inconexos quise saberlo todo y ver el contenido del principio a fin.
Leí a un escritor comprometido y que no deja de revelar sus criterios de los grupos humanos entrevistados y su suerte, como a una amalgama de destinos que se cumplen ahora.
Ha dicho que los otomí le contaron que “cuando los pueblos se pierden, del cielo caen las piedras, y los hombres apenas tienen tiempo para correr y ponerse a salvo.”
Los otomí, huicholes, tarahumaras, tepehuanes y nahuas y coras, son los grupos étnicos que el novelista y ensayista visitó. Nos mostró su vida y obra en sus propias palabras.
La editora que hizo el libro es oficial, del gobierno, publica libros de los que luego selecciona una cantidad destinándolas al préstamo gratuito, bibliotecas, salas de de lecturas Así que es gran placer circunscribir que se cumple en parte el deseo del país de que la obra de este antropólogo, periodista, enólogo, escritor sea gratis y para todos.
Desde luego es un libro morrocotudo. Para saborearse en el café, al dormir y para despertar.
Allí leí hoy que para los chamanes tepehua los muertos están en tantas partes que sólo se les puede tener en sueños.
Los tepehua están convencidos de que, con sus oraciones, garantizan la lluvia para todo el planeta. Uno de ellos le ha dicho al autor nacido en 1912 oye… “el gobierno debería pagarnos por esto.”
Así se sigue, dando cuenta de lo que los llamados indígenas –ahora pueblos originarios- han hecho por nosotros a lo largo de la historia de su humanidad.
Advierten además que “el tepehuán ha combatido a los soldados y los policías modernos, contra los cuáles deben luchar para rescatar el alma prisionera de los nuevos prisioneros del señor de la muerte.”
Los otomí causaron mi admiración de inmediato. Dice que se dijo de ellos que son holgazanes que no se dedicaron a construir cosas materiales sino que vivieron la vida al día y que son exigentes amantes que no dejan pasar la noche sin al menos nueve coitos, y las mujeres desprecian a los que no tienen capacidad para copular 10 veces.
Si no cumplen los abandonan y la comunidad está de acuerdo.
Claro que resulta un poco difícil distinguir si se habla de un tiempo pasado o del presente. Digamos que dan ganas de entrevistar a los otomí del siglo 21 para averiguar si siguen viviendo de este modo o con el tiempo sus costumbres han cambiado. Ah, y tenemos que leer bien y estar provistos de una capacidad para trascender porque el periodista del siglo 20 escribió y también entremezcla las narraciones de conquistadores, colonizadores y catequizadores hispanos respecto a lo que vieron, supieron y les contaron por ejemplo, los aztecas. Memorias que luego contrasta con otros historiadores contemporáneos como Carlos Montemayor y Miguel León Portilla.
Después de su visita a los huicholes ha escrito “debemos romantizar al mundo”. Piensa que la muerte ha de estar en manos de los dioses y no de los sicarios ni la policía del mundo. Alega que es momento oportuno del exorcismo y que la poesía anuncia ahora, más que la llegada del mañana, la eterna vuelta del mañana.
Para un tiempo creador (…) hemos de volver a lo salvaje, a lo primitivo.
En cuanto a los tarahumaras entrevistados por el autor de Los indios de México, diré que me encantó la visión de la muerte, que es una mancha que supone una suciedad, y algo sucio debe tratarse con respeto. Aislar el entorno del difunto y poner todo en cuarentena porque de alguna manera las pertenencias materiales del ausente se quedan impregnadas de su presencia. Alguien que se voló ese acuerdo ha vivido un tormento y se le reveló en sueños la solución. Pero habrá que leer ese capítulo para averiguar el desenlace de su historia. Espero que les guste tanto o más que a mí.

Si quieres saber más pincha aquí

Livia Díaz

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El gato que venía del cielo / Takashi Hiraide

«Una obra bella. Un texto que fluye y llega a empapar en silencio, como el agua». Shiro Kuramoto, Kyoto Shimbun

Una casa y un jardín tocados con la gracia de una belleza de otro tiempo. Una pareja que se refugia en su nueva vida lejos de la agitación de Tokio. Un gato enigmático que entra de improviso en su cocina y decide adoptarles como dueños, convirtiéndose en el centro de una intriga sutil.

Primeras páginas de El gato que venía del cielo

La crítica ha dicho:

«Una hermosa lectura, llena de observaciones filosóficas, humor e inteligencia.»
Publishers Weekly (lectura destacada)

«La novela explora el amor y la fragilidad de la vida… Introspectiva y poética, profundamente emocionante. Los amantes de los gatos se sentirán especialmente conmovidos.»
Kirkus

«Desde lo más profundo de la poesía, Hiraide crea una prosa nueva.»
Kenzaburo Oé (Premio Nobel de Literatura)

«Las mejores novelas son a menudo aquellas que nos transforman. Al pasar el tiempo, permanecen junto a nosotros, como pequeños milagros. El gato que venía del cielo es un raro tesoro. En tan sólo 160 páginas despliega un extenso espectro de emociones y detalles. Takashi Hiraide, el poeta japonés, ha sido una revelación.»
Juan Vidal, NPR

Editorial Alfaguara
Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Colección: Literaturas
Páginas: 160
Publicación: 11/06/2014
Género: Novela
Formato: 15×25
Encuadernación: Rústica
Precio: 16,50 €
ISBN: 9788420414751 EAN: 9788420414751

Formato Ebook
Precio: 7,99 € E-ISBN: 9788420417905

 

Takashi Hiraide nació en la localidad de Moji, Kitakyushu, en 1950. Después de trabajar durante nueve años como redactor para una editorial de Tokio, decidió consagrarse a la escritura. Entre sus obras se cuentan una biografía del poeta Irako Seihaku, un libro de viajes que rastrea los pasos de Kafka, Celan y Walter Benjamin en Berlín, una compilación de cartas inclasificable y el libro de poemas Kurumi no sen’i no tameni (Para el espíritu luchador de las nueces). Es profesor de Ciencia del Arte y Poética en la Universidad de Tama y miembro fundador del Instituto de Antropología del Arte en Tokio. Su primera novela, El gato que venía del cielo, traducida al inglés y al francés con gran éxito, ganó en 2002 el Premio Kiyama Shohei.

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Los hijos / Gay Talese

«Quien no te quiere te hará reír. Quien bien te quiere te hará llorar.»

De la región de Calabria mucho antes del siglo XIX a las sastrerías de París, de las trincheras de la Primera Guerra Mundial al paseo marítimo de Ocean City, de Garibaldi a Joe DiMaggio, de Lucky Luciano o Sinatra al menor de los Talese: Los hijos desgrana la odisea de una familia y, a través de ella, la de los millones de emigrantes italianos que llegaron a los Estados Unidos en el despertar de una época que cambiaría el mundo.

Gay Talese avanza puntada a puntada en una épica historia de lazos de sangre, amores y desencuentros, tensiones políticas y vínculos con un pasado que se desvanece y un futuro lleno de promesas.

Primeras páginas de Los hijos

 

La crítica ha dicho:

«La magnífica historia de una familia italiana que abarca tres generaciones, dos continentes y dos guerras mundiales escrita por “el mejor autor de no ficción de América”.»
Mario Puzo, autor de El Padrino

«Un clásico moderno.»
Carles Geli, Babelia

«Se lee como una gran novela: un estilo que subyuga y unos personajes increíblemente vivos.»
William Murray, The New York Times Book Review

Editorial Alfaguara
Traducción: Damià Alou
Páginas: 752
Publicación: 11/06/2014
Género: Novela
Formato: 15×25
Encuadernación: Rústica
Precio: 22,00 €
ISBN: 9788420416540 EAN: 9788420416540

Formato Ebook

Precio: 10,99 € E-ISBN: 9788420417899

Gay Talese nació en 1932 en Ocean City (Nueva Jersey), en una familia de raíces italianas. Fue periodista en The New York Times entre 1956 y 1965 y desde entonces ha escrito en las prestigiosas The New Yorker, Time, Harper’s Magazine o Esquire, que señaló su artículo «Frank Sinatra está resfriado» (1966) como el mejor que jamás publicaron sus páginas. Junto con Tom Wolfe, se le considera padre del Nuevo Periodismo. En 2012 recibió el Premio Reporteros del Mundo, otorgado por El Mundo, en reconocimiento a toda su obra.

Su peso periodístico queda probado con la reciente publicación de antologías como Retratos y encuentros (Alfaguara, 2010, Mejor libro de No Ficción del año por Qué Leer y uno de los diez mejores del año para Babelia) o El silencio del héroe (Alfaguara, 2013), extraordinaria recopilación de sus crónicas deportivas. Tras la publicación de El reino y el poder (1969), publicó en 1971 el desbordante informe sobre la mafia Honrarás a tu padre (Alfaguara, 2011), monumental crónica que inspiró Los Soprano y fue elegido uno de los mejores libros de no ficción del año según Qué Leer. Más adelante Talese narrará la historia de la familia Talese en Los hijos (1992), y publicará su «autobiografía intelectual» Vida de un escritor (Alfaguara, 2012, uno de los mejores libros del año según el diario Ara y Qué Leer).

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El rey pálido / David Foster Wallace

Este libro NO LO RECOMIENDO. Este libro me parece MORROCOTUDO. No lo recomiendo porque David Foster Wallace es un escritor, además de absolutamente genial, muy rarillo, el típico escritor-para-escritores. Y me parece morrocotudo porque disfruto con cada una de sus frases, de hecho ahora lo estoy leyendo por segunda vez.

Es una obra póstuma que se confeccionó tras su muerte con las muchísimas páginas que se encontraron en su escritorio sin orden ni concierto. El editor lo avisa en la introducción, no engaña: aquí se han metido cosas de la mejor manera posible, pero puede que no tenga nada que ver con lo que el autor tenía en mente. Y ha salido un volumen muy gordo, de más de 600 páginas de letra pequeña. Un libro muy loco y muy deshilachado.

Si de algún argumento se puede hablar sería el de unos personajes trabajando en oficinas de la Hacienda estadounidense, controlando declaraciones de impuestos. Se describen estos trabajos a un nivel tan detallista que durante muchos párrafos tan solo se nos habla de leyes, normas y directrices internas. Esto puede echar para atrás a cualquiera. Pero a pesar de estos párrafos farragosos (que también tienen su aquel poético) el resto de la novela (¿?) es de un nivel sublime, de alguien que escribe tocado por los dioses.

Recomiendo de este autor la novela “La broma infinita”, la colección de cuentos “La niña del pelo raro” y la colección de ensayos (que se leen como si fueran relatos) “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”. Todos ellos son espectaculares, propios de un hombre a cuya altura tan solo se podrían situar genios como Borges, Salinger o Nabokov. Corran y cómprenselos, sobre todo si son ustedes escritores.

A continuación copio un capítulo cortito de “El rey pálido”, para nada representativo del libro puesto que, como he dicho, está compuesto de trozos sueltos.

– Hablando del tema, ¿en qué piensas tú cuando te masturbas?
– …
– …
– ¿Cómo?
Ninguno de los dos había dicho nada durante la primera media hora. Estaban llevando a cabo nuevamente el tedioso y monocromático trayecto en coche hasta la Sede Regional de Joliet. A bordo de uno de los Gremlin del parque de coches, requisado hacía cinco trimestres como parte de una tasación de riesgo contra un concesionario de AMC.
– Mira, creo que podemos dar por sentado que te masturbas. Se masturban algo así como el noventa y ocho por ciento de los hombres. Está documentado. La mayoría del dos por ciento restante es gente que está impedida de alguna manera. Así que podemos saltarnos las denegaciones. Yo me masturbo, tú te masturbas. Es así. Todos lo hacemos y todos sabemos que lo hacemos y sin embargo nadie habla del tema. Es un trayecto increíblemente aburrido, no hay nada que hacer, estamos atrapados en esta vergüenza de coche… Rompamos el tabú. Hablemos de ello.
– ¿Qué tabú?
– ¿En qué piensas tú? Plantéatelo. Es un momento muy interior. Es una de las únicas ocasiones en la vida donde hay verdadera autosuficiencia. No se requiere nada que no esté fuera de ti. Es provocarte placer a ti mismo sin usar nada más que tus pensamientos. Y esos pensamientos revelan mucho de ti: con qué cosas sueñas cuando eres tú quien eliges y controlas lo que sueñas.
– …
– …
– En tetas.
– ¿En tetas?
– Tú me lo has preguntado. Yo te contesto.
– ¿Y ya está? ¿Tetas?
– ¿Qué quieres que te diga?
– ¿Tetas y ya está? ¿Aisladas de la persona? ¿Tetas abstractas?
– Vale. Vete a la mierda.
– ¿Quieres decir flotando sin más, dos tetas en el espacio vacío? ¿O dentro de tus manos, o qué? ¿Y son siempre las mismas tetas?
– Esto me enseña una lección. Tú haces una pregunta así y yo digo “Venga, qué coño” y la contesto, y tú vas y le haces un DIF-3 a la respuesta.
– Tetas.
– …
– …
– ¿Y en qué piensas tú, señor rompetabúes?

Alberto Arzua

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Un minuto, a bote pronto / Iñaki Gabilondo

Se dice que una imagen vale más que mil palabras, pero a veces mil palabras valen más que cualquier imagen. Hay palabras para la guerra, para la paz, para la crisis, para la política, para luchar contra las injusticias, para la fortuna. Existen algunas que inquietan, que hieren, que golpean, que hacen pensar, que gustan, que retratan la actualidad, que crean opinión.

Un minuto, a bote pronto recoge los comentarios que el periodista Iñaki Gabilondo ofrece a los oyentes de la Cadena SER en Hoy por hoy a propósito de la actualidad de España. Sesenta segundos de palabras dichas desde la inmediatez de la noticia, llenas de buen periodismo. La mirada personal de un periodista de raza sobre política, economía, partidos políticos, recortes, desahucios, educación… Un análisis de la actualidad en estado puro.

«En este momento, la palabra de Iñaki Gabilondo, siempre necesaria, se ha vuelto imprescindible. Pocos como él han sido testigos directos de las últimas décadas de la historia de España, pocos como él han tenido enfrente a sus protagonistas, pocos como él han compartido también el impacto de los acontecimientos sobre los españoles de a pie. Pero su valor no es solo haber estado ahí, sino su mirada tan curiosa como insobornable. Sus reflexiones, desde una exigente honestidad intelectual, ayudan a buscar las causas del desmoronamiento de aquel mundo que creíamos tan firme y a interpretar las —a veces engañosas— luces de salida. Sin atajos ni palabras de cartón. Desvelando lo que está oculto, señalando lo importante entre la confusión y el ruido. Con sabiduría y libertad».

Pepa Bueno

Libros Aguilar
Páginas: 192
Publicación: 15/01/2014
Temática: Periodismo, actualidad
Formato: Rústica 15 x 24
Precio: 17,00 €
ISBN: 9788403014053
EAN: 9788403014053

Ebook

Un minuto, a bote pronto en formato Ebook
Precio: 7,99 €
E-ISBN: 9788403014107

Iñaki Gabilondo (San Sebastián, 1942) es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra. A los 26 años fue nombrado director de la COPE de San Sebastián y al año siguiente de la Cadena SER. En 1971 asumió la dirección de Radio Sevilla. En 1978 llegó a Madrid y se hizo cargo de la dirección de Hora 25 y de la coordinación de los Servicios Informativos de la SER, cuya dirección ocuparía un año más tarde. En 1981 pasó a RTVE como director de los Servicios Informativos de Televisión Española. En esa etapa vivió el intento de golpe de Estado del 23-F. Participó en el proyecto de Radio Televisión 16 y regresó a la SER. Con una experiencia de más de 40 años en el sector audiovisual, se ha convertido en una referencia indiscutible de la radio española, especialmente desde su incorporación, hace 19 años, al programa Hoy por Hoy de la Cadena SER. Desde su tribuna diaria ha batido todos los récords de audiencia y se ha consolidado como líder absoluto en su franja horaria. Su independencia, su rigor y su capacidad para comunicar le han valido el reconocimiento de toda la opinión pública y concretamente de sus más de 3.300.000 oyentes diarios. Ha compaginado su labor en la SER con numerosos programas televisivos en diversas cadenas: En Familia (TVE), Iñaki, los jueves (Forta), Gente de Primera (TVE) e Informativos de Telecino. En 2005 se unió al proyecto de Cuatro, y posteriormente a CNN+, donde dirigió el informativo nocturno HOY. Ha sido reconocido con los premios de periodismo más importantes: Ortega y Gasset, Cerecedo, Asociación de la Prensa, Medalla Gandhi de la UNESCO y siete premios ONDAS, entre otros. Es doctor Honoris Causa por las Universidades de Valencia, Lleida, Rey Juan Carlos I de Madrid e Internacional Menéndez Pelayo.

Leiaa

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