No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales
El árbol de la ciencia, de Pí­o Baroja
Costumbrista / 18 Diciembre 2008

A este libro lo relaciono directamente con El Quijote porque fue su sucesor en las lecturas obligatorias de los chavales de bachillerato. Así­ como las aventuras del manchego las he leí­do tres veces, con sentimientos encontrados, a esta novelita de Baroja nunca la habí­a pillado el gusto. Hasta que te encuentras un dí­a con nada que leer y espulgas un poco la biblioteca. A ver qué es esto que tanto se recomendaba a los estudiantes… Pí­o Baroja, médico (con una tesis sobre el dolor) y pesimista crónico, nos presenta la historia de uno de sus clásicos personajes desarraigados, Andrés, desde que entra en la universidad hasta que… hasta que… En fin, empecemos por el principio, dejando mayormente la palabra al autor de tan educativo libro. Familia bastante impresentable. La madre, navarra fanática (¿?). La madre de Andrés, navarra fanática, habí­a llevado a los nueve o diez años a sus hijos a confesarse. El padre, bruto y prepotente. Don Pedro, sin pensarlo, era un hombre a la antigua; la sospecha de que un obrero pretendiese considerarse como una persona, o de que una mujer quisiera ser independiente, le ofendí­a como un insulto. De bares con los amigos. Entre ellas llamaba la…

Han matado a un hombre, han roto un paisaje / Francisco Candel
Costumbrista , Léeme , Novela / 23 Noviembre 2007

Este libro trata de la vida de el Grúa. No, no señor, yo soy el Gafas, a mí­ siempre me han llamado así­, pero al Grúa lo conocí­ de pequeño, bueno, desde que nació, éramos vecinos, claro que entonces lo llamábamos el Gruí­ca. El Grúa ya se llamaba el padre, que tení­a a la mujer de parto cuando se largó y no se supo más de él, se ve que no querí­a cargas, mientras la mujer estaba frescachona, bien, pero a lo que se quiso ver con el crí­o, pues eso, que se largó y no se supo más. El Gruí­ca se crió en la calle, en la calle y en el campo, que entonces todo esto de ahí­ eran campos, oiga. Bueno, en la calle nos criamos todos, el Abrán, el Martos, que tení­a otra banda y nos cascábamos, el Crescencico, el hijo el Crescencio que era de la CNT, el Raulito, todos en la calle, pero él más, porque ni al colegio fue, que no habí­a dios que lo tuviera allí­ metido, y claro, como la madre andaba todo el dí­a por ahí­ fregando casas y en mandados, quién iba a cuidar al chico. Eran otros tiempos, menos…

La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa
Costumbrista , Léeme , Novela / 30 Agosto 2005

Primero tengo que explicarles quiénes son los perros, si es que los perros son alguien. Los perros son los cadetes de primer año de la Academia Militar Leoncio Prado, de Lima. Ahí­ es donde las familias pudientes mandan a sus hijos dí­scolos, a que los metan en vereda los militares y no se acaben malogrando convertidos en unos pendejos niños ricos. Ahí­ es donde internan también a los muchachos de carácter débil, para que se hagan unos hombres; y también es donde algunas familias modestas hacen un esfuerzo para mandar a un hijo, y que pueda medrar en el ejército y hacerse un hueco en la vida, y que no lo frieguen en un trabajo de mierda como a sus padres. Ahí­ es donde vivo yo. Yo soy el Jaguar. Aquí­ todos tenemos nombre, pero no lo usamos, sólo el apodo, el nombre y el apellido es para que nos llamen los oficiales, entre nosotros somos el Jaguar, Cava, el Esclavo, el Poeta, el Boa. Perros, meros perros todos. Todos cadetes de primer año, recibiendo patadas de todos los demás, que nos tratan como a perros que somos, porque somos el último pedo del culo. Aquí­ la vida es como…

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel Garcí­a Márquez
Costumbrista , Léeme , Novela / 29 Agosto 2005

Mi nombre es Santiago. Quién iba a decirme que despertarí­a una mañana y no llegarí­a a acabarse el dí­a. ¿Sorprendidos? Imaginaos mi desconcierto, en un pequeño libro pero con todo el interés desde inicio al fin, el autor, mi creador se recreó en mi historia. Todos los sueños con pájaros son de buena salud dijo mi madre pero yo siempre sueño con árboles. Es hoy y aún no creo el final de mi corta vida, recien cumplidos los 21. “Dadme un prejuicio y moveré el mundo”, escribió el juez Como bien dice el tí­tulo, aquella mañana a las 5,30 y ahora sigan ustedes. mirome

Cuerda de presos, de Tomás Salvador
Costumbrista , Léeme , Novela / 29 Agosto 2005

Con su permiso. Mi nombre es Serapio Pedroso Buján, para servir a Dios, a la Benemérita y a usted. Sí­, soy un guardiacivil de los de hace… mucho tiempo, de cuando el señor Silvela era ministro de la Gobernacióny aquí­ me veo, embarcado por órdenes superiores en una conducción. Ah, que no sabe usted qué es eso de una conducción. Ya. Pues que un servidor, acompañado por otro guardia, uno joven y novato que se llama Silvestre Abuí­n Corvino, nos vamos a llevar a un preso desde Murias de Paredes, en tierras de León, hasta las Vascongadas, para que le den garrote. Andando, sí­ señor. El preso es Juan Dí­az de Garayo y Argandoña, por mal nombre “El Sacamantecas” y también “El Zurrumbón”. Lo llevamos atado de manos, y uno a cada lado, con los naranjeros cargados y con órdenes extrictas en caso de que se dé a la fuga. Yo, sabe usted, sólo quiero acabar el servicio lo antes posible y sin problemas, por eso duermo con un ojo abierto, que para el nuevo es su primera conducción y tiene mucho que aprender aún. Y para el preso es la última y no tiene nada que perder, si no…

Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta
Costumbrista , Léeme , Novela / 29 Agosto 2005

Habí­a una luna a medias la noche que desquició para siempre los ordenados sentimientos de la tí­a Inés Aguirre. Una luna intrigosa y ardiente que se reí­a de ella. Y era más negro el cielo que la rodeaba que adivinar por qué no pensó Inés en escaparse de aquel embrujo… Mi madre llegó un buen dí­a, lo mismo que suele llegar otros tantos, con un libro y preguntándome si lo habí­a leí­do. Tenemos costumbre de intercambiar lecturas. “¿Tienes algo nuevo?”, “¿Has comprado algún libro”?, “¿Conoces éste?”,… Ella traí­a consigo una edición que forma parte de una colección, Escritoras de Hoy, y de una tal Mª Ángeles Mastretta. Concretamente, Mujeres de ojos grandes. Es curioso esto de asociar. Mi primera impresión fue que serí­a una novela sin más. Un novelón sobre matriarcados de la belle époqueo de heroí­nas principiosiglares. Lo cierto es que esta grata sorpresa que tuve conforme me iba adentrando en los pequeños y pequeñí­simos relatos, me obligaba irremediablemente a pasar páginas al igual que vas mirando con ansias las fotos recién reveladas una por una. Gracias al descubrimiento de singularí­simas personalidades de las protagonistas mujeres y ciudadanas de Puebla – México – es posible extraer, no reivindicaciones evidentes…