Archivo de la categoría: Ciencia Ficción

La vieja guardia – John Scalzi

Tengo un amigo absurdo (no porque él lo sea, sino por las circunstancias de nuestra amistad) que está empeñado en rellenar mis océanos literarios, cosa que le agradezco infinitamente. Para eso están los amigos. Últimamente me envía vía email novelas de ciencia ficción, campo en el que mi desconocimiento alcanza dimensiones planetarias.

Esta que ahora comento, La vieja guardia, me llegó acompañada de la escueta aclaración: “una de vaqueros”. Vaya, me dije, qué bien, así pasarán cosas comprensibles. Se supone que las de vaqueros son novelas sencillas, aptas para espíritus simples como el mío, que gustan de la vida sana y del chocolate espeso, y que cuando se las tienen que ver con androides ecológicos de filosofías cuánticas y religiones científicas sudan mogollón.

Yo no sé si llamaría a esta novela una de vaqueros, o más bien una alegre, redonda, fácil de leer, estupendamente cohesionada, plagada de muy buen humor, con personajes humanos (hasta los androides), dudas morales, amores después de la muerte, sexo salvaje, muertes innumerables, buen rollito, sorpresillas…. y sobre todo el más que atractivo argumento central: con 75 años te dan un cuerpo más que joven, conservando tu mente adulta.

¿A alguien se le ocurre algo más maravilloso? También les dan parecidos superbodys a las viejillas de al lado, por cierto. Y son estériles. Y puede que todos mueran dentro de poco. Y están encerrados en un pequeño espacio. Buf, solo con esta idea la cosa ya supera a conocidos paraísos orientales, quedando a poca distancia de las fantasías animadas de ayer y hoy que desfilan bajo los párpados de tantos machos recién encamados, noche tras noche de ilusión barata.

Muy gozoso, sí señor, sin baches ni fisuras, de principio a fin. Leer con cuidado los críticos del buenismo, del militarismo y del gobierno único.

Alberto Arzua

Dune – Frank Herbert

Algunos dicen que este libro, publicado en 1965, es uno de los grandes hitos de la ciencia ficción (léase futurista). Otros opinan que se trata de un tostón insoportable. Lo cierto es que estamos ante una de las novelas más vendidas de la historia. ¿Este dato presupone algo acerca de su calidad? En absoluto, pero he de decir que a mí me ha gustado. De hecho he disfrutado como un enano, sobre todo en su primera parte.

Esta es la típica obra épica, muy épica, que tanto atrae a los aficionados al género fantástico (y a los grupos heavy metal, ya puestos), enraizado en la cultura new age y trufado de todo lo que esto implica: misticismo, ecología, ciencia ficción… Hasta aquí ninguna especial originalidad, pero resulta que la dimensión heroica de esta novela es brutal, mayúscula, hiperdimensionada. O aceptas los múltiples desarrollos técnico psicológicos del complejo y detallado artefacto espacio temporal diseñado por Herbert… o le mandas a freír espárragos, como es natural.

Pero si te limitas a quitártelo de encima mediante tan grasiento truco culinario, te perderás lo mejor de este largo relato, la tremenda diversión que destila a raudales al leerlo como un simple libro de aventuras. Y no están los tiempos como para desdeñar aventuras y aventuras y más aventuras, personajes y personajillos y personajotes magníficos, imbricaciones y complicaciones y resoluciones sorpresa, ideas estupendísimas, origínalísimas, amores y batallas, buenos y malos, evolución de almas y hechos… Vamos, todo lo que forma la base de una buena novela, de una novela de disfrute y enganche. Por lo menos en toda su primera parte.

En la segunda parte se demora en exceso describiendo religiones, tecnologías y pensamientos profundos. Es el precio que tienen que pagar, al parecer, los escritores de ciencia ficción, que se meten tanto en el mundo que han creado que se trasforman en frikis de sí mismos… y te explican sus ideas por delante, por detrás y por la izquierda. Y te argumentan por la derecha y por el centro. Y te aburren un poquito. Sólo un poquito.

Porque siguen sucediendo cosas, por supuesto, continua la juerga argumental con idéntico entusiasmo, se lo sigue uno pasando bien… pero como un poquitín frenado. Me he enterado de que existen varias continuaciones de esta macronovela. Cómo no, el hombre no paró de imaginar su megamundo hasta que la palmó, no lo podía evitar. Pero no sé por qué me temo que incidirá en teorías varias, intentando redondearlo todo (manía de friki) y dejando menos espacio a los sucesos. O a lo mejor no. Ojalá no.

Un último comentario antes de pasar brevemente a las citas. Uno de los mayores logros argumentales, desde mi punto de vista, es el de que el grupo de presión que se atisba siempre por encima de héroes y emperadores, y de quien no se nos da mucha información, resulta ser una tal Cofradía, que viene a representar el poder económico regido por una especie de humanos mutados. Vaya con los banqueros. Estarán ustedes conmigo en que tiene su intríngulis la cosa, y no creo que mucha gente se haya percatado de ello.

Artículos para gordos.

Los sutiles movimientos de sus protuberancias bajo los pliegues de su oscura ropa revelaban que sus grasas estaban sostenidas parcialmente por suspensores portátiles anclados a sus carnes.

Expresiones elegantes y originales

Las llanuras funerales

Comparaciones para releer lentamente.

Miró su elevada estatura, su piel oscura que le recordaba el verde de los olivos bajo un sol dorado reflejado en un agua azul.

Curiosa visión religiosa

La religión debe seguir siendo un medio que permita a la gente decirse a sí misma: “No soy el tipo de persona que querría ser”.

Tecnología de la época de Super Agente 86.

Cono de silencio: campo distorsionador que limita el poder de difusión de la voz o de cualquier otra vibración mecánica, sofocando las ondas con una contravibracion desfasada en 180 grados.

ver también
Dune – Frank Herbert / David Lynch
Notas entre capí­tulos de la saga DUNE, de Frank Herbert

Alberto Arzua

Mercaderes del espacio – Frederik Pohl

Bonito clásico de un autor clásico, divertido e inteligente. Con grandes dosis de ironía y buen humor, recuerda por momentos al mejor Asimov. Un argumento duro y ficticio hasta la aberración, basado en el control absoluto del mundo por parte de las compañías publicitarias… algo, por otra parte, quizá no tan ficticio.

Se lee con gusto e interés, las historias están muy bien planteadas, desarrolladas y redondeadas, no es muy largo, el protagonista se hace real y amable, dentro de su aberración, hay sorpresas, turbiedades, crudezas y un final cuadrático. ¿Qué más? Nada, que lo recomiendo para pasar un buen rato y asustarse un poco con esta sociedad que estamos creando, que siempre viene bien agitar las conciencias en estos veranos tan mojiteros.

Vayamos con las citas.

Hablando del gobierno, comenta que

Es curioso que nos refiriéramos a esa cámara de compensación de influencias como si aún fuese una entidad independiente.

Pues sí que es curioso, cualquiera lo diría.

Explicando a un descreído cómo funciona la publicidad.

… nuestros anuncios –aunque usted asegure que no los lee- lo han convencido de que usar los artículos de otra firma no es signo de virilidad. Su autoestima irá disminuyendo. En lo más profundo de su mente, usted sabrá que no está usando lo mejor. Su subconsciente no podrá soportar esa idea.

El consumidor ideal.

Me estaba convirtiendo en el consumidor ideal. Ganas de fumar; ganas de fumar un Astro, encender un Astro. Ganas de beber; ganas de beber Gaseosa, tomar un chorro de Gaseosa. Ganas de comer; ganas de comer Crocantes, comprar una caja. Ganas de fumar; encender otro Astro.

Describiendo a un crítico del consumismo.

Odié a los retorcidos cerebros que habían engañado a un hermoso consumidor… Era algo así como un asesinato… Podía haber ocupado su puesto en el mundo, comprando y usando, dando trabajo y beneficios a sus hermanos de todo el mundo, acrecentando constantemente sus deseos y necesidades, acrecentando el trabajo y los beneficios en el círculo del consumo, y criando niños que serían a su vez consumidores. Dolía verlo convertido en un fanático estéril.

Muy bueno esto del fanático no consumista.

Frases que describe como pensamientos horribles de los susodichos fanáticos:

El interés de los productores no es el interés del consumidor
Casi todo el mundo es desgraciado
Los trabajadores no encuentran automáticamente el empleo para el que son más aptos.
Los hombres de empresa no respetan las leyes del juego.
Los conservacionistas pueden ser sanos, inteligentes y estar bien organizados.

Miren ustedes qué avisos se pueden leer a la entrada de los edificios de alquiler:

La gerencia no asume ninguna responsabilidad por robos, asaltos y estupros.

La mención a estupros (relación con menores, por abreviar) queda cuando menos curiosa.

Un personaje llamado “el hombrecito” dice:

Enero es muy pesado. Convoco al Congreso y ellos me leen el mensaje, pero el resto del año pasa lentamente… A veces me dejan entrar cuando se celebra una reunión plenaria.

El tal “hombrecito” es el presidente del Gobierno.

Alberto Arzua

La carretera / Cormac McCarthy

Recién termino de leer este libro. Esto no es tanto una review imparcial del libro (hay varias y muy buenas por la red) como una reflexión de las sensaciones que su lectura ha producido en mí.
He de decir que hace meses, años tal vez, que no disfrutaba tanto de la lectura de un libro, que no me concentraba tanto en la historia y sentía que realmente estoy allí, junto a los protagonistas, viviendo sus penurias y alegrías.

El libro es una pequeña obra maestra de la literatura: Un padre y un hijo atraviesan un continente, un país, no se sabe muy bien nunca qué sitio es, arrastrando un carrito de supermercado. El mundo a su alrededor esta muerto, todo reducido a cenizas, todo es gris y ni siquiera la hierba, ni un arbusto, nada ha sobrevivido al holocausto.

En ninguna parte explican qué ha pasado, sólo someramente hablan de luces en el cielo, de truenos y arder de ciudades, contado en flashback por el protagonista. Este ocultar información se repite en el libro frecuentemente, pero con maestría para hacer discurrir al lector qué pasa que el libro no dice, que nos cuenta algo a medias para que nosotros lo terminemos de imaginar.

He encontrado algunos defectos al libro, pero son inconsistencias menores, que tienes que ir buscando a mala idea para encontrarlas. El mayor defecto del libro, y ese si que debe referirse, es la excesiva dramatización del viaje y de las penurias pasadas por los protagonistas; se puede cruzar una región a pie, incluso sin comida y tal, y no tener que pasarlo tan mal como la pasan a veces. A veces me pregunto por qué el padre no intenta arreglar un coche aunque sea para adelantar una docena de kilómetros, a veces encuentra pequeñas cantidades de gasolina.

Ambos personajes son las dos caras de una moneda, el hombre maduro, fuerte espiritualmente, atrevido y superviviente nato, el crío bueno por naturaleza o instinto, llorón, miedoso, frágil e indefenso, pero el padre necesita tanto del hijo como lo contrario. Lo único que mantiene con vida al hijo es la capacidad de supervivencia del padre, y lo único que mantiene al padre con vida es el amor que siente por su hijo.

En fin, si eliminas los autos y otros medios de transporte, el mundo se hace de repente mucho mas grande y oscuro de lo que nos parece normalmente. Cien kilómetros dejan de ser una hora de viaje para convertirse en una distancia insalvable sin estar dispuesto a invertir varios días al raso, y lo que antes era sólo un modo de conectar dos puntos y un rato de viaje, se convierte en la única cosa que te mantiene aferrado a la civilización si estás lo suficientemente alejado de las ciudades.

La lectura engancha desde la primera pagina. Imprimí las primeras dos paginas para ver qué tal, luego imprimí otras dos y finalmente imprimí el libro entero. Apenas he tardado tres días en leerme un libro bastante grande (no sé el número de páginas de la edición oficial, pero calculo que unas doscientas), algo muy raro en mí, que suelo leer muy pocos libros largos desde que trasteo con ordenadores. Es de destacar que todos los libros que empiezan con gancho generalmente bajan el ritmo al medio centenar de paginas, pero este te mantiene en vilo durante toda la lectura, desde el principio hasta el final, aunque a veces se hace repetitivo cuando entran a ver qué encuentran en la énesima casa.

Recomiendo este libro a cualquiera, sea friki o no, lector empedernido o no, no es una novela de aventuras, es una reflexión sobre el mundo y la fragilidad de todo lo que el ser humano representa y de lo que seguimos dependiendo de nuestra madre Tierra aunque no lo percibamos.
Agustín Molina

Anatema – Neal Stephenson

Este es el último libro publicado en español de uno de los pesos pesados de la ciencia ficción. No soy un lector especialmente adicto a la ciencia ficción, por lo cual el fiel aficionado al género haría bien en no seguir leyendo lo que yo sigo escribiendo. Manténgase cada cual en su realidad paralela.

Lo que más me atrae de la ciencia ficción es la ficción. La ciencia en sí no es que me la traiga exactamente al pairo, pero una sobredosis dentro de una novela me resulta incómodo, molesto e innecesario. Algo de esto sabe Julio Verne, que se empeñaba en describirnos plantas, animales o formaciones rocosas en párrafos y páginas infumables que los habituados saltábamos con precisión funambulista. El francés, por cierto, aparece genealógicamente en esta obra.

¿Este Neal sabe mucho y lo quiere demostrar? Algo de eso hay. ¿Este Neal tiene un importante cacao mental? Así me lo parece, pues mezclar el platonismo (filosofía viejuna como pocas) con los bits puede que esté de moda (“metafísica computacional” dice que se llama), pero me parece una sinsorgada propia de la New Age más pseudocientífica.

Sinsorgada. En proto-bilbaino: chorrez. En bilbaino antiguo: frase insustancial. En bilbaino medio: actitud de poca formalidad. En bilbaino práctico: acción torpe y aparatosa. En nuevo bilbaino: melonada.

¿Este Neal es un buen escritor? Pues según. Escribe correctamente, tiene ideas francamente originales y hasta divertidas, pero su manera de trasladarlas no resulta muy interesante que digamos. Vamos, que yo no daba botes de alegría cada vez que retomaba la lectura de Anatema.

Resumiendo, que esta novela me ha resultado aburrida y pesada. Con trozos luminosos, sí, pero que no me merecen la pena entre tanto fárrago teórico. Les avisaré a ustedes que el tal Neal utiliza habitualmente un lenguaje propio, lo que al parecer le otorga un caché de exquisito, pero que a mí se me antoja plúmbeo y pretencioso. ¿A qué viene llamar “sures” a las monjas, en vez de “sores”. Él sabrá. A lo que hoy en día conocemos por “la red”, o sea, Internet, la llama “la retícula”. A los santos les denomina “santes” porque, explica, esto viene del “Problema del tallador vago”, que redujo la longitud de la palabra sapiente a “sante” o “st”. O sea que los santos son listos. Esta última “gilypollez” (palabra también inventada por Neal; no he encontrado su versión original en inglés, si alguien la sabe, le agradecería que me la comunicara) no deja de tener su gracia. Y la gracia se agradece en esta novela porque la mayor parte de los chistecillos son típicos yankees de comedia de situación.

Dos cositas más. Una, este Neal tiene un problema con el asunto de quedar mal ante los demás y con el sentimiento de vergüenza en general, como se revela casi en cada conversación. Dos, su descripción de temas amorosos o sexuales es ridículamente torpe.

Y vayamos ahora con las citas.

Elegante descripción de un suelo:

Su suelo de piedra, 2300 años más antiguo que el suelo de la Nueva Biblioteca, era tan liso bajo la planta de mis pies que apenas podía sentirlo. Podría haber encontrado el camino con los ojos cerrados, limitándome a dejar que mis plantas leyeran los recuerdos grabados en el suelo por los que habían pasado por allí antes que yo.

Curiosa descripción de un coro cantor:

La irregularidad de las voces era música en sí misma.

Todavía más curiosa percepción de la coquetería femenina:

Estimé que tendría unos treinta años, aunque las mujeres de extramuros se arreglaban el pelo y la cara de una forma que hacía difícil estimar esas cosas; pensándolo mejor, era una de veinticinco arreglada.

Hablando de “connubio”, un latinajo sin retocar que utiliza para referirse a la relación sexual, suelta la siguiente… ¿ironía? matrimonial:

El número es casi siempre dos. La configuración habitual es que uno sea un fra y el otro miembro una sur, de edad similar.

Los que no tienen su nivel intelectual (traduzco: no piensan como él en materia científica), son lerdos:

Leyendo sin interés la siguiente línea de tecnogilypollez…

Retazo de lucidez:

Dado que el único propósito del Libro era castigar a sus lectores, cuanto menos se diga, mejor.

Frase típica. ¿Usted se la tragaría de merienda?

La metateorética pura merecía el apoyo secular. A mí me parecía evidente que estaba empleando la Trascuestación Hipotroquiana para afirmar que la metateorética pura sería la única ocupación de aquel Mensal, con lo que no estaba nada de acuerdo

Otra:

¿Hay sistemas de Insensatez Artificial en las Ecologías Desenfrenadas de Botnet Huérfana?

Una de risas para aquellos que entienden “orto” como se suele entender “orto”…

Rojos para el orto, azules para el flújico. Me metí uno rojo en el oído…

Una explicación de historia ficción que aclaro primero. “Avotos” son los monjes guardianes del conocimiento. “Cenobio” es sinónimo de monasterio. “Praxis” es la práctica. Con tal de liarla…

Hace tres mil setecientos años encerraron a los avotos en los cenobios por miedo a su capacidad de cambiar el mundo por medio de la praxis.

Momento de lucidez un tanto fascistoide:

El método poético es una característica del cerebro, un órgano concreto o una facultad, que posees o no posees. Y aquellos que la poseen están condenados a una guerra interminable con aquellos que no la tienen.

Al final del libro, en las denominadas Referencias, el tal Neal comenta:

Dado que mi objetivo ha sido escribir una novela interesante y no realizar una investigación filosófica seria…

Ante lo cual no tengo nada más que decir. Les aseguro a ustedes que me gustaría que me gustara este autor, pues ha escrito muchos libros y muy gordos (algo se me ha pegado en este largo comentario). En cuanto me desintoxique un poco a lo mejor pillo alguna otra novela siempre que se me asegure que no me dormiré en el intento. Dicen que tiene alguna histórica. Veremos…

Aunque el hábito no haga al monje he preferido poner una foto del autor como ilustración en vez de la tradicional portada. Ustedes sabrán ver el por qué.
Alberto Arzua

Brigadas de Defensa Coloniales / John Scalzi

Esto es la guerra, chicos y chicas, la guerra de verdad. Ahí en los planetas vivís en la inopia, no sois conscientes de que hay un universo en guerra constante, sólo de que hay comercio y de que de vez en cuando se funda una nueva colonia en un rincón desconocido del cosmos, o que desparece una ya existente. Y si desaparece una colonia es por eso, porque hay guerra, y si se puede fundar otra puedes jurar que ha costado mucha sangre a las Fuerzas de Defensa Coloniales. Sangresabia, por cierto, y de color gris. Sangre inteligente, que sabe tapar una herida al instante y defenderse contra cualquier ataque químico, o casi.

“El día que cumplí setenta y cinco años, hice dos cosas. Visité la tumba de mi esposa y me enrolé en el ejército.”

Eso escribía yo al empezar mi libro de memorias, al empezar mi vida como soldado de las FDC, mi vida después de una vida normal en un mundo normal y con un trabajo y una familia normales. Al cumplir 75 puedes seguir con tu vida normal y morirte normalmente, o puedes incorporarte a filas y hacer algo por la humanidad. Y uno dice ¿y por qué no? ¿Qué puede ser peor que morirte? Y se la juega, y descubre que hay peores formas de morir que de viejo en tu cama. Ya lo creo. Te pueden quemar, te pueden desintegrar, pueden volar tu nave y esparcir tu reventado cuerpo por el espacio, te pueden coser a balazos… hasta pueden comerte. En un apetitoso guiso además. Pero eso lo descubres después, y la alternativa ya no te parece tan interesante. Además, ni siquiera piensas en que lo haces “por la humanidad”, porque no es cierto: lo haces por ti y por tus compañeros, porque realmente merece la pena (y puede ser mucha pena) luchar por la gente a la que estás unido. Muy unido. Casi mentalmente unido. Además, en realidad no somos “tan” humanos, estamos rehechos, mejorados, somos nuevamente jóvenes y de cuerpos perfectos. Si unimos eso a nuestra anciana sabiduría y experiencia ¡imagina lo que se puede disfrutar! Pero no, no tienes tiempo de disfrutar nada de eso. Has de aprender a arrastrarte por el barro de cien planetas con tu arma a cuestas, a saltar, a correr, a luchar. Aprendes que apenas necesitas dormir ya, pero que todas esas horas que tiene el día ganadas al sueño no son para tu disfrute, sino para tu entrenamiento primero y el ejercicio de tu oficio de soldado después. Tus conocimientos no sirven de gran cosa en la mili, da igual que fueras ministro o limpiabotas, aquí eres soldado y si quieres ser otra cosa primero has de sobrevivir, te quedan por delante diez años de guerra, de jodida guerra, para poder volver a ser plenamente humano y unirte a otras personas en alguna colonia y comenzar lo que será una tercera y ya definitiva vida para ti. Pero muy pocos lo logran, el enemigo lo impide. Y qué enemigo… los hay de demasiadas clases y planetas y te puedo jurar que los únicos guapos somos nosotros, los demás son todos más feos que picio, el que no tiene garras y antenas tiene cuatro patas o alas de escarabajo. Aunque hay de todo también, como entre los humanos, hay alienígenas muy majos, aunque la mayoría… bueno, estaríamos mejor si no quedara ni uno. Cosa que de vez en cuando logramos hacer: no dejar ni uno. Aunque eso también nos puede pasar a nosotros. A la humanidad, digo. Pero para eso estamos las Fuerza de Defensa Coloniales, para defender vuestros gordos culos, y para ello somos malos, somos unos condenados asesinos de hombres, mujeres y niños de otras razas, pero podéis estar seguros de que si no hiciéramos ese trabajo sucio esas otras razas vendrían aquí, a la Tierra y los otros planetas humanos a hacéroslo a vosotros con los mismos escrúpulos que gastamos en las FDC. En nuestras filas no hay filósofos. Con esa ventaja contamos.
En los hasta ahora cuatro libros de las Fuerzas de Defensa Coloniales: La vieja guardia, Las brigadas fantasma, La colonia perdida y La historia de Zoe, te cuento todo esto y muchas cosas más que necesitas saber para no ser otro humanito perdido que no sabe lo que pasa a su alrededor. Más vale que los leas si sabes lo que te conviene. Además te divertirás, que no es poco en estos ajetreados tiempos. Eso es todo. Rompan filas.

El botones

Snow crash / Neal Stephenson

He tardado dieciocho años en leer este libro. Y no es que sea lento leyendo sino que la ciencia ficción me da pereza. Oír hablar de quarks, robots, avatares y otras zarandajas me produce somnolencia. ¿Por qué? Será cuestión de preguntármelo en serio ya que sospecho que me he perdido algo interesante. Lo digo porque he tardado menos de una semana en leerme este libro. Y me lo he pasado bomba.

Un malvado coleguilla, sospechando alguno de mis numerosísimos puntos débiles, me retó a leer la última novela de este escritor (de quien yo lo desconocía todo). ¿A que no te atreves con “Anatema”?, me dijo, sacudiendo el trapo rojo frente a mi defecto toro. ¿Cómo que no? ¡Dame Anatema! ¡Quiero Anatema! ¿Qué es Anatema? ¡Anatema! ¡Anatema!

Pero como el Anatema en cuestión no está aún disponible en las bibliotecas y mi presupuesto cultural se encuentra en números rojos, me tuve que conformar con el primer best seller del mismo autor, un libro que salió en el olímpico 1992. De ahí lo de los dieciocho años. Parece que fue ayer, ya lo sé, pero tampoco es cosa de ponerse a llorar ahora por el tiempo perdido.

O sí. Porque renegar de todo un estilo literario es una solemne tontería. Y la pereza no debería hacerle la competencia al placer. ¡Vaya frase! Se impone un bonito ejemplo. Si es usted capaz de negarse a colaborar íntimamente con su símbolo sexual xxx (a rellenar por el lector) crudamente expuesto en picada oferta carnívora, aduciendo cansancio o falta de tiempo… mejor coja una katana y practique el harakiri. Supongo que en esto estamos de acuerdo.

Respecto a la ciencia ficción, qué quieren que les diga. Parece cosa de frikis. Los estilos literarios más comunes (rosa, negro, verde, aventuras, realista, histórico, biografía, capa y espada…) utilizan como material al ser humano y a sus circunstancias, elementos que damos por conocidos y a partir de los cuales logramos hacernos una idea de lo que nos cuentan. La novela rosa habla de amor, chicas guapas y pasiones tremebundas. La novela negra trata de detectives borrachuzos, chicas guapas y asesinatos a tutiplén. La novela verde se nutre básicamente de chicas guapas. La novela de aventuras suele insistir en la conveniencia de salvar a alguna que otra chica guapa. La novela realista es una de las pocas en que la chica puede no ser muy guapa… En fin, para qué les voy a contar. Lo que quiero decir es que en las novelas que no son de fantasía o de ficción sabemos en qué terreno nos movemos y no tenemos que hacer mayor esfuerzo en imaginarnos cosas raras (como no sea esa inusual avalancha de chicas guapas).

Sin embargo en la ciencia ficción las personas no son personas normales sino ocurrencias del escritor con el aspecto más inimaginable posible (en eso está la gracia). Las carreteras no son carreteras, la comida no es comida, el mundo no es mundo, el tiempo no es tiempo… y ya mismo desde el principio te haces un lío. Hay que ser muy hábil para mantener tu atención con algo de lo que no entiendes nada. Supongamos la siguiente frase:

El clingon agarró la rufaca y girando los trocos en filotes atravesó el fundo que satinaba pinis a toda mecha mientras murmuraba “¡Certakis menos doscientos!”

Yo no me entero de nada, no sé ustedes. Puede que, con el paso de las páginas te vaya quedando claro qué es un maldito clingon, una rufaca e incluso te familiarices bastante con los trocos, pero el proceso de comprensión ha de estar bastante bien calibrado (quizás midiendo en certakis) para que no dimitas en el intento. ¡Coño, que esto es una novela y no un jeroglífico! Y no tengo nada en contra de los jeroglíficos, que conste. Si hay gente que disfruta no enterándose de nada durante ciento cincuenta páginas porque se te está describiendo un pseudomundo extrañísimo, pero después la goza lo indecible en las quinientas páginas siguientes… pues bueno… pues me alegro. De momento yo no he llegado a tamaña aberración.

Dicen que la última obra de este escritor (Anatema) es bastante críptica. Vamos, que cuesta enterarte de algo. No lo sé, nadie me la presta. De hecho otra de sus novelas (muchas de ellas muy gordas y compuestas de varios tomos con títulos distintos) se titula Criptonomicón, para qué más. Alguno de ustedes seguro que las ha leído. Alguno de ustedes seguro que las ha disfrutado. Pues ya me contarán porque, a lo que iba, tengo pensado leerme unas cuantas. ¿Por qué? ¿Tan incongruente soy?

Sí, por una parte sí. Y por otra les tengo que decir que me ha encantado esta “Snow Crash”. Como lo oyen. Hay cosas raras a tutiplén, por supuesto, pero están presentadas de un modo muy correcto, para que no te vuelvas demasiado majara. He dicho demasiado porque siempre hay cachos en los que no pillas todo lo que te gustaría. Pero no importa tanto, ahí queda la dudilla en el cerebro hasta la siguiente mención al asuntillo. Me debo estar volviendo un poco friki. Ni tan mal.

¿Qué hable del libro de una puñetera vez? Vale. Tiene partes rosas, negras, verdes, de aventuras, realistas… Acaba en gran follón estilo James Bond, como no podía ser menos. Es divertido, original, inteligente, ágil, tiene frases excelentes, una trama muy bien montada, ocurrencias científicas y culturales muy bien traídas (en este sentido una sola página de este libro tiene más sustancia que todo El Código da Vinci) y muchas cosas más, de las buenas y también de las no tan buenas, que ya iremos comentando según me vaya leyendo más locuras como ésta. De momento déjenme descansar, por favor, que ya vale de Metaversos.

(Me acabo de pillar un novelón clasicote. Para desintoxicar)

Alberto Arzua

El caso Jane Eyre / Jasper Fforde

 (Y otras novelas protagonizadas por Thursday Next)


Hola, querido lector, me llamo Thursday Next y soy una especie de policía literaria en un mundo de ficción en el que, según dicen los críticos, “En el mundo de Thursday Next no hay hooligans del fútbol, sino de la literatura”.  Mis novelas transcurren, pues, en un universo más o menos como el del lector, pero donde la gente da una tremenda importancia a la literatura.  En mi oficio nos dedicamos a perseguir a mafiosos que intentan vender falsas novelas originales de Dickens, a lidiar con grupos extremistas de partidarios de Marlowe, a quien consideran el real autor de las comedias del falsario Shakespeare, unos terroristas que ponen bombas en sus reposiciones teatrales.  También me dedico a impedir que empresas criminales intenten cambiar textos de grandes obras literarias para acomodarlos a sus intereses.  De hecho, en esta novela de “El caso Jane Eyre”, me dedico a buscar a la propia Jane, que ha sido secuestrada, antes de que se arruinen todos los libros que hablan sobre ella y se pierda…

-Vaya sarta de tonterías, espero que los lectores de la cosa esta, que no sé muy bien qué es, no crean una palabra.

-…se pierda… ¡coño! ¿Quién se ha puesto a escribir aquí? Oiga ¿quién es usted?

-Pues quién voy a ser, merluzo, Thursday Next ¿no hablabas de mí? aunque incoherente y torpemente.

-Pero… no me entero, o sea ¿es usted real y se puede meter en lo que escriben otros?

-Tú no te enteras, eh, listillo, cómo se nota que sólo eres el botones ¿no tienen en este blog un escritor que tienen que recurrir al que trae los cafés y acerca las sillas?

-Es que somos un blog pobre, ya ve que pone que es “sin propaganda”, no podemos permitirnos el lujo de contratar escritores de verdad, tenemos que apañarnos con los voluntarios.

-¡Cómo que no hay escritores de verdad!  -intervino Alberto Arzua–  ¿Y yo qué soy pues?

-Hosti ¿y este de dónde sale?

-Está en un artículo de ahí de más abajo.

-Si señora, encantado de conocerla -dijo Alberto- Hacéis un ruido del demonio con esos gritos, y andaba yo en un artículo sobre el “Armadillo” de William Boyd, y hasta he tenido que volver a colocar la foto en su sitio, que se había caído.

-No será para tanto, oye, mira, es que estaba yo aquí escribiendo sobre la novela esta de Jasper Fforde y ha aparecido de repente su protagonista, esta señora de aquí, embarazada, por cierto, que se llama Thursday Next.

-Encantado -saludó caballeroso Alberto- Es un placer, no la conozco, pero prometo aficionarme a su serie de novelas si sale usted en ellas, sobre todo si sale el momento de la concepción, o sea, si tienen sexo y persecuciones y violencia.

-Oiga, botones ¿es necesario que esté aquí este indivíduo rijoso mirándome como si no hubiera visto en su vida hoja verde?

-Venga, Alberto, a tus artículos, anda, y déjame aquí con la señora, que tú no pintas nada en este artículo ¡si ni siquiera has leído la novela!

Y Alberto Arzua se desvaneció con un plop como de pompa de jabón.

-Está bien esto de usar los recursos literarios para deshacerse de la gente incómoda, eh.  Además, en confianza, ahora que no nos lee… de escritor nada, eh, cuentista y pare usted de contar.

-Ya me parecía a mí que ese señor no era trigo limpio -dijo Leiaa asomando la cabecita tímidamente- A mí no me saluda nunca, y mira que hay artículos míos encima y debajo de los suyos, eh, pues nada, ni un hola.

-Oye, lo siento, pero esto era una conversación privada.

-Bueno, si molesto me voy -dijo nuevamente Leiaa-

-No, mujer, si no es que molestes, es que se trata de un artículo privado, aquí entre Thursday Next y yo, luego lo lees, eh.

-Ah, vale, pues luego os leo -se despidió Leiaa-.

-Es un encanto esta chica, eh, no como usted, botones, ella va a lo suyo y no molesta a las protagonistas de ninguna novela,como hace usted.

-Lo siento, no quería molestarla, sólo explicar al lector que usted vive en un mundo donde todo lo literario cobra una improtancia inusitada, y que sus novelas están llenas de guiños al amante de la lectura, y llenas de grandes personajes literarios, de villanos de relumbrón, de héroes que han movido nuestra imaginación desde niños, de gentiles princesas y damas románticas…  ¡¡Qué es esto, me está censurandoá?

-¿Censurar? No, señor mío, yo no censuro, es simple policía, que, si consulta usted el diccionario le dirá que significa

3. f. Limpieza, aseo.

4. f. desus. Cortesía, buena crianza y urbanidad en el trato y costumbres.

 cosa que, por lo visto, usted desconoce.  He leído alguno de sus artículos aquí y sepa que le estoy haciendo una inspección, porque me temo que maltrata usted a los protagonistas de algunas grandes novelas.

-¿Que yo maltrato a personajes de novela? ¡Lo que me faltaba por leer!

-Sí señor, sí, qué me dice usted de cómo hace expresarse, por ejemplo, a “el Gafas”, de “Han matado a un hombre, han roto un paisaje“, o a Jeeves y Wooster, los de Wodehouse… ¡por favor! qué torpeza la suya querer hacer pasar por los originales a unos remedos tan burdos como los que usted se ha sacado de la manga.  Sepa, señor mío, que eso constituye un delito de suplantación de personalidad literaria, y es muy posible que deba detenerlo y conducirlo ante un juez.

-Glups… ¿ante un juez yo? ¿Pero tan tan mal hago la reseñas de los libros?

-Juzgue usted mismo ¿cree que alguien va a querer leer mis libros tras haberse leído esta mierda de artículo?  No hace usted más que darme trabajo, con la de quehaceres que tengo (1)

¡Pero si es que apenas empecé se metió usted por medio y ya no me dejó seguir -intenté explicar mientras ella me tapaba la boca- ¡Esto es brutalidad policial! ¡Ay, me hace daño!  Le pondré una denuncia y ya verá, ya… Uuuuuh…

-Ulule, ulule… pero qué asco me dan estos escritorzuelos que se creen algo sólo porque tienen un blog. ¡Venga ¡Te vas a enterar tú, chorizo.

-Oiga, mire, yo… creo que  todo se ha debido a un malentendido, deje que me explique…

-¡A callar! ¡Las manos a la espalda! Queda usted detenido por un delito de lesa literatura, cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra, si no tiene abogado se le designará uno de oficio ¿Has comprendido?

-Sí señora.

-¡Calla, mamón, venga, tira p’alante!  Y encima llorica, qué asco, pero qué asco me da esta gentuza…  te voy a meter al trullo y voy a tirar la llave…

El recluso botones

 

(1) Yaya, no voy a poder pasarme por el supermercado ¿puedes ir tú?  Compra unos filetes y fruta, mucha fruta, que tengo antojos de fruta, no comería otra cosa.  Y mira a ver si ha acabado la lavadora.  (Es una cortesía de notaaalpiéfono, la compañía de comunicaciones literarias)