Sale a la venta la segunda novela de Stieg Larsson, ‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’ (Destino). En ella, el lector se vuelve a encontrar con la Suecia negra y con el periodista Mikael Blomqvist, esta vez encumbrado desde que resolvió el caso de una corrupta trama empresarial amparada en secretos de familia.
Ahora tiene entre manos un reportaje sobre el tráfico y prostitución de mujeres del Este, que le volverá a unir con Lisbeth Salander, una investigadora de una prodigiosa memoria fotográfica y adornada con tatuajes y ‘piercings’, de 1,54 metros de altura y 42 kilos de peso; una especie de heroína de videojuego.
La editora Silvia Sesé, de Destino, contrató la trilogía de Larsson ‘Milleniun’, a la que pertenece el nuevo volumen, el segundo dentro de la serie y cada uno de ellos con más de 700 páginas. «El aviso me llegó de Francia, un país en el que ha tenido un éxito espectacular. La historia del primer libro me pareció absorbente, tenía mucha calidad y trataba temas actuales como la violencia de género y la corrupción moral en una sociedad que presume de muy limpia y democrática».
Larsson murió de un ataque al corazón en 2004, recién cumplidos los 50 años. Fue reportero de guerra de varios medios de comunicación suecos y, situado a la izquierda de la socialdemocracia, se especializó en los grupos de ultraderecha que empezaron a surgir en su país en los años noventa. El autor no pudo ver su éxito, ya que falleció al entregar el tercer tomo a su editor y justo después de que se publicara el primero. En su país, de seis millones de habitantes, se han vendido ya tres millones de libros con alguno de los títulos de la trilogía.
‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’ comienza con Lisbeth alejada de Mikael, en una playa del Caribe, distrayéndose con el estudio de las matemáticas y ciertos placeres. La vida de los dos protagonistas de Larsson carece ahora de punto de unión, pero una chica atada a una cama, que sufre los abusos de un ser despreciable, puede volver a acercarlos.
Lisbeth Salander se ha tomado un tiempo: necesita apartarse del foco de atención y salir de Estocolmo. Trata de seguir una férrea disciplina y no contestar a las llamadas y mensajes de un Mikael que no entiende por qué ha desaparecido de su vida sin dar ningún tipo de explicación. ¿Y Mikael? El gran héroe, el súper Blomkvist, vive buenos momentos en Millennium, con las finanzas de la revista saneadas y reconocimiento profesional de colegas y medios. Ahora tiene entre manos un reportaje apasionante que le propone una pareja, Dag y Mia, sobre el tráfico y prostitución de mujeres provenientes del Este. Las vidas de nuestros dos protagonistas parecen haberse separado por completo, y mientras… una muchacha, atada a una cama soporta un día y otro día las horribles visitas de un ser despreciable.
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson
Festín de cuervos / George R. R. Martin
«Cuando callan las espadas, sólo queda carroña para los cuervos».
«Coged el libro y encerraos en un lugar cómodo y silencioso. Disfrutadlo como si se tratase de un amor de verano. Dulce, apasionado, efímero, como todo lo bueno.»
Álex de la Iglesia
Las circunstancias han forzado una tregua en la guerra de los Cinco Reyes. Los cultivos han sido devastados, y por ríos de aguas rojas descienden cadáveres de todos los blasones y estirpes. Pero en cada rincón de este poniente arrasado nacen ya nuevas intrigas, anhelos de poder de quienes codician un reino moribundo. Festín de cuervos, la cuarta entrega de la saga «Canción de hielo y fuego», continúa con una de las experiencias literarias más ambiciosas y apasionantes que se hayan propuesto nunca en el terreno de la fantasía, con nuevos personajes y tramas que nos adentran en un universo tenso y sobrecogedor.
EDICIONES GIGAMESH
Traducción de Cristina Macía.
Prólogo de Álex de la Iglesia.
Precio aprox: 24,95 €
863 pgs
ISBN: 9788496208599

George R. R. Martin nació en 1948 en Bayonne (Estados Unidos). Se licenció en periodismo en 1970 y publicó su primera novela en 1977, Muerte de la luz. Tras una brillante carrera como escritor de ciencia ficción, terror y fantasía, pasó a escribir guiones y a colaborar con serie televisivas como La bella y la bestia o En los límites de la realidad, además de realizar tareas de producción de diversos telefilmes. Se mantuvo apartado del género durante 10 años y en la actualidad es uno de los autores de mayor éxito de Estados Unidos.Su saga «Canción de hielo y fuego» –Juego de tronos, Choque de reyes, Tormenta de espadas y Festín de cuervos– lo ha consagrado como el escritor vivo más admirado de la fantasía épica.
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Leiaa
El alienista, de Caleb Carr

A finales del siglo XIX Nueva York tenía poco que ver con la ciudad que hoy conocemos, era más bien un apiñamiento de ciudades colmena unidas por grandes arterias, y lujosas zonas residenciales. Las leyes tampoco eran las mismas, una de las principales diferencias consistía en que la minoría de edad no estaba contemplada por la ley. Un niño de corta edad era responsable de sus actos, y buena parte de los niños de la ciudad vivían en condiciones de explotación infrahumanas. Algunos eran explotados en trabajos penosos, y muchos se ganaban la vida prostituyéndose. La prostitución infantil era un negocio que reportaba pingües beneficios. Yo soy Jonh Schuyler Moore, periodista del New York Times, y conozco al dedillo esos ambientes. Pero allá por el año 1896 empezaron a ser asesinados niños que se prostituían como travestidos, siendo horriblemente torturados. Mi amigo, el comisario Theodore Roosevelt, que luego llegaría a presidente de los Estados Unidos, reunió un grupo de expertos para que actuaran al margen de la corrupta e ineficaz policía neoyorquina. El doctor Kreitzler, eminente alienista, o como dicen ahora, psiquiatra, encabezaba el mismo; y en él estábamos mi amiga Sara Howard, que sería la primera mujer policía de la ciudad, los hermanos Isaacson, …(sigue) (más…)
La forma del agua (y otros) de Andrea Camilleri

Yo conozco muy bien al dottori Montalbano, en persona personalmente, digo, soy práticamente su secretario, estoy siempre al pie del cañón aquí en la comisería de Vigáta, en la hermosa Sicilia. El dottori es el comisario de la comisería y es el que nos manda a todos. A veces nos manda a la… bueno, no lo digo porque yo soy un endividio bien hablao. Manda sobre el surcomisario Augello, y sobre Fazio y Galluzo y los demás. Yo atiendo el teléfuno y tomo notas y doy los recados al siñor comisario. Hay que ser muy atento para poder enterase bien de lo que dice el personal y anotar bien los nombres.
-Catarella…
-Mande, siñor surcomisario.
-Como sigas hablando de ti se van a creer que tú eres el protagonista y no el comisario.
-Vale, pues siga usté. Si ya sé que soy el último pedo del culo yo en esta comisería ya lo sé…
-Salvo Montalbano es el comisario de Vigáta, una pequeña ciudad costera siciliana, aún con reminiscencias del pueblo pesquero que fue no hace tanto. Algunos, que le conocen poco, piensan que está un poco ido. Catarella, si vas a llorar vete a la centralita, anda. Los que tenemos más trato con él sabemos, definitivamente que en cualquier momento puede sorprendernos con las ideas más peregrinas. Es verdad lo de que tiene un genio de mil demonios, pero eso es fácil de controlar, sólo tienes que escaquearte cuando lo ves fruncir el ceño o colgar el teléfono con un golpe. Sobre todo si ha estado hablando con su novia. Ja, novia, a sus años, que andará por los cincuenta y. Y encima la tiene trabajando en Italia, bien lejos, para poder echar buenos polvos esporádicos sin ninguna de sus contraindicaciones. Bueno, salvo sus eternas regañinas telefónicas.
…(sigue) (más…)
El alquimista impaciente (y otros) de Lorenzo Silva

-Yo le tengo mucho respeto a Bevilacqua, es una persona cabal, aunque a veces se va por los cerros de íšbeda y se le nota que es un poco filósofo, claro, por algo dejó psicología para meterse en la Benemérita.
-¿Qué dices, Chamorro?
-Nada, mi sargento, que para ser picoleto eres un poco filósofo.
-Pues tú no eres precisamente la imagen tópica del guardiacivil.
-Ya. Serán las tetas.
-Bueno… tampoco hace falta que me mires así.
-Le estaba explicando, aquí al paciente lector, tu vida y hazañas, así por encima.
-Pues no sé yo si soy tan filósofo.
-Venga, pues dilo tú mismo, joder, mi sargento.
-Pero no te enfades.
-No me enfado
-Nací en Uruguay, hace treinta y seis años y apenas conocí a mi padre. Vine a España de chico, con mi madre, y despu´ñes de sufrir los desastres normales de la adolescencia gasté cinco años de mi vida en obtener una licenciatura en psicología. Su comprobada inutilidad, unida a la angustia del paro, me indujo a ingresar en la Guardia Civil. De la década larga que llevo en el Cuerpo guardo el recuerdo más o menos nítido de un buen número de homicidios. Algunos tuvieron la complicación justa para poder resolverlos, que es por lo que me pagan; otros fueron demasiado simples o estaban demasiado embrollados y no fui capaz de sacar nada coherente de mis pesquisas. De todos ellos perdura en mí, por encima de cualquier otro vestigio, una amarga conciencia de lo mucho que puede llegar a desear la gente avasallar a otra gente. í‰sa es, de tanto experimentarla, la única certidumbre sobre la existencia que está a salvo de mi escepticismo. (más…)
Gracias, Jeeves (y otros) de P.G. Wodehouse

-Caramba, Jeeves, es un compromiso eso de describir uno de los libros que escribió el tal Wodehouse sobre usted.
-Lo lamento mucho señor, ese hecho es algo que excede mis competencias.
-No es como si tuviera que vender sus excelencias para colocarle en casa de algún otro caballero, se supone que he de describir sus méritos y su comportamiento, y aunque lleva usted varios años a mi servicio, y reconozco que ha conseguido evitarme algunos daños memorables; como cuando quise casarme con aquella Gladys que coleccionaba mastines, o cuando me empeñé en llevar un chaleco verde con cuadros morados a las carreras de Ascot, no todo sería poner guirnaldas a su paso, Jeeves.
-Sirvo al señor lo mejor que sé, señor.
-Ciertamente un valet de chambre como usted es el contrapunto ideal para un joven licencioso y dado a la molicie como yo en estos tiempos victorianos que corren y en este imperio británico. Ya ve, un socio del “Club de los Zánganos”, tan selectivo, ha de mantener una cierta imagen de disipación y vacuidad. No quiero que me confundan con uno de esos petimetres de la city. Hay que vivir la vida, Jeeves, es un consejo que le doy. ¿Tiene ya ese té y esos sandwiches de pepino, Jeeves?
-Sí señor, me he permitido añadir un trozo de tarta de la cocina de mistress Travers.
-Ah, excelente idea, Jeeves. ¿Está usted en buenos términos con el cocinero francés de mi tía Dahlia, o más bien le atrae a su cocina cierta criadita de la casa?
-Ciertamente una visita a Brinkley Court en mi tarde libre no carece de atractivo, señor, monsieur Anatole es un generoso anfitrión en el ala del servicio, y la presencia de la doncella a que se refiere el señor contribuye a estimularme a frecuentar aquella mansión.
-Sé a lo que se refiere, Jeeves, yo mismo me he visto en algún momento de mi vida interesado por una cara bonita. Vaya con cuidado, Jeeves, suelen ocultar pérfidamente los más ingeniosos mecanismos a fin de acabar con la vida bohemia, feliz y despreocupada de los más cándidos solteros. Desdichado el que sucumbe bajo sus garras enguantadas en fina seda.
-Agradezco mucho su advertencia, señor.
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