Category: Negra
806 Sólo para adultos / Luis Gutiérrez Maluenda
| 22 mayo 2013 | Posted by elbotones under Negra |
Escribí sobre “Mala hostia” . Acabo de leer otra novela de Luis Gutiérrez Maluenda: “806 Sólo para adultos”.
Ahí tenéis otra novela interesante, sugerente, de comparaciones-metáforas graciosas, exageradas y que muestran la personalidad, un tanto disparatada, del detective protagonista (Basilio Céspedes “Humphrey”), al que se suma un ex-policía (policía de vocación), una “típica” secretaria y un par de personajes sacados de cualquier esperpento.
Se trata de desentrañar el misterio contenido en un extraño suceso que hace el caso atractivo desde el principio: un hombre “despierta” sin saber quién es y con un maletín en el que se pueden contar hasta 400.000 euros, una par de bolsas de coca y una pistola. El es el primer sospechoso de la muerte de una telefonista echadora del tarot que cree que el mundo se puede arreglar aún.
Un par de textos:
“Me gusta vivir donde vivo […]. Como me contó el fulano que me alquiló el piso: “Tiene las mejores vistas de Barcelona, eso de ahí delante es el meublé más concurrido de la ciudad, solo que te sientes en el balcón a ver la cara de felicidad que pone la gente cuando sale, te ahorras el cine; ahí vienen a follar tanto las criadas como las señoras y si te haces amigo de alguno de los camareros y te cuentan las historias que ellos saben, también te ahorras un dineral en literatura, que al precio que se están poniendo los libros…” No me cobró suplemento por esas ventajas extras y se lo alquilé”.
“- De un ser noble te puedes fiar, de un idealista es muy discutible. El idealismo es un desatino que nos diferencia de los animales. Y la diferencia juega a favor de los animales”.
Sacadle todo el jugo que podáis a esta dirección:
http://detectivesdelibro.blogspot.com.es/2011/11/basilio-cespedes-humphrey-luis.html
Las niñas perdidas / Cristina Fallarás
| 13 marzo 2013 | Posted by elbotones under Negra |
No sé si existirá el subgénero “novela sucia”. Nunca he oído hablar de él, pero habrá que empezar a pensar en crearlo. Cada vez es más frecuente que llegue a mis manos una novela basada en un crimen “sucio”, tan sucio que es capaz de manchar hasta el propio concepto de “humano”.
Son novelas que sin perder de vista el ambiente, la sociedad en la que tiene lugar el crimen, sin dejar de ser críticas con esa sociedad, ponen el foco iluminando preferentemente a unos individuos que matan sin ningún objetivo que se encamine a mantener o a adquirir un status social, político o económico. Simplemente satisfacen sus propios apetitos. Sin embargo, tampoco buscan un análisis sicológico del criminal.
Son asesinatos generalmente sádicos que buscan el placer, ensuciando todo lo que de humano pudiera haber en ellos y en sus víctimas: la pederastia más brutal, el abuso infantil que acaba, incluso de la manera más cruel y vejatoria, con la vida de quien lo sufre.
Y, si en la novela negra (Markaris, por ejemplo) a veces llegamos a simpatizar con los asesinos a sueldo, en estas que llamo “sucias” deseamos que el asesino sea castigado lo más rápido y atrozmente posible.
“Las niñas perdidas” de Cristina Fallaras (novela ganadora del premio especial del director de la Semana Negra de Gijón, 2011) es una novela de arcadas, para estómagos fuertes. Irregular, a mi modo de ver: con páginas que se acercan vivamente a la detective (embarazada y cercana al parto) que debe investigar el asesinato de dos niñas; y con páginas que guardan tanta rabia que me he perdido un poco a la hora de seguirlas. A todas esas “instrucciones para matar un pez, un hámster, un perro…”, sólo le faltan las “instrucciones para matar una niña”. ¿O no le faltan?
Drogadictos, prostitutas, mafiosos del Este y del Oeste, grandes profesionales liberales, burgueses adinerados, hombres de negocios,… todos son corresponsables, co-autores en un grado u otro del crimen más espantoso. No se salva ni la madre que las parió.
?
Sinopsis:
Existe otra Barcelona: la que se aleja del turismo, los anuncios institucionales con gente sonriente y el diseño. Es en esa otra ciudad, la canalla, en la que la ex periodista y detective Victoria González se mueve pisando fuerte. Y eso que su avanzado estado de gestación no se lo pone fácil.
Cuando Victoria recibe el anónimo encargo ?acompañado de un cheque de explícito y sustancial contenido?, empieza a imaginar que los infiernos barceloneses que ella conoce están a punto de ganar kilómetros en profundidad. Dos hermanas desaparecidas, de 6 y 8 años. Una de ellas, ya asesinada brutalmente; la otra, en paradero desconocido. Lo que significa que hay que encontrarla lo antes posibles, viva y entera preferentemente.
Andrés López
Liquidación final / Petros Márkaris
| 28 noviembre 2012 | Posted by elbotones under Costumbrista, Negra |
Dios mío! Lean, lean, vds.
Liquidación final no es novela para sujetos impresionables, débiles de carácter o pusilánimes.
Pero, los indignados, hastiados, cabreados, sufridores de esta y otras crisis, vapuleados, etc. tienen aquí la novela que se merecen.
La cosa empieza tal que así:
Le avisan a Jaritos de que han encontrado a cuatro mujeres de avanzada edad (entre 63 y 70 años, luego no tan avanzada) muertas.
En el primer contacto ocular, aparece una nota que dice algo así como esto: nos han rebajado la pensión; cuando hemos ido al médico, estaba de huelga (porque a él también le afectaban los recortes); hemos tenido que ir al privado, nos ha hecho una receta y, cuando la hemos presentado en la farmacia, el farmacéutico nos ha dicho que ya no fiaban más dinero a la seguridad social, que no les paga y que si queríamos la medicina teníamos que pagarla.
Hemos decidido dejar de ser una carga para la sociedad, para la seguridad social y para todos, así que ahora mismo nos suicidamos.
Impresionante, ¿verdad?.
Pues éste es el comienzo de la última novela de Petros Márkaris, la segunda de una trilogía que va a dedicar a la crisis helena.
Jaritos (el comisario) se multiplica esta vez por tres (el mismo se llega a preguntar dónde termina el policía y dónde empieza el “ciudadano que se siente siempre estafado”. No puede menos que enfrentarse con su triple condición de policía, de ciudadano y de padre.
Es testigo sufriente de lo que está ocurriendo en su país, en el nuestro, en Europa, en el mundo; de esa realidad monstruosa que llamamos crisis, con tentáculos económicos, políticos, sociales y hasta morales (sobre todo, morales).
Sufre en su propio trabajo los recortes económicos que la crisis –dicen- obliga a imponer. Y, como padre que es, debe pasar el tormento de ver cómo su hija decide emigrar. Como en otros tiempos, como siempre lo han hecho los griegos, aunque ahora el tipo de emigrante ha variado: se trata de una mujer, con estudios universitarios, que debe partir a África. Pero, el dolor es el mismo.
En ese clima se va tejiendo la intriga policíaca con un final (como siempre) injusto porque no debió existir el principio. Porque el principio nunca está en el primero de los asesinatos.
Podrís seguir comentando la novela y podría traer aquí muchas más “perlas” que las que aparecerán a continuación. Pero no quiero dar pistas sobre la historia.
“- Papá, sé muy bien cuántos sacrificios te costaron mis estudios. Sé que contabas hasta los céntimos para que yo pudiera terminar mi doctorado. No soporto que vosotros (los padres) y Fanis (su marido) sigáis manteniéndome. Ya no soporto acostarme cada noche y levantarme cada mañana sintiéndome culpable. Tú me lo has dado todo, pero este oaís no me ofrece nada.”
“Si fuéramos por ahí cargándonos a los que defraudan al fisco, la población de Grecia quedaría reducida a los empleados públicos, a los asalariados privados, a los desempleados y a las amas de casa”.
“Somos Marina y Yannis. Marina hizo el doctorado en psicología y yo tengo un máster en historia. Hace cinco años que estamos juntos. Queremos casarnos, pero ninguno de los dos tiene trabajo. Marina trabajaba como colaboradora externa en una fundación hasta que la despidieron. Yo nunca pude encontrar un empleo. Nuestros padres ya no pueden ayudarnos. Mi padre tuvo que cerrar la zapatería[…] y el padre de Marina perdió su empleo cuando la empresa quebró. No encontramos trabajo, no podemos vivir juntos y nuestros padres no pueden mantenernos. Sólo nos queda[…] ¿Qué es lo único que les queda? Ese será el camino que sigan.
“Si a vosotros (los policías) os han recortado los sueldos y os han quitado los suplementos, ¿te imaginas cómo debe ser la comida en la cárcel?”
“- ¿Qué pensabas, que te ganarías el ascenso por tus méritos? ¿Acaso has conseguido así alguno?
Al final me convencerá de que la única manera de conseguir un ascenso en la administración pública griega es no hacer nada, y eso el ministro acaba de servírmelo en bandeja”
“- Cogeré el autobús.
- Sé que hoy no están de huelga, porque es domingo.
Paisaje de otoño / Leonardo Padura
| 20 noviembre 2012 | Posted by elbotones under Negra |
Cuando termino de leer una novela negra, en la que la “trama detectivesca” marca la tensión de la lectura, y pienso en escribir en el blog una pequeña “reseña”, siempre me asaltan las dudas de qué decir sin descubrir al posible futuro lector ni un ápice de lo que va a ocurrir. Vamos, sin darle ni una sola pista de quién es el asesino.
Así que he revuelto un poco en Internet y he encontrado este pequeño texto que resume muy bien y brevemente lo que yo hubiera podido escribir. Os lo trascribo:
“Mario Conde ha decidido dejar su trabajo como investigador policial en los días que un devastador huracán recorre el Caribe con la intención de atravesar la isla. Mientras, un exdirigente cubano, exiliado en Miami, regresa por unos días a Cuba y su cadáver, mutilado, aparece a la orilla del mar.
La condición para que la renuncia del Conde sea aceptada es que esclarezca el asesinato de Miguel Forcade y, en la búsqueda del criminal, se ve envuelto en turbias historias de tráfico de influencias, de malversación de obras de arte y de diversos niveles de corrupción. Un magnifico cuadro de Matisse, “Paisaje de otoño” parece ser la clave que se esconde detrás de la muerte del exiliado y tras esa pista Conde descubre alarmantes verdades y un inesperado asesino, mientras el esperado huracán atraviesa la Habana.
Paisaje de otoño cierra la tetralogía “Las cuatro estaciones” y es el último caso que trabajará Mario Conde como investigador policial. Ganadora del premio Hammet de 1998 a la mejor novela policial de lengua española, también mereció en Francia el premio de las Islas y en Cuba el premio Nacional de la Crítica.”
Y, dicho esto, ahora viene lo importante. Padura sigue gustándome un montón. En la novela está la investigación del crimen y la denuncia de la sociedad en que se comete. Pero también está una naturaleza animada, con vida propia, desde el ciclón que va a limpiar la isla hasta los árboles capaces de sentir a quien los cuida y ama, lo cotidiano y lo festivo, las ilusiones y la melancolía, y el miedo, y la guerra, y la injusticia del mundo, y la desilusión, y la amistad, y la búsqueda de lo que uno es y lo que quiere ser, la renuncia, el amor, el sexo y el miedo (otra vez), la religión, las relaciones con la madre porque el padre casi nunca existe (aunque sí el abuelo), y, y, y…
Vamos que deberíais leerla.
Algunas citas… para disfrutar y pensar:
“— Me gusta eso de que alguno de nosotros mande todo a la mierda y se decida a esperar que venga lo que quiera venir.
—Un ciclón —susurró el Conde, después de un trago, pero su amigo continuó, como si no lo hubiera oído.
— Porque tú sabes que somos una generación de mandados y ése es nuestro pecado y nuestro delito. Primero nos mandaron los padres, para que fuéramos buenos estudiantes y buenas personas. Después nos mandaron en la escuela, también para que fuéramos muy buenos, y nos mandaron a trabajar después, porque ya todos éramos buenos y podían mandarnos a trabajar donde quisieran mandarnos a trabajar. Pero a nadie se le ocurrió nunca preguntarnos qué queríamos hacer: nos mandaron a estudiar en la escuela que nos tocaba estudiar, a hacer la carrera que teníamos que hacer, a trabajaren el trabajo en que teníamos que trabajar y siguieron mandándonos, sin preguntarnos ni una cabrona vez en la repuñetera vida si eso era lo que queríamos hacer… Para nosotros ya todo está previsto, ¿no? Desde el círculo infantil hasta la tumba del cementerio que nos va a tocar, todo lo escogieron, sin preguntarnos nunca ni de qué mal nos queríamos morir. Por eso somos la mierda que somos, que ya no tenemos ni sueños y si acaso servimos para hacer lo que nos mandan.”
“Pero en los últimos tiempos algo había ocurrido en el cerebro de Andrés. Aquel hombre a quien admiraron primero cuando había sido el mejor jugador de pelota del Pre, aupado por losa plausos de sus compañeros, con el mérito viril de haber perdido la virginidad con una mujer tan hermosa y tan loca y tan envolvente que todos hubieran deseado perder con ella hasta la vida, aquel mismo Andrés que luego sería el médico eficiente al cual todos acudían, el único que había logrado un matrimonio envidiable, con dos hijos incluidos, y había recibido el privilegio de tener casa propia y auto particular, se estaba revelando como un ser lleno de frustraciones y rencores, capaces de amargarlo y de envenenar el ambiente que lo rodeaba. Porque Andrés no era feliz, ni se sentía satisfecho con su vida y se encargaba de que todos sus amigos lo supieran: algo en sus proyectos más íntimos había fallado y su camino vital —como el de todos ellos—, se había torcido por rumbos indeseables aunque ya trazados, sin el consentimiento de su individualidad.”

“Ejercitar su independencia era uno de los privilegios de su nueva situación. Se dirigió deprisa hacia la cocina y puso al fuego la cafetera, dispuesto a beber la infusión mañanera capaz de engañar a su organismo y devolverle la vitalidad necesaria para lo que deseaba hacer: sentarse a escribir. Pero ¿de qué coño vas a escribir, tú? Pues de lo que había dicho Andrés: escribiría una historia de la frustración y el engaño, del desencanto y la inutilidad, del dolor que produce el descubrimiento de haber trastocado todos los caminos, con y sin culpa. Aquella era su gran experiencia generacional, tan bien plantada y alimentada que seguía creciendo con los años, y concluyó que valdría la pena ponerla en blanco y negro, como único antídoto contra el más patético de los olvidos y como vía factible para llegar, de una vez, al núcleo difuso de aquella equivocación inequívoca: ¿cuándo, cómo, por qué, dónde había empezado a joderse todo? ¿Cuánta culpa tenían (si es que la tenían) cada uno de ellos? ¿Cuánta él mismo?”
“— Si puede volver a ser sincero conmigo, respóndame otra pregunta: ¿no le parece realmente bochornoso tener en esa pared de esta casa un cuadro millonario, comprado con su cargo, mientras allá abajo hay gentes que se pasan la semana comiendo arroz y frijoles después de trabajar ocho o diez horas y a veces no tienen ni una pared para colgar un almanaque?
Gerardo Gómez de la Peña volvió a alisar la triste cobertura de su calva vergonzante y miró rectamente a los ojos del teniente investigador:
— ¿Por qué debía abochornarme, precisamente yo, que soy un viejo retirado al que le gusta mirar ese cuadro? Por lo que veo, teniente, usted no conoce muy bien este barrio, donde en casas tan confortables como ésta hay otros cuadros tan bellos como ése y adquiridos por caminos más o menos similares y donde se acumulan además esculturas de marfil y de maderas preciosas africanas, donde están de moda los muebles nicaragüenses, donde a las sirvientas se les llama«compañeras» y se crían perros de razas exóticas que comen mejor que el sesenta por ciento de la población mundial y que el ochenta y cinco de la nacional… No, claro que no me abochorno. Porque la vida es como dijo el viejo congo: al que le tocó, le tocó… Y al que no le tocó, lástima, pero ése se jodió, ¿no?”
Diálogo entre el exteniente, recién jubilado, y el Conde:
“— Mi mujer quiere que hoy arregle el jardín, ¿qué tú crees?
— Que estás loco si lo haces… Por ahí se empieza: después va a querer que pintes la casa, que limpies la cisterna y hasta que bañes al perro feo ese que tienen ustedes. Entonces vas a estar jodido para siempre, porque te va a dar una jaba con la libreta de la comida y te voy a ver en la cola de la bodega, cogiendo el pan todos los días y averiguando en la carnicería si vino el pollo o el pescado. Y ya no vas a tener salvación: vas a ser lo que mundialmente se conoce como un viejo de mierda.”
Y sigue el diálogo:
“— Es del carajo —admitió el teniente—. Tú que te pasaste la vida mandando a los demás… ¿Extrañas no tener ese poder, verdad, Viejo?
Rangel miró la tabla limpia de su buró y tosió antes de responder.
— Eso de mandar es como una enfermedad. Después que te acostumbras casi que prefieres vivir con ella, aunque sepas que te lleva a la tumba, ¿no…? Creo que es un vicio terrible, que no te lo puedes quitar así como así.
— ¿Pero te gustaba?
— En cierta forma sí, lo disfrutaba, aunque tú sabes que nunca fui injusto con los demás. Les exigía igual que me exigía a mí mismo. ¿Quieres saber una cosa, ya que estoy soltando todo esto? Hace veintiocho años que no me acuesto con otra mujer que no sea Ana Luisa. Y no fue por falta de proposiciones, no te creas. Fue por falta de tiempo, por no querer complicarme, por no ser vulnerable, para seguir siendo jefe… Fue como si cogiera todas las otras cosas de la vida y las metiera en un saco y las tirara en el fondo de un closet: y dejé fuera nada más que las que necesitaba para ser un buen jefe…”
La gran verdad:
“Miguel sabía que contra su ascenso estaba el tiempo: ya tenía casi cincuenta años y, como él decía, todavía no conocía a una persona que trabajando honradamente hubiera llegado a hacerse rica…”
“Desde que se había aficionado a la lectura y sintió aquella envidia corrosiva hacia las personas capaces de imaginar y contar historias, el Conde aprendió a respetar la literatura como una de las cosas más hermosas que podía engendrarla vida.”
Y, para acabar:
—. Usted me ha demostrado que es un excelente policía, y eso yo lo voy a elevar, claro que sí.
—No insista, coronel. Quiero mi baja y no mi elevación. Esto se acabó para mí.
Y Molina seguía sin entender.
—Pero, ¿por qué?
El Conde abrió en su mente el abanico de posibilidades y decidió escoger las menos agresivas.
—Porque no me gusta resolver casos como éste: la persona más limpia de toda la historia resultó ser el que va a pudrirse en la cárcel… Porque no quiero seguir revolviéndome en la mierda, en la mentira, en la falsedad. Porque no resisto la idea de que la mitad de los policías que fueron mis compañeros durante diez años, entre los que había gentes en las que yo creía, hayan sido expulsados justa o injustamente. Y porque quiero tener una casa frente al mar para ponerme a escribir. Quiero escribir una historia escuálida y conmovedora.
— ¿Escuálida?
—Y conmovedora —agregó el Conde, respondiendo— Porque quiero hablar de ese amor entre los hombres. Eso es lo que quiero. Por favor, coronel.
—Por mi madre que no entiendo. ¿Amor entre los hombres, teniente?”
Adiós Hemingway / Leonardo Padura
| 16 noviembre 2012 | Posted by elbotones under Negra |
Sin palabras. Así me he quedado. Probablemente, cuando se lee algo tan bueno, tan “redondo”, se le agolpan a uno dentro tal cantidad de ideas, de sensaciones, sentimientos,… que para que salgan en orden haría falta algo mucho más amplio que un papel y un bolígrafo (el mar, ¿quizás?) porque estos medios son tan reducidos, tan estrechos que sólo sirven para que se forme un gran tapón.
Padura consigue un canto a la amistad ( y a algo más) sin atisbos de ñoñería o malentendidos, mientras trata de destripar la verdad (que nunca alcanzará, como ya había profetizado en el comienzo de la novela) sobre unos huesos aparecidos en la vieja mansión santiaguina en la que Hemingway vivió casi al final de su vida.
Al hilo de ello querrá conocer la verdadera dimensión humana de Hemingway y sus sentimientos hacia él. Sin mentiras. Sin ocultarse nada.
Y, mientras lo hace, deja caer una visión crítica, ácida y muy poco abierta a la esperanza sobre unas cuantas cosas. Incluida la literatura.
Adiós Hemingway de Leonardo Padura se sale de lo que suele ser normalmente una novela negra, (pero tiene todos sus ingredientes) para convertirse en un novelón sin adjetivos.
Andrés López
Testamento Mortal / Donna Leon
| 5 noviembre 2012 | Posted by elbotones under Negra |
Un Brunetti muy humano recorre en esta ocasión una investigación sencilla, sin sobresaltos, sin complicaciones extras.
En “Testamento mortal” casi no hay enfrentamientos directos con sus superiores, Brunetti tiene tiempo para su mujer y sus hijos y los lectores nos encontramos en el centro de una historia llana, que tiene mucho que ver con el hecho de que ocurra en un medio ambiente dominado por ancianos.
Por no haber, ni siquiera hay “grandes malos”, mafiosos sin conciencia, criminales desalmados,… Hasta podríamos preguntarnos si hay algún crimen.
Donna Leon parece mucho más preocupada por las corrupciones de los políticos, la función de la Iglesia, el abandono familiar y social de los viejos, el maltrato a las mujeres, y el enchufismo. Es una novela “tranquila”, tranquilidad que sólo se rota de vez en cuando por afirmaciones críticas, duras y tajantes, sobre los temas que apuntaba antes.
Así, podemos leer:
“Éste también era un fenómeno con el que todos en la ciudad estaban familiarizados: ancianos frágiles, curvados en sus sillas de ruedas y cubiertos con mantas, independientemente de la estación, empujados al sol por amigos o parientes o, cada vez más, por mujeres con aspecto de proceder de Europa oriental, que los llevaban al campo a pasar una parte de lo que les quedaba de vida, en compañía de lo que quedaba de sus vidas más allá de sus reducidas y atestadas habitaciones”.
“Él se sentó de nuevo y se concentró en su propio libro, los Anales, de Tácito, que llevaba sin leer al menos veinte años. Y que ahora leía con la atención de un hombre de una generación mayor. El salvajismo de gran parte de lo que describía Tácito parecía adecuarse a los tiempos en que a Brunetti le había tocado vivir. El gobierno hundido en la corrupción, el poder concentrado en manos de un solo hombre, el gusto y la moral públicos viciados hasta más allá de lo imaginable: qué familiar sonaba todo eso.
Sus ojos se encontraron con esta frase: «El fraude, atacado repetidamente por la legislación, revivía ingeniosamente tras cada sucesiva contramedida.» Volvió a colocar el punto de lectura y cerró el libro.”
“—Guido —dijo ella armándose de paciencia—, no hay ningún eclesiástico, a pesar de lo que crees, capaz de decir la verdad lisa y llanamente.
—Eso no es cierto —rechazó Brunetti, tajante. Luego, más despacio—: Ha habido algunos.
—Algunos.
—De todos modos, tú nunca te fiaste de ellos.
—Pues claro que no me fío. Pero no los cuestiono en situaciones en las que la gente podría mentir: personas muertas o que podrían haber sido asesinadas. Recuérdalo, por favor. Yo hablo del tiempo con ellos cuando me los encuentro en casa de mis padres. La lluvia es un tema fascinante: demasiada o poca. Les gustan los absolutos. Pero esto no es lo mismo.
—¿Y te fías de ellos cuando hablan del tiempo?
—Sólo si estoy cerca de una ventana y miro fuera —respondió Paola, que se puso en pie y dijo que debía irse a la universidad.”
“Ella colocó su copa encima del periódico —de hecho, encima del rostro del hombre que aquel día había anunciado su candidatura a la alcaldía— y dijo:
[…]Ella cogió su copa, tomó otro sorbo y golpeó con el dedo el pie de la copa para señalar la foto.
—¿Puedes creerlo? Continuará siendo ministro y, al mismo tiempo, alcalde.
—¿Qué días nos tocará? ¿Lunes, miércoles y viernes? Y al gobierno de Roma ¿dedicará martes, jueves y sábados? —Bebió y dijo—: Cualquier persona normal pensaría que es un insulto, tanto para la nación como para la ciudad.
Ella se encogió de hombros.
—¿Acaso el último no conservó su puesto en Bruselas y, al mismo tiempo, el de profesor universitario?
—Estamos gobernados por una raza de héroes —declaró Brunetti, dirigiéndose hacia el frigorífico.
—¿Tú crees que si bebemos a toda prisa la botella entera hará que se vayan? —preguntó Paola, vaciando su copa y tendiéndosela.
Él sirvió, aguardó, volvió a servir y al cabo dijo:
—Un rato más y volverán, como cucarachas, pero al menos podremos verlos a través de las burbujas del champán.
En un tono despreocupado, ella preguntó:
—¿Crees que hay alguien sobre la tierra que desprecie a sus políticos tanto como nosotros?
Brunetti llenó su propia copa antes de comentar:
—Oh, estoy seguro de eso. Excepto en lugares como Escandinavia y Suiza, la mayoría de la gente los desprecia.
Ella oyó el final de la frase, pronunciado en tono de guasa, y preguntó:
—¿Pero?
Brunetti estudió la foto del periódico.
—Pero creo que nosotros tenemos más motivos que la mayoría. —Tomó un trago.
—A menudo me pregunto en qué planeta creen que están viviendo —dijo Paola, doblando el periódico y deslizándolo a un lado—. No hablan un lenguaje que el hombre comprenda; no conocen otras pasiones que la codicia y…”
“Bien, se dijo, cuando consideró la rapidez y eficacia con que se había cumplimentado su solicitud: ¿por qué la judicial había de ser diferente de cualquier otra institución pública o privada? Los favores eran concedidos a la persona cuya petición iba acompañada de una raccomandazione, y cuanto más poderosa era la persona que hacía la raccomandazione, o cuanto más estrecha la amistad entre los ayudantes que descendían a los detalles, tanto más rápidamente se atendía la solicitud. ¿Se necesita una cama en un hospital? Lo mejor es tener un primo médico en ese hospital o estar casada con uno. ¿Un permiso para restaurar un hotel? ¿Problemas con la Comisión de Bellas Artes por la pintura que uno quiere trasladar a su piso de Londres? La persona adecuada no tenía más que hablar con el funcionario adecuado o con alguien a quien el funcionario debiera un favor, y todos los caminos quedaban allanados.”
“—Pero es un hombre sin formación, con abundantes antecedentes penales, un ladrón conocido —argumentó Vianello, tratando de disimular su sorpresa.
—Podrías estar describiendo a muchos de los hombres que están en el Parlamento —replicó Brunetti, como si fuera una broma, pero de repente se sintió agobiado por la verdad que encerraban sus palabras.”
El informe de Brodeck / Philippe Claudel
| 4 octubre 2012 | Posted by Alberto under Cachito, Costumbrista, Narrativa, Negra, Novela |
Este autor utiliza una pluma suave, morosa, detallista, introspectiva, triste, ligera, saltarina, para describir un mundo duro, hosco, seccionado, donde la felicidad tan solo se encuentra en algunos breves instantes del pasado. Las palabras son siempre sencillas, el ritmo lento, hacia delante y hacia detrás incesantemente, desvelándote historias al tiempo que te las va velando, jugando con las piezas de un rompecabezas cuyo aspecto general, cuyo sentimiento, se te revela muy nítido desde el principio.
Hay mucha tristeza, mucha nostalgia, pero de esa que te atrapa el corazón dándote razones para vivir, como si atisbaras a través de la puerta entornada de un bar de carretera, emocionado, sin atreverte a entrar, la actuación de una cantante de fados. Hay bondad en quien cuenta la historia, tranquilidad, resignación, empatía, y también indignación. Indignación en voz baja, que resuena mucho más. Indignación porque lo que más hay en esta historia es maldad, una maldad áspera e inevitable, la única maldad posible, la maldad de los hombres.
Y también hay buena literatura, comparaciones originales, frases muy interesantes, manejo de los tiempos… Pero antes de pasar a las citas me gustaría hacer notar que esta novela no es perfecta porque no puede serlo y porque, además, el argumento es demasiado sencillo y conocido casi desde el principio. Eso le resta bastante interés a la lectura, estoy de acuerdo con lo que dice Andrés López en su artículo Almas grises. Pero de esto hablaré después de las citas, abundosas pero breves. Aquí van.
…en algún rincón de su pequeña iglesia de muros tan anchos como la envergadura de un águila.
… esos dientes ennegrecidos, que huelen a vendaje sucio.
La noche había extendido su manto sobre el pueblo como un carretero su capa sobre las últimas brasas de una hoguera de camino.
… Recuerdo que miré el cielo y, al ver todas aquellas estrellas tan apretujadas, como pajarillos asustados que buscan compañía…
… una gota de sudor, minúscula y brillante como un cristal de roca, le resbalaba por la nariz con una lentitud pasmosa.
Se produjo un murmullo, un ruido de bestia de carga a la que le aflojan los varales y gruñe de gusto.
Siempre la he visto torcida y encorvada, arrugada como un níspero olvidado en la bodega durante tres estaciones.
… la última tajada de tocino, una gruesa loncha cuya grasa, casi traslúcida tras la cocción, resbalaba por el plato como las lágrimas de cera por el cuerpo de una vela.
Tengo la sensación de que no estoy hecho para mi vida. Me refiero a que me viene grande por todas partes, que no es de la medida de un hombre como yo, que se llena de demasiadas cosas, de demasiados hechos, de demasiadas miserias, de demasiados fallos.
… me conoce como si fuera un bolsillo en el que ha metido la mano miles de veces.
Lo cierto es que la muchedumbre en sí es un monstruo, un enorme cuerpo que se engendra a sí mismo, compuesto de miles de otros cuerpos pensantes. Y también sé que no hay muchedumbre feliz. Detrás de las sonrisas, las risas, las músicas y los eslóganes hay sangre que se calienta, sangre que se agita, sangre que gira y enloquece al verse revuelta y removida en su propio torbellino.
… para acabar soltando una carcajada, una risotada que, mitad bramido mitad ejercicio de vocalización…
¿Quién decidió hurgar en mi oscura existencia, hacer añicos mi frágil tranquilidad, arrancarme de mi gris anonimato, para lanzarme como a una bola enloquecida en un inmenso juego de petanca? ¿Dios? Entonces, si existe, si existe de verdad, que se esconda. Que se eche las manos a la cabeza y que la agache.
Alrededor flotaba el olor a excrementos y plumas de gallina, repugnante y persistente como el de los tallos podridos de unas flores olvidadas durante días en un jarrón.
Era una hermosa noche, fría y clara, una noche que, además, no parecía querer acabar, que se arrebujaba en su negrura, dando vueltas y más vueltas, como quien holgazanea en la cama por la mañana, al calor de las sábanas.
Y aquí no acaba mi comentario porque, tras leer El informe de Brodeck (2007), me he lanzado a devorar Almas grises (2003) y lo que he encontrado me ha dejado bastante patidifuso… porque es el mismo libro. El mismo. Los mismos malos, los mismos buenos, la misma niñita, la misma mujer, la misma guerra, los mismos hechos violentos, los mismos sentimientos, el mismo ambiente, los mismos odios y amores… los mismos o parecidos. Es como si aquella primera novela hubiera sido un ensayo. Porque la primera es un poquito peor, con más agujeros, menos cocinada, aunque supongo que si se lee en primer lugar sorprenderá tanto como a mí me ha sucedido con esta segunda.
Así que quiero dejar aquí constancia de mi decepción. ¿Es un escritor de una sola novela que irá puliendo y puliendo hasta el fin de sus días? Es una posibilidad, está en su derecho, pero resulta un poco raro, desazonante. Tiene un cuento, La nieta del señor Linh, delicioso, que me gustó mucho, pero que también adolece de indefinición. ¿Será un escritor de sentimientos y no de historias? Será. Ustedes lo disfruten y lo descubran a su propio ritmo. Consignemos, para finalizar, algunas citas de Almas grises:
Primer lunes de diciembre. En nuestra ciudad. 1917. frío siberiano. La tierra crujía bajo los pies y el ruido resonaba hasta en la nuca.
Sus antepasados habían luchado en Crécy. Como todo el mundo, seguramente, pero ni lo sabemos ni nos importa.
Poco después se lo llevaron dos enfermeros, vestido con una camisa de fuerza que le daba aspecto de esgrimista.
Los fieles se dispersaron como estorninos sobre un trigal verde.
¿De qué sirve todo esto que escribo, tantas líneas apretadas como ocas en invierno y todas las palabras que coso a ciegas?
Iba a hacer un calor como para curtir todos los deseos.
Las campanas cortaban el tiempo como si fuera el tronco de un árbol muerto.
Las escopetas tienen un gusto curioso. Se te pega a la lengua. Pica. Sabe a vino y a tierra.
El enigma de la calle Blancs-Manteaux / Jean François Parot
| 30 agosto 2012 | Posted by Alberto under Narrativa, Negra, Novela |
Novela policiaca ambientada en el París del siglo XVIII, escrita por un muy culto diplomático, actualmente retirado. Se trata de la primera entrega de una serie de 10 que protagoniza un tal Nicolas le Floch, comisario en el Châtelet. Me da la impresión, por lo que veo en la red, que tan solo las tres primeras están traducidas al castellano, pero pudiera estar equivocado.
La cultura y el buen gusto del señor Parot se reflejan principalmente en sus múltiples disquisiciones culinarias, un poco al estilo de Vázquez Montalbán o Donna Leon. También en las citas que encabezan cada capítulo. Como muestra, un botón nacarado:
Fare niente. Como un viajero a quien las necesidades de la naturaleza obligan a descansar a mitad del día, aunque le acucie el tiempo, el arcángel se detuvo entre el mundo destruido y el mundo reparado. MILTON.
Esta obra sigue todas los convencionalismos de la novela negra, con su inspector peculiar, sus asesinatos inexplicables, sus sospechosos, sus golpes de efecto… De hecho el final es totalmente poirotiano. Se lee con suma facilidad, se sigue la trama con agrado y se disfruta principalmente en todo lo referente a ambientación, (supongo que) muy lograda.
Es un libro redondo, que a todo escritor sin ambiciones le gustaría haber escrito. Incluso contiene algunas chispitas que brillan más allá de lo puramente narrativo:
Inmediata explicación de una metáfora:
La iglesia era ahora invadida por las tinieblas. El granito, como sucede en invierno, lloraba en el interior. Con el humo del incienso y de los cirios se mezclaba un vapor de agua exudada por los sombríos muros.
Psicología elemental:
En el mejor de los casos, los rostros eran espejos que reflejaban vuestras propias preguntas. Así, cualquier confianza, cualquier amistad y cualquier abandono topaban con el muro de hielo de las defensas adversarias. Cada cual estaba solo en el universo.
En suma, se trata de una muy correcta novela policiaca, magníficamente ambientada, bien planteada y resuelta, cuyo protagonista tiene la suficiente garra como para acabar enganchando. Un buen libro para llevarse a la playa (quien tenga la osadía de leer a pleno sol). A mí, como habrán ustedes intuido, no me ha emocionado.
Historias de Plinio / Francisco García Pavón
| 23 agosto 2012 | Posted by Alberto under Costumbrista, Narrativa, Negra, Novela |
Hago saber que este volumen, que contiene dos aventuras de Plinio, jefe de la policía municipal de Tomelloso, ha obrado en mi poder largos meses antes de que me decidiera a leerlo. ¿Por qué? Supongo que porque me recordaba a los años duros del franquismo.
En 1972 la única televisión existente en España produjo una serie de ocho capítulos basados en las aventuras de Plinio, personaje creado por el escritor Francisco García Pavón. Quizá debería volver a verlos, ya que la impresión que conserva mi memoria es lamentable. Supongo que en ello tuvo que ver la aversión juvenil a la autoridad, el rechazo a todo lo que oliera a oficial… y quizá también un poco el que su actor principal no resultara demasiado… atractivo (por decir algo). En fin, dejemos a aquella vetusta serie durmiendo el sueño de los justos.
García Pavón, estimable escritor de relatos, quiso con este personaje españolizar la novela negra. En aquellos tiempos era una tarea muy estimable. Y la verdad es que lo consiguió. Su manera de escribir tan clásica, casi cervantina, y su entorno, personajes e historias son inequívocamente nativas (de Castilla). La mezcla, aventurada para su época, le salió bastante bien. Se leen grata y cómplicemente, se paladea la idiosincrasia de los lugares, el cazurrismo, la parsimonia, se disfruta con el constante fumeteo y bebeteo de todo quisqui… Efectivamente, eran otros tiempos, para bien y para mal.
En las pocas citas que siguen se observará su fraseo rítmico, jugoso y disfrutable. Empecemos con una clarísima declaración de intenciones del prólogo:
Yo siempre tuve la vaga idea de escribir novelas policíacas muy españolas y con el mayor talento literario que Dios se permitiera prestarme. Novelas con la suficiente suspensión para el lector superficial que solo quiere excitar sus nervios y la necesaria altura para que al lector sensible no se le cayeran de las manos.
Sigamos con un detalle de clase:
Las gentes que querían tomar el primer tren, venían calle arriba, cargadas de maletas, hablando con la voz fría y sin matices de los recién levantados.
Y acabemos con un toque prolongado y eficaz:
Plinio, que amaba el vino tomado en la bodega, en la misma “halda de la madre”, como él decía, echó un trinque prolongado y eficaz.
En mi opinión este Plinio es un muy digno precursor de los actuales “héroes a pie de pista” españoles de la novela policiaca. Merece la pena leerse como un clásico.
Esta noche digo adiós (Lincoln Perry 1) / Michael Koryta
| 20 agosto 2012 | Posted by elbotones under Negra |
Michael Koryta nació en 1982 en Bloomington (Indiana, EEUU). Pasó parte de su infancia en Cleveland (Ohio). Tras leer Desapareció una noche de Denis Lehane decide, a los 16 años, ser escritor y mientras todavía estaba en la Escuela Superior comienza a trabajar para una agencia de investigadores privados. Se graduó en la Indiana University en Justicia Criminal. Trabajó también como reportero.
Publicó su primera novela Esta noche digo adiós con 21 años. Con ella, Michael Koryta rinde homenaje a los grandes maestros del género, Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Ganadora del premio St. Martin Press/ Private Eye Writers of America a la primera mejor novela protagonizada por un detective, y finalista del prestigioso premio Edgar de novela policial, Esta noche digo adiós es la primera novela de la serie protagonizada por los detectives Lincoln Perry y Joe Pritchard.
Esta noche digo adiós
Cuando el cadáver del investigador privado Wayne Weston es encontrado en su casa y su mujer y su hija de cinco años desaparecen sin dejar rastro, los detectives Lincoln Perry y su socio Joe Pritchard son contratados por el padre de Weston para descubrir la verdad acerca de su muerte.
Un cadáver que se niega a enfriarse; un detective cínico, pero sentimental; una hermosa mujer con problemas que, por supuesto, trae problemas; mafiosos rusos violentos pero con modales; agentes de policía que infunden poca o ninguna confianza y un triste y solitario desenlace final…
Michael Koryta, con Esta noche digo adiós consigue algo insólito hoy en día: Un autor rozando la veintena escribe una novela policíaca al más puro estilo hard boiled sin caer en el déjà vu. Quizás sea porque los estereotipos nunca mueren, quizás porque lo clásico nunca muere, quizás porque Koryta es suficientemente inteligente como para combinar lo típico del hard boiled con otros aspectos de la novela negra y acaba tejiendo un argumento finalmente original: la mafia rusa en la pequeña Cleveland.
Por mi parte añado que se trata de una novela de detectives privados con todos los ingredientes del género: chicas, polis corruptos y polis mediotontos, malos muy malos y malos “buenos”, sustos, ibtriga, suspense, desenlace inesperado (o esperado en el género), sexo, amor disimulado,… Quizás le falte un poco de mordacidad, de “mala baba”, de pesimismo existencial. De cualquier forma será interesante seguir leyendo las novelas de Michael Koryta
Andrés López
La palabra se hizo carne / Donna Leon
| 22 julio 2012 | Posted by elbotones under Negra |
Última, por ahora aventura de Brunetti, el detective creado por D. Leon
La novela llega en la página 195 allí donde el lector menos avezado ha llegado ya para la 30. No importa. Como todas las de D. Leon se lee muy bien. Se trata de una novela negra “ligth”, sencilla (a veces peca, incluso, de simple), amena, agradable, con un grupo de personajes, en torno a la figura del detective, construidos a lo largo ya de una veintena de episodios y que resultan personajes “enteros”, humanos, no de cartón piedra.
Esta vez los hijos de B. están menos presentes. Pero es lo que ocurre en la vida misma: los hijos a medida que van creciendo, van volando a otros nidos.
Echo de menos referencias más directas a la actualidad más inmediata de Italia, a lo que allí se esté sufriendo la presente crisis. (habrá que acudir a Camilleri, a ver qué trae, pero no escuchéis los cantos de sirena de “Por la boca muere el pez”). Alguna referencia sí que hay, quizás aquellas que transfieren lo más inmediato para buscar lo más permanente y repetido en cada día: lo determinante de la actualidad más banal.
Naturaleza casi muerta / Carme Riera
| 5 junio 2012 | Posted by Andres under Negra |
“Naturaleza casi muerta”, de Carme Riera parece una novela leve, suave, simple, pero no lo es. Se lee muy bien, es amena, su prosa es sencilla y cualquiera puede entender lo que se dice sin necesidad de ningún diccionario. Pero, me parece, es una novela de calado. Quizá su final resulta exagerado, excesivo. Pero, ¿qué importa eso?
Estamos ante una novela negra que explora sobre todo en las relaciones entre los humanos, pone al descubierto las mentiras, los ocultamientos de determinados individuos, pone una luz potente sobre algunas de las partes del ambiente universitario y nos hace comprender que está atada a una realidad histórica concreta a base de ligeras anotaciones políticas, sociales y hasta deportivas.
La acción trascurre en la Universidad de Barcelona en la que se mueven “cuarenta mil estudiantes, cuatro mil profesores y tres mil personas de la administración y servicios”. Es decir, hay suficiente “personal” como para que florezcan y se escondan en la sombra toda clase de pasiones confesables e inconfesables; es un terreno suficiente para una buena novela.
Si no vais a leer más, atentos, al menos, a estas dos “perlas”.
“Aparte, eso de que Vázquez (policía) fuera universitaria ofrecía ciertas garantías a Casasaies (profesora de la universidad), que tendía a pensar que la gente que había ido a la universidad era menos obtusa que el resto. Una generalización que, a pesar de parecer objetivamente válida, hacía aguas cuando pasaba lista a la enorme cantidad de bobos que exhibían dentro de un marco títulos de licenciatura o doctorado”
“Lo que debía decirles era tan trágico y brutal […] Ni en su lengua ni en ninguna de las que conocía existía una palabra para definir el estado de quienes habían perdido un hijo, muy al contrario de lo que ocurría con el término huérfano”.
El crimen de las medias de seda – Anthony Berkeley
| 3 junio 2012 | Posted by Alberto under Negra, Novela |
Anthony Berkeley es el típico escritor inglés de novelas policiacas, tan típico que compartió época y club con Agatha Christie. Su personaje más conocido es Roger Sheringham, un periodista que se mete a investigador simplemente porque le apetece. Le gusta dar la murga a Scotland Yard y reírse de los profesionales. Véase el final de esta novela:
Se puso en pie y le dio una palmada en el hombro.
—¿Sabe lo malo de los auténticos detectives de Scotland Yard, Moresby? —preguntó con amabilidad—. Que no leen novelas policíacas.
Esta salida no parece especialmente ingeniosa hoy en día, pero es que ha pasado mucho tiempo y han pasado muchas cosas desde que Berkeley la escribiera.
La novela tiene el tono habitual de los productos de aquella época. Extremada sencillez, detalladas elucubraciones mentales, repaso de lo que sabemos, asesinatos por aquí y por allá, pseudosorpresas, callejones sin salida, sospechosos varios, poquísima acción, juicios morales y comportamientos sociales muy anticuados (por desgracia, en la mayoría de los casos)… Es la sociedad postvictoriana que tan bien conocemos a través de libros y películas: Estirada, sosa, correcta, anacrónica.
El libro podría ser muy divertido (como algunos de la Agatha), pero no lo es; podría contar con un héroe atractivo (en cualquier sentido), pero Roger no tiene ningún carisma; podría mantenernos en vilo hasta el final, pero de eso nada. De hecho el truco que se le ocurre al prota para cazar al asesino es tan lamentable que merecería la pena leerse el libro (200 páginas de nada) solo por comprobar lo que digo.
En fin, una novela para leer en una estación perdida de un pueblo perdido de una ciudad perdida de un país perdido con olor a pis. No se me ocurre mejor sitio.
Tan solo he encontrado una cita que merezca la pena (obsérvese el paréntesis):
… pero en cierto sentido más hermosa, como si estuviese hecha de miniatura; y su aire de tranquila eficiencia (no la eficiencia asertiva que poseen la mayoría de las chicas capaces) le pareció muy atractivo a Roger.
Acabo de terminar “Peores maneras de morir”, de Francisco González Ledesma, la última novela (¿por ahora?) del comisario Méndez. Me he prometido a mí mismo leer las anteriores de la serie. Esta hace el número 11.
Siempre hay una tarde de sábado lluviosa y perezosa; unos ratos después de cenar y antes de dormir en los que la perspectiva de la televisión no hace sino aburrir ya de antemano; un domingo de pijama; o un viaje largo y solitario… siempre hay unos ratos en los que se echa de menos una “bonita” lectura, relajante y compañera.
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