Category: Novela
Doctor Zhivago / Boris Pasternak
| 15 mayo 2013 | Posted by elbotones under Aventura |
El 10 de febrero de 1890 nació en Moscú Borís Pasternak.
Poeta lírico de gran aliento, traductor de emociones; un buen día Boris Pasternak decidió emplear la prosa para narrar tiempos idos, añoranzas que este artista -acusado por el poder soviético de antisociable e insignificante- hizo volver a la vida: hechas poema. Un poema épico.
En efecto, en esta narración del Premio Nobel de Literatura 1958 se funden, se mezclan la guerra, el amor -especialmente el triangulo amoroso entre Yuri, Antonina y Lara-, la ambición, la intriga, la cobardía, la nobleza, la religión, el amor a Cristo y la traición. En muchos sentidos es una novela que se plasma dentro de un simbolismo tardío. A pesar de ser concebida y escrita en la oscuridad de un régimen dictatorial, inasible, escapa a las manos de los censores, aflora luminosa, libre y triunfal al mundo occidental, y en los Estados Unidos de América es acogida con gran entusiasmo. Pasternak, pues, es en la literatura un anticipo de Gorbachov en la política. Y se convierte en ídolo, en plena guerra fría, del odiado país capitalista. Todo un pecado que impedirá a Pasternak gozar de la fama mundial y de las regalías respectivas, las cuales, según Stephen Vizincsey en su libro Verdad y mentiras en la literatura, las gozó un editor italiano.
Las grandes obras literarias siempre han sido fuente argumental de peliculas: Don Quijote de la Mancha, Los Tres Mosqueteros, Los Miserables, Madame Bovary, Anna Kerenina, Naná y mil más; pero El Doctor Zhivago, recreado en el Séptimo Arte, alcanza un lugar preponderante en la historia del cine. El Tema de Lara, fondo musical de la cinta, se asocia a las bellas imágenes: rostros y paisajes, pero cobra vida propia e independiente. Desde luego, siempre quedará flotando en el aire la pregunta: ¿Qué es mejor: el libro o la película? A mí, en lo personal, me gustan ambos, pero creo que el final del libro de Pasternak es muy superior al The End de Hollywood, sobre todo, porque a pesar de que el texto se va construyendo como un fresco en el que uno puede comenzar a observarlo desde cualquier ángulo, tiene unas premisas que el escritor construyó con lógica, a la que le corresponde el final magistral que logra el autor moscovita.
Pero el lector siempre será libre y soberano para decidir estas cuestiones.
Matías Antonio Ocampo Echalaz
El viejo y el mar / Ernest Hemingway
| 14 mayo 2013 | Posted by elbotones under Aventura |
Ernest Hemingway: aprender a luchar contra la adversidad.
Matías Antonio Ocampo Echalaz
Martín Luis Guzmán y la Revolución Mexicana
| 28 abril 2013 | Posted by elbotones under Costumbrista |
Matías Antonio Ocampo Echalaz
En busca del tiempo perdido / Marcel Proust
| 23 abril 2013 | Posted by elbotones under Costumbrista |
En Busca del Tiempo Perdido, una lectura para quienes tienen tiempo.
La buena lectura, como los buenos vinos, merece tiempo para disfrutarse lentamente y a plenitud. Es el caso de En Busca del Tiempo Perdido, título general de la obra de Marcel Proust, quien deleita al lector a través de una serie de novelas que se inicia con “Por el Camino de Swann” y culmina con “El Tiempo Recobrado”. Quienes dominan la lengua de Víctor Hugo naturalmente gozarán con la artística prosa de Proust, como los extranjeros que saben castellano disfrutan más de Don Quijote de la Mancha. Por fortuna no es el mismo caso de otro gigante de la literatura universal: James Joyce, al que de plano, a nuestro juicio, es preciso leer en la lengua de Shakespeare. Pedro Salinas y Consuelo Berges, por decirlo así, son los primeros que realizaron una traducción masiva para el consumo del gran público, no obstante, a fines del siglo pasado y en lo que va de la presente centuria, se han multiplicado las traducciones de la obra que se comenta, basadas en los últimos textos publicados en francés.
Lo cierto es que la sinuosa prosa proustiana puede hacer que muchos lectores descarrilen a las primeras páginas y que los enfermos de insomnio recuperen su salud onírica. Así es que se recomienda paciencia para engancharse en esta enorme pieza literaria que es una mezcla de arte y psicología que al termino del largo viaje nos hace amar a Marcel Proust. No olvidamos que en la nueva era de la informática, el malhadado neoliberalismo, la competencia feroz por los puestos de trabajo, las personas, si tienen que invertir algo de su tiempo, lo hacen leyendo obras informativas, pues la diversión y el placer está en otro lado.
También es oportuno advertir a quienes se disponen abrir las páginas de esta obra maestra que lo mejor es darse una zambullida en el libro sin leer prólogos, críticas y ensayos acerca del portentoso narrador parisino, motivo hoy, a muchos años de su desaparición física, de la presente reflexión, ya que cuando alguien empieza a amar a otro, a pesar de que no cree lo que dicen del amado, se preocupa por saber todo acerca del objeto de su pasión. Por tanto primero leamos “En busca del tiempo perdido” y luego vayamos en busca de todo lo que se ha dicho y escrito en torno al autor y la obra -excepción hecha de estos renglones que no pasan de ser una mera recomendación-
Finalmente, lo que no se debe hacer es tratar de leer a Proust como beber un vaso de agua, por el contrario, hay que disfrutarlo como un coñac o el mejor brandy español a nuestro alcance.
Matías Antonio Ocampo Echalaz
Retrato de un hombre inmaduro / Luis Landero
| 9 abril 2013 | Posted by elbotones under Costumbrista |

¡Qué difícil resulta ponerse a escribir sobre algunas novelas! La gran tentación es decirle a cualquiera (adulto, con cierta sensibilidad, y un poco de cachondeo vital): “¡léela!”. Y se acabó.
Pero ese alguien tiene derecho a preguntar por qué. Así que o me callo o intento explicarme.
Mientras la he ido leyendo, en muchos momentos me parecía inmerso en un breve y ligero ensayo, o, quizás más bien, en un cúmulo de reflexiones sueltas, sobre muchos y diversos temas entrelazados (la vida y la muerte, su sentido o sinsentido, la identidad personal, el poder, el valor y uso de las palabras…).
Y todo ello con la ayuda de algunos personajes impagables: Tur, el viajante, su “tía” Cati, Sampedro, Gisbert, Chicoserio, don Obvio, don Mero, don Meramente o don Impepinable (que no son cuatro, sino el mismo)…:
Más abajo os ofrezco unas cuantas perlas, para que no perdáis ahora el hilo de discurso
La acción (que no la hay) está a veces acompañada de una cierta descripción de la realidad social, “dejada caer como quien no quiere”; y trufada de relatos cortos llenos de humos y sensibilidad. Alguno de ellos resulta delicioso, como el de sus primeros escarceos eróticos, o aquel en el que Chicoserio da sus razones para ser rico: “Así que cuando salió la conversación de lo que cada cual haría si fuese millonario, él (Chicoserio ) dijo: «Si yo fuera millonario, pero millonario de los grandes, de los de miles de millones, me dedicaría a joder al prójimo. ¿Que cómo? Pues muy fácil. Por ejemplo,
compraría una mañana todos los churros del Maracaná y alrededores para que la gente se quedara sin churros. Compraría un fin de semana todos los condones de las farmacias del barrio y adyacentes para que la gente no pudiera follar, el pan de todas las panaderías, los periódicos y revistas de todos los quioscos, las entradas del fútbol y los toros, dejaría sin vino a los borrachos y sin putas a los puteros». «Pero, hombre…», intentamos decirle. Y él: «¡Nada, nada, que se jodan como me jodo yo!».”
Pero, lo que tenía entre mis manos no era un ensayo, sino una novela hecha y derecha. Sorprendente en sus contenidos y en su estructura: alguien, de quien vamos conociendo trocitos de vida, cuenta lo que recuerda de ella, en p rimera persona y dirigiéndose a un tú imaginario, que el lector puede creer ser él mismo, pero que no lo es y sólo al final mostrará su presencia. Todo ello en un tiempo impreciso del que antes del final sólo logramos averiguar que se trata de esos momentos en los que el protagonista sospecha muy cercana su muerte.
Es algo así como su testamento. Un testamento en el que llega a impresionar lo poco (¿con qué instrumento de medida lo valoramos?) que queda de una vida después de haberla vivido.
Habrá los que opinan que queda más o que queda menos, los que piensen que la vida trasciende en sí misma y los que proclamen que no es más que el río que da en la muerte. Habrá quien considere, desde este lado aún, que su vida es o ha sido mucho más rica y quien se de con un canto en los dientes si puede aproximarse a lo que al protagonista le queda de sus años vividos.
Pero siempre es interesante que nos coloquen ante preguntas semejantes. Y esta novela puede hacerlo y, además, de manera amena, sin ponerse seria, adusta o trascendente, sin colocarnos ante ningún abismo existencial. Con el humor implícito en esa expresión del protagonista: “Y mirando el jardín de pronto odié a Dios por no existir”.
Y ahora os dejo con algunas perlas:
“Luego me enteré de que don Obvio murió esa misma noche. ¿Y sabe cuáles fueron sus últimas palabras? Habló del calentamiento global, del efecto invernadero, de la capa de ozono, del futuro incierto del planeta. Y concluyó diciendo: «Por lógica, algún día nuestros descendientes no tendrán flores para llevarnos a la tumba». Y se murió. Aquélla fue su última obviedad.”
“No entiendo ese afán de conocerse uno a sí mismo y andar hurgando y como hozando en las entrañas inmundas de la identidad, a veces incluso con ayuda de profesionales. ¿Qué espera uno encontrar en ese estercolero? ¿Se imagina un epitafio que diga «Aquí yace uno que logró conocerse a sí mismo»? No, a mí lo que me parece interesante es el mundo, el asistir gratis al espectáculo de los demás. Bastante tiene uno con llevarse a sí mismo encima todos los días del año y las horas del día. ¿No cree? Bah, a la mierda el yo y sus circunstancias.”
“¿Sabe lo que me hubiera gustado ser a mí? No periodista ni comerciante, ni hombre casado ni soltero. No, a mí lo que
me hubiera gustado es ser pastor. Un pastor que lee, que va al teatro y al cine, que juega al ajedrez, que hace tertulia en el Maracaná, o que no hace nada, que va y viene como caminando sobre las aguas, que habla con unos y con otros, que viaja de vez en cuando (pastor viajero, pues), que se queda en casa los días de lluvia y frío, y sobre todo que no tiene responsabilidades con sus ovejas. Es decir, que me gustaría ser pastor sin ovejas. Pastor sin nada que guardar. O, en su defecto, jubilado joven, o sheriff sin cuatreros, o enfermo sin dolencias o pobre sin miserias, casi sin necesidad. Encontrar la dulzura de la esperanza en una madurez sin ambiciones. Ganas de comer miel sobre pan blanco y beber del agua clara del arroyo.”
“Ya he vuelto a perder el hilo de la historia. Bueno, si es que esto es una historia, porque al fin y al cabo mi vida es el cuento de los que nada tienen que contar. Y es que a mí me han ocurrido muchas cosas, sí, pero ninguna de importancia, y por eso sólo puedo contar episodios nimios y dispersos. ¿Le he dicho ya que mi vida, como tantas otras, carece de argumento? Yo no veo que haya habido en ella una evolución, un decurso, y aún menos un planteamiento, un nudo, un desenlace, sino que todo han sido piezas sueltas, perlas sin hilo, naipes sin casar, agua que no hace cauce. Un salpicón de nombres, de rostros, de sucesos aislados. Pero detrás de todo ese vivir desarreglado supongo que estoy yo, y que esos sucesos me contienen y me definen. ¡Ah, ya me acuerdo de qué estaba hablando! De lo sombríos que son los pensamientos por la noche.”.
Las niñas perdidas / Cristina Fallarás
| 13 marzo 2013 | Posted by elbotones under Negra |
No sé si existirá el subgénero “novela sucia”. Nunca he oído hablar de él, pero habrá que empezar a pensar en crearlo. Cada vez es más frecuente que llegue a mis manos una novela basada en un crimen “sucio”, tan sucio que es capaz de manchar hasta el propio concepto de “humano”.
Son novelas que sin perder de vista el ambiente, la sociedad en la que tiene lugar el crimen, sin dejar de ser críticas con esa sociedad, ponen el foco iluminando preferentemente a unos individuos que matan sin ningún objetivo que se encamine a mantener o a adquirir un status social, político o económico. Simplemente satisfacen sus propios apetitos. Sin embargo, tampoco buscan un análisis sicológico del criminal.
Son asesinatos generalmente sádicos que buscan el placer, ensuciando todo lo que de humano pudiera haber en ellos y en sus víctimas: la pederastia más brutal, el abuso infantil que acaba, incluso de la manera más cruel y vejatoria, con la vida de quien lo sufre.
Y, si en la novela negra (Markaris, por ejemplo) a veces llegamos a simpatizar con los asesinos a sueldo, en estas que llamo “sucias” deseamos que el asesino sea castigado lo más rápido y atrozmente posible.
“Las niñas perdidas” de Cristina Fallaras (novela ganadora del premio especial del director de la Semana Negra de Gijón, 2011) es una novela de arcadas, para estómagos fuertes. Irregular, a mi modo de ver: con páginas que se acercan vivamente a la detective (embarazada y cercana al parto) que debe investigar el asesinato de dos niñas; y con páginas que guardan tanta rabia que me he perdido un poco a la hora de seguirlas. A todas esas “instrucciones para matar un pez, un hámster, un perro…”, sólo le faltan las “instrucciones para matar una niña”. ¿O no le faltan?
Drogadictos, prostitutas, mafiosos del Este y del Oeste, grandes profesionales liberales, burgueses adinerados, hombres de negocios,… todos son corresponsables, co-autores en un grado u otro del crimen más espantoso. No se salva ni la madre que las parió.
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Sinopsis:
Existe otra Barcelona: la que se aleja del turismo, los anuncios institucionales con gente sonriente y el diseño. Es en esa otra ciudad, la canalla, en la que la ex periodista y detective Victoria González se mueve pisando fuerte. Y eso que su avanzado estado de gestación no se lo pone fácil.
Cuando Victoria recibe el anónimo encargo ?acompañado de un cheque de explícito y sustancial contenido?, empieza a imaginar que los infiernos barceloneses que ella conoce están a punto de ganar kilómetros en profundidad. Dos hermanas desaparecidas, de 6 y 8 años. Una de ellas, ya asesinada brutalmente; la otra, en paradero desconocido. Lo que significa que hay que encontrarla lo antes posibles, viva y entera preferentemente.
Andrés López
Hasta luego, y gracias por el pescado (Guía del autoestopista galáctico 4/5) / Douglas Adams
| 9 enero 2013 | Posted by Alberto under Ciencia Ficción, Fantasía, HUMOR, Léeme, Novela |
Este libro forma parte de una serie de cinco que lleva como título Guía del autoestopista galáctico. Yo no tenía de esto ni la menor idea, me lo he leído tal cual, como se lee un libro autónomo cualquiera. Y no me ha gustado ni mucho ni poco, me ha parecido una sosada.
Como ciencia ficción es potrosillo, deslavazado, una única idea y flashes sin coordinar.
Como humor es inglés, sí, pero flojito.
Como novela no lo es, sino una sucesión de eventos marchosillos que no te afectan en absoluto. Parafraseémosle:
A última hora de la tarde hicieron una excursión a las colinas de Hollywood, por la carretera de Mullholand, y se detuvieron a contemplar el deslumbrante mar de luces flotantes que es el valle de San Fernando. Convinieron en que la sensación de deslumbramiento se detenía inmediatamente detrás de la retina, sin afectar a ninguna otra parte del cuerpo, y se marcharon extrañamente insatisfechos del espectáculo.
Como best seller, no tengo ni idea, así que, en vez de decir más tonterías, acabaré con algunas citas significativas.
El Saab se perdió en la noche. Arthur lo miró alejarse, tan pasmado como podría estarlo un hombre que, tras creerse completamente ciego durante cinco años, descubriera de pronto que simplemente había llevado un sombrero demasiado grande.
…
Casi bailando, se dirigió al frigorífico, encontró las tres cosas menos peludas que había, las puso en el plato y las miró con atención durante dos minutos. Como en ese período de tiempo no intentaron moverse, las llamó desayuno y se las comió.
…
Salió la luna con aspecto acuoso. Parecía una bola de papel en el bolsillo trasero de unos vaqueros que acabaran de salir de la lavadora, y solo el tiempo y la plancha revelarían si se trataba de una lista vieja de la compra o de un billete de cinco libras
…
El viento se removió un poco, como la cola de un caballo que intentara decidir de qué humor estaba esta noche, y en algún sitio unas campanadas dieron la medianoche.
Hombre, es que todo no va a ser malo…
El gatopardo / Giuseppe Tomasi di Lampedusa
| 5 enero 2013 | Posted by elbotones under Costumbrista |
Escrita entre 1954 y 1957 Año de publicación: 1958 (póstumamente) Novela histórica con un humor fino y mordaz, una buena dosis de ironía crítica, de sabiduría política y de conocimiento del amor-relaciones hombre-mujer (vistas desde el hombre). Se vuelve un pelín espesa en algunos momentos, precisamente por la riqueza de su descripción.
Me ha dejado estas breves lindezas:
En la presentación de la que habrá de ser “princesa”, no siendo más que la hija de un adinerado campesino: “Por lo demás, es guapa, y una vez haya aprendido a lavarse… “Para que todo quede tal cual.” Tal cual, en el fondo: tan sólo una imperceptible sustitución de castas.”
Hablando de la aristocracia con un jesuita: “Vivimos en una realidad móvil a la que tratamos de adaptarnos como la algas se doblegan bajo el impulso del mar. A la santa Iglesia le ha sido explícitamente prometida la inmortalidad; a nosotros, como clase social, no. Para nosotros un paliativo que promete durar cien años equivale a la eternidad”.
“El amor. Evidentemente, el amor. Fuego y llamas durante un año, cenizas durante treinta.”
“… la voluntad de gritar “siempre lo dije”, al ser la más fuerte que puede gozar una criatura humana, había trastornado todas las verdades y sentimientos”
“Los sicilianos no querrán nunca mejorar por la sencilla razón de que se creen perfectos” ¿Podríamos cambiar sicilianos por otro topónimo más cercano? (Quede claro que yo soy de Sestao, no de Bilbao)
Sobre la matanza innecesaria de animales: “Mientras los piadosos pulgares acariciaban el mísero hocico (de la presa), el animal tuvo un postrer estremecimiento y murió. Pero don Fabrizio y dos Ciccio habían tenido su pasatiempo. El primero había experimentado además del placer de matar el goce tranquilizador de compadecer.”
“Cada vez que uno se encuentra con un pariente, tropieza con una espina.”
“Comprendíase en seguida que Vicenzino era “hombre de honor”, uno de esos imbéciles violentos capaz de cualquier barbaridad”
Sobre la obra:
La novela narra las vivencias de Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, y su familia, entre 1860 y 1910, en Sicilia. Este noble es el último representante de una aristocracia siciliana de larga tradición que asiste de forma entre estoica e irónica a las postrimerías del mundo al cual pertenece, marcadas por el ascenso de nuevos ricos de origen plebeyo al tiempo que por la unificación de Italia bajo el reinado de Víctor Manuel II. La obra consigue transmitir de forma incomparable, gracias a su peculiar ‘tempo’ narrativo, la esencia no sólo de una época de finitud y de cambio, sino también del singular carácter de Sicilia: de su insularidad, su paisaje, su luz y su aire, que consigue expresar hasta unos límites que los hacen casi palpables.
Sobre el autor:
Novelista italiano nacido en 1896. Rico príncipe siciliano, tras una juventud inquieta, durante los años de su madurez se dedicó al estudio y a las composiciones literarias. Sin embargo, su reconocimiento llegó tras su muerte y se debe, básicamente, a su obra El gatopardo (1958), en cuya escritura empleó tres años. La novela está inspirada en su bisabuelo y se enmarca en la época del desembarco de Garibaldi en Marsala. La versión cinematográfica que realizó Luchino Visconti (1963) contribuyó a aumentar la fama de la obra. Asimismo escribió otros libros como Relatos (1961) y El profesor y la sirena y otros relatos (1961). Falleció en 1957.
El gatopardismo o lo lampedusiano es, en ciencias políticas, el “cambiar algo para que nada cambie”,
Una vacante imprevista / J.K. Rowling
| 21 diciembre 2012 | Posted by Leiaa under Estrenos, Novela |
La historia de esta primera obra de Rowling para adultos se centra en Pagford, un imaginario pueblecito del sudoeste de Inglaterra donde la súbita muerte de un concejal desata una feroz pugna entre las fuerzas vivas del pueblo para hacerse con el puesto del fallecido, factor clave para resolver un antiguo litigio territoria…
Con su plaza adoquinada y su antiquísima abadía, Pagford parece un típico pueblecito inglés, un lugar idílico en el que la vida transcurre con plácida tranquilidad.
Sin embargo, sus habitantes están inmersos en una realidad muy diferente. Tras la conmoción causada por la súbita muerte de Barry Fairbrother, se desencadena una auténtica batalla en sordina por ocupar la vacante dejada por Barry en el concejo parroquial, donde se dirime el destino de una urbanización de dudosa legalidad.
Y cuando la tensión hace aflorar una serie de conflictos latentes que involucran a todo el pueblo —hijos contra padres, pobres contra ricos, mujeres contra maridos, alumnos contra maestros—, la pasión, la hipocresía y, especialmente, los secretos que suelen anidar en una comunidad pequeña desempeñarán un papel decisivo en el futuro de Pagford.
La primera novela para adultos de J. K. Rowling.
Una gran obra de una narradora extraordinaria.
Editorial Salamandra
Colección:Novela
Título original:THE CASUAL VACANCY
Traducción:Gemma Rovira y Patricia Antón
ISBN:978-84-9838-492-5
Núm. pags.:608
Tipo edición:Tapa dura
PVP:23,00 €

J. K. Rowling es la autora de la aclamada serie Harry Potter, el fenómeno editorial más extraordinario de los últimos tiempos. Traducida a setenta y tres idiomas y convertida en ocho taquilleras películas, de la saga se han vendido más de 450 millones de ejemplares en más de doscientos países. J. K. Rowling ha recibido numerosos premios y galardones honoríficos, como la Orden del Imperio Británico, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, la Légion d’Honneur de Francia y el Premio Hans Christian Andersen. Asimismo, ofrece su apoyo a un amplio abanico de causas benéficas y es la fundadora de Lumos, que lucha por transformar las vidas de los niños desfavorecidos.
www.jkrowling.com
Leiaa
50 Sombras de Grey / E.L. James
| 17 diciembre 2012 | Posted by elbotones under Novela |
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Hacer un comentario de texto de “50 Sombras de Grey”, meterse en el personaje de la mujer y mirar los ojos grises de él, es como subirse a una cometa y comenzar a soñar , con algo que en el fondo de nuestro corazón quisiéramos vivir.
Mundo complejo, atrayente misterioso, con acción, suspense, que te mantiene con los ojos pegados al libro, y pensando cuándo se va a poder abrir de nuevo para continuar sabiendo la trayectoria de los acontecimientos.
Una historia que va descubriéndose poco a poco, viendo el porqué se desarrolla así, despacio y cautivadora, enganchándote a esa cola de cometa que es el sueño de cualquier mujer.
Entramos en un universo prohibido, misterioso, que todos deseamos y nadie reconoce.
En un mundo incomprendido, hasta que se ve una misma inmersa en esa nube que te transporta a lo que es realmente una manera de expresar el autentico AMOR, amor con mayúsculas porque es un sentimiento de dar, de cuidar, de estar , de proteger de… desprendimiento y al que se le llama controlador .
¿Cómo puede la naturaleza rebelde de la mujer, pensar por un momento que quiere ser sumisa? Ahí está el quid de la cuestión.
Entramos de las mano de estos libros en un laberinto de pasión, por la persona que se ama, que quiere ser manejada por ella, pero sin perder la libertad de decisión, de escoger, de amar, de proteger. Difícil camino que se ve marcado muy claramente en el relato.
¿Qué nos lleva ser como somos de adultos? ¿Qué traumas o placeres nos llevan a amar de una manera u otra? Pues en este maravilloso laberinto de Grey está la respuesta, al menos en este caso que nos narra.
Y aunque no tengamos las mismas raíces todos nos veremos abocados a identificarnos con esta historia, ya sea por afinidad como por vernos envueltos en ese halo de lo desconocido y quizás deseado.
Siempre se pensó que el mundo de la sumisión era obsceno, oscuro, depravado, y no se piensa que cualquier manera de vivir, llevada a la humillación humana a un extremo ya viciado por la mente, es igual de depravado que cualquier otro, por lo que en esta historia se ve cómo puede vivirse sin llegar a ser lo que todos, al comienzo y por desconocimiento, podemos pensar
El tema seria largamente hablado, debatido y opinado, pero lo mejor es leer los libros y después hacer tu propio vuelo, personalizado.
Un libro de Bech / John Updike
| 16 diciembre 2012 | Posted by Alberto under Cachito, HUMOR, Narrativa, Novela |
Primer volumen de una trilogía (Un libro de Bech, El regreso de Bech, Bech en la bahía) compuesta por relatos habitual y torpemente considerados cómicos. A su protagonista , un escritor judío en horas bajas, se le suele tomar por un sosías del autor. Nada más lejos de la realidad pues ni Updike es judío ni paró de escribir hasta el mismo día de su muerte. Sin embargo la clarividencia con la que analiza su entorno el tal Bech es hija directa de la asombrosa inteligencia y capacidad comunicativa de su creador, uno de mis escritores favoritos, otro más entre tantos y tantos que desprestigian alegremente la institución del premio Nobel.
De John Updike poco nuevo se puede decir. Mejor gozar con algunas citas.
Costumbres rusas
Se disponía a besar a Ekaterina también en la mejilla, pero ella volvió la cara para que sus bocas se encontraran y él se dio cuenta, horrorizado, de que tendría que haberse acostado con ella.
Una bailarina comunista
Su sonrisa, al acabar cada número, combinaba triunfalmente un guiño conspirativo, una sublime humildad y la aturdida felicitación a uno mismo de la euforia postcoital.
Visto desde el avión.
Seis semanas antes, cuando volaba desde Nueva York, Bech había esperado que Moscú fuera su flamígero equivalente y, en vez de eso, vio, a través de la ventanilla del avión, una madeja de luces amontonadas no más brillantes, en aquella inmensa llanura negra, que el cuerpo de una joven en una habitación a oscuras.
Detalle en medio de una conversación
El presidente se aclaró la garganta suavemente y levantó su copa de la mesa un par de centímetros, de manera que formó con su reflejo una especie de naipe.
Un origen cualquiera del amor
En un momento dado, la profesora, una vieja y amorfa dama ucraniana con caninos de oro… había ejecutado una rápida serie de piruetas con tal orgullosa facilidad que todas las chicas, que se repartían como cervatillas a lo largo de la pared, habían aplaudido. Bech las había amado por eso.
De cómo una campesina recuerda a una poetisa.
Detrás de ella, ora escondiéndose entre sus faldas, ora escapándose a la carrera, andaba su hijo, un niñó de no más de tres años. Al pequeño le seguía fielmnente de un lado a otro un cerdito blanco, que se desplazaba, como hacen los cerdos, de puntillas, con cambios de dirección llamativamente bruscos. Algo en aquella escena, en la franca alegría de la amplia sonrisa de la mujer y el modo natural como el pelo se le apartaba de la cabeza, algo en la bruma de la montaña y en la hierba descuidada y esponjosa en la que había empezado a formarse escarcha por la noche, evocaba para Bech una ausencia sin nombre a la que estaba vinculado, como un caballo a un prado, la imagen de la poetisa, con su cara despejada, sus bonitas piernas, su ropa parisina, y su esmeradamente cepillado cabello.
Intereses (dis)pares
… al agachar más la cabeza y apretarse los ojos con las palmas de las manos, las solapas se separaron y sus pechos colgaron lustrosos ante los ojos de Bech. Intentó encontrar unas palabras de consuelo, pero sabía que ninguna sería lo bastante consoladora salvo “Cásate conmigo”.
Clarividente depresión
Su miedo, como una fiebre o una humillación profunda, desnudaba la belleza velada de las cosas. Sus ojos apagados, depurados del sano egoísmo, descubrían una asombrada ternura, como el susurro de una virgen, en cada ramita, nube, ladrillo, guijarro, zapato, tobillo, montante de ventana o matiz de cristal de botella en una remota colina.
¡Y que siga deprimido y que siga comparando!
…alzó la mirada hacia las cumbres… y la grandiosidad del teatro… aumentó la dolorosa acumulación de miedo que le resultaba tan difícil de desalojar y llevaba tan adentro como una elástica esposa joven lleva en su vientre su primer fruto.
De mujeres y de nosotros
Todo se debió a su empeño en dejarse hechizar y a que se autoengañó al ver a las mujeres como deidades, ídolos cuya joya no estaba engastada en el centro de sus frentes sino entre sus piernas, con otra añadida entre los labios y más pares esparcidos por todas partes, de los tobillos a los ojos, a lo largo de sus formas adorables y extrañas.
Paréntesis
A su vez, Bech había tomado a Goldschmidt por uno de esos hombres hechos a sí mismos que han pagado el precio (por no dejar que Dios los hiciera) de pequeños defectos, como sordera interna y neuralgia constante.
Años lentos / Fernando Aramburu
| 10 diciembre 2012 | Posted by elbotones under Costumbrista |
Fernando Aramburu nació en San Sebastián en 1959. Es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y desde 1985 reside en Alemania. Fue miembro del Grupo CLOC de Arte y Desarte. Considerado ya como uno de los narradores más destacados de su generación, es autor de tres libros de relatos: No ser no duele (1997), Los peces de la amargura (2006) y El vigilante del fiordo (2011), y de cinco novelas: Fuegos con limón (1996), Los ojos vacíos (2000), El trompetista del Utopía (2003), Bami sin sombra (2005) y Viaje con Clara por Alemania (2010), títulos que han sido distinguidos con el Premio Ramón Gómez de la Serna 1997, el Premio Euskadi 2001, el XI Premio Mario Vargas Llosa NH, el Dulce Chacón y el Premio Real Academia Española en 2008. Ha escrito también libros para niños, como Vida de un piojo llamado Matías (2004). Con Años lentos mereció el VII Premio Tusquets Editores de Novela.
SINOPSIS
A finales de la década de los sesenta, el protagonista, un niño de ocho años, se va a San Sebastián a vivir con sus tíos. Allí es testigo de cómo transcurren los días en la familia y el barrio: su tío Vicente, de carácter débil, reparte su vida entre la fábrica y la taberna, y es su tía Maripuy, mujer de fuerte personalidad pero sometida a las convenciones sociales y religiosas de la época, quien en realidad gobierna la familia; su prima Mari Nieves vive obsesionada por los chicos, y el hosco y taciturno primo Julen es adoctrinado por el cura de la parroquia para acabar enrolado en una incipiente ETA. El destino de todos ellos –que es el de tantos personajes secundarios de la Historia, arrinconados entre la necesidad y la ignorancia– sufrirá, años después, un quiebro. Alternando las memorias del protagonista con los apuntes del escritor, Años lentos ofrece además una brillante reflexión sobre cómo la vida se destila en una novela, cómo se trasvasa el recuerdo sentimental en memoria colectiva, mientras su escritura diáfana deja ver un fondo turbio de culpa en la historia reciente del País Vasco.
Transcribo una entrevista que LUIS PRADOS realizó en Guadalajara (México) a Fernando Aramburu y que apareció en el Suplemento “Cultura” en el país el 30 de noviembre del 2011.
Sirva de introducción a una novela bien escrita que se lee con suma facilidad, original, y que, sin duda, habrá levantado ya muchas disputas y seguirá levantándolas porque toma partido claramente.
La entrevista es la siguiente:
Fernando Aramburu gana el premio Tusquets de novela 2011 con una obra que analiza el peaje que la sociedad de Euskadi ha pagado por su relación con ETA
El escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) ganó el martes la séptima edición del Premio Tusquets por su novela Años lentos, en la que, a través de las experiencias de un niño, recrea el nacimiento del grupo terrorista ETA. El fallo del premio, dotado con 20.000 euros, se hizo público en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México).
El jurado del premio, formado por Juan Marsé, Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Rafael Reig (ganador en 2010) y Beatriz de Moura, valoró “la narración dickensiana de una infancia en los años 60 en el País Vasco”, y el que Aramburu ofrezca una brillante reflexión en la que el recuerdo personal y la memoria colectiva se unen en un turbio trasfondo de complicidades con la violencia etarra. Años lentos se editará simultáneamente en México, Argentina y España en febrero de 2012. El escritor, que reside en Alemania desde 1985, anticipa que la novela podría ser la primera pieza de una serie sobre el País Vasco.
En conversación con EL PAÍS, Aramburu no tiene pelos en la lengua en señalar esas complicidades, empezando por la Iglesia católica, y en criticar el silencio de tantos escritores vascos sobre la violencia de ETA: “Están subvencionados, no son libres”,
Pregunta. Nació en 1959 el mismo año que ETA. En Años lentos habla del papel de los curas de barrio en el origen de todo aquello.
Respuesta. Desde pequeño me he confrontado con el fenómeno de ETA. Los curas de barrio de los que hablo, trasunto de otros que he conocido, aprovechaban su poder sobre las conciencias de los vecinos para introducir ciertas semillas políticas que germinaban en determinados chavales. Había una selección previa. Yo, por ejemplo, no cumplía los requisitos. Empecé a aprender a tocar el txistu pero el cura me retiró del grupo de forma sibilina sugiriendo a mis padres que aprendiese a tocar el tamboril, lo cual era un descenso de categoría. Los que sabían euskera podían aprender a tocar la guitarra.
P. ¿La Iglesia es responsable de lo que vino después?
R. La responsabilidad de la Iglesia es grande. Hay una tarea de esclarecimiento y de explicación por hacer. La Iglesia tiene una pregunta pendiente que aún no ha respondido, la de su implicación en la ideologización de unos jóvenes que acabarían empuñando las armas.
P. ¿Cómo eran los sicarios, como se dice aquí en México, de ETA?
R. Había dos tipos diferenciados. El primero es el independentista de casa, al que su familia alienta el odio hacia lo español desde pequeño y está imbuido de la idea de que el pueblo vasco es una víctima. Pero hay otro tipo de sicario que es el inmigrante o hijo de inmigrante que trata de integrarse mediante la militancia. Hay muchos de estos: basta con ver la nómina de ETA.
P. La novela transcurre en la San Sebastián de los años 60. ¿Cómo era la ciudad entonces?
R. En aquellos años quienes vivíamos en San Sebastián teníamos la ventaja de que en media hora estabas al otro lado de la frontera y podías comprar libros, prensa o música prohibida en España. Era una ciudad con orgullo cosmopolita que mantuvo el festival de cine, inauguró el de jazz… Tenía el deseo de ocupar un lugar en el planeta. Luego esto se perdió, sobre todo en la década 1977-1987, y el nacionalismo tuvo una responsabilidad en esa pérdida.
P. Al recibir el premio ha dicho que los escritores vascos nos son libres. ¿Por qué?
R. No lo son porque están subvencionados, forman parte de la campaña de promoción del idioma. En el País vasco se mantiene la ficción de que existen lectores en euskera y por tanto es necesario el apoyo oficial. La subvención tiene un doble peligro: te permite ser escritor pero sabes que si te sales del camino te pierdes parte del pastel. A Bernardo Atxaga le tengo un gran afecto, es una excelente persona, pero ha tocado el tema de ETA de manera metafórica, sin nombrar lo evidente: el sufrimiento y la sangre. No es un hombre libre y trata de complacer a unos y a otros.
P. Años lentos coincide con el final de lucha armada anunciado por ETA.
R. ETA es una organización creada para ejercer la violencia. Esa violencia perdura aunque no actúe. Ahora se nos pide que tengamos confianza en personas que han matado a 800 seres humanos, y yo me niego. ETA no se disuelve porque es su única carta para presionar por la liberación de los reclusos. Disolución a cambio de presos es la clave del final.
P. ¿Cree necesario una especie de proceso de desnazificación en el País Vasco?
R. Sería útil, pero difícil porque primero hay que derrotar a ETA y eso aún no ha ocurrido. Ahora parece que la izquierda abertxale quiere participar en el juego democrático, lo que es un paso en esa desnazificación.
Fantasmas / Chuck Palahniuk
| 29 noviembre 2012 | Posted by Alberto under Narrativa, Novela |
Este es un escritor con unas condiciones prodigiosas para la literatura. Su dominio de la técnica es extraordinario, así como su originalidad, capacidad inventiva, brillantez descriptiva, detallismo, humorismo… Un genio nato, sí señores.
Sin embargo, en mi opinión, este genio está bastante echado a perder por culpa de su afán de llamar la atención a todo precio, de sorprender, de asustar, de dar asco… Porque esta novela da asco, pero un asco muy asqueroso.
Yo solo tenía la referencia de la película “El club de la lucha”, basada en una novela suya, y eso ya me tenía que haber puesto sobre aviso. Porque el argumento de la peli me pareció una tontería pretenciosa y voluntariamente desagradable, con un pretendido trasfondo filosófico muy apropiado para jóvenes botelloneros desinformados.
Pero me sumergí en este libro, a ver qué tal, y las primeras… 40 páginas me parecieron excelentes. Las disfruté muchísimo, me reí y admiré al escritor y me dije, qué mal pensado eres, chaval, este tío es estupendo.
Pero seguí leyendo y empezaron a aparecer los fantasmas de Pallahniuk, a saber, burradas gratuitas, explicaciones sinsorgas, más burradas, desmembraciones, tripamientos, agonías, torturas, automutilaciones… en fin, toda una serie de estupideces gore que iban en progresivo aumento. Y no me gusta el mal rollo. Punto pelota, como dicen quienes se quedan sin argumentos. No me gusta sufrir ni que me cuenten detalladamente los sufrimientos de otros que, supuestamente, se lo pasan bomba con el dolor. Que te den.
Pero hay algo curioso en este libro, y es que, tal y como está estructurado, cada tres capítulos viene un “relato” que se deja leer sin supurar mucha sangre. Recomiendo que, si lo tienen a mano, se lean los relatos y se salten el meollo. Es lo que yo he acabado haciendo. O sea que confieso estar hablando de un libro sin habérmelo leído entero. Faltaría más. Entre los relatos estos, por cierto, hay cosas muy estimables.
Resumen: lo recomiendo a trozos.
Acabo de terminar “Peores maneras de morir”, de Francisco González Ledesma, la última novela (¿por ahora?) del comisario Méndez. Me he prometido a mí mismo leer las anteriores de la serie. Esta hace el número 11.
Siempre hay una tarde de sábado lluviosa y perezosa; unos ratos después de cenar y antes de dormir en los que la perspectiva de la televisión no hace sino aburrir ya de antemano; un domingo de pijama; o un viaje largo y solitario… siempre hay unos ratos en los que se echa de menos una “bonita” lectura, relajante y compañera.
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