Los panzers de la muerte – Sven Hassel

-Los vi morir, a todos ellos, a mis camaradas, a los que compartieron conmigo las tripas de un tanque panzer, el hielo de las estepas rusas, las prisiones prusianas donde nos obligaban a desfilar al paso de la oca durante horas, hasta que sentíamos los músculos como alambres de espino; compartí con ellos el horror bajo los bombardeos y todas las trincheras embarradas por las que nos arrastramos por media Europa usando los cadáveres de los soldados como sacos terreros. ¡Quita de ahí las patas, joder!
-¿Desde cuándo un soldado raso como tú da órdenes a un cabo, todo un obergefreiter del 27º Regimiento Disciplinario Blindado que, como bien sabes, los cabos somos la columna vertebral del ejército alemán. El mismo Adolf no pasó de cabo cuando estuvo en el ejército y ahí lo tienes, conquistando el mundo para mayor gloria del Tercer Reich.
-A ti también te veré morir, y a ese bruto de Hermanito, míralo, contando los dientes de oro que ha sacado de los fusilados de esta mañana ¡ojalá que no sea quemados vivos! como suele sucedernos a los tanquistas, porque al fin y al cabo os he ido cogiendo cariño.
-Ya, sobre todo cuando le reviento la cabeza a un bolchevique un segundo antes de que te clave su bayoneta en la garganta.
-Igual no fue compañerismo lo que te movió, sino el fajo de marcos que te debo, maldito tramposo, con el que esperas poder darte un buen festejo en el burdel de Herta la gorda, de donde, por cierto, te ayudé a escapar cierto día por la ventana cuando te perseguía una patrulla de la Schutzpolizei por aquel asuntillo del robo de un camión de latas de conserva que desapareció del almacén del intendente Nass ¿esos hechos no acuden a tu memoria?
-Una minucia, no es lo mismo despistar a unos schuppos mirando para otro lado que jugarte la vida heróicamente para salvar a un camarada ¡mi comportamiento siempre es meritorio! Ni siquiera tengo ya sitio en la pechera para tanta cruz de hierro y tanta medalla al valor. Y hablando de eso… me parece que al Viejo le acaban de encomendar, nuevamente, que nos juguemos la piel yendo detrás de las líneas enemigas, míralo con qué cara de pocos amigos está discutiendo con Julius.
-Ese puto nazi estará contento pues si vuelven a darle ocasión de ensanchar aún más el imperio germano a esta parte del Volga, seguro que se lustra las botas y se plancha el uniforme antes de ir a tirarse al barro helado a despellejar cosacos. El propio mariscal Paulus se correría de verlo tan marcial y obediente.
-Sin duda debería ser un ejemplo para ti, miserable subhombre danés, fíjate en él a ver si consigues parecer un bravo soldado alemán algún día. Yo mientras tanto echaré una cabezadita, me huelo que nuestro amado teniente nos guarda un día lleno de sorpresas por las calles en ruinas de esta helada ciudad de José Stalin.
-Creo que te imitaré.

Solía ver a Sven Hassel por Barcelona, con sus gafotas negras y me preguntaba cuánto de verdad tendrían sus novelas, aunque parece ser cierto que las gafas eran porque la nieve rusa le quemó los ojos durante la campaña. Sin escribir bien, ni mal tampoco, su discurso engancha a quien lo lee y le captura con su cruda mezcla de sinceridad y barbarie. Más de cincuenta millones de libros vendidos en dieciocho idiomas lo atestiguan, y alguna película, y creo que alguna serie en puertas. La lista de sus obras es esta:
La legión de los condenados (1953)
Los panzers de la muerte (1958)
Camaradas del frente (1960)
Batallón de castigo (1962)
Gestapo (1963)
Monte Cassino (1963)
¡Liquidad París! (1967)
General SS (1969)
Comando «Reichsführer» Himmler (1971)
Los vi morir (1975)
La ruta sangrienta (1977)
Ejecución (1979)
Prisión GPU (1981)
El comisario (1985)
La gloriosa derrota (Póstuma)
El botones

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Una Respuesta a Los panzers de la muerte – Sven Hassel

  1. miguel sánchez dijo:

    Interesante documentación y comentario

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