Libertad – Jonathan Franzen

Excelente novela, pardiez.

Y, dicho esto, pasemos a echar un vistazo a la mitología negativa que inevitablemente salpica cual barro fementido y felón a este escritor norteamericano. El crítico literario y, a su vez, estupendo novelista, John Banville, aprovecha cualquier ocasión para afirmar que Franzen es un bluf, un paquete y una eme. Sesudos comentaristas hispanos, de cuyo nombre no quiero acordarme, aseguran que Jonathan es el típico ejemplo de escritor sobrevalorado, producto del marketing yankee. Además por todas partes se corre la voz de que Jonathan Franzen es un creído, un falsario y un pedante. Bien, hasta aquí el mito. ¿O la realidad? Me importa un bledo.

El mismo Franzen, al ser preguntado acerca de la principal tarea que desea empeñar como novelista, responde que “Encontrar un vehículo narrativo adecuado para los aspectos más difíciles que guardo en mi interior, con la esperanza de que lleguen a resonar en un lector que hasta ese momento se haya sentido solo frente a tan profundas y complicadas emociones”. Noble tarea, vive el cielo, magníficas intenciones.

Si este señor es antipático (o no), egocéntrico (o no), guapo (o no), joven (o no), rico (o no)… me da absolutamente igual. Absolutamente. Como escritor es estupendo. Cristiano Ronaldo, artista del balón, afirma de sí mismo que es “guapo, rico y bueno en su trabajo”. Me parece muy bien, pero lo único que interesa al verdadero aficionado al fútbol es que sea bueno en su trabajo. Y Jonathan Franzen le da muy bien a la pelota.

Pero que muy bien. Su trabajo de narrarnos historias y de explicarnos en cierta medida cómo es el ser humano, lo cumple a las mil maravillas. También nos divierte, nos encandila, nos emociona, nos enseña… y todo ello mediante una técnica literaria sin ningún tipo de alharaca. Esta novela es estupenda, actual, fresca, cercana… comparable a ciertos trabajos de Updike (palabras mayores). Este novelista es muy bueno, aunque se demore muchísimo en acabar sus libros. A ver, ¿ustedes se darían prisa en acabar un trabajo si por el anterior han cobrado, digamos, unos diez millones de dólares? ¿Sí? Pues va a ser que este chico no es avaricioso. Un defectillo menos.

Pasemos a las citas. Alguna es un poco larga, pero merecen la pena.

Del propio funeral.
Si uno quiere un gran funeral, morir a una edad no muy avanzada ayuda.

De lo mal que conducen los demás..
En los últimos dos años había pasado muchas horas coléricas en las carreteras de Virginia Occidental, pegándose a los idiotas que iban a paso de tortuga y luego reduciendo la velocidad para castigar a los maleducados que se pegaban a él, cerrando el paso implacablemente en las interestatales a los gilipollas que intentaban adelantarlo por la derecha, pasando él mismo al carril derecho cuando un cretino o un maníaco del móvil o un mojigato puntilloso con los límites de velocidad obstruía el carril rápido; elaborando un perfil y psicoanalizando obsesivamente a los conductores que se negaban a usar los intermitentes (casi siempre jovenzuelos para quienes el uso del intermitente era al parecer una afrenta a su masculinidad, ya puesta en juicio, como evidenciaba el gigantismo compensador de sus pickups y todoterrenos); experimentando un odio asesino hacia los camioneros que trasportaban carbón y circulaban por carriles prohibidos, responsables literalmente de un accidente mortal por semana en Virginia Occidental; culpando con impotencia a los coruptos legisladores del estado que se resistían a disminuir el límite de peso de los camiones de carbón por debajo de las cincuenta toneladas pese a las clamorosas pruebas de los estragos que causaban; mascullando “¡Increíble! ¡Increíble!” cuando un conductor frenaba delante de él en un semáforo verde y de pronto aceleraba para pasar en ámbar y lo dejaba a él encallado en el rojo, reconcomiéndose mientras esperaba un minuto entero en cruces sin tráfico transversal visible a kilómetros de distancia, y tragándose dolorosamente, en atención a Lalitha, los improperios que de buena gana habría soltado al verse obstaculizado por un conductor que se negaba a realizar un giro permitido a la derecha con el semáforo en rojo: “¡Vamos! ¡Que no te enteras! ¡Aprende a conducir! ¡Espabila!”

Del primer trago de cerveza
La cerveza era interesante. Inesperadamente amarga y no precisamente deliciosa, como si fuera una masa de pan bebible. Después de solo tres o cuatro sorbos, ciertos vasos sanguíneos del cerebro de los que Walter apenas tenía noticia empezaron a palpitar inquietantemente.

De la sinceridad sexual.
El olor a mujer adulta de sus axilas embriagó a Joey, y deseó que fuera mucho más intenso, y tuvo la sensación de que la intensidad de ese deseo de que le apestaran las axilas era ilimitada.

-Gracias por follarte a otro –susurró.

-No me fue fácil.

-Lo sé.

-O sea, en un sentido fue muy fácil, pero en otro casi imposible. Tú eso lo sabes, ¿verdad?

-Sí, absolutamente.

-¿Para ti también fue difícil? ¿Lo que fuera que hiciste en el pasado?

-En realidad, no.

-Eso es porque eres hombre. Yo sé cómo es ser tú, Joey. ¿Me crees?

-Sí

-Entonces todo irá bien.

Del origen de los norteamericanos.
… porque no fueron las personas con genes sociables las que huyeron del superpoblado Viejo Mundo hacia el nuevo continente: fueron las que no congeniaban con los demás.

Alberto Arzua

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3 pensamientos en “Libertad – Jonathan Franzen

  1. Andrés

    Agradezco enormemente un comentario que me pone sobre la pista de una novela. No tiene para mí gran interés que alguien me copie las solapas que puedo leer en cualquier librería.
    No se si estaré de acuerdo con tu opinión sobre la novela, pero te aseguro que no pensaba leerla y ahora trataré de encontrar un rato para hacerlo. Eso sí, un rato largo.
    Gracias por tu comentario y un abrazo.
    Andrés

  2. carmen

    Pues gracias por el comentario. Me la pido para mi cumple, que ya tengo ganas de leerla.
    carmen

  3. Anónimo

    las benevolas no sera un blufff, pero a toston no le gana otra,intragable.
    libertad es grandisima,se vera

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