Soy un gato / Natsume Soseki

Humor japonés de principios de siglo (veinte, claro). Casi nada. Mientras en España la generación del 98 andaba preocupada por la decadencia del país, Natsume Soseki nos deleita con las tonterías y más tonterías que se les ocurren a un puñado de amiguetes burgueses, un poco al estilo de Pío Baroja en “El árbol de la ciencia” o del Flaubert de “Bouvard y Pécuchet”. El gato de la casa (y del título) sirve de pretexto para presentarnos los desvaríos casi surrealistas de unos personajes bastante absurdos que se dedican a contarse historia tras historia, a cada cual más tonta, a cambiar de tema y a elucubrar razonamientos curiosos, desatinados o incluso inteligentes. Asomémonos un poquito a esta casa de locos.

El gato razona su derecho a entrar donde le de la gana.

Si la ley natural permite la propiedad privada de la tierra y la compraventa asignando un valor por metro cuadrado, es lógico que también se permita la partición del aire que respiramos y su venta por metro cúbico. Si no se puede negociar con la atmósfera y es ilegal la partición del firmamento, se debe deucir entonces que la propiedad de la tierra es irracional, y no algo natural. Ésa es mi convicción, y por eso entro donde me da la gana. Naturalmente, si no quiero ir a un sitio, no voy.

Diálogos para besugos.

– Pero, señora Kushami, si usted tiene cara de que le encanta la mermelada
– ¿Cómo puedes decir algo así de alguien con sólo mirarle a la cara?
– No puedo, por supuesto. pero dígame señora. ¿De verdad no le gusta?
– Bueno, claro que me gusta, y a veces tomo un poco. ¿Por qué no iba a hacerlo? Al fin y al cabo, es nuestra mermelada

Más pensamientos gatunos.

Desde el punto de vista de los humanos, la vida de los gatos puede parecer extremadamente simple y económica: siempre tenemos la misma cara y vestimos todas las estaciones del año el mismo traje, viejo y usado. Pero los gatos, eso os lo puedo asegurar, también sentimos el calor y el frío. Había veces en las que consideraba seriamente la posibilidad de darme un buen baño, pero secarme me habría llevado horas, así que decidí que no pasaba nada si andaba por ahí oliendo a sudor. También pensé en utilizar un abanico o un ventilador, pero al no poder sujetarlo con las patas, rechacé pronto la idea.

Curiosa explicación de lo que es la inspiración poética.

Normalmente se piensa que cuando la sangre sube a la cabeza no se obtiene ningún beneficio. Sin embargo hay al menos un contexto en que sí lo tiene. Hay oficios en los que es indispensable el frenesí que provoca la sangre cuando se sube a la cabeza. Si esto no sucediera no sería posible ejercerlos adecuadamente. El caso más interesante y destacado es el de los poetas. Igual que un barco de vapor es incapaz de ponerse en marcha sin carbón, lo mismo le sucede a un poeta: no es nadie sin el frenesí mental causado por una buena subida repentina de sangre a la cocorota. Si, por alguna circunstancia, no consiguen que esto suceda, inmediatamente se convierten en seres corrientes y molientes, sin otro quehacer en la vida que comer y quedarse de brazos cruzados mirando al techo.

Natsume Soseki

Natsume Soseki

El individualismo moderno matará la belleza.

El inevitable desarrollo de la individualidad supondrá cada vez una mayor demanda de los individuos para que se reconozca su identidad particular. En un mundo en que los dos sexos insistimos constantemente en nuestra propia especialidad, ¿cómo puede perdurar el arte? El arte florece por la armonía que se establece entre el artista y el público que admira su obra. Esa armonía está también condenada a desaparecer. Puedes gritar todo lo que quieras, incluso proclamar a los cuatro vientos que eres un gran poeta modernista, pero si nadie está de acuerdo contigo y comparte esa misma concepción que tienes de las cosas, me temo que nunca te leerán. Por muchos poemas que escribas, morirán en el mismo momento en que los crees.

Un libro muy interesante para ir captando, en la medida de lo posible, la manera de ser de los japoneses. Opino que a pesar de nuestra evidente y común humanidad, los orientales y los occidentales somos bastante distintos, por lo que todo lo que nos acerque al otro deberíamos recibirlo como algo muy enriquecedor. ¡Vive la différence!
Alberto Arzua

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