No hay que dejar los libros en manos de los intelectuales

La araña negra / Vicente Blasco Ibáñez

8 Junio 2010

No sé si esta novela se podría calificar de morrocotuda, pero lo que queda fuera de toda duda es que es tremebunda. Y quien dice tremebunda dice truculenta, aterradora, terrible, brutal, ácida, cruda, dura… Su autor la escribió a los veinticinco años y posteriormente la repudió por considerarla demasiado folletinesca.

¿Folletinesca? Por supuesto, pero en grado sumo. Digámoslo de una vez: esta novela es un PANFLETO en toda la regla. Aunque si un panfleto se define como “un escrito breve, generalmente agresivo o difamatorio”, deberíamos obviar lo de “breve”, puesto que “La araña negra” consta de dos tomos de letra apretada, con más de quinientas páginas cada uno. Este Blasco Ibáñez poseía la diarrea creativa propia del bestsellerista decimonónico.

Cosa más demodé que estos dos libros no puede existir en el mundo. Si les cuento dónde los he encontrado, no se lo van a creer. Pero como me gusta fomentar la incredulidad, se lo voy a contar. Pues sucedió el año pasado en un piso cochambroso del gótico barcelonés. Lo habían dejado desocupado una pareja de ancianos por causa de la mayor fuerza mayor existente en este mundo. Uno de ellos (de los libros, no de los ancianos, q.e.p.d.) servía para equilibrar un tosco mueble bastante cojito. El otro apareció mezclado entre ejemplares de Salgari, Julio Verne, Dumas, y algunos tomos de la Enciclopedia de la Cocina Catalana. También salieron a la luz unas pocas fotos antiguas de mucho interés histórico, a través de las cuales pude deducir que el macho de la pareja había sido militar de baja graduación. Recuerdos de ancianos difuntos que ya no le importan a nadie. Qué triste, qué truculento, qué romántico, qué tremebundo. Qué pena. Me llevé los dos tomos bajo el brazo, claro.

¿Qué hacía yo en aquel piso? Esa es otra historia, que no viene al caso. El caso es que esta obra, y por fin lo voy a decir, se dedica a poner a parir a los jesuitas. Sí señores. Si ustedes se creyeran la tercera parte de lo que aquí se cuenta, saldrían raudos a la calle con el noble objetivo de asesinar jesuitas a puñetazos, pistoletazos, puñaladas o estrangulamiento, no importa el sistema, puesto que estarían firmemente convencidos de estar realizando un bien extraordinario a la humanidad.

Son tales las burradas que don Vicente nos narra, es tal la maldad hiperconsciente de estas arañas negras (los jesuitas, por supuesto), tal su crueldad, su bajeza, su manipulación, su falsedad, su desprecio por todo lo bueno del ser humano, que la boca se nos abre casi a cada página, formando bonitos gestos de sorpresa e incredulidad. ¡Oh, ah, oh! ¡No puede ser cierto! ¡Es imposible que sean tan malvados! Ni el mayor asesino de la historia, ni el sádico más sádico de la novelas de casquería llega a la suela de los zapatos a estos negros jesuitas, puesto que hacen lo mismo que estos infrahombres, pero con un plus de premeditación, alevosía y desprecio infinito por sus víctimas.

¿Son así en realidad los jesuitas? ¿Lo han sido en algún momento de su ignaciana historia? Pues no lo sé, aunque supongo que la cosa no será para tanto. Malvados, quizá, pero los más malvados del malvadismo mundial, pues lo dudo un poco. “Jesuítico”, en el diccionario, equivale a “hipócrita”. Vale, pero de “hipócrita” a “demonios tremebundos” va más de un paso.

Paso que le cuesta poco dar a don Vicente puesto que fue un político republicano muy activo en la lucha contra los monárquicos. Y quien dice reyes dice curas (y derivados). Es innegable que los odiaba. Es seguro que los tenía como origen de casi todos los males de la patria. Es posible que escribiera esto para mostrar al mundo la realidad de la infame reacción religiosa. Lo que pasa es que se pasó un pelín.

Y este pelín es el que hace muy divertida a esta novela. ¿Nunca han disfrutado ustedes leyendo un panfleto? Pues eso. Y éste está correctamente escrito, es muy ágil y se sigue con pasmosa facilidad. Son más de mil páginas de exageraciones varias. Bueno, varias no, que todas se centran en el mismo tema: desenmascarar a los jesuitas por activa, por pasiva, y por gerundia (hasta son feos, sucios, procaces y… por cierto… ¿se acuerdan ustedes de aquello de los siete pecados capitales, a saber: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza?, ¿sí?, pues se les quedan cortos). Quedan avisados.

Aviso final. También hay personajes muy buenos y muy puros, por supuesto. Sobre alguien habrá que practicar el mal. Suelen ser republicanos, los pobres, vaya usted a saber por qué. ¿Demagogia? Pues sí. ¿Y qué? La cosa es pasárselo bien. Esto es sólo literatura, no lo olviden.

Alberto Arzua

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10 comentarios

  • Anónimo 19 Marzo 2012en3:34 am

    Yo la leí con 18 años, y me marco. Ahora tengo, 60 y la estoy volviendo a leer. Me sigue pareciendo una obra maestra. Por cierto, en mi casa hay otro ejemplar de la novela (2: tomos

  • elbotones 19 Marzo 2012en9:41 am

    Pues ya tardas en darnos tu propia visión de este libro, y de los que más te gusten.

  • jose luis 23 Julio 2012en6:22 pm

    He leido la obra recientemente y la encuentro genial por cuanto es un fiel espejo de la realidad. La Compañía de Jesus es una secta que siempre ha persegido los mismos fines, “la riqueza y el poder”, inmiscuyendose en la política para la consecución de sus fines. Hoy día tenemos algo parecido con el Opus Dei, otra secta en donde lo que menos importa es precisamente lo que predicaba Jesus, “el amor al hombre”. En fín, la Iglesia a lo largo de la historia ha cometido infinidad de bestialidades. Me viene a la cabeza lo que ocurrió con el Papa Juan Pablo I, que el que más y el que menos con dos dedos de frente se puede formar una idea bastante exacta de lo que pasó.
    Además, cuando en el seno de la Iglesia surge a alguien con verdadera vocacion de adentder al desvalido, todo son zancadillas y problemas. Solo le interesa la salvación de las almas de esas beatonas (y beatones) que piensan que con el dinero pueden comprar la salvacion de sus almas y mientras tando siguen siendo más malos que un dolor.

  • Anónimo 11 Febrero 2013en10:30 pm

    A mí me la recomendó un compañero de trabajo (anticlerical por cierto)hace años y nunca me atreví a buscarla por lo voluminoso que era. Ahora con el e-pub he conseguido leerla y me parece una verdad como un templo y quizás se quede corto respecto a las prácticas de los jesuitas, hay que tener en cuenta que es lo único a lo que se dedican, o van a estar rezando sólo, tendrán que urdir sus planes para seguir enriqueciendo a esta iglesia que nada más que vale para joder a todos.

  • Elena M 7 Marzo 2013en11:52 pm

    Yo llevo tiempo buscándolo pero no he tenido suerte o no sabido encontrarlo. Me gustaría poder conseguirlo. ¿Alguna pista de cómo encontrarlo? Lo agradecería.

  • Joaquín Suárez Reyero 16 Marzo 2013en10:12 pm

    Leída en Banyeres de Mariola, Alicante, hace 15 años.
    Dos tomos, encuadernación en rojo y exactamente cita
    como la facción jesuita de la secta católica se hacía con
    legaciones y donaciones.
    Nunca he encontrado tal obra en bibliotecas, incluso Internet.
    Cañas y barro, Entre naranjos, La barraca, eso si.
    Lo que no mueve el pensamiento consciente.

  • Nopuedodecirlo 4 Febrero 2014en3:24 pm

    Aunque hace mucho tiempo siento la necesidad de decirlo por si alguien lo lee, como yo ahora he leído el artículo.
    Te entiendo perfectamente, Alberto, porque nadie se puede imaginar que haya personas como estas, que pregonando la palabra de Dios, lleguen a estos comportamientos.
    Pero no hace falta que me extienda mucho. Sólo decirte que, aparte de estar plenamente de acuerdo con José Luis, llevo más de cuarenta años trabajando con ellos y el Sr. Blasco Ibáñez lo ha clavado. Pero lo peor es que al día de hoy en 2014, el mensaje de Blasco Ibáñez sigue vigente.
    No hay un sólo día que piense en que un golpe de suerte me pueda librar de ellos.
    Y no es que sea un resentido, son las cosas que he visto y las personas que han sufrido a su costa.
    Saludos

  • Ángeles 21 Abril 2014en2:23 pm

    Ja, ja… qué inocencia. Los que conocemos al astuto, a la par que buen escritor Blasco Ibáñez, sabemos que TODO lo que dice es falso y que lo escribió como propaganda política anticlerical de su partido y con fines comerciales -fue éxito popular entre iletrados y veo que sigue siéndolo. Él mismo se avergonzaba de las tonterías que escribió en esta bazofia de novela -nada que ver con otras-, y él mismo culpó a E. Sue de tantas bobadas malvadas que atribuye a los jesuitas, pues es casi, casi traducción de El judío errante, folletín de otro masón, esta vez francés. También he leído sobre marcianos, pero novelas algo más realistas que esta. Y yo también tengo experiencia personal -opuesta a las que aquí contáis-, pero se trata de hablar de libros, no de “psiquiatrizarse”, ¿no?
    Eso de que “no hay que dejar los libros entre intelectuales” me parecía un acierto, si significaba que no hay solo que dejarlos a ellos, pero me está dando miedo al ver las interpretaciones fanáticas que suscita.

  • Juan Manuel 20 Septiembre 2014en1:32 pm

    Al finalizar mi carrea (hace 50 años), mi profesor de literatura me recomendó que layese algunas obras de D. Vicente. Leí algunas; Cañas y Barro, El Intruso, La Catedral, c,t,c.
    La verdad, ahora (en el ocaso de mi vida) que he podido que podido disfrutar de nuevamente de éstas obras, me he dado cuenta de lo equivocado que estaba.
    Hoy, gracias a LA ARAÑA NEGRA, veo con claridad que es cierto y ncesaro que sea LA JUUSTICIA SOCIAL COMO FIN Y LA CIENCIA COMO MEDIO

  • elbotones 21 Septiembre 2014en10:12 am

    A Henry. No puedo poner tu comentario porque no es un comentario sobre este libro, si quieres recomendar el libro al que aludes manda un comentario sobre él, y tampoco puedo poner el enlace para que se lo bajen, esta no es una web de direcciones piratas. Gracias.

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