La estrategia del agua / Lorenzo Silva

Bevilacqua y Chamorro reaparecen tras cinco años de silencio


Nuestros guardiaciviles favoritos nos cuentan cómo se realiza un trabajo de investigación, detallado y exhaustivo, sobre la víctima de un asesinato, sus circunstancias y las personas implicadas. Silva logra, como siempre, encandilar al lector sin que se dé cuenta de que le está contando una investigación casi totalmente de oficina, llena de las rutinas habituales de la práctica policial, y sin excesivas sorpresas en el argumento. Y lo consigue dotando a sus personajes de alma, de auténtica personalidad, de vida propia no muy distinta de la de cada quisque, evitando al héroe de tebeo y convirtiéndolo en otro, quizá no menos heróico, pero más real y de andar por casa.
Y lo consigue, entre otras cosas, con diálogos a la vez entretenidos y llenos de humor, de malicia, de picardía, de sana y clara filosofía.


Chamorro se extraña de que Bevilacqua diga que se va ver una tertulia en la tele mientras cena un yogur:

El yogur es sano. Facilita el tránsito intestinal, una función que a las personas de edad nos coviene mantener a pleno rendimiento. Y las tertulias de la tele me parecen estupendas. No sé lo que cobran los tertulianos, pero todo lo que les paguen me parece poco. Porque ellos solos cubren, en una labor casi heroica, la cuota de sandeces de toda la población. Les someten cualquier cuestión, y todas las abordan con esa mezcla fascinante de ignorancia, demagogia e irresponsabilidad que los convierte en una encarnación perfecta de la estupidez colectiva. Verlos durante media hora es una especie de anestesia. A mí me deja con un encefalograma casi plano, en el colmo de la placidez. Ninguna benzodiacepina es la mitad de potente que sus majaderías.

Otro párrafo en el que hablan de mafiosos y banqueros:

-¿Sabes qué es lo que más me pudre de esta gente?
-Qué
-Su vulgaridad. En el fondo no hay mucha diferencia entre un narcotraficante y un banquero. Son dos seres cuya vida y cuya conducta se explican en torno a una única pulsión: la codicia. Para impedir que el flujo de pasta se detenga, cuando hay algún riesgo, el banquero ejecuta hipotecas, o soborna al político financiándole la campaña o cualquier otro de sus caprichos. El narco, si puede, unta también, a políticos, a polis o a lo que se le ponga a tiro; pero como no puede ejecutar ninguna hipoteca, rompe piernas, pincha barrigas o destapa sesos. No hay, ni en la violencia legal del banquero ni en la ilegal del mafioso, nada de los nobles y naturales impulsos que mueven a un animal a meterle una dentellada o una cornada a otro. Es sólo el puto dinero, y la red de pasiones miserables que se tejen alrededor de él. Desentrañar una muerte en este contexto es algo tan fascinante y tan emocionante como hacer una auditoría de las cuentas de una sucursal.
-Oye, deberías patentar esa analogía, si es tuya.
-Sólo a media. La teoría de la criminalidad de los banqueros viene de antiguo. Ya la tenía Thomas Jefferson. Lo leí en internet.

En fin, que es otro estupendo libro recomendable a todo el que guste de la novela policiaca, o simplemente de la buena literatura costumbrista.

Página de Lorenzo Silva
Página de Bevilacqua y Chamorro
La Reina sin espejo
El alquimista impaciente
Oz

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