La vida en manga

 El cómic japonés se universaliza y cuenta en nuestra ciudad cada vez con más seguidores de entre 15 y 25 años. Se juntan en la Web o en el Teatro Argentino y, disfrazados de alguno de sus personajes favoritos, personifican lo que para ellos es mucho más que un simple entretenimiento. Es su pasión y, por qué no, una nueva y rara forma de ver al mundo. Por Facundo Bañez 

 
 
A los 12 años seguía con pasión los combates callejeros de Chun-Li, la heroína virtual del universalmente conocido Street Fighter. En el verano del 98, cumplidos los 14, se tomó más en serio la cuestión y empezó a estudiar japonés en la Asociación Nipona Universitaria La Plata. Su primer cosplay, ese disfraz sacado de algún personaje del cómic japonés, lo confeccionó al año siguiente y lo expuso en público en la convención Fantabaires de 1999. Y a los 16, cuando ya era obvio que no estaba sola en eso de admirar las historietas llegadas de la tierra del sol naciente, se juntó con otros adolescentes que profesaban su misma pasión y fundó en La Plata uno de los primeros clubes de fans dedicados al género. Hoy, con 25 años y un estudio adelantado en la carrera de Biotecnología de la Universidad de Quilmes, Victoria Aymara Ruiz Menna forma parte de un universo integrado en su mayoría por chicos y jóvenes que hacen de su devoción por el Manga un verdadero estilo de vida, desde crear y participar en foros sobre el tema, hasta representar en público a sus personajes favoritos o intervenir en convenciones de cómic nipón.
 
manga
Hoy más que nunca Victoria sabe que no está sola: en el foro de www.cosplay-argentina.com.ar creado por ella, hay registrados más de 1.200 usuarios, y la página web local www.animelp.com.ar ya tiene en su lista de miembros a 363 fanáticos. ¿Pero qué es el Manga? ¿De qué trata este producto cultural con casi un siglo de tradición nipona que se universaliza con el mismo vértigo y frenesí que ostentan sus personajes? ¿Qué significa, en definitiva, esa patria imaginaria y virtual que habitan seres de ojos enormes y figuras estilizadas?
 
"Es un género complejo -intenta definir Victoria-. Es único pero a la vez está compuesto de géneros ya existentes en el cine o la literatura. En mi caso, el manga y el anime me marcaron la adolescencia. Cultivaron conocimientos o intereses que no hubiese tenido de otro modo y un profundo respeto a la cultura oriental, desde su gastronomía, indumentaria, idioma e historia. En ese aspecto el manga inculca, motiva y educa. Y eso es algo que muchos dejan de lado…"
 
En el mundo manga, si alguna de sus criaturas siente vergüenza no suele ponerse colorada. Se hace chiquita. Ya sea a través de sus viñetas, de sus videojuegos o de la cuidada dedicación que requiere ese juego de disfraces llamado cosplay, el fenómeno Manga es un boom que reinterpreta la realidad según su legendario prisma nipón pero que ya no sabe de fronteras: de la mano de personajes con rasgos desproporcionados o cabellos coloridos, su industria ya plantó bandera en países tan diferentes y alejados como España, Tailandia, Alemania, Colombia, Paraguay, México, Dinamarca, Singapur o el nuestro. Sus seguidores, jóvenes como Victoria o como los cientos que los fines de semana se suelen juntar en la base subterránea del Teatro Argentino, se multiplican a la velocidad de las redes sociales y profesan su admiración de varias maneras: postean sus comentarios en los foros dedicados al tema, consumen el comic japonés con la religiosidad de un devoto, estudian el idioma para seguir las historias sin traducción y hasta se visten como los personajes que tanto estudian. Aquí y en el mundo se hacen varias convenciones en la
s que se los puede ver disfrazados de Chun-Li, Lara Croft o de clásicos como Mazinger Z o el entrañable Astro Boy, ese robot de flequillo puntiagudo y corazón de niño que había nacido de la atormentada mente del doctor Tenma para sustituir a un hijo muerto.
 
"Me imagino la impresión de mis viejos cuando a los quince años comía con palitos, compraba tomos de manga, cantaba en japonés y me ponía a confeccionar cositas para verme como un personaje", reflexiona ahora Victoria. Lo que ella descubrió de chica era en realidad un género con larga historia. Los primeros mangas se remontan al Japón de fines del siglo XIX, aunque fue recién entre los años 1920 y 1930 cuando la historieta tomó un rumbo infantil y sembró las raíces de lo que luego, en la década del cincuenta y de la mano de creadores como Osamu Tezuka, sería conocido como el manga moderno que ya en los ochenta comenzaría a protagonizar la expansión por el resto del globo.
 
"Su influencia estética se hizo notoria a fines de los noventa -apunta Victoria-, especialmente en el cine. De h
echo en la película Matrix se ven cosas que tienen su origen en la animación japonesa".
 
Quien piense que la expansiva industria del manga está protagonizada y destinada únicamente al público adolescente, se equivoca. Si hay algo que la distingue, es precisamente su tipificación de géneros dentro del mismo género. El "shojo manga", por ejemplo, está dedicado exclusivamente a chicas jóvenes; el "shonen manga", a chicos adolescentes; y el "seinen manga" o "soft hentai", con un suave toque erótico, apunta a captar la atención de hombres jóvenes y adultos o mujeres de la misma edad.
 
Está claro que una de las premisas de esta industria es captar la mayor cantidad de grupos etarios. Y está claro también que lo logra: en 1993, año de máximo auge para el manga en oriente, se vendieron sólo en Japón 1.590 millones de ejemplares. Cuatro años antes, en 1989, ya el 38% de todos los libros y revistas publicados en ese país eran de manga. Y su subgénero erótico, el hentai, supone actualmente por esas tierras una cuarta parte de las ventas totales del cómic japonés.
 
LA OTRA CULTURA
 
Fue el ministro japonés Akira Yamada quien definió al manga como "una ventana por la que se pueden ver muchas cosas de la cultura japonesa". En principio, entrar a su universo supone despojarse de algunas costumbres de nuestra cultura occidental y aceptar las nuevas reglas de juego. A diferencia de otras grandes escuelas de historietas, como la estadounidense o la franco-belga, en el manga las viñetas y páginas se leen de derecha a izquierda, del mismo modo que se hace en la escritura tradicional japonesa.
 
Pero acaso lo que más sorprenda de este fenómeno es que su evolución va mucho más allá de una página de papel. Ya a mediados del siglo XX apareció el anime como una extensión audiovisual del cómic y, sea en cine o en televisión, como otro canal donde conocer y entender la cultura y hasta el arte contemporáneo del Japón.
 
En la actualidad, gracias a los avances tecnológicos y al crecimiento omnipresente de las redes sociales, los personajes del manga se universalizaron con fuerza a partir de los primeros años de la década del ochenta y forman desde entonces parte de nuestra cultura. ¿Quién no conoce acaso el Dragon Ball, que surgió como cómic de humor irreverente y absurdo y terminó como producto millonario de Hollywood? ¿O quién que haya pasado los treinta no se quedó de chico mirando alguna vez las aventuras de Mazinger Z a la hora del desayuno?
 
La expansión del fenómeno tuvo verdaderos íconos del manga: Robotech, Dr. Slump, Dragon Ball o Astro Boy son sólo alguno de los tantos ejemplos que nos suenan familiares. Hace poco, Rey Ayanami -uno de los personajes del anime Evangelion- fue portada de la revista Rolling Stones y su edición se agotó a las pocas horas en todo el Japón. "El manga ya es parte de nuestra cultura", resume Victoria, quien para ejemplo de lo que dice se basa en la cantidad de visitas que recibe su foro local o en las convenciones multitudinarias que se organizan en todo el país para recrear y festejar la pasión por el cómic japonés.
 
Las revistas del género tienen entre 200 y 900 páginas y reúnen en un solo número a distintas historietas. Suelen estar impresas en papel de baja calidad y en blanco y negro, y tienen valores que van de los 200 a 300 yenes (entre 10 y 20 pesos).
 
Claro que las nuevas tecnologías han reinterpretado a la industria y, con ella, sus nuevas formas de consumo. Debido a la proliferación de intercambio de archivos a través de Internet, el formato digital es una de las herramientas con la que el manga más se ha popularizado entre los seguidores con los que cuenta fuera del japón. En los sitios web dedicados al género, los fanáticos pueden seguir las historias a través del llamado e-comic, hacer sus comentarios, intercambiar opiniones sobre los distintos personajes y hasta pactar encuentros para despuntar el vicio del cosplay. Todo sea para seguir de cerca su pasión. Todo sea por el manga. 
 
Fuente: eldia.com.ar
 

 

 

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