El anillo y el libro / Robert Browning

el_anillo_y_el_libro_Uno de los grandes hitos de la literatura británica de todos los tiempos.

A Robert Browning le importó la forma más que a ningún otro poeta inglés le importó jamás. Siempre estaba tejiendo, modelando e inventando formas nuevas. Entre todos sus poemas, de doscientos a trescientos, apenas serí­a una exageración decir que la diversidad de métricas asciende a la mitad de los poemas. Así­ como hay otros grandes poetas que se sentí­an satisfechos de usar formas viejas, mientras tuviesen la seguridad de que sus ideas eran nuevas, Browning no: en cuanto tení­a una idea nueva, trataba de construir una nueva forma para expresarla.
G.K. CHESTERTON

Quiero resaltar la tarea el método analí­tico de Robert Browning, cuyo largo poema narrativo El anillo y el libro (1868) nos revela a través de doce monólogos la intrincada historia de un crimen, desde el punto de vista del asesino, de su ví­ctima, de los testigos, del abogado defensor, del fiscal, del juez, del mismo Robert Browning…
Su obra es enigmática.
JORGE LUIS BORGES

 

Robert Browning resulta difí­cil para muchos lectores de la Edad de la Pantalla, pero su genio sigue siendo único y enriquecedor. Sus «monólogos dramáticos» tienen un nombre engañoso: son antí­fonas subjetivas, lí­ricas, en las que muchas voces -que suelen habitar una sola persona- juegan entre sí­.

En 1889 Browning afirma: «No estoy interesado en el arte sino en los obstáculos del arte». Es un brillante resumen de la gesta de Browning, una llama dividida similar a la del Infierno de Dante, desde la cual habla Ulises generando en Dante un silencio absoluto en respuesta, silencio con el cual el poeta admite tácitamente su afinidad con el viajero condenado.

Las pesadillas de Browning se convierten en las nuestras: el suyo era un genio de lo grotesco, como el de Dickens o Kafka. Hay otros grandes escritores que no están de moda en esta época triste, pero de todos los poetas importantes en inglés, Robert Browning me parece el más absurdamente abandonado. Su genio es tan original y su fuerza demoní­aca tan sorprendente… Harold Bloom, Genios

Ediciones La Otra Orilla
Formato: 12,5 x 20,5
820 pgs
Traducción: Humberto Marí­n
Precio aprox: 29 €
ISBN: 9788492451418

 

robert-browning     Robert Browning. Nació en Camberwell, Londres, en 1812. En 1833 apareció su primer libro, Pauline, y desde entonces hizo de la poesí­a el oficio de su vida. Su siguiente obra fue Paracelso (1835). Entre 1841 y 1846, publicó una serie de poemas bajo el tí­tulo de Campanas y granadas, en el que se incluyen, entre otros, «Pipa pasa», «Mi última duquesa» y «El obispo prepara su tumba». Sus Poemas lí­rico-dramáticos (1842) y sus Historias dramáticas (1845) fueron recogidos después, con otras nuevas composiciones en Campanas y granadas (1847).

En 1846, se casó con Elizabeth Barrett y se trasladó a Italia. En 1847 se establecieron en la Casa Guidi. Allí­ escribió La Nochebuena y la Pascua (1850) y una serie de monólogos dramáticos publicados bajo el tí­tulo de Hombres y mujeres (1855). Tras la muerte de su mujer en 1861, Browning regresó a Londres, donde escribió Dramatis Personae (1864), y su obra maestra, El anillo y el libro, como un homenaje a su mujer. En 1878 Browning regresó a Italia. Durante esta última etapa escribió Idilios dramáticos (1879 y 1880) y Asolando, que se publicó en Venecia el 12 de diciembre de 1889, el mismo dí­a de su muerte. Sus experimentos con la forma y el contenido, así­ como su habilidad técnica, influyeron de manera considerable especialmente en T. S. Eliot y Ezra Pound.

 La traducción que presentamos es el resultado de quince años de intenso trabajo, y gracias a ella podemos deleitarnos, en nuestra lengua, con una de las obras magnas de la Literatura Universal.

 

Prólogo de William Ospina

“Hoy el triunfo de Robert Browning, quien fue de verdad muchos hombres, es indudable. Quizá en su tiempo fue más popular su mujer, Elizabeth Barrett, cuyos sonetos todaví­a nos conmueven. Pero Browning no es el autor de unos poemas: es el inventor de un cosmos, una de esas fuerzas ciclónicas que en un momento de quiebre de la civilización cambian las lenguas y la sensibilidad de los pueblos. Podemos compararlo con Cervantes por su capacidad de interpretar el alma de una época, con Shakespeare por el interés que muestra en todos los asuntos humanos, con Ví­ctor Hugo por su ambición universal, con Rossetti por su perfección, con Joyce por su oscuridad laboriosa, con Dante por la complejidad de sus propósitos. (…)”

…………………………………….

¿Veis este anillo?
Es obra romana, hecha a la par
(por la destreza imitativa de Castellani)
de las ajorcas etruscas encontradas, una alegre mañana,
tras un goteante abril; encontradas vivas
como chispas, en la ladera, entre las raí­ces
desenterradas de las higueras
que techan las viejas tumbas en Chiusi: suave, veis,
y sin embargo firme como joya cortada. Hay un truco,
(me enseñaron los artesanos) un artificio probado
y sólo uno, para que tales piezas de oro puro
como fue ésta, tales meros goteos de la mina,
ví­rgenes como la oval lágrima ámbar que cuelga
al filo de la colmena cuando los maduros alvéolos
rebosan,
soporten el diente de la lima y el golpe del martillo:
porque el martillo debe por necesidad ampliar el
redondel,
y la lima repujarlo finamente con flores de lirio,
antes de que el material llegue a ser un anillo listo
para usar.
El truco es: el artí­fice derrite cera
con miel, por así­ decirlo; mezcla oro
con aleación de oro, y, debidamente temperándolas
ambas,
logra una masa manejable, entonces labora.
LIBRO I: EL ANILLO Y EL LIBRO

 

¿Veis este viejo libro amarillo y rectangular
que arrojo al aire, y atrapo de nuevo, y hago girar
por las arrugadas cubiertas de pergamino, puro hecho
crudo
secretado de la vida del hombre cuando los corazones
latí­an duro,
y los sesos, pletóricos de sangre, repiqueteaban hace
dos siglos?
¡Examinadlo vosotros mismos! Yo encontré este libro,
di una lira por él, ocho peniques ingleses justos
(¡notad la predestinación!), cuando una mano,
siempre sobre mi hombro, me empujó una vez,
un dí­a aún febril entre muchos dí­as abatidos por la calma,
a través de una plaza en Florencia, abarrotada con
tenderetes,
zumbante y resplandeciente, al mediodí­a y tiempo del
mercado;
hacia el mármol de Baccio,5 ay, la saliente
del pedestal donde se sienta y amenaza
Juan de las Bandas Negras con la lanza enhiesta,
entre palacio e iglesia, Riccardi, donde vivieron
los de su raza, y San Lorenzo donde yacen.
                                       (…)

 

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Leiaa

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